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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Costas del Remolino]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Sat, 13 Jun 2026 13:06:38 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Las vacaciones del peor pirata]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-las-vacaciones-del-peor-pirata</link>
			<pubDate>Mon, 24 May 2021 21:43:28 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=4">Sasaki Reiji</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-las-vacaciones-del-peor-pirata</guid>
			<description><![CDATA[Estaba tumbado en el sofa que tenia en el despachito que habia montando en el barco, con las piernas cruzadas apayadas sobre uno de los reposabrazos, y los brazos por debajo de la cabeza en el otro reposabrazos.<br />
<br />
Desde la declaración de la republica no había visto a Datsue, Eri, Katsudon o Hanabi. De vez en cuando salía a fuera y mirando a las aguas le decia cosas a Gyūki. Nunca contestaba, pero me gustaba creer que por lo menos me escuchaba, que tenia ahí un amigo con quien compartir sus alegrias y a quien contarle sus penas. Es verdad que podia hacerlo con Katsudon o con Datsue, pero por algún motivo no lo hacía. Quizás por que era más tranquilo cuando no te contestaba nadie. <br />
<br />
De cualquier modo, últimamente habian pasado demasiadas cosas. El torneo de los Dojos, el ataque de Dragón Rojo, la amenaza de que si entraba en el pais de los bosques moriria, Gyūki convertido en ninja de uzu, la declaración de la republica... <br />
<br />
Suspiré mientras miraba hacía la mesita donde tenia un soporte para las espadas.  Observé el nuevo diseño de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tsubame</span>. La espada había sido destruida durante el ataque de Dragón Rojo y ahora había renacido. Más fuerte, mejor. Aquella era la razón por la que nadie me habría visto desde hacia tanto tiempo. Me había encerrado en la forja y había decidido no salir hasta que hubiera arreglado la espada. Aunque al final, lo que había hecho era hacer una mejor. Aunque por supuesto, había intentando conservar lo que había quedado intacto de la original, como la guarda y la vaina. <br />
<br />
¿Y ahora qué? Tampoco podia estar todo el día tirado en el sofá de relax. Quizás me había ganado unas vacaciones, pero por otro lado tenia ganas de hacer algo. ¿Buscaba una misión donde poner a prueba la nueva <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tsubame</span>? ¿Salía a dar una vuelta sin más? También podia ir a nadar. Otra de las ventajas del barco es que era casi como tener una piscina en el jardín...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Estaba tumbado en el sofa que tenia en el despachito que habia montando en el barco, con las piernas cruzadas apayadas sobre uno de los reposabrazos, y los brazos por debajo de la cabeza en el otro reposabrazos.<br />
<br />
Desde la declaración de la republica no había visto a Datsue, Eri, Katsudon o Hanabi. De vez en cuando salía a fuera y mirando a las aguas le decia cosas a Gyūki. Nunca contestaba, pero me gustaba creer que por lo menos me escuchaba, que tenia ahí un amigo con quien compartir sus alegrias y a quien contarle sus penas. Es verdad que podia hacerlo con Katsudon o con Datsue, pero por algún motivo no lo hacía. Quizás por que era más tranquilo cuando no te contestaba nadie. <br />
<br />
De cualquier modo, últimamente habian pasado demasiadas cosas. El torneo de los Dojos, el ataque de Dragón Rojo, la amenaza de que si entraba en el pais de los bosques moriria, Gyūki convertido en ninja de uzu, la declaración de la republica... <br />
<br />
Suspiré mientras miraba hacía la mesita donde tenia un soporte para las espadas.  Observé el nuevo diseño de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tsubame</span>. La espada había sido destruida durante el ataque de Dragón Rojo y ahora había renacido. Más fuerte, mejor. Aquella era la razón por la que nadie me habría visto desde hacia tanto tiempo. Me había encerrado en la forja y había decidido no salir hasta que hubiera arreglado la espada. Aunque al final, lo que había hecho era hacer una mejor. Aunque por supuesto, había intentando conservar lo que había quedado intacto de la original, como la guarda y la vaina. <br />
<br />
¿Y ahora qué? Tampoco podia estar todo el día tirado en el sofá de relax. Quizás me había ganado unas vacaciones, pero por otro lado tenia ganas de hacer algo. ¿Buscaba una misión donde poner a prueba la nueva <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tsubame</span>? ¿Salía a dar una vuelta sin más? También podia ir a nadar. Otra de las ventajas del barco es que era casi como tener una piscina en el jardín...]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Es difícil acertar con la hora]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-es-dificil-acertar-con-la-hora</link>
			<pubDate>Mon, 17 Aug 2020 12:00:35 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=4">Sasaki Reiji</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-es-dificil-acertar-con-la-hora</guid>
			<description><![CDATA[Lo mas complicado de intentar hablar con Datsue era elegir una hora adecuada para molestarlo. Por las mañanas, ni idea de que hora se despertaba, pero por lo menos, dormía hasta la hora de comer, y no, no era buena idea despertarlo en su siesta. La cuestión es que por la tarde igual volvía a dormirse otra siesta. Y como no, yo seguía sin ser adivino, y sin conocer su rutina diaria.<br />
<br />
El problema, es que tras todo lo acontecido en el torneo, había muchas cosas de las que quería hablar con él. Y una en concreto por la que necesitaba hablar con él. En realidad, había otra posibilidad, pero los tiempos eran muy difíciles, y claro... De cualquier manera, para esa otra posibilidad, seguía necesitando a Datsue.<br />
<br />
Y así era mi vida en ese momento. ¿Cual era la hora buena para hablar con él? Quizás ninguna ¿Era algo urgente? Quizás para mi sí, pero igual él lo veía con otros ojos. Y más que temer que se enfadase por interrumpirle en alguna de las fases de su rutina, me ponía en su piel y pensaba: "¿Que haría yo si alguien viniera a interrumpirme mientras le doy martillazos al acero?" Por que parar ciertos procesos de la forja a mitad era... Impensable, habría que volver a empezar de nuevo. <br />
<br />
Sin embargo, para mí era un asunto urgente. Podía haberle preguntado a través del sello cuando le venia bien quedar. Sin embargo, eso es lo que haría alguien perezoso o demasiado ocupado. Yo preferí recurrir a algo más básico, algo mas simple, y que la otra vez había funcionado bien: Le deje una carta en su casa.<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Datsue, Tenemos que hablar, hay algo urgente que tengo que tratar contigo sobre lo acontecido en el torneo, avisame cuando tengas un hueco. Firmado: Reiji.</i></div>
<br />
Si era él quien decidía cuando, no tenia que comerme la cabeza para pensar sobre que hora visitarle sin molestarlo. No quería tirarme flores, pero había sido una gran idea para haber salido de mi. Al final, ponerse a estudiar sobre los barcos había servido también para ejercitar, aunque fuera un poco, mi cerebro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Lo mas complicado de intentar hablar con Datsue era elegir una hora adecuada para molestarlo. Por las mañanas, ni idea de que hora se despertaba, pero por lo menos, dormía hasta la hora de comer, y no, no era buena idea despertarlo en su siesta. La cuestión es que por la tarde igual volvía a dormirse otra siesta. Y como no, yo seguía sin ser adivino, y sin conocer su rutina diaria.<br />
<br />
El problema, es que tras todo lo acontecido en el torneo, había muchas cosas de las que quería hablar con él. Y una en concreto por la que necesitaba hablar con él. En realidad, había otra posibilidad, pero los tiempos eran muy difíciles, y claro... De cualquier manera, para esa otra posibilidad, seguía necesitando a Datsue.<br />
<br />
Y así era mi vida en ese momento. ¿Cual era la hora buena para hablar con él? Quizás ninguna ¿Era algo urgente? Quizás para mi sí, pero igual él lo veía con otros ojos. Y más que temer que se enfadase por interrumpirle en alguna de las fases de su rutina, me ponía en su piel y pensaba: "¿Que haría yo si alguien viniera a interrumpirme mientras le doy martillazos al acero?" Por que parar ciertos procesos de la forja a mitad era... Impensable, habría que volver a empezar de nuevo. <br />
<br />
