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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Gran Lago de Amegakure]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Wed, 29 Apr 2026 18:56:51 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Hasta siempre, Amekoro Yui]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-hasta-siempre-amekoro-yui</link>
			<pubDate>Fri, 31 Dec 2021 15:44:24 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1075">Hōzuki Shanise</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-hasta-siempre-amekoro-yui</guid>
			<description><![CDATA[Era un día triste para todos. Rostros fúnebres observaban la efigie con foto que se había atado al mástil del barco. Como con la ceremonia de los Deseos Ahogados, para el funeral de Yui se había reservado un día en el que la tormenta estaba particularmente furiosa. Y en completo silencio, Hōzuki Shanise, en un estrado improvisado en una de las plataformas del Gran Lago a las afueras de la aldea, cortó el cabo y soltó el barco. Quedó inmóvil, como la multitud congregada en varias plataformas y a lo largo del puente. Parecía muda —el sonido de la lluvia la acallaba—, pero como muchos, lloraba la muerte de Yui.<br />
<br />
El rayo hendió el aire y chocó contra el mástil del barco, haciéndolo estallar. Las llamas engulleron la efigie de Yui y hundieron la embarcación poco a poco. Solo cuando no hubo ni rastro de ambas cosas, como marcaba la tradición, Hōzuki Shanise se dio la vuelta. Ajustó el micrófono del estrado y se aclaró la garganta. Su voz todavía sonaba débil cuando habló:<br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Hermanos. Hijos de la Tormenta, hoy despedimos el cuerpo mortal de una leyenda. La Eterna Tormenta</span> —comenzó—. <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Como ya sabéis, antes de morir, Yui designó a los shinobi y kunoichi del país la labor de gobernarlo. Se autodenominó Tormenta y me dejó el sombrero. Hoy yo debería tomar su puesto y elegir a un sucesor. Pero voy a utilizar el poder que me otorga esta sucesión para honrarla en la muerte y para siempre. La Primera y Última Tormenta. La Eterna Tormenta. ¡Amekoro Yui!</span> —Shanise alzó el brazo con el puño cerrado y gritó su nombre a los cuatro vientos. La mayoría entre la multitud se vio arrastrada por el peso que cargaba el nombre de su anterior Kage y Tormenta y lanzó vivas y hurras por todo lo que ella significó. Pero otros murmuraron confundidos—. <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">No cambiaré de sombrero hoy. Seguiré siendo Arashikage... y gobernaré el país. No os confundáis</span> —dijo, previendo la obvia reacción—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">, lo hago porque Yui significó tanto para este país que no puedo dejarla marchar y tomar su nombre. Soy indigna. ¡Ese nombre es suyo y solo suyo! ¡Y nosotros somos sus hijos! ¡Durante mucho tiempo tomamos el nombre de Hijos de la Tormenta! ¡Así es como nos llamaba Yui! ¡Hijos de la Tormenta! ¡Y cuando pensáis en la Tormenta, lo hacéis en ella, no en mí! ¡Por eso hoy la declaro de nuevo a ella como la Eterna Tormenta! ¡Y nosotros seremos sus Hijos para siempre! ¡Los Hijos de la Eterna Tormenta!</span><br />
<br />
Esta vez sí hubo vítores. La gente se emocionó. Incluso en la muerte, Yui seguía echándose la voluntad de todos encima de los hombros. Shanise sonrió, lloró y buscó una mirada concreta entre el público.<br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Gobernaré con la ayuda de un Consejo no permanente de mis jōnin más allegados, veteranos de la aldea y los Gobernadores de Shinogi-to y Coladragón... con el tiempo, también con el nuevo Gobernador de Yukio. ¿Qué pasa? ¡Sí! ¡Yukio! ¡Levantad esas putas barbillas!</span> —bramó Shanise—. <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¡Sí, ella murió en Yukio! ¡Murió, pero no perdió, Hermanos! ¿¡Creéis que me voy a quedar sentada sin hacer nada!? ¿¡Vais vosotros a hacerlo!?</span><br />
<br />
»<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Llorad, Hermanos. ¡¡Llorad, sí!! Permitíos llorar hoy, porque no podréis hacerlo mañana... ¡porque mañana, iremos a la guerra!</span><br />
<br />
»<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¡Porque somos los Hijos de la Eterna Tormenta! ¡Los hijos e hijas de puta más fuertes, temibles y orgullosos del Oonindo occidental!</span><br />
<br />
»<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¡Porque demostraremos a ese maldito zorro que en realidad Amekoro Yui no perdió! ¡Que solo ganaba tiempo para que nosotros terminásemos la hazaña!</span><br />
<br />
»<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¡Viva la Madre Tormenta, nuestra Madre, nuestra Eterna Tormenta! ¡Viva Amekoro Yui!</span><br />
<br />
La gente estalló a gritar, a llorar, a reír... un clamor lleno de euforia, de dolor, pero también de esperanza. Shanise, abatida, apagó el micrófono y dejó caer los hombros hacia adelante. Como discurso, tendría que servir. Es todo lo que ella podía hacer. Se dio lentamente la vuelta y, tal y como ella misma había dicho, se permitió llorar una última vez. Miró, a lo lejos, a donde había estado el barco. Apenas dos tablones de madera se resistían a hundirse, a pesar del oleaje. A pesar de la lluvia torrencial. Ni siquiera entonces, de aquella manera, Yui se daba por vencida.<br />
<br />
»<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Vivirás por siempre, cariño... buen viaje</span> —susurró a la nada. Y se enderezó, orgullosa.<br />
<br />
Y no marchó hasta que sólo estuvo ella y el rugido de las olas y la Tormenta. Hasta que todo el mundo hubo marchado a casa. Hasta que pudo darse la vuelta y encontrarse con el puente despejado.<br />
<br />
Así nadie podría ver que ni siquiera mañana podría conseguir dejar de llorar.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Tema grupal" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Todos los personajes de Amegakure pueden contestar en este tema, con completa libertad, para despedir a Yui e interactuar entre ellos. Las familias de Amegakure se han reunido para el funeral alrededor de las orillas del lago, en las plataformas que se erigen en él, o en el puente de acceso a la villa. También desde las azoteas de las torres más cercanas a las aguas y en la base de la villa tras el final del puente.<br />
<br />
Podéis participar con y sin hueco de rol disponible hasta el día 31 de enero, cuando se dará por concluído el tema y se repartirán puntos de experiencia. No hay orden de turnos.</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Era un día triste para todos. Rostros fúnebres observaban la efigie con foto que se había atado al mástil del barco. Como con la ceremonia de los Deseos Ahogados, para el funeral de Yui se había reservado un día en el que la tormenta estaba particularmente furiosa. Y en completo silencio, Hōzuki Shanise, en un estrado improvisado en una de las plataformas del Gran Lago a las afueras de la aldea, cortó el cabo y soltó el barco. Quedó inmóvil, como la multitud congregada en varias plataformas y a lo largo del puente. Parecía muda —el sonido de la lluvia la acallaba—, pero como muchos, lloraba la muerte de Yui.<br />
<br />
El rayo hendió el aire y chocó contra el mástil del barco, haciéndolo estallar. Las llamas engulleron la efigie de Yui y hundieron la embarcación poco a poco. Solo cuando no hubo ni rastro de ambas cosas, como marcaba la tradición, Hōzuki Shanise se dio la vuelta. Ajustó el micrófono del estrado y se aclaró la garganta. Su voz todavía sonaba débil cuando habló:<br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Hermanos. Hijos de la Tormenta, hoy despedimos el cuerpo mortal de una leyenda. La Eterna Tormenta</span> —comenzó—. <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Como ya sabéis, antes de morir, Yui designó a los shinobi y kunoichi del país la labor de gobernarlo. Se autodenominó Tormenta y me dejó el sombrero. Hoy yo debería tomar su puesto y elegir a un sucesor. Pero voy a utilizar el poder que me otorga esta sucesión para honrarla en la muerte y para siempre. La Primera y Última Tormenta. La Eterna Tormenta. ¡Amekoro Yui!</span> —Shanise alzó el brazo con el puño cerrado y gritó su nombre a los cuatro vientos. La mayoría entre la multitud se vio arrastrada por el peso que cargaba el nombre de su anterior Kage y Tormenta y lanzó vivas y hurras por todo lo que ella significó. Pero otros murmuraron confundidos—. <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">No cambiaré de sombrero hoy. Seguiré siendo Arashikage... y gobernaré el país. No os confundáis</span> —dijo, previendo la obvia reacción—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">, lo hago porque Yui significó tanto para este país que no puedo dejarla marchar y tomar su nombre. Soy indigna. ¡Ese nombre es suyo y solo suyo! ¡Y nosotros somos sus hijos! ¡Durante mucho tiempo tomamos el nombre de Hijos de la Tormenta! ¡Así es como nos llamaba Yui! ¡Hijos de la Tormenta! ¡Y cuando pensáis en la Tormenta, lo hacéis en ella, no en mí! ¡Por eso hoy la declaro de nuevo a ella como la Eterna Tormenta! ¡Y nosotros seremos sus Hijos para siempre! ¡Los Hijos de la Eterna Tormenta!</span><br />
<br />
Esta vez sí hubo vítores. La gente se emocionó. Incluso en la muerte, Yui seguía echándose la voluntad de todos encima de los hombros. Shanise sonrió, lloró y buscó una mirada concreta entre el público.<br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Gobernaré con la ayuda de un Consejo no permanente de mis jōnin más allegados, veteranos de la aldea y los Gobernadores de Shinogi-to y Coladragón... con el tiempo, también con el nuevo Gobernador de Yukio. ¿Qué pasa? ¡Sí! ¡Yukio! ¡Levantad esas putas barbillas!</span> —bramó Shanise—. <span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¡Sí, ella murió en Yukio! ¡Murió, pero no perdió, Hermanos! ¿¡Creéis que me voy a quedar sentada sin hacer nada!? ¿¡Vais vosotros a hacerlo!?</span><br />
<br />
»<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Llorad, Hermanos. ¡¡Llorad, sí!! Permitíos llorar hoy, porque no podréis hacerlo mañana... ¡porque mañana, iremos a la guerra!</span><br />
<br />
»<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¡Porque somos los Hijos de la Eterna Tormenta! ¡Los hijos e hijas de puta más fuertes, temibles y orgullosos del Oonindo occidental!</span><br />
<br />
»<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¡Porque demostraremos a ese maldito zorro que en realidad Amekoro Yui no perdió! ¡Que solo ganaba tiempo para que nosotros terminásemos la hazaña!</span><br />
<br />
»<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¡Viva la Madre Tormenta, nuestra Madre, nuestra Eterna Tormenta! ¡Viva Amekoro Yui!</span><br />
<br />
La gente estalló a gritar, a llorar, a reír... un clamor lleno de euforia, de dolor, pero también de esperanza. Shanise, abatida, apagó el micrófono y dejó caer los hombros hacia adelante. Como discurso, tendría que servir. Es todo lo que ella podía hacer. Se dio lentamente la vuelta y, tal y como ella misma había dicho, se permitió llorar una última vez. Miró, a lo lejos, a donde había estado el barco. Apenas dos tablones de madera se resistían a hundirse, a pesar del oleaje. A pesar de la lluvia torrencial. Ni siquiera entonces, de aquella manera, Yui se daba por vencida.<br />
<br />
»<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Vivirás por siempre, cariño... buen viaje</span> —susurró a la nada. Y se enderezó, orgullosa.<br />
<br />
Y no marchó hasta que sólo estuvo ella y el rugido de las olas y la Tormenta. Hasta que todo el mundo hubo marchado a casa. Hasta que pudo darse la vuelta y encontrarse con el puente despejado.<br />
<br />
Así nadie podría ver que ni siquiera mañana podría conseguir dejar de llorar.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Tema grupal" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Todos los personajes de Amegakure pueden contestar en este tema, con completa libertad, para despedir a Yui e interactuar entre ellos. Las familias de Amegakure se han reunido para el funeral alrededor de las orillas del lago, en las plataformas que se erigen en él, o en el puente de acceso a la villa. También desde las azoteas de las torres más cercanas a las aguas y en la base de la villa tras el final del puente.<br />
<br />
Podéis participar con y sin hueco de rol disponible hasta el día 31 de enero, cuando se dará por concluído el tema y se repartirán puntos de experiencia. No hay orden de turnos.</div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] Reconfiguración]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-reconfiguracion</link>
			<pubDate>Mon, 10 Aug 2020 01:11:01 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-reconfiguracion</guid>
			<description><![CDATA[La plataforma se movía más que de costumbre. Alimentadas por la tormenta de Amenokami las aguas del lago chocaban con una fuerza inusitada fuerza contra ella, y costaba casi el doble de esfuerzo y concentración guardar el equilibrio. <br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Vamos, ¡concéntrate!</span> —bramó su padre, junto a ella.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Lo sé, lo intento...</span> —siseó Ayame, reforzando la capa de chakra que había acumulado en la planta de los pies.<br />
<br />
Pero era aún más difícil cuando estaba bajo continuo asedio. Con el siguiente estallido de un trueno, Zetsuo volvió a la carga con una patada directa a sus costillas y Ayame estuvo a punto de perder el equilibrio cuando trató de esquivarlo a un lado. Su padre aprovechó la ocasión para rematarla con un último golpe a sus pantorrillas, que la arrojó de costado contra el suelo.<br />
