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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Nishinoya]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Sun, 07 Jun 2026 15:09:16 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] La calma tras la tormenta]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-la-calma-tras-la-tormenta</link>
			<pubDate>Mon, 31 Aug 2020 18:11:57 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=201">Himura Ren</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-la-calma-tras-la-tormenta</guid>
			<description><![CDATA[Fue un día agotador. Fue un día terrorífico. No solo para los actores principales, o para el resto de participantes de aquel evento de los dojos; locales de comida convertidos en refugios improvisados, dojos transformados en hospitales de emergencia, gente corriendo despavorida y aterrada frente a los grandes estruendos provenientes de estadio central. Cuando el gran dragón rugió en el estadio, y el tiempo pareció haberse detenido para todos, rompiendo cualquier presente y posible futuro venidero, tanto para civiles como para los ninjas. <br />
<br />
Lo peor de aquello, no fue el destrozo en sí del lugar, fue el aterrador mensaje que habían mandado entre líneas: Nadie estaba a salvo. ¿Quieres poner el grito en el cielo? ¿Qué todo el mundo escuche lo que tenías que decir? ¿Qué todos te teman? Que mejor lugar, que donde estaban prácticamente todas las fuerzas militares de todos los países reunidas; humillarlas a ellas y a sus más altos cargos. <br />
<br />
El daño de los edificios sería fácilmente contable, sin importar lo elevado que fueran aquellas cifras. El de víctimas y las vidas, podría llegar a contarse también, aunque puede que algunos de estos fueran de forma indirecta; gente dañándose al huir, tropezando y cayendo, haciéndose alguna herida en el mejor de los casos, y fracturándose varios huesos o muriendo bajo una marabunta de gente aterrada en el peor. Los daños psicológicos de aquellas perdidas, serían difíciles de determinar. Pero una vez más, el daño más alto e incalculable, sería la autoridad de las villas que se proclamaban como protectoras y a quien pedir una mano en pos de ayuda, y el honor de estas mismas, por ser incapaces de haber evitado que algo tan terrible como aquello sucediera.<br />
<br />
Las tazas estaban servidas en la pequeña mesa de la habitación de Ren, Nanashi terminaba de servir un té tanto a él como a Oda, a Ren le compraron un refresco de Ame-cola de camino a su cuarto. La joven todavía no había siquiera destapado la botella, la aferraba entre sus manos temblando con suavidad; los dos adultos compartieron una clara mirada de preocupación.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color"> Ren... Lo que ocurrió... </span> <br />
<br />
Le costaba mirarla a los ojos; a los dos le resultaba difícil. Le resultaba imposible mirarla y decirle que no iba a pasar nada, que todo estaría bien, que los causantes serían detenidos y llevados a la justicia. ¿Una mentira piadosa? Parecieron compartir por un momento aquel pensamiento con una mirada, pero ambos sabían que no serviría de nada.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿Que querían esa gente? ¿Por qué nos atacaron? </span><br />
<br />
— <span style="color: crimson;" class="mycode_color">No lo sé; en unos días los Kages así como los señores feudales, se pronunciaran</span> — Mentía, tal vez no supiera el motivo principal que les impulsaría, pero sabía que querían demostrar su superioridad ante las aldeas. <br />
<br />
Ren sabía que mentía, Oda siempre sabía o tenía una gran corazonada sobre todo lo que la joven le preguntaba; si mentía era porque había algo que se le escapaba entre las manos. La genin había empezado a arrancar descuidadamente la pegatina que rodeaba toda la botella, en señal de desesperación, pero los dedos le fallaban. El temblor no cesaba. <br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Lo hiciste bien</span> — tanto la joven como el más mayor de los tres, miraron sorprendidos a Nanashi ¿A qué venía eso?—<span style="color: gray;" class="mycode_color"> Combatiste bien en el estadio</span> — añadió para volver a sorber de su taza.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡¿Y ESO DE QUE COÑO ME SIRVE?! ¡NO PUDE AYUDAR A NADIE!</span> — golpeó la mesa poniéndose en pie.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Fuera también lo hiciste bien; no tenías oportunidad, no podías hacer nada. Marcharte y no ser un estorbo era la mejor opción</span><br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿¡PRETENDES QUE ME DEDIQUE TODA MI VIDA A HUIR!? ¡¿DE CUALQUIER PELIGRO?! ¡¿DE AQUEL HOMBRE?! ¡¿DE MI PADRE TAMBIÉN?!</span><br />
<br />
Un sonoro golpe adornó su mejilla, que posteriormente la enrojecería. Oda quedó completamente pasmado; los tres sabían que Nanashi jamás le había puesto la mano encima a Ren, por mucho que se enfadara; quiso intervenir pero la curiosidad por ver a donde quería llegar Nanashi en aquel momento, era mayor.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">¿Y si te llegas a morir allí? ¿Qué? ¿Qué hacemos nosotros? Te digo que lo hiciste bien porque tienes potencial, puedes llegar lejos. Pero morirte no sirve de nada; saber retirarte cuando debes es igual o más importante que una victoria, luchar hasta caer de rodillas, perdiendo el último de tus alientos. Eso no es solo una derrota; eso es ser un completo imbécil y un descerebrado. </span> — se levantó trás terminar su vaso, mientras la joven permanecía en shock viéndole incrédula con sus ojos azulados. — <span style="color: gray;" class="mycode_color">Si el día de mañana te vuelves más fuerte gracias a que huiste en aquel pasillo, si el día de mañana salvas una vida por ello. Habrá merecido la pena</span> — hizo un suave gesto sobre su propia ropa, arreglándose las arrugas. — <span style="color: gray;" class="mycode_color">Puedes llegar lejos, pero debes comprender que no siempre debes combatir hasta perder todas tus fuerzas. Deber conocer tus limitaciones, tus cartas, y saber jugar con ellas</span><br />
<br />
Ren solo podía acariciarse la mejilla enrojecida por el dolor, sin tener clara que hacer. Era la primera vez que algo así le ocurría y se sentía confusa.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Seguramente entre hoy y mañana evacuen todo el Valle. Este torneo ya ha perdido todo su sentido, tenlo todo preparado para mañana a primera hora. Nos volveremos a Amegakure; si te metes en un lío porque todavía debas estar aquí hasta un anuncio oficial o alguna estupidez por el estilo, yo cargaré con la culpa. Pero me niego a que pases más rato aquí y pongas en riesgo tu vida. Que asco de Kages y de Señores Feudales ¡Si no son capaces de controlar a un par de idiotas qué juegan a los libertadores, no deberían haber convocado el torneo! ¡Siempre igual, es-!</span><br />
<br />
— <span style="color: crimson;" class="mycode_color">Nanashi; ya basta, les debemos lealtad te guste o no. </span><br />
<br />
Durante su enfado, Nanashi se había puesto en pie y caminaba de un lado a otro agitado, Oda le detuvo agarrándole de un brazo con seriedad, entendía su enfado mejor que nadie y le hubiera dejado berrear durante el tiempo que hiciera falta para que se calmara, pero sabía que debía detenerlo para que Ren no aceptara ideas equivocadas; una pequeña chispa de inspiración, podía provocar un enorme incendio. Como aquellos que atacaron el estadio.<br />
<br />
Tras unos segundos, con el brazo agarrado por su amigo, hizo un poco de fuerza en el brazo para liberarse, y volver a mirar a la joven.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Mañana nos marchamos. A primera hora. Tenlo todo listo</span><br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"> ¡N-No puedo! ¡D-Debería decirselo a Hana!</span> — afirmó alzándose claramente preocupada.<br />
<br />
El "chef" como el mismo se denominaba, suspiro acariciándose los ojos con las manos; Ren insistiría hasta que le dejara verla y eso podría llegar a suponer más problemas para todos, y si le mentía cuando se destapara la verdad sería peor.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color"> La buscaré y le daré una dirección de correo para que te puedas escribir con ella</span> — la joven sonrió aliviada y él abrió la puerta dispuesto a marcharse, haciéndole un gesto a Oda para que le siguiera — <span style="color: gray;" class="mycode_color">Recuerda, mañana a primera hora. Oda, vamos a buscar a Hana</span><br />
<br />
— <span style="color: crimson;" class="mycode_color">Descansa, pequeña. El viaje será largo y necesitarás fuerzas.</span><br />
<br />
La puerta se cerró tras ellos, y Ren no pudo evitar esbozar una sonrisa completamente aliviada. Le costaría conciliar el sueño tras lo acontecido aquel día, pero dormiría profundamente calmada.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Fue un día agotador. Fue un día terrorífico. No solo para los actores principales, o para el resto de participantes de aquel evento de los dojos; locales de comida convertidos en refugios improvisados, dojos transformados en hospitales de emergencia, gente corriendo despavorida y aterrada frente a los grandes estruendos provenientes de estadio central. Cuando el gran dragón rugió en el estadio, y el tiempo pareció haberse detenido para todos, rompiendo cualquier presente y posible futuro venidero, tanto para civiles como para los ninjas. <br />
<br />
Lo peor de aquello, no fue el destrozo en sí del lugar, fue el aterrador mensaje que habían mandado entre líneas: Nadie estaba a salvo. ¿Quieres poner el grito en el cielo? ¿Qué todo el mundo escuche lo que tenías que decir? ¿Qué todos te teman? Que mejor lugar, que donde estaban prácticamente todas las fuerzas militares de todos los países reunidas; humillarlas a ellas y a sus más altos cargos. <br />
<br />
El daño de los edificios sería fácilmente contable, sin importar lo elevado que fueran aquellas cifras. El de víctimas y las vidas, podría llegar a contarse también, aunque puede que algunos de estos fueran de forma indirecta; gente dañándose al huir, tropezando y cayendo, haciéndose alguna herida en el mejor de los casos, y fracturándose varios huesos o muriendo bajo una marabunta de gente aterrada en el peor. Los daños psicológicos de aquellas perdidas, serían difíciles de determinar. Pero una vez más, el daño más alto e incalculable, sería la autoridad de las villas que se proclamaban como protectoras y a quien pedir una mano en pos de ayuda, y el honor de estas mismas, por ser incapaces de haber evitado que algo tan terrible como aquello sucediera.<br />
<br />
