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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Yukio]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 06:14:04 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[El hogar no siempre es tan dulce]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-hogar-no-siempre-es-tan-dulce</link>
			<pubDate>Sun, 07 Apr 2019 19:18:12 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Raitaro</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[El paisaje de las tierras del norte, un lugar frío por definición incluso en verano, a la vez que hermoso. A pesar de lo que todos piensan, incluso aquí se llega a derretir la nieve, aunque misteriosamente, la humedad y la altura son tales, que en ocasiones llega a nevar en la estación más calurosa. El paisaje era muy acogedor, y presenciar al horizonte las pequeñas casitas que describían como tal la pequeña ciudad de Yukio, muchas de las cuales él mismo había ayudado a construir, casi hacía emocionarse al joven Yotsuki. Habían pasado dos largos años desde que marchó al sur, en busca de revivir el mito que su familia tanto le había narrado de niño. Llegar a ser tan poderoso como los antiguos Raikage, vencer por sí mismo a hordas de enemigos con el más letal y temible lariat, y llegar a ser recordado, no por su carisma ni por sus dotes de liderazgo, sino por su ímpetu y su empeño en protegerlos a todos. Pero, a pesar de la planta y el aspecto rudo y fuerte del chico, aún le faltaba mucho camino. Los chicos de Amegakure parecían demasiado diferentes a él, a su forma de ver las cosas y no entendían su forma de vida. Le había costado mucho esfuerzo poder ser un ninja, y, ciertamente, aunque algo tarde y sin demasiados resultados, se sentía satisfecho por haber llegado hasta donde se encuentra.<br />
<br />
 A penas llegaba al pueblo, el mundo cambiaba para él. La gente reconocía al pequeño valor de Eijiro, a ese muchacho que, por sí mismo, logró transformar su chakra en rayos, sin ayuda de ningún adulto ni mucho menos, de ningún maestro, más que las anécdotas que hacían al muchacho temblar de emoción al oír de lo que sus antepasados eran capaces. Raitaro sólo llevaba una mochila pequeña, en la cual llevaba algunos de los platos que servían en la capital, los cuales eran para su familia. El recorrido era corto, desde la entrada al pueblo, tan solo en unos cinco minutos llegaría a casa, pero allí había mucha gente, muchos le conocían, y otros eran ninjas a los que Raitaro, en otra época, habría estado mirando pasar con admiración. Pero, a pesar de reconocerlo, los habitantes de Yukio no parecían estar muy seguros de hablar con el muchacho, saludándolo con simples gestos que confundían al muchacho, ¿qué estaba pasando?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El paisaje de las tierras del norte, un lugar frío por definición incluso en verano, a la vez que hermoso. A pesar de lo que todos piensan, incluso aquí se llega a derretir la nieve, aunque misteriosamente, la humedad y la altura son tales, que en ocasiones llega a nevar en la estación más calurosa. El paisaje era muy acogedor, y presenciar al horizonte las pequeñas casitas que describían como tal la pequeña ciudad de Yukio, muchas de las cuales él mismo había ayudado a construir, casi hacía emocionarse al joven Yotsuki. Habían pasado dos largos años desde que marchó al sur, en busca de revivir el mito que su familia tanto le había narrado de niño. Llegar a ser tan poderoso como los antiguos Raikage, vencer por sí mismo a hordas de enemigos con el más letal y temible lariat, y llegar a ser recordado, no por su carisma ni por sus dotes de liderazgo, sino por su ímpetu y su empeño en protegerlos a todos. Pero, a pesar de la planta y el aspecto rudo y fuerte del chico, aún le faltaba mucho camino. Los chicos de Amegakure parecían demasiado diferentes a él, a su forma de ver las cosas y no entendían su forma de vida. Le había costado mucho esfuerzo poder ser un ninja, y, ciertamente, aunque algo tarde y sin demasiados resultados, se sentía satisfecho por haber llegado hasta donde se encuentra.<br />
<br />
 A penas llegaba al pueblo, el mundo cambiaba para él. La gente reconocía al pequeño valor de Eijiro, a ese muchacho que, por sí mismo, logró transformar su chakra en rayos, sin ayuda de ningún adulto ni mucho menos, de ningún maestro, más que las anécdotas que hacían al muchacho temblar de emoción al oír de lo que sus antepasados eran capaces. Raitaro sólo llevaba una mochila pequeña, en la cual llevaba algunos de los platos que servían en la capital, los cuales eran para su familia. El recorrido era corto, desde la entrada al pueblo, tan solo en unos cinco minutos llegaría a casa, pero allí había mucha gente, muchos le conocían, y otros eran ninjas a los que Raitaro, en otra época, habría estado mirando pasar con admiración. Pero, a pesar de reconocerlo, los habitantes de Yukio no parecían estar muy seguros de hablar con el muchacho, saludándolo con simples gestos que confundían al muchacho, ¿qué estaba pasando?]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Las blancas tierras salvajes]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-las-blancas-tierras-salvajes</link>
			<pubDate>Sat, 07 Jul 2018 16:43:22 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Karma</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[Casi una semana de viaje y todavía no había alcanzado su destino. <br />
<br />
Dos días soportando el azote del frío y la nieve. No estaba acostumbrada a un clima así, proveniente del País de la Espiral como era. ¿Merecía la pena haber emprendido esa marcha? Karma se sentía inclinada a decir que no, por mucho que se pudiese discutir que aquella odisea resultaría ser un buen entrenamiento. La genin solo quería encontrar Yukio de una maldita vez y refugiarse en una posada, lo más cerca de la hoguera como fuese posible.<br />
<br />
Iba vestida con una camiseta de manga larga de color rojo oscuro, unos pantalones largos azul marino y sus sandalias de siempre. Por encima de todo ello portaba una capa de viaje de color arena —casi se había convertido en blanco por los copos de nieve que llovían de vez en cuando— que le alcanzaba hasta las pantorillas y tenía capucha. Avanzaba todo lo arrebujada que podía, tapándose el cuerpo con la capa y buena parte del rostro con la capucha.<br />
