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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Valle del Fin]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 04:32:51 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Un encuentro explosivo]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-un-encuentro-explosivo</link>
			<pubDate>Tue, 06 Jul 2021 18:01:44 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=5">Sasagani Yota</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-un-encuentro-explosivo</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Era uno de aquellos días como pocos durante el invierno en el País del Bosque. Un día de eprros como se suele decir o quizás deberíamos decir de no perros puesto que salir era exponerte al frío y a la nieve, la cual no era muy habitual por la zona, pero había dejado un manto a lo largo y ancho del país. Pero en días como aquel me gustaba salir, irme unos días para relajarme, pensar y meditar. Quizás también para reencontrarme conmigo mismo y desconectar de la vida del shinobi que tanto me embriagaba. <br />
<br />
Mis pasos me llevaron hasta uno de esos escenarios tan místicos de todo Ōnindo y en fechas como aquella cobraban todavía más ese componente místico. Nada más y nada menos que el valle del fin. Alcé la vista para ver la estatua que daba forma al primero de todos los Morikages. Los pensamientos nublaban mi mente mientras los copos inundaban mis orbes oculares. De alguna forma la imagen de Juro, con su particular inocencia y un aspecto risueño golpeaban mi mente. Sacudí la cabeza y aparte las manos de aquella túnica de viaje que usaba en aquellos días para protegerme del frío y escalé la estatua hasta la cabeza. Una vez allí posé mi culo sobre la piedra y crucé mis piernas manteniendo la mirada perdida en el horizonte.</span><br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Ah... bendita tranquilidad»</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Era uno de aquellos días como pocos durante el invierno en el País del Bosque. Un día de eprros como se suele decir o quizás deberíamos decir de no perros puesto que salir era exponerte al frío y a la nieve, la cual no era muy habitual por la zona, pero había dejado un manto a lo largo y ancho del país. Pero en días como aquel me gustaba salir, irme unos días para relajarme, pensar y meditar. Quizás también para reencontrarme conmigo mismo y desconectar de la vida del shinobi que tanto me embriagaba. <br />
<br />
Mis pasos me llevaron hasta uno de esos escenarios tan místicos de todo Ōnindo y en fechas como aquella cobraban todavía más ese componente místico. Nada más y nada menos que el valle del fin. Alcé la vista para ver la estatua que daba forma al primero de todos los Morikages. Los pensamientos nublaban mi mente mientras los copos inundaban mis orbes oculares. De alguna forma la imagen de Juro, con su particular inocencia y un aspecto risueño golpeaban mi mente. Sacudí la cabeza y aparte las manos de aquella túnica de viaje que usaba en aquellos días para protegerme del frío y escalé la estatua hasta la cabeza. Una vez allí posé mi culo sobre la piedra y crucé mis piernas manteniendo la mirada perdida en el horizonte.</span><br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Ah... bendita tranquilidad»</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Una ofrenda de paz]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-una-ofrenda-de-paz</link>
			<pubDate>Fri, 08 Jan 2021 19:56:50 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=6">Umikiba Kaido</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-una-ofrenda-de-paz</guid>
			<description><![CDATA[Séis días, había dicho Datsue. Séis días para reunirse y así poder hablar finalmente, después de tantísimo tiempo. Kaido tenía mucho que decirle al Uzujin, y en víspera de que ahora mismo era una época de perdón y reconciliación —consigo mismo, con sus amigo, con su Kage, y por último, con su Aldea—. incluso antes de que Datsue se ofreciera a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Liberarle</span> de las ataduras del Dragón, ya pensaba en no sólo disculparse y hacer las paces, sino también había decidido tenderle una mano. Ahora, que conocía más a profundidad su vínculo con <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Suzaku</span>, y de las viscicitudes que envolvieron el exilio de Akame, Kaido sentía cierta responsabilidad hacia ellos dos. Sobre todo con éste último, que a diferencia del propio escualo, nunca contaría con alguien que realmente desease su vuelta a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">casa</span>, a no ser que el gyojin ayudase a esclarecer el aura oscura alrededor de su figura, y de los acontecimientos que no sólo le llevaron a Dragón Rojo, sino a participar también en la desdicha causada en el Torneo de los Dojos. No fueron seís días, no obstante, sino casi un mes, que pasaron para que éste encuentro diera lugar, finalmente, en el Valle del Fin.<br />
<br />
Por eso estaba ahí. A pesar del frío. A pesar de los vientos gélidos que se arremolinaban allá hacia el Oeste donde las tierras de la Llovizna daban indicios de qué tan fuerte había llegado el invierno del 220. Kaido observaba el horizonte desde la cabeza de Kouta, un horizonte que se perdía tras las llanuras, y que escondía —sin él saberlo—. su próximo destino, uno que le aguardaba una difícil tarea, a él y Ayame. Pero eso compañeros, es <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">otra</span> historia. <br />
<br />
Ésta, una distinta, llamada <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ofrenda de Paz</span>; esconde también un importantísimo mensaje, que podría cambiar el destino de muchos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Séis días, había dicho Datsue. Séis días para reunirse y así poder hablar finalmente, después de tantísimo tiempo. Kaido tenía mucho que decirle al Uzujin, y en víspera de que ahora mismo era una época de perdón y reconciliación —consigo mismo, con sus amigo, con su Kage, y por último, con su Aldea—. incluso antes de que Datsue se ofreciera a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Liberarle</span> de las ataduras del Dragón, ya pensaba en no sólo disculparse y hacer las paces, sino también había decidido tenderle una mano. Ahora, que conocía más a profundidad su vínculo con <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Suzaku</span>, y de las viscicitudes que envolvieron el exilio de Akame, Kaido sentía cierta responsabilidad hacia ellos dos. Sobre todo con éste último, que a diferencia del propio escualo, nunca contaría con alguien que realmente desease su vuelta a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">casa</span>, a no ser que el gyojin ayudase a esclarecer el aura oscura alrededor de su figura, y de los acontecimientos que no sólo le llevaron a Dragón Rojo, sino a participar también en la desdicha causada en el Torneo de los Dojos. No fueron seís días, no obstante, sino casi un mes, que pasaron para que éste encuentro diera lugar, finalmente, en el Valle del Fin.<br />
<br />
Por eso estaba ahí. A pesar del frío. A pesar de los vientos gélidos que se arremolinaban allá hacia el Oeste donde las tierras de la Llovizna daban indicios de qué tan fuerte había llegado el invierno del 220. Kaido observaba el horizonte desde la cabeza de Kouta, un horizonte que se perdía tras las llanuras, y que escondía —sin él saberlo—. su próximo destino, uno que le aguardaba una difícil tarea, a él y Ayame. Pero eso compañeros, es <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">otra</span> historia. <br />
<br />
Ésta, una distinta, llamada <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ofrenda de Paz</span>; esconde también un importantísimo mensaje, que podría cambiar el destino de muchos.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El juego del trilero]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-juego-del-trilero</link>
