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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Dojos interiores]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Sat, 13 Jun 2026 12:15:41 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] Donde no te llaman]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-donde-no-te-llaman</link>
			<pubDate>Mon, 08 Jun 2020 14:14:19 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=201">Himura Ren</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-donde-no-te-llaman</guid>
			<description><![CDATA[En un valle donde la guardia principal eran samurais, con dojos particulares donde se entrenaban distintas escuelas, métodos, especializaciones en diversas armas... ¿Cómo no iba a meter las narices? Suficiente era que había pasado ya varios días sin meterse en un lío gordo más allá de un toque de atención.<br />
<br />
Hoy estuvo desde primera hora de la mañana en un dojo cercano a Nishinoya; recorriendo los pasillos de la aquella escuela. Cesó su movimiento cuando vio que estaban entrenando en uno de los jardines interiores; deseaba con todo su ser salir de detrás de la columna desde la que estaba observando y ser instruida como uno más de ellos.<br />
<br />
— <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Hey, jovencita ¿No deberías haber pedido permiso para entrar?</span> — alertó un joven aprendíz el cual le sacaba una cabeza de altura. — <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Se os tiene dicho a los shinobis que no hay problema con que entreneis en los dojos; pero debeís pedir permiso. Te vienes conmigo, voy a reportar esto a la administración de tu villa de inmediato; no podemos andarnos con tonterías tras acontecimientos pasados.</span><br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡Y-Yo! ¡E-Esto...! ¡N-No, por favor espera!</span> — replicó siendo arrastrada de un brazo; más preocupada por no seguir viendo lo que estab ocurriendo allí que por la más que posible bronca que le esperaría cuando aquellos papeles llegasen a Yui.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Espera</span> — dijo un anciano a varios metros de donde estaban originalmente; vestía con un kimono sencillo de color azul oscuro.<br />
<br />
— <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¡G-Gran Sabio Kenji!</span> — contestó sorprendido. — <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¡Esta joven lleva varios días rondando por el dojo y dando problemas a otros guardas! Voy directo a reportar sobre...</span><br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">¿Sobre qué? ¿Sabes lo aterradora que puede llegar a ser Yui? ¡La chica tiene permiso de ella precisamente, como la molestes por una tontería así, acabarás mas calvo que yo!</span> — se señaló el poco pelo grisáceo que tenía por el lateral, también tenía una pequeña coleta  justo en la coronilla de unos escasos varios centímetros.<br />
<br />
— <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¿D-De Y-Yui dice?...</span> — respondió asustado; el conocimiento sobre el mal genio de la Arashikage, parecía no conocer fronteras.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">¡Traeme algo de té de una vez! </span>— alzó una mano para darle más enfasis aunque no estuviera subiendo mucho el tono de su voz<br />
<br />
— <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¡S-Si señor!</span><br />
<br />
Ni corto ni perezoso, aquel aprendiz desapareció fugazmente y las miradas de aquel hombre y Ren se cruzaron.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">E-Eso de que tengo permiso de Yui...</span> — dijo con voz temblorosa, arrepentida por sus errores. <br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">¡Shhh! ¡No te preocupes! Será nuestro pequeño secreto; no has sido la primera ni serás la última persona en hacer una tontería así en los dojos </span> — rio con una carcajada limpia, sentándose en la madera que daba al patio; dio un par de suaves palmadas en el suelo, invitando a que se sentara a su lado. — <span style="color: gray;" class="mycode_color">¿Asi que te interesan los samuráis, jovencita? Dime, que es lo que te provoca tanto interés de ellos.</span><br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡Mucho, quiero ser tan habilidosa con la katana como uno de ellos!</span> — respondió casi al instante, sentandose a su lado; los pies no le llegaban al suelo del patio por mucho.<br />
<br />
—<span style="color: gray;" class="mycode_color"> Aaaaah...</span> — suspiró con un tono nostálgico, cruzándose de brazos  y elevando la mirada a las nubes. —<span style="color: gray;" class="mycode_color"> Lleva mucho tiempo llegar a ser considerado un maestro, aunque se trate de una única arma en la que te especialices.</span><br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿Y para que más? ¡Yo quiero saber blandir la katana con esa impresionante maestría!</span> — la joven kunoichi parecía encoger en edad cuando hablaba de su pasión, como si de un crío de 6 o 7 años se tratase. <br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">¡¡IDIOTAAAA!!</span> — contestó al instante aquel señor mayor con la misma fuerza con la que le golpeó la parte superior de la cabeza con la parte lateral de la mano, como si intentara partir un trozo de madera.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡AYYYYY!</span><br />
<br />
—<span style="color: gray;" class="mycode_color"> Un samurai DEBE saber utilizar todas las armas. Todo lo que este a su disposición; aunque luego decida especializarse en un arma en concreto</span> —  extendió una mano, para coger una pequeña bandeja que había traido aquel joven de antes, con un vaso de té y unas galletas; dejándolo entre ambos. — <span style="color: gray;" class="mycode_color">De esa manera conoces los puntos fuertes y débiles cuando te enfrentes a ellos. Un maestro samuraí es un maestro de la lucha, de la guerra. Además, debes respetar el codigo del guerrero; los siete pilares fundamentales del bushido. Gi, justicia. Yu, coraje. Jin, compasión. Rei, respeto. Makoto, sinceridad. Meiyo, honor. Chugi, lealtad.  Todo ESO es ser auténtico samuraí.</span><br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">P-Pero es que las katanas...</span> — se acariciaba la cabeza dolorida; pero lo que más le dolía, era el haberse dado cuenta de que había estado cegada todos estos años.<br />
<br />
