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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Bosque de Hongos]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Sat, 13 Jun 2026 13:07:04 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Los demonios no lloran]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-los-demonios-no-lloran--8503</link>
			<pubDate>Mon, 27 Jan 2025 03:23:33 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1049">Kurogane Toshio</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[En algún lugar perdido del Bosque de Hongos, peligrosamente cerca de Kusagakure no Sato, un joven ninja ataviado con una oscura y pesada armadura se enfrentaba a un demonio. En sus manos empuñaba una espada negra que sostenía con fuerza frente suyo, más interesado en utilizarla como un escudo que anteponer entre él y aquella maldita bestia que como un arma letal. Su respiración agitada empañaba la visera de su yelmo, oscureciendo su vista —un error de diseño que tendría que corregir si conseguía sobrevivir—, y el temblor de su cuerpo se hacía obvio por el sonido seco y metálico que hacía su cota de malla al sacudirse. Tenía miedo. Tanto miedo que quería llorar, pero los demonios no lloran.<br />
<br />
En algún lugar perdido del Bosque de Hongos, peligrosamente cerca de una extraña criatura, una desgraciada bestia se erguía más alta que el más alto de los hongos del bosque. Gruñía en un tono grave, temeroso pero igualmente amenazador, intentando espantar a aquel intruso. Aunque era mucho más pequeño que ella, el sujeto emitía un ruido extraño y metálico constantemente, carecía de rostro y era completamente negro. Si la palabra hubiese estado en su vocabulario —y si tuviese la capacidad de formular palabras— le habría llamado demonio. Lo temía, pero ella también era un demonio, y los demonios no temen.<br />
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color">— Morirás...</span> —Toshio tuvo que detenerse un instante para recobrar el aliento y reunir el coraje que se le escapaba—. <span style="color: red;" class="mycode_color">Morirás hoy.</span><br />
<br />
Se trataba de un gebijuu, por supuesto, un ser al que ya difícilmente se le podría llamar animal. Era más bien una quimera antinatural hecha de distintos seres a quienes se les había arrebatado tanto la vida como la muerte. Este presentaba tres colas. Uno de los más grandes que Toshio había visto nunca, y estaba solo. No estaban sus padres para morir por él, ni Yuki para sacrificarse por él, ni un ejército de ninjas para morir cuando lo tendría que haber hecho él. Estaban solos y no existían más que dos resultados posibles para ambos: morir o matar al demonio que tenían en frente.<br />
<br />
No sabía del gebijuu, pero a Toshio no le importaba cuál de las dos cosas sucedía.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[En algún lugar perdido del Bosque de Hongos, peligrosamente cerca de Kusagakure no Sato, un joven ninja ataviado con una oscura y pesada armadura se enfrentaba a un demonio. En sus manos empuñaba una espada negra que sostenía con fuerza frente suyo, más interesado en utilizarla como un escudo que anteponer entre él y aquella maldita bestia que como un arma letal. Su respiración agitada empañaba la visera de su yelmo, oscureciendo su vista —un error de diseño que tendría que corregir si conseguía sobrevivir—, y el temblor de su cuerpo se hacía obvio por el sonido seco y metálico que hacía su cota de malla al sacudirse. Tenía miedo. Tanto miedo que quería llorar, pero los demonios no lloran.<br />
<br />
En algún lugar perdido del Bosque de Hongos, peligrosamente cerca de una extraña criatura, una desgraciada bestia se erguía más alta que el más alto de los hongos del bosque. Gruñía en un tono grave, temeroso pero igualmente amenazador, intentando espantar a aquel intruso. Aunque era mucho más pequeño que ella, el sujeto emitía un ruido extraño y metálico constantemente, carecía de rostro y era completamente negro. Si la palabra hubiese estado en su vocabulario —y si tuviese la capacidad de formular palabras— le habría llamado demonio. Lo temía, pero ella también era un demonio, y los demonios no temen.<br />
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color">— Morirás...</span> —Toshio tuvo que detenerse un instante para recobrar el aliento y reunir el coraje que se le escapaba—. <span style="color: red;" class="mycode_color">Morirás hoy.</span><br />
<br />
Se trataba de un gebijuu, por supuesto, un ser al que ya difícilmente se le podría llamar animal. Era más bien una quimera antinatural hecha de distintos seres a quienes se les había arrebatado tanto la vida como la muerte. Este presentaba tres colas. Uno de los más grandes que Toshio había visto nunca, y estaba solo. No estaban sus padres para morir por él, ni Yuki para sacrificarse por él, ni un ejército de ninjas para morir cuando lo tendría que haber hecho él. Estaban solos y no existían más que dos resultados posibles para ambos: morir o matar al demonio que tenían en frente.<br />
<br />
No sabía del gebijuu, pero a Toshio no le importaba cuál de las dos cosas sucedía.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La amenaza fantasma]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-amenaza-fantasma</link>
			<pubDate>Thu, 29 Jul 2021 21:31:49 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1049">Kurogane Toshio</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-amenaza-fantasma</guid>
			<description><![CDATA[Eran más o menos las dos de la tarde de un frío día de invierno en el País del Bosque. Allí, en medio del bosque de hongos, el joven Kurogane se encontraba caminando de vuelta a casa después de un encargo, intentando mantener el calor en aquel frío día encendiendo ambas manos con lava y manteniéndolas cerca de su rostro.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: crimson;" class="mycode_color">«Este ha sido mi primer encargo solo...»</span></span> Pensaba. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: crimson;" class="mycode_color">«No sé cómo sentirme».</span></span><br />