Las tazas estaban servidas en la pequeña mesa de la habitación de Ren, Nanashi terminaba de servir un té tanto a él como a Oda, a Ren le compraron un refresco de Ame-cola de camino a su cuarto. La joven todavía no había siquiera destapado la botella, la aferraba entre sus manos temblando con suavidad; los dos adultos compartieron una clara mirada de preocupación.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color"> Ren... Lo que ocurrió... </span> <br />
<br />
Le costaba mirarla a los ojos; a los dos le resultaba difícil. Le resultaba imposible mirarla y decirle que no iba a pasar nada, que todo estaría bien, que los causantes serían detenidos y llevados a la justicia. ¿Una mentira piadosa? Parecieron compartir por un momento aquel pensamiento con una mirada, pero ambos sabían que no serviría de nada.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿Que querían esa gente? ¿Por qué nos atacaron? </span><br />
<br />
— <span style="color: crimson;" class="mycode_color">No lo sé; en unos días los Kages así como los señores feudales, se pronunciaran</span> — Mentía, tal vez no supiera el motivo principal que les impulsaría, pero sabía que querían demostrar su superioridad ante las aldeas. <br />
<br />
Ren sabía que mentía, Oda siempre sabía o tenía una gran corazonada sobre todo lo que la joven le preguntaba; si mentía era porque había algo que se le escapaba entre las manos. La genin había empezado a arrancar descuidadamente la pegatina que rodeaba toda la botella, en señal de desesperación, pero los dedos le fallaban. El temblor no cesaba. <br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Lo hiciste bien</span> — tanto la joven como el más mayor de los tres, miraron sorprendidos a Nanashi ¿A qué venía eso?—<span style="color: gray;" class="mycode_color"> Combatiste bien en el estadio</span> — añadió para volver a sorber de su taza.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡¿Y ESO DE QUE COÑO ME SIRVE?! ¡NO PUDE AYUDAR A NADIE!</span> — golpeó la mesa poniéndose en pie.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Fuera también lo hiciste bien; no tenías oportunidad, no podías hacer nada. Marcharte y no ser un estorbo era la mejor opción</span><br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿¡PRETENDES QUE ME DEDIQUE TODA MI VIDA A HUIR!? ¡¿DE CUALQUIER PELIGRO?! ¡¿DE AQUEL HOMBRE?! ¡¿DE MI PADRE TAMBIÉN?!</span><br />
<br />
Un sonoro golpe adornó su mejilla, que posteriormente la enrojecería. Oda quedó completamente pasmado; los tres sabían que Nanashi jamás le había puesto la mano encima a Ren, por mucho que se enfadara; quiso intervenir pero la curiosidad por ver a donde quería llegar Nanashi en aquel momento, era mayor.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">¿Y si te llegas a morir allí? ¿Qué? ¿Qué hacemos nosotros? Te digo que lo hiciste bien porque tienes potencial, puedes llegar lejos. Pero morirte no sirve de nada; saber retirarte cuando debes es igual o más importante que una victoria, luchar hasta caer de rodillas, perdiendo el último de tus alientos. Eso no es solo una derrota; eso es ser un completo imbécil y un descerebrado. </span> — se levantó trás terminar su vaso, mientras la joven permanecía en shock viéndole incrédula con sus ojos azulados. — <span style="color: gray;" class="mycode_color">Si el día de mañana te vuelves más fuerte gracias a que huiste en aquel pasillo, si el día de mañana salvas una vida por ello. Habrá merecido la pena</span> — hizo un suave gesto sobre su propia ropa, arreglándose las arrugas. — <span style="color: gray;" class="mycode_color">Puedes llegar lejos, pero debes comprender que no siempre debes combatir hasta perder todas tus fuerzas. Deber conocer tus limitaciones, tus cartas, y saber jugar con ellas</span><br />
<br />
Ren solo podía acariciarse la mejilla enrojecida por el dolor, sin tener clara que hacer. Era la primera vez que algo así le ocurría y se sentía confusa.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Seguramente entre hoy y mañana evacuen todo el Valle. Este torneo ya ha perdido todo su sentido, tenlo todo preparado para mañana a primera hora. Nos volveremos a Amegakure; si te metes en un lío porque todavía debas estar aquí hasta un anuncio oficial o alguna estupidez por el estilo, yo cargaré con la culpa. Pero me niego a que pases más rato aquí y pongas en riesgo tu vida. Que asco de Kages y de Señores Feudales ¡Si no son capaces de controlar a un par de idiotas qué juegan a los libertadores, no deberían haber convocado el torneo! ¡Siempre igual, es-!</span><br />
<br />
— <span style="color: crimson;" class="mycode_color">Nanashi; ya basta, les debemos lealtad te guste o no. </span><br />
<br />
Durante su enfado, Nanashi se había puesto en pie y caminaba de un lado a otro agitado, Oda le detuvo agarrándole de un brazo con seriedad, entendía su enfado mejor que nadie y le hubiera dejado berrear durante el tiempo que hiciera falta para que se calmara, pero sabía que debía detenerlo para que Ren no aceptara ideas equivocadas; una pequeña chispa de inspiración, podía provocar un enorme incendio. Como aquellos que atacaron el estadio.<br />
<br />
Tras unos segundos, con el brazo agarrado por su amigo, hizo un poco de fuerza en el brazo para liberarse, y volver a mirar a la joven.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Mañana nos marchamos. A primera hora. Tenlo todo listo</span><br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"> ¡N-No puedo! ¡D-Debería decirselo a Hana!</span> — afirmó alzándose claramente preocupada.<br />
<br />
El "chef" como el mismo se denominaba, suspiro acariciándose los ojos con las manos; Ren insistiría hasta que le dejara verla y eso podría llegar a suponer más problemas para todos, y si le mentía cuando se destapara la verdad sería peor.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color"> La buscaré y le daré una dirección de correo para que te puedas escribir con ella</span> — la joven sonrió aliviada y él abrió la puerta dispuesto a marcharse, haciéndole un gesto a Oda para que le siguiera — <span style="color: gray;" class="mycode_color">Recuerda, mañana a primera hora. Oda, vamos a buscar a Hana</span><br />
<br />
— <span style="color: crimson;" class="mycode_color">Descansa, pequeña. El viaje será largo y necesitarás fuerzas.</span><br />
<br />
La puerta se cerró tras ellos, y Ren no pudo evitar esbozar una sonrisa completamente aliviada. Le costaría conciliar el sueño tras lo acontecido aquel día, pero dormiría profundamente calmada.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Cambiaria todos mis mañanas, por un solo ayer]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-cambiaria-todos-mis-mananas-por-un-solo-ayer</link>
			<pubDate>Tue, 25 Aug 2020 18:21:45 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=201">Himura Ren</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-cambiaria-todos-mis-mananas-por-un-solo-ayer</guid>
			<description><![CDATA[Era como en las Llanuras de la Tempestad; un breve momento de pausa en aquel lugar, solo significaba que una tormenta mucho mayor se acercaba, y a más tiempo se alargara aquella calma, peor sería el fenómeno que se produciría. La joven genin yacía tumbada sobre la cama, con una camisa de color oscuro de manga corta y unos pantalones cortos blanco roto, tenía algunas tiritas por el cuerpo, una en una mejilla y alguna otra repartida por sus brazos o piernas, mientras observaba el techo embobada.<br />
<br />
Correr y llorar, es todo de lo que fue capaz; y de lo primero ni siquiera fue capaz de hacer con eficacia, al tomar un breve respiro y que la adrenalina dejara de producirse en su cuerpo, todo el dolor remitía de golpe y le dificultó hasta andar. Se giró sobre sí misma, dándole la espalda a la puerta, recordando la última conversación que tuvo con Oda, y las que tuvo también con Nanashi. Ya comenzaba a atardecer, y un tono rojizo adornaba con suavidad la habitación; escucho el graznido de algún ave y su aleteo cruzando cerca de su ventana.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">En Ame no hay muchas... Por no decir casi ninguna</span> — murmuró viendo como una pluma se mecía lentamente cayendo. — <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Quiero volver a casa... Tengo miedo... </span><br />
<br />
Pero poco después, el sonido de alguien tocando a la puerta, la obligaría a levantarse.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Era como en las Llanuras de la Tempestad; un breve momento de pausa en aquel lugar, solo significaba que una tormenta mucho mayor se acercaba, y a más tiempo se alargara aquella calma, peor sería el fenómeno que se produciría. La joven genin yacía tumbada sobre la cama, con una camisa de color oscuro de manga corta y unos pantalones cortos blanco roto, tenía algunas tiritas por el cuerpo, una en una mejilla y alguna otra repartida por sus brazos o piernas, mientras observaba el techo embobada.<br />
<br />
Correr y llorar, es todo de lo que fue capaz; y de lo primero ni siquiera fue capaz de hacer con eficacia, al tomar un breve respiro y que la adrenalina dejara de producirse en su cuerpo, todo el dolor remitía de golpe y le dificultó hasta andar. Se giró sobre sí misma, dándole la espalda a la puerta, recordando la última conversación que tuvo con Oda, y las que tuvo también con Nanashi. Ya comenzaba a atardecer, y un tono rojizo adornaba con suavidad la habitación; escucho el graznido de algún ave y su aleteo cruzando cerca de su ventana.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">En Ame no hay muchas... Por no decir casi ninguna</span> — murmuró viendo como una pluma se mecía lentamente cayendo. — <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Quiero volver a casa... Tengo miedo... </span><br />
<br />
Pero poco después, el sonido de alguien tocando a la puerta, la obligaría a levantarse.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Nuestra vida]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-nuestra-vida</link>
			<pubDate>Sat, 23 May 2020 11:51:45 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=2">Amedama Daruu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-nuestra-vida</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Toc, toc, toc.</span><br />
<br />
El <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hyuuga</span> golpeó tímida pero firmemente la puerta de la habitación de Aotsuki Ayame. Eran las ocho de la tarde, y aquella era la tercera vez que lo intentaba. Ya sea porque Ayame no había querido recibir la visita de nadie como que estuviera allá afuera entrenando, Daruu no había tenido éxito. Empezaba a impacientarse, pero el corazón le agolpaba en el pecho como un martillo y después de lo sucedido hacía algunas semanas no podía aguantarlo más.<br />
<br />
Daruu suspiró.<br />
<br />
Parecía que aquella vez tampoco habría suerte. Ya estaba anocheciendo: quizás sería mejor esperar a mañana. El muchacho se dio la vuelta, lánguido, y echó a caminar hacia su habitación.<br />