<br />
De su portador de objetos, kit médico o placa identificativa de Uzu no había rastro. Todo estaba a buen recaudo en una mochila militar, negra, que tenía colgada a la espalda. La ya mencionada también escondía un saco de dormir y las provisiones necesarias para tal ida y tal vuelta. Así mismo, se había recogido el cabello en una coleta baja que reposaba sobre su pescuezo y espalda. <br />
<br />
Y es que Kojima Karma se había perdido. Albergaba un importante motivo personal por el que quería viajar hasta la recóndita Yukio, pero era la primera vez que emprendía un viaje de esas proporciones y su inexperiencia le jugó malas pasadas, como cabe esperar. Nada importante, cosillas y errores de novato que uno nunca vuelve a sufrir. Percances necesarios para la mejora como trotador de mundos. <br />
<br />
Pero ahora estaba en las Tierras Nevadas del Norte del País de la Tormenta y se había perdido. La falta de puntos de referencia en un paraje así la había terminado confundiendo, a pesar de que portaba un mapa consigo. Los desagradables bocados de los copos de nieve, la severidad de la temperatura y el afilado viento iban desgastándola poco a poco. <br />
<br />
Aún quedaba mucho día por delante, horas de luz más que de sobra como para alcanzar la ciudad y descansar, pero claro, ¿en qué dirección debía dirigirse? <br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">En menuda me he metido...</span> —dijo para sí, su aliento transformándose en una visible y pálida neblina.<br />
<br />
Continuó caminando hacia el norte, aunque ella creía que era el este, atravesando la llanura nevada en la que estaba. Si no encontraba refugio pronto, su vida bien podría estar en peligro eventualmente. <br />
<br />
Y el único testigo de todo ello era el melodioso sonido de la nieve crujiendo bajo sus sandalias.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Casi una semana de viaje y todavía no había alcanzado su destino. <br />
<br />
Dos días soportando el azote del frío y la nieve. No estaba acostumbrada a un clima así, proveniente del País de la Espiral como era. ¿Merecía la pena haber emprendido esa marcha? Karma se sentía inclinada a decir que no, por mucho que se pudiese discutir que aquella odisea resultaría ser un buen entrenamiento. La genin solo quería encontrar Yukio de una maldita vez y refugiarse en una posada, lo más cerca de la hoguera como fuese posible.<br />
<br />
Iba vestida con una camiseta de manga larga de color rojo oscuro, unos pantalones largos azul marino y sus sandalias de siempre. Por encima de todo ello portaba una capa de viaje de color arena —casi se había convertido en blanco por los copos de nieve que llovían de vez en cuando— que le alcanzaba hasta las pantorillas y tenía capucha. Avanzaba todo lo arrebujada que podía, tapándose el cuerpo con la capa y buena parte del rostro con la capucha.<br />
<br />
De su portador de objetos, kit médico o placa identificativa de Uzu no había rastro. Todo estaba a buen recaudo en una mochila militar, negra, que tenía colgada a la espalda. La ya mencionada también escondía un saco de dormir y las provisiones necesarias para tal ida y tal vuelta. Así mismo, se había recogido el cabello en una coleta baja que reposaba sobre su pescuezo y espalda. <br />
<br />
Y es que Kojima Karma se había perdido. Albergaba un importante motivo personal por el que quería viajar hasta la recóndita Yukio, pero era la primera vez que emprendía un viaje de esas proporciones y su inexperiencia le jugó malas pasadas, como cabe esperar. Nada importante, cosillas y errores de novato que uno nunca vuelve a sufrir. Percances necesarios para la mejora como trotador de mundos. <br />
<br />
Pero ahora estaba en las Tierras Nevadas del Norte del País de la Tormenta y se había perdido. La falta de puntos de referencia en un paraje así la había terminado confundiendo, a pesar de que portaba un mapa consigo. Los desagradables bocados de los copos de nieve, la severidad de la temperatura y el afilado viento iban desgastándola poco a poco. <br />
<br />
Aún quedaba mucho día por delante, horas de luz más que de sobra como para alcanzar la ciudad y descansar, pero claro, ¿en qué dirección debía dirigirse? <br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">En menuda me he metido...</span> —dijo para sí, su aliento transformándose en una visible y pálida neblina.<br />
<br />
Continuó caminando hacia el norte, aunque ella creía que era el este, atravesando la llanura nevada en la que estaba. Si no encontraba refugio pronto, su vida bien podría estar en peligro eventualmente. <br />
<br />
Y el único testigo de todo ello era el melodioso sonido de la nieve crujiendo bajo sus sandalias.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[No se suponía que fuera así]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-no-se-suponia-que-fuera-asi</link>
			<pubDate>Tue, 16 Jan 2018 22:00:18 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=380">King Roga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-no-se-suponia-que-fuera-asi</guid>
			<description><![CDATA[Un nuevo comienzo, retomando todo el tiempo perdido, dejando de huir de las responsabilidades que le tocaban. Al menos ese era su plan, pues en su aislamiento y rebeldía, más que quedarse atrás, se había quedado en el olvido de todos. Aunque le doliera, tenía que esforzarse. Ahora que por fin tenía algo similar a una meta, algo por lo que debía seguir adelante con sus planes. Sin embargo... <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿No sería más productivo estar en una misión?"</span></span> Quizás sí, pero su padre tenía otros planes.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Are, cambia esa cara de perro recién bañado. Finge al menos que tienes algo de interés, quizás logres así hacer algo productivo por una vez un tu vida.—</span> Reía con sus palabras, mientras degustaba de un chocolate caliente, sentado en un tronco cortado.<br />
<br />
