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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Notsuba]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 02:55:22 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[El bando vencedor]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-bando-vencedor</link>
			<pubDate>Fri, 31 Dec 2021 20:42:56 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1">Sama-sama</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-bando-vencedor</guid>
			<description><![CDATA[Caminaba hacia la sala de reuniones con un rostro gélido que trataba de disimular su disgusto. Laion siempre había sido una kunoichi diligente, que respetaba los rangos, la sabiduría que traía la edad, los veteranos de guerra. Pero una cosa era respetar los rangos en Amegakure, donde encima de ti tenías a gente a la que admirabas, como Yui o Shanise, y otra muy distinta era hacerlo en el País de la Tierra. Kurawa Kaikei era un cabrón, un egocéntrico y un necio al que le perdía la codicia. Pero era el actual Daimyō, y a ella no le quedaba otra que joderse y acatar. <br />
<br />
<span style="color: gold; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Al menos solo me queda un mes más de misión hasta que manden los relevos</span>»</span>. Seis meses llevaba ya allí. ¿Cuánto habría crecido su hija en su ausencia? Por las fotos que recibía de su marido, un montón. <br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">No entiendo por qué tenemos que explicarle por enésima vez los planes de defensa ante un posible ataque invasor. ¡Si no se entera de nada!</span> —exclamó Koinu, más alto de lo debido. <br />
<br />
—<span style="color: gold;" class="mycode_color">Porque los ineptos con poder necesitan hacer ver a los que están a su alrededor que le necesitan para todo.</span><br />
<br />
—<span style="color: cyan;" class="mycode_color">Chicos… no deberíamos hablar así de un Daimyō</span> —dijo Suka, siempre asustada o insegura por algo. A decir verdad, y no era algo que admitiría nunca en voz alta, no le pegaba la placa de plata en el brazo. No reunía las cualidades de un amejin típico, desde luego, pero entendía porqué Shanise se lo había dado igualmente. Reunía otras cualidades menos comunes y tanto o más necesarias para ser un chūnin. <br />
<br />
—<span style="color: chocolate;" class="mycode_color">Propongo lo siguiente, Laion-sensei</span> —intervino Toru, el tercer integrante de su equipo. Lo conocía desde que era un renacuajo que se manchaba los pañales y berreaba en los brazos de su madre—<span style="color: chocolate;" class="mycode_color">. Entramos y decimos: mire, Kaikei-sama, somos los Hijos de la Tormenta. Solo necesitamos que nos señalen al enemigo, y el resto es historia.</span><br />
<br />
Laion rio, posando una mano en la cabeza de Toru y revolviéndoselo. <br />
<br />
—<span style="color: gold;" class="mycode_color">Dejémoslo como plan B, ¿de acuerdo?</span> —Suspiró—<span style="color: gold;" class="mycode_color">. Nos queda solo un mes, chicos. Hagamos las cosas bien y volvamos a casa por Despedida con una paga extra y unas buenas vacaciones.</span><br />
<br />
Se lo merecían, desde luego. Tras diez minutos más de caminata —aquel palacio era enorme—, llegaron hasta unas puertas de roble macizo custodiadas por dos guardias enjutados en armaduras de acero. Les permitieron entrar al momento, y en el interior aguardaba Kurawa Kaikei en persona tras una mesa redonda con un mapa del País de la Tierra extendido en ella. <br />
<br />
—<span style="color: gold;" class="mycode_color">Kaikei-sama</span> —dijo, con una reverencia, sorprendida por su presencia. Normalmente eran ellos los que tenían que esperar por él—<span style="color: gold;" class="mycode_color">. Disculpe la tardanza</span> —dijo, pese a llegar diez minutos antes de lo acordado. <br />
<br />
Kaikei hizo un gesto con la mano, como quitándole importancia, y con otro les invitó a sentarse. Las puertas tras ellos se cerraron. Estaban en proceso de sentarse cuando de pronto, un humo gris salió disparado de debajo de las puertas, llenando la sala en cuestión de segundos. <br />
<br />
<span style="color: gold; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Pero, ¿¡qué cojones…!?</span>»</span><br />
<br />
—<span style="color: gold;" class="mycode_color">¡Proteged al Daimyō!</span> —exclamó, entre toses—<span style="color: gold;" class="mycode_color">. ¡Formación en círculo!</span><br />
<br />
Su equipo ya estaba rodeando a Kaikei antes siquiera de ordenarlo. No por nada habían estado a su cargo desde que llevaban la placa de Amegakure en la frente. Pero si hasta ese momento la adrenalina corría por sus venas, su sangre quedó congelada al ver a Kaikei… <br />
<br />
… colocándose un respirador en la cara. <br />
<br />
Toru era el que más cerca estaba de ella, y trató de señalar al Daimyō con el dedo. Por alguna razón, no pudo. Se dio cuenta que no podía mover nada de su cuerpo. Estaba paralizada, no por el miedo, sino por algo peor. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Veneno</span>. <br />
<br />
—<span style="color: sienna;" class="mycode_color">Muchas gracias por los servicios prestados</span> —la voz del Daimyō sonó ronca a través del respirador—<span style="color: sienna;" class="mycode_color">, pero ya no los requeriré más. Me han hecho una oferta mejor. Espero que podáis entenderlo. Se avecina una nueva era, y prefiero estar en el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">bando vencedor</span>.</span><br />
<br />
Las puertas se abrieron, el Daimyō salió. Ella y su equipo permanecieron, paralizados los cuatro. Oyó el sonido de unas cadenas, una figura se aproximaba con una mascota a su lado. Una… <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Un</span> oso con piel de cocodrilo y ojos inyectados en sangre. Se abalanzó sobre Toru y empezó a comerle, a devorarle vivo, mientras lo único que se movía en su cuerpo eran las lágrimas que caían de sus ojos. <br />
<br />
Eso mismo iba a pasar con el resto. Y con ella. Y, en ese momento, solo pudo sentir una cosa. <br />
<br />
Tenía miedo. <br />
<br />
Miedo a morir.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Caminaba hacia la sala de reuniones con un rostro gélido que trataba de disimular su disgusto. Laion siempre había sido una kunoichi diligente, que respetaba los rangos, la sabiduría que traía la edad, los veteranos de guerra. Pero una cosa era respetar los rangos en Amegakure, donde encima de ti tenías a gente a la que admirabas, como Yui o Shanise, y otra muy distinta era hacerlo en el País de la Tierra. Kurawa Kaikei era un cabrón, un egocéntrico y un necio al que le perdía la codicia. Pero era el actual Daimyō, y a ella no le quedaba otra que joderse y acatar. <br />
<br />
<span style="color: gold; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Al menos solo me queda un mes más de misión hasta que manden los relevos</span>»</span>. Seis meses llevaba ya allí. ¿Cuánto habría crecido su hija en su ausencia? Por las fotos que recibía de su marido, un montón. <br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">No entiendo por qué tenemos que explicarle por enésima vez los planes de defensa ante un posible ataque invasor. ¡Si no se entera de nada!</span> —exclamó Koinu, más alto de lo debido. <br />
<br />
—<span style="color: gold;" class="mycode_color">Porque los ineptos con poder necesitan hacer ver a los que están a su alrededor que le necesitan para todo.</span><br />
<br />
—<span style="color: cyan;" class="mycode_color">Chicos… no deberíamos hablar así de un Daimyō</span> —dijo Suka, siempre asustada o insegura por algo. A decir verdad, y no era algo que admitiría nunca en voz alta, no le pegaba la placa de plata en el brazo. No reunía las cualidades de un amejin típico, desde luego, pero entendía porqué Shanise se lo había dado igualmente. Reunía otras cualidades menos comunes y tanto o más necesarias para ser un chūnin. <br />
<br />
—<span style="color: chocolate;" class="mycode_color">Propongo lo siguiente, Laion-sensei</span> —intervino Toru, el tercer integrante de su equipo. Lo conocía desde que era un renacuajo que se manchaba los pañales y berreaba en los brazos de su madre—<span style="color: chocolate;" class="mycode_color">. Entramos y decimos: mire, Kaikei-sama, somos los Hijos de la Tormenta. Solo necesitamos que nos señalen al enemigo, y el resto es historia.</span><br />
<br />
Laion rio, posando una mano en la cabeza de Toru y revolviéndoselo. <br />
<br />
—<span style="color: gold;" class="mycode_color">Dejémoslo como plan B, ¿de acuerdo?</span> —Suspiró—<span style="color: gold;" class="mycode_color">. Nos queda solo un mes, chicos. Hagamos las cosas bien y volvamos a casa por Despedida con una paga extra y unas buenas vacaciones.</span><br />
<br />
Se lo merecían, desde luego. Tras diez minutos más de caminata —aquel palacio era enorme—, llegaron hasta unas puertas de roble macizo custodiadas por dos guardias enjutados en armaduras de acero. Les permitieron entrar al momento, y en el interior aguardaba Kurawa Kaikei en persona tras una mesa redonda con un mapa del País de la Tierra extendido en ella. <br />
<br />
—<span style="color: gold;" class="mycode_color">Kaikei-sama</span> —dijo, con una reverencia, sorprendida por su presencia. Normalmente eran ellos los que tenían que esperar por él—<span style="color: gold;" class="mycode_color">. Disculpe la tardanza</span> —dijo, pese a llegar diez minutos antes de lo acordado. <br />
