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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Hokutōmori]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Sat, 13 Jun 2026 12:15:33 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Momento de paz]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-momento-de-paz</link>
			<pubDate>Mon, 26 Apr 2021 22:12:10 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1144">Nara Jun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-momento-de-paz</guid>
			<description><![CDATA[Después de unos cuantos días, su viaje en el Valle de los Dojos iba llegando a su fin. Tuvo unos primeros momentos algo extraños y movidos, aunque podrían ser graciosos contados en un futuro, y unos días más tranquilos, donde pudo conocer un poco más el sitio al que iba y despejarse un poco de todo. Todo esto la ayudó bastante mentalmente, no solo por la tranquilidad que ofrecía por momentos el Valle, sino que el hecho de conocer otro lugar, sola y con sus propios ojo. Esto lo transformaba en una experiencia nueva y diferente a lo que ella estaba acostumbrada.<br />
<br />
El último destino que tenía en mente para visitar era Hokutōmori, un lugar sagrado que tenía fama por ser un lugar donde no se podía combatir, con unas penas bastante estrictas para las personas que desacataban estas reglas. Por lo menos por esto, ya era un lugar bastante único, además de hacer especial contraste con el Valle, donde se entrena y combate bastante.<br />
<br />
La Nara siguió el sendero, adentrándose lentamente al bosque, dirigiéndose a cada uno de los templos. No era especialmente creyente y tampoco era una practicante de la meditación. Pero, sin duda, era un lugar que tenía que visitar sin falta. Es más, se cruzó algunas personas que también iban a esta dirección, yendo a contemplar los dichosos templos. Al parecer era un lugar bastante interesante para avistar.<br />
<br />
La primera zona que decidió ir, fue a la de los templos sintoístas. A pesar de no ser muy creyente ni practicante de las religiones, esta en particular le llamaba bastante la atención. Se quedo mirando por fuera uno de estos templos, apreciando, no solo la estética del lugar, si no las personas las cuales iban ingresando a rendir culto a dicha religión. Todo era un ambiente bastante tranquilo.<br />
<br />
<span style="color: GoldenRod;" class="mycode_color">«Hay mucha paz aquí. Demasiada quizás.»</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Después de unos cuantos días, su viaje en el Valle de los Dojos iba llegando a su fin. Tuvo unos primeros momentos algo extraños y movidos, aunque podrían ser graciosos contados en un futuro, y unos días más tranquilos, donde pudo conocer un poco más el sitio al que iba y despejarse un poco de todo. Todo esto la ayudó bastante mentalmente, no solo por la tranquilidad que ofrecía por momentos el Valle, sino que el hecho de conocer otro lugar, sola y con sus propios ojo. Esto lo transformaba en una experiencia nueva y diferente a lo que ella estaba acostumbrada.<br />
<br />
El último destino que tenía en mente para visitar era Hokutōmori, un lugar sagrado que tenía fama por ser un lugar donde no se podía combatir, con unas penas bastante estrictas para las personas que desacataban estas reglas. Por lo menos por esto, ya era un lugar bastante único, además de hacer especial contraste con el Valle, donde se entrena y combate bastante.<br />
<br />
La Nara siguió el sendero, adentrándose lentamente al bosque, dirigiéndose a cada uno de los templos. No era especialmente creyente y tampoco era una practicante de la meditación. Pero, sin duda, era un lugar que tenía que visitar sin falta. Es más, se cruzó algunas personas que también iban a esta dirección, yendo a contemplar los dichosos templos. Al parecer era un lugar bastante interesante para avistar.<br />
<br />
La primera zona que decidió ir, fue a la de los templos sintoístas. A pesar de no ser muy creyente ni practicante de las religiones, esta en particular le llamaba bastante la atención. Se quedo mirando por fuera uno de estos templos, apreciando, no solo la estética del lugar, si no las personas las cuales iban ingresando a rendir culto a dicha religión. Todo era un ambiente bastante tranquilo.<br />
<br />
<span style="color: GoldenRod;" class="mycode_color">«Hay mucha paz aquí. Demasiada quizás.»</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La calma después de la tormenta]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-calma-despues-de-la-tormenta</link>
			<pubDate>Thu, 11 Jun 2020 00:32:40 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=955">Tsukisame Takumi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-calma-despues-de-la-tormenta</guid>
			<description><![CDATA[Habían pasado ya unos días desde los últimos combates, por fin Takumi pudo demostrar algo en aquel ring. Se preguntaba qué tal se habría recuperado su rival, aquella chica de Amegakure, pero tampoco encontró valor como para presentarse a preguntar. Al fin y al cabo le había hecho muchas perrerías en el combate y, aunque ella no parecía enfadada con el marionetista al término del combate, no se fiaba de la reacción de sus superiores o familiares. También le preocupaba, mucho más, su próximo combate. Como tal ya había acabado pero había una ronda extra, una especie de ronda entre divisiones en la cual a él le tocaba enfrentarse contra una jōnin de la Lluvia. <span style="color: burlywood; font-style: italic;">«Eso va a ser un desastre...»</span> El de gafas esperaba que su siguiente contrincante no buscara venganza por su victoria frente a la espadachina, porque entonces podía ser mucho más humillante de lo que iba a ser ya de por sí.<br />
<br />
Mientras estos pensamientos le rondaban la cabeza estaba dando un paseo por Hokutōmori, en uno de sus paseos por Sendōshi encontró un panfleto turístico que hablaba de los templos que se encontraban ahí dentro y no podía perder la oportunidad de visitarlos antes de que el Torneo acabase. Los bosques le fascinaban, acostumbrado las dunas del desierto y a la escasa vegetación de su tierra natal. Encima aquel bosque en especial tenía un ambiente mágico que no conseguía explicar, la paz y tranquilidad transmitida era algo inexplicable casi.<br />
<br />
Se detuvo a contemplar el templo sintoísta, la arquitectura era preciosa y se notaba como una verdadera casa de dioses; las estatuas de los kamis y diversas deidades se presentaban con fuerza y había gente realizando sus plegarias. Se sentó a un lado del camino que daba entrada al templo y sacó un lápiz y un pequeño cuaderno. Y comenzó entonces a hacer dibujos, principalmente de las estatuas de los dioses ya que toda idea es buena para una futura marioneta.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Habían pasado ya unos días desde los últimos combates, por fin Takumi pudo demostrar algo en aquel ring. Se preguntaba qué tal se habría recuperado su rival, aquella chica de Amegakure, pero tampoco encontró valor como para presentarse a preguntar. Al fin y al cabo le había hecho muchas perrerías en el combate y, aunque ella no parecía enfadada con el marionetista al término del combate, no se fiaba de la reacción de sus superiores o familiares. También le preocupaba, mucho más, su próximo combate. Como tal ya había acabado pero había una ronda extra, una especie de ronda entre divisiones en la cual a él le tocaba enfrentarse contra una jōnin de la Lluvia. <span style="color: burlywood; font-style: italic;">«Eso va a ser un desastre...»</span> El de gafas esperaba que su siguiente contrincante no buscara venganza por su victoria frente a la espadachina, porque entonces podía ser mucho más humillante de lo que iba a ser ya de por sí.<br />
<br />
Mientras estos pensamientos le rondaban la cabeza estaba dando un paseo por Hokutōmori, en uno de sus paseos por Sendōshi encontró un panfleto turístico que hablaba de los templos que se encontraban ahí dentro y no podía perder la oportunidad de visitarlos antes de que el Torneo acabase. Los bosques le fascinaban, acostumbrado las dunas del desierto y a la escasa vegetación de su tierra natal. Encima aquel bosque en especial tenía un ambiente mágico que no conseguía explicar, la paz y tranquilidad transmitida era algo inexplicable casi.<br />
<br />
Se detuvo a contemplar el templo sintoísta, la arquitectura era preciosa y se notaba como una verdadera casa de dioses; las estatuas de los kamis y diversas deidades se presentaban con fuerza y había gente realizando sus plegarias. Se sentó a un lado del camino que daba entrada al templo y sacó un lápiz y un pequeño cuaderno. Y comenzó entonces a hacer dibujos, principalmente de las estatuas de los dioses ya que toda idea es buena para una futura marioneta.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Déjà vu]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-dej%C3%A0-vu--7088</link>
			<pubDate>Tue, 02 Jun 2020 19:12:41 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=139">Uzumaki Eri</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-dej%C3%A0-vu--7088</guid>
			<description><![CDATA[Eri se estiraba de camino a Hokutōmori. No había estado nunca allí, así que al final la curiosidad la había matado por completo, instándola a visitar aquel pacífico bosque donde estaba terminantemente prohibido tener algún conflicto. En las rondas anteriores había estado tan ocupada entrenando que, ahora, viendo que no iba a celebrar un último combate puesto que Yota había sido expulsado del torneo, no tenía tantas ganas de entrenar como antes, así que aprovechaba algo de su tiempo para hacer turismo por los lugares que escondía el complejo de los Dojos donde se hospedaba.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">A ver qué secretos escondes</span> —murmuró, adentrándose al lugar. Llevaba un vestido veraniego, en contraste con sus normales prendas que solía llevar. Su bandana residía medio caída en lo alto de su cabeza, y sus sandalias ninjas pisaban la hierba que se extendía bajo sus pies.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Eri se estiraba de camino a Hokutōmori. No había estado nunca allí, así que al final la curiosidad la había matado por completo, instándola a visitar aquel pacífico bosque donde estaba terminantemente prohibido tener algún conflicto. En las rondas anteriores había estado tan ocupada entrenando que, ahora, viendo que no iba a celebrar un último combate puesto que Yota había sido expulsado del torneo, no tenía tantas ganas de entrenar como antes, así que aprovechaba algo de su tiempo para hacer turismo por los lugares que escondía el complejo de los Dojos donde se hospedaba.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">A ver qué secretos escondes</span> —murmuró, adentrándose al lugar. Llevaba un vestido veraniego, en contraste con sus normales prendas que solía llevar. Su bandana residía medio caída en lo alto de su cabeza, y sus sandalias ninjas pisaban la hierba que se extendía bajo sus pies.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Almas rotas]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-almas-rotas</link>
