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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Llanura de Halita]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 04:43:22 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Kaji Saiban]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-kaji-saiban</link>
			<pubDate>Mon, 14 Oct 2019 17:52:09 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=34">Uchiha Datsue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-kaji-saiban</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: 12px;">Dos días después de <a href="https://ninjaworld.es/tema-la-gran-reunion" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">La Gran Reunión...</a></span></div>
<br />
<br />
<br />
Era la primera hora de la mañana, y Otohime ya estaba en pie, esperando en el Gran Salón de Ryūgū-jō a cierta persona. Cierta persona que, con la puntualidad de un buen reloj, apareció entre las estalagmitas y estalactitas. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">¡Money! ¿Me trajiste <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">eso que te pedí</span>?</span><br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Ah, ¿ni un buenos días?</span> —se quejó, sonriente—<span style="color: green;" class="mycode_color">. Si, sistel, sí le tlaje. No fue nada fácil de conseguil, eso se lo tengo que decil. Tuve que acudil al melcado neglo. Al malo, malo, sistel.</span><br />
<br />
Money le entregó un paquete envuelto en papel, y Otohime sintió que se le desbordaba el corazón. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">¡¡¡SUUUGOOOOOIII!!!</span> <br />
<br />
Sus manos rompieron el papel de regalo en largas tiras que iba tirando al suelo. Era… <br />
<br />
Era…<br />
<br />
¡Era…!<br />
<br />
Era un disco de acetato en el interior de una caja de madera, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Edición Coleccionista del año 84</span>, que contenía la mejor música de la época. En opinión de Otohime, claro.  Y que se preparase cualquiera que osase contradecirla en aquel tema, porque ni todas las murallas del mundo le servirían para protegerse de su furia. <br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">El original, mami. El original y auténtico.</span> —No le dio tiempo a decir mucho más. Fue arrastrado por Otohime hasta su habitación, deteniéndose por el camino, eso sí, en los aposentos de cada Ryūtō, a los que Otohime llamaba con urgencia apaleando la puerta. Ryū declinó la invitación amablemente. Bueno, para ser más precisos, con un gruñido—<span style="color: green;" class="mycode_color">. ¡Akame! ¡Kaido! ¡Mirad esto! ¡Mirad esto!</span><br />
<br />
Seguramente la habitación de Otohime fuese la más bonita de todas. La gran cama circular estaba rodeada por una alfombra escarlata, y el techo, oh, el techo estaba lleno de bombillitas y luces de neón diminutas, y cuando lo observabas tirado en la cama, parecías estar bajo el cielo de una noche estrellada. <br />
<br />
Otohime abrió un tocadiscos y colocó el disco de acetato. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">Oh, deleitaros con la verdadera belleza. Arte. Esto es arte, camaradas. Y no la mierda prefabricada que se oye hoy en día.</span><br />
<br />
Y, por un momento, Otohime fue feliz. Bailaba, bailaba al son de la música, una clásica, perfecta para el vals. Saltó encima de la cama, y dio vueltas, y más vueltas y vueltas. De no ser una Ryūtō, quizá hubiese podido dedicarse al baile. No se le daba nada pero que nada mal. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">Esto es a la música lo que el fuuinjutsu al ninshuu</span> —empezó a explicarles, sin dejar de bailar—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">. El ninjutsu, el katon, el fuuton… Sí, todo eso es muy bonito. Explosiones. Fuego. Guitarras eléctricas y graves tan profundos que hacen temblar el suelo. Mucho ruido, sí. Pero aquí está la pureza. Sin necesidad de artificios ni adornos. Solo el corazón… El corazón de la música.</span><br />
<br />
Money carraspeó. Otohime había seguido por un buen rato explicando porqué aquella música clásica era tan maravillosa. <br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Oye, Otohime</span> —la interrumpió, con la esperanza de cambiar un poco de tema—<span style="color: green;" class="mycode_color"> Y, pues, ¿viste a Zaide, allá arrebujado en su mantita, sentado a pie del acantilado y con su águila al homblo?</span><br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">Ah... Sí</span> —dijo, sin prestarle mucha atención—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">. Lleva allí desde ayer.</span><br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¡Desde ayel! ¿¡Se ha pasado allí la noche y todo!? Y, pues, ¿qué se supone que hace? ¿Rezal a los dioses pol no moril contla Ryū?</span><br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">No tengo ni idea, pero eso no suena muy a él, ¿no crees? Si tuviese que apostar, diría que se está preparando.</span><br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¿Cómo que preparando? ¡Si está allí sin hacel na’, con la mirada peldida en el mal!</span><br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">Quiero decir, mentalizando. Visualizando el combate, ¿sabes? Ay, no me molestes con tonterías ahora.</span><br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Peldona, peldona. Y, pues sí, supongo será eso. Tú le conoces mejol que yo, después de todo</span> —desvió la mirada hacia Akame y Kaido y bajó la voz hasta que no fue más que un susurro quedo:—<span style="color: green;" class="mycode_color">. Dicen algunas lenguas que ella y él, en una noche de juelga…</span><br />
<br />
Money procedió a realizar una serie de sugerentes e inequívocos gestos sin pudor alguno. Metía y sacaba el dedo de un círculo que formaba con la otra mano… Meneaba la cintura de forma grotesca… Y un par de cosas más de las que no merecen la pena entrar en detalles. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">¿Decías algo?</span> —preguntó Otohime, totalmente ajena a los chivateos de Money—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">. Bueno, ¿qué?</span> —miró a cada uno de los tres. Muy seria. Muy decidida—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">. ¿Quién se anima a bailar conmigo?</span><br />
<br />