<br />
Aún con la bana esperanza de que la puerta se abriese a sus espaldas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Toc, toc, toc.</span><br />
<br />
El <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hyuuga</span> golpeó tímida pero firmemente la puerta de la habitación de Aotsuki Ayame. Eran las ocho de la tarde, y aquella era la tercera vez que lo intentaba. Ya sea porque Ayame no había querido recibir la visita de nadie como que estuviera allá afuera entrenando, Daruu no había tenido éxito. Empezaba a impacientarse, pero el corazón le agolpaba en el pecho como un martillo y después de lo sucedido hacía algunas semanas no podía aguantarlo más.<br />
<br />
Daruu suspiró.<br />
<br />
Parecía que aquella vez tampoco habría suerte. Ya estaba anocheciendo: quizás sería mejor esperar a mañana. El muchacho se dio la vuelta, lánguido, y echó a caminar hacia su habitación.<br />
<br />
Aún con la bana esperanza de que la puerta se abriese a sus espaldas.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] Un soplo de aire fresco]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-un-soplo-de-aire-fresco</link>
			<pubDate>Sat, 25 Apr 2020 21:33:16 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-un-soplo-de-aire-fresco</guid>
			<description><![CDATA[La luna menguante se alzaba en lo alto del cielo nocturno para cuando Ayame regresó a Nishinoya. Aún con los ojos enrojecidos de llorar, fue un crujido bajo su pie nada más entrar en su cuarto lo que la sobresaltó: un papel, doblado con sumo esmero.  Ella cerró la puerta tras de sí y ladeó la cabeza, desganada pero al mismo intrigada. ¿Quién le había dejado una nota a aquellas horas? Se agachó, pero cuando fue a cogerla, un sinfín de cuadraditos de papel, de forma cuadrada y no más largos que sus dedos, cayeron de entre sus pliegues.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">¡¿Pero qué es esto?!</span> —exclamó, alarmada. <br />
<br />
Pero, antes de ponerse a recoger, desdobló la nota. Estaba escrita con una letra que identificó de inmediato, de trazo firme y más bien soso, pero perfectamente legible. Y sintió la ira bullir en su pecho. Era una nota de Aotsuki Kōri:<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Hermana:<br />
<br />
Lo que tienes frente a ti son papeles de inducción de chakra. Estoy seguro de que sabes lo que son...<br />
</i></div>
<br />
Sí, por supuesto que lo sabía. Aquellos papeles eran fabricados a partir de unos árboles especiales nativos del País del Bosque y que crecían absorbiendo el chakra del ambiente, nutriéndose de él. Ellos los habían utilizado durante los primeros años de Academia para descubrir sus naturalezas de chakra. ¿A qué venía ahora con aquello?<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><br />
...y sé muy bien que te desenvuelves a la perfección con el Suiton. Pero creo que es buena idea que desarrollaras tu segundo elemento. Eres una kunoichi inteligente, sé que puedes hacerlo. <br />
<br />
PD. Hablemos con el Gentōshin a medianoche. Tú y yo. A solas.<br />
<br />
Kōri<br />
</i></div>
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Tan escueto como siempre.</span>»</span> Pensó Ayame, torciendo el gesto.<br />
<br />
Y se quedó allí plantada, con la nota en una mano y sus ojos mirando sin ver. Después de todo lo que había ocurrido durante aquel día, sintió verdaderas tentaciones de no acudir a la llamada, de dejarle plantado con el Gentōshin. Pasados algunos segundos, apartó aquellos pensamientos a un lado y terminó apretando las mandíbulas y se arrodilló para recoger todos los papelitos caídos. Ella ya sabía cómo funcionaban, sabía lo que tenía que hacer con ellos, ¿para qué iba a hablar con su hermano? De hecho, ¿iba a utilizarlos siquiera? Él mismo lo había dicho: ¡Ella era <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El Agua</span>! ¿Para qué iba a despertar un segundo elemento?<br />
<br />
¡Por ella se podían ir todos al cuerno!]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La luna menguante se alzaba en lo alto del cielo nocturno para cuando Ayame regresó a Nishinoya. Aún con los ojos enrojecidos de llorar, fue un crujido bajo su pie nada más entrar en su cuarto lo que la sobresaltó: un papel, doblado con sumo esmero.  Ella cerró la puerta tras de sí y ladeó la cabeza, desganada pero al mismo intrigada. ¿Quién le había dejado una nota a aquellas horas? Se agachó, pero cuando fue a cogerla, un sinfín de cuadraditos de papel, de forma cuadrada y no más largos que sus dedos, cayeron de entre sus pliegues.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">¡¿Pero qué es esto?!</span> —exclamó, alarmada. <br />
<br />
Pero, antes de ponerse a recoger, desdobló la nota. Estaba escrita con una letra que identificó de inmediato, de trazo firme y más bien soso, pero perfectamente legible. Y sintió la ira bullir en su pecho. Era una nota de Aotsuki Kōri:<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Hermana:<br />
<br />
Lo que tienes frente a ti son papeles de inducción de chakra. Estoy seguro de que sabes lo que son...<br />
</i></div>
<br />
Sí, por supuesto que lo sabía. Aquellos papeles eran fabricados a partir de unos árboles especiales nativos del País del Bosque y que crecían absorbiendo el chakra del ambiente, nutriéndose de él. Ellos los habían utilizado durante los primeros años de Academia para descubrir sus naturalezas de chakra. ¿A qué venía ahora con aquello?<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><br />
...y sé muy bien que te desenvuelves a la perfección con el Suiton. Pero creo que es buena idea que desarrollaras tu segundo elemento. Eres una kunoichi inteligente, sé que puedes hacerlo. <br />
<br />
PD. Hablemos con el Gentōshin a medianoche. Tú y yo. A solas.<br />
<br />
Kōri<br />
</i></div>
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Tan escueto como siempre.</span>»</span> Pensó Ayame, torciendo el gesto.<br />
<br />
Y se quedó allí plantada, con la nota en una mano y sus ojos mirando sin ver. Después de todo lo que había ocurrido durante aquel día, sintió verdaderas tentaciones de no acudir a la llamada, de dejarle plantado con el Gentōshin. Pasados algunos segundos, apartó aquellos pensamientos a un lado y terminó apretando las mandíbulas y se arrodilló para recoger todos los papelitos caídos. Ella ya sabía cómo funcionaban, sabía lo que tenía que hacer con ellos, ¿para qué iba a hablar con su hermano? De hecho, ¿iba a utilizarlos siquiera? Él mismo lo había dicho: ¡Ella era <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El Agua</span>! ¿Para qué iba a despertar un segundo elemento?<br />
<br />
¡Por ella se podían ir todos al cuerno!]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Cosa Nostra]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-cosa-nostra</link>
			<pubDate>Fri, 10 Apr 2020 14:38:42 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=201">Himura Ren</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-cosa-nostra</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color"><div align="center">Te odio<br />
Te odio<br />
Te odio<br />
Te odio<br />
<br />
<span style="font-size: 40px;">Te odio</span><br />
</div></span><br />
<br />
¿Porqué dijo esas palabras? Ese sentimiento no era odio, era parecido; pero aquellas palabras no dejaban de resonar una y otra vez en su cabeza.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Por fin despertaste</span><br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿Eh?</span> — dijo atolondrada, buscando de donde venía la voz, a su derecha.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Te desmayaste en el combate y perdiste</span> — era Nanashi, quien pelaba unas manzanas sentado en una silla. <br />
<br />
Todavía algo confusa, miro a las sabanas que la envolvían y a los laterales; era una pequeña habitación con un par de sillas y su propia cama. Un enfermero que estaba esperando a que esta se despertara, se acercó rapidamente hasta Ren, acariciandole la frente.<br />
<br />
— <span style="color: green;" class="mycode_color">¿Te encuentras bien? ¿Cuantos dedos ves?</span> — dijo alzando dos y cerrando los otros.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Dos</span><br />
<br />
— <span style="color: green;" class="mycode_color">Ahora sigue mi dedo con la mirada</span> — movió el índice de un lado a otro varias veces; y posteriormente escandiló a la joven, con una potente lamparita. — <span style="color: green;" class="mycode_color">No parece que tengas nada grave; habrá sido un mal golpe. Quedate un poco más aquí y si te encuentras mal en estos días, avisa al departamento médico. Yo me marcho, estamos muy ocupados.</span> <br />
<br />
Finamente se largó, con paso aligerado; cuando se celebraban combates, no daban abasto pese a ser tan pocos los luchadores.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Es una buena notícia</span> — dijo suspirando aliviado, volviendo a sus manzanas. — <span style="color: gray;" class="mycode_color">Oda estará aquí en seguida, también quiere verte</span><br />
<br />
<div align="center"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; font-size: 15px">·  ·  ·  ·  ·</div></div>
<br />
— <span style="color: green;" class="mycode_color">Siga por el pasillo todo recto, es la última habitación</span> — el apresurado enfermero ni siquiera se despidió.<br />
<br />
— <span style="color: crimson;" class="mycode_color">Gracias</span> — respondió una voz seca y áspera; se trataba de un hombre muy alto, con el pelo largo y canoso hasta los hombros repeinado hacia atrás, dejando ver su frente en plenitud. Vestia con ropa oscura; un abrigo negro que llegaba hasta los tobillos, y unas botas también negras, en las que se podía apreciar el paso del tiempo. Tras despedirse del sanitario, siguiendole con la mirada, sus ojos se posaron en las de una joven, de cabellos rubios. — <span style="color: crimson;" class="mycode_color">Oh, tu eres...</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color"><div align="center">Te odio<br />
Te odio<br />
Te odio<br />
Te odio<br />
<br />
<span style="font-size: 40px;">Te odio</span><br />
</div></span><br />
<br />
¿Porqué dijo esas palabras? Ese sentimiento no era odio, era parecido; pero aquellas palabras no dejaban de resonar una y otra vez en su cabeza.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Por fin despertaste</span><br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿Eh?</span> — dijo atolondrada, buscando de donde venía la voz, a su derecha.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Te desmayaste en el combate y perdiste</span> — era Nanashi, quien pelaba unas manzanas sentado en una silla. <br />