— ¡Todo el mundo! ¡Saludad al maestro! — todos los que estaban entonces presentes en el patio, cesaron sus actividades en el momento; girándose hacia donde estaban Ren y aquel bigotudo anciano, para posteriormente todos ellos, incluido los instructores y otros maestros, se inclinaron hasta casi tocar el suelo con sus cabezas.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">¡Ya está, ya está! ¡Que me sacáis los colores!  ¡JAJAJAJAJA!</span> — rio a pleno pulmón con la risa más sincera que jamas hubiera visto. —<span style="color: gray;" class="mycode_color"> Todos los días lo mismo; no puedo caminar por los pasillos tranquilo.</span><br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿E-Es usted el maestro de este Dojo?</span> — dijo sorprendida sosteniendo una taza entre ambas manos; por la reacción y lo que dijo aquel estudiando, era obvio que se trataba de un instructor del dojo; pero no que fuera el máximo representante de él.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Hace tiempo sí, ahora el representante es mi hijo, Ken. Ahora me dedico a la jardinería mientras espero a que me de un infarto.</span><br />
<br />
— <span style="color: silver;" class="mycode_color">¡Quieres dejar de decir esas cosas!</span> — protestó un joven tras ellos, se trataba de su nieto, — <span style="color: silver;" class="mycode_color">¡Ayer mismo te ví escalando los manzanos más altos del Hokutomori!</span><br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">¡Así que eras TÚ el que me estaba siguiendo desde que salí de casa! ¡¿Ya desististe de ponerme una guardia?!</span><br />
<br />
— <span style="color: silver;" class="mycode_color">¡¡Por que siempre les acabas dando esquinazo y soy yo quien se sabe todos tus malditos trucos, viejo zorro!! ¡Y no te tomaste la medicación, otra vez!</span><br />
<br />
—<span style="color: gray;" class="mycode_color"> Sabe a calcetines sudados; eso no puede ser medicación, en todo caso es veneno </span>— bebió de una cantimplora en forma de calabaza, como si hubiera estado allí todo este tiempo; que llevaba escondida bajo una de las mangas.<br />
<br />
—<span style="color: silver;" class="mycode_color"> ¡¿Pero el alcohol si te ayuda?!</span> — y le arrebató aquel objeto, antes de que pudiera dar otro sorbo; marchándose con ella.<br />
<br />
Suspiró, y se alargó un eterno silencio entre la joven Ren, que no sabía muy bien donde meterse después de aquella disputa familiar, y el anciano Kenji. Siguieron comiendo aquellas galletas hasta acabarlas junto al té.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Bueno jovencita; que te parece si me enseñas un par de golpes. A ver que sabes hacer</span> — dijo mientras se levantaba, golpeando con sus arrugadas manos la ropa para deshacerse de las migas.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿¡M-Me va a entrenar usted, Maestro Kenji!?</span> — se puso de pie casi de momento.<br />
<br />
—<span style="color: gray;" class="mycode_color"> JAJAJAJAJAJA. Ni de broma. Quiero ver como de entrenados estaís los shinobis de las aldeas. Y bueno, si me impresionas, tal vez me lo piense</span> — comenzó a caminar sobre la tarima, adentrandose en los dojos, seguida de la joven kunoichi.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿¡Y-Y usted en que se especializó!? ¿Es el Gran Sabio de que arma?</span><br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Oh ¿Qué en cual me especialice?</span> — rió con suavidad mientras ambos se perdían por los pasillos. — <span style="color: gray;" class="mycode_color">¿Cuál es la que quieres que te enseñe?</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[En un valle donde la guardia principal eran samurais, con dojos particulares donde se entrenaban distintas escuelas, métodos, especializaciones en diversas armas... ¿Cómo no iba a meter las narices? Suficiente era que había pasado ya varios días sin meterse en un lío gordo más allá de un toque de atención.<br />
<br />
Hoy estuvo desde primera hora de la mañana en un dojo cercano a Nishinoya; recorriendo los pasillos de la aquella escuela. Cesó su movimiento cuando vio que estaban entrenando en uno de los jardines interiores; deseaba con todo su ser salir de detrás de la columna desde la que estaba observando y ser instruida como uno más de ellos.<br />
<br />
— <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Hey, jovencita ¿No deberías haber pedido permiso para entrar?</span> — alertó un joven aprendíz el cual le sacaba una cabeza de altura. — <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Se os tiene dicho a los shinobis que no hay problema con que entreneis en los dojos; pero debeís pedir permiso. Te vienes conmigo, voy a reportar esto a la administración de tu villa de inmediato; no podemos andarnos con tonterías tras acontecimientos pasados.</span><br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡Y-Yo! ¡E-Esto...! ¡N-No, por favor espera!</span> — replicó siendo arrastrada de un brazo; más preocupada por no seguir viendo lo que estab ocurriendo allí que por la más que posible bronca que le esperaría cuando aquellos papeles llegasen a Yui.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Espera</span> — dijo un anciano a varios metros de donde estaban originalmente; vestía con un kimono sencillo de color azul oscuro.<br />
<br />
— <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¡G-Gran Sabio Kenji!</span> — contestó sorprendido. — <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¡Esta joven lleva varios días rondando por el dojo y dando problemas a otros guardas! Voy directo a reportar sobre...</span><br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">¿Sobre qué? ¿Sabes lo aterradora que puede llegar a ser Yui? ¡La chica tiene permiso de ella precisamente, como la molestes por una tontería así, acabarás mas calvo que yo!</span> — se señaló el poco pelo grisáceo que tenía por el lateral, también tenía una pequeña coleta  justo en la coronilla de unos escasos varios centímetros.<br />
<br />
— <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¿D-De Y-Yui dice?...</span> — respondió asustado; el conocimiento sobre el mal genio de la Arashikage, parecía no conocer fronteras.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">¡Traeme algo de té de una vez! </span>— alzó una mano para darle más enfasis aunque no estuviera subiendo mucho el tono de su voz<br />
<br />
— <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¡S-Si señor!</span><br />
<br />
Ni corto ni perezoso, aquel aprendiz desapareció fugazmente y las miradas de aquel hombre y Ren se cruzaron.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">E-Eso de que tengo permiso de Yui...</span> — dijo con voz temblorosa, arrepentida por sus errores. <br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">¡Shhh! ¡No te preocupes! Será nuestro pequeño secreto; no has sido la primera ni serás la última persona en hacer una tontería así en los dojos </span> — rio con una carcajada limpia, sentándose en la madera que daba al patio; dio un par de suaves palmadas en el suelo, invitando a que se sentara a su lado. — <span style="color: gray;" class="mycode_color">¿Asi que te interesan los samuráis, jovencita? Dime, que es lo que te provoca tanto interés de ellos.</span><br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡Mucho, quiero ser tan habilidosa con la katana como uno de ellos!</span> — respondió casi al instante, sentandose a su lado; los pies no le llegaban al suelo del patio por mucho.<br />