			<pubDate>Thu, 23 Apr 2020 14:22:37 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-almas-rotas</guid>
			<description><![CDATA[Un grupo de dojos cercado por un pequeño bosque y cañas de bambú alzándose desde el suelo comenzó a dibujarse en la distancia. Ayame se enjugó las lágrimas con el antebrazo y volvió a agitar las alas, desviándose hacia el este cuando se dio cuenta de que había ido demasiado hacia el norte y que se estaba acercando demasiado a la zona de Kitanoya, hogar de residencia de los Kusajines. Lo último que necesitaba en aquellos momentos era un encontronazo con alguno de ellos. Había estado volando sin descanso desde que había abandonado la taberna de los nikudango, sin un rumbo fijo ni sin saber muy bien adónde ir. Había sobrevolado las azoteas de Sendōshi en círculos, buscando alejarse de todo y de todos y encontrar un lugar donde no pudieran encontrarla. Encerrarse en su habitación en Nishinoya no era una opción,  pues sería uno de los primeros lugares donde la buscarían. Paz, tranquilidad y soledad era lo que necesitaba, y respondiendo a su deseo su cuerpo la llevó hacia el noreste, a las lindes del sagrado bosque de Hokutōmori.<br />
<br />
Resollando con dificultad, Ayame se posó justo frente al gran torii que hacía de entrada y volvió a limpiarse las lágrimas de sus ojos hinchados y enrojecidos. Se adentró en completo silencio en el bosque, y dejó que los árboles la recibieran en su abrazo y que los cantos de los pájaros la envolvieran. Respiró hondo, con los ojos cerrados y aquel dolor punzante latiendo en su pecho. Y entonces, en la soledad del bosque y sin más testigos que los árboles que la rodeaban, rompió a llorar sin remedio.<br />
<br />
¿Qué estaba pasando? ¿Por qué todo salía mal últimamente? ¿Qué había hecho ella para merecer todo aquello? Un golpe tras otro, un golpe tras otro... Ayame siempre había intentado levantarse después de cada uno de ellos, pero había llegado a su límite. Ya no lo soportaba más. Su vaso había sido desbordado, y ella ya no podía contener todas aquellas lágrimas que se había estado guardando. Temblando, apoyó la espalda en un tronco y se dejó caer en el suelo, donde se abrazó las rodillas con fuerza.<br />
<br />
Ojalá pudiera quedarse allí para siempre, donde nadie la molestara. Era en aquellos momentos cuando entendía el gusto de Kokuō por la soledad y por la quietud de los bosques.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Un grupo de dojos cercado por un pequeño bosque y cañas de bambú alzándose desde el suelo comenzó a dibujarse en la distancia. Ayame se enjugó las lágrimas con el antebrazo y volvió a agitar las alas, desviándose hacia el este cuando se dio cuenta de que había ido demasiado hacia el norte y que se estaba acercando demasiado a la zona de Kitanoya, hogar de residencia de los Kusajines. Lo último que necesitaba en aquellos momentos era un encontronazo con alguno de ellos. Había estado volando sin descanso desde que había abandonado la taberna de los nikudango, sin un rumbo fijo ni sin saber muy bien adónde ir. Había sobrevolado las azoteas de Sendōshi en círculos, buscando alejarse de todo y de todos y encontrar un lugar donde no pudieran encontrarla. Encerrarse en su habitación en Nishinoya no era una opción,  pues sería uno de los primeros lugares donde la buscarían. Paz, tranquilidad y soledad era lo que necesitaba, y respondiendo a su deseo su cuerpo la llevó hacia el noreste, a las lindes del sagrado bosque de Hokutōmori.<br />
<br />
Resollando con dificultad, Ayame se posó justo frente al gran torii que hacía de entrada y volvió a limpiarse las lágrimas de sus ojos hinchados y enrojecidos. Se adentró en completo silencio en el bosque, y dejó que los árboles la recibieran en su abrazo y que los cantos de los pájaros la envolvieran. Respiró hondo, con los ojos cerrados y aquel dolor punzante latiendo en su pecho. Y entonces, en la soledad del bosque y sin más testigos que los árboles que la rodeaban, rompió a llorar sin remedio.<br />
<br />
¿Qué estaba pasando? ¿Por qué todo salía mal últimamente? ¿Qué había hecho ella para merecer todo aquello? Un golpe tras otro, un golpe tras otro... Ayame siempre había intentado levantarse después de cada uno de ellos, pero había llegado a su límite. Ya no lo soportaba más. Su vaso había sido desbordado, y ella ya no podía contener todas aquellas lágrimas que se había estado guardando. Temblando, apoyó la espalda en un tronco y se dejó caer en el suelo, donde se abrazó las rodillas con fuerza.<br />
<br />
Ojalá pudiera quedarse allí para siempre, donde nadie la molestara. Era en aquellos momentos cuando entendía el gusto de Kokuō por la soledad y por la quietud de los bosques.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Los cimientos se tambalean]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-los-cimientos-se-tambalean</link>
			<pubDate>Sat, 25 Jan 2020 21:09:04 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=688">Sarutobi Hanabi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-los-cimientos-se-tambalean</guid>
			<description><![CDATA[Había pasado un año, exactamente un año, desde lo que algunos habían bautizado como la <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Reunión de los Tres Grandes</span>. Aquel día había hecho sol. Aquel día había hecho calor. Y todo había acabado bien. En el día de hoy, en cambio, hacía frío, mucho frío. De ese que traspasaba la piel y atravesaba los huesos. De ese que producía una nube de vaho cada vez que se expulsaba el aire por la boca. De ese que se colaba entre las ropas a través de la lluvia. ¿Era aquella una señal? Prefería no pensar en ello. <br />
<br />
Hanabi caminaba con sus habituales acompañantes. Katsudon, a su derecha; Kuza, a su izquierda. Todo parecía igual, y todo era distinto al mismo tiempo. Kurama, los bijūs, tantas cosas que había preconcebido. Que había dado por ciertas, sin siquiera planteárselas. Y Reiji había llegado un buen día para tumbárselas de un sopapo. <br />
<br />
¿Les pasaría lo mismo a Yui y Kintsugi, cuando se lo contase? Algo le decía que si no era así, la Oonindo que conocían estaría en más peligro que nunca. <br />
<br />
—<span style="color: coral;" class="mycode_color">Todo irá bien, Hanabi-kun.</span> <br />
<br />
Hanabi miró a Katsudon y esbozó una sonrisa relajada que estaba lejos de poseer. <br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Lo sé, Don. Lo sé.</span> —Quería creer que lo sabía, al menos. <br />
<br />
Se dieron cuenta que eran los primeros en el templo sin Dios, y Hanabi fue a ocupar asiento en el mismo lugar que la anterior vez. Oh, bueno, quizá no fuese exactamente el mismo asiento, por eso de que lo había roto en un descuido, pero sin duda una sustitución idéntica. Miró el sillón de piedra en el que había estado sentado Moyashi Kenzou un año atrás y, entonces, se dio cuenta… <br />
<br />
… se dio cuenta que, definitivamente, nada sería ya igual.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Había pasado un año, exactamente un año, desde lo que algunos habían bautizado como la <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Reunión de los Tres Grandes</span>. Aquel día había hecho sol. Aquel día había hecho calor. Y todo había acabado bien. En el día de hoy, en cambio, hacía frío, mucho frío. De ese que traspasaba la piel y atravesaba los huesos. De ese que producía una nube de vaho cada vez que se expulsaba el aire por la boca. De ese que se colaba entre las ropas a través de la lluvia. ¿Era aquella una señal? Prefería no pensar en ello. <br />
<br />
Hanabi caminaba con sus habituales acompañantes. Katsudon, a su derecha; Kuza, a su izquierda. Todo parecía igual, y todo era distinto al mismo tiempo. Kurama, los bijūs, tantas cosas que había preconcebido. Que había dado por ciertas, sin siquiera planteárselas. Y Reiji había llegado un buen día para tumbárselas de un sopapo. <br />
<br />
¿Les pasaría lo mismo a Yui y Kintsugi, cuando se lo contase? Algo le decía que si no era así, la Oonindo que conocían estaría en más peligro que nunca. <br />
<br />
—<span style="color: coral;" class="mycode_color">Todo irá bien, Hanabi-kun.</span> <br />
<br />
Hanabi miró a Katsudon y esbozó una sonrisa relajada que estaba lejos de poseer. <br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Lo sé, Don. Lo sé.</span> —Quería creer que lo sabía, al menos. <br />
<br />
Se dieron cuenta que eran los primeros en el templo sin Dios, y Hanabi fue a ocupar asiento en el mismo lugar que la anterior vez. Oh, bueno, quizá no fuese exactamente el mismo asiento, por eso de que lo había roto en un descuido, pero sin duda una sustitución idéntica. Miró el sillón de piedra en el que había estado sentado Moyashi Kenzou un año atrás y, entonces, se dio cuenta… <br />
<br />
… se dio cuenta que, definitivamente, nada sería ya igual.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La Reunión de los Tres VERDADEROS Grandes]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-reunion-de-los-tres-verdaderos-grandes</link>
			<pubDate>Sun, 06 Oct 2019 15:01:42 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=2">Amedama Daruu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-reunion-de-los-tres-verdaderos-grandes</guid>
			<description><![CDATA[Daruu avanzaba por las colinas del Valle de los Dojos ataviado con un yukata negro simple, atado con un cinturón tradicional verde. Con los ojos vendados, se conformaba con sentir la brisa y el rozar de la hierba en sus sandalias de paja. Caminaba lentamente con la ayuda de Ayame, a cuyo brazo estaba agarrado firmemente.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Ya estamos en el Valle, ¿verdad?</span> —sonrió Daruu—. <span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Menos mal que al final todo ha ido bien.</span><br />
<br />
La operación fue todo un éxito, aunque según palabras del propio Zetsuo, la recuperación esta vez sería algo más dura. No era para tanto, claro, pero a Daruu le habían dicho que tenía que estar al menos una semana con los ojos vendados. Una y media sería lo ideal. Habían tenido que hacer todo el viaje con él siendo un lastre importante. Pero no pasaba nada, porque estaban contentos.<br />
<br />
Contentos, porque habían disfrutado de una semana tranquila y en paz. Habían tenido un largo y tendido tiempo para hablar sobre todo, aunque él y su madre todavía tenían algo pendiente. Habían convenido hacerlo cuando el chico recuperase la vista.<br />
<br />
Contentos, también, porque al final lo de Datsue había sido una falsa alarma. El Uchiha no había querido dar detalles, y ellos tenían todo lo sucedido en Shinogi-To demasiado reciente, así que habían quedado en decírselo ya en la reunión que habían planificado en el Valle. ¿El punto de reunión? Hokutomori.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Daruu avanzaba por las colinas del Valle de los Dojos ataviado con un yukata negro simple, atado con un cinturón tradicional verde. Con los ojos vendados, se conformaba con sentir la brisa y el rozar de la hierba en sus sandalias de paja. Caminaba lentamente con la ayuda de Ayame, a cuyo brazo estaba agarrado firmemente.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Ya estamos en el Valle, ¿verdad?</span> —sonrió Daruu—. <span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Menos mal que al final todo ha ido bien.</span><br />
