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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Montañas del Agua]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 04:54:50 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[La niebla se disipa]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-niebla-se-disipa</link>
			<pubDate>Fri, 23 Oct 2020 23:27:30 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=972">Ryūnosuke</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-niebla-se-disipa</guid>
			<description><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="AVISO" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Este pequeño Unific sucede justo a continuación del final de la trama de <a href="https://ninjaworld.es/tema-lo-que-se-esconde-tras-la-niebla" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Lo que se esconde tras la niebla</a>. Recomiendo su lectura para entender lo que viene a continuación.</div>
    </div>
</div>
<br />
<br />
<span style="opacity: 0.65">—<span style="color: coral;" class="mycode_color">¿Lo oyes, Ryū? Tu hora se acerca. Tic, toc. Tic, toc…</span></span><br />
<br />
Ryūnosuke se levantó de golpe de la cama. Tomó a Kioku, su mandoble, y salió de la habitación con apenas los pantalones puestos y descalzo. A prisas, recorrió los pasillos de Ryūgū-jō preguntándose qué narices estaba pasando. Money había muerto, de eso estaba seguro gracias al sello. Había visto a Otohime de refilón, y a Umigarasu. Umigarasu… <br />
<br />
Ryū se había equivocado. Él, Ryūnosuke, el Heraldo del Dragón, jamás habría votado a favor de hincar la rodilla. Por mucho que no le hiciese gracia, en aquello estaba de acuerdo con Zaide. Tendrían que haber acabado con el Daimyō y punto final. Muerto el perro, muerto la rabia. <br />
<br />
A sus oídos llegaron, en forma de ecos, voces ajenas. Reconoció la voz de la Anciana en una de ellas. La otra jamás la había escuchado. <br />
<br />
—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">Pero… El sello…</span> —escuchaba decir a la Anciana. <br />
<br />
—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">Oh, el sello hizo su efecto. De eso puedes estar segura, Anciana. Hizo efecto en la persona que colocasteis, y ella cumplió su papel hasta hoy.</span><br />
<br />
—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">Pero… Yo pensaba…</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">¿Pensabas que me conocías?</span> —Se oyó una risa estridente—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">. Para eso tendrías que conocer a todos mis yos, y eso es algo que ni siquiera yo puedo decir.</span> —Otra risa, y Ryūnosuke llegó a la abertura de la cueva justo a tiempo para verlo: la Anciana, tirada en el suelo con unas esposas supresoras de chakra cubriendo sus muñecas; Kyūtsuki, de pie y con su característica máscara de camaleón cubriéndole el rostro. A su lado había cinco personas que no conocía de nada. Ninjas o personas entrenadas en el combate, dedujo por las armas que adornaban sus manos. <br />
<br />
Su mente sumó dos más dos. <br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Traidora.</span></span><br />
<br />
—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">Gracias por aclararlo, Ryūnosuke</span> —replicó Kyūtsuki con una voz que jamás había oído salir de sus labios—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">. Tú siempre tan avispado.</span><br />
<br />
El Heraldo bufó. <br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lo suficiente como para saber que os hubiesen hecho falta multiplicar vuestros refuerzos por diez si queríais salir con vida de aquí.</span></span> —Cinco. Cinco jodidos ninjas y un médico para derrotarle a él, el Heraldo del Dragón. ¡Era un insulto!<br />
<br />
—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">¿Seguro?</span> —Pese a su jodida máscara, Ryūnosuke intuyó que había dibujado una sonrisa con sus labios. <br />
<br />