<br />
—<span style="color: gray;" class="mycode_color"> Aaaaah...</span> — suspiró con un tono nostálgico, cruzándose de brazos  y elevando la mirada a las nubes. —<span style="color: gray;" class="mycode_color"> Lleva mucho tiempo llegar a ser considerado un maestro, aunque se trate de una única arma en la que te especialices.</span><br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿Y para que más? ¡Yo quiero saber blandir la katana con esa impresionante maestría!</span> — la joven kunoichi parecía encoger en edad cuando hablaba de su pasión, como si de un crío de 6 o 7 años se tratase. <br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">¡¡IDIOTAAAA!!</span> — contestó al instante aquel señor mayor con la misma fuerza con la que le golpeó la parte superior de la cabeza con la parte lateral de la mano, como si intentara partir un trozo de madera.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡AYYYYY!</span><br />
<br />
—<span style="color: gray;" class="mycode_color"> Un samurai DEBE saber utilizar todas las armas. Todo lo que este a su disposición; aunque luego decida especializarse en un arma en concreto</span> —  extendió una mano, para coger una pequeña bandeja que había traido aquel joven de antes, con un vaso de té y unas galletas; dejándolo entre ambos. — <span style="color: gray;" class="mycode_color">De esa manera conoces los puntos fuertes y débiles cuando te enfrentes a ellos. Un maestro samuraí es un maestro de la lucha, de la guerra. Además, debes respetar el codigo del guerrero; los siete pilares fundamentales del bushido. Gi, justicia. Yu, coraje. Jin, compasión. Rei, respeto. Makoto, sinceridad. Meiyo, honor. Chugi, lealtad.  Todo ESO es ser auténtico samuraí.</span><br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">P-Pero es que las katanas...</span> — se acariciaba la cabeza dolorida; pero lo que más le dolía, era el haberse dado cuenta de que había estado cegada todos estos años.<br />
<br />
— ¡Todo el mundo! ¡Saludad al maestro! — todos los que estaban entonces presentes en el patio, cesaron sus actividades en el momento; girándose hacia donde estaban Ren y aquel bigotudo anciano, para posteriormente todos ellos, incluido los instructores y otros maestros, se inclinaron hasta casi tocar el suelo con sus cabezas.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">¡Ya está, ya está! ¡Que me sacáis los colores!  ¡JAJAJAJAJA!</span> — rio a pleno pulmón con la risa más sincera que jamas hubiera visto. —<span style="color: gray;" class="mycode_color"> Todos los días lo mismo; no puedo caminar por los pasillos tranquilo.</span><br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿E-Es usted el maestro de este Dojo?</span> — dijo sorprendida sosteniendo una taza entre ambas manos; por la reacción y lo que dijo aquel estudiando, era obvio que se trataba de un instructor del dojo; pero no que fuera el máximo representante de él.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Hace tiempo sí, ahora el representante es mi hijo, Ken. Ahora me dedico a la jardinería mientras espero a que me de un infarto.</span><br />
<br />
— <span style="color: silver;" class="mycode_color">¡Quieres dejar de decir esas cosas!</span> — protestó un joven tras ellos, se trataba de su nieto, — <span style="color: silver;" class="mycode_color">¡Ayer mismo te ví escalando los manzanos más altos del Hokutomori!</span><br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">¡Así que eras TÚ el que me estaba siguiendo desde que salí de casa! ¡¿Ya desististe de ponerme una guardia?!</span><br />
<br />
— <span style="color: silver;" class="mycode_color">¡¡Por que siempre les acabas dando esquinazo y soy yo quien se sabe todos tus malditos trucos, viejo zorro!! ¡Y no te tomaste la medicación, otra vez!</span><br />
<br />
—<span style="color: gray;" class="mycode_color"> Sabe a calcetines sudados; eso no puede ser medicación, en todo caso es veneno </span>— bebió de una cantimplora en forma de calabaza, como si hubiera estado allí todo este tiempo; que llevaba escondida bajo una de las mangas.<br />
<br />
—<span style="color: silver;" class="mycode_color"> ¡¿Pero el alcohol si te ayuda?!</span> — y le arrebató aquel objeto, antes de que pudiera dar otro sorbo; marchándose con ella.<br />
<br />
Suspiró, y se alargó un eterno silencio entre la joven Ren, que no sabía muy bien donde meterse después de aquella disputa familiar, y el anciano Kenji. Siguieron comiendo aquellas galletas hasta acabarlas junto al té.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Bueno jovencita; que te parece si me enseñas un par de golpes. A ver que sabes hacer</span> — dijo mientras se levantaba, golpeando con sus arrugadas manos la ropa para deshacerse de las migas.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿¡M-Me va a entrenar usted, Maestro Kenji!?</span> — se puso de pie casi de momento.<br />
<br />
—<span style="color: gray;" class="mycode_color"> JAJAJAJAJAJA. Ni de broma. Quiero ver como de entrenados estaís los shinobis de las aldeas. Y bueno, si me impresionas, tal vez me lo piense</span> — comenzó a caminar sobre la tarima, adentrandose en los dojos, seguida de la joven kunoichi.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿¡Y-Y usted en que se especializó!? ¿Es el Gran Sabio de que arma?</span><br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Oh ¿Qué en cual me especialice?</span> — rió con suavidad mientras ambos se perdían por los pasillos. — <span style="color: gray;" class="mycode_color">¿Cuál es la que quieres que te enseñe?</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[1vs1 sólo Taijutsu, cabrón]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-1vs1-solo-taijutsu-cabron</link>
			<pubDate>Fri, 17 Jan 2020 23:08:05 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=2">Amedama Daruu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-1vs1-solo-taijutsu-cabron</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: skyblue;" class="mycode_color">Aliento Nevado</span>, año 219</span></div>
<br />
Daruu viajaba en el ferrocarril Shinogi-To—Yachi dando rienda suelta a sus ronquidos. Ya había desalojado medio vagón sin darse cuenta. Claro, cómo iba a darse cuenta el pobre con lo sobado que estaba. El tren ya se estaba deteniendo en la estación cuando el último pasajero decidió abandonarle. Su vagón dio un bote cuando el vehículo paró, asustándole y haciéndole despertar. Se frotó los ojos y miró por la ventana. Ya veía a lo lejos los huertos de calabaza de Yachi. Bostezó estirando los brazos y se levantó de su asiento rumbo al andén.<br />
<br />