<br />
No es que hubiese vuelto a abrir la forja, realmente, pero hacía poco recibió una carta de un viejo amigo de su padre que encargaba armas para sus guardias. El hombre no se había enterado de la muerte de su padre y la conversación fue algo incómoda, pero el chico decidió tomar el encargo aún así, como un favor.<br />
<br />
Ahora que había vuelto a forjar armas para alguien más, Toshio empezaba a pensar: ¿quizás debería volver a abrir la forja?<br />
<br />
No. No podría hacerlo como su padre.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Eran más o menos las dos de la tarde de un frío día de invierno en el País del Bosque. Allí, en medio del bosque de hongos, el joven Kurogane se encontraba caminando de vuelta a casa después de un encargo, intentando mantener el calor en aquel frío día encendiendo ambas manos con lava y manteniéndolas cerca de su rostro.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: crimson;" class="mycode_color">«Este ha sido mi primer encargo solo...»</span></span> Pensaba. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: crimson;" class="mycode_color">«No sé cómo sentirme».</span></span><br />
<br />
No es que hubiese vuelto a abrir la forja, realmente, pero hacía poco recibió una carta de un viejo amigo de su padre que encargaba armas para sus guardias. El hombre no se había enterado de la muerte de su padre y la conversación fue algo incómoda, pero el chico decidió tomar el encargo aún así, como un favor.<br />
<br />
Ahora que había vuelto a forjar armas para alguien más, Toshio empezaba a pensar: ¿quizás debería volver a abrir la forja?<br />
<br />
No. No podría hacerlo como su padre.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[En búsqueda de provisiones]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-en-busqueda-de-provisiones</link>
			<pubDate>Sat, 12 Oct 2019 17:12:44 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=6">Umikiba Kaido</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-en-busqueda-de-provisiones</guid>
			<description><![CDATA[Era una tarde apagada, lúgubre, y extraña. Extraña porque aún era verano, pero el otoño estaba tan cerca que ya los tiempos estaban mutando. Y hablando de  <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">mutar</span>, la frondosa vegetación del Bosque de los Hongos también lo hacía. Su fauna, extensa y desconocida; cambiaba. En un proceso de adaptación que existía desde tiempos inmemorables.<br />
<br />
Puede que los lugareños estuvieran acostumbrados a esos cambios. A que, por ejemplo, las hortensias cambiaban de color y por tanto, era difícil distinguirla de una hydra venenosa.  <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Kincho</span>, no obstante, era un hombre ajeno a un país como aquél. Él, que venía del País del Viento, un tipo nacido y criado en el mismísimo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">desierto</span>, tenía que estar acostumbrado a otras cosas. <br />
<br />
Allí, a mitad del claro, lucía casi que perdido. Vislumbraba unos matorrales, tratando de decidir si aquello era comestible, o no.<br />
<br />
Pero: ¿quién era Kincho?<br />
<br />
Kincho era un hombrecito bastante alto, delgado, y porqué no; un poco moreno. Su piel lucía pequeñas marcas acaecidas por el inclemente sol que hacía en su tierra natal de Inaka. Llevaba una especie de turbante que protegía su cabeza, un chaleco color arena y unos pantalones oscuros que hacía juego con sus sandalias cerradas. Tenía los ojos verdes, la nariz ligeramente chueca y de su oreja colgaba un pendiente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Era una tarde apagada, lúgubre, y extraña. Extraña porque aún era verano, pero el otoño estaba tan cerca que ya los tiempos estaban mutando. Y hablando de  <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">mutar</span>, la frondosa vegetación del Bosque de los Hongos también lo hacía. Su fauna, extensa y desconocida; cambiaba. En un proceso de adaptación que existía desde tiempos inmemorables.<br />
<br />
Puede que los lugareños estuvieran acostumbrados a esos cambios. A que, por ejemplo, las hortensias cambiaban de color y por tanto, era difícil distinguirla de una hydra venenosa.  <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Kincho</span>, no obstante, era un hombre ajeno a un país como aquél. Él, que venía del País del Viento, un tipo nacido y criado en el mismísimo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">desierto</span>, tenía que estar acostumbrado a otras cosas. <br />
<br />
Allí, a mitad del claro, lucía casi que perdido. Vislumbraba unos matorrales, tratando de decidir si aquello era comestible, o no.<br />
<br />
Pero: ¿quién era Kincho?<br />
<br />
Kincho era un hombrecito bastante alto, delgado, y porqué no; un poco moreno. Su piel lucía pequeñas marcas acaecidas por el inclemente sol que hacía en su tierra natal de Inaka. Llevaba una especie de turbante que protegía su cabeza, un chaleco color arena y unos pantalones oscuros que hacía juego con sus sandalias cerradas. Tenía los ojos verdes, la nariz ligeramente chueca y de su oreja colgaba un pendiente.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Una piedrita en el camino]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-una-piedrita-en-el-camino</link>
			<pubDate>Sun, 06 Jan 2019 19:07:32 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=380">King Roga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-una-piedrita-en-el-camino</guid>