Kyūtsuki formó un sello, y de pronto, él… Él cayó de rodillas. La vista se le nubló. El cuerpo se le enmudeció, teniendo que agarrarse al mandoble como un anciano lo haría con un triste bastón. Los párpados empezaron a pesarle una barbaridad. Tenía tantas, tantas ganas de dormir… <br />
<br />
—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">Dulces sueños. Conoces el veneno, ¿verdad?</span><br />
<br />
—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">Pero si no le inyectaste nada… ¡Ni te moviste!</span> —farfulló la Anciana, incrédula. <br />
<br />
—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">Oh, sí lo hice. ¿O acaso habéis olvidado la larguísima operación y cuidados que recibió de mí tras el Kaji Saiban? Solo tuve que sellarle un poco de veneno en el interior del cuerpo. Con los conocimientos adecuados en iryō-nin y fūinjutsu no es tan complicado. Oh, también te cogí un poco de sangre prestada, Ryūnosuke. Espero no te importe. A Akame no le importó que le cogiese la suya. Tenéis… un ADN de lo más interesante.</span><br />
<br />
En aquel momento, lo supo. Supo que Kyūtsuki, la Mujer Sin Rostro, moriría bajo sus manos. Le partiría el cuello con las manos y la tiraría a un cubo de basura. Esa era la muerte que se merecía, y esa sería la muerte que iba a darle. Si tan solo... Si tan solo pudiese levantarse. <br />
<br />
—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">¡Ryū! ¡Huye!</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Te equivocas de hombre, Anciana. Yo ya no soy… ya no soy…</span></span><br />
<br />
Trató de levantarse a base de pura fuerza de voluntad. Trató de consumir el somnífero que circulaba por su sangre a base de puro fuego. Pero aquel veneno era capaz de aplacar su propia rabia, que creía hasta el momento infinita. Aquel veneno era capaz de apagar su propio fuego, que creía hasta aquel momento inextinguible. Ryū no hubiese sabido qué hacer en una situación como aquella. No, porque él nunca se había visto en una situación de vulnerabilidad. Porque para él era inconcebible que algo así le sucediese. <br />
<br />
Pero él ya no era ese. Él era Ryūnosuke, y la rabia que bullía de su ser se alimentaba de sus derrotas. Oh, había tenido unas cuantas, sí. Había saboreado la debilidad. Conocía de sus limitaciones. La Anciana tenía razón en algo. <br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¡¡AAAARRRRGGGHHHHHH!!!</span></span><br />
<br />
Blandió la espada en un último momento de clarividencia, y el fuego lo inundó todo. La cueva; el lago; la mesa redonda… Sabía que entre los seis serían capaces de mitigarlo, o incluso detenerlo, pero su objetivo no era darles, sino ganar tiempo. Realizó una tanda corta de sellos y se mordió el dedo pulgar antes de estampar la mano contra el suelo. <br />
<br />
Un dragón de komodo apareció en una gigantesca nube de humo blanca, que oyó la voz de su amo alta y clara. Luego el Heraldo cayó dormido al suelo… <br />
<br />
… y el dragón se lo engulló antes de perforar el suelo y desaparecer en el subsuelo. <br />
<br />
Aquel día, tres Ryūtos habían abandonado a su suerte a otros tres. Aquel día, el Dragón Rojo de Ocho Cabezas había quedado reducida a cuatro. Aquel día, el principio del fin había llegado para ellos. <br />
<br />
Paradójicamente, meses más tarde el grupo criminal llevó a cabo uno de los mayores atentados de la historia ninja. A pesar de estar en su momento más vulnerable. O, quizá, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">por ser</span> su momento más vulnerable. Solo el tiempo diría si con eso habían terminado de sellar su  propia tumba o encontrarían nuevos y mejores aliados gracias a su osadía.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="AVISO" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Este pequeño Unific sucede justo a continuación del final de la trama de <a href="https://ninjaworld.es/tema-lo-que-se-esconde-tras-la-niebla" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Lo que se esconde tras la niebla</a>. Recomiendo su lectura para entender lo que viene a continuación.</div>