<br />
La operación fue todo un éxito, aunque según palabras del propio Zetsuo, la recuperación esta vez sería algo más dura. No era para tanto, claro, pero a Daruu le habían dicho que tenía que estar al menos una semana con los ojos vendados. Una y media sería lo ideal. Habían tenido que hacer todo el viaje con él siendo un lastre importante. Pero no pasaba nada, porque estaban contentos.<br />
<br />
Contentos, porque habían disfrutado de una semana tranquila y en paz. Habían tenido un largo y tendido tiempo para hablar sobre todo, aunque él y su madre todavía tenían algo pendiente. Habían convenido hacerlo cuando el chico recuperase la vista.<br />
<br />
Contentos, también, porque al final lo de Datsue había sido una falsa alarma. El Uchiha no había querido dar detalles, y ellos tenían todo lo sucedido en Shinogi-To demasiado reciente, así que habían quedado en decírselo ya en la reunión que habían planificado en el Valle. ¿El punto de reunión? Hokutomori.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Cerrar la puerta y tirar la llave]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-cerrar-la-puerta-y-tirar-la-llave</link>
			<pubDate>Tue, 29 Jan 2019 21:45:55 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1">Sama-sama</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-cerrar-la-puerta-y-tirar-la-llave</guid>
			<description><![CDATA[La comitiva de Amegakure entró el el Valle de los Dojos de nuevo. Tan sólo eran un puñado de amejin; eran los suficientes amejin, sin embargo: dos de sus ANBU, Hōzuki Shanise y la triste protagonista de una historia de amargura: Aotsuki Ayame. O más bien, lo que quedaba de ella. Pelo blanco como una nube, el cuerpo de la chica había cambiado mucho desde que el Gobi hubiera tomado posesión de su frágil cuerpo.<br />
<br />
La llevaban en un carro. Esposada. Con un sello en el estómago que impedía que despertara. Cualquier precaución era poca para con un bijuu. Además, quién sabe si alguno de esos dichosos Generales de Kurama pudo haberse enterado de que iban a volver a revertir la técnica de sellado: sin duda las medidas, aunque algo crueles, estaban totalmente justificadas.<br />
<br />
Shanise no podía evitar pensar en por qué demonios Amedama Daruu se había empeñado en visitar tanto a Ayame incluso en aquellas circunstancias. Le habían prohibido acompañarles, no sólo porque tendría que encontrarse con varios uzujin cara a cara, y Shanise no estaba dispuesta a que la recién estrenada Alianza se fuese al garete de perder el control el chico; Yui sospechaba, en su paranoia habitual —aunque quizás tuviera razón en aquello— que Daruu podía tener algún tipo de complicidad con el bijuu, o que más bien éste había conseguido manipular su mente, de alguna extraña forma.<br />
<br />
Bajaron a Ayame del carro y la cargaron al hombro entre ella y uno de los ANBU a través del frondoso Hokutōmori. Esta vez, los de Uzushio habían sido los primeros. Shanise comprobó que la mesa ya había sido arreglada. Sonrió. No supo cómo Yui y Hanabi habían convencido al Jūchin para volverles a dejar entrar allí.<br />
<br />
Dejaron a Ayame en el banco de piedra, boca abajo. Aquella ropa de prisionera dejaba su sello al aire.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Habéis tardado más de lo acordado</span> —protestó uno de los tres Uzumaki que Uzushiogakure envió: un anciano encorvado cuyo cabello, al contrario que el de los otros dos, ya había perdido el carmesí característico de los miembros del clan. Lucía un mostacho poblado que le cubría prácticamente toda la boca. Casi no se notaba que estaba hablando—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">. ¿Sabes lo que estas viejas piernas tienen que aguantar cada vez que tengo que esperar de pie?</span><br />
<br />
—<span style="color: violet;" class="mycode_color">Anda, Ryūjo, deja de quejarte.</span> —Habló una de los otros dos, una Uzumaki visiblemente mayor, pero también visiblemente vivaz—<span style="color: violer;" class="mycode_color">. No es para tanto.</span><br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Lo siento, lo siento, señores</span> —se excusó Shanise rápidamente—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">. Teníamos que extremar las precauciones, además... ella no puede caminar.</span><br />
<br />
—<span style="color: indianred;" class="mycode_color">De hecho, más vale que no lo haga. Quiero vivir todavía al menos cien años más...</span> —El último. Un enjuto pelirrojo con los ojos negros. Señaló a la mesa—<span style="color: indianred;" class="mycode_color">. Tendrán que sujetarla bien. Tiene que estar despierta para que funcione.</span><br />
<br />
Shanise arrugó el morro, dubitativa. Finalmente, hizo aparecer cinco llamas de color azul en sus dedos, y deshizo la técnica de sellado de la tripa de Ayame dándole la vuelta. Antes de que el Gobi recobrase la consciencia, la acostaron del lado correcto de nuevo. Ella tomó sus brazos y los ANBU de las piernas.<br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Háganlo ya. Que sea rápido.</span><br />
<br />
Los Uzumaki se acuclillaron frente a Kokuo, dibujaron unos intrincados sellos alrededor de ella y formularon un sello.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡¡Kai!!</span><br />
—<span style="color: violet;" class="mycode_color">¡¡Kai!!</span><br />
—<span style="color: indianred;" class="mycode_color">¡¡Kai!!</span><br />
<br />
Sería doloroso, sin duda. Pero todo era por Ayame.<br />
<br />
Para traerla de vuelta, debían meter de nuevo al monstruo en su jaula. Cerrar la puerta. Y tirar la llave.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Narrador" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Daruu Sama-sameando, hueco de rol.</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La comitiva de Amegakure entró el el Valle de los Dojos de nuevo. Tan sólo eran un puñado de amejin; eran los suficientes amejin, sin embargo: dos de sus ANBU, Hōzuki Shanise y la triste protagonista de una historia de amargura: Aotsuki Ayame. O más bien, lo que quedaba de ella. Pelo blanco como una nube, el cuerpo de la chica había cambiado mucho desde que el Gobi hubiera tomado posesión de su frágil cuerpo.<br />
<br />
La llevaban en un carro. Esposada. Con un sello en el estómago que impedía que despertara. Cualquier precaución era poca para con un bijuu. Además, quién sabe si alguno de esos dichosos Generales de Kurama pudo haberse enterado de que iban a volver a revertir la técnica de sellado: sin duda las medidas, aunque algo crueles, estaban totalmente justificadas.<br />
<br />
Shanise no podía evitar pensar en por qué demonios Amedama Daruu se había empeñado en visitar tanto a Ayame incluso en aquellas circunstancias. Le habían prohibido acompañarles, no sólo porque tendría que encontrarse con varios uzujin cara a cara, y Shanise no estaba dispuesta a que la recién estrenada Alianza se fuese al garete de perder el control el chico; Yui sospechaba, en su paranoia habitual —aunque quizás tuviera razón en aquello— que Daruu podía tener algún tipo de complicidad con el bijuu, o que más bien éste había conseguido manipular su mente, de alguna extraña forma.<br />
<br />
Bajaron a Ayame del carro y la cargaron al hombro entre ella y uno de los ANBU a través del frondoso Hokutōmori. Esta vez, los de Uzushio habían sido los primeros. Shanise comprobó que la mesa ya había sido arreglada. Sonrió. No supo cómo Yui y Hanabi habían convencido al Jūchin para volverles a dejar entrar allí.<br />
<br />
Dejaron a Ayame en el banco de piedra, boca abajo. Aquella ropa de prisionera dejaba su sello al aire.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Habéis tardado más de lo acordado</span> —protestó uno de los tres Uzumaki que Uzushiogakure envió: un anciano encorvado cuyo cabello, al contrario que el de los otros dos, ya había perdido el carmesí característico de los miembros del clan. Lucía un mostacho poblado que le cubría prácticamente toda la boca. Casi no se notaba que estaba hablando—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">. ¿Sabes lo que estas viejas piernas tienen que aguantar cada vez que tengo que esperar de pie?</span><br />
<br />
—<span style="color: violet;" class="mycode_color">Anda, Ryūjo, deja de quejarte.</span> —Habló una de los otros dos, una Uzumaki visiblemente mayor, pero también visiblemente vivaz—<span style="color: violer;" class="mycode_color">. No es para tanto.</span><br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Lo siento, lo siento, señores</span> —se excusó Shanise rápidamente—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">. Teníamos que extremar las precauciones, además... ella no puede caminar.</span><br />
<br />
—<span style="color: indianred;" class="mycode_color">De hecho, más vale que no lo haga. Quiero vivir todavía al menos cien años más...</span> —El último. Un enjuto pelirrojo con los ojos negros. Señaló a la mesa—<span style="color: indianred;" class="mycode_color">. Tendrán que sujetarla bien. Tiene que estar despierta para que funcione.</span><br />
<br />
Shanise arrugó el morro, dubitativa. Finalmente, hizo aparecer cinco llamas de color azul en sus dedos, y deshizo la técnica de sellado de la tripa de Ayame dándole la vuelta. Antes de que el Gobi recobrase la consciencia, la acostaron del lado correcto de nuevo. Ella tomó sus brazos y los ANBU de las piernas.<br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Háganlo ya. Que sea rápido.</span><br />
<br />
Los Uzumaki se acuclillaron frente a Kokuo, dibujaron unos intrincados sellos alrededor de ella y formularon un sello.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡¡Kai!!</span><br />
—<span style="color: violet;" class="mycode_color">¡¡Kai!!</span><br />
—<span style="color: indianred;" class="mycode_color">¡¡Kai!!</span><br />
<br />
Sería doloroso, sin duda. Pero todo era por Ayame.<br />
<br />
Para traerla de vuelta, debían meter de nuevo al monstruo en su jaula. Cerrar la puerta. Y tirar la llave.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Narrador" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Daruu Sama-sameando, hueco de rol.</div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La reunión de los Tres Grandes]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-reunion-de-los-tres-grandes</link>
			<pubDate>Mon, 14 Jan 2019 19:52:23 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=597">Amekoro Yui</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-reunion-de-los-tres-grandes</guid>