<br />
Kaikei hizo un gesto con la mano, como quitándole importancia, y con otro les invitó a sentarse. Las puertas tras ellos se cerraron. Estaban en proceso de sentarse cuando de pronto, un humo gris salió disparado de debajo de las puertas, llenando la sala en cuestión de segundos. <br />
<br />
<span style="color: gold; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Pero, ¿¡qué cojones…!?</span>»</span><br />
<br />
—<span style="color: gold;" class="mycode_color">¡Proteged al Daimyō!</span> —exclamó, entre toses—<span style="color: gold;" class="mycode_color">. ¡Formación en círculo!</span><br />
<br />
Su equipo ya estaba rodeando a Kaikei antes siquiera de ordenarlo. No por nada habían estado a su cargo desde que llevaban la placa de Amegakure en la frente. Pero si hasta ese momento la adrenalina corría por sus venas, su sangre quedó congelada al ver a Kaikei… <br />
<br />
… colocándose un respirador en la cara. <br />
<br />
Toru era el que más cerca estaba de ella, y trató de señalar al Daimyō con el dedo. Por alguna razón, no pudo. Se dio cuenta que no podía mover nada de su cuerpo. Estaba paralizada, no por el miedo, sino por algo peor. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Veneno</span>. <br />
<br />
—<span style="color: sienna;" class="mycode_color">Muchas gracias por los servicios prestados</span> —la voz del Daimyō sonó ronca a través del respirador—<span style="color: sienna;" class="mycode_color">, pero ya no los requeriré más. Me han hecho una oferta mejor. Espero que podáis entenderlo. Se avecina una nueva era, y prefiero estar en el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">bando vencedor</span>.</span><br />
<br />
Las puertas se abrieron, el Daimyō salió. Ella y su equipo permanecieron, paralizados los cuatro. Oyó el sonido de unas cadenas, una figura se aproximaba con una mascota a su lado. Una… <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Un</span> oso con piel de cocodrilo y ojos inyectados en sangre. Se abalanzó sobre Toru y empezó a comerle, a devorarle vivo, mientras lo único que se movía en su cuerpo eran las lágrimas que caían de sus ojos. <br />
<br />
Eso mismo iba a pasar con el resto. Y con ella. Y, en ese momento, solo pudo sentir una cosa. <br />
<br />
Tenía miedo. <br />
<br />
Miedo a morir.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El corazón]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-corazon</link>
			<pubDate>Wed, 28 Jul 2021 21:58:43 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1179">Kaminari Kimi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-corazon</guid>
			<description><![CDATA[A la hora acordada, en la estación de ferrocarril de Notsuba, las hermanas Kaminari esperaban con paciencia variable a las hermanas Sagisō, con la promesa de un duelo.<br />
<br />
Con una sonrisa de oreja a oreja, Kimi esperaba de pie justo delante de la entrada de la estación, bien tapada del frío y la nieve con una sudadera debajo de su karategi.<br />
<br />
Mantenía los brazos cruzados detrás de la espalda, mientras dejaba que su hermana llevase un regalo con forma de conejo.<br />
<br />
<span style="color: blueviolet;" class="mycode_color">—¿Qué tan fuerte es Sagisō Ranko?</span> —Le preguntó a su hermana.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[A la hora acordada, en la estación de ferrocarril de Notsuba, las hermanas Kaminari esperaban con paciencia variable a las hermanas Sagisō, con la promesa de un duelo.<br />
<br />
Con una sonrisa de oreja a oreja, Kimi esperaba de pie justo delante de la entrada de la estación, bien tapada del frío y la nieve con una sudadera debajo de su karategi.<br />
<br />
Mantenía los brazos cruzados detrás de la espalda, mientras dejaba que su hermana llevase un regalo con forma de conejo.<br />
<br />
<span style="color: blueviolet;" class="mycode_color">—¿Qué tan fuerte es Sagisō Ranko?</span> —Le preguntó a su hermana.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La morada de kokoloko-sama]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-morada-de-kokoloko-sama</link>
			<pubDate>Fri, 18 Sep 2020 00:38:00 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=730">Inuzuka Etsu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-morada-de-kokoloko-sama</guid>
			<description><![CDATA[Allá donde habita un fantasma que deambula constantemente en busca de pobres victimas a las que asustar, podría decirse también que habita un alma en pena que busca en su sempiterna agonía algún alma caritativa que le escuche y ayude a emigrar al más allá. Esa siempre había sido la filosofía del abuelo, e incluso la de su padre. Pero cabía decir que la idea en su padre era mucho más efímera, pues se cubría en su constante manto de mentiras, con su carismático mantra: su sonrisa.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">No tío, los fantasmas no existen. Seguro que se lo ha inventado el viejo —</span> —Increpó de nuevo el Inuzuka, por duodécima vez consecutiva.<br />
<br />
Akane dejó caer un suspiro, cansado de escuchar a su hermano escudándose en su propia idea, en su camino para evadir una posible verdad. Con desdén lanzó sus orbes hacia el de rastas, queriendo decirle que ya bastaba, que era suficiente. Las palabras no fueron necesarias, entre ellos había un vinculo demasiado especial.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Esta bien! ¡está bien! Ya paro...</span> —Se quejó en lo que se llevaba ambas manos tras la nuca, esbozando una sonrisa. —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Pero... ¿de verdad piensas que pueda haber un fantasma en esa mansión? ¡Hermano! ¡Eso es una tontería! ¡Y lo sabes!</span><br />
<br />
La melodía volvía a sonar, en ese tremebundo runrún que parecía no tener un final declarado. Por suerte o por desgracia, habían llegado hasta la misma entrada de Notsuba. Quizás esa incesante pesadez del rastas llegase a su final en breve. El can atisbó nada mas cruzar las puertas a los lugares mas altos, donde solían hallarse las fortalezas encantadas en los libros y películas. Pero en Notsuba eso era como buscar una aguja en un pajar...<br />
<br />
Los dojos se enlosaban a lo largo de la vista hasta casi rozar el sol, y eso que andaban a poco más de medio día; siendo así que el astro rey podía andar perfectamente en lo más alto. La gente caminaba por las calles con bastante tránsito, siendo quizás común en un día entre semana, y enarbolando la posible serenidad de aquél hermoso lugar con un bullicio más bien de urbe que de un lugar tan tradicional y dedicado a la meditación y el entrenamiento.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿Prewwwuguntamos?</span><br />
<br />
Etsu se adelantó un poco, buscando a quién podían preguntar —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Si, estaría bien... de lo contrario vamos a tardar una eternidad.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Allá donde habita un fantasma que deambula constantemente en busca de pobres victimas a las que asustar, podría decirse también que habita un alma en pena que busca en su sempiterna agonía algún alma caritativa que le escuche y ayude a emigrar al más allá. Esa siempre había sido la filosofía del abuelo, e incluso la de su padre. Pero cabía decir que la idea en su padre era mucho más efímera, pues se cubría en su constante manto de mentiras, con su carismático mantra: su sonrisa.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">No tío, los fantasmas no existen. Seguro que se lo ha inventado el viejo —</span> —Increpó de nuevo el Inuzuka, por duodécima vez consecutiva.<br />
<br />
Akane dejó caer un suspiro, cansado de escuchar a su hermano escudándose en su propia idea, en su camino para evadir una posible verdad. Con desdén lanzó sus orbes hacia el de rastas, queriendo decirle que ya bastaba, que era suficiente. Las palabras no fueron necesarias, entre ellos había un vinculo demasiado especial.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Esta bien! ¡está bien! Ya paro...</span> —Se quejó en lo que se llevaba ambas manos tras la nuca, esbozando una sonrisa. —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Pero... ¿de verdad piensas que pueda haber un fantasma en esa mansión? ¡Hermano! ¡Eso es una tontería! ¡Y lo sabes!</span><br />
<br />
La melodía volvía a sonar, en ese tremebundo runrún que parecía no tener un final declarado. Por suerte o por desgracia, habían llegado hasta la misma entrada de Notsuba. Quizás esa incesante pesadez del rastas llegase a su final en breve. El can atisbó nada mas cruzar las puertas a los lugares mas altos, donde solían hallarse las fortalezas encantadas en los libros y películas. Pero en Notsuba eso era como buscar una aguja en un pajar...<br />
<br />
Los dojos se enlosaban a lo largo de la vista hasta casi rozar el sol, y eso que andaban a poco más de medio día; siendo así que el astro rey podía andar perfectamente en lo más alto. La gente caminaba por las calles con bastante tránsito, siendo quizás común en un día entre semana, y enarbolando la posible serenidad de aquél hermoso lugar con un bullicio más bien de urbe que de un lugar tan tradicional y dedicado a la meditación y el entrenamiento.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿Prewwwuguntamos?</span><br />
<br />