			<description><![CDATA[Eran las primeras horas de la mañana y el sol recién saludaba, ocultándose aún tímidamente en el horizonte, los pájaros cantaban alegres y un madrugador Yotsuki caminaba por un sendero bordeando un campo de cultivos.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Sayonara wa iwazu ni yuku, shounen jidai no owari, kono michi no mukou wa nani ga aru no darou... Ñam, ñam—</span> Iba cantando a la vez que masticaba un chicle y con paso relajado. Sostenía con la diestra uno de los tirantes de la mochila, mientras con la zurda sostenía un mapa, alternando la vista entre este y el paisaje para otear en busca de un camino.<br />
<br />
Estaba regresando de su aventura en el País del Rayo y debía ahora seguir al suroeste para dirigirse al Paraje de Bambú y luego a las Tierras de la Llovizna en su trayecto de regreso. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Faltan un par semanas para la primavera. Me pregunto si Geki aún se acuerda de nuestro trato, que cómo no se asome el desgraciado me las va a pagar si me lo vuelvo a topar un día."</span></span> No es cómo si pactar un encuentro entre dos genin de distinta aldea para buscar a un extraño mamífero superdesarrollado fuese buena idea, pero era más emocionante que encerrarse en casa leyendo libros. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Aún falta mucho cómo para andarme preocupando por ello."</span></span> Se metió otro chicle a la boca, aumentando el tamaño de la masa rosa.<br />
<br />
Había pasado la noche en uno de los tantos pueblitos de los Arrozales del Silencio, pero ante el desinterés por tal ambiemte campirano decidió partir de inmediato. El ambiente húmedo del Bosque de Hongos era en cambio mucho más exótico y llamativo, pero lastimosamente sabía no podría quedarse a apreciar el paisaje dado que tenía las provisiones contadas para su regreso.<br />
<br />
<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Qué raro, me he topado con más shinobi de Kusa en otros países que estando aquí."</span></span> Río ante la ironía.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Eran las primeras horas de la mañana y el sol recién saludaba, ocultándose aún tímidamente en el horizonte, los pájaros cantaban alegres y un madrugador Yotsuki caminaba por un sendero bordeando un campo de cultivos.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Sayonara wa iwazu ni yuku, shounen jidai no owari, kono michi no mukou wa nani ga aru no darou... Ñam, ñam—</span> Iba cantando a la vez que masticaba un chicle y con paso relajado. Sostenía con la diestra uno de los tirantes de la mochila, mientras con la zurda sostenía un mapa, alternando la vista entre este y el paisaje para otear en busca de un camino.<br />
<br />
Estaba regresando de su aventura en el País del Rayo y debía ahora seguir al suroeste para dirigirse al Paraje de Bambú y luego a las Tierras de la Llovizna en su trayecto de regreso. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Faltan un par semanas para la primavera. Me pregunto si Geki aún se acuerda de nuestro trato, que cómo no se asome el desgraciado me las va a pagar si me lo vuelvo a topar un día."</span></span> No es cómo si pactar un encuentro entre dos genin de distinta aldea para buscar a un extraño mamífero superdesarrollado fuese buena idea, pero era más emocionante que encerrarse en casa leyendo libros. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Aún falta mucho cómo para andarme preocupando por ello."</span></span> Se metió otro chicle a la boca, aumentando el tamaño de la masa rosa.<br />
<br />
Había pasado la noche en uno de los tantos pueblitos de los Arrozales del Silencio, pero ante el desinterés por tal ambiemte campirano decidió partir de inmediato. El ambiente húmedo del Bosque de Hongos era en cambio mucho más exótico y llamativo, pero lastimosamente sabía no podría quedarse a apreciar el paisaje dado que tenía las provisiones contadas para su regreso.<br />
<br />
<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Qué raro, me he topado con más shinobi de Kusa en otros países que estando aquí."</span></span> Río ante la ironía.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[(D) 420 hierbas]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-d-420-hierbas</link>
			<pubDate>Thu, 03 Jan 2019 00:00:32 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=851">Sagiso Ranko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-d-420-hierbas</guid>
			<description><![CDATA[Una mujer alta, de cabellos rojos, ondeantes como llama al viento, esperaba en una de las puertas de salida de Kusagakure. Tenía una larga pipa <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kiseru</span> en su mano izquierda, y, colgando de su hombro derecho, sobre el lugar donde debería estar su ausente miembro, había un pergamino atado con un cordel. Vestía un kimono de aspecto caro, pero mal ajustado. Abrochado a su obi se encontraba el emblema que la identificaba como jōnin. Aspiró de su pipa y, después de disfrutar del sabor, soltó una bocanada de un humo apenas gris, casi blanco.<br />
<br />
La mujer, Sagisō Komachi, esperaba.<br />
<br />
Eran las siete de la mañana con diez minutos de ese Mizuyōbi de Bienvenida cuando la primera persona llegó. Una kunoichi joven, de largos cabellos ligeramente cobrizos se acercó corriendo. Estaba ataviada con una blusa aguamarina de diseño tradicional, y sus típicos pantalones negros de artes marciales. Llevaba una mochila a la espalda, así como su equipo ninja a la cintura y su wakizashi, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Higanbana</span>, colgando de su cadera, a la espalda.<br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">¡Madre!</span> —dijo al llegar a ella, apenas y respirando algo más rápido que de costumbre. Había preparado todo y corrido desde la residencia Sagisō en cuanto uno de los sirvientes le había dado el mensaje. "Sagisō Komachi-sama le requiere en la puerta sur Tres de la aldea. Le proporcionará una <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ninmu</span> para activarla como genin" le había dicho el sirviente —<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">. ¡Debiste decirme ayer! ¡O debiste despertarme cuando tú...!</span><br />