No pensaba aceptar un no por respuesta.<br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Nota" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Tomo esta trama con Hueco de Narrador</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: 12px;">Dos días después de <a href="https://ninjaworld.es/tema-la-gran-reunion" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">La Gran Reunión...</a></span></div>
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<br />
Era la primera hora de la mañana, y Otohime ya estaba en pie, esperando en el Gran Salón de Ryūgū-jō a cierta persona. Cierta persona que, con la puntualidad de un buen reloj, apareció entre las estalagmitas y estalactitas. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">¡Money! ¿Me trajiste <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">eso que te pedí</span>?</span><br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Ah, ¿ni un buenos días?</span> —se quejó, sonriente—<span style="color: green;" class="mycode_color">. Si, sistel, sí le tlaje. No fue nada fácil de conseguil, eso se lo tengo que decil. Tuve que acudil al melcado neglo. Al malo, malo, sistel.</span><br />
<br />
Money le entregó un paquete envuelto en papel, y Otohime sintió que se le desbordaba el corazón. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">¡¡¡SUUUGOOOOOIII!!!</span> <br />
<br />
Sus manos rompieron el papel de regalo en largas tiras que iba tirando al suelo. Era… <br />
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Era…<br />
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¡Era…!<br />
<br />
Era un disco de acetato en el interior de una caja de madera, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Edición Coleccionista del año 84</span>, que contenía la mejor música de la época. En opinión de Otohime, claro.  Y que se preparase cualquiera que osase contradecirla en aquel tema, porque ni todas las murallas del mundo le servirían para protegerse de su furia. <br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">El original, mami. El original y auténtico.</span> —No le dio tiempo a decir mucho más. Fue arrastrado por Otohime hasta su habitación, deteniéndose por el camino, eso sí, en los aposentos de cada Ryūtō, a los que Otohime llamaba con urgencia apaleando la puerta. Ryū declinó la invitación amablemente. Bueno, para ser más precisos, con un gruñido—<span style="color: green;" class="mycode_color">. ¡Akame! ¡Kaido! ¡Mirad esto! ¡Mirad esto!</span><br />
<br />
Seguramente la habitación de Otohime fuese la más bonita de todas. La gran cama circular estaba rodeada por una alfombra escarlata, y el techo, oh, el techo estaba lleno de bombillitas y luces de neón diminutas, y cuando lo observabas tirado en la cama, parecías estar bajo el cielo de una noche estrellada. <br />
<br />
Otohime abrió un tocadiscos y colocó el disco de acetato. <br />
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—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">Oh, deleitaros con la verdadera belleza. Arte. Esto es arte, camaradas. Y no la mierda prefabricada que se oye hoy en día.</span><br />
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Y, por un momento, Otohime fue feliz. Bailaba, bailaba al son de la música, una clásica, perfecta para el vals. Saltó encima de la cama, y dio vueltas, y más vueltas y vueltas. De no ser una Ryūtō, quizá hubiese podido dedicarse al baile. No se le daba nada pero que nada mal. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">Esto es a la música lo que el fuuinjutsu al ninshuu</span> —empezó a explicarles, sin dejar de bailar—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">. El ninjutsu, el katon, el fuuton… Sí, todo eso es muy bonito. Explosiones. Fuego. Guitarras eléctricas y graves tan profundos que hacen temblar el suelo. Mucho ruido, sí. Pero aquí está la pureza. Sin necesidad de artificios ni adornos. Solo el corazón… El corazón de la música.</span><br />
<br />
Money carraspeó. Otohime había seguido por un buen rato explicando porqué aquella música clásica era tan maravillosa. <br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Oye, Otohime</span> —la interrumpió, con la esperanza de cambiar un poco de tema—<span style="color: green;" class="mycode_color"> Y, pues, ¿viste a Zaide, allá arrebujado en su mantita, sentado a pie del acantilado y con su águila al homblo?</span><br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">Ah... Sí</span> —dijo, sin prestarle mucha atención—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">. Lleva allí desde ayer.</span><br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¡Desde ayel! ¿¡Se ha pasado allí la noche y todo!? Y, pues, ¿qué se supone que hace? ¿Rezal a los dioses pol no moril contla Ryū?</span><br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">No tengo ni idea, pero eso no suena muy a él, ¿no crees? Si tuviese que apostar, diría que se está preparando.</span><br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¿Cómo que preparando? ¡Si está allí sin hacel na’, con la mirada peldida en el mal!</span><br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">Quiero decir, mentalizando. Visualizando el combate, ¿sabes? Ay, no me molestes con tonterías ahora.</span><br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Peldona, peldona. Y, pues sí, supongo será eso. Tú le conoces mejol que yo, después de todo</span> —desvió la mirada hacia Akame y Kaido y bajó la voz hasta que no fue más que un susurro quedo:—<span style="color: green;" class="mycode_color">. Dicen algunas lenguas que ella y él, en una noche de juelga…</span><br />
<br />
Money procedió a realizar una serie de sugerentes e inequívocos gestos sin pudor alguno. Metía y sacaba el dedo de un círculo que formaba con la otra mano… Meneaba la cintura de forma grotesca… Y un par de cosas más de las que no merecen la pena entrar en detalles. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">¿Decías algo?</span> —preguntó Otohime, totalmente ajena a los chivateos de Money—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">. Bueno, ¿qué?</span> —miró a cada uno de los tres. Muy seria. Muy decidida—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">. ¿Quién se anima a bailar conmigo?</span><br />
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No pensaba aceptar un no por respuesta.<br />
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    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Nota" /><br />
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        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Tomo esta trama con Hueco de Narrador</div>
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