			<pubDate>Fri, 07 Feb 2020 17:53:24 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[<div align="center"><span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">En el Valle del Fin. El día 15 de Despedida. Estaré entre las tres estatuas.</span>»</span></div>
<br />
Aquellas habían sido las instrucciones que le había dejado Ayame a Datsue, para que concertara la reunión con su misterioso amigo: Reiji. Sasaki Reiji. ¿Por qué no le dejaba de sonar aquel nombre?<br />
<br />
Fuera como fuese, tal y como había comunicado, el día quince del mes, a primera hora de la mañana, una figura encapuchada y cubierta con una gruesa capa de viaje blanca se alzaba sobre las aguas contemplando con gesto pensativo las tres estatuas de los primeros Kage que se alzaban imponentes a su alrededor guardando el sagrado Valle del Fin: Uzumaki Shiomaru, Koichi Riona, Sumizu Kouta... Los tres primeros Kage de las tres nuevas aldeas, aquellos que sacrificaron sus vidas en pos de proteger a la humanidad de la amenaza de los bijū.<br />
<br />
O al menos eso es lo que contaba la historia oficial, la que todo el mundo conocía. Porque toda historia cuenta con múltiples facetas, y los bijū tenían su propia versión de los hechos. Ayame expulsó el aire por la nariz. Ahora que conocía ambas versiones, se sentía muy diferente estar entre aquellas estatuas. Ya no sentía aquella admiración, ni ese profundo respeto infundido. Era... otra cosa diferente que no sabía cómo definir. <br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Sólo espero que Kurama no se haya enterado también...</span>»</span> Tragó saliva, con esfuerzo y miedo. <br />
<br />
La última vez que había estado allí había sufrido el ataque de Kuroyuki y su sello había sido revertido. Y Ayame era bien consciente de que, de haber un segundo encuentro con un General, esta vez no se andaría con chiquitas. Kurama ya sabía que Kokuō se negaba a seguir sus directrices por lo que la próxima vez que se encontrara con un General, como ya había ocurrido con el shinobi de las explosiones, el combate sería a vida o muerte.<br />
<br />
Un sonido seco la sacó de sus pensamientos, y la kunoichi volteó la cabeza con rapidez, buscando su origen.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">En el Valle del Fin. El día 15 de Despedida. Estaré entre las tres estatuas.</span>»</span></div>
<br />
Aquellas habían sido las instrucciones que le había dejado Ayame a Datsue, para que concertara la reunión con su misterioso amigo: Reiji. Sasaki Reiji. ¿Por qué no le dejaba de sonar aquel nombre?<br />
<br />
Fuera como fuese, tal y como había comunicado, el día quince del mes, a primera hora de la mañana, una figura encapuchada y cubierta con una gruesa capa de viaje blanca se alzaba sobre las aguas contemplando con gesto pensativo las tres estatuas de los primeros Kage que se alzaban imponentes a su alrededor guardando el sagrado Valle del Fin: Uzumaki Shiomaru, Koichi Riona, Sumizu Kouta... Los tres primeros Kage de las tres nuevas aldeas, aquellos que sacrificaron sus vidas en pos de proteger a la humanidad de la amenaza de los bijū.<br />
<br />
O al menos eso es lo que contaba la historia oficial, la que todo el mundo conocía. Porque toda historia cuenta con múltiples facetas, y los bijū tenían su propia versión de los hechos. Ayame expulsó el aire por la nariz. Ahora que conocía ambas versiones, se sentía muy diferente estar entre aquellas estatuas. Ya no sentía aquella admiración, ni ese profundo respeto infundido. Era... otra cosa diferente que no sabía cómo definir. <br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Sólo espero que Kurama no se haya enterado también...</span>»</span> Tragó saliva, con esfuerzo y miedo. <br />
<br />
La última vez que había estado allí había sufrido el ataque de Kuroyuki y su sello había sido revertido. Y Ayame era bien consciente de que, de haber un segundo encuentro con un General, esta vez no se andaría con chiquitas. Kurama ya sabía que Kokuō se negaba a seguir sus directrices por lo que la próxima vez que se encontrara con un General, como ya había ocurrido con el shinobi de las explosiones, el combate sería a vida o muerte.<br />
<br />
Un sonido seco la sacó de sus pensamientos, y la kunoichi volteó la cabeza con rapidez, buscando su origen.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El valle de la fatalidad]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-valle-de-la-fatalidad</link>
			<pubDate>Mon, 04 Feb 2019 16:48:26 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=5">Sasagani Yota</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-valle-de-la-fatalidad</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Qué hacia yo allí? Aquella era una interesante pregunta, pero la verdad es que no hacia nada en especial. supongo que disfrutar de un momento de libertad. Precisamente en el mismo lugar donde a alguien le fue robada la libertad. Aunque claro, yo era desconocedor de aquel dato.<br />
<br />
Allí estaba yo, remojandome la cara con la fresca agua de aquel lago en el que flotaban, imponentes, las estatuas de los 3 primeros kages de aquella era. Ya estaban las 3 en perfecto estado. El cantar de los pájaros, la melodía de las hojas de los árboles que producía la brisa a su paso y el silencio de aquella jodida araña me acompañaban en lo que se antojaba en un escenario idóneo para desconectar y meditar.<br />
<br />
Había estado empezando a necesitar de verdad aquel momento de tranquilidad como el aire que respiraba. Habían sido semanas intensas por distintos motivos. Pero ahora estaba disfrutando de aquel momento. Fue como un bálsamo. Una necesidad imperiosa. <br />
<br />
Algunas gotas descendían por mi rostro y, tras ello, dejé caer mi trasero hasta la hierba de la superficie, dejando caer mi cuerpo a peso muerto para terminar dedicando una sonrisa al cielo con la mirada completamente perdida. Segundos más tarde, cerré los ojos y agudicé mis oídos. Era como si aquella suave y deliciosa brisa me susurrase lo que debía hacer...</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Qué hacia yo allí? Aquella era una interesante pregunta, pero la verdad es que no hacia nada en especial. supongo que disfrutar de un momento de libertad. Precisamente en el mismo lugar donde a alguien le fue robada la libertad. Aunque claro, yo era desconocedor de aquel dato.<br />
<br />
Allí estaba yo, remojandome la cara con la fresca agua de aquel lago en el que flotaban, imponentes, las estatuas de los 3 primeros kages de aquella era. Ya estaban las 3 en perfecto estado. El cantar de los pájaros, la melodía de las hojas de los árboles que producía la brisa a su paso y el silencio de aquella jodida araña me acompañaban en lo que se antojaba en un escenario idóneo para desconectar y meditar.<br />
<br />
Había estado empezando a necesitar de verdad aquel momento de tranquilidad como el aire que respiraba. Habían sido semanas intensas por distintos motivos. Pero ahora estaba disfrutando de aquel momento. Fue como un bálsamo. Una necesidad imperiosa. <br />
<br />
Algunas gotas descendían por mi rostro y, tras ello, dejé caer mi trasero hasta la hierba de la superficie, dejando caer mi cuerpo a peso muerto para terminar dedicando una sonrisa al cielo con la mirada completamente perdida. Segundos más tarde, cerré los ojos y agudicé mis oídos. Era como si aquella suave y deliciosa brisa me susurrase lo que debía hacer...</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Cargando a toda velocidad]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-cargando-a-toda-velocidad</link>