Sin embargo, para mí era un asunto urgente. Podía haberle preguntado a través del sello cuando le venia bien quedar. Sin embargo, eso es lo que haría alguien perezoso o demasiado ocupado. Yo preferí recurrir a algo más básico, algo mas simple, y que la otra vez había funcionado bien: Le deje una carta en su casa.<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Datsue, Tenemos que hablar, hay algo urgente que tengo que tratar contigo sobre lo acontecido en el torneo, avisame cuando tengas un hueco. Firmado: Reiji.</i></div>
<br />
Si era él quien decidía cuando, no tenia que comerme la cabeza para pensar sobre que hora visitarle sin molestarlo. No quería tirarme flores, pero había sido una gran idea para haber salido de mi. Al final, ponerse a estudiar sobre los barcos había servido también para ejercitar, aunque fuera un poco, mi cerebro.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Al lado de la Costa del Remolino]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-al-lado-de-la-costa-del-remolino</link>
			<pubDate>Mon, 09 Mar 2020 16:58:30 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=139">Uzumaki Eri</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-al-lado-de-la-costa-del-remolino</guid>
			<description><![CDATA[Desde hacía ya un tiempo, más o menos desde la entrada de la Primavera en Uzushiogakure cuando los rayos de sol calentaban lo suficiente para poder estar fuera sin abrigo, Eri había decidido salir a entrenar a las Costas del Remolino. El entreno no consistía más que en correr de un lado para otro de la playa cuando el sol ya había caído, así que no se toparía con mucha gente y si se tropezaba —cosa que había hecho más de una vez—, nadie se reiría de ella.<br />
<br />
Recordaba una vez, el segundo día para ser más exactos; que estaba corriendo a eso del mediodía cuando un infante se acercó, dispuesto a retarla a una pequeña carrera. La Uzumaki, pese a las constantes negaciones que le dedicó, al final se vio forzada a aceptar el reto, y ambos comenzaron a correr. Intentó darle ventaja, pero sus piernas estaban empeñadas en ser más ágiles que las del niño que seguramente no llegaba a los diez años, cuando, de pronto, un traicionero castillo de arena se cruzó en su camino, logrando su derrota, su bochorno y las riñas de una madre con una niña llorando por su creación de arena.<br />
<br />
Así que su decisión seguía en pie tras dos semanas de constante entreno de un lado hacia otro de la playa.<br />
<br />
El problema que tenía con ese entrenamiento era que, siempre, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">siempre</span>, pasaba por la casa de Datsue. A veces sentía la tentación de visitarle, porque llevaba demasiado tiempo sin verle, pero todavía no sabía cómo plantarle cara tras descubrir que Uchiha Akame seguía vivo y había ido tras su búsqueda todo aquel tiempo ausente de la villa. ¿Estaría enfadado con ella?  Jamás lo descubriría si no se atrevía a llamar, y, por como estaba, la pequeña Uzumaki iba a morir cual cobarde antes de pagarle una visita a su mejor amigo.<br />
<br />
<span style="color: orange; font-style: italic;">«Mejor amigo, já.»</span><br />
<br />
Daba gracias todavía de poder llamarle aún así.<br />
<br />
De nuevo, aquel día, sus pies se habían detenido delante de la casa, pero no era capaz de llamar. Quería hablar con él y ponerse al día, pero no era capaz, y no entendía muchas veces el porqué.<br />
<br />
Suspiró, sería un día largo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Desde hacía ya un tiempo, más o menos desde la entrada de la Primavera en Uzushiogakure cuando los rayos de sol calentaban lo suficiente para poder estar fuera sin abrigo, Eri había decidido salir a entrenar a las Costas del Remolino. El entreno no consistía más que en correr de un lado para otro de la playa cuando el sol ya había caído, así que no se toparía con mucha gente y si se tropezaba —cosa que había hecho más de una vez—, nadie se reiría de ella.<br />
<br />
Recordaba una vez, el segundo día para ser más exactos; que estaba corriendo a eso del mediodía cuando un infante se acercó, dispuesto a retarla a una pequeña carrera. La Uzumaki, pese a las constantes negaciones que le dedicó, al final se vio forzada a aceptar el reto, y ambos comenzaron a correr. Intentó darle ventaja, pero sus piernas estaban empeñadas en ser más ágiles que las del niño que seguramente no llegaba a los diez años, cuando, de pronto, un traicionero castillo de arena se cruzó en su camino, logrando su derrota, su bochorno y las riñas de una madre con una niña llorando por su creación de arena.<br />
<br />
Así que su decisión seguía en pie tras dos semanas de constante entreno de un lado hacia otro de la playa.<br />
<br />
El problema que tenía con ese entrenamiento era que, siempre, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">siempre</span>, pasaba por la casa de Datsue. A veces sentía la tentación de visitarle, porque llevaba demasiado tiempo sin verle, pero todavía no sabía cómo plantarle cara tras descubrir que Uchiha Akame seguía vivo y había ido tras su búsqueda todo aquel tiempo ausente de la villa. ¿Estaría enfadado con ella?  Jamás lo descubriría si no se atrevía a llamar, y, por como estaba, la pequeña Uzumaki iba a morir cual cobarde antes de pagarle una visita a su mejor amigo.<br />
<br />
<span style="color: orange; font-style: italic;">«Mejor amigo, já.»</span><br />
<br />
Daba gracias todavía de poder llamarle aún así.<br />
<br />
De nuevo, aquel día, sus pies se habían detenido delante de la casa, pero no era capaz de llamar. Quería hablar con él y ponerse al día, pero no era capaz, y no entendía muchas veces el porqué.<br />
<br />
Suspiró, sería un día largo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Todo empezó con una misión]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-todo-empezo-con-una-mision</link>
			<pubDate>Wed, 05 Feb 2020 15:14:08 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=34">Uchiha Datsue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-todo-empezo-con-una-mision</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Todo empezó con una misión</span>. En el Bosque de la Hoja, por culpa de unos bandidos de poca monta que asaltaban a comerciantes y viajeros. Uchiha Datsue había sido llamado para encontrarlos, atraparlos o matarlos. No necesariamente por ese orden. Ni tan siquiera debía cumplir las tres. En su lugar, podía ser él el encontrado, como fue el caso. Haciéndose pasar por un pequeño ricachón desprovisto de guardia. Un cebo de lo más suculento. Un cebo que picaron. <br />
<br />
Pero en esta historia, esa aventura carece de importancia. Como ya se dijo, todo empezó con una misión. Datsue debía abandonar la Villa por al menos una semana, y ni Nabi ni Eri podían quedarse al cargo de Datsuse. Con todo el dolor del corazón, al Uchiha no le quedó más remedio que encargar una misión a algún novato recién salido de la academia. No es que le importase que su perro quedase con un desconocido, lo que le jodía era tener que pagar por ello. <br />
<br />
No llegó a conocer al genin en cuestión, pero dejó instrucciones muy específicas. A Datsuse había que sacarle a pasear por la playa a las nueve de la mañana, hora en la que ambos solían salir a correr por la arena. Luego, había que dejarle en casa —Datsue había facilitado unas llaves para el acceso a la vivienda—, y rellenar el comedero y el bebedero. A la una del mediodía, a Datsuse había que sacarle a pasear de nuevo, concretamente por el Parque Rojo. Allí debía dejarle correr libre por el parque, y dejar que campara a sus anchas con su tropa: cuatro perros de distintas razas que solían acudir con sus dueños al parque a esa hora. Datsuse era el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">capo</span> de todos ellos, el dominante, y llevaba muy mal que nadie le molestase mientras hacía de las suyas. <br />
<br />
Más tarde, tras dejarle nuevamente en casa con algo que comer y beber, el genin debía regresar a las siete de la tarde y dar un último paseo por el Jardín de los Cerezos. Allí Datsuse tenía una cita con una perra. Llevaba muy mal llegar tarde o con prisas, así que era de máximo menester ser puntual. Finalmente, a la vuelta, el genin debía acicalar a Datsuse con un cepillo dejado por el Uchiha y dejarle nuevamente algo de comer y beber. <br />
<br />