			<description><![CDATA[Hacía demasiado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">calor</span>. Hacía demasiado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">sol</span>. No había suficiente <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">lluvia</span>. ¿Dónde estaban los <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">truenos</span> y los <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">relámpagos</span>?<br />
<br />
Amekoro Yui podía buscar mil y una excusas para su animadversión a aquél encuentro, pero la verdad era, sencillamente, que no le apetecía nada encontrarse cara a cara con ese mocoso imberbe de Sarutobi Hanabi.<br />
<br />
Por supuesto, la situación así lo requería. Y mucho se temía, pese a que intentase discutirle, que Shanise tenía razón: probablemente tendrían que hacer alguna concesión. Porque a pesar de sus indudables esfuerzos, el equipo de especialistas en Fuuinjutsu de Amegakure no había conseguido hallar la forma de revertir de nuevo el sello de su jinchuuriki, Aotsuki Ayame. Sólo había un grupo de personas en el mundo capaz de lograr tal hazaña, y fíjate tú qué puta casualidad que tenían que estar en Uzushiogakure.<br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Yuyu, por favor, tranquilízate y recuerda que tenemos que mostrar nuestra mejor cara para que las negociaciones vayan sobre...</span><br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">¡Que no... me llames... así... <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">aquí</span>!</span> —Yui extendió los brazos, como subrayando el entorno. El sagrado bosque de Hokutōmori, en el Valle de los Dojos.<br />
<br />
Habían acordado aquél lugar como precaución. No era el mejor momento para las Tres Grandes Aldeas Ninja. Había tensiones con dos miembros de la tríada, y ahora, al menos Uzushiogakure, sabía que el tercero había sellado un jinchuuriki a espaldas del Pacto, en un tiempo en el que aún estaba vigente. El Valle de los Dojos era el mejor lugar, pero Hokutōmori ya era colocar un muro de protección adicional: el lugar había sido testigo de múltiples acuerdos internacionales debido a que en él estaba estrictamente prohibido combatir, bajo la Ley del Juuchin. Que el Juuchin y sus ejércitos pudieran hacerles frente a los tres si decidían quebrantar la norma era otra cuestión, pero oye, mejor esto que nada.<br />
<br />
Shanise, desde luego, agradecía el escenario de las negociaciones.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Y además</span> —añadió Yui—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">, ¡no delante de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">ese</span>!</span> —Señaló a un enjuto ANBU de pelo castaño que les acompañaba. El hombrecillo dio un salto hacia atrás al verse acorralado frente al índice de la Arashigake, se encogió sobre sí mismo y comenzó a temblar como un flan.<br />
<br />
—<span style="color: limegreen;" class="mycode_color">Y-y-y-y-y-y-y-yo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">noheoídonadaYui-sama</span></span> —declaró el señalado.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Más te vale!</span></span> —contestó Yui, como si el pobre muchacho tuviera la culpa de tener orejas.<br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Yuy... Yui-sama. Supongo que tengo permiso para negociar en su nombre si...</span> —intervino Shanise de nuevo.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Mis órdenes al respecto de este tipo de reuniones se mantienen intactas.</span><br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Entendido, Yui-sama.</span><br />
<br />
El camino dio paso a un sobrio pero pulcro templo sin Dios, reservado para aquellos que buscan la meditación, o para ocasiones como aquellas. Estaba vacío.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Psché. Los primeros. Luego que si somos los maleducados. Me cago en la puta...</span><br />
<br />
Lo cierto es que Yui había llegado antes que los demás por voluntad propia manifestada, ante el dilema de no querer ni que se produjera la reunión y a la vez necesitarlo, pero desear que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">el puto paripé acabe lo antes posible</span>. Pero ni Shanise ni el pobre ANBU que las acompañaba a ambas quisieron meter la puyita. Normalmente, cuando uno metía una puyita a Yui, arriesgaba el pellejo.<br />
<br />
Yui tomó asiento, y los otros dos, diligentes, mantuvieron guardia a su lado.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Participantes: <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Yui</span></span>, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: crimson;" class="mycode_color">Hanabi</span></span> y <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: seagreen;" class="mycode_color">Kenzou</span></span>.<br />
<br />
Turnos: en orden de llegada.<br />
<br />
Narradores: <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Ayame</span></span>, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Datsue</span></span> y <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Daruu</span></span>. Cada uno sabe a quien tiene que manejar.<br />
<br />
Veamos qué sale de esto.</div></div></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Hacía demasiado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">calor</span>. Hacía demasiado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">sol</span>. No había suficiente <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">lluvia</span>. ¿Dónde estaban los <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">truenos</span> y los <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">relámpagos</span>?<br />
<br />
Amekoro Yui podía buscar mil y una excusas para su animadversión a aquél encuentro, pero la verdad era, sencillamente, que no le apetecía nada encontrarse cara a cara con ese mocoso imberbe de Sarutobi Hanabi.<br />
<br />
Por supuesto, la situación así lo requería. Y mucho se temía, pese a que intentase discutirle, que Shanise tenía razón: probablemente tendrían que hacer alguna concesión. Porque a pesar de sus indudables esfuerzos, el equipo de especialistas en Fuuinjutsu de Amegakure no había conseguido hallar la forma de revertir de nuevo el sello de su jinchuuriki, Aotsuki Ayame. Sólo había un grupo de personas en el mundo capaz de lograr tal hazaña, y fíjate tú qué puta casualidad que tenían que estar en Uzushiogakure.<br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Yuyu, por favor, tranquilízate y recuerda que tenemos que mostrar nuestra mejor cara para que las negociaciones vayan sobre...</span><br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">¡Que no... me llames... así... <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">aquí</span>!</span> —Yui extendió los brazos, como subrayando el entorno. El sagrado bosque de Hokutōmori, en el Valle de los Dojos.<br />
<br />
Habían acordado aquél lugar como precaución. No era el mejor momento para las Tres Grandes Aldeas Ninja. Había tensiones con dos miembros de la tríada, y ahora, al menos Uzushiogakure, sabía que el tercero había sellado un jinchuuriki a espaldas del Pacto, en un tiempo en el que aún estaba vigente. El Valle de los Dojos era el mejor lugar, pero Hokutōmori ya era colocar un muro de protección adicional: el lugar había sido testigo de múltiples acuerdos internacionales debido a que en él estaba estrictamente prohibido combatir, bajo la Ley del Juuchin. Que el Juuchin y sus ejércitos pudieran hacerles frente a los tres si decidían quebrantar la norma era otra cuestión, pero oye, mejor esto que nada.<br />
<br />
Shanise, desde luego, agradecía el escenario de las negociaciones.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Y además</span> —añadió Yui—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">, ¡no delante de <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">ese</span>!</span> —Señaló a un enjuto ANBU de pelo castaño que les acompañaba. El hombrecillo dio un salto hacia atrás al verse acorralado frente al índice de la Arashigake, se encogió sobre sí mismo y comenzó a temblar como un flan.<br />
<br />
—<span style="color: limegreen;" class="mycode_color">Y-y-y-y-y-y-y-yo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">noheoídonadaYui-sama</span></span> —declaró el señalado.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Más te vale!</span></span> —contestó Yui, como si el pobre muchacho tuviera la culpa de tener orejas.<br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Yuy... Yui-sama. Supongo que tengo permiso para negociar en su nombre si...</span> —intervino Shanise de nuevo.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Mis órdenes al respecto de este tipo de reuniones se mantienen intactas.</span><br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Entendido, Yui-sama.</span><br />
<br />
El camino dio paso a un sobrio pero pulcro templo sin Dios, reservado para aquellos que buscan la meditación, o para ocasiones como aquellas. Estaba vacío.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Psché. Los primeros. Luego que si somos los maleducados. Me cago en la puta...</span><br />
<br />
Lo cierto es que Yui había llegado antes que los demás por voluntad propia manifestada, ante el dilema de no querer ni que se produjera la reunión y a la vez necesitarlo, pero desear que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">el puto paripé acabe lo antes posible</span>. Pero ni Shanise ni el pobre ANBU que las acompañaba a ambas quisieron meter la puyita. Normalmente, cuando uno metía una puyita a Yui, arriesgaba el pellejo.<br />
<br />
Yui tomó asiento, y los otros dos, diligentes, mantuvieron guardia a su lado.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Participantes: <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Yui</span></span>, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: crimson;" class="mycode_color">Hanabi</span></span> y <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: seagreen;" class="mycode_color">Kenzou</span></span>.<br />
<br />
Turnos: en orden de llegada.<br />
<br />
Narradores: <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Ayame</span></span>, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Datsue</span></span> y <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Daruu</span></span>. Cada uno sabe a quien tiene que manejar.<br />
<br />
Veamos qué sale de esto.</div></div></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] El deber de un shinobi]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-el-deber-de-un-shinobi--3575</link>
			<pubDate>Fri, 11 Aug 2017 11:18:01 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-el-deber-de-un-shinobi--3575</guid>
			<description><![CDATA[El aire fresco de la noche veraniega azotó sus cabellos, de un color tan negro como el cielo nocturno. Pese a que en Hi no Kuni el Verano podía llegar a ser especialmente abrasador —igual que en el País de los Remolinos—, en el Valle de los Dojos corría por las noches una brisa suave y refrescante que hacía muy apetecible el pasear por sus bosques y senderos. Probablemente se debía a que aquel pequeño país dentro de un país estaba rodeado por una cordillera alta y voluminosa que creaba un microclima muy particular. <br />