    </div>
</div>
<br />
<br />
<span style="opacity: 0.65">—<span style="color: coral;" class="mycode_color">¿Lo oyes, Ryū? Tu hora se acerca. Tic, toc. Tic, toc…</span></span><br />
<br />
Ryūnosuke se levantó de golpe de la cama. Tomó a Kioku, su mandoble, y salió de la habitación con apenas los pantalones puestos y descalzo. A prisas, recorrió los pasillos de Ryūgū-jō preguntándose qué narices estaba pasando. Money había muerto, de eso estaba seguro gracias al sello. Había visto a Otohime de refilón, y a Umigarasu. Umigarasu… <br />
<br />
Ryū se había equivocado. Él, Ryūnosuke, el Heraldo del Dragón, jamás habría votado a favor de hincar la rodilla. Por mucho que no le hiciese gracia, en aquello estaba de acuerdo con Zaide. Tendrían que haber acabado con el Daimyō y punto final. Muerto el perro, muerto la rabia. <br />
<br />
A sus oídos llegaron, en forma de ecos, voces ajenas. Reconoció la voz de la Anciana en una de ellas. La otra jamás la había escuchado. <br />
<br />
—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">Pero… El sello…</span> —escuchaba decir a la Anciana. <br />
<br />
—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">Oh, el sello hizo su efecto. De eso puedes estar segura, Anciana. Hizo efecto en la persona que colocasteis, y ella cumplió su papel hasta hoy.</span><br />
<br />
—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">Pero… Yo pensaba…</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">¿Pensabas que me conocías?</span> —Se oyó una risa estridente—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">. Para eso tendrías que conocer a todos mis yos, y eso es algo que ni siquiera yo puedo decir.</span> —Otra risa, y Ryūnosuke llegó a la abertura de la cueva justo a tiempo para verlo: la Anciana, tirada en el suelo con unas esposas supresoras de chakra cubriendo sus muñecas; Kyūtsuki, de pie y con su característica máscara de camaleón cubriéndole el rostro. A su lado había cinco personas que no conocía de nada. Ninjas o personas entrenadas en el combate, dedujo por las armas que adornaban sus manos. <br />
<br />
Su mente sumó dos más dos. <br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Traidora.</span></span><br />
<br />
—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">Gracias por aclararlo, Ryūnosuke</span> —replicó Kyūtsuki con una voz que jamás había oído salir de sus labios—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">. Tú siempre tan avispado.</span><br />
<br />
El Heraldo bufó. <br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lo suficiente como para saber que os hubiesen hecho falta multiplicar vuestros refuerzos por diez si queríais salir con vida de aquí.</span></span> —Cinco. Cinco jodidos ninjas y un médico para derrotarle a él, el Heraldo del Dragón. ¡Era un insulto!<br />
<br />
—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">¿Seguro?</span> —Pese a su jodida máscara, Ryūnosuke intuyó que había dibujado una sonrisa con sus labios. <br />
<br />
Kyūtsuki formó un sello, y de pronto, él… Él cayó de rodillas. La vista se le nubló. El cuerpo se le enmudeció, teniendo que agarrarse al mandoble como un anciano lo haría con un triste bastón. Los párpados empezaron a pesarle una barbaridad. Tenía tantas, tantas ganas de dormir… <br />
<br />
—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">Dulces sueños. Conoces el veneno, ¿verdad?</span><br />
<br />
—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">Pero si no le inyectaste nada… ¡Ni te moviste!</span> —farfulló la Anciana, incrédula. <br />
<br />
—<span style="color: mediumslateblue;" class="mycode_color">Oh, sí lo hice. ¿O acaso habéis olvidado la larguísima operación y cuidados que recibió de mí tras el Kaji Saiban? Solo tuve que sellarle un poco de veneno en el interior del cuerpo. Con los conocimientos adecuados en iryō-nin y fūinjutsu no es tan complicado. Oh, también te cogí un poco de sangre prestada, Ryūnosuke. Espero no te importe. A Akame no le importó que le cogiese la suya. Tenéis… un ADN de lo más interesante.</span><br />