El Mizuyōbi, además, Datsuse debía acudir a una peluquería canina. El perro era muy estricto en temas de pelaje, y necesitaba ir cada semana a que le dejasen las medidas correctas. <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Ah, ya debe de quedar poco</span> —se dijo el Uchiha, subido al tejado de su vivienda. Utilizaba el Meis<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">aigakure no Jutsu</span> para pasar desapercibido a ojos mortales, y su plan era sencillo: comprobar de primera mano que el genin hubiese estado cuidando de Datsuse correctamente todo aquel tiempo. <br />
<br />
Había llegado un día antes de lo previsto, y eran las ocho de la tarde…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Todo empezó con una misión</span>. En el Bosque de la Hoja, por culpa de unos bandidos de poca monta que asaltaban a comerciantes y viajeros. Uchiha Datsue había sido llamado para encontrarlos, atraparlos o matarlos. No necesariamente por ese orden. Ni tan siquiera debía cumplir las tres. En su lugar, podía ser él el encontrado, como fue el caso. Haciéndose pasar por un pequeño ricachón desprovisto de guardia. Un cebo de lo más suculento. Un cebo que picaron. <br />
<br />
Pero en esta historia, esa aventura carece de importancia. Como ya se dijo, todo empezó con una misión. Datsue debía abandonar la Villa por al menos una semana, y ni Nabi ni Eri podían quedarse al cargo de Datsuse. Con todo el dolor del corazón, al Uchiha no le quedó más remedio que encargar una misión a algún novato recién salido de la academia. No es que le importase que su perro quedase con un desconocido, lo que le jodía era tener que pagar por ello. <br />
<br />
No llegó a conocer al genin en cuestión, pero dejó instrucciones muy específicas. A Datsuse había que sacarle a pasear por la playa a las nueve de la mañana, hora en la que ambos solían salir a correr por la arena. Luego, había que dejarle en casa —Datsue había facilitado unas llaves para el acceso a la vivienda—, y rellenar el comedero y el bebedero. A la una del mediodía, a Datsuse había que sacarle a pasear de nuevo, concretamente por el Parque Rojo. Allí debía dejarle correr libre por el parque, y dejar que campara a sus anchas con su tropa: cuatro perros de distintas razas que solían acudir con sus dueños al parque a esa hora. Datsuse era el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">capo</span> de todos ellos, el dominante, y llevaba muy mal que nadie le molestase mientras hacía de las suyas. <br />
<br />
Más tarde, tras dejarle nuevamente en casa con algo que comer y beber, el genin debía regresar a las siete de la tarde y dar un último paseo por el Jardín de los Cerezos. Allí Datsuse tenía una cita con una perra. Llevaba muy mal llegar tarde o con prisas, así que era de máximo menester ser puntual. Finalmente, a la vuelta, el genin debía acicalar a Datsuse con un cepillo dejado por el Uchiha y dejarle nuevamente algo de comer y beber. <br />
<br />
El Mizuyōbi, además, Datsuse debía acudir a una peluquería canina. El perro era muy estricto en temas de pelaje, y necesitaba ir cada semana a que le dejasen las medidas correctas. <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Ah, ya debe de quedar poco</span> —se dijo el Uchiha, subido al tejado de su vivienda. Utilizaba el Meis<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">aigakure no Jutsu</span> para pasar desapercibido a ojos mortales, y su plan era sencillo: comprobar de primera mano que el genin hubiese estado cuidando de Datsuse correctamente todo aquel tiempo. <br />
<br />
Había llegado un día antes de lo previsto, y eran las ocho de la tarde…]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[1 Copa y 8 Chupitos]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-1-copa-y-8-chupitos</link>
			<pubDate>Thu, 23 Jan 2020 23:50:27 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=4">Sasaki Reiji</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-1-copa-y-8-chupitos</guid>
			<description><![CDATA[La vida era un cúmulo de decisiones. Buenas y malas. Yo apilaba un montón de ambas y era incapaz de contar cuantas había en cada montón. Ademas, esas decisiones tenían consecuencias que no siempre eran buenas.<br />
<br />
Sin embargo, esas decisiones eran lo que me habían llevado a aquel punto de mi vida en el cual prefería estar en un barco a medio arreglar que en mi propia casa. Eso si, no me arrepentía de nada.<br />
<br />
Lo que si había tenido tiempo de mejorar era el camarote más grande, donde estaba pasando el tiempo en ese momento. <br />
<br />
Había puesto un par de sofás, uno justo en frente de la puerta y otro a la derecha y justo frente a ellos, una mesita de madera bajita, que ahora estaba repletas de mapas, libros y cartas de navegación que aún no entendía.<br />
<br />
También, en la esquina que separaba ambos sofás, había un pequeño sofá sobre el cual había un pequeño altar para dejar las Katanas. Había sitio para tres, pero en ese momento solo Tsubame e Ichiko reposaban en ese lugar. <br />
<br />
Lo último destacable, era un gran armario que se encontraba a la izquierda de la puerta. Allí solo había algo de ropa, aunque aún no había tenido que pasar la noche en el barco, como había sugerido Hanabi. Pero ganas no habían faltado alguno de los últimos días.<br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¿Quien narices escribe estos manuales? Pero si estas palabras ni siquiera pueden leerse.</span><br />
<br />
Lo mas gracioso del mundo, es que los manuales del barco siempre habían estado en el barco. Aunque por otro lado... Ni puta idea de interpretarlos aún. Por lo que tampoco hubiesen servido de mucho, a no ser que Katsudon o Yuuna supieran entenderlos. <br />
<br />
Pero allí estaba yo. Sentado en el sofá con las piernas cruzadas, intentando entender aquél maldito libro. Aunque no solo eso. También estaba esperando a alguien. <br />
<br />
Aquella misma mañana, y tras varios intentos fallidos de contactar con él, decidí dejarle una carta a Datsue en el buzón de su casa, que por suerte para mi, pillaba bastante cerca del barco.<br />
<br />
La carta no decía mucho solo algo como: <br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>"Tío, tenemos que hablar de algo gordo, pillate unas botellas de alcohol, por que creeme, te van a hacer falta. Estoy en el único barco del puerto que esta en reparaciones, nada difícil de encontrar"</i></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La vida era un cúmulo de decisiones. Buenas y malas. Yo apilaba un montón de ambas y era incapaz de contar cuantas había en cada montón. Ademas, esas decisiones tenían consecuencias que no siempre eran buenas.<br />
<br />
Sin embargo, esas decisiones eran lo que me habían llevado a aquel punto de mi vida en el cual prefería estar en un barco a medio arreglar que en mi propia casa. Eso si, no me arrepentía de nada.<br />
<br />
Lo que si había tenido tiempo de mejorar era el camarote más grande, donde estaba pasando el tiempo en ese momento. <br />
<br />
Había puesto un par de sofás, uno justo en frente de la puerta y otro a la derecha y justo frente a ellos, una mesita de madera bajita, que ahora estaba repletas de mapas, libros y cartas de navegación que aún no entendía.<br />
<br />
También, en la esquina que separaba ambos sofás, había un pequeño sofá sobre el cual había un pequeño altar para dejar las Katanas. Había sitio para tres, pero en ese momento solo Tsubame e Ichiko reposaban en ese lugar. <br />
<br />
Lo último destacable, era un gran armario que se encontraba a la izquierda de la puerta. Allí solo había algo de ropa, aunque aún no había tenido que pasar la noche en el barco, como había sugerido Hanabi. Pero ganas no habían faltado alguno de los últimos días.<br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¿Quien narices escribe estos manuales? Pero si estas palabras ni siquiera pueden leerse.</span><br />
<br />
Lo mas gracioso del mundo, es que los manuales del barco siempre habían estado en el barco. Aunque por otro lado... Ni puta idea de interpretarlos aún. Por lo que tampoco hubiesen servido de mucho, a no ser que Katsudon o Yuuna supieran entenderlos. <br />
<br />
Pero allí estaba yo. Sentado en el sofá con las piernas cruzadas, intentando entender aquél maldito libro. Aunque no solo eso. También estaba esperando a alguien. <br />
<br />
Aquella misma mañana, y tras varios intentos fallidos de contactar con él, decidí dejarle una carta a Datsue en el buzón de su casa, que por suerte para mi, pillaba bastante cerca del barco.<br />
<br />