<br />
Se había convertido en una especie de tradición familiar entrenar sobre las plataformas que flotaban sobre el Gran Lago de Amegakure. Lo habían hecho desde que Ayame comenzara sus andanzas en la Academia de Amegakure cuando era una niña, y seguían haciéndolo todavía. Pero Zetsuo jamás daba su brazo a torcer, cada vez que parecía que Ayame estaba a punto de alcanzarle, el experimentado médico aumentaba la dificultad sus ataques. Y en aquellas últimas sesiones, tras el ataque sufrido en el Valle de los Dojos, estaba siendo especialmente estricto.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Arriba, joder, ¡arriba!</span> —clamaba, impaciente—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Vamos, niña. Ahora eres la Mano Derecha de la Arashikage, ¡no puedes permitirte errores tontos así!</span><br />
<br />
Ayame gruñó entre dientes, pero sabía que tenía razón. Ahora tenía una responsabilidad añadida, tenía que ser incluso mejor. Por eso apoyó los brazos en la madera flotante, hizo acopio de todas sus fuerzas... Y desapareció de su vista.<br />
<br />
Los labios de Zetsuo se curvaron en una sonrisa apenas perceptible justo antes de recibir el brutal empujón que le derribó al suelo. Padre e hija cayeron entre roncos gruñidos de esfuerzo y rodaron hasta quedar peligrosamente cerca del borde. La fuerza física no era una característica precisamente destacable en la familia Aotsuki, pero al final sucedió lo que tenía que suceder: Zetsuo impuso su voluntad quedando encima de ella, pero cuando estaba a punto de inmovilizarla, Ayame se escurrió de entre sus dedos como un riachuelo. Literalmente. Ayame tomó forma corpórea un poco más allá, aparentemente lista para arremeter de nuevo, pero él levantó las manos en señal de paz.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Suficiente por hoy</span> —sentenció, y Ayame relajó la postura con un suspiro—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Pero tenemos que seguir trabajando esa concentración tuya. Cualquier mínimo despiste en el campo de batalla y estás muerta. Y Arashikage-sama depende de ti más que nunca.</span><br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Lo sé, lo sé...</span> —jadeó ella, arrodillándose en el lateral de la plataforma para echarse agua en la cara y limpiarse el sudor. <br />
<br />
Era precisamente lo último que necesitaba: más presión. Antes porque era la supuesta Guardiana del bijū y tenía un deber con su aldea, ahora encima se le sumaba el peso del cargo de Mano Derecha de la Arashikage...<br />
<br />
Y Zetsuo se acercó por la espalda, sus ojos sombríos clavados en ella. Como a su hermano, había visto a su hija crecer día a día. Aquella Ayame poco tenía que ver ya con la chiquilla asustadiza y quejica que fue antaño. Y había demostrado muchas cosas que habría creído imposibles con su evolución, y no sólo como kunoichi. También había demostrado valentía para desafiarle una y otra vez, el coraje para ocultar cosas, incluso a ellos mismos (por mucha rabia que le diera siempre); y la empatía para llegar a conectar emocionalmente con una bestia. A veces, recordando a aquella chiquilla, le costaba reconocerla. Y una punzada de dolor le atravesaba cada vez que lo pensaba, pero lo cierto era que cada día se parecía más a Shiruka. Aunque ella era una absoluta negada para los Genjutsu, cabía decir. <br />
<br />
Pero Zetsuo inspiraba hondo y volvía a hundir aquellos sentimientos cada vez que salían a flote. Él era la coraza de los Aotsuki, el acero que había sido forjado a base de golpes. Y así habría de endurecer a sus hijos. Para protegerlos.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">La mujer que te atacó en el Valle de los Dojos... Kuroyuki no, la enmascarada. Dijiste que te inmovilizó.</span><br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Sí...</span> —asintió ella, volviéndose hacia su padre con cierta vergüenza aleteando en su voz—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Aunque no era una inmovilización, propiamente dicha. Usó una técnica extraña: me tocó y a partir de entonces se me hizo mucho más... difícil moverme, por decirlo de alguna manera. Era como si... Cuando intentaba mover una pierna, se me movía el braz...</span><br />
<br />
No pudo completar la frase. Apenas un pequeño golpe seco en el pecho y Ayame cayó al suelo como un pelele sin vida.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿Así, dices?</span> —preguntó Zetsuo, de pie.<br />
<br />
Pero Ayame no pudo responder, ni tampoco hizo falta. Su cuerpo lo hizo por ella: al intentar hablar fueron los dedos de sus manos los que se movieron.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Ranshinshō, también conocida como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Perturbación de los Caminos del Cuerpo.</span> Tuviste la mala suerte de toparte con una especialista en medicina, como yo. Pero podemos arreglar esto</span> —Ante la alarmada mirada de Ayame, Zetsuo se arrodilló junto a ella, para que sus ojos quedaran a la misma altura—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">No voy a meterme de lleno en una clase de anatomía humana, pero sabes que el cuerpo funciona a base de impulsos eléctricos. El cerebro</span> —explicó, posando un dedo sobre su sien y después bajó hasta su bíceps—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">, coordina todos los músculos del cuerpo con estos. Una pequeña alteración de esos impulsos y... Se acabó esa coordinación.</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">¿Y cómo se supone que me debería de haber defendido de algo así? ¡Ni siquiera utilizo el Raiton!</span>»</span> Pensaba Ayame, a sabiendas de que su padre podía leerle la mente.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡Déjate de Raiton y usa el coco, niña!</span> —le espetó, sacudiendo la cabeza—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡Lo que tienes que hacer es aprender a reconfigurarte!</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">¿A qué?</span>»</span> Repitió ella, confundida.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡A reconfigurarte, joder! En un combate, el tiempo juega en tu contra. Así que más te vale hacerlo de forma rápida para poder emprender la retirada hasta que al menos te hayas recuperado del todo. Tu ventaja en estos casos desesperados es que eres rápida, muy rápida. Puedes huir fácilmente. Pero vamos, usa esa cabezota que tienes, tú misma te has dado la respuesta: cuando intentas mover una pierna, mueves un brazo. Así que, para mover la pierna tienes que...</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">¡Mover el brazo!</span>»</span> Dicho y hecho, Ayame consiguió flexionar la rodilla a base de intentar doblar el codo.<br />
<br />
No se lo podía creer, ¿la respuesta era tan simple y no había sabido verla? Claro que, en la situación tan desesperada en la que se había encontrado encontraba, literalmente al filo de la muerte, era difícil intentar pensar con fría lógica. Eso era algo que a su hermano se le daba mucho mejor que a ella...<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Claro que no siempre será así</span> —añadió Zetsuo—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">La descoordinación entre el cerebro y los músculos es diferente cada vez que se realiza la técnica, y eso es algo que ni siquiera nosotros podemos controlar. Para mover una misma pierna, unas veces tendrás que forzar el brazo, otras la otra pierna, y quizás incluso el cuello. La clave está en encontrar rápido la solución a ese acertijo y después... Protegerte durante los siguientes tres minutos.</span><br />
<br />
Y Ayame se incorporó lo suficiente, lenta y entre temblores, pero consiguió mantenerse sentada.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Ojalá haber sabido esto en su momento...</span>»</span> Pensó, con cierta amargura.<br />
<br />
Y una sombra cruzó los insondables ojos de Zetsuo.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Lo sabes ahora. No sabemos si te volverás a encontrar con otro médico hijo de puta que quiera apalizarte, aparte de mí</span> —agregó, con una seca risotada—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">, pero mejor tarde que nunca. Lo importante es que conseguiste salir de allí a tiempo.</span><br />
<br />
Un escalofrío recorrió a Ayame, y no sólo por sentir que había recuperado el control sobre su cuerpo. Nunca lo admitiría en voz alta, pero aún tenía pesadillas con Kuroyuki y Kurama, con la bijūdama que había estado a punto a reducirla a cenizas...<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Gracias  a que Daruu me sacó de allí a tiempo... Y... Gracias a Kokuō y a Shukaku</span> —agregó, clavando sus desafiantes ojos castaños en los de su padre.<br />
<br />
Pero se encontró con una extraña niebla en sus iris aguamarina.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Gracias a ellos</span> —admitió, con fastidio—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Joder, pero no me recuerdes que debo estarle agradecido a ese mocoso Amedama y a dos bestias, porque me vas a provocar una úlcera. </span><br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Off" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Antes de que nadie se alarme: No he hecho esto como que a partir de ahora Ayame va a saber librarse del Ranshinshō porque sí. Lo he hecho porque me apetecía y me parecía que tenía sentido onrol al tener un padre Iryo-nin, y aparte como una especie de "medio excusa" para justificar la subida de <span style="color: mediumpurple;">Inteligencia</span> en el último nivel.</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La plataforma se movía más que de costumbre. Alimentadas por la tormenta de Amenokami las aguas del lago chocaban con una fuerza inusitada fuerza contra ella, y costaba casi el doble de esfuerzo y concentración guardar el equilibrio. <br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Vamos, ¡concéntrate!</span> —bramó su padre, junto a ella.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Lo sé, lo intento...</span> —siseó Ayame, reforzando la capa de chakra que había acumulado en la planta de los pies.<br />
<br />
Pero era aún más difícil cuando estaba bajo continuo asedio. Con el siguiente estallido de un trueno, Zetsuo volvió a la carga con una patada directa a sus costillas y Ayame estuvo a punto de perder el equilibrio cuando trató de esquivarlo a un lado. Su padre aprovechó la ocasión para rematarla con un último golpe a sus pantorrillas, que la arrojó de costado contra el suelo.<br />
<br />
Se había convertido en una especie de tradición familiar entrenar sobre las plataformas que flotaban sobre el Gran Lago de Amegakure. Lo habían hecho desde que Ayame comenzara sus andanzas en la Academia de Amegakure cuando era una niña, y seguían haciéndolo todavía. Pero Zetsuo jamás daba su brazo a torcer, cada vez que parecía que Ayame estaba a punto de alcanzarle, el experimentado médico aumentaba la dificultad sus ataques. Y en aquellas últimas sesiones, tras el ataque sufrido en el Valle de los Dojos, estaba siendo especialmente estricto.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Arriba, joder, ¡arriba!</span> —clamaba, impaciente—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Vamos, niña. Ahora eres la Mano Derecha de la Arashikage, ¡no puedes permitirte errores tontos así!</span><br />
<br />
Ayame gruñó entre dientes, pero sabía que tenía razón. Ahora tenía una responsabilidad añadida, tenía que ser incluso mejor. Por eso apoyó los brazos en la madera flotante, hizo acopio de todas sus fuerzas... Y desapareció de su vista.<br />
<br />
Los labios de Zetsuo se curvaron en una sonrisa apenas perceptible justo antes de recibir el brutal empujón que le derribó al suelo. Padre e hija cayeron entre roncos gruñidos de esfuerzo y rodaron hasta quedar peligrosamente cerca del borde. La fuerza física no era una característica precisamente destacable en la familia Aotsuki, pero al final sucedió lo que tenía que suceder: Zetsuo impuso su voluntad quedando encima de ella, pero cuando estaba a punto de inmovilizarla, Ayame se escurrió de entre sus dedos como un riachuelo. Literalmente. Ayame tomó forma corpórea un poco más allá, aparentemente lista para arremeter de nuevo, pero él levantó las manos en señal de paz.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Suficiente por hoy</span> —sentenció, y Ayame relajó la postura con un suspiro—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Pero tenemos que seguir trabajando esa concentración tuya. Cualquier mínimo despiste en el campo de batalla y estás muerta. Y Arashikage-sama depende de ti más que nunca.</span><br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Lo sé, lo sé...</span> —jadeó ella, arrodillándose en el lateral de la plataforma para echarse agua en la cara y limpiarse el sudor. <br />
<br />
Era precisamente lo último que necesitaba: más presión. Antes porque era la supuesta Guardiana del bijū y tenía un deber con su aldea, ahora encima se le sumaba el peso del cargo de Mano Derecha de la Arashikage...<br />
<br />
Y Zetsuo se acercó por la espalda, sus ojos sombríos clavados en ella. Como a su hermano, había visto a su hija crecer día a día. Aquella Ayame poco tenía que ver ya con la chiquilla asustadiza y quejica que fue antaño. Y había demostrado muchas cosas que habría creído imposibles con su evolución, y no sólo como kunoichi. También había demostrado valentía para desafiarle una y otra vez, el coraje para ocultar cosas, incluso a ellos mismos (por mucha rabia que le diera siempre); y la empatía para llegar a conectar emocionalmente con una bestia. A veces, recordando a aquella chiquilla, le costaba reconocerla. Y una punzada de dolor le atravesaba cada vez que lo pensaba, pero lo cierto era que cada día se parecía más a Shiruka. Aunque ella era una absoluta negada para los Genjutsu, cabía decir. <br />