<br />
En aquel momento, lo supo. Supo que Kyūtsuki, la Mujer Sin Rostro, moriría bajo sus manos. Le partiría el cuello con las manos y la tiraría a un cubo de basura. Esa era la muerte que se merecía, y esa sería la muerte que iba a darle. Si tan solo... Si tan solo pudiese levantarse. <br />
<br />
—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">¡Ryū! ¡Huye!</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Te equivocas de hombre, Anciana. Yo ya no soy… ya no soy…</span></span><br />
<br />
Trató de levantarse a base de pura fuerza de voluntad. Trató de consumir el somnífero que circulaba por su sangre a base de puro fuego. Pero aquel veneno era capaz de aplacar su propia rabia, que creía hasta el momento infinita. Aquel veneno era capaz de apagar su propio fuego, que creía hasta aquel momento inextinguible. Ryū no hubiese sabido qué hacer en una situación como aquella. No, porque él nunca se había visto en una situación de vulnerabilidad. Porque para él era inconcebible que algo así le sucediese. <br />
<br />
Pero él ya no era ese. Él era Ryūnosuke, y la rabia que bullía de su ser se alimentaba de sus derrotas. Oh, había tenido unas cuantas, sí. Había saboreado la debilidad. Conocía de sus limitaciones. La Anciana tenía razón en algo. <br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¡¡AAAARRRRGGGHHHHHH!!!</span></span><br />
<br />
Blandió la espada en un último momento de clarividencia, y el fuego lo inundó todo. La cueva; el lago; la mesa redonda… Sabía que entre los seis serían capaces de mitigarlo, o incluso detenerlo, pero su objetivo no era darles, sino ganar tiempo. Realizó una tanda corta de sellos y se mordió el dedo pulgar antes de estampar la mano contra el suelo. <br />
<br />
Un dragón de komodo apareció en una gigantesca nube de humo blanca, que oyó la voz de su amo alta y clara. Luego el Heraldo cayó dormido al suelo… <br />
<br />
… y el dragón se lo engulló antes de perforar el suelo y desaparecer en el subsuelo. <br />
<br />
Aquel día, tres Ryūtos habían abandonado a su suerte a otros tres. Aquel día, el Dragón Rojo de Ocho Cabezas había quedado reducida a cuatro. Aquel día, el principio del fin había llegado para ellos. <br />
<br />
Paradójicamente, meses más tarde el grupo criminal llevó a cabo uno de los mayores atentados de la historia ninja. A pesar de estar en su momento más vulnerable. O, quizá, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">por ser</span> su momento más vulnerable. Solo el tiempo diría si con eso habían terminado de sellar su  propia tumba o encontrarían nuevos y mejores aliados gracias a su osadía.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Una vida y dos realidades]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-una-vida-y-dos-realidades</link>
			<pubDate>Sat, 18 Apr 2020 21:29:12 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=6">Umikiba Kaido</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-una-vida-y-dos-realidades</guid>
			<description><![CDATA[El antiguo cuarto de Shaneji era probablemente una de las habitaciones mejores acondicionadas de todos los Ryūto. Poco había tenido que hacer Kaido para hacer de aquél agujero un sitio más ameno, pero aún así  Akame no dejaba de tener algo de razón cuando solía quejarse de lo estúpidamente prehistórico  que le suponía tener que vivir en una puta caverna. La buena noticia es que, quizás, la situación les estaba a punto de cambiar muy pronto. Y si queréis enteraros, lo mejor será buscar allí en lo que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">se esconde tras la niebla</span>.<br />
<br />
Hacía calor. El cuerpo inerte del Dragón más joven yacía postrado en la cama, envuelto como una momia en un par de sábanas. Tenía el brazo cogido por una vía que le hidrataba. Parecía dormido, y lo cierto es que llevaba un par de semanas fuera de sí. En coma. Los pronósticos eran diversos. Lo cierto es que Dragón Rojo carecía de un médico de vocación, más allá de la experiencia con la que Kyūtsuki y Otohime habían salvado a Ryū después de los acontecimientos del Kaji Saiban.  Lo que ellas decían, y con razón, es que ahora todo dependía del mismísimo Kaido. De él, y de su voluntad. De querer vivir. De querer despertar.<br />