<br />
Todavía algo confusa, miro a las sabanas que la envolvían y a los laterales; era una pequeña habitación con un par de sillas y su propia cama. Un enfermero que estaba esperando a que esta se despertara, se acercó rapidamente hasta Ren, acariciandole la frente.<br />
<br />
— <span style="color: green;" class="mycode_color">¿Te encuentras bien? ¿Cuantos dedos ves?</span> — dijo alzando dos y cerrando los otros.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Dos</span><br />
<br />
— <span style="color: green;" class="mycode_color">Ahora sigue mi dedo con la mirada</span> — movió el índice de un lado a otro varias veces; y posteriormente escandiló a la joven, con una potente lamparita. — <span style="color: green;" class="mycode_color">No parece que tengas nada grave; habrá sido un mal golpe. Quedate un poco más aquí y si te encuentras mal en estos días, avisa al departamento médico. Yo me marcho, estamos muy ocupados.</span> <br />
<br />
Finamente se largó, con paso aligerado; cuando se celebraban combates, no daban abasto pese a ser tan pocos los luchadores.<br />
<br />
— <span style="color: gray;" class="mycode_color">Es una buena notícia</span> — dijo suspirando aliviado, volviendo a sus manzanas. — <span style="color: gray;" class="mycode_color">Oda estará aquí en seguida, también quiere verte</span><br />
<br />
<div align="center"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; font-size: 15px">·  ·  ·  ·  ·</div></div>
<br />
— <span style="color: green;" class="mycode_color">Siga por el pasillo todo recto, es la última habitación</span> — el apresurado enfermero ni siquiera se despidió.<br />
<br />
— <span style="color: crimson;" class="mycode_color">Gracias</span> — respondió una voz seca y áspera; se trataba de un hombre muy alto, con el pelo largo y canoso hasta los hombros repeinado hacia atrás, dejando ver su frente en plenitud. Vestia con ropa oscura; un abrigo negro que llegaba hasta los tobillos, y unas botas también negras, en las que se podía apreciar el paso del tiempo. Tras despedirse del sanitario, siguiendole con la mirada, sus ojos se posaron en las de una joven, de cabellos rubios. — <span style="color: crimson;" class="mycode_color">Oh, tu eres...</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] Esta vez si es el lugar acertado]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-esta-vez-si-es-el-lugar-acertado</link>
			<pubDate>Mon, 16 Mar 2020 23:23:46 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=201">Himura Ren</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-esta-vez-si-es-el-lugar-acertado</guid>
			<description><![CDATA[— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Al oeste en Amegakure, crecía y vivia, sin hacer mucho caso a la... Espera, no pega con nada </span> — dijo para ella misma, intentando hacer su viaje más a meno, viendo como los arboles pasaban sin cesar ante la ventanilla en la que se apoyaba.<br />
<br />
En un abrir y cerrar de ojos, el Segundo Torneo de los Dojos se había plantado ante su cara; aunque para ella sería el primero en el que participaría. Tiempo atrás había intentado un viaje hasta aquel pequeño país, acabando sin embargo en un lugar totamente distinto; aunque no pudo evitar esbozar una sonrisa cuando recordó aquel incidente y todo lo que lo siguió; por lo menos no fue una perdida de tiempo, pensó.<br />
<br />
Dentro de su vagón, varios ninjas de élite la acompañaban; de vez en cuando algún ANBU entraba en el vagón y poco después salía para comunicarse con el resto de la unidad que todo seguía en calma y sin ningún altercado remarcable. Algún niño se perdió en el vagón para ser encontrado poco después y no mucho más.<br />
<br />
En otra ocasión, hubiera podido ir de un lado a otro de los vagones; hubiera estado molestando en la puerta del maquinista para pedirle que le dejara observar la cabina y acosarlo con preguntas sobre si había conducido o visto algún tren a vapor con una gran y humeante chimenea blanca; que dejara una estela casi kilométrica allá por donde pasaba. Pero semejante dispositivo le negaba el movimiento por los vagones, y su disconformidad era más que clara en su rostro. Solo deseaba llegar cuanto antes a su habitación para perderlos de vista.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Al oeste en Amegakure, crecía y vivia, sin hacer mucho caso a la... Espera, no pega con nada </span> — dijo para ella misma, intentando hacer su viaje más a meno, viendo como los arboles pasaban sin cesar ante la ventanilla en la que se apoyaba.<br />
<br />
En un abrir y cerrar de ojos, el Segundo Torneo de los Dojos se había plantado ante su cara; aunque para ella sería el primero en el que participaría. Tiempo atrás había intentado un viaje hasta aquel pequeño país, acabando sin embargo en un lugar totamente distinto; aunque no pudo evitar esbozar una sonrisa cuando recordó aquel incidente y todo lo que lo siguió; por lo menos no fue una perdida de tiempo, pensó.<br />
<br />
Dentro de su vagón, varios ninjas de élite la acompañaban; de vez en cuando algún ANBU entraba en el vagón y poco después salía para comunicarse con el resto de la unidad que todo seguía en calma y sin ningún altercado remarcable. Algún niño se perdió en el vagón para ser encontrado poco después y no mucho más.<br />
<br />
En otra ocasión, hubiera podido ir de un lado a otro de los vagones; hubiera estado molestando en la puerta del maquinista para pedirle que le dejara observar la cabina y acosarlo con preguntas sobre si había conducido o visto algún tren a vapor con una gran y humeante chimenea blanca; que dejara una estela casi kilométrica allá por donde pasaba. Pero semejante dispositivo le negaba el movimiento por los vagones, y su disconformidad era más que clara en su rostro. Solo deseaba llegar cuanto antes a su habitación para perderlos de vista.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Visita rápida]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-visita-rapida</link>
			<pubDate>Mon, 16 Mar 2020 22:13:26 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=992">Himura Hana</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-visita-rapida</guid>
			<description><![CDATA[Llevaba unos cuantos días en los dojos, cada uno entrenando más que el anterior, su sensei apenas le daba cuartel alguno en vistas de que quedaba menos de dos semanas para que empezase el torneo en sí. De momento tenían tiempo para visitar el lugar y relajarse, pero Eri había preferido hacer trabajar a Hana hasta que le doliesen los huesos de persona de interior que tenía. Llevaban ya semanas con ese entrenamiento, sin embargo, en los dojos se había intensificado.<br />
<br />
No había sido hasta ese día en concreto, que la pelirroja le había dado el día libre. Obviamente, participando ella también, no podía dedicar el tiempo por completo a la rubia, tendría su propio régimen de ejercicios, por eso le había dicho que le daba el día libre pero que por lo menos hiciese un mínimo de esfuerzo. Por eso Hana se había ido tras la pista de Ren de inmediato.<br />
<br />
Como buena kunoichi, Hana sabía que lo importante para una buena infiltración era la confianza. Se dejó la bandana en su habitación y se vistió con su indumentaria habitual pero en tonos azulados, para pasar desapercibida y se dirigió a Nishinoya. Se pateó todo el espacio que les habían reservado en los dojos a los shinobis de una punta a la otra, aún no entendía por qué las residencias estaban tan separadas las unas de las otras. Finalmente, llegó a Nishinoya. Sabía qué edificio era el de las chicas, pero una vez dentro se percató de que no tenía ni idea de qué puerta era la de Ren, o si Ren siquiera estaba allí. <br />
<br />
No era la primera hora de la mañana, más bien era media mañana a pocas horas de la comida, ¿qué podía estar haciendo la morena a esas horas? Solo esperaba que estuviese allí, porque solo había una manera de saberlo. Cogió todo el aire que pudo antes de gritar:<br />
<br />
— <span style="color: lightsalmon;" class="mycode_color">¡¡¡¡Ren-chan!!!!</span> — y después se escondió detrás del marco de la puerta principal del edificio, esperando ver qué puerta se abría y si de ella salía Ren o cualquier otra kunoichi que saliese a quejarse del alarido que acababa de dar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Llevaba unos cuantos días en los dojos, cada uno entrenando más que el anterior, su sensei apenas le daba cuartel alguno en vistas de que quedaba menos de dos semanas para que empezase el torneo en sí. De momento tenían tiempo para visitar el lugar y relajarse, pero Eri había preferido hacer trabajar a Hana hasta que le doliesen los huesos de persona de interior que tenía. Llevaban ya semanas con ese entrenamiento, sin embargo, en los dojos se había intensificado.<br />
<br />
No había sido hasta ese día en concreto, que la pelirroja le había dado el día libre. Obviamente, participando ella también, no podía dedicar el tiempo por completo a la rubia, tendría su propio régimen de ejercicios, por eso le había dicho que le daba el día libre pero que por lo menos hiciese un mínimo de esfuerzo. Por eso Hana se había ido tras la pista de Ren de inmediato.<br />
<br />
Como buena kunoichi, Hana sabía que lo importante para una buena infiltración era la confianza. Se dejó la bandana en su habitación y se vistió con su indumentaria habitual pero en tonos azulados, para pasar desapercibida y se dirigió a Nishinoya. Se pateó todo el espacio que les habían reservado en los dojos a los shinobis de una punta a la otra, aún no entendía por qué las residencias estaban tan separadas las unas de las otras. Finalmente, llegó a Nishinoya. Sabía qué edificio era el de las chicas, pero una vez dentro se percató de que no tenía ni idea de qué puerta era la de Ren, o si Ren siquiera estaba allí. <br />
<br />
No era la primera hora de la mañana, más bien era media mañana a pocas horas de la comida, ¿qué podía estar haciendo la morena a esas horas? Solo esperaba que estuviese allí, porque solo había una manera de saberlo. Cogió todo el aire que pudo antes de gritar:<br />
<br />
— <span style="color: lightsalmon;" class="mycode_color">¡¡¡¡Ren-chan!!!!</span> — y después se escondió detrás del marco de la puerta principal del edificio, esperando ver qué puerta se abría y si de ella salía Ren o cualquier otra kunoichi que saliese a quejarse del alarido que acababa de dar.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Final Dojos] No es un adiós, sino un hasta luego]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-final-dojos-no-es-un-adios-sino-un-hasta-luego</link>
			<pubDate>Sat, 30 Sep 2017 19:55:46 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=557">Keisuke</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-final-dojos-no-es-un-adios-sino-un-hasta-luego</guid>