Etsu se adelantó un poco, buscando a quién podían preguntar —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Si, estaría bien... de lo contrario vamos a tardar una eternidad.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Entre montañas]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-entre-montanas</link>
			<pubDate>Wed, 12 Feb 2020 20:55:58 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=992">Himura Hana</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-entre-montanas</guid>
			<description><![CDATA[Había llegado a Notsuba con tanta ilusión como una niña pequeña. Miraba el mapa con brillo en los ojos. El primer día iría a ver la Torre de Meditación, el legendario fuinjutsu que la mantenía intacta era un misterio incluso para los Uzumakis de su villa. Otro de los muchos sitios de Onindo que una kunoichi tenía que ver, y más ella que quería dedicarse a eso. El segundo día se acercaría al Volcán, pero solo lo justo, tampoco era tan idiota como para creer que la lava no le iba a hacer daño solo porque era usuaria de Yoton. Y si el tercero se veía con ganas iría a las Escaleras. <br />
<br />
Cerró el mapa con seguridad, podía hacerlo sin perderse. Si lo decía con seguridad seguro que acababa por creérselo. No se había pasado dos días metida en ese maldito tren pasando todo el País del Bosque para ahora llegar ahí y perderse. Tenía que sacar la orientación que no tenía y la lectura de mapas que necesitaba para poder llegar a los sitios en cuestión.<br />
<br />
Llegó de buena mañana a Notsuba, la ciudad con aspecto tradicional que se alzaba en medio de un exuberante valle, lleno de verde y azul. Miró a todas partes como buena turista inocente que era y cargando con su mochila se acercó a una humilde posada. Tras dejar sus cosas y salir con una mochila mucho más manejable se puso rumbo a la Torre de Meditación. <br />
<br />
Hana, que no era muy creyente de los malos augurios, ignoró las señales del universo. Saludó al gato negro que se le cruzó, le deseó un buen día a los carpinteros que trabajaban en un tejado mientras pasaba por debajo de su escalera y cuando se puso a llover, simplemente se puso la capucha de la capa de viaje. Todavía estaba en las inmediaciones de Notsuba cuando el universo se vengó por haberle ignorado.<br />
<br />
Saltaba de rama en rama como se movían todos los ninjas, no estaba acostumbrada a hacerlo con lluvia, así que le prestaba incluso más atención a donde pisaba. Sin embargo, solo necesitó un segundo de distracción, un desliz en la sujeción de la Kodachi para que Hana llevase la mano alarmada al arma y colocase el pie en mala posición. El dolor del mal paso se evaporó con la caída, que fue mucho peor. Cayó de lleno en unos matorrales, lo cual no fue tan malo, al menos le habían aliviado un poco el golpe. Maldiciendo entre dientes intentó ponerse en pie, a lo cual su tobillo le contestó que no, que ni de coña. El dolor punzante hizo que volviese a caer de culo al suelo.<br />
<br />
— <span style="color: lightsalmon;" class="mycode_color">Me cago en... </span> — la interrumpió otro dolor punzante, esta vez en la palma de la mano izquierda, que estaba usando para apoyarse en el suelo, solo que en vez del suelo eran unas malditas zarzas. <br />
<br />
Levantó la mano, exasperada. Se volvió a intentar poner de pie, usando el pie que aún tenía un tobillo útil. Genial, hasta aquí había llegado su excursión. Apretó los puños, airada. <br />
<br />
— <span style="color: lightsalmon;" class="mycode_color">Pues a tomar por... </span> — había empezado a caminar fuera del embarrado matorral, y de nuevo se vio interrumpida.<br />
<br />
Al intentar mover su pierna buena, algo la retuvo, intentó cambiar el peso a la del tobillo tocado y acabó, como no podía ser de otra manera, en el suelo, esta vez de cara. Apretó los dientes, aguantando el dolor y la ira. Miró la pierna que se le había quedado atrapada, una maldita zarza se envolvía alrededor de la parte baja de su pierna, rasgando su ropa.  No se lo podía creer. ¿Había algo más que pudiese salir mal? <br />
<br />
Respiró hondo. Solo tenía que cortar esa maldita planta y podría volver a Notsuba y tratarse el tobillo. Llevó su mano al lado izquierdo de su cintura para coger su katana, ahí no había nada. Ahora sí que estaba al borde del ataque de pánico. Echó un vistazo alrededor para encontrar su Kodachi entre más zarzas a unos cinco metros de donde estaba ella. Desesperada, se planteó quitarse aquella zarza con las manos, teniendo cuidado, pero siempre que intentaba soltar una otra se clavaba más. <br />
<br />
Su paciencia se estaba desvaneciendo a la misma velocidad que la lluvia se intensificaba. Si no conseguía salir de ahí acabaría con una maldita neumonia. Ahora solo quedaba una pregunta que responder, ¿qué podía ser peor, una kunoichi pidiendo ayuda por una maldita zarza o una kunoichi muerta de hipotermia?  Tragó saliva y aprovechó para tragarse también su orgullo.<br />
<br />
— <span style="color: lightsalmon;" class="mycode_color">¡Ayuda! ¡¿Hay alguien aquí?!</span><br />
<br />
Tenía cortes por todo el cuerpo, la capa de viaje había minimizado el daño en la medida de lo posible, excepto su pierna y la palma de la mano, donde las espinas se clavaban directamente sobre la piel. Eso sin contar con el barro que bañaba casi completamente sus ropas. Por suerte, eso no sería un problema, ya que con la intensidad de la lluvia, tarde o temprano se le limpiaría. Ya no se tenía que preocupar por parecer una vagabunda, solo por acabar muriéndose. <br />
<br />
Si nadie daba señales de vida, tendría que empezar a buscar un plan B para librarse de la planta, aunque fuese a mordiscos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Había llegado a Notsuba con tanta ilusión como una niña pequeña. Miraba el mapa con brillo en los ojos. El primer día iría a ver la Torre de Meditación, el legendario fuinjutsu que la mantenía intacta era un misterio incluso para los Uzumakis de su villa. Otro de los muchos sitios de Onindo que una kunoichi tenía que ver, y más ella que quería dedicarse a eso. El segundo día se acercaría al Volcán, pero solo lo justo, tampoco era tan idiota como para creer que la lava no le iba a hacer daño solo porque era usuaria de Yoton. Y si el tercero se veía con ganas iría a las Escaleras. <br />
<br />
Cerró el mapa con seguridad, podía hacerlo sin perderse. Si lo decía con seguridad seguro que acababa por creérselo. No se había pasado dos días metida en ese maldito tren pasando todo el País del Bosque para ahora llegar ahí y perderse. Tenía que sacar la orientación que no tenía y la lectura de mapas que necesitaba para poder llegar a los sitios en cuestión.<br />
<br />
Llegó de buena mañana a Notsuba, la ciudad con aspecto tradicional que se alzaba en medio de un exuberante valle, lleno de verde y azul. Miró a todas partes como buena turista inocente que era y cargando con su mochila se acercó a una humilde posada. Tras dejar sus cosas y salir con una mochila mucho más manejable se puso rumbo a la Torre de Meditación. <br />
<br />
Hana, que no era muy creyente de los malos augurios, ignoró las señales del universo. Saludó al gato negro que se le cruzó, le deseó un buen día a los carpinteros que trabajaban en un tejado mientras pasaba por debajo de su escalera y cuando se puso a llover, simplemente se puso la capucha de la capa de viaje. Todavía estaba en las inmediaciones de Notsuba cuando el universo se vengó por haberle ignorado.<br />
<br />
Saltaba de rama en rama como se movían todos los ninjas, no estaba acostumbrada a hacerlo con lluvia, así que le prestaba incluso más atención a donde pisaba. Sin embargo, solo necesitó un segundo de distracción, un desliz en la sujeción de la Kodachi para que Hana llevase la mano alarmada al arma y colocase el pie en mala posición. El dolor del mal paso se evaporó con la caída, que fue mucho peor. Cayó de lleno en unos matorrales, lo cual no fue tan malo, al menos le habían aliviado un poco el golpe. Maldiciendo entre dientes intentó ponerse en pie, a lo cual su tobillo le contestó que no, que ni de coña. El dolor punzante hizo que volviese a caer de culo al suelo.<br />
<br />
— <span style="color: lightsalmon;" class="mycode_color">Me cago en... </span> — la interrumpió otro dolor punzante, esta vez en la palma de la mano izquierda, que estaba usando para apoyarse en el suelo, solo que en vez del suelo eran unas malditas zarzas. <br />
<br />
Levantó la mano, exasperada. Se volvió a intentar poner de pie, usando el pie que aún tenía un tobillo útil. Genial, hasta aquí había llegado su excursión. Apretó los puños, airada. <br />
<br />
— <span style="color: lightsalmon;" class="mycode_color">Pues a tomar por... </span> — había empezado a caminar fuera del embarrado matorral, y de nuevo se vio interrumpida.<br />
<br />
Al intentar mover su pierna buena, algo la retuvo, intentó cambiar el peso a la del tobillo tocado y acabó, como no podía ser de otra manera, en el suelo, esta vez de cara. Apretó los dientes, aguantando el dolor y la ira. Miró la pierna que se le había quedado atrapada, una maldita zarza se envolvía alrededor de la parte baja de su pierna, rasgando su ropa.  No se lo podía creer. ¿Había algo más que pudiese salir mal? <br />
<br />
Respiró hondo. Solo tenía que cortar esa maldita planta y podría volver a Notsuba y tratarse el tobillo. Llevó su mano al lado izquierdo de su cintura para coger su katana, ahí no había nada. Ahora sí que estaba al borde del ataque de pánico. Echó un vistazo alrededor para encontrar su Kodachi entre más zarzas a unos cinco metros de donde estaba ella. Desesperada, se planteó quitarse aquella zarza con las manos, teniendo cuidado, pero siempre que intentaba soltar una otra se clavaba más. <br />