<br />
Pero Zetsuo inspiraba hondo y volvía a hundir aquellos sentimientos cada vez que salían a flote. Él era la coraza de los Aotsuki, el acero que había sido forjado a base de golpes. Y así habría de endurecer a sus hijos. Para protegerlos.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">La mujer que te atacó en el Valle de los Dojos... Kuroyuki no, la enmascarada. Dijiste que te inmovilizó.</span><br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Sí...</span> —asintió ella, volviéndose hacia su padre con cierta vergüenza aleteando en su voz—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Aunque no era una inmovilización, propiamente dicha. Usó una técnica extraña: me tocó y a partir de entonces se me hizo mucho más... difícil moverme, por decirlo de alguna manera. Era como si... Cuando intentaba mover una pierna, se me movía el braz...</span><br />
<br />
No pudo completar la frase. Apenas un pequeño golpe seco en el pecho y Ayame cayó al suelo como un pelele sin vida.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿Así, dices?</span> —preguntó Zetsuo, de pie.<br />
<br />
Pero Ayame no pudo responder, ni tampoco hizo falta. Su cuerpo lo hizo por ella: al intentar hablar fueron los dedos de sus manos los que se movieron.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Ranshinshō, también conocida como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Perturbación de los Caminos del Cuerpo.</span> Tuviste la mala suerte de toparte con una especialista en medicina, como yo. Pero podemos arreglar esto</span> —Ante la alarmada mirada de Ayame, Zetsuo se arrodilló junto a ella, para que sus ojos quedaran a la misma altura—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">No voy a meterme de lleno en una clase de anatomía humana, pero sabes que el cuerpo funciona a base de impulsos eléctricos. El cerebro</span> —explicó, posando un dedo sobre su sien y después bajó hasta su bíceps—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">, coordina todos los músculos del cuerpo con estos. Una pequeña alteración de esos impulsos y... Se acabó esa coordinación.</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">¿Y cómo se supone que me debería de haber defendido de algo así? ¡Ni siquiera utilizo el Raiton!</span>»</span> Pensaba Ayame, a sabiendas de que su padre podía leerle la mente.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡Déjate de Raiton y usa el coco, niña!</span> —le espetó, sacudiendo la cabeza—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡Lo que tienes que hacer es aprender a reconfigurarte!</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">¿A qué?</span>»</span> Repitió ella, confundida.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡A reconfigurarte, joder! En un combate, el tiempo juega en tu contra. Así que más te vale hacerlo de forma rápida para poder emprender la retirada hasta que al menos te hayas recuperado del todo. Tu ventaja en estos casos desesperados es que eres rápida, muy rápida. Puedes huir fácilmente. Pero vamos, usa esa cabezota que tienes, tú misma te has dado la respuesta: cuando intentas mover una pierna, mueves un brazo. Así que, para mover la pierna tienes que...</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">¡Mover el brazo!</span>»</span> Dicho y hecho, Ayame consiguió flexionar la rodilla a base de intentar doblar el codo.<br />
<br />
No se lo podía creer, ¿la respuesta era tan simple y no había sabido verla? Claro que, en la situación tan desesperada en la que se había encontrado encontraba, literalmente al filo de la muerte, era difícil intentar pensar con fría lógica. Eso era algo que a su hermano se le daba mucho mejor que a ella...<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Claro que no siempre será así</span> —añadió Zetsuo—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">La descoordinación entre el cerebro y los músculos es diferente cada vez que se realiza la técnica, y eso es algo que ni siquiera nosotros podemos controlar. Para mover una misma pierna, unas veces tendrás que forzar el brazo, otras la otra pierna, y quizás incluso el cuello. La clave está en encontrar rápido la solución a ese acertijo y después... Protegerte durante los siguientes tres minutos.</span><br />
<br />
Y Ayame se incorporó lo suficiente, lenta y entre temblores, pero consiguió mantenerse sentada.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Ojalá haber sabido esto en su momento...</span>»</span> Pensó, con cierta amargura.<br />
<br />
Y una sombra cruzó los insondables ojos de Zetsuo.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Lo sabes ahora. No sabemos si te volverás a encontrar con otro médico hijo de puta que quiera apalizarte, aparte de mí</span> —agregó, con una seca risotada—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">, pero mejor tarde que nunca. Lo importante es que conseguiste salir de allí a tiempo.</span><br />
<br />
Un escalofrío recorrió a Ayame, y no sólo por sentir que había recuperado el control sobre su cuerpo. Nunca lo admitiría en voz alta, pero aún tenía pesadillas con Kuroyuki y Kurama, con la bijūdama que había estado a punto a reducirla a cenizas...<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Gracias  a que Daruu me sacó de allí a tiempo... Y... Gracias a Kokuō y a Shukaku</span> —agregó, clavando sus desafiantes ojos castaños en los de su padre.<br />
<br />
Pero se encontró con una extraña niebla en sus iris aguamarina.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Gracias a ellos</span> —admitió, con fastidio—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Joder, pero no me recuerdes que debo estarle agradecido a ese mocoso Amedama y a dos bestias, porque me vas a provocar una úlcera. </span><br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Off" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Antes de que nadie se alarme: No he hecho esto como que a partir de ahora Ayame va a saber librarse del Ranshinshō porque sí. Lo he hecho porque me apetecía y me parecía que tenía sentido onrol al tener un padre Iryo-nin, y aparte como una especie de "medio excusa" para justificar la subida de <span style="color: mediumpurple;">Inteligencia</span> en el último nivel.</div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El hombre que espera]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-hombre-que-espera</link>
			<pubDate>Sun, 01 Mar 2020 15:06:00 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=2">Amedama Daruu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-hombre-que-espera</guid>
			<description><![CDATA[Como cada mañana, aquél hombre esperaba.<br />
<br />
Esperaba sentado, mientras la lluvia caía sobre él y empapaba su pelo, su ropa, resbalaba sobre sus hombros y acababa en el suelo, sobre la resbaladiza plataforma en medio del Lago de Amegakure. Sí, como cada mañana, aquél hombre esperaba, pero no lo hacía en el mismo sitio, ni de la misma forma. No esperaba bebiéndose un café bien cargado, sin azúcar, como a él le gustaba. Ni leyendo el periódico, ni preparándose para ir a trabajar al hospital, u observando desde las sombras cuando tenía un día libre. Preguntándose, en su fuero interno, cuando llegaría el día en el que se cumpliría por fin la promesa. Esperaba sin decir ni una palabra, pero tampoco completamente en silencio, como lo había hecho todos estos meses. Esperaba cabizbajo, pero no con la guardia baja, como un auténtico shinobi cuando se preparaba. Esperaba algo, o a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">alguien</span>, al fin y al cabo, y no <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">esperaba</span>, simplemente. Acuclillado, parecía tranquilo, pero estaba <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">expectante</span>.<br />
<br />
Aotsuki Zetsuo esperaba porque se había cansado de esperar.<br />
<br />
Aquella mañana, Aotsuki Ayame volvía a despertar, quizás ignorando lo que le depararía el día, como cualquier otro día normal. No esperaba nada, como aquél hombre que era su padre sí lo hacía. Pero la casa estaba inusualmente vacía, el silencio era denso y el olor que tanto odiaba a café hacía tiempo que ya no pululaba por la cocina. Sin embargo, una nota escrita con letra pulcra la aguardó junto a su propia placa de jōnin. Aotsuki Zetsuo era un hombre de justas y certeras palabras. Pocas veces se andaba con rodeos hacia los suyos. Y así, le hizo saber:<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">En el sitio de siempre.</span></div>
<br />
No, Zetsuo no se andaba con rodeos. Pero tampoco empleaba más palabras de las que eran necesarias. Con la placa de su hija había bastado. Ella ya sabía lo que significaba.<br />
<br />
Y ahora, tenía algo que esperar de aquél día.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Como cada mañana, aquél hombre esperaba.<br />
<br />
Esperaba sentado, mientras la lluvia caía sobre él y empapaba su pelo, su ropa, resbalaba sobre sus hombros y acababa en el suelo, sobre la resbaladiza plataforma en medio del Lago de Amegakure. Sí, como cada mañana, aquél hombre esperaba, pero no lo hacía en el mismo sitio, ni de la misma forma. No esperaba bebiéndose un café bien cargado, sin azúcar, como a él le gustaba. Ni leyendo el periódico, ni preparándose para ir a trabajar al hospital, u observando desde las sombras cuando tenía un día libre. Preguntándose, en su fuero interno, cuando llegaría el día en el que se cumpliría por fin la promesa. Esperaba sin decir ni una palabra, pero tampoco completamente en silencio, como lo había hecho todos estos meses. Esperaba cabizbajo, pero no con la guardia baja, como un auténtico shinobi cuando se preparaba. Esperaba algo, o a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">alguien</span>, al fin y al cabo, y no <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">esperaba</span>, simplemente. Acuclillado, parecía tranquilo, pero estaba <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">expectante</span>.<br />
<br />
Aotsuki Zetsuo esperaba porque se había cansado de esperar.<br />
<br />
Aquella mañana, Aotsuki Ayame volvía a despertar, quizás ignorando lo que le depararía el día, como cualquier otro día normal. No esperaba nada, como aquél hombre que era su padre sí lo hacía. Pero la casa estaba inusualmente vacía, el silencio era denso y el olor que tanto odiaba a café hacía tiempo que ya no pululaba por la cocina. Sin embargo, una nota escrita con letra pulcra la aguardó junto a su propia placa de jōnin. Aotsuki Zetsuo era un hombre de justas y certeras palabras. Pocas veces se andaba con rodeos hacia los suyos. Y así, le hizo saber:<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">En el sitio de siempre.</span></div>
<br />
No, Zetsuo no se andaba con rodeos. Pero tampoco empleaba más palabras de las que eran necesarias. Con la placa de su hija había bastado. Ella ya sabía lo que significaba.<br />
<br />
Y ahora, tenía algo que esperar de aquél día.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Descansando bajo la lluvia]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-descansando-bajo-la-lluvia</link>
			<pubDate>Thu, 14 Mar 2019 23:49:15 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=871">Samidare</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-descansando-bajo-la-lluvia</guid>
			<description><![CDATA[Normalmente el gran lago era usado por numerosos shinobis de la aldea como lugar de entrenamiento, en especial por aquellos que dominaban el suiton y deseaban una cuantiosa fuente de agua para sus técnicas. En este caso Samidare nuevamente era la excepción a la regla, ¿Porque su elemento era Raiton?, que no...porque simplemente estaba recostado contra un pedazo de cañeria que a su vez estaba clavada en el suelo de una plataforma que tenia algo asi como unos 10 metros de radio en aquella inmensa masa de agua que lo rodeaba. Llevaba su antifaz puesto, para descansar los ojos, aunque rezaba por no quedarse dormido ya que su sueño era realmente pesado. <br />
<br />
El cielo estaba negro como cualquier día en esa aldea, la novedad es que no lo estuviera y de vez en cuando aquel dia dejaba ver una llovizna bastante intensa, pero que era moneda común para un ninja de esa aldea.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Normalmente el gran lago era usado por numerosos shinobis de la aldea como lugar de entrenamiento, en especial por aquellos que dominaban el suiton y deseaban una cuantiosa fuente de agua para sus técnicas. En este caso Samidare nuevamente era la excepción a la regla, ¿Porque su elemento era Raiton?, que no...porque simplemente estaba recostado contra un pedazo de cañeria que a su vez estaba clavada en el suelo de una plataforma que tenia algo asi como unos 10 metros de radio en aquella inmensa masa de agua que lo rodeaba. Llevaba su antifaz puesto, para descansar los ojos, aunque rezaba por no quedarse dormido ya que su sueño era realmente pesado. <br />
<br />
El cielo estaba negro como cualquier día en esa aldea, la novedad es que no lo estuviera y de vez en cuando aquel dia dejaba ver una llovizna bastante intensa, pero que era moneda común para un ninja de esa aldea.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] Te recordaré]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-te-recordare</link>