			<pubDate>Sun, 13 Jan 2019 13:26:44 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=382">Tsukiyama Daigo</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-cargando-a-toda-velocidad</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">《Dices que intentas proteger a todo el mundo, pero al momento de la verdad simplemente huyes con el rabo entre las piernas...》</span></span><br />
<br />
El peliverde se encontraba allí, escondido bajo la capucha de su sudadera a plena luz del sol, sentado en el mismo lugar donde estuvo hará un mes antes de la aparición de Kuroyuki.<br />
<br />
<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">《¿Ahora qué será de ella? ¿Habrá conseguido huir?, ¿la habrá secuestrado?, ¿o...?》</span></span><br />
<br />
Prefirió no pensar en algo peor, porque de ser así no se lo perdonaría nunca.<br />
<br />
Ahora solo le quedaba esperar a que algo sucediera, pues para eso había viajado hasta allí en primer lugar. Deseaba encontrar una respuesta que le dejara claro qué había sucedido aquel día.<br />
<br />
Poco sabía él que probablemente lo único que encontraría sería una visita inesperada.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">《Dices que intentas proteger a todo el mundo, pero al momento de la verdad simplemente huyes con el rabo entre las piernas...》</span></span><br />
<br />
El peliverde se encontraba allí, escondido bajo la capucha de su sudadera a plena luz del sol, sentado en el mismo lugar donde estuvo hará un mes antes de la aparición de Kuroyuki.<br />
<br />
<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">《¿Ahora qué será de ella? ¿Habrá conseguido huir?, ¿la habrá secuestrado?, ¿o...?》</span></span><br />
<br />
Prefirió no pensar en algo peor, porque de ser así no se lo perdonaría nunca.<br />
<br />
Ahora solo le quedaba esperar a que algo sucediera, pues para eso había viajado hasta allí en primer lugar. Deseaba encontrar una respuesta que le dejara claro qué había sucedido aquel día.<br />
<br />
Poco sabía él que probablemente lo único que encontraría sería una visita inesperada.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿Por qué alguien haría esto?]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-por-que-alguien-haria-esto</link>
			<pubDate>Fri, 02 Nov 2018 00:31:34 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=382">Tsukiyama Daigo</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-por-que-alguien-haria-esto</guid>
			<description><![CDATA[Protegiéndose de una leve lluvia con la capucha de su sudadera, Daigo se encontraba sentado en el suelo mientras observaba incrédulo la estatua de Sumizu Kouta, o a lo que quedaba de ella.<br />
<br />
<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">—¿Por qué alguien haría esto...?</span><br />
<br />
El peliverde había venido en primer lugar para meditar, para hacerse preguntas y buscar respuestas, pues su encuentro con cierto chico de Amegakure le dio bastante de que pensar sobre todo lo que sucedía a su alrededor y su papel en ello.<br />
<br />
En aquel momento Daigo había dicho solo podían hacer lo que estuviera en su mano, ¿pero cuánto podía él hacer si solo era un chico? Siempre había pensado todo estaría bien eventualmente si él seguía intentando hacer el bien y no perder su camino, ¿pero acaso bastaba solo con aquello cuando todo el mundo tenía intereses distintos?<br />
<br />
No, él mismo lo había dicho, era necesario que todos empujaran juntos en la dirección correcta para salir de esta. No bastaba con que lo intentara él, o un grupo grande de gente, ni siquiera bastaba con que lo intentara casi todo Ōnindo, porque siempre que quedara alguien con malas intenciones podría aparecer otro Zoku en cualquier parte del mundo y liarla de verdad.<br />
<br />
¿Y cómo se podía hacer algo tan difícil como que todo el mundo intentara hacer lo correcto? En su momento la paz empezó a nacer cuando los tres primeros Kages se unieron para derrotar un enemigo común, pero ahora ni siquiera se respetaban las estatuas de los héroes del pasado y nadie tenía ni idea de quien era el enemigo ahora. Ni siquiera sabían si había uno.<br />
<br />
Se cruzó de brazos y dejó escapar un suspiro mientras pensaba en todo aquello.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Protegiéndose de una leve lluvia con la capucha de su sudadera, Daigo se encontraba sentado en el suelo mientras observaba incrédulo la estatua de Sumizu Kouta, o a lo que quedaba de ella.<br />
<br />
<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">—¿Por qué alguien haría esto...?</span><br />
<br />
El peliverde había venido en primer lugar para meditar, para hacerse preguntas y buscar respuestas, pues su encuentro con cierto chico de Amegakure le dio bastante de que pensar sobre todo lo que sucedía a su alrededor y su papel en ello.<br />
<br />
En aquel momento Daigo había dicho solo podían hacer lo que estuviera en su mano, ¿pero cuánto podía él hacer si solo era un chico? Siempre había pensado todo estaría bien eventualmente si él seguía intentando hacer el bien y no perder su camino, ¿pero acaso bastaba solo con aquello cuando todo el mundo tenía intereses distintos?<br />
<br />
No, él mismo lo había dicho, era necesario que todos empujaran juntos en la dirección correcta para salir de esta. No bastaba con que lo intentara él, o un grupo grande de gente, ni siquiera bastaba con que lo intentara casi todo Ōnindo, porque siempre que quedara alguien con malas intenciones podría aparecer otro Zoku en cualquier parte del mundo y liarla de verdad.<br />
<br />
¿Y cómo se podía hacer algo tan difícil como que todo el mundo intentara hacer lo correcto? En su momento la paz empezó a nacer cuando los tres primeros Kages se unieron para derrotar un enemigo común, pero ahora ni siquiera se respetaban las estatuas de los héroes del pasado y nadie tenía ni idea de quien era el enemigo ahora. Ni siquiera sabían si había uno.<br />
<br />
Se cruzó de brazos y dejó escapar un suspiro mientras pensaba en todo aquello.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Reminiscencia del pasado]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-reminiscencia-del-pasado</link>
			<pubDate>Sun, 23 Sep 2018 17:22:13 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=8">Eikyuu Juro</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-reminiscencia-del-pasado</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: gold; font-style: italic;">« Aquí falta algo, ¿no? »</span> — pensó Juro, mientras miraba la estatua de  Sumizu Kouta, decapitada.<br />
<br />
Juro se encontraba ahí, delante de las estatuas, en el valle del fin. Otra vez, como había hecho en el pasado, había regresado ahí. Ya no como genin, si no como jounin. No había podido evitar ver el detalle de que habían arrancado la cabeza de una estatua. Se preguntó quién había sido, aunque la respuesta le vino a la mente sin evitarlo.<br />
<br />
¿Quién había atacado a Uzushiogakure en el examen? Amegakure y Kusagakure, pero sobretodo Amegakure. Y ahora, curiosamente faltaba la cabeza de la estatua del Kage de Ame.<br />
<br />
<span style="color: gold; font-style: italic;">« No te precipites. Tampoco tienes pruebas »</span> — No sabía cuánto tiempo llevaba pasando esto (ni por qué Amegakure no había tomado represalias, aunque eso tampoco lo sabía)<br />
<br />
De igual forma, él no había llegado hasta allí para investigar eso. Igual que en su momento llegó como un genin recien graduado, para encontrar su camino. Igual que cuando llegó ahí otra vez, tras el torneo de los dojos, para tratar de encontrar la fuerza para seguir tras su patética derrota.<br />
<br />
Una vez más, estaba ahí, ahora con un nuevo cargo. Y otra vez, buscaba la fuerza de sus antepasados.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">— No sé como hacerlo... </span>— había murmurado, tras encarar la estatua del que fue el primer Kage de Kusagakure —. <span style="color: green;" class="mycode_color">C-creo que ésto me viene un poco grande.  </span><br />