			<description><![CDATA[El viaje que había empezado como una carga llena de ilusiones, alegría y energía, había llegado a su fin, con la disputa de la batalla final entre Akame y Ayame, se había decidido al ganador, Uchiha Akame, un ninja de Uzushiogakure No Sato, demostró un gran manejo de habilidades en el combate y destrozó a la kunoichi sin darle la oportunidad para darle siquiera un golpe. <br />
<br />
Suspiré y miré todas las boletas que me daban para comprar gratis, hubo ciento de lugares que me faltó por visitar y muchos tickets de esos por gastar, pero ya no había chance ya para ello, las órdenes era que recogiéramos nuestras pertenencias y partiéramos de regreso de regreso la villa correspondiente. Con suma obediencia había recogido mi ropa y artículos que yacían cómodamente distribuidos por la pieza; todo estaba listo para el momento que tuviera que partir, y ese momento era justamente ahora. <br />
<br />
Hice una revisión rápida del apartamento para verificar que nada se quedaba y salí con la mochila en mi espalda, visualicé el pasillo pero no había nadie ¿ya se habrían marchado? Mis pasos me llevaron hasta el exterior de Nishinoya, volteé a ver por última vez la estructura como sí se tratase de una despedida, visualicé los alrededores con un lento paso, calmado, el viaje sería largo pero no había porque llegar en un límite de tiempo exacto, por lo menos no habían especificado nada al respecto. <br />
<br />
Tomé el camino en dirección a Sendoushi, quería comprar algunas cuantas cosas antes de irme definitivamente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El viaje que había empezado como una carga llena de ilusiones, alegría y energía, había llegado a su fin, con la disputa de la batalla final entre Akame y Ayame, se había decidido al ganador, Uchiha Akame, un ninja de Uzushiogakure No Sato, demostró un gran manejo de habilidades en el combate y destrozó a la kunoichi sin darle la oportunidad para darle siquiera un golpe. <br />
<br />
Suspiré y miré todas las boletas que me daban para comprar gratis, hubo ciento de lugares que me faltó por visitar y muchos tickets de esos por gastar, pero ya no había chance ya para ello, las órdenes era que recogiéramos nuestras pertenencias y partiéramos de regreso de regreso la villa correspondiente. Con suma obediencia había recogido mi ropa y artículos que yacían cómodamente distribuidos por la pieza; todo estaba listo para el momento que tuviera que partir, y ese momento era justamente ahora. <br />
<br />
Hice una revisión rápida del apartamento para verificar que nada se quedaba y salí con la mochila en mi espalda, visualicé el pasillo pero no había nadie ¿ya se habrían marchado? Mis pasos me llevaron hasta el exterior de Nishinoya, volteé a ver por última vez la estructura como sí se tratase de una despedida, visualicé los alrededores con un lento paso, calmado, el viaje sería largo pero no había porque llegar en un límite de tiempo exacto, por lo menos no habían especificado nada al respecto. <br />
<br />
Tomé el camino en dirección a Sendoushi, quería comprar algunas cuantas cosas antes de irme definitivamente.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] Caído, más no vencido]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-caido-mas-no-vencido</link>
			<pubDate>Sat, 30 Sep 2017 19:13:30 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=6">Umikiba Kaido</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-caido-mas-no-vencido</guid>
			<description><![CDATA[El cuerpo magullado del gyojin se mecía al compás del carruaje, que transitaba terrenos poco uniformes que le llevarían a él y a los otros viajeros hasta los linderos de la frontera con su país: el de la Tormenta. Pero a pesar de que ya él se encontraba fuera de los Dojos, ya lejos de sus lejos de las cordilleras de un lugar en el que habría vivido, quizás, la derrota más estrepitosa que habría de tener nunca; su cabeza aún estaba allá, en esa maldita plataforma de combate. Reflejando introspectivamente cada una de las decisiones, cada uno de los movimientos. Cada uno de los errores cometidos que quizás pudo cometer durante el transcurso de la batalla.<br />
<br />
Y entonces, lo entendió. Entendió que no se trataba de una estrategia mal elaborada, ni mucho menos de que hubiese elegido dar un paso en falso que desencadenó una serie de eventos desafortunados que confeccionarían su derrota. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No</span>, no se trataba de eso. <br />
<br />
Se trataba sencillamente de que entre él y su oponente, había una brecha abismal. Un acantilado de habilidades entre ellos dos que decidieron al ganador de su combate incluso antes de salir al terreno. Uchiha Akame fue el problema, y nada más. Un problema que a partir de ese momento, habría que erradicar. <br />
<br />
Pero algo le decía que no se trataba sólo del uzujin, sino de otros tantos. ¿Y si su oponente no hubiese sido Akame, sino otro? ¿Daruu, o Datsue? ¡O incluso Ayame, que llegó a la jodida final! a pesar de que el escualo no hubiese dado un duro por ella. Entonces lo entendió perfectamente. Entendió que a pesar de ser <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">especial</span>, de que la bendición del mar yacía en sus genes y de que pertenecía a uno de los clanes más grandes de la historia de Oonindo, no podría hacer honor a su fama sin sudar la gota gorda. Kaido comprendió que la única forma de superarse, además entrenar, era buscar el poder y no esperar a que éste llegase milagrosamente hasta las fibras de su cuerpo. Buscarlo en aquellos que quizás ya lo habrían conseguido, y que podrían desvelarle el tan ansiado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">cómo.</span><br />
<br />
¿Pero quién?<br />
<br />
¿En Amekoro Yui, tal vez? ¿o estaría tan decepcionada de él que se negaría rotundamente a tomarlo como su pupilo, a adiestrar a una bestia que se creía indomable?<br />
<br />
¿O a los miembros de su clan? Uno que le había estado observando desde las sombras, esperando que su <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">arma</span> madurara. Que comprendiera la crudeza del mundo en el que viven, al punto en el que fuese él quien aceptase su realidad realmente, y no que aparentase ser solo un súbdito de los vestigios de su reducto Hozuki. Que quisiera <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">ser</span></span> parte de ellos por voluntad propia y no por obligación. <br />
<br />
Y lo habían logrado. La espera había valido la pena. La derrota y la disconformidad, además de el instinto de superación le clamaba a Kaido una sola cosa: buscar a quienes le controlan y someterse.<br />
<br />
Ahora tenía dos opciones, aunque ambas respondían a la sumisión. Pero quizás era eso lo que necesitaba, el quid de la cuestión era cual le convenía más. <br />
<br />
Una difícil decisión le aguardaría más adelante, aunque por ahora no tendría que tomarla. Se conformaba con saber que ya se encontraba en casa, pues el techo del mastodonte de madera comenzó a tronar poco a poco, gracias a las lágrimas de Ame no Kami, que con su lluvia eterna les hizo saber que finalmente se encontraban en Arashi no Kuni.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El cuerpo magullado del gyojin se mecía al compás del carruaje, que transitaba terrenos poco uniformes que le llevarían a él y a los otros viajeros hasta los linderos de la frontera con su país: el de la Tormenta. Pero a pesar de que ya él se encontraba fuera de los Dojos, ya lejos de sus lejos de las cordilleras de un lugar en el que habría vivido, quizás, la derrota más estrepitosa que habría de tener nunca; su cabeza aún estaba allá, en esa maldita plataforma de combate. Reflejando introspectivamente cada una de las decisiones, cada uno de los movimientos. Cada uno de los errores cometidos que quizás pudo cometer durante el transcurso de la batalla.<br />
<br />
Y entonces, lo entendió. Entendió que no se trataba de una estrategia mal elaborada, ni mucho menos de que hubiese elegido dar un paso en falso que desencadenó una serie de eventos desafortunados que confeccionarían su derrota. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No</span>, no se trataba de eso. <br />
<br />
Se trataba sencillamente de que entre él y su oponente, había una brecha abismal. Un acantilado de habilidades entre ellos dos que decidieron al ganador de su combate incluso antes de salir al terreno. Uchiha Akame fue el problema, y nada más. Un problema que a partir de ese momento, habría que erradicar. <br />
<br />
Pero algo le decía que no se trataba sólo del uzujin, sino de otros tantos. ¿Y si su oponente no hubiese sido Akame, sino otro? ¿Daruu, o Datsue? ¡O incluso Ayame, que llegó a la jodida final! a pesar de que el escualo no hubiese dado un duro por ella. Entonces lo entendió perfectamente. Entendió que a pesar de ser <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">especial</span>, de que la bendición del mar yacía en sus genes y de que pertenecía a uno de los clanes más grandes de la historia de Oonindo, no podría hacer honor a su fama sin sudar la gota gorda. Kaido comprendió que la única forma de superarse, además entrenar, era buscar el poder y no esperar a que éste llegase milagrosamente hasta las fibras de su cuerpo. Buscarlo en aquellos que quizás ya lo habrían conseguido, y que podrían desvelarle el tan ansiado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">cómo.</span><br />
<br />
¿Pero quién?<br />
<br />
¿En Amekoro Yui, tal vez? ¿o estaría tan decepcionada de él que se negaría rotundamente a tomarlo como su pupilo, a adiestrar a una bestia que se creía indomable?<br />
<br />
¿O a los miembros de su clan? Uno que le había estado observando desde las sombras, esperando que su <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">arma</span> madurara. Que comprendiera la crudeza del mundo en el que viven, al punto en el que fuese él quien aceptase su realidad realmente, y no que aparentase ser solo un súbdito de los vestigios de su reducto Hozuki. Que quisiera <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">ser</span></span> parte de ellos por voluntad propia y no por obligación. <br />
<br />
Y lo habían logrado. La espera había valido la pena. La derrota y la disconformidad, además de el instinto de superación le clamaba a Kaido una sola cosa: buscar a quienes le controlan y someterse.<br />
<br />
Ahora tenía dos opciones, aunque ambas respondían a la sumisión. Pero quizás era eso lo que necesitaba, el quid de la cuestión era cual le convenía más. <br />
<br />