			<pubDate>Fri, 16 Feb 2018 00:45:16 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=557">Keisuke</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-te-recordare</guid>
			<description><![CDATA[Paso tras paso, escalón tras escalón, cada pisada, cada peldaño que bajaba, cada sonido que corría como un eco por las escaleras… Todo, todo eso me parecía tan irreal, sobre todo por lo que acababa de vivir, por lo que mis ojos vieron. <br />
<br />
¿Cuánto tiempo había pasado ya? Seguramente uno considerable, descender desde el despacho de la mismísima Arashikage por las escaleras debía robarse varios minutos, varios minutos que no transcurrieron en vano,  todo ese tiempo en mi mente se había repetido lo ocurrido en el día, los momentos claves, recuerdos que seguirían allí para atormentarme, el encuentro en el parque con Aiko y Mogura, la arrogancia de éste por su nuevo ascenso, la idea de brindarle ayuda a la pelirroja, la instigación de Manase, la valentía de la inmortal y finalmente la llegada al despacho, pero había una escena que se prolongaba con más tiempo, esa en dónde la sangre salpicaba todo,  en dónde su pálido y frágil cuerpo caía, y su voz… ¿Cómo olvidarla? Sellarla en el lago de la aldea ¿por qué? La inmortal de Amegakure no moriría, simplemente estaría atrapada… Atrapada  hasta que alguien la sacase de su entierro sub-marino...<br />
<br />
Atravesé la recepción ajeno a todo lo que ocurría a mí alrededor, pude escuchar el murmullo de las demás personas, pero nada de eso me importaba en este momento, simplemente quería estar sólo, sólo bajo la lluvia. Mis pasos me llevarían al lugar indicado, al lugar que iría justo antes de ser solicitado en el despacho de Yui; el agua me recibió como siempre, con rudeza y fría, con indiferencia, pero era ella la única que podía entenderme, la que sentía que en este momento me comprendería y me consolaría… Las ráfagas de viento se pusieron a mi disposición, invitándome a las plataformas,  a una de esas bases flotantes en las que por pura coincidencia me haría estar cerca de la kunoichi, indistintamente en que parte del lago esté, ahora sería lo más cerca que podría estar de ella.<br />
<br />
Fue inevitable, al ver al lago, encontrarme con la imagen de la pelirroja hundiéndose hasta lo más profundo  y misterioso del lago, sin embargo, sabía que no era solo una ilusión, su cuerpo físico ahora descansaba ahí. <span style="color: limegreen;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Maldito Mogura…—</span></span> Murmuré con odio y rencor mientras cerraba mis manos, clavando las uñas en las palmas de mis manos, ¿qué sentía en ese momento? Lo sabía bien, era impotencia, y era demasiado tarde si quiera para pensar en hacer algo para remendarlo.<br />
<br />
En ese preciso momento fue que se manifestó una voz como un murmullo, la emisión fue creciendo en frecuencia e intensidad, y su mensaje era claro, directo al grano, lleno de la cruda verdad… <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Eres débil Keisuke… Débil y tonto, vaya combinación jajaja, ¿cuándo es que vas a aprender? “ </span> Y con ello era más que suficiente para herir mi orgullo, porque sabía que en el fondo esa voz tenía razón.<br />
<br />
<span style="color: limegreen;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Nos volveremos a ver, Watasashi Aiko—</span></span> Dije con determinación mientras liberaba toda aquella energía que estaba reteniendo, un puñetazo directo al aire. <span style="color: limegreen;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No es el fin de la inmortal de Amegakure…—</span></span> Entonces miré al nublado cielo, dejando que Amenokami siguiera bendiciéndome, ese era el momento. <span style="color: limegreen;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Te lo prometo.</span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Paso tras paso, escalón tras escalón, cada pisada, cada peldaño que bajaba, cada sonido que corría como un eco por las escaleras… Todo, todo eso me parecía tan irreal, sobre todo por lo que acababa de vivir, por lo que mis ojos vieron. <br />
<br />
¿Cuánto tiempo había pasado ya? Seguramente uno considerable, descender desde el despacho de la mismísima Arashikage por las escaleras debía robarse varios minutos, varios minutos que no transcurrieron en vano,  todo ese tiempo en mi mente se había repetido lo ocurrido en el día, los momentos claves, recuerdos que seguirían allí para atormentarme, el encuentro en el parque con Aiko y Mogura, la arrogancia de éste por su nuevo ascenso, la idea de brindarle ayuda a la pelirroja, la instigación de Manase, la valentía de la inmortal y finalmente la llegada al despacho, pero había una escena que se prolongaba con más tiempo, esa en dónde la sangre salpicaba todo,  en dónde su pálido y frágil cuerpo caía, y su voz… ¿Cómo olvidarla? Sellarla en el lago de la aldea ¿por qué? La inmortal de Amegakure no moriría, simplemente estaría atrapada… Atrapada  hasta que alguien la sacase de su entierro sub-marino...<br />
<br />
Atravesé la recepción ajeno a todo lo que ocurría a mí alrededor, pude escuchar el murmullo de las demás personas, pero nada de eso me importaba en este momento, simplemente quería estar sólo, sólo bajo la lluvia. Mis pasos me llevarían al lugar indicado, al lugar que iría justo antes de ser solicitado en el despacho de Yui; el agua me recibió como siempre, con rudeza y fría, con indiferencia, pero era ella la única que podía entenderme, la que sentía que en este momento me comprendería y me consolaría… Las ráfagas de viento se pusieron a mi disposición, invitándome a las plataformas,  a una de esas bases flotantes en las que por pura coincidencia me haría estar cerca de la kunoichi, indistintamente en que parte del lago esté, ahora sería lo más cerca que podría estar de ella.<br />
<br />
Fue inevitable, al ver al lago, encontrarme con la imagen de la pelirroja hundiéndose hasta lo más profundo  y misterioso del lago, sin embargo, sabía que no era solo una ilusión, su cuerpo físico ahora descansaba ahí. <span style="color: limegreen;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Maldito Mogura…—</span></span> Murmuré con odio y rencor mientras cerraba mis manos, clavando las uñas en las palmas de mis manos, ¿qué sentía en ese momento? Lo sabía bien, era impotencia, y era demasiado tarde si quiera para pensar en hacer algo para remendarlo.<br />
<br />
En ese preciso momento fue que se manifestó una voz como un murmullo, la emisión fue creciendo en frecuencia e intensidad, y su mensaje era claro, directo al grano, lleno de la cruda verdad… <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Eres débil Keisuke… Débil y tonto, vaya combinación jajaja, ¿cuándo es que vas a aprender? “ </span> Y con ello era más que suficiente para herir mi orgullo, porque sabía que en el fondo esa voz tenía razón.<br />
<br />
<span style="color: limegreen;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Nos volveremos a ver, Watasashi Aiko—</span></span> Dije con determinación mientras liberaba toda aquella energía que estaba reteniendo, un puñetazo directo al aire. <span style="color: limegreen;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—No es el fin de la inmortal de Amegakure…—</span></span> Entonces miré al nublado cielo, dejando que Amenokami siguiera bendiciéndome, ese era el momento. <span style="color: limegreen;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">—Te lo prometo.</span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] Solo la verdad podía romperme. ¿Qué hay mas duro que la verdad?]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-solo-la-verdad-podia-romperme-que-hay-mas-duro-que-la-verdad</link>
			<pubDate>Wed, 27 Dec 2017 15:47:53 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Dan</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-solo-la-verdad-podia-romperme-que-hay-mas-duro-que-la-verdad</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Iba caminando ensimismado, sin rumbo fijo con las manos metidas en los bolsillos y la cabeza baja, observando el suelo mientras la lluvia golpeaba con fuerza sobre el suelo y mi cabeza. Los aldeanos que estaban realizando sus tareas al aire libre o cerca de las ventanas observaban impasibles. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #999999;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿Para qué tiene la capucha si no la usa?"</span> </span>- pensaría mas de uno. Pero a él no le importaba. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Se movía con cierta gracia felina, al menos para aquellos que no tuvieran un entrenamiento. Sus ojos blancos era la principal característica de aquel joven, aún había gente en la aldea que pensaba que debía ser ciego, al menos hasta que se fijaban en la bandana que llevaba en la cabeza que le identificaba como shinobi.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #99ccff;" class="mycode_color">Psé</span> - murmuró mientras golpeaba una pequeña piedra que había en el camino. -<span style="color: #99ccff;" class="mycode_color"> ¿Un shinobi? ¿Cuál es el objetivo de ser un shinobi?</span> - seguía murmurando. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No había nadie cerca que le pudiera escuchar pero tampoco importaba, aunque hubiera alguien solo se fijaría en él por los ojos durante unos pocos segundos y después de que la curiosidad muera, con ella pasaría a morir el joven en el pequeño mundo de la persona que le observara, las cosas eran así de simples, era un don nadie, pese a ser un shinobi. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Siguió caminando sin rumbo fijo hasta llegar a los límites de la aldea, sin darse cuenta hasta que metió los pies en el lago lo suficiente como para que el agua le llegara a los tobillos. Alzo la mirada y observó a lo lejos a un grupo de shinobis, posiblemente gennins como él, pero mas jovenes, mucho mas jovenes, entrenando sobre el agua.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #99ccff;" class="mycode_color">Un don nadie, que ni siquiera puede sabe andar sobre el agua con chakra. Un don nadie que no sirve para nada</span> - las últimas palabras las dijo con un pequeño atisbo de furia. Alzó la mirada al cielo grisáceo y pudo notar como las gotas de agua recorrían la cara. Había empezado a andar desde que salió de su domicilio sin rumbo aparente, pero su subconsciente si sabía a dónde le llevaba, bajo la mirada hasta mirar al frente, ignorando a los gennins que entrenaban y empezó a duda. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras unos minutos de constante debate en su cabeza, empezó a concentrar el chakra y lo guió hasta sus ojo -<span style="color: #99ccff;" class="mycode_color">Byakugan</span> - murmuró, pues no quería romper la armonía del silencio y calma que había en el ambiente. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Sus pupilas se intensificaron, como si se agrietaran y las venas alrededor de los ojos se marcaron de tal forma que se hacían visibles. Fue en ese momento cuándo el mundo cambió para él, utilizó su visión telescópica para ir mas allá de la aldea, pasando por algún que otro puesto de vigilancia viendo a los shinobis de rango jounnin hacer guardia, llegó hasta el pueblo mas cercano, lo recorrió sin fijarse en los detalles, niños jugando, jovenes gastando bromas, amantes en algún que otro granero al cobijo de la lluvia... </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Podría haber ido directamente a su destino, a unos 90m pero de alguna forma se seguía resistiendo, no quería verlo, no quería confirmarlo... Pero finalmente llegó, la pequeña villa dónde había crecido. Pudo reconocer a Yna, una de las pocas amistades que tenía y tendrá jamás, había crecido de forma espectacular, con buenas curvas, pelo rubio y largo que destacaba entre tanto color frío, estaba esperando en la puerta de su casa. Dan se quedó esperando unos minutos y pudo apreciar como llegaba Shoru, el matón de la aldea que tanto se había metido y causado problemas en el pasado, ahora era apuesto, tenía una buena musculatura para tratarse de un pescador.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Dan hizo una pequeña exclamación al ver a aquellos dos conocidos del pasado fundirse en un abrazo apasionante. - <span style="color: #99ccff;" class="mycode_color">Supongo que las cosas cambian...</span> - cuándo estaban dentro de aquella casa, sobre la cama empezando a demostrarse el afecto y cariño Dan les dio intimidad y siguió recorriendo la aldea, hasta llegar a la que era su casa.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Por fuera era prácticamente igual, por dentro las cosas habían cambiado, pudo ver como sus padres adoptivos, reían y celebraban algo, vieron a una joven de cabello color ceniza, como el de su padre adoptivo y la nariz puntiaguda como la madre, debía tener unos 6 años... Estaba claro que era la hija de sus padres adoptivos. Se quedó observando mientras algo dentro de él se hacía pedazos, pero no podía dejar de observar aquella escena, sus padres adoptivos siendo felices con su verdadera hija, con una comida que jamás habían podido permitirse cuándo le cuidaban a él.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Estuvo así durante unos minutos, hasta que paró, dejo de emitir el chakra a sus ojos y canceló el byakugan, agachó la cabeza. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #99ccff;" class="mycode_color">Supongo que esa es la respuesta a lo que llevo tanto tiempo preguntándome. Esa es la verdad...</span> - decía mientras unas lágrimas se camuflaban con las gotas de la lluvia al recorrer su rostro hasta su barbilla. Se giró y comenzó a caminar de vuelta a la aldea.