<br />
Los días pasaban.  Hasta que una tarde de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Verano</span>...<br />
<br />
Él abrió los ojos. La visión le parecía más un vidrio empañado, pero de a poco fue recobrando visibilidad. No sabía bien en dónde estaba, ni qué día era. Realmente no recordaba nada. ¿Qué había pasado?...<br />
<br />
Pequeños vestigios en forma de recuerdos volvieron de pronto a su cabeza y el cuello le dolió de pronto. ¿Un golpe? sí, uno muy fuerte. Recordó el fuego y las brasas. Rememoró la figura bíblica del despertar de un dragón...<br />
<br />
Ryū...<br />
<br />
No.<br />
<br />
Ryūnosuke.<br />
<br />
Escuchó la puerta abrirse. ¿Quién era? ¿su mentor?<br />
<br />
No. Era alguien más.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El antiguo cuarto de Shaneji era probablemente una de las habitaciones mejores acondicionadas de todos los Ryūto. Poco había tenido que hacer Kaido para hacer de aquél agujero un sitio más ameno, pero aún así  Akame no dejaba de tener algo de razón cuando solía quejarse de lo estúpidamente prehistórico  que le suponía tener que vivir en una puta caverna. La buena noticia es que, quizás, la situación les estaba a punto de cambiar muy pronto. Y si queréis enteraros, lo mejor será buscar allí en lo que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">se esconde tras la niebla</span>.<br />
<br />
Hacía calor. El cuerpo inerte del Dragón más joven yacía postrado en la cama, envuelto como una momia en un par de sábanas. Tenía el brazo cogido por una vía que le hidrataba. Parecía dormido, y lo cierto es que llevaba un par de semanas fuera de sí. En coma. Los pronósticos eran diversos. Lo cierto es que Dragón Rojo carecía de un médico de vocación, más allá de la experiencia con la que Kyūtsuki y Otohime habían salvado a Ryū después de los acontecimientos del Kaji Saiban.  Lo que ellas decían, y con razón, es que ahora todo dependía del mismísimo Kaido. De él, y de su voluntad. De querer vivir. De querer despertar.<br />
<br />
Los días pasaban.  Hasta que una tarde de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Verano</span>...<br />
<br />
Él abrió los ojos. La visión le parecía más un vidrio empañado, pero de a poco fue recobrando visibilidad. No sabía bien en dónde estaba, ni qué día era. Realmente no recordaba nada. ¿Qué había pasado?...<br />
<br />
Pequeños vestigios en forma de recuerdos volvieron de pronto a su cabeza y el cuello le dolió de pronto. ¿Un golpe? sí, uno muy fuerte. Recordó el fuego y las brasas. Rememoró la figura bíblica del despertar de un dragón...<br />
<br />
Ryū...<br />
<br />
No.<br />
<br />
Ryūnosuke.<br />
<br />
Escuchó la puerta abrirse. ¿Quién era? ¿su mentor?<br />
<br />
No. Era alguien más.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El hombre que invita]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-hombre-que-invita</link>
			<pubDate>Tue, 19 Nov 2019 20:51:16 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=34">Uchiha Datsue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-hombre-que-invita</guid>
			<description><![CDATA[<span style="opacity: 0.65"><div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«Zzzzzzup.»</span></div>
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">¡¡MONEY!!</span> <br />
<br />
Un grito desesperado de auxilio hendió el aire cargado de humo y rompió el ambiente taciturno del despacho del contable de Sekiryuu. Akame se incorporó mientras dejaba el cuerpo de Zaide sobre el suelo, con cuidado de que no se golpeara la cabeza, y empezaba a vocear el nombre del propietario. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">¡Money! ¡Un médico, joder, necesito un médico!</span></span><br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¡¡Usted lo que necesita es llamal a la puelta como todo el mundo!!</span> —estalló Money, que casi se había caído de la silla por la inesperada, y jodidamente inexplicable, aparición. Se subió los pantalones y le costó trabajo subirse la cremallera y abrocharse el botón—<span style="color: green;" class="mycode_color">. ¡¿No ve que estaba aquí ocupándome de unos negocios?! ¡Qué falta de considelación!</span><br />