Una difícil decisión le aguardaría más adelante, aunque por ahora no tendría que tomarla. Se conformaba con saber que ya se encontraba en casa, pues el techo del mastodonte de madera comenzó a tronar poco a poco, gracias a las lágrimas de Ame no Kami, que con su lluvia eterna les hizo saber que finalmente se encontraban en Arashi no Kuni.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Tema Final en los Dojos] Adiós, Dojos, adiós]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-tema-final-en-los-dojos-adios-dojos-adios</link>
			<pubDate>Wed, 27 Sep 2017 21:52:23 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-tema-final-en-los-dojos-adios-dojos-adios</guid>
			<description><![CDATA[El conductor sacudió una sola vez las riendas, y los dos caballos alazanes echaron a trotar arrastrando el carruaje que llevaba en su interior a cinco personas.<br />
<br />
Ayame contuvo una mueca de dolor cuando el traqueteo del vehículo despertó las punzadas en su espalda, pero no se atrevió a quejarse en voz alta. En silencio, contemplaba por la ventanilla como el complejo de Nishinoya se iba perdiendo más y más en la distancia... Hasta que terminó por perder de vista los tres edificios después de un giro en el camino.<br />
<br />
Regresaban a casa.<br />
<br />
La cabina en la que viajaban era un armatoste de madera lo suficientemente amplia para llevar a seis personas sentadas en dos bancos situados frente a frente. Y eran cinco las que iban a bordo: en uno de los bancos, Amedama Kiroe y Amedama Daruu; en el otro, Aotsuki Kōri junto a una ventana, Aotsuki Zetsuo en el centro y Aotsuki Ayame en la otra ventana. En teoría debería haber un ambiente festivo, por fin había acabado el torneo y los muchachos no habían quedado en malas posiciones. Sin embargo, era más bien al contrario, la tensión crispaba el ambiente como electricidad estática y, mientras los demás intercambiaban alguna que otra frase puntual, Ayame seguía mirando por la ventana sin ver, sumida en su propio pozo de tristeza sin fondo. Y así había sido desde que había despertado en el hospital, cubierta de vendajes y bajo el efecto de los calmantes. Se había negado a hablar con nadie. Se mantenía con la cabeza gacha. Y así seguía hasta el día actual.<br />
<br />
¡Debería estar feliz! ¡Había llegado hasta la final! Esa era la teoría...<br />
<br />
Pero lo cierto era que nada de eso le valía ya. Había perdido. Había perdido de forma humillante además. Y no había podido cumplir la promesa que le hizo a su padre cuando terminó la primera ronda y amenazó con llevársela a Amegakure por el temor hacia los Kajitsu Hōzuki.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Yo seré la luna llena"</span>, había dicho. Bendita ilusa.<br />
<br />
Aún le dolía todo el cuerpo. No mostraba heridas externas, pero lo cierto era que Uchiha Akame la había dejado para el arrastre. En su mente no dejaban de repetirse los mismos recuerdos en bucle, una y otra vez, torturándola hasta en sueños: las llamas envolviéndola, el agua golpeándola, el metal de la katana mordiendo su piel... las llamas lamiendo su piel, el agua aplastándola, el filo de la katana creando nuevos surcos en su cuerpo... las llamas...<br />
<br />
¿Qué habría sido de ella si no fuera por su técnica de la hidratación? Le daba náuseas sólo pensarlo...<br />
<br />
<span style="color: royalblue; font-style: italic;">«Ni un solo golpe...»</span> Se repetía una y otra vez.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El conductor sacudió una sola vez las riendas, y los dos caballos alazanes echaron a trotar arrastrando el carruaje que llevaba en su interior a cinco personas.<br />
<br />
Ayame contuvo una mueca de dolor cuando el traqueteo del vehículo despertó las punzadas en su espalda, pero no se atrevió a quejarse en voz alta. En silencio, contemplaba por la ventanilla como el complejo de Nishinoya se iba perdiendo más y más en la distancia... Hasta que terminó por perder de vista los tres edificios después de un giro en el camino.<br />
<br />
Regresaban a casa.<br />
<br />
La cabina en la que viajaban era un armatoste de madera lo suficientemente amplia para llevar a seis personas sentadas en dos bancos situados frente a frente. Y eran cinco las que iban a bordo: en uno de los bancos, Amedama Kiroe y Amedama Daruu; en el otro, Aotsuki Kōri junto a una ventana, Aotsuki Zetsuo en el centro y Aotsuki Ayame en la otra ventana. En teoría debería haber un ambiente festivo, por fin había acabado el torneo y los muchachos no habían quedado en malas posiciones. Sin embargo, era más bien al contrario, la tensión crispaba el ambiente como electricidad estática y, mientras los demás intercambiaban alguna que otra frase puntual, Ayame seguía mirando por la ventana sin ver, sumida en su propio pozo de tristeza sin fondo. Y así había sido desde que había despertado en el hospital, cubierta de vendajes y bajo el efecto de los calmantes. Se había negado a hablar con nadie. Se mantenía con la cabeza gacha. Y así seguía hasta el día actual.<br />
<br />
¡Debería estar feliz! ¡Había llegado hasta la final! Esa era la teoría...<br />
<br />
Pero lo cierto era que nada de eso le valía ya. Había perdido. Había perdido de forma humillante además. Y no había podido cumplir la promesa que le hizo a su padre cuando terminó la primera ronda y amenazó con llevársela a Amegakure por el temor hacia los Kajitsu Hōzuki.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Yo seré la luna llena"</span>, había dicho. Bendita ilusa.<br />
<br />
Aún le dolía todo el cuerpo. No mostraba heridas externas, pero lo cierto era que Uchiha Akame la había dejado para el arrastre. En su mente no dejaban de repetirse los mismos recuerdos en bucle, una y otra vez, torturándola hasta en sueños: las llamas envolviéndola, el agua golpeándola, el metal de la katana mordiendo su piel... las llamas lamiendo su piel, el agua aplastándola, el filo de la katana creando nuevos surcos en su cuerpo... las llamas...<br />
<br />
¿Qué habría sido de ella si no fuera por su técnica de la hidratación? Le daba náuseas sólo pensarlo...<br />
<br />
<span style="color: royalblue; font-style: italic;">«Ni un solo golpe...»</span> Se repetía una y otra vez.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Una victoria ensombrecida]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-una-victoria-ensombrecida</link>
			<pubDate>Sat, 09 Sep 2017 17:52:19 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=6">Umikiba Kaido</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-una-victoria-ensombrecida</guid>
			<description><![CDATA[La segunda ronda del <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Torneo de los Dojos</span> había concluido, y con su cierre; parte del público se iría a casa satisfecho con un buen par de grandes demostraciones de habilidad, en combates y emparejamientos que muy bien podrían haber sido una especie de final anticipada. Otro puñado de gente, sin embargo, seguro que quedarían decepcionados, por alguno que otro desenlace impensado. Y para desenlaces impensados, Kaido...<br />
<br />
¿Y quién si no?<br />
<br />
Su combate, el más extraño de todos. Grandes muestras de habilidades, mareas de papeles, potentes y súbitas técnicas de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">suiton</span>; hikaridamas y estrategias varias. En aquel pulso él había tenido la ventaja, siendo el que hiriera a la <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">mujer de papeles</span> primero, y más fuerte. Sí, todo iba plenamente encaminado a que se llevase el combate, dejando muy clara su superioridad frente a ella. Hasta que, sucedió lo impensado. <br />
<br />
Nadie sabría nunca el por qué. Fuera por la frustración de ir perdiendo, o por algún extraño delirio; aquella mujer de tatuajes se había quitado la vida en pleno enfrentamiento. Con sus propias armas de papel, que se hundieron sin contemplación en su pecho, rasgándole el corazón. Obligándola a ahogarse en su propia sangre y a, finalmente; <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">morir</span></span>. <br />
<br />
Y por más que Kaido hubiese intentado actuar como si aquello hubiese sucedido, en parte, por su clara superioridad, lo cierto es que no tenía ni puta idea de lo que fuera que le hubiese llevado a Aiko a cometer suicidio. Y eso le había estado carcomiendo la cabeza desde su salida de la plataforma, hasta la noche que pasó en la enfermería cuidando sus heridas, y su posterior regreso a Nishinoya, donde ahora se encontraba. <br />
<br />
Tirado en la grama de uno de los patios posteriores, con los brazos por detrás de la cabeza y la mirada perdida en el cielo. Un cielo abierto, luminoso y tan azul como su propia piel. Un cielo al que no estaba, ni estaría nunca acostumbrado. Ni él, ni los suyos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La segunda ronda del <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Torneo de los Dojos</span> había concluido, y con su cierre; parte del público se iría a casa satisfecho con un buen par de grandes demostraciones de habilidad, en combates y emparejamientos que muy bien podrían haber sido una especie de final anticipada. Otro puñado de gente, sin embargo, seguro que quedarían decepcionados, por alguno que otro desenlace impensado. Y para desenlaces impensados, Kaido...<br />
<br />
¿Y quién si no?<br />
<br />
Su combate, el más extraño de todos. Grandes muestras de habilidades, mareas de papeles, potentes y súbitas técnicas de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">suiton</span>; hikaridamas y estrategias varias. En aquel pulso él había tenido la ventaja, siendo el que hiriera a la <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">mujer de papeles</span> primero, y más fuerte. Sí, todo iba plenamente encaminado a que se llevase el combate, dejando muy clara su superioridad frente a ella. Hasta que, sucedió lo impensado. <br />
<br />
Nadie sabría nunca el por qué. Fuera por la frustración de ir perdiendo, o por algún extraño delirio; aquella mujer de tatuajes se había quitado la vida en pleno enfrentamiento. Con sus propias armas de papel, que se hundieron sin contemplación en su pecho, rasgándole el corazón. Obligándola a ahogarse en su propia sangre y a, finalmente; <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">morir</span></span>. <br />
<br />
Y por más que Kaido hubiese intentado actuar como si aquello hubiese sucedido, en parte, por su clara superioridad, lo cierto es que no tenía ni puta idea de lo que fuera que le hubiese llevado a Aiko a cometer suicidio. Y eso le había estado carcomiendo la cabeza desde su salida de la plataforma, hasta la noche que pasó en la enfermería cuidando sus heridas, y su posterior regreso a Nishinoya, donde ahora se encontraba. <br />
<br />