<span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—Sabes que nunca he sido de meterme a pelear por estupideces, menos en algo serio—</span> recriminó el genin mientras trataba de dar cortes a unas ramas secas que emulaban las faltantes cañas de bambú. <span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—No creo que el tameshigiri deba hacerse así...</span><br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—¡Tonterías!—</span> Se empinó la taza, para luego toser al ahogarse con la bebida hirviendo. <span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Ah mierda, qué siempre logras arruinarle el momento a medio mundo de una u otra forma.—</span> golpeó su propio pecho para tratar de tragar. <span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Escucha, aunque tu habilidad de combate a distancia esté mermada, aún puedes reforzar tus cualidades de combate cercano—</span> sacó una galleta de su chaleco militar para comerse una antes de seguir con su explicación <span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Si no fueras tan pendejo y haragán, incluso podrías haber participado en el torneo. Pero noooooo, el señorito quería andar de niñera de alguien que no lo necesita—</span> hablaba con la boca llena. <span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Puedes ser grande, tienes el mismo talento que tu madre. Si te lo propones, llegarías a ser un gran espadachín—</span> Le señaló con el empaque de la chuchería.<br />
<br />
<span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—¿Y era necesario venir hasta aquí para aprender a usar la espada?—</span> No lo decía porque le pareciera incoherente, sino porque sabía que el jounin siempre tenía alguna treta debajo de la manga. <span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—Ya dime, ¿qué tramas?</span><br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—No tendría chiste si te lo digo, eres mejor que eso. No lo pongo en duda, después de todo, lo guapo y astuto lo sacaste de mí. ¡Jajajajajajajajajajaj!</span><br />
<br />
<span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—Me lleva la que me trajo</span><br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Suficiente por hoy, regresemos al pueblo y a la posada... ¡Y no olvides recoger todas las cosas!—</span> Le guiñó el ojo para luego desaparecer en un parpadeo, dejando brillos en el aire.<br />
<br />
<span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Siempre es igual..."</span></span> Maldijo mientras empezaba a recoger las varas de madera cortadas, además de los empaques y demás basura que su padre había dejado tirado en el suelo del bosque. Así, una vez hecha la limpieza, el genin cargó con una pesada mochila a través de la nieve, regresando al lugar que era conocido como Yukio.<br />
<br />
Aquel amigable pueblito, confortable y hogareño cómo cualquier fábula podría describir, era dueño del único clima no lluvioso del país de la tormenta. Las luces de las casitas de madera eran un paisaje muy dulce y tierno, comparado al resto de ciudades que él había visitado. Alternando su vista entre cada lugar, descubrió aquella posada dónde debían hospedarse, cuyo título era <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">"Pino de Oro"</span>. <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Me merezco más que esto."</span></span> refunfuñaba para sí, mientras se adentraba al lugar.<br />
<br />
Cabe destacar que en aquella posada, contaban con una taberna instalada en la primera planta, jolgoriosa a más no poder. Juegos de cartas, canciones, risas. <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ni aquí podré tener un puto momento de paz."</span></span> suspiró el tuerto, echando su carga en una silla vacía, sentándose así en la otra, dejando caer su cara sobre la mesa. <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Que día."</span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Un nuevo comienzo, retomando todo el tiempo perdido, dejando de huir de las responsabilidades que le tocaban. Al menos ese era su plan, pues en su aislamiento y rebeldía, más que quedarse atrás, se había quedado en el olvido de todos. Aunque le doliera, tenía que esforzarse. Ahora que por fin tenía algo similar a una meta, algo por lo que debía seguir adelante con sus planes. Sin embargo... <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿No sería más productivo estar en una misión?"</span></span> Quizás sí, pero su padre tenía otros planes.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Are, cambia esa cara de perro recién bañado. Finge al menos que tienes algo de interés, quizás logres así hacer algo productivo por una vez un tu vida.—</span> Reía con sus palabras, mientras degustaba de un chocolate caliente, sentado en un tronco cortado.<br />
<br />
<span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—Sabes que nunca he sido de meterme a pelear por estupideces, menos en algo serio—</span> recriminó el genin mientras trataba de dar cortes a unas ramas secas que emulaban las faltantes cañas de bambú. <span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—No creo que el tameshigiri deba hacerse así...</span><br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—¡Tonterías!—</span> Se empinó la taza, para luego toser al ahogarse con la bebida hirviendo. <span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Ah mierda, qué siempre logras arruinarle el momento a medio mundo de una u otra forma.—</span> golpeó su propio pecho para tratar de tragar. <span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Escucha, aunque tu habilidad de combate a distancia esté mermada, aún puedes reforzar tus cualidades de combate cercano—</span> sacó una galleta de su chaleco militar para comerse una antes de seguir con su explicación <span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Si no fueras tan pendejo y haragán, incluso podrías haber participado en el torneo. Pero noooooo, el señorito quería andar de niñera de alguien que no lo necesita—</span> hablaba con la boca llena. <span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Puedes ser grande, tienes el mismo talento que tu madre. Si te lo propones, llegarías a ser un gran espadachín—</span> Le señaló con el empaque de la chuchería.<br />
<br />