<br />
Ese día no llevaba el chaleco ni la placa. No se sentía merecedor de llevarlas delante de ellos (ni con fuerzas para presumir en el viaje de su nuevo cargo). Hasta que se sintiera capaz de afrontar algo así, solo los llevaría obligatoriamente en su aldea y en su país, dónde debía de llevarlos. Ahí, en tierras extranjeras, no tenía jurisdicción ni fuerzas para nada. Solo llevaba su bandana, como un recordatorio. Vestía su nuevo sueter negro que le llegaba hasta el cuello y sus nuevos pantalones azules. También llevaba el bulto a su espalda que era su marioneta, y los dos rollos atados a la cintura.<br />
<br />
Se quedó ahí, sentado, observando el rostro de su antepasado. ¿Cómo iba a encontrar fuerzas para seguir? No lo sabía, pero no pensaba levantarse de ahí hasta conseguir algo claro. Al menos, esa era su idea.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: gold; font-style: italic;">« Aquí falta algo, ¿no? »</span> — pensó Juro, mientras miraba la estatua de  Sumizu Kouta, decapitada.<br />
<br />
Juro se encontraba ahí, delante de las estatuas, en el valle del fin. Otra vez, como había hecho en el pasado, había regresado ahí. Ya no como genin, si no como jounin. No había podido evitar ver el detalle de que habían arrancado la cabeza de una estatua. Se preguntó quién había sido, aunque la respuesta le vino a la mente sin evitarlo.<br />
<br />
¿Quién había atacado a Uzushiogakure en el examen? Amegakure y Kusagakure, pero sobretodo Amegakure. Y ahora, curiosamente faltaba la cabeza de la estatua del Kage de Ame.<br />
<br />
<span style="color: gold; font-style: italic;">« No te precipites. Tampoco tienes pruebas »</span> — No sabía cuánto tiempo llevaba pasando esto (ni por qué Amegakure no había tomado represalias, aunque eso tampoco lo sabía)<br />
<br />
De igual forma, él no había llegado hasta allí para investigar eso. Igual que en su momento llegó como un genin recien graduado, para encontrar su camino. Igual que cuando llegó ahí otra vez, tras el torneo de los dojos, para tratar de encontrar la fuerza para seguir tras su patética derrota.<br />
<br />
Una vez más, estaba ahí, ahora con un nuevo cargo. Y otra vez, buscaba la fuerza de sus antepasados.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">— No sé como hacerlo... </span>— había murmurado, tras encarar la estatua del que fue el primer Kage de Kusagakure —. <span style="color: green;" class="mycode_color">C-creo que ésto me viene un poco grande.  </span><br />
<br />
Ese día no llevaba el chaleco ni la placa. No se sentía merecedor de llevarlas delante de ellos (ni con fuerzas para presumir en el viaje de su nuevo cargo). Hasta que se sintiera capaz de afrontar algo así, solo los llevaría obligatoriamente en su aldea y en su país, dónde debía de llevarlos. Ahí, en tierras extranjeras, no tenía jurisdicción ni fuerzas para nada. Solo llevaba su bandana, como un recordatorio. Vestía su nuevo sueter negro que le llegaba hasta el cuello y sus nuevos pantalones azules. También llevaba el bulto a su espalda que era su marioneta, y los dos rollos atados a la cintura.<br />
<br />
Se quedó ahí, sentado, observando el rostro de su antepasado. ¿Cómo iba a encontrar fuerzas para seguir? No lo sabía, pero no pensaba levantarse de ahí hasta conseguir algo claro. Al menos, esa era su idea.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La Tribu Roehuesos]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-tribu-roehuesos</link>
			<pubDate>Sun, 16 Sep 2018 23:36:21 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=6">Umikiba Kaido</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-tribu-roehuesos</guid>
			<description><![CDATA[Allí estaba él, el Tiburón, con la mandíbula desencajada. Presenciando a Sumizu Kouta, o mejor dicho, el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">casi</span> decapitado Sumizu Kouta. <br />
<br />
A la enorme piedra que componía la estatua de la leyenda de Amegakure, a diferencia de sus otros dos congéneres, le faltaba la jodida cabeza entera. Allí en donde debía estar su rostro tan sólo habían malformaciones de roca. Kaido llevaba media hora preguntándose, en silencio, quién podría haber hecho semejante ofensa. Y qué poder tan destructivo tendría que haberse usado para abofetear de esa manera la enorme estatua. ¿Lo sabrían ya en Amegakure? ¿Sería él quien diese la jodida noticia allá en la Aldea de la Lluvia?<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Joder, esto tiene que tratarse de una puta broma</span> —comentó, entre dientes. Con la vista perdida, sin creerse aún lo que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">no</span> veía.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Allí estaba él, el Tiburón, con la mandíbula desencajada. Presenciando a Sumizu Kouta, o mejor dicho, el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">casi</span> decapitado Sumizu Kouta. <br />
<br />
A la enorme piedra que componía la estatua de la leyenda de Amegakure, a diferencia de sus otros dos congéneres, le faltaba la jodida cabeza entera. Allí en donde debía estar su rostro tan sólo habían malformaciones de roca. Kaido llevaba media hora preguntándose, en silencio, quién podría haber hecho semejante ofensa. Y qué poder tan destructivo tendría que haberse usado para abofetear de esa manera la enorme estatua. ¿Lo sabrían ya en Amegakure? ¿Sería él quien diese la jodida noticia allá en la Aldea de la Lluvia?<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Joder, esto tiene que tratarse de una puta broma</span> —comentó, entre dientes. Con la vista perdida, sin creerse aún lo que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">no</span> veía.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿¡PERO QUÉ COJONES!?]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-pero-qu%C3%A9-cojones</link>
			<pubDate>Thu, 13 Sep 2018 19:55:41 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=2">Amedama Daruu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-pero-qu%C3%A9-cojones</guid>
			<description><![CDATA[Dispuesto a cumplir el mandato de Amekoro Yui, Daruu salió de su habitación. Se despidió de su madre, que en aquellos momentos se encontraba preparando bollitos de vainilla <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">a ciegas</span>, gracias a la técnica que aprendió de Ayame. Daruu suspiró, mientras veía cómo la mujer se levantaba del suelo y recogía las bandejas del horno.<br />
<br />
Lo cierto es que era de admirar. Desde el primer día, no se había rendido. Los ahorros de su madre y su propio sueldo eran suficientes para los dos, de sobra incluso. Pero ella insistía en que algún día abriría la pastelería. De hecho, antes de salir le dijo una frase que le dejó totalmente paralizado, pero sólo cuando ya había salido a la calle y se dio cuenta de lo que podría significar.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">«Este Viento Gris igual tenéis que volverme a ayudar con los bollitos de calabaza...»</span></div>
<br />
Sea como fuere, otra curiosidad tiraba de él más fuerte. Se ajustó la capa de viaje, ancha e impermeable, que le cubría todo el cuerpo, y se echó hacia adelante la capucha. Caminó entre el gentío y salió cruzando el puente. Notificó a los guardias el objeto de su partida.<br />
<br />
Desde la aldea, divisó las copas de los árboles del Bosque de Azur. Allí se dirigiría primeramente, para refugiarse de la inclemente tormenta entre el follaje de la linde oriental. Más tarde tomaría un desvío.<br />
<br />
Ya eran las ocho de la tarde cuando saludó a los ANBU a la entrada del Túnel. Se adentró en él y tomó gran velocidad antes de subirse de un salto a la cinta. Siempre daba vértigo, porque el cacharro se deslizaba endemoniadamente rápido. Gracias a la tormenta de las Llanuras de la Tempestad Eterna.<br />