<br />
Su paciencia se estaba desvaneciendo a la misma velocidad que la lluvia se intensificaba. Si no conseguía salir de ahí acabaría con una maldita neumonia. Ahora solo quedaba una pregunta que responder, ¿qué podía ser peor, una kunoichi pidiendo ayuda por una maldita zarza o una kunoichi muerta de hipotermia?  Tragó saliva y aprovechó para tragarse también su orgullo.<br />
<br />
— <span style="color: lightsalmon;" class="mycode_color">¡Ayuda! ¡¿Hay alguien aquí?!</span><br />
<br />
Tenía cortes por todo el cuerpo, la capa de viaje había minimizado el daño en la medida de lo posible, excepto su pierna y la palma de la mano, donde las espinas se clavaban directamente sobre la piel. Eso sin contar con el barro que bañaba casi completamente sus ropas. Por suerte, eso no sería un problema, ya que con la intensidad de la lluvia, tarde o temprano se le limpiaría. Ya no se tenía que preocupar por parecer una vagabunda, solo por acabar muriéndose. <br />
<br />
Si nadie daba señales de vida, tendría que empezar a buscar un plan B para librarse de la planta, aunque fuese a mordiscos.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Saki, el arte viviente]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-saki-el-arte-viviente</link>
			<pubDate>Sat, 28 Dec 2019 02:43:18 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=16">Hanamura Kazuma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-saki-el-arte-viviente</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Despedida, invierno del 219</span><br />
<br />
<br />
Saki observaba con nostalgia las altas montañas que se erguían hacia el sur del País de la Tierra, imponentes y graníticas, como ella en su juventud. Ahora era una anciana, algo que recordaba cada vez que veía su rostro reflejado en la negra e hirviente superficie de la bebida matutina.<br />
<br />
—<span style="color: peachpuff;" class="mycode_color">Se encuentra bien, señora</span> —pregunto Nami, la criada que le había estado acompañando durante la última década.<br />
<br />
—<span style="color: silver;" class="mycode_color">Si… Solo tenía ganas de ver el amanecer…</span><br />
<br />
A la criada le preocupaba aquello, pese a que parecía algo intrascendente. En los últimos tiempos Saki había estado madrugando para ir a la terraza y ver el amanecer, y en aquellos momentos de contemplación parecía cargar con el peso de una nostalgia y un cansancio imponderables.<br />
<br />
—<span style="color: silver;" class="mycode_color">¿Que hay para hoy, Nami? </span>—pregunto la señora, terminado su momento de paz, previo a las tribulaciones cotidianas.<br />
<br />
—<span style="color: peachpuff;" class="mycode_color">Ya le digo señora </span>—respondió la criada, incorporándose a la energía que ahora transmitía su señora—. <span style="color: peachpuff;" class="mycode_color">Hay una reunión con el gremio de artes escénicas, correspondencia por contestar y las pruebas de su ultimo prototipo de marioneta.</span><br />
<br />
—<span style="color: silver;" class="mycode_color">Bien, ¡a trabajar!</span><br />
<br />
<div align="center">***</div>
<br />
Kazuma se había enterado de la existencia de Kamahora Saki por palabras de un amigo de su tutor, sabedor del gusto del joven por las cosas artísticas y curiosas. Aquella mujer era toda una leyenda a dos bandas: en su juventud fue una temible <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kunoichi</span> y desarrolladora de armas para marionetistas, líder de una brigada de operaciones especiales tan misteriosa como famosa; mientras que en su retiro se manifestó como una prodigio de las artes escénicas (teatro tradicional, dramaturgia y teatro con títeres) y un mecenas que apoyaba e impulsaba el arte en su país, además de ser una creadoras de marionetas que podían considerarse verdaderas obras de arte.<br />
<br />
«<span style="color: darkkhaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Es una lástima que vaya a retirarse</span></span>», pensó mientras ingresaba al País de la Tierra.<br />
<br />
Resultaba que la gran maestra estaba cansada y deseaba hacer un retiro total. Esto lo había planteado con mucha antelación, por lo que su último año lo estaba dedicando a trabajar en Notsuba. Allí estaba para todos aquellos que quisiesen conocerle o apreciar su trabajo, pues luego de retirada era casi seguro que sería imposible de contactar.<br />
<br />
—<span style="color: slategray;" class="mycode_color">Aquí vamos </span>—se dijo mientras entraba en la ciudad, ansioso por encontrar y conocer a aquella legendaria mujer.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Despedida, invierno del 219</span><br />
<br />
<br />
Saki observaba con nostalgia las altas montañas que se erguían hacia el sur del País de la Tierra, imponentes y graníticas, como ella en su juventud. Ahora era una anciana, algo que recordaba cada vez que veía su rostro reflejado en la negra e hirviente superficie de la bebida matutina.<br />
<br />
—<span style="color: peachpuff;" class="mycode_color">Se encuentra bien, señora</span> —pregunto Nami, la criada que le había estado acompañando durante la última década.<br />
<br />
—<span style="color: silver;" class="mycode_color">Si… Solo tenía ganas de ver el amanecer…</span><br />
<br />
A la criada le preocupaba aquello, pese a que parecía algo intrascendente. En los últimos tiempos Saki había estado madrugando para ir a la terraza y ver el amanecer, y en aquellos momentos de contemplación parecía cargar con el peso de una nostalgia y un cansancio imponderables.<br />
<br />
—<span style="color: silver;" class="mycode_color">¿Que hay para hoy, Nami? </span>—pregunto la señora, terminado su momento de paz, previo a las tribulaciones cotidianas.<br />
<br />
—<span style="color: peachpuff;" class="mycode_color">Ya le digo señora </span>—respondió la criada, incorporándose a la energía que ahora transmitía su señora—. <span style="color: peachpuff;" class="mycode_color">Hay una reunión con el gremio de artes escénicas, correspondencia por contestar y las pruebas de su ultimo prototipo de marioneta.</span><br />
<br />
—<span style="color: silver;" class="mycode_color">Bien, ¡a trabajar!</span><br />
<br />
<div align="center">***</div>
<br />
Kazuma se había enterado de la existencia de Kamahora Saki por palabras de un amigo de su tutor, sabedor del gusto del joven por las cosas artísticas y curiosas. Aquella mujer era toda una leyenda a dos bandas: en su juventud fue una temible <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kunoichi</span> y desarrolladora de armas para marionetistas, líder de una brigada de operaciones especiales tan misteriosa como famosa; mientras que en su retiro se manifestó como una prodigio de las artes escénicas (teatro tradicional, dramaturgia y teatro con títeres) y un mecenas que apoyaba e impulsaba el arte en su país, además de ser una creadoras de marionetas que podían considerarse verdaderas obras de arte.<br />
<br />
«<span style="color: darkkhaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Es una lástima que vaya a retirarse</span></span>», pensó mientras ingresaba al País de la Tierra.<br />
<br />
Resultaba que la gran maestra estaba cansada y deseaba hacer un retiro total. Esto lo había planteado con mucha antelación, por lo que su último año lo estaba dedicando a trabajar en Notsuba. Allí estaba para todos aquellos que quisiesen conocerle o apreciar su trabajo, pues luego de retirada era casi seguro que sería imposible de contactar.<br />
<br />
—<span style="color: slategray;" class="mycode_color">Aquí vamos </span>—se dijo mientras entraba en la ciudad, ansioso por encontrar y conocer a aquella legendaria mujer.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La kasa de hierro]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-kasa-de-hierro</link>
			<pubDate>Fri, 29 Nov 2019 17:36:41 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=946">Taka Kisame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-kasa-de-hierro</guid>
			<description><![CDATA[Acababa de llegar a Notsuba. Por primera vez en su vida, era un viaje de placer y no de trabajo o por algún encargo de su padre. Quizás aquella ciudad no era el mejor de los destinos, por lo que sabía, montones de criminales vivían en ella y había que estarse muy atento para no acabar mal. No sabía mucho sobre el sitio, por lo que simplemente intentó ser cauteloso y no llamar la atención. No es que necesitara a nadie para no aburrirse así que se dedicó a caminar por las calles. No era ningún secreto que era extranjero. Su vestimenta, sus rasgos y la chapa que le identificaba como ninja de Amegakure relucía en su cuello.<br />
<br />
Era una mañana fresca, corría algo de viento. Las nubes tapaban el sol, cerrando el día con un clima que amenazaba tormenta en cualquier momento. No había demasiada gente por la calle y podría decirse que, para ser una zona relativamente bastante habitada, las calles estaban bastante silenciosas. Algunos pasaban y le miraban con recelo, otros con odio y asco e incluso algunos de aspecto más inseguro, con miedo. No tardó en darse cuenta que su identificación como ninja no era bien vista en esta zona, pero tampoco puso impedimento en taparla, inconsciente por su parte.<br />