Fue cuando bajó que vio a alguien familiar saliendo de otro tren en el andén paralelo al suyo. Hacía muchísimo tiempo que no se encontraba con él, pero su cabello alborotado de color esmeralda era tan peculiar que no hubo dudas: ¡Tsukiyama Daigo, el chico de Kusagakure con quien entabló una corta amistad durante el Torneo de los Dojos y contra quien combatió en la primera ronda! ¿Cuánto hacía que no se veían? Desde el examen de chūnin, si recordaba bien. Y aún así no se habían hablado desde el Torneo. El amejin luchó entre la marea de pasajeros para acercarse a él mientras le saludaba con la mano.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Daigo, Daigo! ¡Eh, aquí! ¡Soy yo, Amedama Daruu!</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: skyblue;" class="mycode_color">Aliento Nevado</span>, año 219</span></div>
<br />
Daruu viajaba en el ferrocarril Shinogi-To—Yachi dando rienda suelta a sus ronquidos. Ya había desalojado medio vagón sin darse cuenta. Claro, cómo iba a darse cuenta el pobre con lo sobado que estaba. El tren ya se estaba deteniendo en la estación cuando el último pasajero decidió abandonarle. Su vagón dio un bote cuando el vehículo paró, asustándole y haciéndole despertar. Se frotó los ojos y miró por la ventana. Ya veía a lo lejos los huertos de calabaza de Yachi. Bostezó estirando los brazos y se levantó de su asiento rumbo al andén.<br />
<br />
Fue cuando bajó que vio a alguien familiar saliendo de otro tren en el andén paralelo al suyo. Hacía muchísimo tiempo que no se encontraba con él, pero su cabello alborotado de color esmeralda era tan peculiar que no hubo dudas: ¡Tsukiyama Daigo, el chico de Kusagakure con quien entabló una corta amistad durante el Torneo de los Dojos y contra quien combatió en la primera ronda! ¿Cuánto hacía que no se veían? Desde el examen de chūnin, si recordaba bien. Y aún así no se habían hablado desde el Torneo. El amejin luchó entre la marea de pasajeros para acercarse a él mientras le saludaba con la mano.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Daigo, Daigo! ¡Eh, aquí! ¡Soy yo, Amedama Daruu!</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El arte del puño]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-arte-del-puno</link>
			<pubDate>Tue, 02 Oct 2018 22:36:02 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=382">Tsukiyama Daigo</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-arte-del-puno</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">—Uno, dos.</span><br />
<br />
Un susurro, una corta combinación de jab-directo de lo más básica, un esquive hacia la izquierda, rotar, repetir.<br />
<br />
<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">—Uno, dos, hígado, dos.</span><br />
<br />
Otro susurro, otra combinación, esta vez un poco más avanzada y con cambios de nivel entre la cabeza y el cuerpo, un paso hacia la izquierda, rotar, repetir.<br />
<br />
Ya hacía un par de días que el joven peliverde había llegado al valle de los dojos para pulir su arte y entrenar su cuerpo, intentando encontrarse con cuantos maestros le fuera posible y haciendo ejercicios como este, volviendo a empezar desde lo más básico. <br />
<br />
Y es que al chico casi se le había como hacer lo más básico con tanta técnica y teniendo que desarrollar un estilo tan peculiar y tan simple como el suyo.<br />
<br />
Por eso este viaje no iba de aprender a pelear, por supuesto el chico ya lo sabía, sino de reaprender y repasar lo más básico y primordial de la pelea. Los principios mismos del arte del combate.<br />
<br />
Hoy, y desde hacía apenas un par de minutos, el peliverde se encontraba calentando para repasar todo lo que había aprendido hasta el momento.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">—Uno, dos.</span><br />
<br />
Un susurro, una corta combinación de jab-directo de lo más básica, un esquive hacia la izquierda, rotar, repetir.<br />
<br />
<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">—Uno, dos, hígado, dos.</span><br />
<br />
Otro susurro, otra combinación, esta vez un poco más avanzada y con cambios de nivel entre la cabeza y el cuerpo, un paso hacia la izquierda, rotar, repetir.<br />
<br />
Ya hacía un par de días que el joven peliverde había llegado al valle de los dojos para pulir su arte y entrenar su cuerpo, intentando encontrarse con cuantos maestros le fuera posible y haciendo ejercicios como este, volviendo a empezar desde lo más básico. <br />
<br />
Y es que al chico casi se le había como hacer lo más básico con tanta técnica y teniendo que desarrollar un estilo tan peculiar y tan simple como el suyo.<br />
<br />
Por eso este viaje no iba de aprender a pelear, por supuesto el chico ya lo sabía, sino de reaprender y repasar lo más básico y primordial de la pelea. Los principios mismos del arte del combate.<br />
<br />
Hoy, y desde hacía apenas un par de minutos, el peliverde se encontraba calentando para repasar todo lo que había aprendido hasta el momento.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Una nueva experiencia]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-una-nueva-experiencia</link>
			<pubDate>Fri, 29 Sep 2017 16:54:36 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=9">Riko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-una-nueva-experiencia</guid>
			<description><![CDATA[El torneo estaba llegando a su fin, la gente cada vez estaba más ansiosa, esperando que llegara el día de la final, una final en la que se encontraban un representante uzunés, Akame, y una amenia, Ayame, aquella muchacha que le había vencido en segunda ronda había sido capaz de llegar a la final. Por una parte se sentía feliz, al menos había perdido con una de los dos mejores contendientes, por otra la rabia le carcomía, había ansiado ser él el que llegara a la final, haber disputado una final uzunesa en la que demostrar el poder de la villa.<br />
<br />
<span style="color: darkcyan; font-style: italic;">«No estaba al nivel, tanto Ayame como Akame han mostrado ser muy fuertes.»</span><br />
<br />
Con este pensamiento en la cabeza el Senju se había dedicado en cuerpo y alma a entrenar, no quería que aquello se repitiera una segunda vez, si había un próximo torneo, sería él quien llegase a la final.<br />
<br />
Aquel día se había dirigido a uno de los muchos dojos interiores, en pos de realizar un entrenamiento más básico, porque sí, le faltaba mucho que pulir y el taijutsu era uno de sus puntos más débiles, por lo que empezaría a entrenarlo para mejorar, y para empezar, practicaba con el aire, un buen contricante.<br />
<br />
<span style="color: darkcyan; font-style: italic;">«Puñetazo con la diestra, con la izquierda, agáchate, patada giratoria, salta, patada lateral.»</span><br />
<br />
Tras esta secuencia de golpes, el peliblanco dio unos pasos hacia atrás, de tal manera que tropezó con una de las estanterías en las que podían encontrarse diversas armas para su uso y entrenamiento, tirándolo todo al suelo y armando un revuelo que cualquiera que pasara por los alrededores podría escuchar sin ningún tipo de problema.<br />
<br />