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Esa era la verdad, la única cosa capaz de romperle. Porque... ¿Qué había mas duro que la verdad? </div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Iba caminando ensimismado, sin rumbo fijo con las manos metidas en los bolsillos y la cabeza baja, observando el suelo mientras la lluvia golpeaba con fuerza sobre el suelo y mi cabeza. Los aldeanos que estaban realizando sus tareas al aire libre o cerca de las ventanas observaban impasibles. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #999999;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿Para qué tiene la capucha si no la usa?"</span> </span>- pensaría mas de uno. Pero a él no le importaba. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Se movía con cierta gracia felina, al menos para aquellos que no tuvieran un entrenamiento. Sus ojos blancos era la principal característica de aquel joven, aún había gente en la aldea que pensaba que debía ser ciego, al menos hasta que se fijaban en la bandana que llevaba en la cabeza que le identificaba como shinobi.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #99ccff;" class="mycode_color">Psé</span> - murmuró mientras golpeaba una pequeña piedra que había en el camino. -<span style="color: #99ccff;" class="mycode_color"> ¿Un shinobi? ¿Cuál es el objetivo de ser un shinobi?</span> - seguía murmurando. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No había nadie cerca que le pudiera escuchar pero tampoco importaba, aunque hubiera alguien solo se fijaría en él por los ojos durante unos pocos segundos y después de que la curiosidad muera, con ella pasaría a morir el joven en el pequeño mundo de la persona que le observara, las cosas eran así de simples, era un don nadie, pese a ser un shinobi. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Siguió caminando sin rumbo fijo hasta llegar a los límites de la aldea, sin darse cuenta hasta que metió los pies en el lago lo suficiente como para que el agua le llegara a los tobillos. Alzo la mirada y observó a lo lejos a un grupo de shinobis, posiblemente gennins como él, pero mas jovenes, mucho mas jovenes, entrenando sobre el agua.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #99ccff;" class="mycode_color">Un don nadie, que ni siquiera puede sabe andar sobre el agua con chakra. Un don nadie que no sirve para nada</span> - las últimas palabras las dijo con un pequeño atisbo de furia. Alzó la mirada al cielo grisáceo y pudo notar como las gotas de agua recorrían la cara. Había empezado a andar desde que salió de su domicilio sin rumbo aparente, pero su subconsciente si sabía a dónde le llevaba, bajo la mirada hasta mirar al frente, ignorando a los gennins que entrenaban y empezó a duda. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras unos minutos de constante debate en su cabeza, empezó a concentrar el chakra y lo guió hasta sus ojo -<span style="color: #99ccff;" class="mycode_color">Byakugan</span> - murmuró, pues no quería romper la armonía del silencio y calma que había en el ambiente. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Sus pupilas se intensificaron, como si se agrietaran y las venas alrededor de los ojos se marcaron de tal forma que se hacían visibles. Fue en ese momento cuándo el mundo cambió para él, utilizó su visión telescópica para ir mas allá de la aldea, pasando por algún que otro puesto de vigilancia viendo a los shinobis de rango jounnin hacer guardia, llegó hasta el pueblo mas cercano, lo recorrió sin fijarse en los detalles, niños jugando, jovenes gastando bromas, amantes en algún que otro granero al cobijo de la lluvia... </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Podría haber ido directamente a su destino, a unos 90m pero de alguna forma se seguía resistiendo, no quería verlo, no quería confirmarlo... Pero finalmente llegó, la pequeña villa dónde había crecido. Pudo reconocer a Yna, una de las pocas amistades que tenía y tendrá jamás, había crecido de forma espectacular, con buenas curvas, pelo rubio y largo que destacaba entre tanto color frío, estaba esperando en la puerta de su casa. Dan se quedó esperando unos minutos y pudo apreciar como llegaba Shoru, el matón de la aldea que tanto se había metido y causado problemas en el pasado, ahora era apuesto, tenía una buena musculatura para tratarse de un pescador.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Dan hizo una pequeña exclamación al ver a aquellos dos conocidos del pasado fundirse en un abrazo apasionante. - <span style="color: #99ccff;" class="mycode_color">Supongo que las cosas cambian...</span> - cuándo estaban dentro de aquella casa, sobre la cama empezando a demostrarse el afecto y cariño Dan les dio intimidad y siguió recorriendo la aldea, hasta llegar a la que era su casa.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Por fuera era prácticamente igual, por dentro las cosas habían cambiado, pudo ver como sus padres adoptivos, reían y celebraban algo, vieron a una joven de cabello color ceniza, como el de su padre adoptivo y la nariz puntiaguda como la madre, debía tener unos 6 años... Estaba claro que era la hija de sus padres adoptivos. Se quedó observando mientras algo dentro de él se hacía pedazos, pero no podía dejar de observar aquella escena, sus padres adoptivos siendo felices con su verdadera hija, con una comida que jamás habían podido permitirse cuándo le cuidaban a él.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Estuvo así durante unos minutos, hasta que paró, dejo de emitir el chakra a sus ojos y canceló el byakugan, agachó la cabeza. </div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #99ccff;" class="mycode_color">Supongo que esa es la respuesta a lo que llevo tanto tiempo preguntándome. Esa es la verdad...</span> - decía mientras unas lágrimas se camuflaban con las gotas de la lluvia al recorrer su rostro hasta su barbilla. Se giró y comenzó a caminar de vuelta a la aldea.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Esa era la verdad, la única cosa capaz de romperle. Porque... ¿Qué había mas duro que la verdad? </div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El tiburón y el cuervo]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-tiburon-y-el-cuervo</link>
			<pubDate>Sat, 30 Sep 2017 21:12:11 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=6">Umikiba Kaido</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-tiburon-y-el-cuervo</guid>
			<description><![CDATA[Sentado en una de aquellas enormes plataformas, que se erguían imponentes por sobre amplio lago de Amegakure; yacía Umikiba Kaido, con los pies colgándole desde una de las orillas, meciéndose de un lado a otro como si amenazase con lanzarse hasta el vacío en cualquier momento. Su rostro lucía afligido y meditabundo, y su cabeza probablemente estaba en otro lado: últimamente estaba teniendo muchas cosas en las qué pensar. <br />
<br />
<span style="color: steelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«Claro, como si esa mujer fuese a aceptarte, ¿verdad? ¡Sí, claro, ven aquí Umikiba Kaido, te entrenaré y te haré el shinobi más fuerte de todo Oonindo! claro, sí. Idiota, lo más probable es que Yui-sama te pegue dos buenas patadas en el culo y te mande a volar a casa, o como la llegues a molestarla de verdad, te degrade a estudiante de academia, o algo así. Pero bueno, me lo merezco. Es lo que tiene no haber ganado ese puto torneo de mierda»</span></span><br />
<br />
Ese día en particular hacía mucho viento, más del que generalmente azotaba las áreas circundantes a la aldea oculta. Soplaba fuerte, tanto que el lago yacía levemente enfurecido, y su melena color aguamarina se mecía con él como si danzasen al ritmo de un melodioso <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">waltz. </span><br />
<br />
<span style="color: steelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«O también puedo buscarlos a <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">ellos</span>. Es decir, ¿qué más puedo perder? si de todas formas soy sólo una herramienta más, aunque no lo haya querido admitir. ¿Y si acepto mi lugar, y dejo que me conviertan en una verdadera bestia?»</span></span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—No la tienes fácil, Kaido, para nada fácil</span> —escupió, al aire, y se tumbó sobre la plataforma; dejando que la lluvia le empapara el rostro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Sentado en una de aquellas enormes plataformas, que se erguían imponentes por sobre amplio lago de Amegakure; yacía Umikiba Kaido, con los pies colgándole desde una de las orillas, meciéndose de un lado a otro como si amenazase con lanzarse hasta el vacío en cualquier momento. Su rostro lucía afligido y meditabundo, y su cabeza probablemente estaba en otro lado: últimamente estaba teniendo muchas cosas en las qué pensar. <br />
<br />
<span style="color: steelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«Claro, como si esa mujer fuese a aceptarte, ¿verdad? ¡Sí, claro, ven aquí Umikiba Kaido, te entrenaré y te haré el shinobi más fuerte de todo Oonindo! claro, sí. Idiota, lo más probable es que Yui-sama te pegue dos buenas patadas en el culo y te mande a volar a casa, o como la llegues a molestarla de verdad, te degrade a estudiante de academia, o algo así. Pero bueno, me lo merezco. Es lo que tiene no haber ganado ese puto torneo de mierda»</span></span><br />
<br />
Ese día en particular hacía mucho viento, más del que generalmente azotaba las áreas circundantes a la aldea oculta. Soplaba fuerte, tanto que el lago yacía levemente enfurecido, y su melena color aguamarina se mecía con él como si danzasen al ritmo de un melodioso <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">waltz. </span><br />
<br />
<span style="color: steelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«O también puedo buscarlos a <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">ellos</span>. Es decir, ¿qué más puedo perder? si de todas formas soy sólo una herramienta más, aunque no lo haya querido admitir. ¿Y si acepto mi lugar, y dejo que me conviertan en una verdadera bestia?»</span></span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—No la tienes fácil, Kaido, para nada fácil</span> —escupió, al aire, y se tumbó sobre la plataforma; dejando que la lluvia le empapara el rostro.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] No temas a la muerte, será rápido...]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-no-temas-a-la-muerte-sera-rapido</link>
			<pubDate>Fri, 23 Jun 2017 19:15:16 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=373">Aiko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-no-temas-a-la-muerte-sera-rapido</guid>
			<description><![CDATA[El agua se arrojaba con fuerza hacia el techado de la antigua casa familiar —de la familia Watasashi— golpeando sin cesar, haciéndose oír con fuerza y coraje. La noche, con apenas unos cuantos rayos de luz por parte de la reina, lucía realmente oscura y perturbadora. Una noche cualquiera, de un día cualquiera. Al menos, así se reflejaba en un principio la susodicha.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Buuuuue-no... a ver qué están echando...</span><br />
<br />
La chica de cabellera rojiza levantó la diestra, la cuál desenfundaba un control remoto. Tras pulsar un botón cualquiera, la total oscuridad del habitáculo se vio claramente mermada. La caja tonta, cargada de imágenes, incluso se atrevió a cortar el sepulcral silencio. Sin mas, la chica arrojó el mando hacia la mesa, donde rebotó un par de veces y terminó a mitad del precipicio.<br />
<br />
En escena, un hombre con una misteriosa mirada se deslizaba de esquina a esquina. Buscaba algo, o a alguien. Éste, ataviado con oscuras prendas, y una capa de igual tono, avistó a su presa. Ni corto ni perezoso, aprovechó la penumbra y su sigilo para apostarse tras de ella —la chica— y de un mordisco en el cuello, acabó con su vida. Gritos, y gente corriendo despavorida, fue lo que prosiguió.<br />
<br />
Aiko, terminó bostezando, aburrida.<br />
<br />
Se deslizó un poco por el sofá, hasta que su cabeza quedó a la altura de donde normalmente debían descansar sus lumbares. golpeó la esa con el pie, acertando con la pierna en el mando. La televisión cambió de canal, tomando unos aires algo mas animados. Se trataba de unos dibujos animados, donde terminaban en distintos problemas, y de manera atroz terminaban todos muertos... pero oye, muy graciosos los animalitos.<br />
<br />
La chica dejó caer un suspiro, y terminó por llevar la mirada al cielo, al techo mas bien.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Al menos me quedas tu...</span> —confesó cariñosa a su amante.<br />
<br />
Dejó caer su zurda por el lado del sofá en que se hallaba ella, y tomó a su amante por la boca. La tomó con fuerza, y la llevó hasta su boca. Le propinó un buche realmente generoso, a su amante —la cerveza— tanto que a una persona normal la habría derrumbado del tirón. Se trataba de una cerveza elaborada con un toque de whisky, una cerveza que para nada quedaba estancada en el ámbito de "suavecito". Incluso a la inmortal le hizo dar un par de giros a la cabeza, intentando resistir la potencia del veneno.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡TAP!</span></span><br />
<br />
Hincó la botella en el suelo, y dejó escapar otro suspiro de sus labios.<br />
<br />