<br />
Una mujer abrió la puerta de su casa nada más que él pasó por delante. Parecía algo alterada. El genin del país de la tormenta se detuvo y la observó acercarse expectante por lo que tenía que decirle.<br />
<br />
-<span style="color: skyblue;" class="mycode_color">Perdona, tú eres ninja no? Se han llevado a mi hija! Por favor, ayúdame a recuperarla, te daré lo que sea con tal de que la encuentres!</span> -Dijo casi sollozando.<br />
<br />
Kisame no sabía muy bien como reaccionar, por lo que estudió a la mujer unos instantes pensando en qué decirla. No estaba de servicio, y ni siquiera la conocía pero dejarla así daría una pésima imagen de su aldea... No sabía muy bien sus intenciones, no parecía sospechosa pero era un defecto congénito el desconfiar de cualquiera que no conociera, a pesar de que las intenciones de la mujer eran claras, quería tener de vuelta a su hija.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Acababa de llegar a Notsuba. Por primera vez en su vida, era un viaje de placer y no de trabajo o por algún encargo de su padre. Quizás aquella ciudad no era el mejor de los destinos, por lo que sabía, montones de criminales vivían en ella y había que estarse muy atento para no acabar mal. No sabía mucho sobre el sitio, por lo que simplemente intentó ser cauteloso y no llamar la atención. No es que necesitara a nadie para no aburrirse así que se dedicó a caminar por las calles. No era ningún secreto que era extranjero. Su vestimenta, sus rasgos y la chapa que le identificaba como ninja de Amegakure relucía en su cuello.<br />
<br />
Era una mañana fresca, corría algo de viento. Las nubes tapaban el sol, cerrando el día con un clima que amenazaba tormenta en cualquier momento. No había demasiada gente por la calle y podría decirse que, para ser una zona relativamente bastante habitada, las calles estaban bastante silenciosas. Algunos pasaban y le miraban con recelo, otros con odio y asco e incluso algunos de aspecto más inseguro, con miedo. No tardó en darse cuenta que su identificación como ninja no era bien vista en esta zona, pero tampoco puso impedimento en taparla, inconsciente por su parte.<br />
<br />
Una mujer abrió la puerta de su casa nada más que él pasó por delante. Parecía algo alterada. El genin del país de la tormenta se detuvo y la observó acercarse expectante por lo que tenía que decirle.<br />
<br />
-<span style="color: skyblue;" class="mycode_color">Perdona, tú eres ninja no? Se han llevado a mi hija! Por favor, ayúdame a recuperarla, te daré lo que sea con tal de que la encuentres!</span> -Dijo casi sollozando.<br />
<br />
Kisame no sabía muy bien como reaccionar, por lo que estudió a la mujer unos instantes pensando en qué decirla. No estaba de servicio, y ni siquiera la conocía pero dejarla así daría una pésima imagen de su aldea... No sabía muy bien sus intenciones, no parecía sospechosa pero era un defecto congénito el desconfiar de cualquiera que no conociera, a pesar de que las intenciones de la mujer eran claras, quería tener de vuelta a su hija.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[A río revuelto, ganancia de pescadores]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-a-rio-revuelto-ganancia-de-pescadores</link>
			<pubDate>Tue, 10 Sep 2019 13:23:43 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-a-rio-revuelto-ganancia-de-pescadores</guid>
			<description><![CDATA[<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: burlywood;" class="mycode_color">Augurio</span>, <span style="color: sienna;" class="mycode_color">Otoño</span> del año 219</div></i></div>
<br />
Ya estaba atardeciendo, aunque los negros nubarrones que cubrían el cielo habrían impedido a cualquier notsubeño sin un reloj darse cuenta de ello. La lluvia batía incesantemente la capital del País de la Tierra ese día, desde por la mañana hasta por la tarde, y parecía que continuaría a lo largo de la noche.<br />
<br />
Notsuba era una ciudad relativamente clásica —por no decir atrasada—, como el resto del país. Pese a su cercanía con Arashi no Kuni, proveedor de tecnología para todo Oonindo, no parecía que allí gozasen de los avances de su vecino. Uno podría pensar que la causa era, simple y llanamente, la pobreza generalizada de aquel territorio angosto. La inestabilidad política no contribuía a mejorar las cosas, claro; a pesar de que el señorío del País de la Tierra nunca había pasado del linaje de los Kurawa a otro, los recientes acontecimientos todavía tenían el avispero agitado. Y es que se rumoreaba que Kurawa Ivvatsumi, legítima heredera del antiguo señor y desterrada por éste, planeaba tomar por la fuerza lo que le había sido negado. Kurawa Jagaimo, su hermano menor y actual Daimyō, no parecía tener ninguna intención de cedérselo por las buenas... El conflicto estaba servido. Y como cualquier desplante entre grandes señores, los ecos de sus voces resonaban por cada rincón del país, convulsionando los destinos de sus sirvientes. Cualquiera podía verlo al pasear por las calles menos céntricas de la capital notsubeña; la pobreza no les era ajena a sus habitantes. No era de extrañar pues, que en una tarde tan desapacible como aquella, los oriundos buscaran refugio al calor de una buena lumbre y una jarra de cerveza espesa que acompañaban con conversaciones cuya tónica habitual era el disputado trono. <br />
<br />
La tasca en la que nos situamos esta vez, no era ni más ni menos que la conocida como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La Mina</span>, una tabernita acogedora de la periferia de Notsuba y que gozaba de gran popularidad entre los más humildes. No en vano había por allí un popular soniquete, "-¿A dónde vas? -A trabajar a La Mina", que los parroquianos solían soltarle a sus señoras con gran retranca cuando ya se preparaban para darle al mollate a media tarde. El lugar, además, invitaba a ello; construída en piedra y madera, a la antigua usanza, la taberna podía albergar en su interior una docena de mesas dispuestas caóticamente por la estancia principal. Una buena chimenea, siempre encendida —incluso en las noches de Verano—, proveía de calidez al lugar. Tras la recia barra de madera, plagada de cicatrices que contaban la historia de la tasca, un hombre anormalmente grande y gordo tiraba cervezas muy espesas con la maestría que le daban los años de servicio. Los habituales le conocían y le respetaban, pues como todo buen tabernero, el viejo Kuma hablaba poco, servía bien, y escuchaba mejor.<br />
<br />
—<span style="color: violet;" class="mycode_color">¡Eh, Kuma-san, ponte dos jarras de cerveza negra por aquí!</span> <br />
<br />
—<span style="color: grey;" class="mycode_color">¡Kuma-san, otras tres para los muchachos!</span> <br />
<br />
El ambiente ya empezaba a calentarse casi dadas las ocho de la tarde, pues la mayoría de los que atiborraban la tasca ya llevaban unas cuantas pintas encima. Por eso mismo, nadie advirtió a la figura delgada y discreta que hizo entrada en ese momento. Vestía una capa de viaje color marrón, llevaba un kasa en la cabeza —que goteaba sin parar— y un arrugado volante de papel en la mano. El susodicho se ubicó en una mesa alejada del bullicio principal —la única libre— y se quitó el sombrero, dejándolo sobre ésta. Sus facciones eran toscas y estaban maltratadas, y la mitad de su rostro estaba cubierta por una horrible quemadura. Llevaba el pelo negro y corto, algo alborotado, y sus ojos del mismo color oteaban la estancia con curiosidad. <br />
<br />
Uchiha Akame volvió a mirar el papel que tenía en la mano, y una leve sonrisa se dibujó en su rostro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: burlywood;" class="mycode_color">Augurio</span>, <span style="color: sienna;" class="mycode_color">Otoño</span> del año 219</div></i></div>
<br />
Ya estaba atardeciendo, aunque los negros nubarrones que cubrían el cielo habrían impedido a cualquier notsubeño sin un reloj darse cuenta de ello. La lluvia batía incesantemente la capital del País de la Tierra ese día, desde por la mañana hasta por la tarde, y parecía que continuaría a lo largo de la noche.<br />
<br />
Notsuba era una ciudad relativamente clásica —por no decir atrasada—, como el resto del país. Pese a su cercanía con Arashi no Kuni, proveedor de tecnología para todo Oonindo, no parecía que allí gozasen de los avances de su vecino. Uno podría pensar que la causa era, simple y llanamente, la pobreza generalizada de aquel territorio angosto. La inestabilidad política no contribuía a mejorar las cosas, claro; a pesar de que el señorío del País de la Tierra nunca había pasado del linaje de los Kurawa a otro, los recientes acontecimientos todavía tenían el avispero agitado. Y es que se rumoreaba que Kurawa Ivvatsumi, legítima heredera del antiguo señor y desterrada por éste, planeaba tomar por la fuerza lo que le había sido negado. Kurawa Jagaimo, su hermano menor y actual Daimyō, no parecía tener ninguna intención de cedérselo por las buenas... El conflicto estaba servido. Y como cualquier desplante entre grandes señores, los ecos de sus voces resonaban por cada rincón del país, convulsionando los destinos de sus sirvientes. Cualquiera podía verlo al pasear por las calles menos céntricas de la capital notsubeña; la pobreza no les era ajena a sus habitantes. No era de extrañar pues, que en una tarde tan desapacible como aquella, los oriundos buscaran refugio al calor de una buena lumbre y una jarra de cerveza espesa que acompañaban con conversaciones cuya tónica habitual era el disputado trono. <br />