<span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—¿Y era necesario venir hasta aquí para aprender a usar la espada?—</span> No lo decía porque le pareciera incoherente, sino porque sabía que el jounin siempre tenía alguna treta debajo de la manga. <span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—Ya dime, ¿qué tramas?</span><br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—No tendría chiste si te lo digo, eres mejor que eso. No lo pongo en duda, después de todo, lo guapo y astuto lo sacaste de mí. ¡Jajajajajajajajajajaj!</span><br />
<br />
<span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—Me lleva la que me trajo</span><br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Suficiente por hoy, regresemos al pueblo y a la posada... ¡Y no olvides recoger todas las cosas!—</span> Le guiñó el ojo para luego desaparecer en un parpadeo, dejando brillos en el aire.<br />
<br />
<span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Siempre es igual..."</span></span> Maldijo mientras empezaba a recoger las varas de madera cortadas, además de los empaques y demás basura que su padre había dejado tirado en el suelo del bosque. Así, una vez hecha la limpieza, el genin cargó con una pesada mochila a través de la nieve, regresando al lugar que era conocido como Yukio.<br />
<br />
Aquel amigable pueblito, confortable y hogareño cómo cualquier fábula podría describir, era dueño del único clima no lluvioso del país de la tormenta. Las luces de las casitas de madera eran un paisaje muy dulce y tierno, comparado al resto de ciudades que él había visitado. Alternando su vista entre cada lugar, descubrió aquella posada dónde debían hospedarse, cuyo título era <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">"Pino de Oro"</span>. <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Me merezco más que esto."</span></span> refunfuñaba para sí, mientras se adentraba al lugar.<br />
<br />
Cabe destacar que en aquella posada, contaban con una taberna instalada en la primera planta, jolgoriosa a más no poder. Juegos de cartas, canciones, risas. <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ni aquí podré tener un puto momento de paz."</span></span> suspiró el tuerto, echando su carga en una silla vacía, sentándose así en la otra, dejando caer su cara sobre la mesa. <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Que día."</span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Flechas cruzadas en la nieve]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-flechas-cruzadas-en-la-nieve</link>
			<pubDate>Thu, 11 Jan 2018 12:33:48 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-flechas-cruzadas-en-la-nieve</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hoyōbi, 11 de Bienvenida del año 218</span></div>
<br />
<br />
<br />
Al norte, a casi dos días de camino desde Amegakure, justo a los pies de la cordillera Tsukima se alza una humilde ciudad llamada Yukio. La noche ya había tendido su manto oscuro en el cielo y la luz de las farolas se desparramaba por las calles, prácticamente vacías, acariciando los muros de las pequeñas casitas de madera y piedra que se desperdigaban por doquier. El humo salía de sus chimeneas, alargando sus brazos tratando de alcanzar las estrellas. La primavera ya había llegado, pero la nieve que alfombraba las calles y el intenso frío de aquella noche despejada no parecía haberse dado cuenta de ello.<br />
<br />
Y de entre todas aquellas casitas, en una posada sin nombre, de apenas dos plantas de altura, se respiraba un ambiente de lo más festivo. Se veía a través de sus ventanas de cristales empañados, y se escuchaba a través de la vieja puerta de entrada, que comenzaba a sufrir el paso del frío a través de los años. Música, golpes, gritos. El local era igual de rústico por dentro que por fuera. Conformado enteramente por madera, la sala se extendía repleta de mesas y sillas por doquier, todas ellas ocupadas, esquivando algún que otro pilar que sostenía el techo. En el fondo, al otro lado de una barra de bar y frente a una estantería llena de botellas de todas formas y colores, el posadero charlaba y reía animadamente con un grupo cercano de paisanos que ya debían de llevar alguna que otra copa de más metida en el cuerpo. En el extremo derecho, una desvencijada escalinata subía hasta el segundo piso y sus escalones chirriaban con descaro cada vez que alguien los utilizaba. En el hueco de la escalera, un hombre rasgaba un shamisen mientras otro grupo de personas, abrazadas por los hombros y con las mejillas sonrosadas por el efecto del alcohol, le cantaban los coros de las canciones populares del pueblo. <br />
<br />
De haber podido elegir, no se le habría ocurrido quedarse en un lugar así. Ella prefería la calma, el silencio, y se sentía como un pez fuera del agua en una fiesta así. Ni siquiera sabía qué era lo que se estaba celebrando. Pero no quedaba ni una sola habitación más en todo Yukio, por lo que se había visto obligada a hospedarse en aquella posada para no morir de frío fuera. Y mientras esperaba a que todo se calmara para poder dirigirse a su habitación y conciliar el sueño, Ayame se había sentado en la mesa más recóndita de la posada, con un chocolate caliente, y ahora jugueteaba con un mechón de pelo, distraída.<br />
<br />
<span style="color: royalblue; font-style: italic;">«Me está comenzando a crecer.»</span> Observó para sí, meditativa.<br />
<br />
Desde lo que había ocurrido con los Kajitsu Hōzuki, había cambiado en varios aspectos. El más notorio de todos era que ya no ocultaba la marca de nacimiento con forma de luna menguante que lucía en su frente. Obviamente, y a consecuencia de aquello, tampoco llevaba ya la bandana que la acreditaba como kunoichi de Amegakure en ella, sino que ahora la lucía atada en torno al cuello.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hoyōbi, 11 de Bienvenida del año 218</span></div>
<br />
<br />
<br />
Al norte, a casi dos días de camino desde Amegakure, justo a los pies de la cordillera Tsukima se alza una humilde ciudad llamada Yukio. La noche ya había tendido su manto oscuro en el cielo y la luz de las farolas se desparramaba por las calles, prácticamente vacías, acariciando los muros de las pequeñas casitas de madera y piedra que se desperdigaban por doquier. El humo salía de sus chimeneas, alargando sus brazos tratando de alcanzar las estrellas. La primavera ya había llegado, pero la nieve que alfombraba las calles y el intenso frío de aquella noche despejada no parecía haberse dado cuenta de ello.<br />
