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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Coladragón]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Sat, 13 Jun 2026 03:03:10 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Pescaíto frito]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-pescaito-frito</link>
			<pubDate>Wed, 23 Oct 2019 20:42:40 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[El viento arreciaba, gélido como el aliento de la muerte. Y al oeste del país de la Tormenta, junto a la costa, Coladragón se había convertido en una de sus víctimas. El modesto pueblecito de pescadores se había visto sacudido por una lluvia que, moldeada por la mano inclemente del invierno, se convertía en chuzos de hielo que arremetía contra cualquier imprudente que hubiese decidido desafiar a la tormenta. Esa mañana no estaban abiertos los puestecitos de compras. Ese día ni siquiera se veían los picos escarpados del Cabo del Dragón. Ese día, Amenokami estaba especialmente furioso.<br />
<br />
Y una de aquellas ingenuas víctimas era, precisamente, una muchacha menuda que avanzaba a trompicones, con la ventisca sacudiendo sus cabellos de ébano y protegiéndose como podía del granizo con los brazos cruzados frente a su cuerpo congelado. Adónde se dirigía era una pregunta que ni siquiera ella sabría responder. Sólo buscaba un refugio donde cobijarse hasta que la tormenta se relajara un poco, aunque nada parecía indicar que fuera hacerlo pronto. Con los ojos apenas entreabiertos, buscaba desesperadamente  un lugar que conocía bien, de un tiempo que se le antojaba realmente lejano.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Ah... menos mal...</span>»</span> Suspiró, llena de alivio, al ver cerca del puerto el restaurante de dos plantas y inconfundible cartel adornado con caballitos de mar, conchas, y un alegre cangrejo que anunciaba el nombre del local: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Posada Bajo el Mar"</span>.<br />
<br />
Ayame hizo acopio de las fuerzas que le quedaban para acelerar el paso y terminó entrando casi de golpe. Empapada de los pies a la cabeza y tiritando de pura hipotermia, la kunoichi se vio reconfortada por el calor que manaba directamente de un fuego que había encendido en una chimenea.<br />
<br />
—<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">¡Oh, mi pobre muchacha! ¿Pero qué hacías bajo esta tormenta ahí fuera?</span> —Quien la recibió fue precisamente Kaniseba, el camarero de piel bronceada y cabellos de fuego, que se acercó a toda prisa con varias toallas entre los brazos.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Gracias, Kaniseba-san...</span> —sonrió ella, tomando una de las toallas para escurrirse el cabello todo lo que pudo—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Lo siento, te voy a empapar el sitio, pero no se me ocurría dónde ir.</span> <br />
<br />
—<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">¡Oh, no te preocupes por eso, niña!  Sabes que tienes tu habitación aquí, enseguida le pediré a Ari que prepare un buen baño caliente de burbujas.</span><br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">N... ¡No hace falta! Puedo encargarme yo...</span><br />
<br />
—<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">¡No se hable más!</span> —insistió, y por su tono de voz estaba claro que no iba a admitir ninguna protesta más, así que Ayame no le quedó otra que suspirar y agradecerle con una inclinación de cabeza.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Entonces permíteme que abuse de vuestra hospitalidad, y ponme uno de esos platos vuestros tan buenos</span> —sonrió, adentrándose en el salón. En aquella ocasión no se dirigió a su mesa favorita, junto al ventanal, sino que se acercó a la chimenea para secarse y entrar el calor—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Por cierto, Kamiseba, conseguí arreglar el asuntillo. Esos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">pezqueñines</span> no volverán a molestaros.</span><br />
<br />
—<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">¡Oh, no sabes lo que me alegra oírlo! ¡No lo sabes bien! La Banda de Moramora nos tenía prácticamente ahogados, ¡ya te lo digo! ¡Hirame, doble ración para nuestra amiga!</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El viento arreciaba, gélido como el aliento de la muerte. Y al oeste del país de la Tormenta, junto a la costa, Coladragón se había convertido en una de sus víctimas. El modesto pueblecito de pescadores se había visto sacudido por una lluvia que, moldeada por la mano inclemente del invierno, se convertía en chuzos de hielo que arremetía contra cualquier imprudente que hubiese decidido desafiar a la tormenta. Esa mañana no estaban abiertos los puestecitos de compras. Ese día ni siquiera se veían los picos escarpados del Cabo del Dragón. Ese día, Amenokami estaba especialmente furioso.<br />
<br />
Y una de aquellas ingenuas víctimas era, precisamente, una muchacha menuda que avanzaba a trompicones, con la ventisca sacudiendo sus cabellos de ébano y protegiéndose como podía del granizo con los brazos cruzados frente a su cuerpo congelado. Adónde se dirigía era una pregunta que ni siquiera ella sabría responder. Sólo buscaba un refugio donde cobijarse hasta que la tormenta se relajara un poco, aunque nada parecía indicar que fuera hacerlo pronto. Con los ojos apenas entreabiertos, buscaba desesperadamente  un lugar que conocía bien, de un tiempo que se le antojaba realmente lejano.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Ah... menos mal...</span>»</span> Suspiró, llena de alivio, al ver cerca del puerto el restaurante de dos plantas y inconfundible cartel adornado con caballitos de mar, conchas, y un alegre cangrejo que anunciaba el nombre del local: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Posada Bajo el Mar"</span>.<br />