<br />
La tasca en la que nos situamos esta vez, no era ni más ni menos que la conocida como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La Mina</span>, una tabernita acogedora de la periferia de Notsuba y que gozaba de gran popularidad entre los más humildes. No en vano había por allí un popular soniquete, "-¿A dónde vas? -A trabajar a La Mina", que los parroquianos solían soltarle a sus señoras con gran retranca cuando ya se preparaban para darle al mollate a media tarde. El lugar, además, invitaba a ello; construída en piedra y madera, a la antigua usanza, la taberna podía albergar en su interior una docena de mesas dispuestas caóticamente por la estancia principal. Una buena chimenea, siempre encendida —incluso en las noches de Verano—, proveía de calidez al lugar. Tras la recia barra de madera, plagada de cicatrices que contaban la historia de la tasca, un hombre anormalmente grande y gordo tiraba cervezas muy espesas con la maestría que le daban los años de servicio. Los habituales le conocían y le respetaban, pues como todo buen tabernero, el viejo Kuma hablaba poco, servía bien, y escuchaba mejor.<br />
<br />
—<span style="color: violet;" class="mycode_color">¡Eh, Kuma-san, ponte dos jarras de cerveza negra por aquí!</span> <br />
<br />
—<span style="color: grey;" class="mycode_color">¡Kuma-san, otras tres para los muchachos!</span> <br />
<br />
El ambiente ya empezaba a calentarse casi dadas las ocho de la tarde, pues la mayoría de los que atiborraban la tasca ya llevaban unas cuantas pintas encima. Por eso mismo, nadie advirtió a la figura delgada y discreta que hizo entrada en ese momento. Vestía una capa de viaje color marrón, llevaba un kasa en la cabeza —que goteaba sin parar— y un arrugado volante de papel en la mano. El susodicho se ubicó en una mesa alejada del bullicio principal —la única libre— y se quitó el sombrero, dejándolo sobre ésta. Sus facciones eran toscas y estaban maltratadas, y la mitad de su rostro estaba cubierta por una horrible quemadura. Llevaba el pelo negro y corto, algo alborotado, y sus ojos del mismo color oteaban la estancia con curiosidad. <br />
<br />
Uchiha Akame volvió a mirar el papel que tenía en la mano, y una leve sonrisa se dibujó en su rostro.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Lo que usté tenía era sé]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-lo-que-uste-tenia-era-se</link>
			<pubDate>Fri, 30 Aug 2019 23:19:49 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=851">Sagiso Ranko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-lo-que-uste-tenia-era-se</guid>
			<description><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Banda sonora" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><iframe width="560" height="315" src="//www.youtube-nocookie.com/embed/2qVMJrMiV4U" frameborder="0" allowfullscreen="true"></iframe></div>
    </div>
</div>
<br />
Nunca antes había Ranko hecho una parada en el País de la Tierra, así que eligió un reto: conquistar la bulliciosa ciudad de Notsuba. Y por <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">conquistar</span> se refería a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">sobrevivir sin un ataque de pánico</span>. Y por <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">la bulliciosa ciudad</span> se refería a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">el área que rodea a Notsuba, pues en el último momento decidió comenzar ligero</span><br />
<br />
En los niveles antes de llegar a la ciudad en sí se cruzan varios caminos, tanto hacia Notsuba como hacia otros destinos. Algunas personas han aprovechado para sacar alguna monedita de los viajeros, y han instalado puestos de comida y alguna otra cosa. Aunque el bullicio es mucho más reducido que dentro de la ciudad, los vendedores siguen siendo tan insistentes como en la urbe del risco. Además, la vista no era tan impresionante desde abajo, pero los árboles daban un cobijo más fresco que la madera curada y el concreto de Notsuba.<br />
<br />
A pesar de que meses atrás podía pasar prácticamente desapercibida, ahora alguno que otro curioso en el camino volteaba a verla. Principalmente era su altura la que llamaba la atención de los transeúntes. Ranko se preguntó por qué. Era como si su carisma hubiese aumentado en ciento cincuenta por ciento, tal vez gracias al entrenamiento y a la convicción que había ganado de sus amigos. Aunque se sentía más cómoda cuando era ignorada casi por completo, aceptaba la atención, de cierta manera, pues era uno de los obstáculos a superar en su camino de volverse una kunoichi legendaria. La <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Princesa Conejo</span>.<br />
<br />
Los pasos de la chica eran un temerosos de arribar a la ciudad, quedos contra la tierra pero no se detenían. Sin embargo, lo que la detuvo, como en otras ocasiones, fue su estómago.<br />
<br />
Dio con una fila de locales para comer, separada de una amplia terraza de tierra con bancas de concreto por el camino de piedra. Los venteros se acercaban a los transeúntes para atraerlo a sus puestos, aunque dejaban en paz a aquellos que estaban en la terraza.<br />
<br />
Ranko se detuvo, con un dedo en el mentón, leyendo los letreros de un par de locales. La Kusajin vestía sus típicos pantalones negros de artes marciales, y portaba una blusa rosa con figuras ornamentales de flor de loto, de estilo típico, con mangas muy cortas y con unos botones de madera sobre la clavícula derecha. No llevaba obi puesto, así que su equipo ninja estaba ligeramente cubierto por su blusa, excepto su wakizashi, por su puesto. Su gran mochila con broches de la familia Sagisō la acompañaba a su espalda, como en todo viaje.<br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">Mmm… ¿Qué se me antoja?</span> —susurró. O al menos intentó susurrar, pues uno de los venteros la escuchó.<br />
<br />
—<span style="color: Chartreuse;" class="mycode_color">¡Oiga, amiga! ¡Yo sé qué se le antoja! ¡Unos buenos bollos al vapor! ¡Cualquier relleno que usted imagine, nosotros lo tenemos! ¡Pase!</span><br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">Oh… Ahm… s-suena b-</span><br />
<br />
—<span style="color: rosybrown;" class="mycode_color">Pero cielo, tú te ves más como una niña sedienta</span> —una señora bajita y un tanto rechonchita salió del local de al lado —<span style="color: rosybrown;" class="mycode_color">. ¡Se ve que has viajado mucho! ¿Por qué no vienes acá por una refrescante bebida fría? ¡Tenemos desde tés hasta jugos helados!</span><br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">Eh… Bueno, t-tal…</span><br />
<br />
—<span style="color: Chartreuse;" class="mycode_color">No, no, no, ¿Cómo crees? Necesita energía para recuperarse. ¡Con un bollo relleno estará al cien en un santiamén!</span> —El hombre habló  entonces con los dientes apretados mientras fulminaba a la mujer con la mirada.<br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">Ehm… Y-</span><br />
<br />
—<span style="color: rosybrown;" class="mycode_color">¡Oh, tonterías! ¡Con una malteada con fruta le bastará para recargar baterías!</span> —Aunque sus palabras no eran groseras, parecía que quería matar a su vecino vendedor.<br />
<br />
La batalla espiritual de ambos locatarios hizo mella en la resolución de Ranko, quien quedó paralizada entre ellos. ¿Cómo decidir entre dos personas desconocidas que intentaban convencerla de cosas opuestas? La presión (pues ella la consideraba presión) no la dejaba siquiera pensar bien.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Banda sonora" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><iframe width="560" height="315" src="//www.youtube-nocookie.com/embed/2qVMJrMiV4U" frameborder="0" allowfullscreen="true"></iframe></div>
    </div>
</div>
<br />
Nunca antes había Ranko hecho una parada en el País de la Tierra, así que eligió un reto: conquistar la bulliciosa ciudad de Notsuba. Y por <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">conquistar</span> se refería a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">sobrevivir sin un ataque de pánico</span>. Y por <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">la bulliciosa ciudad</span> se refería a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">el área que rodea a Notsuba, pues en el último momento decidió comenzar ligero</span><br />
<br />
En los niveles antes de llegar a la ciudad en sí se cruzan varios caminos, tanto hacia Notsuba como hacia otros destinos. Algunas personas han aprovechado para sacar alguna monedita de los viajeros, y han instalado puestos de comida y alguna otra cosa. Aunque el bullicio es mucho más reducido que dentro de la ciudad, los vendedores siguen siendo tan insistentes como en la urbe del risco. Además, la vista no era tan impresionante desde abajo, pero los árboles daban un cobijo más fresco que la madera curada y el concreto de Notsuba.<br />
<br />
A pesar de que meses atrás podía pasar prácticamente desapercibida, ahora alguno que otro curioso en el camino volteaba a verla. Principalmente era su altura la que llamaba la atención de los transeúntes. Ranko se preguntó por qué. Era como si su carisma hubiese aumentado en ciento cincuenta por ciento, tal vez gracias al entrenamiento y a la convicción que había ganado de sus amigos. Aunque se sentía más cómoda cuando era ignorada casi por completo, aceptaba la atención, de cierta manera, pues era uno de los obstáculos a superar en su camino de volverse una kunoichi legendaria. La <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Princesa Conejo</span>.<br />