<br />
Y de entre todas aquellas casitas, en una posada sin nombre, de apenas dos plantas de altura, se respiraba un ambiente de lo más festivo. Se veía a través de sus ventanas de cristales empañados, y se escuchaba a través de la vieja puerta de entrada, que comenzaba a sufrir el paso del frío a través de los años. Música, golpes, gritos. El local era igual de rústico por dentro que por fuera. Conformado enteramente por madera, la sala se extendía repleta de mesas y sillas por doquier, todas ellas ocupadas, esquivando algún que otro pilar que sostenía el techo. En el fondo, al otro lado de una barra de bar y frente a una estantería llena de botellas de todas formas y colores, el posadero charlaba y reía animadamente con un grupo cercano de paisanos que ya debían de llevar alguna que otra copa de más metida en el cuerpo. En el extremo derecho, una desvencijada escalinata subía hasta el segundo piso y sus escalones chirriaban con descaro cada vez que alguien los utilizaba. En el hueco de la escalera, un hombre rasgaba un shamisen mientras otro grupo de personas, abrazadas por los hombros y con las mejillas sonrosadas por el efecto del alcohol, le cantaban los coros de las canciones populares del pueblo. <br />
<br />
De haber podido elegir, no se le habría ocurrido quedarse en un lugar así. Ella prefería la calma, el silencio, y se sentía como un pez fuera del agua en una fiesta así. Ni siquiera sabía qué era lo que se estaba celebrando. Pero no quedaba ni una sola habitación más en todo Yukio, por lo que se había visto obligada a hospedarse en aquella posada para no morir de frío fuera. Y mientras esperaba a que todo se calmara para poder dirigirse a su habitación y conciliar el sueño, Ayame se había sentado en la mesa más recóndita de la posada, con un chocolate caliente, y ahora jugueteaba con un mechón de pelo, distraída.<br />
<br />
<span style="color: royalblue; font-style: italic;">«Me está comenzando a crecer.»</span> Observó para sí, meditativa.<br />
<br />
Desde lo que había ocurrido con los Kajitsu Hōzuki, había cambiado en varios aspectos. El más notorio de todos era que ya no ocultaba la marca de nacimiento con forma de luna menguante que lucía en su frente. Obviamente, y a consecuencia de aquello, tampoco llevaba ya la bandana que la acreditaba como kunoichi de Amegakure en ella, sino que ahora la lucía atada en torno al cuello.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El lado oscuro del prestigio]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-lado-oscuro-del-prestigio</link>
			<pubDate>Wed, 19 Jul 2017 02:09:44 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=16">Hanamura Kazuma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-lado-oscuro-del-prestigio</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La gente cree con fervor e ingenuidad que poseer prestigio es como tener el brillo de una estrella. Y tienen razón, es como residir es una pletórica y ardiente fuente de luz, rodeada por un solitario y gélido velo de oscuridad.</span><br />
<br />
<div align="center">***</div>
<br />
Kōtetsu se movía con prisa y recelo a través de los húmedos y fríos callejones de Yukio, atento a cada esquina oscura, cada silueta extraña y a cada sonido sospechoso. Pese a que la constante lluvia de la tarde le mantenía empapado y casi tiritando, agradecía que el ruido provocado por los muchos charcos al ser pisados le mantuviera al tanto de si alguien intentaba acercarse desde atrás o pillarle por sorpresa en cada giro que hacía. Su caminar era silencioso y sereno, ayudado por el chakra en sus pies para evitar chapotear en el agua. Se sentía un tanto sospechoso al llevar la cabeza cubierta por la capucha de una elegante gabardina gris oscura, pero hacía rato que se había inmerso en los barrios bajos de Yukio, donde todos lucían igual de sospechosos, pero donde, consientes de la “ley de las calles”, nadie le hacía preguntas a aquel que llevase una espada y caminase con prisa.<br />
<br />
“<span style="color: darkkhaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">De forma semejante a como es en el cuerpo humano, la áreas menos nobles son las más desdeñables</span></span>”, se dijo a sí mismo, mientras el viento llevaba hasta él el aroma de las inmundicias que se desbordaban de las desatendidas alcantarillas.<br />
<br />
Se detuvo en una bifurcación que no estaba en el improvisado mapa que le habían dado. Se reprocho a sí mismo por creer que alguien podría crear un plano que representase de manera realista aquella intrincada y laberíntica red de casuchas viejas y callejuelas fétidas. Desde lejos, se veía como un pintoresco mosaico de casitas bajas, pero estando allí era como un desagradable pantano donde cientos de ojos le vigilaban desde lejos. <br />
<br />
Para cuando la noche termino de consumir lo que restaba de día, se encontró a si mismo frente al lugar que su informante le había indicado en el mapa. Se trataba de un antiguo edificio de dos pisos, de aspecto rustico y abandonado. Era, no solo por su ubicación, en medio de las entrañas más recónditas de aquella ciudad, el típico punto de reuniones en donde se realizaban negocios turbios. No pudo evitar sonreír bajo la fría llovizna nocturna, pues aquello le aseguraba que estaba en el sitio correcto. Se acerco a la gran puerta de hierro macizo y oxidado, quedando bajo la intensa luz amarilla de un poste, dio tres sonoros golpes y espero. <br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">¿Bajo la lluvia luminiscente quien yace? Y ¿Qué le ha traído al palacio del abandono? </span>—pregunto una voz cavernosa desde el otro lado, refiriéndose al “santo y seña”.<br />
<br />
—<span style="color: slategray;" class="mycode_color">Es un voluntario resuelto y discreto, que ha venido a iniciar una travesía a través del subsuelo</span> —repitió las palabras, tal como le habían dicho que hiciera. <br />
<br />