<br />
Komachi la golpeó juguetonamente en la coronilla con el extremo de la pipa.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Oh, no, cariño. Esto es parte de tu entrenamiento. Debes de estar cien por ciento lista, el cien por ciento del tiempo.</span><br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">Entiendo...</span> —suspiró la niña. Bajó la mirada, mas la subió de nuevo con una chispa de ilusión —<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">. Entonces... ¿tengo una misión?</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Así es, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tienen</span> una misión. Esperemos al resto, que el tuyo no es el único mensaje que envié para esta encomienda.</span><br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">Espera... ¿¡QUÉ!?</span><br />
<br />
El rostro de Ranko enrojeció de repente. No esperaba tener que compartir su primera misión con alguien más. Sabía que era posible que se le adjuntara a algún equipo, con el tiempo, pero no deseaba que fuese tan pronto. No rezongó ante su madre. Sabía que ella lo había orquestado, y sabía que era todo para que mejorara como kunoichi.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Te hará bien, cariño. Sé que eres lo suficientemente buena para ser parte de un equipo.</span><br />
<br />
<span style="color: plum;" class="mycode_color">"Tú puedes, Ranko. Tú puedes, tú puedes, tú puedes. TÚ PUEDES. NISIQUIERASABESQUIÉNESLAOTRAPERSONANOVASAPODER"</span> gritó mentalmente, desesperándose detrás de un rostro apenas nervioso.<br />
<br />
Komachi sonrió al ver a su hija reaccionar así. No era que se le hiciese chusco, sino que sabía era la oportunidad perfecta para que su Princesa creciese un poco y se hiciese más fuerte mental y emocionalmente.<br />
<br />
Unos minutos antes de las siete, Komachi había enviado a otros sirvientes de la familia Sagisō a diferentes direcciones. Le entregarían sendos pergaminos, enrollados y sellados, a otros genins.<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Pergamino escribió:</cite><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Estimado Inuzuka Etsu<br />
<br />
Se solicita su presencia hoy, Primer Mizuyōbi de Bienvenida de 219, en la puerta Sur número Tres, a las 0700 horas. Se le entregará una Misión Rango D con el fin de reforzar su entrenamiento ninja y activarlo en este inicio de año.<br />
<br />
Responderá ante la kunoichi de nivel jōnin Sagisō Komachi, quien además le proporcionará la misión.<br />
<br />
Cordiales saludos.<br />
<br />
Kamisho Yuna<br />
Encargada de la Oficina de Sandaime Morikage</span></blockquote><br />
El documento, con versiones dirigidas a los otros genins, estaba firmado y sellado por la encargada. Komachi había arreglado todo para darles la misión justo antes de la hora indicada, y así forzarlos a apresurarse.<br />
<br />
Ranko suspiró. Komachi fumó. Ambas esperaron.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Off" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
¡Bienvenidos <span style="text-decoration: line-through;" class="mycode_s">al Himalaya</span> a esta misión! Sugiero que usemos el modelo de “72 horas para todos los turnos”, sin orden de turnos, para acelerar las cosas un poquitín <img src="https://ninjaworld.es/images/emotes/dosuveses/4.gif" alt="Risa" title="Risa" class="smilie smilie_92" /> ¿Les parece?<br />
<br />
La misión está abierta, por si alguien más quiere entrar. Estaré a la espera~<br />
</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Una mujer alta, de cabellos rojos, ondeantes como llama al viento, esperaba en una de las puertas de salida de Kusagakure. Tenía una larga pipa <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kiseru</span> en su mano izquierda, y, colgando de su hombro derecho, sobre el lugar donde debería estar su ausente miembro, había un pergamino atado con un cordel. Vestía un kimono de aspecto caro, pero mal ajustado. Abrochado a su obi se encontraba el emblema que la identificaba como jōnin. Aspiró de su pipa y, después de disfrutar del sabor, soltó una bocanada de un humo apenas gris, casi blanco.<br />
<br />
La mujer, Sagisō Komachi, esperaba.<br />
<br />
Eran las siete de la mañana con diez minutos de ese Mizuyōbi de Bienvenida cuando la primera persona llegó. Una kunoichi joven, de largos cabellos ligeramente cobrizos se acercó corriendo. Estaba ataviada con una blusa aguamarina de diseño tradicional, y sus típicos pantalones negros de artes marciales. Llevaba una mochila a la espalda, así como su equipo ninja a la cintura y su wakizashi, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Higanbana</span>, colgando de su cadera, a la espalda.<br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">¡Madre!</span> —dijo al llegar a ella, apenas y respirando algo más rápido que de costumbre. Había preparado todo y corrido desde la residencia Sagisō en cuanto uno de los sirvientes le había dado el mensaje. "Sagisō Komachi-sama le requiere en la puerta sur Tres de la aldea. Le proporcionará una <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ninmu</span> para activarla como genin" le había dicho el sirviente —<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">. ¡Debiste decirme ayer! ¡O debiste despertarme cuando tú...!</span><br />
<br />
Komachi la golpeó juguetonamente en la coronilla con el extremo de la pipa.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Oh, no, cariño. Esto es parte de tu entrenamiento. Debes de estar cien por ciento lista, el cien por ciento del tiempo.</span><br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">Entiendo...</span> —suspiró la niña. Bajó la mirada, mas la subió de nuevo con una chispa de ilusión —<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">. Entonces... ¿tengo una misión?</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Así es, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tienen</span> una misión. Esperemos al resto, que el tuyo no es el único mensaje que envié para esta encomienda.</span><br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">Espera... ¿¡QUÉ!?</span><br />