<br />
Los pasos de la chica eran un temerosos de arribar a la ciudad, quedos contra la tierra pero no se detenían. Sin embargo, lo que la detuvo, como en otras ocasiones, fue su estómago.<br />
<br />
Dio con una fila de locales para comer, separada de una amplia terraza de tierra con bancas de concreto por el camino de piedra. Los venteros se acercaban a los transeúntes para atraerlo a sus puestos, aunque dejaban en paz a aquellos que estaban en la terraza.<br />
<br />
Ranko se detuvo, con un dedo en el mentón, leyendo los letreros de un par de locales. La Kusajin vestía sus típicos pantalones negros de artes marciales, y portaba una blusa rosa con figuras ornamentales de flor de loto, de estilo típico, con mangas muy cortas y con unos botones de madera sobre la clavícula derecha. No llevaba obi puesto, así que su equipo ninja estaba ligeramente cubierto por su blusa, excepto su wakizashi, por su puesto. Su gran mochila con broches de la familia Sagisō la acompañaba a su espalda, como en todo viaje.<br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">Mmm… ¿Qué se me antoja?</span> —susurró. O al menos intentó susurrar, pues uno de los venteros la escuchó.<br />
<br />
—<span style="color: Chartreuse;" class="mycode_color">¡Oiga, amiga! ¡Yo sé qué se le antoja! ¡Unos buenos bollos al vapor! ¡Cualquier relleno que usted imagine, nosotros lo tenemos! ¡Pase!</span><br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">Oh… Ahm… s-suena b-</span><br />
<br />
—<span style="color: rosybrown;" class="mycode_color">Pero cielo, tú te ves más como una niña sedienta</span> —una señora bajita y un tanto rechonchita salió del local de al lado —<span style="color: rosybrown;" class="mycode_color">. ¡Se ve que has viajado mucho! ¿Por qué no vienes acá por una refrescante bebida fría? ¡Tenemos desde tés hasta jugos helados!</span><br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">Eh… Bueno, t-tal…</span><br />
<br />
—<span style="color: Chartreuse;" class="mycode_color">No, no, no, ¿Cómo crees? Necesita energía para recuperarse. ¡Con un bollo relleno estará al cien en un santiamén!</span> —El hombre habló  entonces con los dientes apretados mientras fulminaba a la mujer con la mirada.<br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">Ehm… Y-</span><br />
<br />
—<span style="color: rosybrown;" class="mycode_color">¡Oh, tonterías! ¡Con una malteada con fruta le bastará para recargar baterías!</span> —Aunque sus palabras no eran groseras, parecía que quería matar a su vecino vendedor.<br />
<br />
La batalla espiritual de ambos locatarios hizo mella en la resolución de Ranko, quien quedó paralizada entre ellos. ¿Cómo decidir entre dos personas desconocidas que intentaban convencerla de cosas opuestas? La presión (pues ella la consideraba presión) no la dejaba siquiera pensar bien.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Relajémonos]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-relajemonos</link>
			<pubDate>Tue, 12 Feb 2019 15:48:28 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=2">Amedama Daruu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-relajemonos</guid>
			<description><![CDATA[—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Aaaaaaaaaaah... qué gusto!</span> —Daruu extendió los brazos hacia arriba, estirándose, y luego señaló la enorme ciudad que se extendía al centro de un precioso valle de hierba verde—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">. Madre mía, pero mira qué bonito. Esto casi parece el Valle Aodori.</span><br />
<br />
Se encontraban casi a las puertas de Notsuba, la capital del País de la Tierra. Lo suficientemente lejos como para desconectar de la primavera inexistente de Amegakure, pero lo suficientemente cerca como para no estar días y días viajando. Además...<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Es toda una suerte, que los pájaros pudieran salvarnos rodear la cordillera</span> —Se acercó a las aves y, con un sello, las convirtió en masas de agua viscosa que tardó poco tiempo en volverse líquida y transparente—. <span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Y también que consiguieras convencer a tu padre.</span><br />
<br />
Abrazó a Ayame, su pareja, en el primer viaje de relax y fuera de servicio que tenía junto a ella.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Estoy deseando dejar todas estas armas durante unos días.</span> —Aunque por supuesto, con la amenaza de los Generales, no se habían atrevido a viajar sin carga.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Aaaaaaaaaaah... qué gusto!</span> —Daruu extendió los brazos hacia arriba, estirándose, y luego señaló la enorme ciudad que se extendía al centro de un precioso valle de hierba verde—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">. Madre mía, pero mira qué bonito. Esto casi parece el Valle Aodori.</span><br />
<br />
Se encontraban casi a las puertas de Notsuba, la capital del País de la Tierra. Lo suficientemente lejos como para desconectar de la primavera inexistente de Amegakure, pero lo suficientemente cerca como para no estar días y días viajando. Además...<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Es toda una suerte, que los pájaros pudieran salvarnos rodear la cordillera</span> —Se acercó a las aves y, con un sello, las convirtió en masas de agua viscosa que tardó poco tiempo en volverse líquida y transparente—. <span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Y también que consiguieras convencer a tu padre.</span><br />
<br />
Abrazó a Ayame, su pareja, en el primer viaje de relax y fuera de servicio que tenía junto a ella.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Estoy deseando dejar todas estas armas durante unos días.</span> —Aunque por supuesto, con la amenaza de los Generales, no se habían atrevido a viajar sin carga.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[No juegues con las cosas de comer]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-no-juegues-con-las-cosas-de-comer</link>
			<pubDate>Wed, 21 Feb 2018 12:57:11 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=730">Inuzuka Etsu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-no-juegues-con-las-cosas-de-comer</guid>
			<description><![CDATA[Las flores de cerezo caían cual agua por un umbral de rocas dando lugar a una cascada, en éste caso una cascada de pétalos rosados y alguno que otro casi llegando a un tono carmín. El suelo ya quedaba recubierto hacía tiempo de los mismos, terminando en un contraste entre el azul del cielo y el rosa del suelo tremendamente artístico. Escasas nubes surcaban con júbilo el infinito azul, danzando entre dulces melodías de viento.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Woof!</span> —protestó de nuevo Akane.<br />
<br />
Etsu lo miró de nuevo, arqueando una ceja. Terminó por cruzarse de brazos, casi resignado, y dejó caer un pesado y profundo suspiro. Tomó aire, y se dispuso a contestar a su compañero por enésima vez en menos de media hora.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Te he dicho que no!</span> —contestó el muchacho, acompañando sus palabras con gestos de mano en pos de aclararlo aún mas, si es que era posible —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¿cuantas veces tengo que repetirtelo, Akane?</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Wof! ¡woof!</span><br />
<br />
A su alrededor, la gente los miraba un tanto extrañados. Eran dos chicos que casi parecían gemelos, aunque uno era de apariencia un tanto mas asalvajada, y en vez de hablar... ¿ladraba? Así era, no había fallo. No era del todo normal, pero era imposible dejar de lado la situación. El chico acercó de nuevo su tazón de helado, y terminó dándole de nuevo una estocada al pescado que aún tenía a medio comer.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Te he dicho que éste es mi helado, tu ya te has tomado tu porción.</span><br />
<br />
El otro chico, el asalvajado, gruñó cual perro rabioso, mostrando sus colmillos —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">grrrrrrrr</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Me cago en la puta, Akane! ¡déjame comer en paz, joder!</span> —inquirió con el pescado aún trabado en su tenedor.<br />
<br />
Pero su fiel compañero no estaba dispuesto a perder la guerra. Como mucho podía perder una batalla, pero no perdería la guerra de manera tan sencilla, lucharía con garras y dientes. De nuevo, arrastró como quien no quería la cosa el plato de helado hacia su lado de la mesa, una mesa que estaba siendo un tanto popular en la terraza del restaurante. En medio de Notsuba, casi de regreso de una incursión por parte de su padre, no le quedaba otra que aguantar por esos lares hasta que regresasen.<br />
<br />
Por suerte o por desgracia, tras comer tenía mucho que visitar. Esas tierras estaban repletas de dojos, seguro que podía encontrar la manera de entrenar...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Las flores de cerezo caían cual agua por un umbral de rocas dando lugar a una cascada, en éste caso una cascada de pétalos rosados y alguno que otro casi llegando a un tono carmín. El suelo ya quedaba recubierto hacía tiempo de los mismos, terminando en un contraste entre el azul del cielo y el rosa del suelo tremendamente artístico. Escasas nubes surcaban con júbilo el infinito azul, danzando entre dulces melodías de viento.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Woof!</span> —protestó de nuevo Akane.<br />