Se hizo un minuto de silencio incomodo y solitario, y luego la puerta comenzó a abrirse con el lento chirrido de variedad de piezas móviles. Detrás de ella estaba un hombre enorme, con el tamaño suficiente como para destrabar aquella mole de hierro colado. El portero le hizo una invitación a pasar, y el joven de ojos grises camino hacia el interior.<br />
<br />
Adentro de aquel sitio había una cantidad considerable de sujetos de aspecto poco confiable, matones y guarda-guaridas, de miradas amenazantes, como los que esperaba encontrarse. La entrada se bloqueo con un ruido seco, y el joven camino, indiferente, hacia una puerta que daba a unas largas escaleras, que a su vez le llevaron hasta una especie de almacén en donde guardaban barriles de lo que parecía ser alcohol. Recorrió un largo pasillo tenuemente iluminado, en cuyo final había dos enorme fulanos guardando una elegante puerta. El joven les mostro la carta que le había llevado hasta allí y aquellos mafiosos le permitieron pasar.<br />
<br />
—<span style="color: blue;" class="mycode_color">Espere aquí mientras terminan los preparativos para la entrevista </span>—le pidieron, al unisonó.<br />
<br />
El Hakagurē se encontró en una estancia finamente adornada con dorado y tapizada con rojo. Había casi una docena de grandes muebles, todos ocupados por personas de diferentes aspectos y edades. Incluso tenían una barra y un barman en un extremo, mientras que en el otro había una mesa de billar. También había unas escaleras en forma de caracol que llevaban a una galería superior en donde estaba una biblioteca de un lado y un gran refrigerador del otro.<br />
<br />
Se deshizo y de su gabardina y la dejo en el perchero para que se secara. Arreglo un poco su cabello y se acerco a la barra para pedir algo.<br />
<br />
—<span style="color: orchid;" class="mycode_color">Eres un poco joven, pero aquí no tenemos una edad mínima para ingerir alcohol </span>—confeso con complicidad la dama que atendía la barra—. <span style="color: orchid;" class="mycode_color">Aunque pareces tener bastante frio, quizás prefieras un café caliente. </span><br />
<br />
—<span style="color: slategray;" class="mycode_color">Eso sería agradable, pero creo que me provocaría problemas para dormir.</span><br />
<br />
—<span style="color: orchid;" class="mycode_color">¿Dormir?</span> —pregunto, con una sonrisa enigmática—. <span style="color: orchid;" class="mycode_color">Te puedo asegurar que esta noche, ninguno de los aquí presentes podrá dormir. </span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La gente cree con fervor e ingenuidad que poseer prestigio es como tener el brillo de una estrella. Y tienen razón, es como residir es una pletórica y ardiente fuente de luz, rodeada por un solitario y gélido velo de oscuridad.</span><br />
<br />
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Kōtetsu se movía con prisa y recelo a través de los húmedos y fríos callejones de Yukio, atento a cada esquina oscura, cada silueta extraña y a cada sonido sospechoso. Pese a que la constante lluvia de la tarde le mantenía empapado y casi tiritando, agradecía que el ruido provocado por los muchos charcos al ser pisados le mantuviera al tanto de si alguien intentaba acercarse desde atrás o pillarle por sorpresa en cada giro que hacía. Su caminar era silencioso y sereno, ayudado por el chakra en sus pies para evitar chapotear en el agua. Se sentía un tanto sospechoso al llevar la cabeza cubierta por la capucha de una elegante gabardina gris oscura, pero hacía rato que se había inmerso en los barrios bajos de Yukio, donde todos lucían igual de sospechosos, pero donde, consientes de la “ley de las calles”, nadie le hacía preguntas a aquel que llevase una espada y caminase con prisa.<br />
<br />
“<span style="color: darkkhaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">De forma semejante a como es en el cuerpo humano, la áreas menos nobles son las más desdeñables</span></span>”, se dijo a sí mismo, mientras el viento llevaba hasta él el aroma de las inmundicias que se desbordaban de las desatendidas alcantarillas.<br />
<br />
Se detuvo en una bifurcación que no estaba en el improvisado mapa que le habían dado. Se reprocho a sí mismo por creer que alguien podría crear un plano que representase de manera realista aquella intrincada y laberíntica red de casuchas viejas y callejuelas fétidas. Desde lejos, se veía como un pintoresco mosaico de casitas bajas, pero estando allí era como un desagradable pantano donde cientos de ojos le vigilaban desde lejos. <br />
<br />
Para cuando la noche termino de consumir lo que restaba de día, se encontró a si mismo frente al lugar que su informante le había indicado en el mapa. Se trataba de un antiguo edificio de dos pisos, de aspecto rustico y abandonado. Era, no solo por su ubicación, en medio de las entrañas más recónditas de aquella ciudad, el típico punto de reuniones en donde se realizaban negocios turbios. No pudo evitar sonreír bajo la fría llovizna nocturna, pues aquello le aseguraba que estaba en el sitio correcto. Se acerco a la gran puerta de hierro macizo y oxidado, quedando bajo la intensa luz amarilla de un poste, dio tres sonoros golpes y espero. <br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">¿Bajo la lluvia luminiscente quien yace? Y ¿Qué le ha traído al palacio del abandono? </span>—pregunto una voz cavernosa desde el otro lado, refiriéndose al “santo y seña”.<br />
<br />
—<span style="color: slategray;" class="mycode_color">Es un voluntario resuelto y discreto, que ha venido a iniciar una travesía a través del subsuelo</span> —repitió las palabras, tal como le habían dicho que hiciera. <br />
<br />
Se hizo un minuto de silencio incomodo y solitario, y luego la puerta comenzó a abrirse con el lento chirrido de variedad de piezas móviles. Detrás de ella estaba un hombre enorme, con el tamaño suficiente como para destrabar aquella mole de hierro colado. El portero le hizo una invitación a pasar, y el joven de ojos grises camino hacia el interior.<br />
<br />
Adentro de aquel sitio había una cantidad considerable de sujetos de aspecto poco confiable, matones y guarda-guaridas, de miradas amenazantes, como los que esperaba encontrarse. La entrada se bloqueo con un ruido seco, y el joven camino, indiferente, hacia una puerta que daba a unas largas escaleras, que a su vez le llevaron hasta una especie de almacén en donde guardaban barriles de lo que parecía ser alcohol. Recorrió un largo pasillo tenuemente iluminado, en cuyo final había dos enorme fulanos guardando una elegante puerta. El joven les mostro la carta que le había llevado hasta allí y aquellos mafiosos le permitieron pasar.<br />