— <span style="color: turquoise;" class="mycode_color">¡Joder!</span> — Maldijo el genin tirado en la suelo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El torneo estaba llegando a su fin, la gente cada vez estaba más ansiosa, esperando que llegara el día de la final, una final en la que se encontraban un representante uzunés, Akame, y una amenia, Ayame, aquella muchacha que le había vencido en segunda ronda había sido capaz de llegar a la final. Por una parte se sentía feliz, al menos había perdido con una de los dos mejores contendientes, por otra la rabia le carcomía, había ansiado ser él el que llegara a la final, haber disputado una final uzunesa en la que demostrar el poder de la villa.<br />
<br />
<span style="color: darkcyan; font-style: italic;">«No estaba al nivel, tanto Ayame como Akame han mostrado ser muy fuertes.»</span><br />
<br />
Con este pensamiento en la cabeza el Senju se había dedicado en cuerpo y alma a entrenar, no quería que aquello se repitiera una segunda vez, si había un próximo torneo, sería él quien llegase a la final.<br />
<br />
Aquel día se había dirigido a uno de los muchos dojos interiores, en pos de realizar un entrenamiento más básico, porque sí, le faltaba mucho que pulir y el taijutsu era uno de sus puntos más débiles, por lo que empezaría a entrenarlo para mejorar, y para empezar, practicaba con el aire, un buen contricante.<br />
<br />
<span style="color: darkcyan; font-style: italic;">«Puñetazo con la diestra, con la izquierda, agáchate, patada giratoria, salta, patada lateral.»</span><br />
<br />
Tras esta secuencia de golpes, el peliblanco dio unos pasos hacia atrás, de tal manera que tropezó con una de las estanterías en las que podían encontrarse diversas armas para su uso y entrenamiento, tirándolo todo al suelo y armando un revuelo que cualquiera que pasara por los alrededores podría escuchar sin ningún tipo de problema.<br />
<br />
— <span style="color: turquoise;" class="mycode_color">¡Joder!</span> — Maldijo el genin tirado en la suelo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Kanashī Ronin Monogatari]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-kanashi-ronin-monogatari</link>
			<pubDate>Mon, 21 Aug 2017 02:00:56 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=380">King Roga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-kanashi-ronin-monogatari</guid>
			<description><![CDATA[El Valle de los Dojos, uno de los pocos lugares del mundo dónde quizás la palabra samurai aún inspiraba algo de respeto. <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Sí que es un lugar anticuado."</span></span> Claro, el Senju nunca desperdiciaba la oportunidad para tirar por suelo cualquier reflexión o simbolismo romántico que se encontrase en el camino, aunque fuese de manera inconsciente. <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Me pregunto cómo era la época antes de la era ninja."</span></span> Le costaba imaginarse un mundo con un sistema social distinto, pero ese no era el punto en esos momentos. Lo relevante es que estaba sin prestar atención a la demostración que tenía justo enfrente de sus narices.<br />
<br />
<span style="color: slategray;" class="mycode_color">—El acero de una espada, templado en la tundra, resguardando al guerrero.—</span> Se le escuchaba decir a un viejo samurai al unísono que deslizaba su espada en el aire, con movimientos lentos que dibujaban trazos invisibles en el aire.<br />
<br />
<span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—Buah...</span> Bostezó el genin, no era precisamente lo que esperaba ver cuando vio la leyenda de aquel letrero en la parte externa del dojo, el cual rezaba "Gran demostración de Iaido y apreciación de Katanas". <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿A qué hora empiezan las técnicas útiles? Todo ese sincretismo y devoción a las armas es totalmente innecesarios, bien decían que son arcaicos."</span></span> Pensaba mientras se restregaba el ojo. <br />
<br />
En el mundo ninja, la precisión y la perfección son una cuestión de efectividad y no de presunción. Él mismo era usuario de armas filosas, pero no tenía un sentido de veneración por las mismas. Eso sí, sus habilidades tampoco eran destacables en ese campo cómo para poder criticar la manera en que estaba enseñando el otro. Lo que sí podía alegar, era quizás el fanatismo que mostraban los que se decían seguidores del camino del guerrero. <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Más no tengo muchas opciones tampoco."</span></span><br />
<br />
Si había de celar a Kokuryū, era por las memorias de su anterior portador, nada más y nada menos. No se le pasó por la cabeza que podría ser un ninja especialmente destacado en la espada cómo lo habían sido sus abuelos. Al no tener ahora ya un guía que le encaminase en aquel exquisito arte de combate, los dojos eran una de sus pocas oportunidades que se le presentaban. Nunca se había visto a él mismo cómo un combatiente, sino alguien que prestaba soporte, aunque nunca estaba de más un poco de defensa personal. Así, pese a su dudar, seguía en aquel espectáculo dónde apenas se hallaban menos de una decena de asistentes, puesto que los que se aburrían simplemente dejaban la estancia.<br />
<br />
<span style="color: slategray;" class="mycode_color">—Es hora de una muestra de tameshigiri.—</span> Anunció el anciano mientras caminaba hacia unas varas de bambú amarradas, dispuestas en el centro del tatami, alegrando así también al joven Isa que pensó que por fin vería algo interesante. <span style="color: slategray;" class="mycode_color">—Las espadas sienten, porque las espadas son el alma de sus portadores.—</span> Dijo mientras colocaba sus piernas en posición y respiraba lentamente.<br />
<br />
 <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Este viejo tortuga me está desesperando."</span></span> Recriminaba mentalmente por su inpaciencia ante el actuar del samurai.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El Valle de los Dojos, uno de los pocos lugares del mundo dónde quizás la palabra samurai aún inspiraba algo de respeto. <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Sí que es un lugar anticuado."</span></span> Claro, el Senju nunca desperdiciaba la oportunidad para tirar por suelo cualquier reflexión o simbolismo romántico que se encontrase en el camino, aunque fuese de manera inconsciente. <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Me pregunto cómo era la época antes de la era ninja."</span></span> Le costaba imaginarse un mundo con un sistema social distinto, pero ese no era el punto en esos momentos. Lo relevante es que estaba sin prestar atención a la demostración que tenía justo enfrente de sus narices.<br />
<br />
<span style="color: slategray;" class="mycode_color">—El acero de una espada, templado en la tundra, resguardando al guerrero.—</span> Se le escuchaba decir a un viejo samurai al unísono que deslizaba su espada en el aire, con movimientos lentos que dibujaban trazos invisibles en el aire.<br />