<br />
El rostro de Ranko enrojeció de repente. No esperaba tener que compartir su primera misión con alguien más. Sabía que era posible que se le adjuntara a algún equipo, con el tiempo, pero no deseaba que fuese tan pronto. No rezongó ante su madre. Sabía que ella lo había orquestado, y sabía que era todo para que mejorara como kunoichi.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Te hará bien, cariño. Sé que eres lo suficientemente buena para ser parte de un equipo.</span><br />
<br />
<span style="color: plum;" class="mycode_color">"Tú puedes, Ranko. Tú puedes, tú puedes, tú puedes. TÚ PUEDES. NISIQUIERASABESQUIÉNESLAOTRAPERSONANOVASAPODER"</span> gritó mentalmente, desesperándose detrás de un rostro apenas nervioso.<br />
<br />
Komachi sonrió al ver a su hija reaccionar así. No era que se le hiciese chusco, sino que sabía era la oportunidad perfecta para que su Princesa creciese un poco y se hiciese más fuerte mental y emocionalmente.<br />
<br />
Unos minutos antes de las siete, Komachi había enviado a otros sirvientes de la familia Sagisō a diferentes direcciones. Le entregarían sendos pergaminos, enrollados y sellados, a otros genins.<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Pergamino escribió:</cite><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Estimado Inuzuka Etsu<br />
<br />
Se solicita su presencia hoy, Primer Mizuyōbi de Bienvenida de 219, en la puerta Sur número Tres, a las 0700 horas. Se le entregará una Misión Rango D con el fin de reforzar su entrenamiento ninja y activarlo en este inicio de año.<br />
<br />
Responderá ante la kunoichi de nivel jōnin Sagisō Komachi, quien además le proporcionará la misión.<br />
<br />
Cordiales saludos.<br />
<br />
Kamisho Yuna<br />
Encargada de la Oficina de Sandaime Morikage</span></blockquote><br />
El documento, con versiones dirigidas a los otros genins, estaba firmado y sellado por la encargada. Komachi había arreglado todo para darles la misión justo antes de la hora indicada, y así forzarlos a apresurarse.<br />
<br />
Ranko suspiró. Komachi fumó. Ambas esperaron.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Off" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
¡Bienvenidos <span style="text-decoration: line-through;" class="mycode_s">al Himalaya</span> a esta misión! Sugiero que usemos el modelo de “72 horas para todos los turnos”, sin orden de turnos, para acelerar las cosas un poquitín <img src="https://ninjaworld.es/images/emotes/dosuveses/4.gif" alt="Risa" title="Risa" class="smilie smilie_92" /> ¿Les parece?<br />
<br />
La misión está abierta, por si alguien más quiere entrar. Estaré a la espera~<br />
</div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿Qué es esto?]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-que-es-esto</link>
			<pubDate>Sun, 04 Nov 2018 23:55:52 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-que-es-esto</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">«Espera. ¿Dónde vas? ¡Da la vuelta! ¡Por ahí no está Amegakure!»</span></span></div>
<br />
Kokuō resopló. Aquella niña era más pesada de lo que podía haber imaginado en un principio. Durante todos los años de su cautiverio, el bijuu sólo había establecido conversación con su captora en un par de ocasiones contadas, y siempre había sido para tocarle un poco la fibra moral. ¿Por qué no podía ella ser igual? Desde que habían salido del Valle del Fin, la chiquilla no le había dado tregua más de un par de horas.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">No vamos a ir a Amegakure, señorita.</span>»</span> Respondió para sus adentros.<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">«¿Cómo que no? ¡Tenemos que volver a Ame! Mi familia...»</span></span></div>
<br />
<span style="color: navajowhite; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Olvídese de ellos. Ha desaparecido de su vida. Desapareció en el momento en el que Kuroyuki la venció, sólo encontrarán su túnica allí.</span>»</span><br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">«No... No puedes hacer esto... ¡Déjame volver! ¡Quiero ir a Amegakure!»</span></span></div>
<br />
<span style="color: navajowhite; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">¿Acaso se me preguntó alguna vez dónde quería ir yo?</span>»</span><br />
<br />
Ayame no volvió a hablar, y Kokuō disfrutó del nuevo silencio que la envolvía. Las hojas crujían bajo el peso de sus botas, y el agradable aroma del bosque llenaba sus pulmones, completándola. Hacía tiempo que había dejado la lluvia atrás, y ahora incluso podía disfrutar del sol sobre su piel, sin mayores preocupaciones. Podría quedarse allí a vivir, se dijo. Era un lugar hermoso y tranquilo, con las setas más grandes y frondosas que había visto nunca. Sin embargo, estaban en el País de los Bosques, demasiado cerca de Kusagakure para su gusto. Cualquier shinobi que pasara por allí podría reconocerla de inmediato. No. Seguiría hacia el este, hacia el País del Agua, como era su plan inicial. Allí podría llevar una vida pacífica y libre sin ningún tipo de preocupación.<br />
<br />
Pero estaría lejos de sus hermanos...<br />
<br />
Un extraño crujido la sobresaltó. Extrañada, Kokuō miró a su alrededor, pero no había nada ni nadie cerca que pudiera haber provocado aquel extraño sonido. Y al cabo de varios segundos volvió a repetirse, y entonces se dio cuenta de que provenía de su propio cuerpo.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—¿Qué es esto?</span><br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">«Se llama hambre... Tienes que comer algo o si no te mueres. Es fácil.»</span></span></div>
<br />