<br />
—<span style="color: blue;" class="mycode_color">Espere aquí mientras terminan los preparativos para la entrevista </span>—le pidieron, al unisonó.<br />
<br />
El Hakagurē se encontró en una estancia finamente adornada con dorado y tapizada con rojo. Había casi una docena de grandes muebles, todos ocupados por personas de diferentes aspectos y edades. Incluso tenían una barra y un barman en un extremo, mientras que en el otro había una mesa de billar. También había unas escaleras en forma de caracol que llevaban a una galería superior en donde estaba una biblioteca de un lado y un gran refrigerador del otro.<br />
<br />
Se deshizo y de su gabardina y la dejo en el perchero para que se secara. Arreglo un poco su cabello y se acerco a la barra para pedir algo.<br />
<br />
—<span style="color: orchid;" class="mycode_color">Eres un poco joven, pero aquí no tenemos una edad mínima para ingerir alcohol </span>—confeso con complicidad la dama que atendía la barra—. <span style="color: orchid;" class="mycode_color">Aunque pareces tener bastante frio, quizás prefieras un café caliente. </span><br />
<br />
—<span style="color: slategray;" class="mycode_color">Eso sería agradable, pero creo que me provocaría problemas para dormir.</span><br />
<br />
—<span style="color: orchid;" class="mycode_color">¿Dormir?</span> —pregunto, con una sonrisa enigmática—. <span style="color: orchid;" class="mycode_color">Te puedo asegurar que esta noche, ninguno de los aquí presentes podrá dormir. </span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Hace frío y estoy lejos de casa]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-hace-frio-y-estoy-lejos-de-casa</link>
			<pubDate>Mon, 03 Apr 2017 01:08:06 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=374">Manase Mogura</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-hace-frio-y-estoy-lejos-de-casa</guid>
			<description><![CDATA[Muchas veces uno puede llegar a moverse de su hogar por diferentes motivos, por temas de negocio, por buscar conocer cierta parte del país que se supone ha jurado proteger con su vida o a lo mejor simplemente por diversión, por la aventura. La situación de Manase Mogura no distaba mucho de alguna de todas esas, cumpliendo con un recado de su anciano pariente había dejado la comodidad de la urbe que era Amegakure y se había dispuesto a recorrer los caminos hasta llegar a Yukio.<br />
<br />
Yukio era uno de esos lugares que te interesaba visitar si estabas a punto de hacer un viaje, viaje que podía ser tranquilamente cruzar la cordillera hacía el país de la Tierra. Mogura no iba a hacer tal cosa, pero si iba a asistir los viajes de algunos aventureros que estuviesen dispuesto a hacerlo. ¿Cómo? Abasteciendo una pequeña tienda de suplementos médicos con productos a precios bastante interesantes.<br />
<br />
Aprovechando que ya estaba en aquel sitio, se tomó la libertad de extender un par de días más su visita. Hospedándose en una posada tenía la intención de recorrer un poco de aquella tan interesante ubicación. Ahora, el objetivo del joven médico no era hacer simple turismo por la zona linda del lugar, sino que deseaba conocerlo a fondo, familiarizarse con el pueblo.<br />
<br />
Aplastando la nieve con sus botas caminaba por una parte levemente alejada de las últimas edificaciones, a unos varios minutos de camino de donde dormía. Una de sus manos iba metida dentro de su sobretodo, no era la época más fría del año pero no había necesidad de hacerse el macho en un lugar como ese. Como era costumbre en él, marchaba prácticamente siempre con un paraguas, no había nevado ese día pero si el día anterior.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Muchas veces uno puede llegar a moverse de su hogar por diferentes motivos, por temas de negocio, por buscar conocer cierta parte del país que se supone ha jurado proteger con su vida o a lo mejor simplemente por diversión, por la aventura. La situación de Manase Mogura no distaba mucho de alguna de todas esas, cumpliendo con un recado de su anciano pariente había dejado la comodidad de la urbe que era Amegakure y se había dispuesto a recorrer los caminos hasta llegar a Yukio.<br />
<br />
Yukio era uno de esos lugares que te interesaba visitar si estabas a punto de hacer un viaje, viaje que podía ser tranquilamente cruzar la cordillera hacía el país de la Tierra. Mogura no iba a hacer tal cosa, pero si iba a asistir los viajes de algunos aventureros que estuviesen dispuesto a hacerlo. ¿Cómo? Abasteciendo una pequeña tienda de suplementos médicos con productos a precios bastante interesantes.<br />
<br />
Aprovechando que ya estaba en aquel sitio, se tomó la libertad de extender un par de días más su visita. Hospedándose en una posada tenía la intención de recorrer un poco de aquella tan interesante ubicación. Ahora, el objetivo del joven médico no era hacer simple turismo por la zona linda del lugar, sino que deseaba conocerlo a fondo, familiarizarse con el pueblo.<br />
<br />
Aplastando la nieve con sus botas caminaba por una parte levemente alejada de las últimas edificaciones, a unos varios minutos de camino de donde dormía. Una de sus manos iba metida dentro de su sobretodo, no era la época más fría del año pero no había necesidad de hacerse el macho en un lugar como ese. Como era costumbre en él, marchaba prácticamente siempre con un paraguas, no había nevado ese día pero si el día anterior.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-cuando-el-grajo-vuela-bajo-hace-un-frio-del-carajo</link>
			<pubDate>Mon, 06 Feb 2017 22:40:55 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=4">Sasaki Reiji</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-cuando-el-grajo-vuela-bajo-hace-un-frio-del-carajo</guid>
			<description><![CDATA[Una de las cosas más gratificantes de poseer una máscara que te deja convertirte en casi cualquier animal que habita en el mundo es que se puede ver cumplido el sueño de casi cualquier ser humano: Volar.<br />