La carta no decía mucho solo algo como: <br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>"Tío, tenemos que hablar de algo gordo, pillate unas botellas de alcohol, por que creeme, te van a hacer falta. Estoy en el único barco del puerto que esta en reparaciones, nada difícil de encontrar"</i></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Vuelta a la carga]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-vuelta-a-la-carga</link>
			<pubDate>Fri, 27 Sep 2019 17:48:31 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=954">Fuumi Riko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-vuelta-a-la-carga</guid>
			<description><![CDATA[Y allí estaba él, tirado en la arena de la maravillosa playa de la Costa del Remolino, con la respiración entrecortada y sudor recorriendo su rostro. Los ojos cerrados para evitar así el sol que le daba directo y con el inicio del típico picorcillo en la piel anterior a una quemazón por no haberse echado suficiente crema solar.<br />
<br />
Aquella mañana había decidido que sería una buena idea levantarse temprano y, aprovechando que su padre tenía que ir a trabajar al restaurante familiar, salir a entrenar por su cuenta, y así sus pasos le había conducido hasta aquella playa, en busca de un lugar tranquilo donde poder practicar, pues aunque acababa de graduarse en la Academia de las Olas, aún le quedaba mucho por hacer, y no pensaba quedarse parado a verlas venir.<br />
<br />
Echó mano a una pequeña mochila que llevaba consigo, donde guardaba una botella de agua que aún se mantenía fría gracias a que había congelado la mitad la noche anterior, y le dio un buen trago, refrescando su gaznate y notando como se le había metido un poco de arena en la boca mientras practicaba.<br />
<br />
Volvió a meter la botella en la mochila y se reajustó el moño, que tenía prácticamente deshecho antes de incorporarse nuevamente y empezar una carrera de un lado a otro de la playa, corriendo descalzo y pegado al agua, refrescando así los pies cuando alguna ola alcanzaba su posición.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Y allí estaba él, tirado en la arena de la maravillosa playa de la Costa del Remolino, con la respiración entrecortada y sudor recorriendo su rostro. Los ojos cerrados para evitar así el sol que le daba directo y con el inicio del típico picorcillo en la piel anterior a una quemazón por no haberse echado suficiente crema solar.<br />
<br />
Aquella mañana había decidido que sería una buena idea levantarse temprano y, aprovechando que su padre tenía que ir a trabajar al restaurante familiar, salir a entrenar por su cuenta, y así sus pasos le había conducido hasta aquella playa, en busca de un lugar tranquilo donde poder practicar, pues aunque acababa de graduarse en la Academia de las Olas, aún le quedaba mucho por hacer, y no pensaba quedarse parado a verlas venir.<br />
<br />
Echó mano a una pequeña mochila que llevaba consigo, donde guardaba una botella de agua que aún se mantenía fría gracias a que había congelado la mitad la noche anterior, y le dio un buen trago, refrescando su gaznate y notando como se le había metido un poco de arena en la boca mientras practicaba.<br />
<br />
Volvió a meter la botella en la mochila y se reajustó el moño, que tenía prácticamente deshecho antes de incorporarse nuevamente y empezar una carrera de un lado a otro de la playa, corriendo descalzo y pegado al agua, refrescando así los pies cuando alguna ola alcanzaba su posición.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Invasión al jardín]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-invasion-al-jardin</link>
			<pubDate>Tue, 09 Jul 2019 00:37:22 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=4">Sasaki Reiji</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-invasion-al-jardin</guid>
			<description><![CDATA[Lo peor del tiempo que le había dicho a Datsue que me esperará es que estaba pasando volando. Por suerte, lo que tenia que hacer ya estaba casi terminado, pero aún así, siempre parecía que no íbamos a conseguirlo en ese tiempo.<br />
<br />
Lo peor de todo era lo exigente de mi padre. No estaba satisfecho muchas veces ni con su propio trabajo, y mira que tenia planeado aquello desde hacia tiempo.<br />
<br />
Pero lo íbamos a lograr.<br />
<br />
En otro orden de cosas, y volviendo al tema de Datsue, había recibido el día anterior  una carta que, de su simpleza, parecía hasta extraña.<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Hola,<br />
<br />
Te escribo para contarte que mañana por la noche tendremos una fiesta veraniega en el jardín de mi casa. Habrá comida, bebida, música y la playa esta al lado para bañarnos a la luz de las estrellas. Espero que puedas venir.<br />
<br />
PD: Puedes traerte a Sakura, también esta invitada.</i></div>
<br />
Parecía una carta normal y corriente, si. Pero es que Datsue vivía a unos veinticinco minutos andando, y encima se estaba ejercitando, caminar le vendría bien. ¿Por que no había venido él mismo a invitarnos? <br />
<br />
Tampoco quería darle muchas vueltas, igual simplemente estaba ocupado con sus asuntos. De cualquier forma, por las noches no tenia nada que hacer. Por lo que ir a la fiesta de Datsue no era un mal plan. Así también podria despejarme un poco de trabajo.<br />
<br />
<div align="center">〜〜〜〜〜〜〜〜〜〜 </div>
<br />
Como no ponía hora, pero hablaba de comida y bebida, me presenté en casa de Datsue sobre las ocho y media, poco antes de la hora de cenar.<br />
<br />
Yo iba vestido directamente con el bañador, unas sandalias y una camisa azul con un estampado de flores rojas y verdes. Sakura, por su parte, había escogido un sencillo vestido de tirantes azul y unas sandalias. También se había recogido su pelo anaranjado  en una trenza que le caía por delante hombro derecho.<br />
<br />
En cuanto llegamos, llamamos a la puerta.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Lo peor del tiempo que le había dicho a Datsue que me esperará es que estaba pasando volando. Por suerte, lo que tenia que hacer ya estaba casi terminado, pero aún así, siempre parecía que no íbamos a conseguirlo en ese tiempo.<br />
<br />
Lo peor de todo era lo exigente de mi padre. No estaba satisfecho muchas veces ni con su propio trabajo, y mira que tenia planeado aquello desde hacia tiempo.<br />
<br />
Pero lo íbamos a lograr.<br />
<br />
En otro orden de cosas, y volviendo al tema de Datsue, había recibido el día anterior  una carta que, de su simpleza, parecía hasta extraña.<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Hola,<br />
<br />
Te escribo para contarte que mañana por la noche tendremos una fiesta veraniega en el jardín de mi casa. Habrá comida, bebida, música y la playa esta al lado para bañarnos a la luz de las estrellas. Espero que puedas venir.<br />
<br />
PD: Puedes traerte a Sakura, también esta invitada.</i></div>
<br />
Parecía una carta normal y corriente, si. Pero es que Datsue vivía a unos veinticinco minutos andando, y encima se estaba ejercitando, caminar le vendría bien. ¿Por que no había venido él mismo a invitarnos? <br />
<br />
Tampoco quería darle muchas vueltas, igual simplemente estaba ocupado con sus asuntos. De cualquier forma, por las noches no tenia nada que hacer. Por lo que ir a la fiesta de Datsue no era un mal plan. Así también podria despejarme un poco de trabajo.<br />
<br />
<div align="center">〜〜〜〜〜〜〜〜〜〜 </div>
<br />
Como no ponía hora, pero hablaba de comida y bebida, me presenté en casa de Datsue sobre las ocho y media, poco antes de la hora de cenar.<br />
<br />
Yo iba vestido directamente con el bañador, unas sandalias y una camisa azul con un estampado de flores rojas y verdes. Sakura, por su parte, había escogido un sencillo vestido de tirantes azul y unas sandalias. También se había recogido su pelo anaranjado  en una trenza que le caía por delante hombro derecho.<br />
<br />
En cuanto llegamos, llamamos a la puerta.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿Entre la espada y la pared? Usa Kawarimi]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-entre-la-espada-y-la-pared-usa-kawarimi</link>
			<pubDate>Thu, 25 Apr 2019 13:31:39 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=34">Uchiha Datsue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-entre-la-espada-y-la-pared-usa-kawarimi</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Plac. Plac. Plac.</span></div>
<br />
Hacía sol. De esos que queman si no te echas protección solar. De esos que te hacen cobijarte bajo una sombra, como si buscases refugio en una tormenta, o de los que te obligan a refrescarte en la orilla cada cinco minutos. Estaban en Ascua, al fin y al cabo. Y estaban en Uzu. <br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Plac. Plac. Plac.</span></div>