<br />
Sea como fuere, aquella noche de Ceniza parecía tan buena como otra cualquiera para salir a respirar un poco de aire puro. O, al menos, eso creyó Uchiha Akame. Sin embargo, el gennin no buscaba el fresco de la noche ni la paz del bosque sagrado mientras caminaba por un sendero rodeado de árboles, cuyas copas casi tapaban el cielo y la Luna llena, sino poner algo de orden en sus pensamientos. Hacía varias noches que era incapaz de dormir, atosigado siempre por las mismas pesadillas; una sucesión de imágenes recurrentes que le hostigaban y le impedían descansar. En sus sueños se le aparecían personajes que él conocía, o había conocido, pero todos le evocaban una gran tristeza. No se correspondían con sus recuerdos, sino que más bien eran imágenes atormentadas y lastimeras de lo que alguna vez fueron en vida. <br />
<br />
Uchiha Haskoz, su fiel amigo y compañero, asesinado por a saber quién. Muerto sin honra, sin memoria alguna, sin familiares que le llorasen. Nadie, salvo él y Sakamoto Noemi. La kunoichi que fuese la tercera integrante del equipo, secuestrada, torturada y mutilada por criminales; incapaz de volver a calzarse la bandana de Uzushiogakure. En ese punto los sueños siempre se revolvían, se agitaban como una bestia inquieta, y luego aparecían más difusos otros rostros. El de Takemaro, mercenario a suelo de un bizarro escultor, que nunca volvió a ver a su mujer y a su hija. El de Ishigami Takuya, cuyo asesinato habían sido incapaces de resolver. <br />
<br />
Entonces venía la peor parte. Gritos desgarradores, fuego y humo. Casas ardiendo en llamas tan altas que parecían capaces de llegar a la Luna, una Luna roja de sangre que le llamaba con fuerza cada noche. Un cántico susurrado, casi silencioso, y unos ojos enormes que le observaban en la oscuridad. Finalmente llegaba aquella terrible sensación; la sed. Una sed desesperante, angustiosa, que no se saciaba con agua... Sino con <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">poder</span>. Akame revivía cada noche lo que había experimentado en la cima de aquel faro, en Isla Monotonía, cuando Susano'o le invitó a sentarse junto a él. Se había sentido tan clarividente...<br />
<br />
Sacudió la cabeza. Allí, en el corazón de Hokutōmori, entre tantos dioses, aquellos pensamientos le parecían ridículos. ¿Él, un dios? Había que estar muy loco para pensar semejante cosa. Alzó la vista hacia el cielo estrellado e inspiró hondo, dejando que el aire puro del bosque llenase sus pulmones...<br />
<br />
Ni siquiera los escuchó. Tampoco sintió el primer golpe, fuerte y preciso justo en la nuca, que lo tiró de boca contra el suelo. Empezó a ser consciente instantes después, cuando un brutal puntapié en las costillas le hizo contener la respiración. A su alrededor todo estaba negro; el Uchiha llegó rápidamente a la conclusión de que alguien le atacaba. Trató de revolverse, responder, pero su cuerpo simplemente no reaccionaba. Se preguntó por qué y, conforme su vista se fue aclarando, halló la respuesta. <br />
<br />
Una docena de figuras se habían congregado en torno a él. La oscuridad del bosque no le permitía distinguirlas, pero sí podía sentir todos y cada uno de los brutales golpes que descargaban contra él. Una patada que le saltó varios dientes y le llenó la boca de sangre, espesa y oscura. Un palazo en la espalda que le hizo soltar un grito ahogado de dolor. Luego alguien lo levantó, agarrándole del cuello, y otros muchos puños machacaron su rostro a golpes mientras el Uchiha gemía con un hilo de voz. Cuando lo arrojaron al suelo, Akame pensó que ya se había terminado... Pero nada más lejos de la realidad. Aquellas figuras se ensañaron todavía más, tumbándolo boca arriba, pisándole la cabeza varias veces, rompiéndole los tobillos y las rodillas con barras de hierro. <br />
<br />
En cierto modo, Akame encontraría lo que había ido a buscar a Hokutōmori aquella noche. El brutal linchamiento ocuparía la plana central de sus sueños durante mucho, mucho tiempo después. E incluso entonces, ni él mismo sabría cuantificar cuanto <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">dolor</span> había experimentado en lo que duró la paliza. <br />
<br />
Volvieron a levantarlo, con el rostro tan hinchado y lleno de moratones que nadie le habría reconocido como Uchiha Akame. Más puñetazos, esta vez en el estómago y las costillas. Akame notó como sus huesos se quebraban y le perforaban la piel. Intentó gritar, pero no lo consiguió.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«Más fuerte. Tienes que intentarlo más fuerte.»</span></div>
<br />
Apretó la mandíbula, repleta de dientes rotos o ausentes, y trató de gritar. Pero sus labios hinchados no se despegaron.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«¡Más fuerte!»</span></div>
<br />
Intentó coger aire, pero sus pulmones perforados por varias costillas estaban tan maltrechos que apenas podía respirar.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«¡¡Más fuerte!!»</span></div>
<br />
Aulló de rabia en su fuero interno, gritó de dolor y de tristeza y de agonía. Sus ojos amoratados e inyectados en sangre se volvieron rojos, con dos aspas negras. De su garganta salió un gorjeo asqueroso.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡MÁS FUERTE!</span>»</span></div>
<br />
<span style="font-size: 14px;"><div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡MÁS FUERTE!</span>»</span></div></span><br />
<br />
Entonces gritó. Gritó con una voz gurutal e impropia que no reconocía como suya. Rugió como una bestia herida pero furiosa, aulló como el lobo de la manada anunciando una sangrienta cacería. Su boca, destrozada y roja, se revolvió con gran desgarro y Akame notó como todo su ser pujaba por sobrevivir. Por luchar. Algo dentro de él, algo que parecía llevar siglos oculto, durmiente, aletargado, despertó con la furia de una tormenta. <br />
<br />
Otra aspa negra apareció alrededor de sus dos pupilas, y entonces todo terminó. <br />
<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">—</div></i></div>
<br />
<br />
Se encontraba sentado sobre la hierba fresca del bosque. Lo notó porque sus manos habían arrancado unas briznas producto de la tensión. Akame miró alrededor, confuso y aturdido, pero no encontró rastro alguno de sus agresores. De repente se dio cuenta que el dolor insoportable que le había estado atenazando cada minúscula parte de su ser había desaparecido, como una pesadilla por la mañana. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">¿Qué demonios...?</span><br />
<br />
Su propia voz le sorprendió. No porque hubiese variado en tono o forma, no. Había <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">algo</span> distinto en ella. Algo que no sabría definir o identificar, y mucho menos explicar. Pero estaba ahí. <br />
<br />
Akame se palpó el rostro con incredulidad, y pudo comprobar que nada extraño había en él. Trató de incorporarse y lo consiguió sin esfuerzo. <span style="color: indianred; font-style: italic;">«¿¡Qué cojones ha pasado...!? ¿¡Qué es esto...!?»</span> Miró a su alrededor, ávido por encontrar una explicación, y al no hallarla empezó a perder los papeles. Notó como su pecho empezaba a moverse a gran ritmo, descontroladamente, y de repente le faltaba el aire. Boqueó, tratando de no ahogarse, pero la sensación fue tan fuerte que lo puso de rodillas. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">¿Qué... Qué...?</span> —masculló, luchando por respirar. <br />
<br />
De repente notó el tacto de una mano en su hombro, y todo se ralentizó. Su respiración, la brisa nocturna entre las ramas de los árboles, el canto de un búho que le observaba desde la foresta. El tiempo, sus pensamientos. <br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Está bien, Akame-chan... Está bien.</span> <br />
<br />
Aquella voz. Reconocía aquella voz. Se incorporó sin dejar de tener aquella sensación de relajación en todo su cuerpo y giró la cabeza. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Kunie-sensei...</span> <br />
<br />
Allí estaba. Alta, esbelta, con su melena azabache y aquellos ojos color miel que nunca dejaban de observar. Tan bella y misteriosa como siempre. <br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Buenas noches, Akame-chan</span> —saludó ella, sonriendo—. <span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">¿Me has echado de menos?</span><br />
<br />
El Uchiha no supo qué responder. Era como si la mirada de aquella mujer le atravesara de parte a parte, como si no hubiese secreto alguno que pudiera guardarle. ¿Para qué contestar con palabras, cuando ella parecía ser capaz de leer todos y cada uno de sus pensamientos? Akame se acercó y alargó una mano hacia su rostro, como si pensara que ella fuese una ilusión que pudiera disipar con solo tocarla. Kunie le tomó la mano y sonrió otra vez. Su tacto era cálido, reconfortante. <br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Llevo mucho tiempo sin verte, Akame-chan, pero he seguido cada una de tus aventuras. Te estás convirtiendo en un buen shinobi.</span> <br />
<br />
El titubeó. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">¿Qué... Qué me ha pasado? ¿Qué ha sido eso?</span> —preguntó, aun sin atreverse a mirarla a los ojos. <br />
<br />
Kunie soltó una risilla dulce e inocente. Tomó el rostro de su alumno con ambas manos y le alzó la vista hasta que sus ojos se encontraron. <br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Eso ha sido un regalo.</span> <br />
<br />
<span style="color: indianred; font-style: italic;">«¿Un regalo?»</span> Akame retrocedió un paso, escapando de las manos de su maestra. Como si se viera reflejado en los ojos de ella, dorados como dos soles, el Uchiha lo entendió; o, al menos, parte de ello. Sus ojos ahora tenían un nuevo poder, una nueva forma. Y su Sharingan, tres aspas. Una sensación de embriaguez le invadió por completo, una ola de calor que alcanzó hasta la última parte de su ser. El Uchiha empezó a reír, rió como nunca lo había hecho y alzó los brazos y la vista al cielo. Era la sensación del poder en estado puro. Del glorioso legado que corría por sus venas. <br />
<br />
Era un Uchiha. Ahora sí. <br />
<br />
<span style="color: indianred; font-style: italic;">«Por fin lo he conseguido. Por fin, seré más poderoso que cualquier otro ninja que habite Oonindo. Empezaré por el Torneo, destrozaré a todos y cada uno de mis oponentes, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">nadie</span> será capaz de enfrentarme, ¡<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">nadie</span>! Y luego, oh, luego...»</span> <br />
<br />
De repente, la voz de Kunie interrumpió sus desvaríos. <br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Akame-chan, ahora necesito que hagas algo por mí</span> —pidió, dulce, y él asintió sin pensarlo. <span style="color: indianred; font-style: italic;">«Lo que quieras, Kunie-sensei, lo que quieras»</span>, quiso decir—. <span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Déjame ver tu espada.</span> <br />