<br />
Para Reiji era más que un sueño y a la vez era una realidad. Había nacido sin sus ojos y gracias a la familia de cuervos shinobi que era amiga de sus padres consiguió unos ojos, aunque de cuervo. Desde entonces muchas veces había soñado con alzar el vuelo, se sentía mucho más animal que persona, quería abrir sus alas y alzar el vuelo. Como los cuervos.<br />
<br />
La máscara no solo le permitía al muchacho transformarse en animales, sino que además le concedía sus características, como volar si se transformaba en un pájaro o respirar bajo el agua si lo hacía en un pez. En varios sentidos, todo aquello le daba ciertas ventajas, claro que para pelear una sardina era muy inferior a cualquier humano. Y corría el riesgo de que lo pescaran.<br />
<br />
Pero su pasión era volar. Desde que se había convertido en gennin de Amegakure y había recibido aquella mascara como regalo de alguien que aún no conocía no había dejado de volar. Las primeras veces fue raro. Tener alas no era lo mismo que tener brazos, y desde luego el cuerpo de un cuervo se sentía bien diferente. No, no había probado otras aves, el cuervo era su favorito desde siempre, porque él era uno más.<br />
<br />
Normalmente volaba por la ciudad, o como mucho por los alrededores, sin embargo había decidido que ya era hora de explotar su nueva característica y vivir nuevas aventuras. Volaría lejos de ame, visitaría nuevas ciudades, conocería nuevas personas y tal vez alguna que no lo considerara un monstruo o un demonio.<br />
<br />
No le gustaba admitirlo, prefería gritar que era el mejor shinobi, pero el joven muchacho tenía muy poca idea del mundo que lo rodeaba y tomo un rumbo al azar. Se aventuró a través del húmedo paisaje del país de la lluvia, pero para un shinobi de Amegakure como él, la lluvia no era nada.<br />
<br />
Otra cosa bien distinta era la nieve. En cierto punto de su travesía la lluvia dejo de ser lluvia, el viento empezó a soplar más helado, y la nieve pintaba el paisaje como un lienzo listo para ser estrenado.<br />
<br />
Reiji tuvo que bajar el vuelo, porque cuanto más alto volaba, mas frio hacía. Al final el refrán tenía razón: Cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo y cuando vuela rasante hace un frio acojonante.<br />
<br />
Al final, cuando logro divisar un pueblo a lo lejos, acabo por volver a su forma humana y guardar su máscara bajo la capa. Se cubrió la cabeza con la capucha para mitigar un poco más el frio, aunque sirvió de poco.<br />
<br />
Cuando llego al pueblo, busco una posada o algún local donde refugiarse un rato y pedir una bebida caliente.  No tardó mucho en localizarlo y mucho menos tardo en entrar, buscar un asiento libre, y posar su helado culo sobre una silla vacía en la mesa más alejada de la puerta, para que cuando se abriera no le golpeara la ventisca. <br />
<br />
<span style="color: Royalblue;" class="mycode_color">—Por fin, un poco de calorcito…</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Una de las cosas más gratificantes de poseer una máscara que te deja convertirte en casi cualquier animal que habita en el mundo es que se puede ver cumplido el sueño de casi cualquier ser humano: Volar.<br />
<br />
Para Reiji era más que un sueño y a la vez era una realidad. Había nacido sin sus ojos y gracias a la familia de cuervos shinobi que era amiga de sus padres consiguió unos ojos, aunque de cuervo. Desde entonces muchas veces había soñado con alzar el vuelo, se sentía mucho más animal que persona, quería abrir sus alas y alzar el vuelo. Como los cuervos.<br />
<br />
La máscara no solo le permitía al muchacho transformarse en animales, sino que además le concedía sus características, como volar si se transformaba en un pájaro o respirar bajo el agua si lo hacía en un pez. En varios sentidos, todo aquello le daba ciertas ventajas, claro que para pelear una sardina era muy inferior a cualquier humano. Y corría el riesgo de que lo pescaran.<br />
<br />
Pero su pasión era volar. Desde que se había convertido en gennin de Amegakure y había recibido aquella mascara como regalo de alguien que aún no conocía no había dejado de volar. Las primeras veces fue raro. Tener alas no era lo mismo que tener brazos, y desde luego el cuerpo de un cuervo se sentía bien diferente. No, no había probado otras aves, el cuervo era su favorito desde siempre, porque él era uno más.<br />
<br />
Normalmente volaba por la ciudad, o como mucho por los alrededores, sin embargo había decidido que ya era hora de explotar su nueva característica y vivir nuevas aventuras. Volaría lejos de ame, visitaría nuevas ciudades, conocería nuevas personas y tal vez alguna que no lo considerara un monstruo o un demonio.<br />
<br />
No le gustaba admitirlo, prefería gritar que era el mejor shinobi, pero el joven muchacho tenía muy poca idea del mundo que lo rodeaba y tomo un rumbo al azar. Se aventuró a través del húmedo paisaje del país de la lluvia, pero para un shinobi de Amegakure como él, la lluvia no era nada.<br />
<br />
Otra cosa bien distinta era la nieve. En cierto punto de su travesía la lluvia dejo de ser lluvia, el viento empezó a soplar más helado, y la nieve pintaba el paisaje como un lienzo listo para ser estrenado.<br />
<br />
Reiji tuvo que bajar el vuelo, porque cuanto más alto volaba, mas frio hacía. Al final el refrán tenía razón: Cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo y cuando vuela rasante hace un frio acojonante.<br />
<br />
Al final, cuando logro divisar un pueblo a lo lejos, acabo por volver a su forma humana y guardar su máscara bajo la capa. Se cubrió la cabeza con la capucha para mitigar un poco más el frio, aunque sirvió de poco.<br />
<br />
Cuando llego al pueblo, busco una posada o algún local donde refugiarse un rato y pedir una bebida caliente.  No tardó mucho en localizarlo y mucho menos tardo en entrar, buscar un asiento libre, y posar su helado culo sobre una silla vacía en la mesa más alejada de la puerta, para que cuando se abriera no le golpeara la ventisca. <br />
<br />
<span style="color: Royalblue;" class="mycode_color">—Por fin, un poco de calorcito…</span>]]></content:encoded>
		</item>
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