<br />
Ayame hizo acopio de las fuerzas que le quedaban para acelerar el paso y terminó entrando casi de golpe. Empapada de los pies a la cabeza y tiritando de pura hipotermia, la kunoichi se vio reconfortada por el calor que manaba directamente de un fuego que había encendido en una chimenea.<br />
<br />
—<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">¡Oh, mi pobre muchacha! ¿Pero qué hacías bajo esta tormenta ahí fuera?</span> —Quien la recibió fue precisamente Kaniseba, el camarero de piel bronceada y cabellos de fuego, que se acercó a toda prisa con varias toallas entre los brazos.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Gracias, Kaniseba-san...</span> —sonrió ella, tomando una de las toallas para escurrirse el cabello todo lo que pudo—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Lo siento, te voy a empapar el sitio, pero no se me ocurría dónde ir.</span> <br />
<br />
—<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">¡Oh, no te preocupes por eso, niña!  Sabes que tienes tu habitación aquí, enseguida le pediré a Ari que prepare un buen baño caliente de burbujas.</span><br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">N... ¡No hace falta! Puedo encargarme yo...</span><br />
<br />
—<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">¡No se hable más!</span> —insistió, y por su tono de voz estaba claro que no iba a admitir ninguna protesta más, así que Ayame no le quedó otra que suspirar y agradecerle con una inclinación de cabeza.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Entonces permíteme que abuse de vuestra hospitalidad, y ponme uno de esos platos vuestros tan buenos</span> —sonrió, adentrándose en el salón. En aquella ocasión no se dirigió a su mesa favorita, junto al ventanal, sino que se acercó a la chimenea para secarse y entrar el calor—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Por cierto, Kamiseba, conseguí arreglar el asuntillo. Esos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">pezqueñines</span> no volverán a molestaros.</span><br />
<br />
—<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">¡Oh, no sabes lo que me alegra oírlo! ¡No lo sabes bien! La Banda de Moramora nos tenía prácticamente ahogados, ¡ya te lo digo! ¡Hirame, doble ración para nuestra amiga!</span>]]></content:encoded>
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		<item>
			<title><![CDATA[[Misión D] Un encargo inocente y nada sospechoso]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-mision-d-un-encargo-inocente-y-nada-sospechoso</link>
			<pubDate>Sun, 21 May 2017 19:31:52 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=557">Keisuke</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-mision-d-un-encargo-inocente-y-nada-sospechoso</guid>
			<description><![CDATA[Mis pasos iban con calma, la lluvia ese día era llovizna, gotas finas y casi imperceptibles adornaban el triste ambiente que dejaban ver las grises nubes del firmamento. El edificio de la Arashikage se encontraba a pocos minutos en línea recta, poca gente se encontraba por la calle en esa mañana de verano.<br />
<br />
Una vez ahí me quedé unos segundos frente a la puerta del rascacielos, ese día estaba más que seguro que debía enfrentarme a una misión absolutamente sólo, no vendría ni Haze, ni me encontraría con Mogura por casualidad, ni con otro shinobi que me viniera en mente en ese momento. Abrí la puerta y como de costumbre limpié la suela de las sandalias en el tapete de entrada y pasé la manga de mi suéter por mi rostro, limpiando las escasas gotas que lo humedecieron. <br />
<br />
Recorrí el breve trayecto hasta la recepción de la planta baja. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: limegreen;" class="mycode_color">—Buenos días.—</span></span> Saludé para luego hacer una reverencia. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: limegreen;" class="mycode_color">—Soy Inoue Keisuke, Genin, vengo con la finalidad de solicitar una misión.—</span></span> Agregué tras la presentación, después de todo ya había visto como era el movimiento del lugar, deduje que posiblemente anotarían mis datos en algún libro y luego podría ascender a la oficina de Yui, bueno así fue la primera vez que solicité una, no debería variar mucho.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Mis pasos iban con calma, la lluvia ese día era llovizna, gotas finas y casi imperceptibles adornaban el triste ambiente que dejaban ver las grises nubes del firmamento. El edificio de la Arashikage se encontraba a pocos minutos en línea recta, poca gente se encontraba por la calle en esa mañana de verano.<br />
<br />
Una vez ahí me quedé unos segundos frente a la puerta del rascacielos, ese día estaba más que seguro que debía enfrentarme a una misión absolutamente sólo, no vendría ni Haze, ni me encontraría con Mogura por casualidad, ni con otro shinobi que me viniera en mente en ese momento. Abrí la puerta y como de costumbre limpié la suela de las sandalias en el tapete de entrada y pasé la manga de mi suéter por mi rostro, limpiando las escasas gotas que lo humedecieron. <br />
<br />
Recorrí el breve trayecto hasta la recepción de la planta baja. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: limegreen;" class="mycode_color">—Buenos días.—</span></span> Saludé para luego hacer una reverencia. <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: limegreen;" class="mycode_color">—Soy Inoue Keisuke, Genin, vengo con la finalidad de solicitar una misión.—</span></span> Agregué tras la presentación, después de todo ya había visto como era el movimiento del lugar, deduje que posiblemente anotarían mis datos en algún libro y luego podría ascender a la oficina de Yui, bueno así fue la primera vez que solicité una, no debería variar mucho.]]></content:encoded>
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