<br />
Eran las tres de la tarde y la playa estaba a rebosar. Llena de civiles. Llena de ninjas retirados. Algún que otro de descanso. Unos pocos que aprovechaban su día libre para seguir torturando su cuerpo y volverse más fuertes. Mejores. <br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Plac, plac, plac.</span></div>
<br />
Uno de estos últimos se encontraba luchando contra sí mismo, literalmente, cerca de la orilla. Allí donde la arena estaba humedecida y el suelo era más firme y liso. Había dibujado un gran círculo a su alrededor con un palo, cual círculo de lucha en sumo, e intercambiaba golpes con su Kage Bunshin empuñando un arma de lo más peculiar. <br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Plac, plac, plac!</span></div>
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">¡La estás blandiendo mal, joder!</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">¡Es que es muy pesada!</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">¿Pesada? ¡Que llevas dos meses levantando pesas, pedazo mierda! ¿Cómo que pesada?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">B-bueno… Es que tengo que acostumbrarme al Ōkunai. Además, ¡ni que tú la empuñases bien!</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">¡No cambies de tema de conversación! Que estamos hablando de ti, no de mí. ¡Siempre haces igual, macho!</span><br />
<br />
Los dos chicos siguieron refunfuñando por un rato, aprovechando para recuperar algo de aliento. Estos chicos vestían ambos un bañador rojo, con un cordón de un azul oscuro. Tenían la bandana de Uzu anudada al brazo derecho, y los ojos iluminados por el Sharingan. <br />
<br />
Al lado, fuera del círculo, reposaba una bolsa de playa.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Plac. Plac. Plac.</span></div>
<br />
Hacía sol. De esos que queman si no te echas protección solar. De esos que te hacen cobijarte bajo una sombra, como si buscases refugio en una tormenta, o de los que te obligan a refrescarte en la orilla cada cinco minutos. Estaban en Ascua, al fin y al cabo. Y estaban en Uzu. <br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Plac. Plac. Plac.</span></div>
<br />
Eran las tres de la tarde y la playa estaba a rebosar. Llena de civiles. Llena de ninjas retirados. Algún que otro de descanso. Unos pocos que aprovechaban su día libre para seguir torturando su cuerpo y volverse más fuertes. Mejores. <br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Plac, plac, plac.</span></div>
<br />
Uno de estos últimos se encontraba luchando contra sí mismo, literalmente, cerca de la orilla. Allí donde la arena estaba humedecida y el suelo era más firme y liso. Había dibujado un gran círculo a su alrededor con un palo, cual círculo de lucha en sumo, e intercambiaba golpes con su Kage Bunshin empuñando un arma de lo más peculiar. <br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Plac, plac, plac!</span></div>
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">¡La estás blandiendo mal, joder!</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">¡Es que es muy pesada!</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">¿Pesada? ¡Que llevas dos meses levantando pesas, pedazo mierda! ¿Cómo que pesada?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">B-bueno… Es que tengo que acostumbrarme al Ōkunai. Además, ¡ni que tú la empuñases bien!</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">¡No cambies de tema de conversación! Que estamos hablando de ti, no de mí. ¡Siempre haces igual, macho!</span><br />
<br />
Los dos chicos siguieron refunfuñando por un rato, aprovechando para recuperar algo de aliento. Estos chicos vestían ambos un bañador rojo, con un cordón de un azul oscuro. Tenían la bandana de Uzu anudada al brazo derecho, y los ojos iluminados por el Sharingan. <br />
<br />
Al lado, fuera del círculo, reposaba una bolsa de playa.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Contra las olas del norte]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-contra-las-olas-del-norte</link>
			<pubDate>Sat, 03 Nov 2018 12:53:35 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Fuukei</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-contra-las-olas-del-norte</guid>
			<description><![CDATA[El frío había llegado al País de la Espiral para quedarse durante los próximos meses. Con el invierno, el escenario de las costas languidecían como si fueran desprovistas de su fuerza natural. La arena parecía más pálida, el horizonte; más estático y el movimiento del mar se había vuelto más tímido, queriendo pasar desapercibido como el resto de elementos de aquel calmado paisaje. Particularmente, a Fuukei le gustaba el oleaje de aquella época del año. Pausado, lento, mudo... Ideal para evocar pensamientos. Aunque se tratasen las de un chaval de catorze años.<br />
<br />
<span style="color: khaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«Pensé que después de graduarme a Genin ya no me tocaría hacer cosas como éstas. Que estaría apostando por misiones excitantes en nuevos parajes y compañeros... Pero mamá siempre tiene razón: las obligaciones son las obligaciones. Y esto no se va a cargar solo... »</span></span><br />
<br />
Y el peliblanco iba con razón. La caja de lechugas que debía entregar al embarcadero no iba a transportarse sola hasta allí. Habían tenido una buena cosecha. No lo negaba. Pero nunca les daría suficiente como para contratar a alguien para que llevase los encargos por ellos. Ni la familia optaría por ello mientras fueran capaces de hacerlo por ellos mismos. Y aun teniendo el favor de las cabras, la abuela les había prohibido terminantemente llamarlas para que realizasen esa clase de labores. A pesar de la advertencia de la matriarca, más de una vez lo había intentado. Pero Chihige, la pequeña cabra de perilla marrón, le había mandado a pastar.<br />
<br />
Sus pensamientos fueron cortados por la <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">pelea</span> entre un marinero joven y un pescadero de avanzada edad con los humos un poco subidos. El vocerío de ambos personajes llamó la atención del público más cercano, creando una expectación alrededor de estos dos. El peliblanco veía como se iban hinchando las venas por momentos en el rostro de los implicados. <span style="color: khaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«Si siguen así acabarán a golpes...»</span></span> Decidió que algo había que hacer antes de que llegasen a las manos. Y estaba dispuesto a ello, dejando la caja al suelo con cuidado, cuando de repente intervino una tercera persona en la escena.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El frío había llegado al País de la Espiral para quedarse durante los próximos meses. Con el invierno, el escenario de las costas languidecían como si fueran desprovistas de su fuerza natural. La arena parecía más pálida, el horizonte; más estático y el movimiento del mar se había vuelto más tímido, queriendo pasar desapercibido como el resto de elementos de aquel calmado paisaje. Particularmente, a Fuukei le gustaba el oleaje de aquella época del año. Pausado, lento, mudo... Ideal para evocar pensamientos. Aunque se tratasen las de un chaval de catorze años.<br />
<br />
<span style="color: khaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«Pensé que después de graduarme a Genin ya no me tocaría hacer cosas como éstas. Que estaría apostando por misiones excitantes en nuevos parajes y compañeros... Pero mamá siempre tiene razón: las obligaciones son las obligaciones. Y esto no se va a cargar solo... »</span></span><br />
<br />
Y el peliblanco iba con razón. La caja de lechugas que debía entregar al embarcadero no iba a transportarse sola hasta allí. Habían tenido una buena cosecha. No lo negaba. Pero nunca les daría suficiente como para contratar a alguien para que llevase los encargos por ellos. Ni la familia optaría por ello mientras fueran capaces de hacerlo por ellos mismos. Y aun teniendo el favor de las cabras, la abuela les había prohibido terminantemente llamarlas para que realizasen esa clase de labores. A pesar de la advertencia de la matriarca, más de una vez lo había intentado. Pero Chihige, la pequeña cabra de perilla marrón, le había mandado a pastar.<br />
<br />