<br />
Cuando salió, los guardias de la puerta dieron un respingo. Daruu se disculpó educadamente, todos rieron y el joven reemprendió la marcha.<br />
<br />
Desde el Túnel, viajó hacia el sudeste, hacia Yachi. Allí tomó asiento en <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La Pipa de Calabaza</span>, un acogedor restaurante que frecuentaba cuando viajaba de pequeño a Yachi con su madre. Allí, le recibieron entre gran alboroto, y le invitaron a cenar, hecho por el cual Daruu se sintió terriblemente culpable. Pero Roshi, el enjuto y pelirrojo dueño del establecimiento, atusándose el bigote, no le dejó opción alguna.<br />
<br />
Ya de noche, bajó con cuidado por la cuesta que besaba al acantilado y que conducía hacia la cabaña de vacaciones de la familia Amedama. Rebuscó en su portaobjetos un rato, y tras encontrar la llave, pensó lo terrible que habría sido habérsela dejado en Amegakure.<br />
<br />
Tras cerrar la puerta, Daruu se fue directo a su habitación. Tras dejar tres marcas de sangre adjacentes en la pared, se tiró en la cama y dejó que el Dios de los Sueños le meciera hasta el día siguiente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Dispuesto a cumplir el mandato de Amekoro Yui, Daruu salió de su habitación. Se despidió de su madre, que en aquellos momentos se encontraba preparando bollitos de vainilla <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">a ciegas</span>, gracias a la técnica que aprendió de Ayame. Daruu suspiró, mientras veía cómo la mujer se levantaba del suelo y recogía las bandejas del horno.<br />
<br />
Lo cierto es que era de admirar. Desde el primer día, no se había rendido. Los ahorros de su madre y su propio sueldo eran suficientes para los dos, de sobra incluso. Pero ella insistía en que algún día abriría la pastelería. De hecho, antes de salir le dijo una frase que le dejó totalmente paralizado, pero sólo cuando ya había salido a la calle y se dio cuenta de lo que podría significar.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">«Este Viento Gris igual tenéis que volverme a ayudar con los bollitos de calabaza...»</span></div>
<br />
Sea como fuere, otra curiosidad tiraba de él más fuerte. Se ajustó la capa de viaje, ancha e impermeable, que le cubría todo el cuerpo, y se echó hacia adelante la capucha. Caminó entre el gentío y salió cruzando el puente. Notificó a los guardias el objeto de su partida.<br />
<br />
Desde la aldea, divisó las copas de los árboles del Bosque de Azur. Allí se dirigiría primeramente, para refugiarse de la inclemente tormenta entre el follaje de la linde oriental. Más tarde tomaría un desvío.<br />
<br />
Ya eran las ocho de la tarde cuando saludó a los ANBU a la entrada del Túnel. Se adentró en él y tomó gran velocidad antes de subirse de un salto a la cinta. Siempre daba vértigo, porque el cacharro se deslizaba endemoniadamente rápido. Gracias a la tormenta de las Llanuras de la Tempestad Eterna.<br />
<br />
Cuando salió, los guardias de la puerta dieron un respingo. Daruu se disculpó educadamente, todos rieron y el joven reemprendió la marcha.<br />
<br />
Desde el Túnel, viajó hacia el sudeste, hacia Yachi. Allí tomó asiento en <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La Pipa de Calabaza</span>, un acogedor restaurante que frecuentaba cuando viajaba de pequeño a Yachi con su madre. Allí, le recibieron entre gran alboroto, y le invitaron a cenar, hecho por el cual Daruu se sintió terriblemente culpable. Pero Roshi, el enjuto y pelirrojo dueño del establecimiento, atusándose el bigote, no le dejó opción alguna.<br />
<br />
Ya de noche, bajó con cuidado por la cuesta que besaba al acantilado y que conducía hacia la cabaña de vacaciones de la familia Amedama. Rebuscó en su portaobjetos un rato, y tras encontrar la llave, pensó lo terrible que habría sido habérsela dejado en Amegakure.<br />
<br />
Tras cerrar la puerta, Daruu se fue directo a su habitación. Tras dejar tres marcas de sangre adjacentes en la pared, se tiró en la cama y dejó que el Dios de los Sueños le meciera hasta el día siguiente.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Primer encuentro]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-primer-encuentro--4894</link>
			<pubDate>Thu, 21 Jun 2018 18:25:56 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=557">Keisuke</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-primer-encuentro--4894</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: limegreen;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Cuanta calma...—</span></span> Murmuré con alivio.<br />
<br />
¿Cuánto tiempo llevaba ahí? ¿Cuántas horas habrían pasado ya? La noción del tiempo era algo que ya había perdido para este momento, con el cantar del viento y el sonido de la cascada había logrado entrar en un estado de relajación total, mis ojos estaban totalmente cerrados, pensaba en todo y en nada a la vez, pensamiento que llegaba a mi mente, pensamiento que desechaba, porque de eso se trataba, ¿no? Así es como se empezaba a meditar, según algunos libros... <br />
<br />
El día en particular se prestaba, no estaba lloviendo, pero no hacía sol, las nubes cubrían el firmamento y mi piel se erizaba con alguna que otra corriente de aires frío que se acercaba. Era difícil no perder la concentración, era difícil no quedarme dormido, ya que en ocasiones mi cuerpo empezaba a entumecerse, mis palmas a hormiguear y mi espalda a doler, pero... ¿De qué servía entrenar el cuerpo y dejar a un lado la mente? <br />
<br />
Ese era mi motivo, por eso me encontraba este día aquí, sentado justo en la cabeza del primer Arashikage, Kouta-sama. <br />
<br />
¿Cuánto tiempo más podría soportar?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: limegreen;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Cuanta calma...—</span></span> Murmuré con alivio.<br />
<br />
¿Cuánto tiempo llevaba ahí? ¿Cuántas horas habrían pasado ya? La noción del tiempo era algo que ya había perdido para este momento, con el cantar del viento y el sonido de la cascada había logrado entrar en un estado de relajación total, mis ojos estaban totalmente cerrados, pensaba en todo y en nada a la vez, pensamiento que llegaba a mi mente, pensamiento que desechaba, porque de eso se trataba, ¿no? Así es como se empezaba a meditar, según algunos libros... <br />
<br />
El día en particular se prestaba, no estaba lloviendo, pero no hacía sol, las nubes cubrían el firmamento y mi piel se erizaba con alguna que otra corriente de aires frío que se acercaba. Era difícil no perder la concentración, era difícil no quedarme dormido, ya que en ocasiones mi cuerpo empezaba a entumecerse, mis palmas a hormiguear y mi espalda a doler, pero... ¿De qué servía entrenar el cuerpo y dejar a un lado la mente? <br />
<br />
Ese era mi motivo, por eso me encontraba este día aquí, sentado justo en la cabeza del primer Arashikage, Kouta-sama. <br />
<br />
¿Cuánto tiempo más podría soportar?]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Mis calzones mojados y sus 10 shuriken]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-mis-calzones-mojados-y-sus-10-shuriken</link>
			<pubDate>Mon, 30 Apr 2018 22:02:54 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=7">Inuzuka Nabi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-mis-calzones-mojados-y-sus-10-shuriken</guid>
			<description><![CDATA[Era un día lluvioso, claramente a consecuencia de estar tan cerca del País de la Llovizna, digo, del Tormento. Había vuelto al lugar donde empezó todo, donde me encontré con el primer shinobi que no era de Uzushiogakure y compartimos una experiencia digna de mención en mi autobiografía. <br />
<br />