De nuevo, llevó la mirada hacia la caja tonta, aunque prácticamente no tenía interés en ésta. Sus dedos se deslizaron por sus abdominales, terminando en su entrepierna. De nuevo, otro suspiro. Su cuerpo ardía, y no se trataba precisamente de fiebre. Finos pero habilidosos, los cinco bajaron por el zurco, marcando la trayectoria. Aguantó el gemido, y estremecida, tomó aire de nuevo. Sus fuerzas flaqueaban ante un efímero pero potente momento de placer, que disfrutó con sumo gusto. La alta temperatura del ambiente era algo que no terminaba de acompañar, pero seguramente eso le importaba poco a la pelirroja.<br />
<br />
Se traía algo bueno entre manos, ¿por qué dejarlo?<br />
<br />
Simple y sencillo, por un poco mas de veneno. La chica tomó con la mano libre la botella de nuevo, y le propinó otro buvhe aún mas denso. Casi se sopló la botella en éste último trago, apenas quedó el culote. De nuevo, el sabor intenso la hizo estremecer, casi mas que su otra actividad; la cuál no cesaba, pese a la distracción que la bebida le ofrecía... después de todo, las mujeres son capaces de hacer mas de una cosa a la misma vez —no como los hombres— y por tanto, doble diversión.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡TAP!</span></span><br />
<br />
De nuevo, clavó la botella de cerveza en el suelo, en un golpe seco y tosco. Seguido, dejó escapar una nueva bocanada de aire en forma de suspiro. Alzó el muslo izquierdo sobre el apoya-brazos izquierdo del sillón, quedando algo mas cómoda para con el gesto que repetía de manera intensa y repetitiva su mano. Su piel, húmeda, ayudaba en gran medida el proceso, aunque no solo era sudor a causa del calor lo que hacía resbalar el movimiento...<br />
<br />
Concentrada en su única tarea actual, y con una mano libre, acudió con ésta a desabrochar los botones de la única prenda que cubría su cuerpo —una blusa— y uno a uno fue abriendo la prenda, hasta dejar su torso al descubierto. Se mordió el labio inferior, llevada por la pasión del momento, y su mano libre recorrió sus pechos.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Grieeeek! ¡grieek!</span></span><br />
<br />
La antigua madera crujió, rompiendo el leve silencio que paulatinamente abordaba la televisión. Instintivamente, la chica se recogió, y tapó tanto como pudo con la blusa. Asomó por el sofá, y echó un rápido vistazo a su alrededor.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿¡QUIEN ANDA AHI!?</span><br />
<br />
Pero nadie contestó a su pregunta.<br />
<br />
Tampoco es que fuese extraño, si te sorprenden intentando robar o hacer algo en casa ajena, no va a pregonar a los 4 vientos tu nombre. Sería raro contestar a la pregunta. Aunque, la reseña de que alguien o algo mas había en casa era mas que obvia, ese sonido no había sido cosa de su invención.<br />
<br />
De pronto, asomó tras de el sofá el causante del alboroto, asustando en gran medida a la chica. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Qué pensaría <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Papá</span> de ésto?</span> —reseñó el sujeto, con una escalofriante sonrisa de oreja a oreja.<br />
<br />
Del susto, la chica cayó hacia detrás, golpeándose la nuca con la mesa. En ese preciso momento, perdió la consciencia.<br />
<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">[...]</div></i></div>
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Vamos, despierta... no tenemos todo el día...</span> —inquiría una voz apenas conocida. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">o quizás si...</span><br />
<br />
La pelirroja abrió los ojos, la luz del día radió sobre éstos, imposibilitandole saber de quién se trataba. Así pues, frotó los ojos, y los dejó entrecerrados, en pos de intentar identificar al sujeto. Tan solo observó dos orbes, realmente cerca de su rostro, privándola de su espacio personal. Uno era de color azul, mientras que otro era celeste. Sobre el último, un tatuaje de unas estrellas.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡SLAAASH!</span></span><br />
<br />
El filo del metal que tenía el sujeto entre manos se deslizó con abrumante velocidad sobre los ojos de la chica, seccionando parte de la nariz, e inutilizando sus ojos. La sangre brotó de la herida como si no hubiese un mañana, y helada, la chica no pudo hacer mas que soltar un grito de dolor.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡AAAAAAHHHHH!</span> —se llevó las manos hacia el rostro en un acto reflejo, sin saber porqué le pasaba ésto. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡No sabes con quién te estás metiendo! ¡Te voy a matar en cuanto recupere la visión, maldito!</span><br />
<br />
Furibunda, la chica amenazó al endiablado de ojos heterocromáticos. Aunque, quizás por cosa de no acordarse de quién era... había pasado tanto tiempo, que raro sería. Sin embargo, ésto no impidió que la chica lanzara un puñatazo al aire, buscando acertar a ciegas en el rostro del que le había negado la visión.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Tranquila, fiera... tranquila.</span><br />
<br />
Su puño impactó contra algo, algo que claramente no era el rostro del chico. Era casi gelatinoso, de una textura que jamás sería capaz de acertar en adivinanza. Casi al instante, sintió como un centenar de agujas le atravesaban el puño, destrozándolo por completo, y revelando un pico de dolor que pocas veces había sentido. Un calambre le recorrió el brazo, y no pudo mas que escupir un fuerte gemido de dolor.<br />
<br />
Del mismo dolor, hasta perdió la consciencia. No sería mas que un pequeño anticipo de lo que le esperaba, lo que cualquier persona culta catalogaría como la punta del iceberg.<br />
<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">[...]</div></i></div>
<br />
<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Estas hoy mas dispuesta a entablar una conversación?</span> —preguntó el hombre de ojos heterocromáticos. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿O prefieres que te mate de nuevo y olvides un año de vida?</span><br />
<br />
La kunoichi abrió los ojos, y permaneció en silencio. Sus ojos atravesaban a Blame, si con una mirada se pudiese matar, sin duda éste habría muerto al menos cien veces. Pero, las cosas no eran tan fáciles, así pues, ambos batallaron por unos segundos con las miradas. La chica, sentada en el sofá, y el diablo, sentado en la mesa, justo frente a ella.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«Podría escapar transformándome en mariposas, o en aviones... si, sin duda si me transformo en aviones no será capaz de atraparme...»</span><br />
<br />
La chica buscó la salida mas cercana con la mirada, siendo su casa, la tenía mas que controlada. Mandó un impulso de chakra hacia todo su cuerpo, y... nada.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¿¡Qué diablos pasa!?»</span><br />
<br />
La chica no pudo evitar la mueca de susto, su técnica no respondía. No podía deshacerse en papeles, ya fuese para transformarse en mariposas o en aviones. No era algo normal, en absoluto era algo normal... algo fallaba.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No puedes.</span> —respondió a su duda. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No puedes huir, y no puedes usar ninguna de tus técnicas o habilidades. He sellado tu circulación de chakra, y hasta mañana no podrás hacer nada que requiera de éste.</span><br />
<br />
La chica volvió la mirada hacia Blame, con el ceño fruncido. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿Quién eres, y qué demonios quieres?</span><br />
<br />
Blame se levantó, y dejó caer un tendido suspiro. La miró, y comenzó a andar hacia un flanco mientras que se encogía de hombros.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Solo quiero hablar, de persona a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">CASI</span> persona.</span> —inquirió mientras daba la vuelta, y caminaba ahora hacia el otro lado, con parsimonia. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Deberías saber quien soy, puesto que yo te hice como eres... no tengo nombre, pero una vez me llamaron Blame.</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Y sobre el porqué estoy aquí... es bien sencillo. Estoy aquí para que veas la verdad, para que encuentres el camino que debes seguir, para que halles el camino correcto y no andes dando tumbos de un lado a otro durante el resto de la eternidad. Normalmente no me presentaría ante otra persona, pero... tu eres una excepción, ya dejaste atrás al resto, y te has convertido en algo que está por encima. Eres inmortal, no eres una humana mas...</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Inmortal o no, soy humana... nací como cualquier otra persona, y muero como cualquier otra.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡MINUCIAS!</span> —cortó el peliblanco. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Cuantos humanos se levantan tras ser atravesados por una espada en el corazón? ¿cuantos humanos lo hacen tras cortarse las venas? ¿cuantos humanos son capaces de vivir sin enfermar una sola noche?</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿¡Y QUÉ SI SOY O NO HUMANA!?</span> —interrumpió ahora ella. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿¡A DONDE PRETENDES LLEGAR PORQUE NO ENTIENDO UNA MIERDA DE LO QUE DICES!?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No te dejes llevar por los sentimientos, pequeña, no intentes parecer lo que no eres...</span><br />
<br />
El chico, que iba y venía dando pequeña vueltas frente a la pelirroja, paró frente a ella, y clavó sus ojos de nuevo en sus iracundos orbes, lo cuales no había dejado de ceñirse sobre el peliblanco en un solo instante. Las miradas de nuevo se enfrentaron, y unos segundos de silencio reinaron en la sala.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No me hagas pensar que no mereces la pena, porque pienso torturarte hasta que no sepas ni quien eres. Prometí a tu padre que no te mataría, pero nadie me impide torturarte hasta que tu cerebro sea poco mas que una gelatina inservible.</span><br />
<br />
La pelirroja calló, no porque le agradase o le disgustase la idea, si no porque realmente en ese mismo instante, no era mas que un saco de boxeo. Debía sobrevivir, quizás al día siguiente pudiese usar su chakra, quizás tan solo estaba demasiado cansada...<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Bien, como te iba diciendo... que no seas del todo humana —dejémoslo en eso— es lo que hace que puedas ver la realidad tal y como es, y que me puedas ayudar a eliminarla de raíz. Durante mucho tiempo he pensado que eran una enfermedad, la peor de todas, y que lo mejor era alejarme y ver como ésta buscaba su destrucción por si misma. Han tenido un sin fin de ocasiones, a cada cuál peor, pero... no, nunca llegan a morir todos, siempre terminan dejando un espacio de tiempo en el que buscan maneras mucho mas sofisticadas para herir, matar y hacer sufrir.</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Dejarlos a sus campas y observar no está siendo una solución, o mi paciencia es mas corta de lo que pensaba. Pero, sea como sea, uno solo no puede eliminar a tantos...</span><br />
<br />
La kunoichi no negó la mueca de duda. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿Y crees que te voy a ayudar a matar personas? ¿acaso estás loco?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No, no estoy loco, y no pretendo que mates a nadie, al menos por el momento. No eres mas que una buena herramienta, una herramienta que me hará encontrar a quienes maten por nosotros.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">No te voy a ayudar, estás perdiendo el tiempo.</span> —aseguró, totalmente convencida. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">No tengo ningún motivo para ayudarte, y no tengo motivo alguno para querer matar a toda persona como pretendes que haga...</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Que no tienes motivo alguno para querer matarlos? ¿qué te hace pensar eso?</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿y qué debería hacerme pensar lo contrario?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Todo humano es egoísta, solo piensa en sí mismo. Son egoístas con avaricia, y no tardan en sacar sus verdaderos sentimientos cuando se ven enfrentados por la verdad. Sea buenos, amables, o un incordio, todos están cortados bajo el mismo patrón, la sociedad les hace ser como son. Todos están infectados con sus egoístas pensamientos, y bañados con odio hacia el que no comprende su forma de ver las cosas. Están hecho por y para hacer sufrir, ya sea a un desconocido, o a su propio hijo. Son así, y nada les hace cambiar, como mucho pueden tapar un poco esa realidad con mentiras.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Pues yo creo que el único que miente aquí eres tu...</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Segura? ¿estás completamente segura de eso?</span> —preguntó, e insistió. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Pues bien, pon a prueba lo que te estoy diciendo. No temas a encontrar la respuesta demasiado pronto, todo sea cosa de tiempo... es algo que nos sobra.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿...a qué te refieres? ¿tu también...?</span> —preguntó, dudosa.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Yo también tengo todo el tiempo del mundo, si.</span><br />
<br />