Sus pensamientos fueron cortados por la <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">pelea</span> entre un marinero joven y un pescadero de avanzada edad con los humos un poco subidos. El vocerío de ambos personajes llamó la atención del público más cercano, creando una expectación alrededor de estos dos. El peliblanco veía como se iban hinchando las venas por momentos en el rostro de los implicados. <span style="color: khaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«Si siguen así acabarán a golpes...»</span></span> Decidió que algo había que hacer antes de que llegasen a las manos. Y estaba dispuesto a ello, dejando la caja al suelo con cuidado, cuando de repente intervino una tercera persona en la escena.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Uno de los nuestros]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-uno-de-los-nuestros</link>
			<pubDate>Thu, 20 Sep 2018 17:30:59 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-uno-de-los-nuestros</guid>
			<description><![CDATA[<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: burlywood;" class="mycode_color">Augurio</span>, <span style="color: sienna;" class="mycode_color">Otoño</span> del año 218.</div></i></div>
<br />
<br />
El Sol ya se iba poniendo tras el horizonte del mar que se extendía, inifito en apariencia, más allá de la costa de Uzushiogakure, hacia las Islas del Té. En el embarcadero de la Villa había poca actividad, en parte por las horas y en parte porque se encontraban ya al final de la semana. A los uzujin, bien acostumbrados al clima cálido de su tierra, tampoco solían gustarles los días fríos de Otoño como aquel; pero a saber si eso se convertía en una excusa para los marineros, con la pretensión de acabar antes la jornada.<br />
<br />
Sea como fuere, cuando Hōzuki Chokichi pusiera el primer pie en la larguísima estructura de tablas de madera que constituía el embarcadero del Remolino, apenas vería por allí a algunos trabajadores que terminaban de cargar cajas, o fondear algún pequeño navío que recién llegaba. Al final de la pasarela, sin embargo, distinguiría una figura larguilucha y escuálida que contrastaba con el bello horizonte, teñido de colores naranjas, rosáceos y amarillentos. <br />
<br />
Uchiha Akame fumaba tranquilas pitadas de su cigarrillo, con la vista perdida en el mar. De tanto en tanto se volteaba para comprobar si el chuunin al que había citado allí cumplía con la hora. Cuando distinguió su silueta regordeta y mundana, una sonrisa torcida se dibujó en sus labios. Había mandado a un joven genin a entregarle un mensaje a Chokichi, citándole allí y a esa misma hora; "en el embarcadero a las ocho de la tarde", había escrito.<br />
<br />
En sus manos, una revista enrollada cuyo título se podía ver en la portada.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«La Villa»</span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: burlywood;" class="mycode_color">Augurio</span>, <span style="color: sienna;" class="mycode_color">Otoño</span> del año 218.</div></i></div>
<br />
<br />
El Sol ya se iba poniendo tras el horizonte del mar que se extendía, inifito en apariencia, más allá de la costa de Uzushiogakure, hacia las Islas del Té. En el embarcadero de la Villa había poca actividad, en parte por las horas y en parte porque se encontraban ya al final de la semana. A los uzujin, bien acostumbrados al clima cálido de su tierra, tampoco solían gustarles los días fríos de Otoño como aquel; pero a saber si eso se convertía en una excusa para los marineros, con la pretensión de acabar antes la jornada.<br />
<br />
Sea como fuere, cuando Hōzuki Chokichi pusiera el primer pie en la larguísima estructura de tablas de madera que constituía el embarcadero del Remolino, apenas vería por allí a algunos trabajadores que terminaban de cargar cajas, o fondear algún pequeño navío que recién llegaba. Al final de la pasarela, sin embargo, distinguiría una figura larguilucha y escuálida que contrastaba con el bello horizonte, teñido de colores naranjas, rosáceos y amarillentos. <br />
<br />
Uchiha Akame fumaba tranquilas pitadas de su cigarrillo, con la vista perdida en el mar. De tanto en tanto se volteaba para comprobar si el chuunin al que había citado allí cumplía con la hora. Cuando distinguió su silueta regordeta y mundana, una sonrisa torcida se dibujó en sus labios. Había mandado a un joven genin a entregarle un mensaje a Chokichi, citándole allí y a esa misma hora; "en el embarcadero a las ocho de la tarde", había escrito.<br />
<br />
En sus manos, una revista enrollada cuyo título se podía ver en la portada.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«La Villa»</span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La redención del triple traidor]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-redencion-del-triple-traidor</link>
			<pubDate>Fri, 07 Sep 2018 14:05:19 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=2">Amedama Daruu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-redencion-del-triple-traidor</guid>
			<description><![CDATA[En su camarote, Daruu dormitaba boca arriba, con la nariz y el brazo izquierdo envueltos en vendas. Se había puesto ropa cómoda y había dejado sus útiles de ninja en la mesita de dormir. Quién sabe si algún día se sentiría digno para volver a llevarlos. Por el momento vestía una camiseta de manga corta blanca y unos pantalones cortos de color gris, anchos.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Maldito calor de mierda</span> —murmuró para sí mismo. Desde que había llegado a Uzushiogakure no había dejado de sudar. Y parecía que hasta que no salieran del país y volvieran a la Tormenta, no iba a dejar de hacerlo.<br />
<br />
El País de la Tormenta... cuánto echaba de menos su gran rincón del mundo, auspiciado por Amenokami y lejos de los pérfidos dioses de los uzureños; en especial la contraparte del mencionado: Susano'o.<br />
<br />
Se giró hacia un lado, encarando a la pared. <span style="color: mediumseagreen; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Ese hijodeputa de Akame... ha estado en control de la situación todo el tiempo. No he sido capaz de hacer nada, nos ha manejado como a dos marionetas de tela.</span>»</span><br />
<br />
<span style="color: mediumseagreen; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Pero todo es culpa mía.</span>»</span><br />
<br />
<span style="color: mediumseagreen; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Y a todo esto, ¿la marca de la estatua de Sumizu Kouta, qué coño? Estoy seguro de haberla dibujado bien, no debería...</span>»</span><br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Toc, toc, toc.</span></div>
<br />
Alguien llamó a su puerta.<br />
<br />
No contestó. No quería ver a nadie.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[En su camarote, Daruu dormitaba boca arriba, con la nariz y el brazo izquierdo envueltos en vendas. Se había puesto ropa cómoda y había dejado sus útiles de ninja en la mesita de dormir. Quién sabe si algún día se sentiría digno para volver a llevarlos. Por el momento vestía una camiseta de manga corta blanca y unos pantalones cortos de color gris, anchos.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Maldito calor de mierda</span> —murmuró para sí mismo. Desde que había llegado a Uzushiogakure no había dejado de sudar. Y parecía que hasta que no salieran del país y volvieran a la Tormenta, no iba a dejar de hacerlo.<br />
<br />
El País de la Tormenta... cuánto echaba de menos su gran rincón del mundo, auspiciado por Amenokami y lejos de los pérfidos dioses de los uzureños; en especial la contraparte del mencionado: Susano'o.<br />
<br />
Se giró hacia un lado, encarando a la pared. <span style="color: mediumseagreen; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Ese hijodeputa de Akame... ha estado en control de la situación todo el tiempo. No he sido capaz de hacer nada, nos ha manejado como a dos marionetas de tela.</span>»</span><br />
<br />
<span style="color: mediumseagreen; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Pero todo es culpa mía.</span>»</span><br />
<br />
<span style="color: mediumseagreen; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Y a todo esto, ¿la marca de la estatua de Sumizu Kouta, qué coño? Estoy seguro de haberla dibujado bien, no debería...</span>»</span><br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Toc, toc, toc.</span></div>
<br />
Alguien llamó a su puerta.<br />
<br />
No contestó. No quería ver a nadie.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La arena y yo]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-arena-y-yo</link>
			<pubDate>Thu, 30 Aug 2018 19:43:21 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=7">Inuzuka Nabi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-arena-y-yo</guid>