<br />
Aquello le sentó como una patada en la entrepierna. Su expresión mudó rápidamente del puro éxtasis a la desconfianza más absoluta. Akame titubeó, y su mano derecha se cerró en torno a la empuñadura del Lamento de Hazama. Kunie extendió la mano... Y él le entregó el arma. El mismo filo con el que había segado su primera vida. Con el que había matado a su único amigo —antes de Haskoz—. Sintió como si estuviese rindiendo una pequeña parte de sí mismo a una fuerza extraña, ajena. Repudió esa sensación. <br />
<br />
Kunie guardó la espada entre los pliegues de su kimono índigo con motivos florales. <br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Creo que es mejor que yo guarde esto, por el momento.</span> <br />
<br />
Akame apretó los puños. Por primera vez en su vida, sentía rabia contra aquella mujer. Insumisión. Desconfianza. Tratando de disimular el volcán que estaba entrando en erupción en su estómago, el Uchiha inspiró, expiró y luego habló.<br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">¿Cuándo podré recuperarla?</span> —preguntó, con hierro en la voz. <br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Cuando estés preparado</span> —respondió ella, dulce pero impasible—. <span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Ahora, Akame-chan, lo que necesito que hagas por mí, por Tengu, por todos nosotros, es...</span><br />
<br />
Kunie sonrió una última vez y le acarició el rostro con ternura. De repente, pasó su mano diestra por los ojos del chico, y el mundo se volvió oscuridad para él. Sólo quedó un tenue susurro, una voz distante y apenas audible, que resonó en sus oídos como el siseo de una serpiente.<br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">... que te rindas en tu próximo combate.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El aire fresco de la noche veraniega azotó sus cabellos, de un color tan negro como el cielo nocturno. Pese a que en Hi no Kuni el Verano podía llegar a ser especialmente abrasador —igual que en el País de los Remolinos—, en el Valle de los Dojos corría por las noches una brisa suave y refrescante que hacía muy apetecible el pasear por sus bosques y senderos. Probablemente se debía a que aquel pequeño país dentro de un país estaba rodeado por una cordillera alta y voluminosa que creaba un microclima muy particular. <br />
<br />
Sea como fuere, aquella noche de Ceniza parecía tan buena como otra cualquiera para salir a respirar un poco de aire puro. O, al menos, eso creyó Uchiha Akame. Sin embargo, el gennin no buscaba el fresco de la noche ni la paz del bosque sagrado mientras caminaba por un sendero rodeado de árboles, cuyas copas casi tapaban el cielo y la Luna llena, sino poner algo de orden en sus pensamientos. Hacía varias noches que era incapaz de dormir, atosigado siempre por las mismas pesadillas; una sucesión de imágenes recurrentes que le hostigaban y le impedían descansar. En sus sueños se le aparecían personajes que él conocía, o había conocido, pero todos le evocaban una gran tristeza. No se correspondían con sus recuerdos, sino que más bien eran imágenes atormentadas y lastimeras de lo que alguna vez fueron en vida. <br />
<br />
Uchiha Haskoz, su fiel amigo y compañero, asesinado por a saber quién. Muerto sin honra, sin memoria alguna, sin familiares que le llorasen. Nadie, salvo él y Sakamoto Noemi. La kunoichi que fuese la tercera integrante del equipo, secuestrada, torturada y mutilada por criminales; incapaz de volver a calzarse la bandana de Uzushiogakure. En ese punto los sueños siempre se revolvían, se agitaban como una bestia inquieta, y luego aparecían más difusos otros rostros. El de Takemaro, mercenario a suelo de un bizarro escultor, que nunca volvió a ver a su mujer y a su hija. El de Ishigami Takuya, cuyo asesinato habían sido incapaces de resolver. <br />
<br />
Entonces venía la peor parte. Gritos desgarradores, fuego y humo. Casas ardiendo en llamas tan altas que parecían capaces de llegar a la Luna, una Luna roja de sangre que le llamaba con fuerza cada noche. Un cántico susurrado, casi silencioso, y unos ojos enormes que le observaban en la oscuridad. Finalmente llegaba aquella terrible sensación; la sed. Una sed desesperante, angustiosa, que no se saciaba con agua... Sino con <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">poder</span>. Akame revivía cada noche lo que había experimentado en la cima de aquel faro, en Isla Monotonía, cuando Susano'o le invitó a sentarse junto a él. Se había sentido tan clarividente...<br />
<br />
Sacudió la cabeza. Allí, en el corazón de Hokutōmori, entre tantos dioses, aquellos pensamientos le parecían ridículos. ¿Él, un dios? Había que estar muy loco para pensar semejante cosa. Alzó la vista hacia el cielo estrellado e inspiró hondo, dejando que el aire puro del bosque llenase sus pulmones...<br />
<br />
Ni siquiera los escuchó. Tampoco sintió el primer golpe, fuerte y preciso justo en la nuca, que lo tiró de boca contra el suelo. Empezó a ser consciente instantes después, cuando un brutal puntapié en las costillas le hizo contener la respiración. A su alrededor todo estaba negro; el Uchiha llegó rápidamente a la conclusión de que alguien le atacaba. Trató de revolverse, responder, pero su cuerpo simplemente no reaccionaba. Se preguntó por qué y, conforme su vista se fue aclarando, halló la respuesta. <br />
<br />
Una docena de figuras se habían congregado en torno a él. La oscuridad del bosque no le permitía distinguirlas, pero sí podía sentir todos y cada uno de los brutales golpes que descargaban contra él. Una patada que le saltó varios dientes y le llenó la boca de sangre, espesa y oscura. Un palazo en la espalda que le hizo soltar un grito ahogado de dolor. Luego alguien lo levantó, agarrándole del cuello, y otros muchos puños machacaron su rostro a golpes mientras el Uchiha gemía con un hilo de voz. Cuando lo arrojaron al suelo, Akame pensó que ya se había terminado... Pero nada más lejos de la realidad. Aquellas figuras se ensañaron todavía más, tumbándolo boca arriba, pisándole la cabeza varias veces, rompiéndole los tobillos y las rodillas con barras de hierro. <br />
<br />
En cierto modo, Akame encontraría lo que había ido a buscar a Hokutōmori aquella noche. El brutal linchamiento ocuparía la plana central de sus sueños durante mucho, mucho tiempo después. E incluso entonces, ni él mismo sabría cuantificar cuanto <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">dolor</span> había experimentado en lo que duró la paliza. <br />
<br />
Volvieron a levantarlo, con el rostro tan hinchado y lleno de moratones que nadie le habría reconocido como Uchiha Akame. Más puñetazos, esta vez en el estómago y las costillas. Akame notó como sus huesos se quebraban y le perforaban la piel. Intentó gritar, pero no lo consiguió.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«Más fuerte. Tienes que intentarlo más fuerte.»</span></div>
<br />
Apretó la mandíbula, repleta de dientes rotos o ausentes, y trató de gritar. Pero sus labios hinchados no se despegaron.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«¡Más fuerte!»</span></div>
<br />
Intentó coger aire, pero sus pulmones perforados por varias costillas estaban tan maltrechos que apenas podía respirar.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«¡¡Más fuerte!!»</span></div>
<br />
Aulló de rabia en su fuero interno, gritó de dolor y de tristeza y de agonía. Sus ojos amoratados e inyectados en sangre se volvieron rojos, con dos aspas negras. De su garganta salió un gorjeo asqueroso.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡MÁS FUERTE!</span>»</span></div>
<br />
<span style="font-size: 14px;"><div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡MÁS FUERTE!</span>»</span></div></span><br />
<br />
Entonces gritó. Gritó con una voz gurutal e impropia que no reconocía como suya. Rugió como una bestia herida pero furiosa, aulló como el lobo de la manada anunciando una sangrienta cacería. Su boca, destrozada y roja, se revolvió con gran desgarro y Akame notó como todo su ser pujaba por sobrevivir. Por luchar. Algo dentro de él, algo que parecía llevar siglos oculto, durmiente, aletargado, despertó con la furia de una tormenta. <br />
<br />
Otra aspa negra apareció alrededor de sus dos pupilas, y entonces todo terminó. <br />
<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">—</div></i></div>
<br />
<br />
Se encontraba sentado sobre la hierba fresca del bosque. Lo notó porque sus manos habían arrancado unas briznas producto de la tensión. Akame miró alrededor, confuso y aturdido, pero no encontró rastro alguno de sus agresores. De repente se dio cuenta que el dolor insoportable que le había estado atenazando cada minúscula parte de su ser había desaparecido, como una pesadilla por la mañana. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">¿Qué demonios...?</span><br />
<br />
Su propia voz le sorprendió. No porque hubiese variado en tono o forma, no. Había <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">algo</span> distinto en ella. Algo que no sabría definir o identificar, y mucho menos explicar. Pero estaba ahí. <br />
<br />
Akame se palpó el rostro con incredulidad, y pudo comprobar que nada extraño había en él. Trató de incorporarse y lo consiguió sin esfuerzo. <span style="color: indianred; font-style: italic;">«¿¡Qué cojones ha pasado...!? ¿¡Qué es esto...!?»</span> Miró a su alrededor, ávido por encontrar una explicación, y al no hallarla empezó a perder los papeles. Notó como su pecho empezaba a moverse a gran ritmo, descontroladamente, y de repente le faltaba el aire. Boqueó, tratando de no ahogarse, pero la sensación fue tan fuerte que lo puso de rodillas. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">¿Qué... Qué...?</span> —masculló, luchando por respirar. <br />
<br />
De repente notó el tacto de una mano en su hombro, y todo se ralentizó. Su respiración, la brisa nocturna entre las ramas de los árboles, el canto de un búho que le observaba desde la foresta. El tiempo, sus pensamientos. <br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Está bien, Akame-chan... Está bien.</span> <br />
<br />
Aquella voz. Reconocía aquella voz. Se incorporó sin dejar de tener aquella sensación de relajación en todo su cuerpo y giró la cabeza. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Kunie-sensei...</span> <br />
<br />
Allí estaba. Alta, esbelta, con su melena azabache y aquellos ojos color miel que nunca dejaban de observar. Tan bella y misteriosa como siempre. <br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Buenas noches, Akame-chan</span> —saludó ella, sonriendo—. <span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">¿Me has echado de menos?</span><br />
<br />