<br />
Etsu lo miró de nuevo, arqueando una ceja. Terminó por cruzarse de brazos, casi resignado, y dejó caer un pesado y profundo suspiro. Tomó aire, y se dispuso a contestar a su compañero por enésima vez en menos de media hora.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Te he dicho que no!</span> —contestó el muchacho, acompañando sus palabras con gestos de mano en pos de aclararlo aún mas, si es que era posible —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¿cuantas veces tengo que repetirtelo, Akane?</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Wof! ¡woof!</span><br />
<br />
A su alrededor, la gente los miraba un tanto extrañados. Eran dos chicos que casi parecían gemelos, aunque uno era de apariencia un tanto mas asalvajada, y en vez de hablar... ¿ladraba? Así era, no había fallo. No era del todo normal, pero era imposible dejar de lado la situación. El chico acercó de nuevo su tazón de helado, y terminó dándole de nuevo una estocada al pescado que aún tenía a medio comer.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Te he dicho que éste es mi helado, tu ya te has tomado tu porción.</span><br />
<br />
El otro chico, el asalvajado, gruñó cual perro rabioso, mostrando sus colmillos —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">grrrrrrrr</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Me cago en la puta, Akane! ¡déjame comer en paz, joder!</span> —inquirió con el pescado aún trabado en su tenedor.<br />
<br />
Pero su fiel compañero no estaba dispuesto a perder la guerra. Como mucho podía perder una batalla, pero no perdería la guerra de manera tan sencilla, lucharía con garras y dientes. De nuevo, arrastró como quien no quería la cosa el plato de helado hacia su lado de la mesa, una mesa que estaba siendo un tanto popular en la terraza del restaurante. En medio de Notsuba, casi de regreso de una incursión por parte de su padre, no le quedaba otra que aguantar por esos lares hasta que regresasen.<br />
<br />
Por suerte o por desgracia, tras comer tenía mucho que visitar. Esas tierras estaban repletas de dojos, seguro que podía encontrar la manera de entrenar...]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La flor del precipicio]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-flor-del-precipicio</link>
			<pubDate>Tue, 11 Apr 2017 05:38:11 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=617">Taeko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-flor-del-precipicio</guid>
			<description><![CDATA[Varios días antes de que Taeko llegara a Yukio, en las tierras al norte, tuvo una pequeña aventura en el País de la Tierra.<br />
<br />
En su meta de recorrer sitios lejanos tal como había hecho su madre años atrás, la peliplateada llegó a Notsuba, una bella ciudad instalada en un hermoso valle, contra el acantilado. Notsuba tenía varias plazas amplias, construidas contra la roca de la montaña. Muchas sirven como simples lugares para pasar el rato, o para entrenar combate. Otras están repletas de vendedores y comercios, y son bastante útiles para la estabilidad económica de la ciudad.<br />
<br />
Después de algunas horas de explorar y comprar algunos adornos y broches muy bonitos, se sentó al borde de una de las explanadas, cerca del barandal que protegía a las personas de caer varios metros hacia abajo, entre los árboles y rocas. Sacó un pliego de pergamino, un grueso pincel y un frasco de tinta. Mojó el pincel en el negro líquido, respiró hondo, le echó un vistazo al valle por encima del barandal de la explanada y comenzó a trazar.<br />
<br />
El shōdō era tan relajante para ella. El sentir la tinta manchar el papel con elegancia, mover las cerdas contra el pergamino de manera grácil. Lo disfrutaba aún más al estar en un lugar como ése: exótico y lejano, pero bello a la vez. Pensó por un momento que debió de haber escogido una explanada más tranquila, y no aquella donde revoloteaba la gente y el bullicio no podía ignorarse. Sin embargo, después de pensarlo unos segundos se dijo que había sido eso lo que le hizo quedarse allí: el ruido, la esencia sonora de la gente. A veces molesta, a veces tan maravillosa. Una esencia que ella nunca tendría. Podía escuchar a un niño pedirle a su mamá otra bolita de dango. Podía escuchar a varios clientes regatear precios de joyas extranjeras. Podía escuchar a un señor en una carreta discutir con un vendedor de hierbas. No hacía falta tener buen oído, solo saber enfocarse bien.<br />
<br />
Ataviada con un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hanfu</span> verde esmeralda, que le llegaba hasta las pantorrillas, y un pantalón blanco, Taeko había cubierto la placa de su bandana ninja, la cual portaba en su obi, con una tela amarilla de adorno. No quería llamar la atención por ser una kunoichi. Por el momento solo quería disfrutar de aquel ambiente.<br />
<br />
<span style="color: thistle;" class="mycode_color">”Aunque esos dos llevan un rato discutiendo… Me pregunto sobre qué hablan. ¿Necesitarán ayuda?”</span> se dijo, viendo de reojo al señor de la carreta y al comerciante de hierbas, ambos hacían ademanes y alzaban la voz a momentos, aunque la situación nunca pasó de eso, una discusión.<br />
<br />
Taeko terminó de escribir en su pergamino. Los kanji de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">higanbana</span> se mostraban ante ella. La higanbana, conocida como “flor del equinoccio”, o “flor del infierno”, no es otra que el lirio araña rojo. Una flor roja, bonita y curiosa, rodeada de misticismo. Se dice que florece en el camino cuando te alejas de alguien a quien nunca más volverás a ver en la vida.<br />
<br />
<span style="color: thistle;" class="mycode_color">”Higanbana. Higanbana. Es una palabra tan poética. Higanbana.”</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Varios días antes de que Taeko llegara a Yukio, en las tierras al norte, tuvo una pequeña aventura en el País de la Tierra.<br />
<br />
En su meta de recorrer sitios lejanos tal como había hecho su madre años atrás, la peliplateada llegó a Notsuba, una bella ciudad instalada en un hermoso valle, contra el acantilado. Notsuba tenía varias plazas amplias, construidas contra la roca de la montaña. Muchas sirven como simples lugares para pasar el rato, o para entrenar combate. Otras están repletas de vendedores y comercios, y son bastante útiles para la estabilidad económica de la ciudad.<br />
<br />
Después de algunas horas de explorar y comprar algunos adornos y broches muy bonitos, se sentó al borde de una de las explanadas, cerca del barandal que protegía a las personas de caer varios metros hacia abajo, entre los árboles y rocas. Sacó un pliego de pergamino, un grueso pincel y un frasco de tinta. Mojó el pincel en el negro líquido, respiró hondo, le echó un vistazo al valle por encima del barandal de la explanada y comenzó a trazar.<br />
<br />
El shōdō era tan relajante para ella. El sentir la tinta manchar el papel con elegancia, mover las cerdas contra el pergamino de manera grácil. Lo disfrutaba aún más al estar en un lugar como ése: exótico y lejano, pero bello a la vez. Pensó por un momento que debió de haber escogido una explanada más tranquila, y no aquella donde revoloteaba la gente y el bullicio no podía ignorarse. Sin embargo, después de pensarlo unos segundos se dijo que había sido eso lo que le hizo quedarse allí: el ruido, la esencia sonora de la gente. A veces molesta, a veces tan maravillosa. Una esencia que ella nunca tendría. Podía escuchar a un niño pedirle a su mamá otra bolita de dango. Podía escuchar a varios clientes regatear precios de joyas extranjeras. Podía escuchar a un señor en una carreta discutir con un vendedor de hierbas. No hacía falta tener buen oído, solo saber enfocarse bien.<br />
<br />
Ataviada con un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hanfu</span> verde esmeralda, que le llegaba hasta las pantorrillas, y un pantalón blanco, Taeko había cubierto la placa de su bandana ninja, la cual portaba en su obi, con una tela amarilla de adorno. No quería llamar la atención por ser una kunoichi. Por el momento solo quería disfrutar de aquel ambiente.<br />
<br />
<span style="color: thistle;" class="mycode_color">”Aunque esos dos llevan un rato discutiendo… Me pregunto sobre qué hablan. ¿Necesitarán ayuda?”</span> se dijo, viendo de reojo al señor de la carreta y al comerciante de hierbas, ambos hacían ademanes y alzaban la voz a momentos, aunque la situación nunca pasó de eso, una discusión.<br />
<br />
Taeko terminó de escribir en su pergamino. Los kanji de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">higanbana</span> se mostraban ante ella. La higanbana, conocida como “flor del equinoccio”, o “flor del infierno”, no es otra que el lirio araña rojo. Una flor roja, bonita y curiosa, rodeada de misticismo. Se dice que florece en el camino cuando te alejas de alguien a quien nunca más volverás a ver en la vida.<br />
<br />
<span style="color: thistle;" class="mycode_color">”Higanbana. Higanbana. Es una palabra tan poética. Higanbana.”</span>]]></content:encoded>
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