			<description><![CDATA[Era temprano. Demasiado temprano. De hecho, la noche apenas había acabado así que minutos antes hubiera sido muy tarde, pero como el Sol empezaba a asomar ya era temprano. En cualquier caso, estaba corriendo por la costa de Uzushiogakure aprovechando los primeros rayos de luz y la ausencia de personas en la playa. <br />
<br />
Últimamente era un horror todo. La villa estaba abarrotada de gente a todas horas, gente al mediodía, gente por la tarde y gente por la noche. Por suerte, esa gente también dormía ahora, mientras yo me dedicaba a tonificar mis piernas y dejar mis huellas en la húmeda arena. Llevaba una camiseta carmesí de manga corta y un pantalón negro corto, además de las típicas sandalias shinobi que empezaban a estar compuestas más por arena que por sandalia en sí. <br />
<br />
Finalmente, decidí sentarme cerca de la orilla. Había dejado a mi perro, Stuffy, en casa porque madrugar era difícil para él. De todas formas, un Inuzuka no puede ir siempre pegado a su perro, hay días en los que tiene que salir, airearse para intentar quitarse el olor a perro, fracasar, negar su fracaso autoengañandose y, finalmente, aceptar su fracaso y que siempre olerá a perro. <br />
<br />
No faltaba mucho para que la playa se pusiese a reventar de gente, así que tenía que disfrutar al máximo de la tranquilidad del lugar antes de volver a casa y desayunar fuerte para recuperar lo quemado.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Era temprano. Demasiado temprano. De hecho, la noche apenas había acabado así que minutos antes hubiera sido muy tarde, pero como el Sol empezaba a asomar ya era temprano. En cualquier caso, estaba corriendo por la costa de Uzushiogakure aprovechando los primeros rayos de luz y la ausencia de personas en la playa. <br />
<br />
Últimamente era un horror todo. La villa estaba abarrotada de gente a todas horas, gente al mediodía, gente por la tarde y gente por la noche. Por suerte, esa gente también dormía ahora, mientras yo me dedicaba a tonificar mis piernas y dejar mis huellas en la húmeda arena. Llevaba una camiseta carmesí de manga corta y un pantalón negro corto, además de las típicas sandalias shinobi que empezaban a estar compuestas más por arena que por sandalia en sí. <br />
<br />
Finalmente, decidí sentarme cerca de la orilla. Había dejado a mi perro, Stuffy, en casa porque madrugar era difícil para él. De todas formas, un Inuzuka no puede ir siempre pegado a su perro, hay días en los que tiene que salir, airearse para intentar quitarse el olor a perro, fracasar, negar su fracaso autoengañandose y, finalmente, aceptar su fracaso y que siempre olerá a perro. <br />
<br />
No faltaba mucho para que la playa se pusiese a reventar de gente, así que tenía que disfrutar al máximo de la tranquilidad del lugar antes de volver a casa y desayunar fuerte para recuperar lo quemado.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¡La tormenta llega a Uzu! ¡El Tiburón y el Intrépido se enfrentan!]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-tormenta-llega-a-uzu-el-tiburon-y-el-intrepido-se-enfrentan</link>
			<pubDate>Fri, 10 Aug 2018 01:49:16 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=34">Uchiha Datsue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-tormenta-llega-a-uzu-el-tiburon-y-el-intrepido-se-enfrentan</guid>
			<description><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><div align="center"><iframe width="560" height="315" src="//www.youtube-nocookie.com/embed/jl-8EOC55bQ" frameborder="0" allowfullscreen="true"></iframe></div></div></div></div>
<br />
<br />
<br />
El sol caía al otro del mar, tiñendo el océano y el cielo de destellos bermellones y matices púrpuras. Las temperaturas, antes demasiado cálidas si no te dabas un buen chapuzón para remediarlo, ahora eran agradables. La gente que había ido a tomar el sol se iba marchando al ver como Amateratsu se despedía. Todas, salvo una. <br />
<br />
Se trataba de un joven chico, sin nada más que su bañador como atuendo, quien en vez de irse sacó un shamisen sellado en un pergamino. Sabía que todavía faltaban unos minutos para la hora acordada, y por eso, nada mejor que la música para esperar.  <br />
<br />
Tras afinar las cuerdas, tomó el bachi con una mano y arrancó las primeras notas de la melodía. Su voz, suave y melodiosa como el murmullo de un río lejano, no tardó en acompañarla con la letra de una canción. <br />
<br />
Aquella no era suya, pero dada la ocasión, creía que no había ninguna otra que pegase tan bien como aquella. <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Y mi mente, y mi Sharingan, me confortan</span> —Vale, quizá le había hecho algunas ligeras modificaciones—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">. Porque sé, que mataré a mis enemigos, cuando vengan.</span><br />
<br />
Había hecho llegar una nota a Umikiba Kaido. Una cita, que rezaba así: <span style="color: gray; font-style: italic;">«Te espero en la playa de la Villa cuando el sol emita sus últimos rayos. Ven si tienes huevos o quédate en casa. Al contrario de lo que me hiciste, estaré solo»</span>. <br />
<br />
Nada como picar un poco el orgullo amejin para asegurar resultados. <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Oh, ¡sí! ¡Mi mente y mi Sharingan me confortan!</span> —Cada vez más lento, cada vez más alto—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">. ¡Porque <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">sé</span>, que ma-ta-ré a mis e-ne-mi-gos, cuando llegueeen!</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><div align="center"><iframe width="560" height="315" src="//www.youtube-nocookie.com/embed/jl-8EOC55bQ" frameborder="0" allowfullscreen="true"></iframe></div></div></div></div>
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El sol caía al otro del mar, tiñendo el océano y el cielo de destellos bermellones y matices púrpuras. Las temperaturas, antes demasiado cálidas si no te dabas un buen chapuzón para remediarlo, ahora eran agradables. La gente que había ido a tomar el sol se iba marchando al ver como Amateratsu se despedía. Todas, salvo una. <br />
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Se trataba de un joven chico, sin nada más que su bañador como atuendo, quien en vez de irse sacó un shamisen sellado en un pergamino. Sabía que todavía faltaban unos minutos para la hora acordada, y por eso, nada mejor que la música para esperar.  <br />
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Tras afinar las cuerdas, tomó el bachi con una mano y arrancó las primeras notas de la melodía. Su voz, suave y melodiosa como el murmullo de un río lejano, no tardó en acompañarla con la letra de una canción. <br />
<br />
Aquella no era suya, pero dada la ocasión, creía que no había ninguna otra que pegase tan bien como aquella. <br />
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—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Y mi mente, y mi Sharingan, me confortan</span> —Vale, quizá le había hecho algunas ligeras modificaciones—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">. Porque sé, que mataré a mis enemigos, cuando vengan.</span><br />
<br />
Había hecho llegar una nota a Umikiba Kaido. Una cita, que rezaba así: <span style="color: gray; font-style: italic;">«Te espero en la playa de la Villa cuando el sol emita sus últimos rayos. Ven si tienes huevos o quédate en casa. Al contrario de lo que me hiciste, estaré solo»</span>. <br />
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Nada como picar un poco el orgullo amejin para asegurar resultados. <br />
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—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Oh, ¡sí! ¡Mi mente y mi Sharingan me confortan!</span> —Cada vez más lento, cada vez más alto—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">. ¡Porque <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">sé</span>, que ma-ta-ré a mis e-ne-mi-gos, cuando llegueeen!</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Donde no duermen los cangrejos]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-donde-no-duermen-los-cangrejos</link>
			<pubDate>Tue, 07 Aug 2018 02:09:08 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=730">Inuzuka Etsu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-donde-no-duermen-los-cangrejos</guid>
			<description><![CDATA[El Inuzuka dejó escapar un suspiro.<br />
<br />