El Uchiha no supo qué responder. Era como si la mirada de aquella mujer le atravesara de parte a parte, como si no hubiese secreto alguno que pudiera guardarle. ¿Para qué contestar con palabras, cuando ella parecía ser capaz de leer todos y cada uno de sus pensamientos? Akame se acercó y alargó una mano hacia su rostro, como si pensara que ella fuese una ilusión que pudiera disipar con solo tocarla. Kunie le tomó la mano y sonrió otra vez. Su tacto era cálido, reconfortante. <br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Llevo mucho tiempo sin verte, Akame-chan, pero he seguido cada una de tus aventuras. Te estás convirtiendo en un buen shinobi.</span> <br />
<br />
El titubeó. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">¿Qué... Qué me ha pasado? ¿Qué ha sido eso?</span> —preguntó, aun sin atreverse a mirarla a los ojos. <br />
<br />
Kunie soltó una risilla dulce e inocente. Tomó el rostro de su alumno con ambas manos y le alzó la vista hasta que sus ojos se encontraron. <br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Eso ha sido un regalo.</span> <br />
<br />
<span style="color: indianred; font-style: italic;">«¿Un regalo?»</span> Akame retrocedió un paso, escapando de las manos de su maestra. Como si se viera reflejado en los ojos de ella, dorados como dos soles, el Uchiha lo entendió; o, al menos, parte de ello. Sus ojos ahora tenían un nuevo poder, una nueva forma. Y su Sharingan, tres aspas. Una sensación de embriaguez le invadió por completo, una ola de calor que alcanzó hasta la última parte de su ser. El Uchiha empezó a reír, rió como nunca lo había hecho y alzó los brazos y la vista al cielo. Era la sensación del poder en estado puro. Del glorioso legado que corría por sus venas. <br />
<br />
Era un Uchiha. Ahora sí. <br />
<br />
<span style="color: indianred; font-style: italic;">«Por fin lo he conseguido. Por fin, seré más poderoso que cualquier otro ninja que habite Oonindo. Empezaré por el Torneo, destrozaré a todos y cada uno de mis oponentes, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">nadie</span> será capaz de enfrentarme, ¡<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">nadie</span>! Y luego, oh, luego...»</span> <br />
<br />
De repente, la voz de Kunie interrumpió sus desvaríos. <br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Akame-chan, ahora necesito que hagas algo por mí</span> —pidió, dulce, y él asintió sin pensarlo. <span style="color: indianred; font-style: italic;">«Lo que quieras, Kunie-sensei, lo que quieras»</span>, quiso decir—. <span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Déjame ver tu espada.</span> <br />
<br />
Aquello le sentó como una patada en la entrepierna. Su expresión mudó rápidamente del puro éxtasis a la desconfianza más absoluta. Akame titubeó, y su mano derecha se cerró en torno a la empuñadura del Lamento de Hazama. Kunie extendió la mano... Y él le entregó el arma. El mismo filo con el que había segado su primera vida. Con el que había matado a su único amigo —antes de Haskoz—. Sintió como si estuviese rindiendo una pequeña parte de sí mismo a una fuerza extraña, ajena. Repudió esa sensación. <br />
<br />
Kunie guardó la espada entre los pliegues de su kimono índigo con motivos florales. <br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Creo que es mejor que yo guarde esto, por el momento.</span> <br />
<br />
Akame apretó los puños. Por primera vez en su vida, sentía rabia contra aquella mujer. Insumisión. Desconfianza. Tratando de disimular el volcán que estaba entrando en erupción en su estómago, el Uchiha inspiró, expiró y luego habló.<br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">¿Cuándo podré recuperarla?</span> —preguntó, con hierro en la voz. <br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Cuando estés preparado</span> —respondió ella, dulce pero impasible—. <span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">Ahora, Akame-chan, lo que necesito que hagas por mí, por Tengu, por todos nosotros, es...</span><br />
<br />
Kunie sonrió una última vez y le acarició el rostro con ternura. De repente, pasó su mano diestra por los ojos del chico, y el mundo se volvió oscuridad para él. Sólo quedó un tenue susurro, una voz distante y apenas audible, que resonó en sus oídos como el siseo de una serpiente.<br />
<br />
—<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">... que te rindas en tu próximo combate.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Rashōmon]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-rashomon</link>
			<pubDate>Thu, 20 Jul 2017 21:33:29 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-rashomon</guid>
			<description><![CDATA[Era una calurosa tarde de Ceniza mientras Akame caminaba por el sendero que bordeaba Hōkutomori. Pese a que era Verano —o quizás por eso mismo—, el aire fresco del bosque era como un regalo de los dioses, y el Uchiha se desviaba de tanto en tanto buscando la sombra de los árboles. Venía de entrenar en uno de los muchos dojos repartidos por todo el Valle, como así se podía deducir a partir de las vendas que cubrían varias partes de su cuerpo. Se había quedado sin agua y, ya cansado, había decidido volver a Nantōnoya. Además, en poco rato sería la hora de cenar y por nada del mundo quería perderse los deliciosos tallarines con pollo picante que servían en el albergue de los shinobi de Uzushio. <br />
<br />
Caminando estaba cuando vio una extraña escena a un lado del sendero, junto a un pequeño templo que alguien había edificado entre los troncos de dos árboles centenarios. Bajo las frondosas copas de los árboles había reunida una multitud que parecía estar discutiendo. Akame, curioso, decidió acercarse, con la bandana del Remolino reluciendo en su frente y la mochila a la espalda.<br />
<br />
La escena la componían una mujer extremadamente bella y bien maquillada, que vestía un kimono de aspecto caro pero rasgado y sucio por la tierra y el polvo del bosque. Parecía abatida, y descansaba sentada sobre sus propias piernas, en el suelo. Junto a ella, a cada lado, había dos hombres. El primero era alto y de porte orgulloso, con un peinado de samurái que dejaba pocas dudas acerca de su estatus social. Vestía camisa, hakama y haori con los colores de su heráldica y llevaba la vaina de una espada —vacía— al cinto, en el lado izquierdo, y la de un tantō —vacía también— en el derecho. <br />
<br />
El segundo no podía ser más distinto. Desharrapado y mugriento, era igual de alto que el samurái e incluso más corpulento, pero lo disimulaba con una postura encorvada propia de los criminales taimados. Tenía una cicatriz en la cara que le cruzaba un ojo, blanco como la leche. Llevaba a la espalda una espada herrumbrosa. <br />
<br />
Sin embargo, lo que llamó la atención del Uchiha fue que los tres personajes estaban rodeados de guardias del Juuchin. A ojo de buen shinobi, Akame contó media docena, incluyendo un sargento u otro alto rango. Vestían armaduras con los distintivos del Valle y llevaban espadas en el cinturón y naginatas en las manos. Uno de ellos hablaba con los personajes, intercambiando expresiones que iban desde la confusión hasta el enfado. Allí se estaba cociendo algo. <br />
<br />
Akame se paró junto a un tocón en el que había sentada una cuarta persona, a distancia suficiente de la escena para no llamar la atención pero poder enterarse de todo. El tipo era un hombre cuarentón, de espalda y brazos anchos. Vestía con sencillez y tenía un hacha de leñador —lo que dejaba pocas dudas acerca de su ocupación— junto a él, apoyada en el tocón. <br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Buenas tardes</span> —saludó Akame, con una inclinación de cabeza—. <span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿Sabría usted decirme lo que está pasando aquí?</span> <br />
<br />
El tipo tardó en reaccionar, embobado con la mirada fija en un punto del horizonte como estaba. Cuando lo hizo, se limitó a girar la cabeza para mirar un momento al shinobi y luego murmurar.<br />
<br />
—<span style="color: sienna;" class="mycode_color">No lo entiendo...</span> <br />
<br />
Más allá, los guardias discutían con los tres personajes.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Era una calurosa tarde de Ceniza mientras Akame caminaba por el sendero que bordeaba Hōkutomori. Pese a que era Verano —o quizás por eso mismo—, el aire fresco del bosque era como un regalo de los dioses, y el Uchiha se desviaba de tanto en tanto buscando la sombra de los árboles. Venía de entrenar en uno de los muchos dojos repartidos por todo el Valle, como así se podía deducir a partir de las vendas que cubrían varias partes de su cuerpo. Se había quedado sin agua y, ya cansado, había decidido volver a Nantōnoya. Además, en poco rato sería la hora de cenar y por nada del mundo quería perderse los deliciosos tallarines con pollo picante que servían en el albergue de los shinobi de Uzushio. <br />
<br />
Caminando estaba cuando vio una extraña escena a un lado del sendero, junto a un pequeño templo que alguien había edificado entre los troncos de dos árboles centenarios. Bajo las frondosas copas de los árboles había reunida una multitud que parecía estar discutiendo. Akame, curioso, decidió acercarse, con la bandana del Remolino reluciendo en su frente y la mochila a la espalda.<br />
<br />
La escena la componían una mujer extremadamente bella y bien maquillada, que vestía un kimono de aspecto caro pero rasgado y sucio por la tierra y el polvo del bosque. Parecía abatida, y descansaba sentada sobre sus propias piernas, en el suelo. Junto a ella, a cada lado, había dos hombres. El primero era alto y de porte orgulloso, con un peinado de samurái que dejaba pocas dudas acerca de su estatus social. Vestía camisa, hakama y haori con los colores de su heráldica y llevaba la vaina de una espada —vacía— al cinto, en el lado izquierdo, y la de un tantō —vacía también— en el derecho. <br />
<br />
El segundo no podía ser más distinto. Desharrapado y mugriento, era igual de alto que el samurái e incluso más corpulento, pero lo disimulaba con una postura encorvada propia de los criminales taimados. Tenía una cicatriz en la cara que le cruzaba un ojo, blanco como la leche. Llevaba a la espalda una espada herrumbrosa. <br />
<br />
Sin embargo, lo que llamó la atención del Uchiha fue que los tres personajes estaban rodeados de guardias del Juuchin. A ojo de buen shinobi, Akame contó media docena, incluyendo un sargento u otro alto rango. Vestían armaduras con los distintivos del Valle y llevaban espadas en el cinturón y naginatas en las manos. Uno de ellos hablaba con los personajes, intercambiando expresiones que iban desde la confusión hasta el enfado. Allí se estaba cociendo algo. <br />
<br />
Akame se paró junto a un tocón en el que había sentada una cuarta persona, a distancia suficiente de la escena para no llamar la atención pero poder enterarse de todo. El tipo era un hombre cuarentón, de espalda y brazos anchos. Vestía con sencillez y tenía un hacha de leñador —lo que dejaba pocas dudas acerca de su ocupación— junto a él, apoyada en el tocón. <br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Buenas tardes</span> —saludó Akame, con una inclinación de cabeza—. <span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿Sabría usted decirme lo que está pasando aquí?</span> <br />