<br />
<span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—Buah...</span> Bostezó el genin, no era precisamente lo que esperaba ver cuando vio la leyenda de aquel letrero en la parte externa del dojo, el cual rezaba "Gran demostración de Iaido y apreciación de Katanas". <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿A qué hora empiezan las técnicas útiles? Todo ese sincretismo y devoción a las armas es totalmente innecesarios, bien decían que son arcaicos."</span></span> Pensaba mientras se restregaba el ojo. <br />
<br />
En el mundo ninja, la precisión y la perfección son una cuestión de efectividad y no de presunción. Él mismo era usuario de armas filosas, pero no tenía un sentido de veneración por las mismas. Eso sí, sus habilidades tampoco eran destacables en ese campo cómo para poder criticar la manera en que estaba enseñando el otro. Lo que sí podía alegar, era quizás el fanatismo que mostraban los que se decían seguidores del camino del guerrero. <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Más no tengo muchas opciones tampoco."</span></span><br />
<br />
Si había de celar a Kokuryū, era por las memorias de su anterior portador, nada más y nada menos. No se le pasó por la cabeza que podría ser un ninja especialmente destacado en la espada cómo lo habían sido sus abuelos. Al no tener ahora ya un guía que le encaminase en aquel exquisito arte de combate, los dojos eran una de sus pocas oportunidades que se le presentaban. Nunca se había visto a él mismo cómo un combatiente, sino alguien que prestaba soporte, aunque nunca estaba de más un poco de defensa personal. Así, pese a su dudar, seguía en aquel espectáculo dónde apenas se hallaban menos de una decena de asistentes, puesto que los que se aburrían simplemente dejaban la estancia.<br />
<br />
<span style="color: slategray;" class="mycode_color">—Es hora de una muestra de tameshigiri.—</span> Anunció el anciano mientras caminaba hacia unas varas de bambú amarradas, dispuestas en el centro del tatami, alegrando así también al joven Isa que pensó que por fin vería algo interesante. <span style="color: slategray;" class="mycode_color">—Las espadas sienten, porque las espadas son el alma de sus portadores.—</span> Dijo mientras colocaba sus piernas en posición y respiraba lentamente.<br />
<br />
 <span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Este viejo tortuga me está desesperando."</span></span> Recriminaba mentalmente por su inpaciencia ante el actuar del samurai.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El Dojo abandonado]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-dojo-abandonado</link>
			<pubDate>Thu, 17 Aug 2017 19:57:16 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=6">Umikiba Kaido</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-dojo-abandonado</guid>
			<description><![CDATA[Explorar el Valle en toda su extensión se había convertido en una tarea rutinaria para un tiburón que, habiendo pasado la primera ronda; tendría que aguardar hasta que se anunciasen las fechas para la próxima instancia. Una que no se antojaba cerca ni mucho menos, teniendo en cuenta que tanto los ganadores como los perdedores tendrían que recuperarse plenamente de sus heridas, para así poder entrar al <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ring</span> nuevamente, y los otros, volver a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">casa</span>.<br />
<br />
Kaido, sin embargo, apenas y se había esforzado para ganar el primer combate. No sufrió heridas, y por tanto no tenía nada de lo qué recuperarse. Eso significaba tener tanto tiempo libre que, de un momento a otro, Nishinoya se convirtió en una constante rutina a la que no querría ver en un buen tiempo. <br />
<br />
La única forma de despejar su mente era la de visitar zonas del Valle que aún no conociese, y eso hizo esa mañana. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Alguien</span> le había hablado de	Hokutōmori. Un área de pacifismo absoluto  donde, según la historia; se habían firmado en tiempos antaños algún acuerdo de paz. La ley impuesta era respetada: ahí adentro no se podía <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">pelear</span>. Y Kaido estuvo a punto de romper esa norma. <br />
<br />
No obstante, en su camino a Hokutōmori, terminó dando un cruce erróneo y se perdió. Tanto así que terminó dándole dos vueltas al gran Estadio del Torneo, sin saber hacia dónde coger, hasta que creyó conveniente seguir derecho hasta los extremos de la cordillera y seguir el borde de la misma hasta encontrar algo. Y así lo hizo, por la izquierda, hasta que dio finalmente con una extensa formación rocosa modificada de la que sobresalía un amplio tejado de placas de arcilla, de aquellos techos típicos de los otros pequeños establecimientos ubicados a lo largo y ancho del Valle. <br />
<br />
Éste, no obstante, era mucho más grande. Tenía todo el aspecto de un Dojo más se encontraba derruido, viejo y aparentemente clausurado. Kaido se detuvo a apreciar el lugar por un momento, y a meditar, además, si era buena idea echarle un ojo a su interior.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Explorar el Valle en toda su extensión se había convertido en una tarea rutinaria para un tiburón que, habiendo pasado la primera ronda; tendría que aguardar hasta que se anunciasen las fechas para la próxima instancia. Una que no se antojaba cerca ni mucho menos, teniendo en cuenta que tanto los ganadores como los perdedores tendrían que recuperarse plenamente de sus heridas, para así poder entrar al <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ring</span> nuevamente, y los otros, volver a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">casa</span>.<br />
<br />
Kaido, sin embargo, apenas y se había esforzado para ganar el primer combate. No sufrió heridas, y por tanto no tenía nada de lo qué recuperarse. Eso significaba tener tanto tiempo libre que, de un momento a otro, Nishinoya se convirtió en una constante rutina a la que no querría ver en un buen tiempo. <br />
<br />
La única forma de despejar su mente era la de visitar zonas del Valle que aún no conociese, y eso hizo esa mañana. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Alguien</span> le había hablado de	Hokutōmori. Un área de pacifismo absoluto  donde, según la historia; se habían firmado en tiempos antaños algún acuerdo de paz. La ley impuesta era respetada: ahí adentro no se podía <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">pelear</span>. Y Kaido estuvo a punto de romper esa norma. <br />
<br />