Kokuō chasqueó la lengua ante el tono sarcástico y alicaído de la muchacha. <br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—¿De verdad? Los humanos sois tan débiles...</span> —susurró, agachándose para coger una seta del suelo.<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">«¡No! ¡Ni se te ocurra! ¡Podría ser venenosa!»</span></span></div>
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—¡Oh, venga ya!</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">«Espera. ¿Dónde vas? ¡Da la vuelta! ¡Por ahí no está Amegakure!»</span></span></div>
<br />
Kokuō resopló. Aquella niña era más pesada de lo que podía haber imaginado en un principio. Durante todos los años de su cautiverio, el bijuu sólo había establecido conversación con su captora en un par de ocasiones contadas, y siempre había sido para tocarle un poco la fibra moral. ¿Por qué no podía ella ser igual? Desde que habían salido del Valle del Fin, la chiquilla no le había dado tregua más de un par de horas.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">No vamos a ir a Amegakure, señorita.</span>»</span> Respondió para sus adentros.<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">«¿Cómo que no? ¡Tenemos que volver a Ame! Mi familia...»</span></span></div>
<br />
<span style="color: navajowhite; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Olvídese de ellos. Ha desaparecido de su vida. Desapareció en el momento en el que Kuroyuki la venció, sólo encontrarán su túnica allí.</span>»</span><br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">«No... No puedes hacer esto... ¡Déjame volver! ¡Quiero ir a Amegakure!»</span></span></div>
<br />
<span style="color: navajowhite; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">¿Acaso se me preguntó alguna vez dónde quería ir yo?</span>»</span><br />
<br />
Ayame no volvió a hablar, y Kokuō disfrutó del nuevo silencio que la envolvía. Las hojas crujían bajo el peso de sus botas, y el agradable aroma del bosque llenaba sus pulmones, completándola. Hacía tiempo que había dejado la lluvia atrás, y ahora incluso podía disfrutar del sol sobre su piel, sin mayores preocupaciones. Podría quedarse allí a vivir, se dijo. Era un lugar hermoso y tranquilo, con las setas más grandes y frondosas que había visto nunca. Sin embargo, estaban en el País de los Bosques, demasiado cerca de Kusagakure para su gusto. Cualquier shinobi que pasara por allí podría reconocerla de inmediato. No. Seguiría hacia el este, hacia el País del Agua, como era su plan inicial. Allí podría llevar una vida pacífica y libre sin ningún tipo de preocupación.<br />
<br />
Pero estaría lejos de sus hermanos...<br />
<br />
Un extraño crujido la sobresaltó. Extrañada, Kokuō miró a su alrededor, pero no había nada ni nadie cerca que pudiera haber provocado aquel extraño sonido. Y al cabo de varios segundos volvió a repetirse, y entonces se dio cuenta de que provenía de su propio cuerpo.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—¿Qué es esto?</span><br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">«Se llama hambre... Tienes que comer algo o si no te mueres. Es fácil.»</span></span></div>
<br />
Kokuō chasqueó la lengua ante el tono sarcástico y alicaído de la muchacha. <br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—¿De verdad? Los humanos sois tan débiles...</span> —susurró, agachándose para coger una seta del suelo.<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">«¡No! ¡Ni se te ocurra! ¡Podría ser venenosa!»</span></span></div>
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—¡Oh, venga ya!</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La búsqueda de los hongos]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-busqueda-de-los-hongos</link>
			<pubDate>Mon, 18 Dec 2017 15:00:28 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Rika</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-busqueda-de-los-hongos</guid>
			<description><![CDATA[Otra vez, otro día más. Y una situación parecida para la shinobi. Ahora, se arrepentía de haberle dicho a su sensei que no le gustaban las responsabilidades, que tantas la habrían explotar. Pues no contento con ello, ahora le estaban asignando misiones que, según ella, pensaba que ni siquiera eran reales. Su instructor la llamaba, le encomendaba una tarea fuera lo que fuera, y ella debía cumplirla.<br />
<br />
¿Setas? ¿Enserio? Rika no concebía que aquello no fuera una broma. Raiden la mandaba a ella sola al bosque de hongos para buscar unas setas en específico. Aceptó, pues no podía llevarle la contraria a un superior, pero en su interior, todo estaba refunfuñando y quejándose. Seguro que él podía adquirir ese tipo de hongos en el mercado sin ningún problema. ¿Por qué ir ella allí?<br />
<br />
“Que no me tope con ninguna mariposa.” – Pensaba, pues la reacción de ella podía ser de pánico, quedarse inmovilizado o incluso alterarse, volverse loca y quemar el bosque. Rezó porque eso no ocurriera y avanzó en su camino hasta que llegó a la propia entrada del bosque. Según Raiden, los que debía buscar eran totalmente blanquecinos, como si de champiñones se tratasen.<br />
<br />
En una de la entrada, se detuvo, para tomar un pequeño descanso. El lugar estaba solitario, no se escuchaba nada salvo los pajarillos cercanos piar y, el viento cercano. <br />
<br />
-<span style="color: violet;" class="mycode_color"> ¿Y si las compro en el mercado y me dejo de tonterías? </span> – Habló para si misma, ya que no había nadie por la zona o eso pensaba. Quizá haciendo eso y maquillándolo un poco no se enterarían de donde habían salido esos hongos. Pero su dualidad le decía que no debía tratar de engañar a su mentor, él se daría cuenta de ello.<br />