El rostro de la chica se descompuso un poco, éste tipo era un auténtico ser sacado del mismísimo infierno... inmortal, y capaz de dar el don a todo aquél que le place. Una habilidad que sin duda escapaba de las manos de una persona normal.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No soy yo el malo de la historia, chica. Como buen demonio, te ofrezco un trato...</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Pasea libre, pero no escondas mas tu condición de inmortal. Di que eres la futura superheroína, una incapaz de morir, y que traerá paz y justicia al mundo. Haz tu mayor esfuerzo por promocionarte, porque todos sepan de ti. Cuando lo consigas, cuenta las horas del día en que no intentan matarte, pese a ser la supuesta justicia, quien traerá estabilidad y bienestar a todos... a ver quien tiene razón, si ellos o yo. A ver quién no intenta matarte pese a que fingas querer ayudarlos. Son egoístas, y malos de corazón. No buscan que nadie les ayude, buscan hacer sufrir al resto, y no dudarán en intentar matarte o quitarte la inmortalidad para ellos mismos.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">... todos buscan la inmortalidad, eso es algo que siempre he sabido.</span> —reconoció la chica. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Pero, no creo que intenten matarme por el simple hecho de querer hacerme ver como un nuevo símbolo de paz... es absurdo.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Ya veremos quién tiene razón... igual, intentarán robarte la inmortalidad, y se pelearán por tenerla en sus manos. Son todos iguales, son todos una enfermedad... compruébalo con tus propios ojos...</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Te espero en el Palacio de Hielo del país del Hierro. Si no vienes, en menos de 3 estaciones, entenderé que crees tener la razón... y te dejaré en paz durante unos años mas. Si estaba en lo cierto, serás mi herramienta, y harás lo que yo te vaya aconsejando, para y por nuestro objetivo.</span><br />
<br />
Y en una vorágine de fuego negro, el peliblanco desapareció ante los ojos de la chica. No quedó ni rastro del llamado Blame, salvo un sello en el antebrazo de la chica, que desapareció tal y como éste había advertido, al día siguiente. Todo rastro de ese diablo había desaparecido, pero... quizás no era tanto como parecía, quizás la idea del chico hubiese calado un poco en la pelirroja...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El agua se arrojaba con fuerza hacia el techado de la antigua casa familiar —de la familia Watasashi— golpeando sin cesar, haciéndose oír con fuerza y coraje. La noche, con apenas unos cuantos rayos de luz por parte de la reina, lucía realmente oscura y perturbadora. Una noche cualquiera, de un día cualquiera. Al menos, así se reflejaba en un principio la susodicha.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Buuuuue-no... a ver qué están echando...</span><br />
<br />
La chica de cabellera rojiza levantó la diestra, la cuál desenfundaba un control remoto. Tras pulsar un botón cualquiera, la total oscuridad del habitáculo se vio claramente mermada. La caja tonta, cargada de imágenes, incluso se atrevió a cortar el sepulcral silencio. Sin mas, la chica arrojó el mando hacia la mesa, donde rebotó un par de veces y terminó a mitad del precipicio.<br />
<br />
En escena, un hombre con una misteriosa mirada se deslizaba de esquina a esquina. Buscaba algo, o a alguien. Éste, ataviado con oscuras prendas, y una capa de igual tono, avistó a su presa. Ni corto ni perezoso, aprovechó la penumbra y su sigilo para apostarse tras de ella —la chica— y de un mordisco en el cuello, acabó con su vida. Gritos, y gente corriendo despavorida, fue lo que prosiguió.<br />
<br />
Aiko, terminó bostezando, aburrida.<br />
<br />
Se deslizó un poco por el sofá, hasta que su cabeza quedó a la altura de donde normalmente debían descansar sus lumbares. golpeó la esa con el pie, acertando con la pierna en el mando. La televisión cambió de canal, tomando unos aires algo mas animados. Se trataba de unos dibujos animados, donde terminaban en distintos problemas, y de manera atroz terminaban todos muertos... pero oye, muy graciosos los animalitos.<br />
<br />
La chica dejó caer un suspiro, y terminó por llevar la mirada al cielo, al techo mas bien.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Al menos me quedas tu...</span> —confesó cariñosa a su amante.<br />
<br />
Dejó caer su zurda por el lado del sofá en que se hallaba ella, y tomó a su amante por la boca. La tomó con fuerza, y la llevó hasta su boca. Le propinó un buche realmente generoso, a su amante —la cerveza— tanto que a una persona normal la habría derrumbado del tirón. Se trataba de una cerveza elaborada con un toque de whisky, una cerveza que para nada quedaba estancada en el ámbito de "suavecito". Incluso a la inmortal le hizo dar un par de giros a la cabeza, intentando resistir la potencia del veneno.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡TAP!</span></span><br />
<br />
Hincó la botella en el suelo, y dejó escapar otro suspiro de sus labios.<br />
<br />
De nuevo, llevó la mirada hacia la caja tonta, aunque prácticamente no tenía interés en ésta. Sus dedos se deslizaron por sus abdominales, terminando en su entrepierna. De nuevo, otro suspiro. Su cuerpo ardía, y no se trataba precisamente de fiebre. Finos pero habilidosos, los cinco bajaron por el zurco, marcando la trayectoria. Aguantó el gemido, y estremecida, tomó aire de nuevo. Sus fuerzas flaqueaban ante un efímero pero potente momento de placer, que disfrutó con sumo gusto. La alta temperatura del ambiente era algo que no terminaba de acompañar, pero seguramente eso le importaba poco a la pelirroja.<br />
<br />
Se traía algo bueno entre manos, ¿por qué dejarlo?<br />
<br />
Simple y sencillo, por un poco mas de veneno. La chica tomó con la mano libre la botella de nuevo, y le propinó otro buvhe aún mas denso. Casi se sopló la botella en éste último trago, apenas quedó el culote. De nuevo, el sabor intenso la hizo estremecer, casi mas que su otra actividad; la cuál no cesaba, pese a la distracción que la bebida le ofrecía... después de todo, las mujeres son capaces de hacer mas de una cosa a la misma vez —no como los hombres— y por tanto, doble diversión.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡TAP!</span></span><br />
<br />
De nuevo, clavó la botella de cerveza en el suelo, en un golpe seco y tosco. Seguido, dejó escapar una nueva bocanada de aire en forma de suspiro. Alzó el muslo izquierdo sobre el apoya-brazos izquierdo del sillón, quedando algo mas cómoda para con el gesto que repetía de manera intensa y repetitiva su mano. Su piel, húmeda, ayudaba en gran medida el proceso, aunque no solo era sudor a causa del calor lo que hacía resbalar el movimiento...<br />
<br />
Concentrada en su única tarea actual, y con una mano libre, acudió con ésta a desabrochar los botones de la única prenda que cubría su cuerpo —una blusa— y uno a uno fue abriendo la prenda, hasta dejar su torso al descubierto. Se mordió el labio inferior, llevada por la pasión del momento, y su mano libre recorrió sus pechos.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡Grieeeek! ¡grieek!</span></span><br />
<br />
La antigua madera crujió, rompiendo el leve silencio que paulatinamente abordaba la televisión. Instintivamente, la chica se recogió, y tapó tanto como pudo con la blusa. Asomó por el sofá, y echó un rápido vistazo a su alrededor.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿¡QUIEN ANDA AHI!?</span><br />
<br />
Pero nadie contestó a su pregunta.<br />
<br />
Tampoco es que fuese extraño, si te sorprenden intentando robar o hacer algo en casa ajena, no va a pregonar a los 4 vientos tu nombre. Sería raro contestar a la pregunta. Aunque, la reseña de que alguien o algo mas había en casa era mas que obvia, ese sonido no había sido cosa de su invención.<br />
<br />
De pronto, asomó tras de el sofá el causante del alboroto, asustando en gran medida a la chica. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Qué pensaría <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Papá</span> de ésto?</span> —reseñó el sujeto, con una escalofriante sonrisa de oreja a oreja.<br />
<br />
Del susto, la chica cayó hacia detrás, golpeándose la nuca con la mesa. En ese preciso momento, perdió la consciencia.<br />
<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">[...]</div></i></div>
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Vamos, despierta... no tenemos todo el día...</span> —inquiría una voz apenas conocida. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">o quizás si...</span><br />
<br />
La pelirroja abrió los ojos, la luz del día radió sobre éstos, imposibilitandole saber de quién se trataba. Así pues, frotó los ojos, y los dejó entrecerrados, en pos de intentar identificar al sujeto. Tan solo observó dos orbes, realmente cerca de su rostro, privándola de su espacio personal. Uno era de color azul, mientras que otro era celeste. Sobre el último, un tatuaje de unas estrellas.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡SLAAASH!</span></span><br />
<br />
El filo del metal que tenía el sujeto entre manos se deslizó con abrumante velocidad sobre los ojos de la chica, seccionando parte de la nariz, e inutilizando sus ojos. La sangre brotó de la herida como si no hubiese un mañana, y helada, la chica no pudo hacer mas que soltar un grito de dolor.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡AAAAAAHHHHH!</span> —se llevó las manos hacia el rostro en un acto reflejo, sin saber porqué le pasaba ésto. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡No sabes con quién te estás metiendo! ¡Te voy a matar en cuanto recupere la visión, maldito!</span><br />
<br />
Furibunda, la chica amenazó al endiablado de ojos heterocromáticos. Aunque, quizás por cosa de no acordarse de quién era... había pasado tanto tiempo, que raro sería. Sin embargo, ésto no impidió que la chica lanzara un puñatazo al aire, buscando acertar a ciegas en el rostro del que le había negado la visión.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Tranquila, fiera... tranquila.</span><br />
<br />
Su puño impactó contra algo, algo que claramente no era el rostro del chico. Era casi gelatinoso, de una textura que jamás sería capaz de acertar en adivinanza. Casi al instante, sintió como un centenar de agujas le atravesaban el puño, destrozándolo por completo, y revelando un pico de dolor que pocas veces había sentido. Un calambre le recorrió el brazo, y no pudo mas que escupir un fuerte gemido de dolor.<br />
<br />
Del mismo dolor, hasta perdió la consciencia. No sería mas que un pequeño anticipo de lo que le esperaba, lo que cualquier persona culta catalogaría como la punta del iceberg.<br />
<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">[...]</div></i></div>
<br />
<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Estas hoy mas dispuesta a entablar una conversación?</span> —preguntó el hombre de ojos heterocromáticos. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿O prefieres que te mate de nuevo y olvides un año de vida?</span><br />
<br />
La kunoichi abrió los ojos, y permaneció en silencio. Sus ojos atravesaban a Blame, si con una mirada se pudiese matar, sin duda éste habría muerto al menos cien veces. Pero, las cosas no eran tan fáciles, así pues, ambos batallaron por unos segundos con las miradas. La chica, sentada en el sofá, y el diablo, sentado en la mesa, justo frente a ella.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«Podría escapar transformándome en mariposas, o en aviones... si, sin duda si me transformo en aviones no será capaz de atraparme...»</span><br />
<br />
La chica buscó la salida mas cercana con la mirada, siendo su casa, la tenía mas que controlada. Mandó un impulso de chakra hacia todo su cuerpo, y... nada.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¿¡Qué diablos pasa!?»</span><br />
<br />
La chica no pudo evitar la mueca de susto, su técnica no respondía. No podía deshacerse en papeles, ya fuese para transformarse en mariposas o en aviones. No era algo normal, en absoluto era algo normal... algo fallaba.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No puedes.</span> —respondió a su duda. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No puedes huir, y no puedes usar ninguna de tus técnicas o habilidades. He sellado tu circulación de chakra, y hasta mañana no podrás hacer nada que requiera de éste.</span><br />
<br />
La chica volvió la mirada hacia Blame, con el ceño fruncido. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿Quién eres, y qué demonios quieres?</span><br />
<br />
Blame se levantó, y dejó caer un tendido suspiro. La miró, y comenzó a andar hacia un flanco mientras que se encogía de hombros.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Solo quiero hablar, de persona a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">CASI</span> persona.</span> —inquirió mientras daba la vuelta, y caminaba ahora hacia el otro lado, con parsimonia. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Deberías saber quien soy, puesto que yo te hice como eres... no tengo nombre, pero una vez me llamaron Blame.</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Y sobre el porqué estoy aquí... es bien sencillo. Estoy aquí para que veas la verdad, para que encuentres el camino que debes seguir, para que halles el camino correcto y no andes dando tumbos de un lado a otro durante el resto de la eternidad. Normalmente no me presentaría ante otra persona, pero... tu eres una excepción, ya dejaste atrás al resto, y te has convertido en algo que está por encima. Eres inmortal, no eres una humana mas...</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Inmortal o no, soy humana... nací como cualquier otra persona, y muero como cualquier otra.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡MINUCIAS!</span> —cortó el peliblanco. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Cuantos humanos se levantan tras ser atravesados por una espada en el corazón? ¿cuantos humanos lo hacen tras cortarse las venas? ¿cuantos humanos son capaces de vivir sin enfermar una sola noche?</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿¡Y QUÉ SI SOY O NO HUMANA!?</span> —interrumpió ahora ella. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿¡A DONDE PRETENDES LLEGAR PORQUE NO ENTIENDO UNA MIERDA DE LO QUE DICES!?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No te dejes llevar por los sentimientos, pequeña, no intentes parecer lo que no eres...</span><br />