No obstante, en su camino a Hokutōmori, terminó dando un cruce erróneo y se perdió. Tanto así que terminó dándole dos vueltas al gran Estadio del Torneo, sin saber hacia dónde coger, hasta que creyó conveniente seguir derecho hasta los extremos de la cordillera y seguir el borde de la misma hasta encontrar algo. Y así lo hizo, por la izquierda, hasta que dio finalmente con una extensa formación rocosa modificada de la que sobresalía un amplio tejado de placas de arcilla, de aquellos techos típicos de los otros pequeños establecimientos ubicados a lo largo y ancho del Valle. <br />
<br />
Éste, no obstante, era mucho más grande. Tenía todo el aspecto de un Dojo más se encontraba derruido, viejo y aparentemente clausurado. Kaido se detuvo a apreciar el lugar por un momento, y a meditar, además, si era buena idea echarle un ojo a su interior.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La violencia no es el camino...]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-violencia-no-es-el-camino</link>
			<pubDate>Tue, 20 Jun 2017 19:47:32 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-violencia-no-es-el-camino</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">... pero si te pego una ostia te pongo a andar.</span><br />
<br />
Así rezaba un inmaculado cartel colgado en la pared frontal del dojo, al final de la habitación. El mensaje estaba escrito con excelente caligrafía, tinta negra sobre pergamino blanco y enmarcado en madera y vidrio. Era bastante grande —al menos de un metro por medio metro— y parecía dominar toda la estancia, colgado sobre el tatami. La sala en cuestión no era ni demasiado amplia ni demasiado pequeña, y disponía como mobiliario de tan sólo un taquillero de madera con media docena de puestos. El Sol matinal se filtraba por los grandes ventanales dispuestos a ambos lados de la habitación, llenándola de una confortable luz. <br />
<br />
Akame llevaba ya un par de horas entrenando. No había pegado apenas ojo aquella noche, y no porque su habitación no fuese cómoda. Había desayunado bien —fruta con cereales, leche y dos rebanadas de pan con jamón de pavo—, y después de enfundarse en su característico atuendo ninja, había decidido empezar con buen pie su estancia en Los Dojos. <br />
<br />
Los pliegues de su pantalón corto se bamboleaban con cada movimiento. Un paso atrás, otro al lado, dos hacia delante. Llevaba una camiseta sin mangas de color negro, ya algo sudada y su pelo azabache recogido en una coleta que le llegaba ya hasta más abajo de la nuca. Todas sus posesiones, incluídas una toalla y una cantimplora con agua helada, estaban guardadas en el casillero número uno del armario. Lucía vendas en los tobillos, rodillas, codos y manos.<br />
<br />
Golpeaba a un enemigo invisible, se protegía y luego esquivaba. El Taijutsu era, posiblemente, su peor faceta; y no podía permitirse una cosa así.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">... pero si te pego una ostia te pongo a andar.</span><br />
<br />
Así rezaba un inmaculado cartel colgado en la pared frontal del dojo, al final de la habitación. El mensaje estaba escrito con excelente caligrafía, tinta negra sobre pergamino blanco y enmarcado en madera y vidrio. Era bastante grande —al menos de un metro por medio metro— y parecía dominar toda la estancia, colgado sobre el tatami. La sala en cuestión no era ni demasiado amplia ni demasiado pequeña, y disponía como mobiliario de tan sólo un taquillero de madera con media docena de puestos. El Sol matinal se filtraba por los grandes ventanales dispuestos a ambos lados de la habitación, llenándola de una confortable luz. <br />
<br />
Akame llevaba ya un par de horas entrenando. No había pegado apenas ojo aquella noche, y no porque su habitación no fuese cómoda. Había desayunado bien —fruta con cereales, leche y dos rebanadas de pan con jamón de pavo—, y después de enfundarse en su característico atuendo ninja, había decidido empezar con buen pie su estancia en Los Dojos. <br />
<br />
Los pliegues de su pantalón corto se bamboleaban con cada movimiento. Un paso atrás, otro al lado, dos hacia delante. Llevaba una camiseta sin mangas de color negro, ya algo sudada y su pelo azabache recogido en una coleta que le llegaba ya hasta más abajo de la nuca. Todas sus posesiones, incluídas una toalla y una cantimplora con agua helada, estaban guardadas en el casillero número uno del armario. Lucía vendas en los tobillos, rodillas, codos y manos.<br />
<br />
Golpeaba a un enemigo invisible, se protegía y luego esquivaba. El Taijutsu era, posiblemente, su peor faceta; y no podía permitirse una cosa así.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Luchamos por que vivimos]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-luchamos-por-que-vivimos</link>
			<pubDate>Fri, 20 Jan 2017 18:10:28 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Yoshimitsu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-luchamos-por-que-vivimos</guid>
			<description><![CDATA[Que mejor lugar que el País del Fuego para un lugar como este. ¿Y de qué lugar se trata? Pues un lugar que un simpático shinobi con chaleco me comentó y que era lo que andaba buscando, pero mejor.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">¿Un Dojo que es un país? Cuando lo oí pensé que el shinobi se estaba quedando conmigo...Pero después de preguntar por allí y por allá. Me di cuenta de que era jodidamente cierto</span></span><br />
<br />
Un país que era un Dojo gigante, que a su vez tenía Dojos en su interior...¿No sonaba genial? Era como una sorpresa rellena de sorpresas. Y claro, sabiendo que existía algo así, no pude esperar ni un minuto más para ir y partirme los morros con alguien o contra muchos, las posibilidades podían ser infinitas.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">Si no encuentro alguien allí con quien pelearme me hago el seppuku</span></span><br />
<br />
Hacía tiempo que no estaba tan emocionado, me temblaban hasta los brazos...o quizás fuera a causa del entrenamiento de ayer y de la montaña de agujetas que acumulaba mi cuerpo...<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">Bueno...que más da eso ahora...</span></span><br />
<br />
Lo que sabia pero a base de bien era el camino hasta aquel Valle de los Dojos, me agencié un mapa y me estudie aquello de tal manera, que se me quedó grabado en la retina. Y también sabía incluso antes de ir, que sería mi paraíso particular. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">Lo primero que haré cuando llegue será retar al tipo más grande que vea...</span></span><br />
<br />
Me abastecí generosamente de todo lo necesario para llevar a cabo aquel viaje, que era comida para un regimiento, y sobre todo mi querido tronco de ochenta kilos que llevaba siempre encima para aprovechar aquel viaje y convertirlo de un amable paseo a un tortuoso entrenamiento.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">¡¡¡VAMOS!!!</span></span><br />
<br />