Así que tenía un trabajo por delante.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Otra vez, otro día más. Y una situación parecida para la shinobi. Ahora, se arrepentía de haberle dicho a su sensei que no le gustaban las responsabilidades, que tantas la habrían explotar. Pues no contento con ello, ahora le estaban asignando misiones que, según ella, pensaba que ni siquiera eran reales. Su instructor la llamaba, le encomendaba una tarea fuera lo que fuera, y ella debía cumplirla.<br />
<br />
¿Setas? ¿Enserio? Rika no concebía que aquello no fuera una broma. Raiden la mandaba a ella sola al bosque de hongos para buscar unas setas en específico. Aceptó, pues no podía llevarle la contraria a un superior, pero en su interior, todo estaba refunfuñando y quejándose. Seguro que él podía adquirir ese tipo de hongos en el mercado sin ningún problema. ¿Por qué ir ella allí?<br />
<br />
“Que no me tope con ninguna mariposa.” – Pensaba, pues la reacción de ella podía ser de pánico, quedarse inmovilizado o incluso alterarse, volverse loca y quemar el bosque. Rezó porque eso no ocurriera y avanzó en su camino hasta que llegó a la propia entrada del bosque. Según Raiden, los que debía buscar eran totalmente blanquecinos, como si de champiñones se tratasen.<br />
<br />
En una de la entrada, se detuvo, para tomar un pequeño descanso. El lugar estaba solitario, no se escuchaba nada salvo los pajarillos cercanos piar y, el viento cercano. <br />
<br />
-<span style="color: violet;" class="mycode_color"> ¿Y si las compro en el mercado y me dejo de tonterías? </span> – Habló para si misma, ya que no había nadie por la zona o eso pensaba. Quizá haciendo eso y maquillándolo un poco no se enterarían de donde habían salido esos hongos. Pero su dualidad le decía que no debía tratar de engañar a su mentor, él se daría cuenta de ello.<br />
Así que tenía un trabajo por delante.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Luz bajo las rocas]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-luz-bajo-las-rocas</link>
			<pubDate>Fri, 17 Nov 2017 04:10:13 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=617">Taeko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-luz-bajo-las-rocas</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tekkōnyu.<br />
Es una seta poco común. Crece en la parte norte del Bosque de los Hongos. Busca entre las rocas más grandes, en el punto donde éstas se unen con la tierra podrida. Son pequeñas, de un gris oscuro con líneas negras desde su centro. Ten cuidado y no las rompas mucho al arrancarlos. Sus esporas no son peligrosas, pero el contacto con muchas te dejará la piel irritada por días.</span><br />
<br />
Taeko se detuvo ante aquel enorme hongo. Parecía una sábana invertida, colgando hacia el cielo desde un rugoso tronco que emergía de entre las raíces de un inmenso árbol. Desde hace varios metros había comenzado a ver aquellas setas que caracterizaban el Bosque de Hongos, pero aquel ante el cual se había detenido le parecía particularmente amenazador.<br />
<br />
La mujer que cuidaba a su madre, Iwada Ririki, la había mandado a por una seta especial, la <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tekkōnyu</span>. Ririki era una médico que había estado tratando a Kikazura Hirami para ralentizar el decaimiento de su cuerpo, o detenerlo, si era posible. Había sido difícil, pues a la mujer le costaba más hablar y moverse, aunque los cambios eran muy lentos. El hongo tenía unas extrañas propiedades ferromagnéticas, por lo que Ririki podría utilizarlo para reforzar el chakra (y el cuerpo) de Hirami. Al escuchar esto, Taeko se lanzó a la aventura para buscarlos, no sin antes escuchar las indicaciones de la sonriente doctora.<br />
<br />
Y hela allí. Tragando saliva nerviosamente, bajando la mirada y buscando piedras que mover. Vestía uno de sus típicos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hanfu</span>, esta vez de color naranja cremoso con floreado color durazno. Su pantalón, así como el listón de su cabello, era rojo oscuro. Esta vez, sus mangas no quedaban bailando grácilmente, como siempre. Se había puesto unos guantes de cuero delgado que le había prestado Ririki (para protegerse de las esporas del hongo), y se había asegurado la manga del hanfu con un par de tiras blancas. Así, no exponía nada de piel de sus brazos. Su libretita y su carboncillo estaban ajustados en su obi naranja.<br />
<br />
Escuchaba con detenimiento el cantar de las aves, el cual retumbaba sombrío gracias al ambiente que reinaba. Su paso era lento, no por indecisa, sino por cuidadosa. No quería pasar de largo roca alguna que registrar en busca de aquellas setas tan preciadas.<br />
<br />
<span style="color: thistle;" class="mycode_color">”Son las 9 de la mañana, pero por estas sombras no lo parece…”</span> pensó, soltando un suspiro algo incierto.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tekkōnyu.<br />
Es una seta poco común. Crece en la parte norte del Bosque de los Hongos. Busca entre las rocas más grandes, en el punto donde éstas se unen con la tierra podrida. Son pequeñas, de un gris oscuro con líneas negras desde su centro. Ten cuidado y no las rompas mucho al arrancarlos. Sus esporas no son peligrosas, pero el contacto con muchas te dejará la piel irritada por días.</span><br />
<br />
Taeko se detuvo ante aquel enorme hongo. Parecía una sábana invertida, colgando hacia el cielo desde un rugoso tronco que emergía de entre las raíces de un inmenso árbol. Desde hace varios metros había comenzado a ver aquellas setas que caracterizaban el Bosque de Hongos, pero aquel ante el cual se había detenido le parecía particularmente amenazador.<br />
<br />
La mujer que cuidaba a su madre, Iwada Ririki, la había mandado a por una seta especial, la <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tekkōnyu</span>. Ririki era una médico que había estado tratando a Kikazura Hirami para ralentizar el decaimiento de su cuerpo, o detenerlo, si era posible. Había sido difícil, pues a la mujer le costaba más hablar y moverse, aunque los cambios eran muy lentos. El hongo tenía unas extrañas propiedades ferromagnéticas, por lo que Ririki podría utilizarlo para reforzar el chakra (y el cuerpo) de Hirami. Al escuchar esto, Taeko se lanzó a la aventura para buscarlos, no sin antes escuchar las indicaciones de la sonriente doctora.<br />