<br />
El tipo tardó en reaccionar, embobado con la mirada fija en un punto del horizonte como estaba. Cuando lo hizo, se limitó a girar la cabeza para mirar un momento al shinobi y luego murmurar.<br />
<br />
—<span style="color: sienna;" class="mycode_color">No lo entiendo...</span> <br />
<br />
Más allá, los guardias discutían con los tres personajes.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Alejadas del combate]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-alejadas-del-combate</link>
			<pubDate>Mon, 12 Jun 2017 10:46:49 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=139">Uzumaki Eri</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-alejadas-del-combate</guid>
			<description><![CDATA[Habían pasado un día desde que llegaron al Valle de los Dojos, ¿o podía ser que fueran dos? No lo recordaba con exactitud pues el viaje había sido un tanto cansado, lo suficiente para que Eri, nada más llegar a su correspondiente habitación; se echase a dormir hasta el día siguiente sin saber qué hora era cuando lo hizo.<br />
<br />
Cuando despertó, pensó en ducharse, ponerse sus ropas más típicas y marcharse a conocer los alrededores por si acaso encontraba algún sitio donde entrenar y fortalecer sus mejores cualidades, pero algo dentro de ella parecía querer huir de las plataformas que seguramente estaban repletas de personas hambrientas de combates de entrenamiento o incluso simulaciones de lo que podía pasar de verdad, así que sus piernas, sabias; se alejaron lo más posible de aquellos lugares, con la promesa de que algún día irían por ahí para entrenar.<br />
<br />
Pensó en su hermano y en lo que diría si la viese. Sabía que no le gustaba que combatiese o que se hiciese daño, se sentía demasiado protegida a su lado y eso la reconfortaba y la molestaba a partes iguales, ya que, después de todo, ella era una kunoichi y su labor era aprender a combatir para ayudar a otras personas cuando lo necesitasen.<br />
<br />
Suspiró mientras se metía ambas manos en los bolsillos de su chaqueta mientras miraba las pequeñas piedras del sendero que había tomado, hasta que llegó a la entrada de un bosque.<br />
<br />
<span style="color: SkyBlue; font-style: italic;">«Si no recuerdo mal es... Hokutōmori.»</span><br />
<br />
Levantó la vista y sopesó si entrar o no, le llamaba la atención pues había leído que era un lugar sagrado, donde combatir estaba prohibido. Admitía que no quería luchar, pero... Tampoco sabía si debería pasarse los días solamente de exploración.<br />
<br />
— <span style="color: Orchid;" class="mycode_color">Una ojeada tampoco me va a matar...</span> — Murmuró para sí misma.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Habían pasado un día desde que llegaron al Valle de los Dojos, ¿o podía ser que fueran dos? No lo recordaba con exactitud pues el viaje había sido un tanto cansado, lo suficiente para que Eri, nada más llegar a su correspondiente habitación; se echase a dormir hasta el día siguiente sin saber qué hora era cuando lo hizo.<br />
<br />
Cuando despertó, pensó en ducharse, ponerse sus ropas más típicas y marcharse a conocer los alrededores por si acaso encontraba algún sitio donde entrenar y fortalecer sus mejores cualidades, pero algo dentro de ella parecía querer huir de las plataformas que seguramente estaban repletas de personas hambrientas de combates de entrenamiento o incluso simulaciones de lo que podía pasar de verdad, así que sus piernas, sabias; se alejaron lo más posible de aquellos lugares, con la promesa de que algún día irían por ahí para entrenar.<br />
<br />
Pensó en su hermano y en lo que diría si la viese. Sabía que no le gustaba que combatiese o que se hiciese daño, se sentía demasiado protegida a su lado y eso la reconfortaba y la molestaba a partes iguales, ya que, después de todo, ella era una kunoichi y su labor era aprender a combatir para ayudar a otras personas cuando lo necesitasen.<br />
<br />
Suspiró mientras se metía ambas manos en los bolsillos de su chaqueta mientras miraba las pequeñas piedras del sendero que había tomado, hasta que llegó a la entrada de un bosque.<br />
<br />
<span style="color: SkyBlue; font-style: italic;">«Si no recuerdo mal es... Hokutōmori.»</span><br />
<br />
Levantó la vista y sopesó si entrar o no, le llamaba la atención pues había leído que era un lugar sagrado, donde combatir estaba prohibido. Admitía que no quería luchar, pero... Tampoco sabía si debería pasarse los días solamente de exploración.<br />
<br />
— <span style="color: Orchid;" class="mycode_color">Una ojeada tampoco me va a matar...</span> — Murmuró para sí misma.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Hojas en territorio sagrado.]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-hojas-en-territorio-sagrado</link>
			<pubDate>Fri, 09 Jun 2017 18:39:48 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=8">Eikyuu Juro</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-hojas-en-territorio-sagrado</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: green;" class="mycode_color"> — Que paz... </span>— murmuró, satisfecho.<br />
<br />
El joven Eikyu seguía sus andanzas. En este caso, hacia uno de los lugares que parecían ser los más emblemáticos de todo el valle de los dojos: Hokutōmori.<br />
<br />
Habían pasado días desde que había logrado entrar en el valle. Desde entonces, tras haber recuperado fuerzas, se había atrevido a adentrarse fuera del recinto asignado para los ninjas de Kusagakure. Para su pesar, no había coincidido con ningun compañero, aunque tampoco se había esforzado mucho. Visitar la capital  antes de que empezasen los combates le había parecido una opción mucho más atractiva.<br />
<br />
Pero al final, hasta la capital le había aburrido. Su gente y su bullicio había acabado provocando que buscase otras zonas más pacíficas para pasar el tiempo. Y ahí estaba. En el extremo noroeste del valle.<br />
<br />
Atraído por la promesa de paz, bosques y templos, Juro se había encaminado hacia aquel lugar. Acababa de entrar al bosque para entonces, y se encaminaba hacia los templos. El toril que había pasado le indicaba que se encontraba en un lugar sagrado. Eso le daba cierto misterio. Los árboles eran altos y majestuosos, haciéndole sentir de una forma muy agradable. El conjunto era perfecto.<br />
<br />
Aunque en ese lugar estaba prohibido pelear — un cartel en la entrada le había insistido mucho, penado muy gravemente al parecer — había traido a Gen, oculto bajo su espalda. No es que pensase hacer nada malo. Simplemente no pensaba dejarlo atrás. No era seguro abandonarle en el hotel.<br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Muy bien.  Veamos por donde seguir"</span></span><br />
<br />
Ante él, se alzaba un sendero marcado. A saber cuanto tardaría en perderse...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: green;" class="mycode_color"> — Que paz... </span>— murmuró, satisfecho.<br />
<br />
El joven Eikyu seguía sus andanzas. En este caso, hacia uno de los lugares que parecían ser los más emblemáticos de todo el valle de los dojos: Hokutōmori.<br />
<br />
Habían pasado días desde que había logrado entrar en el valle. Desde entonces, tras haber recuperado fuerzas, se había atrevido a adentrarse fuera del recinto asignado para los ninjas de Kusagakure. Para su pesar, no había coincidido con ningun compañero, aunque tampoco se había esforzado mucho. Visitar la capital  antes de que empezasen los combates le había parecido una opción mucho más atractiva.<br />
<br />
Pero al final, hasta la capital le había aburrido. Su gente y su bullicio había acabado provocando que buscase otras zonas más pacíficas para pasar el tiempo. Y ahí estaba. En el extremo noroeste del valle.<br />
<br />
Atraído por la promesa de paz, bosques y templos, Juro se había encaminado hacia aquel lugar. Acababa de entrar al bosque para entonces, y se encaminaba hacia los templos. El toril que había pasado le indicaba que se encontraba en un lugar sagrado. Eso le daba cierto misterio. Los árboles eran altos y majestuosos, haciéndole sentir de una forma muy agradable. El conjunto era perfecto.<br />
<br />
Aunque en ese lugar estaba prohibido pelear — un cartel en la entrada le había insistido mucho, penado muy gravemente al parecer — había traido a Gen, oculto bajo su espalda. No es que pensase hacer nada malo. Simplemente no pensaba dejarlo atrás. No era seguro abandonarle en el hotel.<br />
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<span style="color: gold;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Muy bien.  Veamos por donde seguir"</span></span><br />
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Ante él, se alzaba un sendero marcado. A saber cuanto tardaría en perderse...]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¡Médico, médico!]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-medico-medico</link>
			<pubDate>Thu, 08 Jun 2017 11:13:13 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=2">Amedama Daruu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-medico-medico</guid>
			<description><![CDATA[Daruu no practicaba la religión budista ni sintoísta, pero tenía una ligera espiritualidad que solía dirigir al que se creía que era el protector y dueño de las tierras del País de la Tormenta, Amenokami, como muchos habitantes de Arashi no Kuni. Su fe no era ferviente ni incondicional, pero le tenía respeto.<br />
<br />
Se había acercado a un templo dedicado a nadie en particular y a todos en general. Sentado en un banco y rodeado de naturaleza y del cantar de los pájaros, se descubrió preguntándose si debía recordar al Dios de la Lluvia en un lugar como aquél.<br />
<br />
Y como si pensar en Amenokami mismo invocara una gota de lluvia familiar hacia aquél lugar, una persona familiar apareció por la entrada del templo.<br />
<br />
<span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color">—¡Mogura-san! ¡Así que tú también has venido al torneo!</span> —Sonrió ante la agradable sorpresa.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Daruu no practicaba la religión budista ni sintoísta, pero tenía una ligera espiritualidad que solía dirigir al que se creía que era el protector y dueño de las tierras del País de la Tormenta, Amenokami, como muchos habitantes de Arashi no Kuni. Su fe no era ferviente ni incondicional, pero le tenía respeto.<br />
<br />
Se había acercado a un templo dedicado a nadie en particular y a todos en general. Sentado en un banco y rodeado de naturaleza y del cantar de los pájaros, se descubrió preguntándose si debía recordar al Dios de la Lluvia en un lugar como aquél.<br />
<br />
Y como si pensar en Amenokami mismo invocara una gota de lluvia familiar hacia aquél lugar, una persona familiar apareció por la entrada del templo.<br />
<br />
<span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color">—¡Mogura-san! ¡Así que tú también has venido al torneo!</span> —Sonrió ante la agradable sorpresa.]]></content:encoded>
		</item>
	</channel>
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