<br />
Un joven zagal que debía rondar la treintena, moreno y con rastas, observó atónito la escena, todavía de rodillas y junto a Money. Se limpió la boca con el dorso de una mano y dio un respingo cuando vio el cuerpo apalizado de un hombre en el suelo. <br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Y, pues, a qué viene… ¡¿Pero qué me ha tlaído usted, pedazo de bandido?!</span> —Sus ojos verdes contemplaron con asco el amasijo de carne y sangre que era el cuerpo del inconsciente—<span style="color: green;" class="mycode_color">. Un momento. ¿Es ese…?</span> —Costaba reconocerlo. Pero aquella barba… Aquellos tatuajes…—<span style="color: green;" class="mycode_color">. ¿¡Es ese Zaide!?</span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Nota" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Continuación de <a href="https://ninjaworld.es/tema-kaji-saiban?pid=63222#pid63222" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Kaji Saiban</a>, tomo esta trama con Hueco Normal</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="opacity: 0.65"><div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«Zzzzzzup.»</span></div>
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">¡¡MONEY!!</span> <br />
<br />
Un grito desesperado de auxilio hendió el aire cargado de humo y rompió el ambiente taciturno del despacho del contable de Sekiryuu. Akame se incorporó mientras dejaba el cuerpo de Zaide sobre el suelo, con cuidado de que no se golpeara la cabeza, y empezaba a vocear el nombre del propietario. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">¡Money! ¡Un médico, joder, necesito un médico!</span></span><br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¡¡Usted lo que necesita es llamal a la puelta como todo el mundo!!</span> —estalló Money, que casi se había caído de la silla por la inesperada, y jodidamente inexplicable, aparición. Se subió los pantalones y le costó trabajo subirse la cremallera y abrocharse el botón—<span style="color: green;" class="mycode_color">. ¡¿No ve que estaba aquí ocupándome de unos negocios?! ¡Qué falta de considelación!</span><br />
<br />
Un joven zagal que debía rondar la treintena, moreno y con rastas, observó atónito la escena, todavía de rodillas y junto a Money. Se limpió la boca con el dorso de una mano y dio un respingo cuando vio el cuerpo apalizado de un hombre en el suelo. <br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Y, pues, a qué viene… ¡¿Pero qué me ha tlaído usted, pedazo de bandido?!</span> —Sus ojos verdes contemplaron con asco el amasijo de carne y sangre que era el cuerpo del inconsciente—<span style="color: green;" class="mycode_color">. Un momento. ¿Es ese…?</span> —Costaba reconocerlo. Pero aquella barba… Aquellos tatuajes…—<span style="color: green;" class="mycode_color">. ¿¡Es ese Zaide!?</span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Nota" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Continuación de <a href="https://ninjaworld.es/tema-kaji-saiban?pid=63222#pid63222" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Kaji Saiban</a>, tomo esta trama con Hueco Normal</div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La Gran Reunión]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-gran-reunion</link>
			<pubDate>Wed, 02 Oct 2019 14:09:44 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=34">Uchiha Datsue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-gran-reunion</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><img src="https://i.imgur.com/CA7BJD8.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: CA7BJD8.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