Estaba a tope de motivado, me comí un docena de huevos cocidos antes de iniciar mi viaje. Después me cargué mi tronco a la espalda, e inicié mi caminata hasta el país del Fuego, destino Valle de los Dojos. Como no quise que nadie me jodiera mi entrenamiento, fui por los caminos más transitados. Eso me garantizó un viaje sin incidentes, además de ver a la gente alucinar al ver un chiquillo cargando con un tronco más grande que el.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">¡Ja ja! Que pringaos</span></span><br />
<br />
Al cabo de unos días que me resultaron eternos, llegué a mi destino. El lugar no tenía perdida, sobre todo cuando me topé de bruces contra aquellas características montañas que eran las que custodiaban el valle en donde descansaba el país de los Dojos.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">Venga Yoshi...¡Que ya estás!</span></span><br />
<br />
Estaba cansado por soportar aquel tronco durante todo el viaje, pero estaba tan cansado que sabía que el entrenamiento valió la pena. Unas pocas horas más tarde, entré en el paraíso. Habían Dojos por todas partes y eran impresionantes de lo inmensos que eran. Me paré en una taberna que era en si un Dojo, me quedé alucinado por la mezcla de conceptos.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">Joder... ¿En este puto sitio puedo comerme un jamón mientras me parto la cara? Es una pasada...</span></span><br />
<br />
Pero bueno, no todo era oro lo que brillaba. Existía en aquel singular país una única norma que imperaba sobre todas las demás, y era quien rompía algo lo pagaba...Por mi parte no tenía problema, llevaba algo de dinero en mis bolsillos, y no tenía intención de romper cosas a la ligera...<br />
<br />
Me senté en unas de las mesas de aquella cálida taberna ambientada de Dojo y pedí al hombre que atendía las mesas algo de comer mientras disfrutaba a escasos metros de mí de una muy interesante batalla. Una batalla que aumentaba su crudeza conforme pasaba el tiempo.<br />
<br />
-<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">!CAMARERO! ¡Carne! ¡Deseo comer carne! ...Por favor...</span><br />
<br />
Estaba eufórico viendo aquel combate que se estaba disputando. Se trataba de un jodido duelo tres contra tres, y eran shinobis de bastante nivel, usando todo tipo de ninjutsus elementales.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">¡Buaaa! Me quedo a vivir aquí...</span></span> Pensaba boquiabierto de satisfacción.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Que mejor lugar que el País del Fuego para un lugar como este. ¿Y de qué lugar se trata? Pues un lugar que un simpático shinobi con chaleco me comentó y que era lo que andaba buscando, pero mejor.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">¿Un Dojo que es un país? Cuando lo oí pensé que el shinobi se estaba quedando conmigo...Pero después de preguntar por allí y por allá. Me di cuenta de que era jodidamente cierto</span></span><br />
<br />
Un país que era un Dojo gigante, que a su vez tenía Dojos en su interior...¿No sonaba genial? Era como una sorpresa rellena de sorpresas. Y claro, sabiendo que existía algo así, no pude esperar ni un minuto más para ir y partirme los morros con alguien o contra muchos, las posibilidades podían ser infinitas.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">Si no encuentro alguien allí con quien pelearme me hago el seppuku</span></span><br />
<br />
Hacía tiempo que no estaba tan emocionado, me temblaban hasta los brazos...o quizás fuera a causa del entrenamiento de ayer y de la montaña de agujetas que acumulaba mi cuerpo...<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">Bueno...que más da eso ahora...</span></span><br />
<br />
Lo que sabia pero a base de bien era el camino hasta aquel Valle de los Dojos, me agencié un mapa y me estudie aquello de tal manera, que se me quedó grabado en la retina. Y también sabía incluso antes de ir, que sería mi paraíso particular. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">Lo primero que haré cuando llegue será retar al tipo más grande que vea...</span></span><br />
<br />
Me abastecí generosamente de todo lo necesario para llevar a cabo aquel viaje, que era comida para un regimiento, y sobre todo mi querido tronco de ochenta kilos que llevaba siempre encima para aprovechar aquel viaje y convertirlo de un amable paseo a un tortuoso entrenamiento.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">¡¡¡VAMOS!!!</span></span><br />
<br />
Estaba a tope de motivado, me comí un docena de huevos cocidos antes de iniciar mi viaje. Después me cargué mi tronco a la espalda, e inicié mi caminata hasta el país del Fuego, destino Valle de los Dojos. Como no quise que nadie me jodiera mi entrenamiento, fui por los caminos más transitados. Eso me garantizó un viaje sin incidentes, además de ver a la gente alucinar al ver un chiquillo cargando con un tronco más grande que el.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">¡Ja ja! Que pringaos</span></span><br />
<br />
Al cabo de unos días que me resultaron eternos, llegué a mi destino. El lugar no tenía perdida, sobre todo cuando me topé de bruces contra aquellas características montañas que eran las que custodiaban el valle en donde descansaba el país de los Dojos.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">Venga Yoshi...¡Que ya estás!</span></span><br />
<br />
Estaba cansado por soportar aquel tronco durante todo el viaje, pero estaba tan cansado que sabía que el entrenamiento valió la pena. Unas pocas horas más tarde, entré en el paraíso. Habían Dojos por todas partes y eran impresionantes de lo inmensos que eran. Me paré en una taberna que era en si un Dojo, me quedé alucinado por la mezcla de conceptos.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">Joder... ¿En este puto sitio puedo comerme un jamón mientras me parto la cara? Es una pasada...</span></span><br />
<br />
Pero bueno, no todo era oro lo que brillaba. Existía en aquel singular país una única norma que imperaba sobre todas las demás, y era quien rompía algo lo pagaba...Por mi parte no tenía problema, llevaba algo de dinero en mis bolsillos, y no tenía intención de romper cosas a la ligera...<br />
<br />
Me senté en unas de las mesas de aquella cálida taberna ambientada de Dojo y pedí al hombre que atendía las mesas algo de comer mientras disfrutaba a escasos metros de mí de una muy interesante batalla. Una batalla que aumentaba su crudeza conforme pasaba el tiempo.<br />
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-<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">!CAMARERO! ¡Carne! ¡Deseo comer carne! ...Por favor...</span><br />
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Estaba eufórico viendo aquel combate que se estaba disputando. Se trataba de un jodido duelo tres contra tres, y eran shinobis de bastante nivel, usando todo tipo de ninjutsus elementales.<br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">¡Buaaa! Me quedo a vivir aquí...</span></span> Pensaba boquiabierto de satisfacción.]]></content:encoded>
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