<br />
El chico, que iba y venía dando pequeña vueltas frente a la pelirroja, paró frente a ella, y clavó sus ojos de nuevo en sus iracundos orbes, lo cuales no había dejado de ceñirse sobre el peliblanco en un solo instante. Las miradas de nuevo se enfrentaron, y unos segundos de silencio reinaron en la sala.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No me hagas pensar que no mereces la pena, porque pienso torturarte hasta que no sepas ni quien eres. Prometí a tu padre que no te mataría, pero nadie me impide torturarte hasta que tu cerebro sea poco mas que una gelatina inservible.</span><br />
<br />
La pelirroja calló, no porque le agradase o le disgustase la idea, si no porque realmente en ese mismo instante, no era mas que un saco de boxeo. Debía sobrevivir, quizás al día siguiente pudiese usar su chakra, quizás tan solo estaba demasiado cansada...<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Bien, como te iba diciendo... que no seas del todo humana —dejémoslo en eso— es lo que hace que puedas ver la realidad tal y como es, y que me puedas ayudar a eliminarla de raíz. Durante mucho tiempo he pensado que eran una enfermedad, la peor de todas, y que lo mejor era alejarme y ver como ésta buscaba su destrucción por si misma. Han tenido un sin fin de ocasiones, a cada cuál peor, pero... no, nunca llegan a morir todos, siempre terminan dejando un espacio de tiempo en el que buscan maneras mucho mas sofisticadas para herir, matar y hacer sufrir.</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Dejarlos a sus campas y observar no está siendo una solución, o mi paciencia es mas corta de lo que pensaba. Pero, sea como sea, uno solo no puede eliminar a tantos...</span><br />
<br />
La kunoichi no negó la mueca de duda. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿Y crees que te voy a ayudar a matar personas? ¿acaso estás loco?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No, no estoy loco, y no pretendo que mates a nadie, al menos por el momento. No eres mas que una buena herramienta, una herramienta que me hará encontrar a quienes maten por nosotros.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">No te voy a ayudar, estás perdiendo el tiempo.</span> —aseguró, totalmente convencida. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">No tengo ningún motivo para ayudarte, y no tengo motivo alguno para querer matar a toda persona como pretendes que haga...</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Que no tienes motivo alguno para querer matarlos? ¿qué te hace pensar eso?</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿y qué debería hacerme pensar lo contrario?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Todo humano es egoísta, solo piensa en sí mismo. Son egoístas con avaricia, y no tardan en sacar sus verdaderos sentimientos cuando se ven enfrentados por la verdad. Sea buenos, amables, o un incordio, todos están cortados bajo el mismo patrón, la sociedad les hace ser como son. Todos están infectados con sus egoístas pensamientos, y bañados con odio hacia el que no comprende su forma de ver las cosas. Están hecho por y para hacer sufrir, ya sea a un desconocido, o a su propio hijo. Son así, y nada les hace cambiar, como mucho pueden tapar un poco esa realidad con mentiras.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Pues yo creo que el único que miente aquí eres tu...</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Segura? ¿estás completamente segura de eso?</span> —preguntó, e insistió. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Pues bien, pon a prueba lo que te estoy diciendo. No temas a encontrar la respuesta demasiado pronto, todo sea cosa de tiempo... es algo que nos sobra.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿...a qué te refieres? ¿tu también...?</span> —preguntó, dudosa.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Yo también tengo todo el tiempo del mundo, si.</span><br />
<br />
El rostro de la chica se descompuso un poco, éste tipo era un auténtico ser sacado del mismísimo infierno... inmortal, y capaz de dar el don a todo aquél que le place. Una habilidad que sin duda escapaba de las manos de una persona normal.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No soy yo el malo de la historia, chica. Como buen demonio, te ofrezco un trato...</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Pasea libre, pero no escondas mas tu condición de inmortal. Di que eres la futura superheroína, una incapaz de morir, y que traerá paz y justicia al mundo. Haz tu mayor esfuerzo por promocionarte, porque todos sepan de ti. Cuando lo consigas, cuenta las horas del día en que no intentan matarte, pese a ser la supuesta justicia, quien traerá estabilidad y bienestar a todos... a ver quien tiene razón, si ellos o yo. A ver quién no intenta matarte pese a que fingas querer ayudarlos. Son egoístas, y malos de corazón. No buscan que nadie les ayude, buscan hacer sufrir al resto, y no dudarán en intentar matarte o quitarte la inmortalidad para ellos mismos.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">... todos buscan la inmortalidad, eso es algo que siempre he sabido.</span> —reconoció la chica. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Pero, no creo que intenten matarme por el simple hecho de querer hacerme ver como un nuevo símbolo de paz... es absurdo.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Ya veremos quién tiene razón... igual, intentarán robarte la inmortalidad, y se pelearán por tenerla en sus manos. Son todos iguales, son todos una enfermedad... compruébalo con tus propios ojos...</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Te espero en el Palacio de Hielo del país del Hierro. Si no vienes, en menos de 3 estaciones, entenderé que crees tener la razón... y te dejaré en paz durante unos años mas. Si estaba en lo cierto, serás mi herramienta, y harás lo que yo te vaya aconsejando, para y por nuestro objetivo.</span><br />
<br />
Y en una vorágine de fuego negro, el peliblanco desapareció ante los ojos de la chica. No quedó ni rastro del llamado Blame, salvo un sello en el antebrazo de la chica, que desapareció tal y como éste había advertido, al día siguiente. Todo rastro de ese diablo había desaparecido, pero... quizás no era tanto como parecía, quizás la idea del chico hubiese calado un poco en la pelirroja...]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Dandole vueltas al asunto...]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-dandole-vueltas-al-asunto</link>
			<pubDate>Mon, 20 Feb 2017 23:44:32 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=600">Reika</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-dandole-vueltas-al-asunto</guid>
			<description><![CDATA[Era cerca de las 14hs y la kunoichi una vez finalizado el almuerzo se coloco su capa impermeable y salio a dar una vuelta por las calles, su cabeza estaba llena de pensamientos y ninguno de ellos era realmente uno que le gustase a Reika, no encontraba un propósito, no pretendía ser parte del hall de la fama de ninjas que destruyen montañas con mover una pestaña, tampoco la fama mundial...o al menos eso es lo que ella les dijo a prácticamente todo el mundo.<br />
<br />
Que clase se aspiración podía tener una chica e 13 años, no era una vengadora: sus padres y tres hermanos estaban todos con vida, era heredera de un clan antaño famoso, aunque esto es discutible pues en la actualmente destruida Konoha el Clan Yamakana era uno de los clanes nobles de la villa. Lo que si podía hacer era entrenarse y tratar de ser la mejor en lo que ella podía.<br />
<br />
Su caminata se alargo por un tiempo que no supo precisar, hasta terminar en gran lago que hacia las veces de muralla que protegía la villa. observo las olas que golpeaban la costa, aunque sabia caminar sobre el agua y en caso de caer también sabia nadar, pero si las olas la engullían su capacidad para aguantar la respiración era bastante baja y eso era lo que le daba miedo de ponerse a andar sobre el agua de aquel lago rabioso]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Era cerca de las 14hs y la kunoichi una vez finalizado el almuerzo se coloco su capa impermeable y salio a dar una vuelta por las calles, su cabeza estaba llena de pensamientos y ninguno de ellos era realmente uno que le gustase a Reika, no encontraba un propósito, no pretendía ser parte del hall de la fama de ninjas que destruyen montañas con mover una pestaña, tampoco la fama mundial...o al menos eso es lo que ella les dijo a prácticamente todo el mundo.<br />
<br />
Que clase se aspiración podía tener una chica e 13 años, no era una vengadora: sus padres y tres hermanos estaban todos con vida, era heredera de un clan antaño famoso, aunque esto es discutible pues en la actualmente destruida Konoha el Clan Yamakana era uno de los clanes nobles de la villa. Lo que si podía hacer era entrenarse y tratar de ser la mejor en lo que ella podía.<br />
<br />
Su caminata se alargo por un tiempo que no supo precisar, hasta terminar en gran lago que hacia las veces de muralla que protegía la villa. observo las olas que golpeaban la costa, aunque sabia caminar sobre el agua y en caso de caer también sabia nadar, pero si las olas la engullían su capacidad para aguantar la respiración era bastante baja y eso era lo que le daba miedo de ponerse a andar sobre el agua de aquel lago rabioso]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿Entre la espada y el...lago?]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-entre-la-espada-y-el-lago</link>
			<pubDate>Fri, 27 Jan 2017 23:40:53 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Hazegawa</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-entre-la-espada-y-el-lago</guid>
			<description><![CDATA[A paso lento pero seguro el joven ojiblanco, se encaminaba por la orilla del lago de la gran amegakure con las manos en los bolsillos, por algún motivo habría sido citado por sus amigotes en el lago, sin citar un motivo aparente le instaban a estar ahí a una hora y lugar específicos, cerca de los botes, Haze pensó que quizás irían a explorar o simplemente a pescar algo en el lago, aunque tal cosa nunca le había llamado la atención.<br />
<br />
—<span style="color: #3D59AB;" class="mycode_color">¿Oí, oí…que pesados, hacerme salir un viernes…debería estar en casa leyendo la Jomp</span>— Dijo mientras se encaminaba al pequeño embarcadero a paso lento, agachándose para tomar una roquilla del suelo y lanzarla al agua de forma que esta fuera rebotando en el agua hasta alejarse.<br />
<br />
Haze alcanzo a observar el cielo un momento con el agua cayéndole en el rostro, aunque no tardo mucho en adentrarse en el pequeño embarcadero al menos a refugiarse de la lluvia, tomando asiento en un banco de esos de madera que son para varias personas, el sitio estaba bastante solo y apenas unos cuantos pescadores iban y venían, Haze había llegado una media hora antes solo para que no le sorprendieran, y de allí le tocaría esperar. <br />
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Hasta que se dignaran a aparecer, observo a los lados y no encontró nada mas que personas bajando el pescado de las barcazas y otros con uno que otros paraguas abordando las mismas para viajar al otro lado quizás, aquello de los paseos en el lago era todo un negocio.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[A paso lento pero seguro el joven ojiblanco, se encaminaba por la orilla del lago de la gran amegakure con las manos en los bolsillos, por algún motivo habría sido citado por sus amigotes en el lago, sin citar un motivo aparente le instaban a estar ahí a una hora y lugar específicos, cerca de los botes, Haze pensó que quizás irían a explorar o simplemente a pescar algo en el lago, aunque tal cosa nunca le había llamado la atención.<br />
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—<span style="color: #3D59AB;" class="mycode_color">¿Oí, oí…que pesados, hacerme salir un viernes…debería estar en casa leyendo la Jomp</span>— Dijo mientras se encaminaba al pequeño embarcadero a paso lento, agachándose para tomar una roquilla del suelo y lanzarla al agua de forma que esta fuera rebotando en el agua hasta alejarse.<br />
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Haze alcanzo a observar el cielo un momento con el agua cayéndole en el rostro, aunque no tardo mucho en adentrarse en el pequeño embarcadero al menos a refugiarse de la lluvia, tomando asiento en un banco de esos de madera que son para varias personas, el sitio estaba bastante solo y apenas unos cuantos pescadores iban y venían, Haze había llegado una media hora antes solo para que no le sorprendieran, y de allí le tocaría esperar. <br />
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Hasta que se dignaran a aparecer, observo a los lados y no encontró nada mas que personas bajando el pescado de las barcazas y otros con uno que otros paraguas abordando las mismas para viajar al otro lado quizás, aquello de los paseos en el lago era todo un negocio.]]></content:encoded>
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