<br />
Y hela allí. Tragando saliva nerviosamente, bajando la mirada y buscando piedras que mover. Vestía uno de sus típicos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hanfu</span>, esta vez de color naranja cremoso con floreado color durazno. Su pantalón, así como el listón de su cabello, era rojo oscuro. Esta vez, sus mangas no quedaban bailando grácilmente, como siempre. Se había puesto unos guantes de cuero delgado que le había prestado Ririki (para protegerse de las esporas del hongo), y se había asegurado la manga del hanfu con un par de tiras blancas. Así, no exponía nada de piel de sus brazos. Su libretita y su carboncillo estaban ajustados en su obi naranja.<br />
<br />
Escuchaba con detenimiento el cantar de las aves, el cual retumbaba sombrío gracias al ambiente que reinaba. Su paso era lento, no por indecisa, sino por cuidadosa. No quería pasar de largo roca alguna que registrar en busca de aquellas setas tan preciadas.<br />
<br />
<span style="color: thistle;" class="mycode_color">”Son las 9 de la mañana, pero por estas sombras no lo parece…”</span> pensó, soltando un suspiro algo incierto.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La arboleda fálica]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-arboleda-falica</link>
			<pubDate>Wed, 22 Mar 2017 14:40:16 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Karma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-arboleda-falica</guid>
			<description><![CDATA[Era una calurosa mañana. El sol brillaba con fuerza, casi con ira, cociendo lentamente todo lo que no pudiera refugiarse de sus poderosos rayos. Los hongos del bosque despedían un olor extraño, vicioso e incluso sofocante, producto, sin lugar a dudas, de su exposición al astro rey. <br />
<br />
La figura de un joven de cabellos morenos y ojos de color ocre oscuro podía ser vislumbrada sobre las copas de los hongos, saltando de "árbol" en "árbol" a gran velocidad. Vestía con un kimono blanco acompañado de un hakama negros. Era obvio que tenía calor: varias gotas de sudor se desplazaban por su frente, presas de la gravedad. Podría desplazarse a altura del suelo, eso lo protegería del sol, no obstante, la visibilidad era casi nula, le resultaba más complicado avanzar y además la miasma era mucho peor en ese nivel.<br />
<br />
Se detuvo sobre un hongo especialmente grande, multicolor, miró a los lados y finalmente suspiró. <br />
<br />
—<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">¿Me he perdido? Ya debería de haber llegado a Tane-Shigai, creo</span> —se dijo a sí mismo, su voz tintada de preocupación—<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">. Hongos y hongos, mires hacia donde mires. ¡Puñeteros hongos!</span><br />
<br />
Malhumorado, pisoteó con rabia la seta sobre la que se encontraba. De forma casi imperceptible, estimulada debido al brusco contacto exterior, la ya mencionada soltó una nube de esporas amarillentas en pos de defenderse. Ralexion las inhaló sin ser consciente de ello, y sin pena ni gloria, una extraña euforia comenzó a apoderarse de su psique.<br />
<br />
—<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">Ahora que lo pienso, algunos de estos hongos parecen una p...</span> —no pudo terminar la soez afirmación, empezó a reírse y reírse, sin tener control alguno sobre ello.<br />
<br />
En primera instancia, el Uchiha se rió de corazón, pero cuando comprobó que no podía parar unos pocos instantes más tarde, empezó a preocuparse -a pesar de que sus carcajadas no se detenían-.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Era una calurosa mañana. El sol brillaba con fuerza, casi con ira, cociendo lentamente todo lo que no pudiera refugiarse de sus poderosos rayos. Los hongos del bosque despedían un olor extraño, vicioso e incluso sofocante, producto, sin lugar a dudas, de su exposición al astro rey. <br />
<br />
La figura de un joven de cabellos morenos y ojos de color ocre oscuro podía ser vislumbrada sobre las copas de los hongos, saltando de "árbol" en "árbol" a gran velocidad. Vestía con un kimono blanco acompañado de un hakama negros. Era obvio que tenía calor: varias gotas de sudor se desplazaban por su frente, presas de la gravedad. Podría desplazarse a altura del suelo, eso lo protegería del sol, no obstante, la visibilidad era casi nula, le resultaba más complicado avanzar y además la miasma era mucho peor en ese nivel.<br />
<br />
Se detuvo sobre un hongo especialmente grande, multicolor, miró a los lados y finalmente suspiró. <br />
<br />
—<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">¿Me he perdido? Ya debería de haber llegado a Tane-Shigai, creo</span> —se dijo a sí mismo, su voz tintada de preocupación—<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">. Hongos y hongos, mires hacia donde mires. ¡Puñeteros hongos!</span><br />
<br />
Malhumorado, pisoteó con rabia la seta sobre la que se encontraba. De forma casi imperceptible, estimulada debido al brusco contacto exterior, la ya mencionada soltó una nube de esporas amarillentas en pos de defenderse. Ralexion las inhaló sin ser consciente de ello, y sin pena ni gloria, una extraña euforia comenzó a apoderarse de su psique.<br />
<br />
—<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">Ahora que lo pienso, algunos de estos hongos parecen una p...</span> —no pudo terminar la soez afirmación, empezó a reírse y reírse, sin tener control alguno sobre ello.<br />
<br />
En primera instancia, el Uchiha se rió de corazón, pero cuando comprobó que no podía parar unos pocos instantes más tarde, empezó a preocuparse -a pesar de que sus carcajadas no se detenían-.]]></content:encoded>
		</item>
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