Pero aquel día no me auguraba nada bueno, caía una cantidad de agua por metro cuadrado que inundaría cualquier pueblo de agricultores con un sistema de drenaje mínimamente descuidado. Tenía la ropa calada, el pelo calado, el propio calado se estaba calando. <br />
<br />
Sin embargo, ni los truenos, ni los relámpagos nos echaban para atrás a mi o a Stuffy. Estábamos en plena competición y ya habíamos elegido aquel lugar para acabar con todo de una vez por todas, ese día era el día en que todo se decidiría. El primero que llegara al árbol del otro lado del lago que tenía un dibujo de un pene hecho con un kunai sería el más mejor y podría reírse del otro tanto como quisiera hasta la siguiente prueba. <br />
<br />
La señal de salida la daba la naturaleza. En cuanto sonase un trueno rompiendo el silencio que las gotas de la lluvia debilitaban saldríamos por patas, yo ya estaba a cuatro patas con todo a punto para dispararme tan pronto como...<br />
<br />
Un flash atravesó el cielo, dejando unos breves segundos antes de que el sonido siguiera la luz y así... ¡BRRRRRRRRUM!<br />
<br />
Y ambos empezamos a rodear el lago a toda prisa en plena tormenta.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Era un día lluvioso, claramente a consecuencia de estar tan cerca del País de la Llovizna, digo, del Tormento. Había vuelto al lugar donde empezó todo, donde me encontré con el primer shinobi que no era de Uzushiogakure y compartimos una experiencia digna de mención en mi autobiografía. <br />
<br />
Pero aquel día no me auguraba nada bueno, caía una cantidad de agua por metro cuadrado que inundaría cualquier pueblo de agricultores con un sistema de drenaje mínimamente descuidado. Tenía la ropa calada, el pelo calado, el propio calado se estaba calando. <br />
<br />
Sin embargo, ni los truenos, ni los relámpagos nos echaban para atrás a mi o a Stuffy. Estábamos en plena competición y ya habíamos elegido aquel lugar para acabar con todo de una vez por todas, ese día era el día en que todo se decidiría. El primero que llegara al árbol del otro lado del lago que tenía un dibujo de un pene hecho con un kunai sería el más mejor y podría reírse del otro tanto como quisiera hasta la siguiente prueba. <br />
<br />
La señal de salida la daba la naturaleza. En cuanto sonase un trueno rompiendo el silencio que las gotas de la lluvia debilitaban saldríamos por patas, yo ya estaba a cuatro patas con todo a punto para dispararme tan pronto como...<br />
<br />
Un flash atravesó el cielo, dejando unos breves segundos antes de que el sonido siguiera la luz y así... ¡BRRRRRRRRUM!<br />
<br />
Y ambos empezamos a rodear el lago a toda prisa en plena tormenta.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Se acabó lo que se daba]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-se-acabo-lo-que-se-daba</link>
			<pubDate>Tue, 03 Oct 2017 18:00:45 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=7">Inuzuka Nabi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-se-acabo-lo-que-se-daba</guid>
			<description><![CDATA[— <span style="color: pink;" class="mycode_color">Lo siento, se acabó lo que se daba.</span><br />
<br />
No me lo podía creer. Estaban repartiendo muestras gratuitas de dangos justo en el Valle del Fin y yo pensando, es mi dia de suerte, que bien, un buen dango ahora me asienta el estomago... Pues justo se acaban. <br />
<br />
— <span style="color: yellow;" class="mycode_color">Pero... pero... tendrás algo ahí, ¿no? El tipico que se te cae al suelo y lo apartas para tirarlo, ya me lo como yo.</span><br />
<br />
— <span style="color: pink;" class="mycode_color">De verdad que no me queda nada de lo que se daba. Se ha acabado. Si quieres probarlos, pasate por Minori. Por el Dango Bailarín.</span><br />
<br />
El joven muchacho que llevaba el carrito de comida salió por patas tras decir eso, principalmente por los ladridos de Stuffy, si para mi olían bien esos dangos para él ha tenido que ser como una puñalada en el corazón oir que no los vamos a probar siquiera. Total, que empezó a ladrarle y el chico empezó a acelerar el paso, lo cual hizo que el animal empezase a perseguirle, lo cual hizo que el chico empezase a correr.<br />
<br />
— <span style="color: yellow;" class="mycode_color">¡Stuffy! Dejalo, tenemos el conejo de esta mañana. Iba a decirle que nos diese algo de salsa, pero supongo que acojonamos bastante.</span> <br />
<br />
Stuffy parecía marrón y eso siendo negro tiene algo de merito. Miré al lago y despues al perro. Saqué un poco de conejo ya cocinado e hice como si lo tirase al lago, al perro le faltó tiempo para ir tras la carne imaginaria. Se metió y empezó a nadar hasta la mitad perdiendo el tono marrón y recuperando el tono negro habitual en él. Me senté en el borde de la masa de agua con mi saco a un lado comiendo aquella carne a pelo, sin salsa ni sabor ni nada de nada. <br />
<br />
Observé entre mordiscos como el can volvía a la orilla y se sacudía el agua. Le lancé un cacho de conejo y lo pilló al suelo. Ahí estabamos los dos en pleno mediodía comiendo conejo como buenos salvajes. Menos mal que ya volvíamos a casa. Aunque echaría de menos el mear en arbustos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[— <span style="color: pink;" class="mycode_color">Lo siento, se acabó lo que se daba.</span><br />
<br />
No me lo podía creer. Estaban repartiendo muestras gratuitas de dangos justo en el Valle del Fin y yo pensando, es mi dia de suerte, que bien, un buen dango ahora me asienta el estomago... Pues justo se acaban. <br />
<br />
— <span style="color: yellow;" class="mycode_color">Pero... pero... tendrás algo ahí, ¿no? El tipico que se te cae al suelo y lo apartas para tirarlo, ya me lo como yo.</span><br />
<br />
— <span style="color: pink;" class="mycode_color">De verdad que no me queda nada de lo que se daba. Se ha acabado. Si quieres probarlos, pasate por Minori. Por el Dango Bailarín.</span><br />
<br />
El joven muchacho que llevaba el carrito de comida salió por patas tras decir eso, principalmente por los ladridos de Stuffy, si para mi olían bien esos dangos para él ha tenido que ser como una puñalada en el corazón oir que no los vamos a probar siquiera. Total, que empezó a ladrarle y el chico empezó a acelerar el paso, lo cual hizo que el animal empezase a perseguirle, lo cual hizo que el chico empezase a correr.<br />
<br />
— <span style="color: yellow;" class="mycode_color">¡Stuffy! Dejalo, tenemos el conejo de esta mañana. Iba a decirle que nos diese algo de salsa, pero supongo que acojonamos bastante.</span> <br />
<br />
Stuffy parecía marrón y eso siendo negro tiene algo de merito. Miré al lago y despues al perro. Saqué un poco de conejo ya cocinado e hice como si lo tirase al lago, al perro le faltó tiempo para ir tras la carne imaginaria. Se metió y empezó a nadar hasta la mitad perdiendo el tono marrón y recuperando el tono negro habitual en él. Me senté en el borde de la masa de agua con mi saco a un lado comiendo aquella carne a pelo, sin salsa ni sabor ni nada de nada. <br />
<br />
Observé entre mordiscos como el can volvía a la orilla y se sacudía el agua. Le lancé un cacho de conejo y lo pilló al suelo. Ahí estabamos los dos en pleno mediodía comiendo conejo como buenos salvajes. Menos mal que ya volvíamos a casa. Aunque echaría de menos el mear en arbustos.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El experimento de Yagima]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-experimento-de-yagima</link>
			<pubDate>Thu, 29 Jun 2017 12:43:08 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=6">Umikiba Kaido</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-experimento-de-yagima</guid>
			<description><![CDATA[Finalmente, después de la larga travesía que le había llevado hasta los linderos de la Isla Monotonía, por allá en el país del Agua; el escualo regresó a las costas uzureñas y decidió pasar la noche en Yamiria. A la mañana siguiente, con las energías debidamente recargadas, Kaido volvió a poner marcha sobre tierra firme y tomó su curso hacia su país, trayecto que le tomó alrededor de dos días, aproximadamente. <br />