Tirado en la grama de uno de los patios posteriores, con los brazos por detrás de la cabeza y la mirada perdida en el cielo. Un cielo abierto, luminoso y tan azul como su propia piel. Un cielo al que no estaba, ni estaría nunca acostumbrado. Ni él, ni los suyos.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El Patito Frito]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-patito-frito--3671</link>
			<pubDate>Fri, 25 Aug 2017 13:44:27 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=2">Amedama Daruu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-patito-frito--3671</guid>
			<description><![CDATA[Faltaban dos días para la segunda ronda del torneo. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Qué nervios, ¿con quién me tocará esta vez?, espero que no sea contra Ayame, no quiero tener que elegir entre eliminarla a ella o quedar eliminado, espero que sea contra alguien de otra aldea</span>; entre otros pensamientos, estos comenzaban a ser los habituales. Después de su aventura con Yota y también de su posterior encuentro, recuperado prácticamente al cien por cien, Daruu no paraba de entrenar, a diario, a todas horas, y todo para llegar en plena forma al siguiente combate.<br />
<br />
Pero un sentimiento había estado recorriendo todo su cuerpo, desde los dedos de los pies hasta las puntas desordenadas de su cabello. De modo que allí estaba, plantado enfrente de la puerta del dojo de las mujeres.<br />
<br />
Aunque antes, claro, había otras prioridades. Su estómago rugió de hambre. Y de las mariposas habituales de una relación de pareja recién iniciada.<br />
<br />
Pese que nadie le había dicho que no podía entrar al pasillo, Daruu se asomó adentro. Miró a su izquierda y a su derecha. Miró atrás de él. No había nadie cerca, así que no pasaría nada por entrar, decidió. Se acercó a la puerta de la habitación de Ayame. Tragó saliva y...<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Toc, toc, toc.</span><br />
<br />
<span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color">—A-Ayame-chan. Soy yo. ¿T-tienes un momento?</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Faltaban dos días para la segunda ronda del torneo. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Qué nervios, ¿con quién me tocará esta vez?, espero que no sea contra Ayame, no quiero tener que elegir entre eliminarla a ella o quedar eliminado, espero que sea contra alguien de otra aldea</span>; entre otros pensamientos, estos comenzaban a ser los habituales. Después de su aventura con Yota y también de su posterior encuentro, recuperado prácticamente al cien por cien, Daruu no paraba de entrenar, a diario, a todas horas, y todo para llegar en plena forma al siguiente combate.<br />
<br />
Pero un sentimiento había estado recorriendo todo su cuerpo, desde los dedos de los pies hasta las puntas desordenadas de su cabello. De modo que allí estaba, plantado enfrente de la puerta del dojo de las mujeres.<br />
<br />
Aunque antes, claro, había otras prioridades. Su estómago rugió de hambre. Y de las mariposas habituales de una relación de pareja recién iniciada.<br />
<br />
Pese que nadie le había dicho que no podía entrar al pasillo, Daruu se asomó adentro. Miró a su izquierda y a su derecha. Miró atrás de él. No había nadie cerca, así que no pasaría nada por entrar, decidió. Se acercó a la puerta de la habitación de Ayame. Tragó saliva y...<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Toc, toc, toc.</span><br />
<br />
<span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color">—A-Ayame-chan. Soy yo. ¿T-tienes un momento?</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Calma antes de la tormenta]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-calma-antes-de-la-tormenta</link>
			<pubDate>Thu, 03 Aug 2017 20:14:43 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=12">Karamaru</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-calma-antes-de-la-tormenta</guid>
			<description><![CDATA[Poco tiempo había pasado de su llegada al Valle de los Dojos. Menos tiempo aún desde que se había establecido en su habitación designada en Nishinoya, terreno correspondiente a los participantes de Amegakure. Por fortuna para la ansiedad y la emoción, incluso menos tiempo era el que faltaba para que los combates se den por comenzados al igual que el torneo por el cuál shinobi y kunoichi asistieron ese verano al País del Fuego.<br />
<br />
Se podía decir que Karamaru se encontraba un poco asustado, pero no era más que simplemente no saber contra qué era lo que se enfrentaba. ¿Y si era demasiado débil? ¿Y si no estaba preparado? La confianza que había adquirido en el viaje a ese lugar se comenzó a perder en el momento en que empezó a realizarse todas esas preguntas, una tras otra, día tras día, sin parar. Y es que cada vez se acercaba más el momento de pisar la arena de combate y sus dudas e inseguridad en sí mismo se acrecentaban.<br />
<br />
Toda la experiencia que pudo haber adquirido peleando contra sus compañeros monjes se vio disipada desde que saludó al guardia que le dio la instrucciones. Y es que sentado con las piernas cruzadas en un banco de piedra, justo al borde de una fuente con peces, seguía preguntándose si era capaz.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">«Tranquilo Karamaru, piensa en otra cosa. Anímate, ve a conocer a alguien, dispersa un poco tu mente»</span> el otro lado de su cabeza hacía lo posible para batallar, pero había momento en que le era imposible.<br />
<br />
El monje, terco, siguió tomando una taza de té de gran tamaño mientras veía a los koi yendo un lado hacia de la fuente. En particular se fijaba en uno de color dorado, o amarillo, que giraba en círculos pegado a los bordes. Mantenía la mirada perdida en un pez que cada vez iba más rápido, y más rápido, hasta que otro pez de color azul se le cruzó en su camino y lo obligó a frenar.<br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">Quiero que empiece esta mierda, ¡VAMOS!</span>- gritó al aire, liberando un poco de tensión.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Poco tiempo había pasado de su llegada al Valle de los Dojos. Menos tiempo aún desde que se había establecido en su habitación designada en Nishinoya, terreno correspondiente a los participantes de Amegakure. Por fortuna para la ansiedad y la emoción, incluso menos tiempo era el que faltaba para que los combates se den por comenzados al igual que el torneo por el cuál shinobi y kunoichi asistieron ese verano al País del Fuego.<br />
<br />
Se podía decir que Karamaru se encontraba un poco asustado, pero no era más que simplemente no saber contra qué era lo que se enfrentaba. ¿Y si era demasiado débil? ¿Y si no estaba preparado? La confianza que había adquirido en el viaje a ese lugar se comenzó a perder en el momento en que empezó a realizarse todas esas preguntas, una tras otra, día tras día, sin parar. Y es que cada vez se acercaba más el momento de pisar la arena de combate y sus dudas e inseguridad en sí mismo se acrecentaban.<br />
<br />
Toda la experiencia que pudo haber adquirido peleando contra sus compañeros monjes se vio disipada desde que saludó al guardia que le dio la instrucciones. Y es que sentado con las piernas cruzadas en un banco de piedra, justo al borde de una fuente con peces, seguía preguntándose si era capaz.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">«Tranquilo Karamaru, piensa en otra cosa. Anímate, ve a conocer a alguien, dispersa un poco tu mente»</span> el otro lado de su cabeza hacía lo posible para batallar, pero había momento en que le era imposible.<br />
<br />
El monje, terco, siguió tomando una taza de té de gran tamaño mientras veía a los koi yendo un lado hacia de la fuente. En particular se fijaba en uno de color dorado, o amarillo, que giraba en círculos pegado a los bordes. Mantenía la mirada perdida en un pez que cada vez iba más rápido, y más rápido, hasta que otro pez de color azul se le cruzó en su camino y lo obligó a frenar.<br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">Quiero que empiece esta mierda, ¡VAMOS!</span>- gritó al aire, liberando un poco de tensión.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Nuestra primera cita]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-nuestra-primera-cita</link>
			<pubDate>Fri, 14 Jul 2017 12:59:42 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-nuestra-primera-cita</guid>
			<description><![CDATA[Estaba comenzando a anochecer, y el calor del verano aún cargaba el ambiente. Los grillos, desde sus escondites entre los matorrales, habían compenzado su agradable serenata, y alguna rana había comenzado a croar en algún punto al otro lado del agua. <br />
<br />
A las ocho menos cuarto de la noche, Ayame estaba ya plantada frente al estanque. Aún faltaba un cuarto de hora para la hora oficial a la que había quedado con Daruu, pero no había podido evitarlo. Y ahora sus ojos nerviosos seguían el movimiento de las carpas que nadaban tranquilamente, ajenas a la agitación de la joven que las observaba, en un vano intento por distraer su mente y templar sus nervios. A juzgar por el nervioso jugueteo de sus manos, no lo conseguía.<br />
<br />
Todas las prendas que había traído en su equipaje al Valle de los Dojos era ropa cómoda y apta para el combate, nada que pudiera ser tildado como apropiado para una cita. Por eso había tenido que ir aquella mañana a Sendōshi, y recorrer a todo correr las tiendas de ropa que vio en su camino. Mil y una opciones consideró y mil y una prendas se probó hasta que dio con algo que le convenciera mínimamente. Y ahora que contemplaba su reflejo, las dudas volvían a asaltar su mente. Había optado por un vestido de color azul eléctrico, bastante sencillo, pero cuya falda daba un bonito vuelo cuando se movía. A modo de calzado unas sandalias planas, cómodas para andar, y de color negro. No llevaba maquillaje, nunca lo había hecho, y aunque había tratado de peinarse lo mejor posible, sus rizos seguían tan rebeldes como siempre. Sin embargo, había algo con lo que no había podido hacer nada. Y consciente de que llevar la bandana ninja sobre la frente a un encuentro así sería una auténtica ridiculez, se había visto obligada a tapar su frente con una cinta de tela también de color azul. Era consciente de que aquello también era bastante ridículo, pero simplemente no había sido capaz de dejar su frente desnuda.<br />
<br />
<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«Soy un desastre para estas cosas...»</span></span> Se lamentó, recordándose de nuevo lo bonitas que se veían muchas kunoichis con las que se había cruzado hasta el momento. ¿Cómo lo hacían? Quizás ella no era lo suficientemente femenina, después de todo... ¿Entonces que había visto Daruu en ella?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Estaba comenzando a anochecer, y el calor del verano aún cargaba el ambiente. Los grillos, desde sus escondites entre los matorrales, habían compenzado su agradable serenata, y alguna rana había comenzado a croar en algún punto al otro lado del agua. <br />