Golpeó de nuevo el aire, tomó aire y con las mismas que el puño diestro volaba, lanzó el zurdo, y terminó quedando sobre una pierna y estirado en el golpe. Tan absurdo y surrealista era el golpe, que hasta terminó cayendo al suelo, boca arriba pues giró en la misma caída.<br />
<br />
Frente a él, a unos cuantos metros de distancia un huskie disfrutaba de la ligera brisa que salvaba la calurosa tarde. Estaba tirado sobre la blanca arena de la playa, con un coco entre patas, y una pajita directa hacia su hocico. Sin duda éste Inuzuka sí que sabía relajarse, y no como el rastas.<br />
<br />
El rastas, apenas tocó el suelo, se impulsó con la pierna diestra por el suelo, e pos de continuar su ataque a la nada. Su nuevo y singular estilo de pelea casi parecía de mofa o burla, era surrealista.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Ababaur...</span> —le inquirió el can.<br />
<br />
El chico detuvo su kata, o eso que estuviese haciendo. Llevó su mirada hacia el huskie, y terminó por sentarse con las piernas cruzadas. Tomó aire, y se apoyó con sus brazos sobre las piernas.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">No es tan fácil como parece... y mas sobre arena, tío</span><br />
<br />
El huskie soltó un leve quejido, casi como un suspiro, pero de desdicha.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Y te quejarás encima, tirado a la bartola con ese maldito coco...</span> —inquirió, con los ojos entrecerrados —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">tú también deberías estar entrenando conmigo.</span><br />
<br />
Pero el can miró hacia otro lado, como si la cosa no tuviese nada que ver con él. EL rastas dejó escapar un suspiro de nuevo, pero lejos de desistir, continuó entrenando en esos nuevos movimientos que buscaba perfeccionar. Se levantó, y se quitó la camiseta, la cuál tiró a la vera de la chaqueta. Sí, el chico había llevado sus habituales indumentarias, incluyendo la chaqueta, en pleno verano. Ahora quedó tan solo con los pantalones cortos militares puestos, el calor era asfixiante.<br />
<br />
Sin mas, se puso a entrenar de nuevo.<br />
<br />
No muy lejos de allí, había un buen chiringuito, del que habían sacado el coco-loco. La playa estaba poco transitada, pero sin duda no eran los únicos allí presentes. Al menos no molestaban demasiado, o intentaban no hacerlo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El Inuzuka dejó escapar un suspiro.<br />
<br />
Golpeó de nuevo el aire, tomó aire y con las mismas que el puño diestro volaba, lanzó el zurdo, y terminó quedando sobre una pierna y estirado en el golpe. Tan absurdo y surrealista era el golpe, que hasta terminó cayendo al suelo, boca arriba pues giró en la misma caída.<br />
<br />
Frente a él, a unos cuantos metros de distancia un huskie disfrutaba de la ligera brisa que salvaba la calurosa tarde. Estaba tirado sobre la blanca arena de la playa, con un coco entre patas, y una pajita directa hacia su hocico. Sin duda éste Inuzuka sí que sabía relajarse, y no como el rastas.<br />
<br />
El rastas, apenas tocó el suelo, se impulsó con la pierna diestra por el suelo, e pos de continuar su ataque a la nada. Su nuevo y singular estilo de pelea casi parecía de mofa o burla, era surrealista.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Ababaur...</span> —le inquirió el can.<br />
<br />
El chico detuvo su kata, o eso que estuviese haciendo. Llevó su mirada hacia el huskie, y terminó por sentarse con las piernas cruzadas. Tomó aire, y se apoyó con sus brazos sobre las piernas.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">No es tan fácil como parece... y mas sobre arena, tío</span><br />
<br />
El huskie soltó un leve quejido, casi como un suspiro, pero de desdicha.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Y te quejarás encima, tirado a la bartola con ese maldito coco...</span> —inquirió, con los ojos entrecerrados —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">tú también deberías estar entrenando conmigo.</span><br />
<br />
Pero el can miró hacia otro lado, como si la cosa no tuviese nada que ver con él. EL rastas dejó escapar un suspiro de nuevo, pero lejos de desistir, continuó entrenando en esos nuevos movimientos que buscaba perfeccionar. Se levantó, y se quitó la camiseta, la cuál tiró a la vera de la chaqueta. Sí, el chico había llevado sus habituales indumentarias, incluyendo la chaqueta, en pleno verano. Ahora quedó tan solo con los pantalones cortos militares puestos, el calor era asfixiante.<br />
<br />
Sin mas, se puso a entrenar de nuevo.<br />
<br />
No muy lejos de allí, había un buen chiringuito, del que habían sacado el coco-loco. La playa estaba poco transitada, pero sin duda no eran los únicos allí presentes. Al menos no molestaban demasiado, o intentaban no hacerlo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Un atardecer en la costa del Remolino]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-un-atardecer-en-la-costa-del-remolino</link>
			<pubDate>Fri, 03 Aug 2018 01:07:45 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=139">Uzumaki Eri</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-un-atardecer-en-la-costa-del-remolino</guid>
			<description><![CDATA[Habían pasado un par de días desde que había terminado la primera prueba, no tenía ni idea de cómo le había ido, ni si quiera había contrastado la información dada con otro participante, solo se había dedicado a dos cosas: entrenar para las pruebas que estaban por venir, y dudar de si lo había hecho bien o no en la primera.<br />
<br />
La primera de las dos únicas cosas que andaba haciendo acababa de terminar justo cuando el sol empezaba a bajar, por lo que había optado por acercarse a las Costas del Remolino a darse algún que otro chapuzón y refrescarse e intentar por algún medio obviar todas las dudas que volvían a aglomerarse en su cabeza. <br />
<br />
El problema —como siempre— había sido que aquel día su hermano mayor había decidido entrenar con ella para ayudar —como siempre— con su manejo de fuuinjutsu. Claro que no quería llevárselo también a la playa. No era que no se lo agradeciese, pero el hecho de estar ya de por sí dudosa de sus respuestas no ayudaba a soportarle, ni a él ni a sus constantes preguntas de cómo le iba el examen.<br />
<br />
<span style="opacity: 0.65; color: Steelblue;"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Cuando me presenté yo fue un desastre, pero al final aprobé, así que no lo debí hacer tan mal."</span></span> Le había dicho, pero ella no se lo creía, sabiendo que su hermano no era <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">taaaaaaaaaan</span> tonto.<br />
<br />
Así que allí estaba ella, al atardecer, con ropa de baño puesta bajo la ropa algo sudada del entrenamiento, de camino a las Costas del Remolino.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Habían pasado un par de días desde que había terminado la primera prueba, no tenía ni idea de cómo le había ido, ni si quiera había contrastado la información dada con otro participante, solo se había dedicado a dos cosas: entrenar para las pruebas que estaban por venir, y dudar de si lo había hecho bien o no en la primera.<br />
<br />
La primera de las dos únicas cosas que andaba haciendo acababa de terminar justo cuando el sol empezaba a bajar, por lo que había optado por acercarse a las Costas del Remolino a darse algún que otro chapuzón y refrescarse e intentar por algún medio obviar todas las dudas que volvían a aglomerarse en su cabeza. <br />
<br />
El problema —como siempre— había sido que aquel día su hermano mayor había decidido entrenar con ella para ayudar —como siempre— con su manejo de fuuinjutsu. Claro que no quería llevárselo también a la playa. No era que no se lo agradeciese, pero el hecho de estar ya de por sí dudosa de sus respuestas no ayudaba a soportarle, ni a él ni a sus constantes preguntas de cómo le iba el examen.<br />
<br />
<span style="opacity: 0.65; color: Steelblue;"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Cuando me presenté yo fue un desastre, pero al final aprobé, así que no lo debí hacer tan mal."</span></span> Le había dicho, pero ella no se lo creía, sabiendo que su hermano no era <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">taaaaaaaaaan</span> tonto.<br />
<br />
Así que allí estaba ella, al atardecer, con ropa de baño puesta bajo la ropa algo sudada del entrenamiento, de camino a las Costas del Remolino.]]></content:encoded>
		</item>
	</channel>
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