<br />
Había estado viajando mucho últimamente, y lo cierto es que estaba escaso de efectivo, y de energías. Los pies le dolían, y aunque quisiese darse el lujo de pagar alguna que otra posada a mitad de camino, en realidad estaba tan desesperado por llegar a Yachi que no pensó en las secuelas de una caminata similar. A tal punto de que, estando próximo a la frontera que dividía ambas regiones, se percató de que sus reservas de agua estaban bajas. Y un Hōzuki no se podía permitir aquello bajo ninguna circunstancia.<br />
<br />
Estaba sediento, y la única fuente de agua que sabía cercana era la poderosa cascada del Valle del Fin. Así que ahí decidió ir. <br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">Quinto Tsuchiyōbi de Flama, Verano de 217, Valle del fin</div></i></div>
<br />
Daban las doce del mediodía, y el sol veraniego brillaba con todo su esplendor desde el noreste. El verano de ese año en particular venía siendo uno de los más calurosos, o eso comentaban los lugareños; y aquellos que vivían en pueblos aledaños a la fuente de agua que el Valle del Fin les proporcionaba, no podían estar más que agradecidos. <br />
<br />
Y sin embargo, para cuando Kaido llegó finalmente al área en cuestión, no parecía haber nadie en los alrededores; no al menos de los que él pudiese percatarse. <br />
<br />
El <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">gyojin</span> se dispuso entonces a llenar su cantimplora, y bebió un par de tragos entre medios. Sólo para después, volverla a llenar. Como si tanta agua nunca fuese suficiente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Finalmente, después de la larga travesía que le había llevado hasta los linderos de la Isla Monotonía, por allá en el país del Agua; el escualo regresó a las costas uzureñas y decidió pasar la noche en Yamiria. A la mañana siguiente, con las energías debidamente recargadas, Kaido volvió a poner marcha sobre tierra firme y tomó su curso hacia su país, trayecto que le tomó alrededor de dos días, aproximadamente. <br />
<br />
Había estado viajando mucho últimamente, y lo cierto es que estaba escaso de efectivo, y de energías. Los pies le dolían, y aunque quisiese darse el lujo de pagar alguna que otra posada a mitad de camino, en realidad estaba tan desesperado por llegar a Yachi que no pensó en las secuelas de una caminata similar. A tal punto de que, estando próximo a la frontera que dividía ambas regiones, se percató de que sus reservas de agua estaban bajas. Y un Hōzuki no se podía permitir aquello bajo ninguna circunstancia.<br />
<br />
Estaba sediento, y la única fuente de agua que sabía cercana era la poderosa cascada del Valle del Fin. Así que ahí decidió ir. <br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">Quinto Tsuchiyōbi de Flama, Verano de 217, Valle del fin</div></i></div>
<br />
Daban las doce del mediodía, y el sol veraniego brillaba con todo su esplendor desde el noreste. El verano de ese año en particular venía siendo uno de los más calurosos, o eso comentaban los lugareños; y aquellos que vivían en pueblos aledaños a la fuente de agua que el Valle del Fin les proporcionaba, no podían estar más que agradecidos. <br />
<br />
Y sin embargo, para cuando Kaido llegó finalmente al área en cuestión, no parecía haber nadie en los alrededores; no al menos de los que él pudiese percatarse. <br />
<br />
El <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">gyojin</span> se dispuso entonces a llenar su cantimplora, y bebió un par de tragos entre medios. Sólo para después, volverla a llenar. Como si tanta agua nunca fuese suficiente.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El sacrificio de Yagima]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-sacrificio-de-yagima</link>
			<pubDate>Sat, 24 Jun 2017 10:42:03 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=6">Umikiba Kaido</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-sacrificio-de-yagima</guid>
			<description><![CDATA[Finalmente, después de la larga travesía que le había llevado hasta los linderos de la Isla Monotonía, por allá en el país del Agua; el escualo regresó a las costas uzureñas y decidió pasar la noche en Yamiria. A la mañana siguiente, con las energías debidamente recargadas, Kaido volvió a poner marcha sobre tierra firme y tomó su curso hacia su país, trayecto que le tomó alrededor de dos días, aproximadamente. <br />
<br />
Había estado viajando mucho últimamente, y lo cierto es que estaba escaso de efectivo, y de energías. Los pies le dolían, y aunque quisiese darse el lujo de pagar alguna que otra posada a mitad de camino, en realidad estaba tan desesperado por llegar a Yachi que no pensó en las secuelas de una caminata similar. A tal punto de que, estando próximo a la frontera que dividía ambas regiones, se percató de que sus reservas de agua estaban bajas. Y un Hōzuki no se podía permitir aquello bajo ninguna circunstancia.<br />
<br />
Estaba sediento, y la única fuente de agua que sabía cercana era la poderosa cascada del Valle del Fin. Así que ahí decidió ir. <br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">Quinto Tsuchiyōbi de Flama, Verano de 217, La Capital</div></i></div>
<br />
Daban las doce del mediodía, y el sol veraniego brillaba con todo su esplendor desde el noreste. El verano de ese año en particular venía siendo uno de los más calurosos, o eso comentaban los lugareños; y aquellos que vivían en pueblos aledaños a la fuente de agua que el Valle del Fin les proporcionaba, no podían estar más que agradecidos. <br />
<br />
Y sin embargo, para cuando Kaido llegó finalmente al área en cuestión, no parecía haber nadie en los alrededores; no al menos de los que él pudiese percatarse. <br />
<br />
El <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">gyojin</span> se dispuso entonces a llenar su cantimplora, y bebió un par de tragos entre medios. Sólo para después, volverla a llenar. Como si tanta agua nunca fuese suficiente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Finalmente, después de la larga travesía que le había llevado hasta los linderos de la Isla Monotonía, por allá en el país del Agua; el escualo regresó a las costas uzureñas y decidió pasar la noche en Yamiria. A la mañana siguiente, con las energías debidamente recargadas, Kaido volvió a poner marcha sobre tierra firme y tomó su curso hacia su país, trayecto que le tomó alrededor de dos días, aproximadamente. <br />
<br />
Había estado viajando mucho últimamente, y lo cierto es que estaba escaso de efectivo, y de energías. Los pies le dolían, y aunque quisiese darse el lujo de pagar alguna que otra posada a mitad de camino, en realidad estaba tan desesperado por llegar a Yachi que no pensó en las secuelas de una caminata similar. A tal punto de que, estando próximo a la frontera que dividía ambas regiones, se percató de que sus reservas de agua estaban bajas. Y un Hōzuki no se podía permitir aquello bajo ninguna circunstancia.<br />
<br />
Estaba sediento, y la única fuente de agua que sabía cercana era la poderosa cascada del Valle del Fin. Así que ahí decidió ir. <br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">Quinto Tsuchiyōbi de Flama, Verano de 217, La Capital</div></i></div>
<br />
Daban las doce del mediodía, y el sol veraniego brillaba con todo su esplendor desde el noreste. El verano de ese año en particular venía siendo uno de los más calurosos, o eso comentaban los lugareños; y aquellos que vivían en pueblos aledaños a la fuente de agua que el Valle del Fin les proporcionaba, no podían estar más que agradecidos. <br />