<br />
A las ocho menos cuarto de la noche, Ayame estaba ya plantada frente al estanque. Aún faltaba un cuarto de hora para la hora oficial a la que había quedado con Daruu, pero no había podido evitarlo. Y ahora sus ojos nerviosos seguían el movimiento de las carpas que nadaban tranquilamente, ajenas a la agitación de la joven que las observaba, en un vano intento por distraer su mente y templar sus nervios. A juzgar por el nervioso jugueteo de sus manos, no lo conseguía.<br />
<br />
Todas las prendas que había traído en su equipaje al Valle de los Dojos era ropa cómoda y apta para el combate, nada que pudiera ser tildado como apropiado para una cita. Por eso había tenido que ir aquella mañana a Sendōshi, y recorrer a todo correr las tiendas de ropa que vio en su camino. Mil y una opciones consideró y mil y una prendas se probó hasta que dio con algo que le convenciera mínimamente. Y ahora que contemplaba su reflejo, las dudas volvían a asaltar su mente. Había optado por un vestido de color azul eléctrico, bastante sencillo, pero cuya falda daba un bonito vuelo cuando se movía. A modo de calzado unas sandalias planas, cómodas para andar, y de color negro. No llevaba maquillaje, nunca lo había hecho, y aunque había tratado de peinarse lo mejor posible, sus rizos seguían tan rebeldes como siempre. Sin embargo, había algo con lo que no había podido hacer nada. Y consciente de que llevar la bandana ninja sobre la frente a un encuentro así sería una auténtica ridiculez, se había visto obligada a tapar su frente con una cinta de tela también de color azul. Era consciente de que aquello también era bastante ridículo, pero simplemente no había sido capaz de dejar su frente desnuda.<br />
<br />
<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«Soy un desastre para estas cosas...»</span></span> Se lamentó, recordándose de nuevo lo bonitas que se veían muchas kunoichis con las que se había cruzado hasta el momento. ¿Cómo lo hacían? Quizás ella no era lo suficientemente femenina, después de todo... ¿Entonces que había visto Daruu en ella?]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] Entretenimiento de verano]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-entretenimiento-de-verano</link>
			<pubDate>Sat, 01 Jul 2017 02:32:34 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=12">Karamaru</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-entretenimiento-de-verano</guid>
			<description><![CDATA[Finalmente había llegado el día. Hacia tiempo ya se sabía sobre aquel torneo de verano, esa instancia donde Karamaru podría conocer shinobi y kunoichi de todas las regiones antes de que comiencen los exámenes chunin. Porque si algo rondaba más en la cabeza del calvo que aquel torneo, eso eran los exámenes. Le emocionaba y le daba ansia poder ser promovido, que lo recompensen por su trabajo, pero así y todo, después de conocer compañeros de profesión, no se sentía tan confiado en ser bueno en lo que hacía. Aquel torneo debía de decir lo contrario, sino no se perdonaría a si mismo.<br />
<br />
Pero con tantos problemas en la cabeza, más imaginarios que reales, recorrió en una larga caminata todo el camino desde su casa en los terrenos de lluvia eterna hasta la entrada, o eso parecía ser, del Valle de los Dojos. El camino era claro, no tenía perdida, tan solo era seguir la línea de tierra por la que debían de andar las carretas. El guardia que se encontraba en aquel camino, ya cerca a las montañas, delataba que ese era el acceso que el calvo buscaba.<br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">Buenos días.</span>- habló jovial.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color">Buen día. Veo que eres un shinobi, de Amegakure parece ser. ¿Serás participante?</span><br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">Exactamente, ¿Por qué pregunta?</span><br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color">Dios mio...</span>- el guardia refunfuño- <span style="color: grey;" class="mycode_color">Mira, es sencillo, ¿Como es tu nombre?</span><br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">Karamaru, señor. Habaki Karamaru.</span>- el monje sabía sin entender muy bien como funcionaba la cosa.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color">A ver... a ver.... Aquí tienes</span>- se entregó un papel y una llave con un número- <span style="color: grey;" class="mycode_color">Eso es la llave de tu habitación de Nishinoya, como todos los de Amegakure. Lo otro es un vale de compra, con eso podrás conseguir comida para poder mantenerte en tu estancia en los valles.<br />
<br />
Sigue por el camino hasta llegar a Sendoshi, la ciudad central. De ahí toma el camino al oeste, y cuidado con tomar desviaciones, no dejes el camino al oeste. Llegarás a Nishinoya rápidamente, tal vez tienes suerte y te cruzas con algún shinobi.<br />
<br />
¿Alguna duda?</span><br />
<br />
El cenobita se quedó unos segundos parado sin saber que responder, con una mano agarrando una de las tiras de la mochila y la otra sujetando el vale y la llave. El guardia, casi mecánicamente, terminó de hablar e ignoró al calvo volviendo a sus asuntos. No le quedó otra que responderle al aire.<br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">No nada, gracias.</span><br />
<br />
Continuó por el camino y desde lejos pudo divisar los edificios y el bello paisaje de la aquella ciudad que le había mencionado. No tardó en acelerar el paso e incursionar por las calles llevando la mirada de izquierda a derecha para observar cada edificio y local de venta. Y tras un corto recorrido, no quería perder tiempo, tomo el camino para llegar al lado oeste. Aunque tardó un poco más de la cuenta, las calles de Sendoshi no eran cosas fáciles para él, pudo llegar a la salida que buscaba.<br />
<br />
Nishinoya no tendría que esperar más la llegada del monje calvo, porque más trotando que corriendo, llegó con velocidad a las puertas de los edificios reinantes de Amegakure. Entró al edificio de la izquierda, tan vacío como el exterior, y buscó con lalve en mano los números de las habitaciones para encontrar la suya. Más pronto que tarde estaría mirando el techo recostado en la cama descansando los pies de un largo viaje. Los carteles eran claros y las habitaciones de hombres y mujeres estaban separados, y Karamaru no quería meterse en problemas por espiar donde no se debe. <br />
<br />
De momento.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Finalmente había llegado el día. Hacia tiempo ya se sabía sobre aquel torneo de verano, esa instancia donde Karamaru podría conocer shinobi y kunoichi de todas las regiones antes de que comiencen los exámenes chunin. Porque si algo rondaba más en la cabeza del calvo que aquel torneo, eso eran los exámenes. Le emocionaba y le daba ansia poder ser promovido, que lo recompensen por su trabajo, pero así y todo, después de conocer compañeros de profesión, no se sentía tan confiado en ser bueno en lo que hacía. Aquel torneo debía de decir lo contrario, sino no se perdonaría a si mismo.<br />
<br />
Pero con tantos problemas en la cabeza, más imaginarios que reales, recorrió en una larga caminata todo el camino desde su casa en los terrenos de lluvia eterna hasta la entrada, o eso parecía ser, del Valle de los Dojos. El camino era claro, no tenía perdida, tan solo era seguir la línea de tierra por la que debían de andar las carretas. El guardia que se encontraba en aquel camino, ya cerca a las montañas, delataba que ese era el acceso que el calvo buscaba.<br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">Buenos días.</span>- habló jovial.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color">Buen día. Veo que eres un shinobi, de Amegakure parece ser. ¿Serás participante?</span><br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">Exactamente, ¿Por qué pregunta?</span><br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color">Dios mio...</span>- el guardia refunfuño- <span style="color: grey;" class="mycode_color">Mira, es sencillo, ¿Como es tu nombre?</span><br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">Karamaru, señor. Habaki Karamaru.</span>- el monje sabía sin entender muy bien como funcionaba la cosa.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color">A ver... a ver.... Aquí tienes</span>- se entregó un papel y una llave con un número- <span style="color: grey;" class="mycode_color">Eso es la llave de tu habitación de Nishinoya, como todos los de Amegakure. Lo otro es un vale de compra, con eso podrás conseguir comida para poder mantenerte en tu estancia en los valles.<br />
<br />
Sigue por el camino hasta llegar a Sendoshi, la ciudad central. De ahí toma el camino al oeste, y cuidado con tomar desviaciones, no dejes el camino al oeste. Llegarás a Nishinoya rápidamente, tal vez tienes suerte y te cruzas con algún shinobi.<br />
<br />
¿Alguna duda?</span><br />
<br />
El cenobita se quedó unos segundos parado sin saber que responder, con una mano agarrando una de las tiras de la mochila y la otra sujetando el vale y la llave. El guardia, casi mecánicamente, terminó de hablar e ignoró al calvo volviendo a sus asuntos. No le quedó otra que responderle al aire.<br />
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<span style="color: gold;" class="mycode_color">No nada, gracias.</span><br />
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Continuó por el camino y desde lejos pudo divisar los edificios y el bello paisaje de la aquella ciudad que le había mencionado. No tardó en acelerar el paso e incursionar por las calles llevando la mirada de izquierda a derecha para observar cada edificio y local de venta. Y tras un corto recorrido, no quería perder tiempo, tomo el camino para llegar al lado oeste. Aunque tardó un poco más de la cuenta, las calles de Sendoshi no eran cosas fáciles para él, pudo llegar a la salida que buscaba.<br />
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Nishinoya no tendría que esperar más la llegada del monje calvo, porque más trotando que corriendo, llegó con velocidad a las puertas de los edificios reinantes de Amegakure. Entró al edificio de la izquierda, tan vacío como el exterior, y buscó con lalve en mano los números de las habitaciones para encontrar la suya. Más pronto que tarde estaría mirando el techo recostado en la cama descansando los pies de un largo viaje. Los carteles eran claros y las habitaciones de hombres y mujeres estaban separados, y Karamaru no quería meterse en problemas por espiar donde no se debe. <br />
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De momento.]]></content:encoded>
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