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Y sin embargo, para cuando Kaido llegó finalmente al área en cuestión, no parecía haber nadie en los alrededores; no al menos de los que él pudiese percatarse. <br />
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El <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">gyojin</span> se dispuso entonces a llenar su cantimplora, y bebió un par de tragos entre medios. Sólo para después, volverla a llenar. Como si tanta agua nunca fuese suficiente.]]></content:encoded>
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			<title><![CDATA[Entre leyendas]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-entre-leyendas</link>
			<pubDate>Wed, 19 Apr 2017 20:32:20 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Raiyōbi, 19 de Ascua de 217</div>
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<br />
<br />
Tres días le había costado su peculiar capricho. Tres días de viaje bajo la inclemencia del sol de verano. Jamás habría pensado que iba a echar de menos las permanentes lluvias de su aldea hasta aquel momento. Jamás había pasado tanto calor. Entre pesados sudores, y con la ropa ya pegada al cuerpo, Ayame avanzaba a paso cansado entre los matorrales. Siempre que podía, buscaba con ansia la sombra, pero los árboles eran bien escasos y la mayor parte del trayecto tuvo que soportar la solana. Sin embargo, no se detenía a descansar, sabía que estaban llegando, a juzgar por el mapa que llevaba entre las manos como si la vida le dependiera de ello.<br />
<br />
<span style="color: lightblue;" class="mycode_color">—¿Estás segura de esto?</span> —le preguntó Kōri. Avanzaba estoico junto a ella, con el mismo rostro marmóreo de siempre. Sin embargo, él también estaba sudando, y Ayame sabía bien que alguien tan gélido como él debía de estar pasándolo incluso peor que ella. <br />
<br />
<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«No quiero ni imaginar qué pasaría si tuviéramos que adentrarnos en los desiertos del País del Viento.»</span></span> Meditó.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Necesito verlo, hermano... Necesito verlo con mis propios ojos</span> —le respondió, con emocionada sinceridad.<br />
<br />
Kōri le sostuvo la mirada durante unos segundos, pero terminó por asentir. <br />
<br />
Y es que la motivación que había empujado a Ayame a realizar aquel viaje había sido un sentimiento espiritual, casi religioso. Siendo ella la Jinchūriki del Gobi necesitaba ver el lugar donde todo comenzó. Necesitaba ver el Valle del Fin. Y tras varios largos minutos de angustioso avance, el espacio se abrió ante ellos. Un colosal valle coronado por una ensordecedora cascada que caía desde varias decenas de metros al fondo de un escarpado acantilado. Sin embargo, lo más llamativo no era la cascada, ni la innegable belleza del lugar. Eran las tres estatuas que se alzaban, imponentes, formando un triángulo perfecto alrededor del lago. El primer Uzukage, un hombre de pelo corto vestido con túnica, y la primera Morikage, una mujer realmente hermosa y joven vestida con armadura de samurai, a ambos lados de la cascada; el primer Arashikage, un anciano digno de cuentos de magia y hechicería con su larga melena y barba aún más larga, al otro lado del acantilado, en la misma orilla donde ellos se encontraban.<br />
<br />
<span style="color: lightblue;" class="mycode_color">—Uzumaki Shiomaru, Koichi Riona y Sumizu Kouta</span> —pronunció Kōri, con reverenciado respeto. <br />
<br />
Maravillada, Ayame se situó junto a la estatua del antiguo líder de su aldea y alzó la mirada. Un escalofrío recorrió su cuerpo. No sabía si eran imaginaciones suyas o si estaría de algún modo sugestionada por la majestuosidad del lugar, pero un extraño sentimiento recorría su piel, como electricidad estática. Era como si la energía liberada en el épico combate que se disputó allí, tanto tiempo atrás, siguiera impregnando las rocas, el agua, y el ambiente que les rodeaba...<br />
<br />
Casi temerosa, se acercó al agua para recogerla entre sus manos y refrescarse el rostro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align">Raiyōbi, 19 de Ascua de 217</div>
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Tres días le había costado su peculiar capricho. Tres días de viaje bajo la inclemencia del sol de verano. Jamás habría pensado que iba a echar de menos las permanentes lluvias de su aldea hasta aquel momento. Jamás había pasado tanto calor. Entre pesados sudores, y con la ropa ya pegada al cuerpo, Ayame avanzaba a paso cansado entre los matorrales. Siempre que podía, buscaba con ansia la sombra, pero los árboles eran bien escasos y la mayor parte del trayecto tuvo que soportar la solana. Sin embargo, no se detenía a descansar, sabía que estaban llegando, a juzgar por el mapa que llevaba entre las manos como si la vida le dependiera de ello.<br />
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<span style="color: lightblue;" class="mycode_color">—¿Estás segura de esto?</span> —le preguntó Kōri. Avanzaba estoico junto a ella, con el mismo rostro marmóreo de siempre. Sin embargo, él también estaba sudando, y Ayame sabía bien que alguien tan gélido como él debía de estar pasándolo incluso peor que ella. <br />
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<span style="color: royalblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«No quiero ni imaginar qué pasaría si tuviéramos que adentrarnos en los desiertos del País del Viento.»</span></span> Meditó.<br />
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<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Necesito verlo, hermano... Necesito verlo con mis propios ojos</span> —le respondió, con emocionada sinceridad.<br />
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Kōri le sostuvo la mirada durante unos segundos, pero terminó por asentir. <br />
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Y es que la motivación que había empujado a Ayame a realizar aquel viaje había sido un sentimiento espiritual, casi religioso. Siendo ella la Jinchūriki del Gobi necesitaba ver el lugar donde todo comenzó. Necesitaba ver el Valle del Fin. Y tras varios largos minutos de angustioso avance, el espacio se abrió ante ellos. Un colosal valle coronado por una ensordecedora cascada que caía desde varias decenas de metros al fondo de un escarpado acantilado. Sin embargo, lo más llamativo no era la cascada, ni la innegable belleza del lugar. Eran las tres estatuas que se alzaban, imponentes, formando un triángulo perfecto alrededor del lago. El primer Uzukage, un hombre de pelo corto vestido con túnica, y la primera Morikage, una mujer realmente hermosa y joven vestida con armadura de samurai, a ambos lados de la cascada; el primer Arashikage, un anciano digno de cuentos de magia y hechicería con su larga melena y barba aún más larga, al otro lado del acantilado, en la misma orilla donde ellos se encontraban.<br />
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<span style="color: lightblue;" class="mycode_color">—Uzumaki Shiomaru, Koichi Riona y Sumizu Kouta</span> —pronunció Kōri, con reverenciado respeto. <br />
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Maravillada, Ayame se situó junto a la estatua del antiguo líder de su aldea y alzó la mirada. Un escalofrío recorrió su cuerpo. No sabía si eran imaginaciones suyas o si estaría de algún modo sugestionada por la majestuosidad del lugar, pero un extraño sentimiento recorría su piel, como electricidad estática. Era como si la energía liberada en el épico combate que se disputó allí, tanto tiempo atrás, siguiera impregnando las rocas, el agua, y el ambiente que les rodeaba...<br />
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Casi temerosa, se acercó al agua para recogerla entre sus manos y refrescarse el rostro.]]></content:encoded>
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