<br />
<br />
Si Dragón Rojo tuviese un libro de su propia historia, donde se pormenorizase, cronológicamente, todos los sucesos importantes, aquel día aparecería escrito en tinta de oro. Y es que, para ellos, aquel día era lo que a Uzushiogakure no Sato el momento en que Shiona murió. O lo quea Kusagakure no Sato el día en que Kenzou decidió dar un golpe de estado. O en el que en Amegakure alguien creyó que era buena idea asesinar con un gas venenoso a Yuukaito, sin saber que Yui vendría detrás. <br />
<br />
Por eso, probablemente, aquella reunión que los Cabezas de Dragón tenían semanalmente, fuese recordado por un nombre algo más especial. Algo que evocase la importancia del momento, aunque sin pasarse de fantasioso e imaginativo. Después de todo, en Dragón Rojo no se le daba demasiado importancia a la creatividad. Seguramente, algo como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La Gran Reunión</span> bastase. <br />
<br />
Pero, ¿por qué era tan importante aquel día? Oh, amigos, no nos adelantemos a los acontecimientos. Por ahora, basta decir que, lo que se decidiese aquella mañana, no solo cambiaría el rumbo de Sekiryū, sino probablemente del País del Agua y, quizá, hasta de Oonindo entero. <br />
<br />
¿Exagero? Pregúntense una cosa: si de verdad no fuese para tanto, ¿por qué el capítulo de esta historia se conoce como, efectivamente, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La Gran Reunión</span>? <br />
<br />
Aquel día, en un principio, nada tenía de especial. Más allá de la incorporación de dos nuevos Ryūtōs, claro: Uchiha Akame y Uchiha Zaide. Se encontraban todos en la guarida, en su cueva llena de estalactitas y estalagmitas. Junto a un lago, sentados alrededor de una gran mesa redonda de madera rojiza, con un dragón de siete cabezas y ocho colas tallado en su superficie. Cada cabeza situada frente a una silla. Frente a un Cabeza de Dragón. La que debería estar frente a Ryū — y la que tendría que ser la octava cabeza— se encontraba decapitada. <br />
<br />
—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">Kaido</span> —dijo Ryū, cuando vio que el Umikiba se sentaba en su sitio de siempre—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">. Deberías sentarte aquí. Tú sitio lo ganaste al matar a Muñeca, y no a Katame</span> —dijo, indicando el asiento que tenía a su izquierda, en el que siempre había estado Muñeca. <br />
<br />
Quizá detrás de sus palabras había un profundo respeto a la tradición, o quizá simplemente era porque no quería tener a Zaide tan cerca —pues era el único sitio que le quedaba libre—. El Uchiha esperó, aguardando a que todos se hubiesen sentado, para coger la silla libre. <br />
<br />
Ryū, Kaido, Otohime, Zaide, Akame y Money. Esos eran todos los que estaban presentes físicamente en aquella reunión. Pronto se les unió dos más, dos figuras difuminadas en un espectro que reflejaba los colores del arco iris. Kyūtsuki y la Anciana, haciendo uso de la Técnica de la Linterna Mágica Corporal. <br />
<br />
El asombro y la estupefacción se adueñaron de sus ojos al ver a Zaide. Al grupo les llevó unos minutos explicarles lo que había sucedido. <br />
<br />
—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">Espero que os sepáis comportar</span> —dijo la Anciana, mirando a Ryū y luego a Zaide—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">. Lo último que necesitamos ahora son guerras internas</span> —dejó unos segundos para que el mensaje calase hondo—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">. Bien, parece que hoy tenemos muchas cosas de las que hablar.</span><br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Y, pues sí. Las helmanas trillizas han cluzado la raya, mami. Es hora de que les demos un buen escalmento.</span><br />
<br />
—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">Eso para más tarde</span> —zanjó Ryū, centrando los ojos en Kyūtsuki—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">. ¿Cómo avanza el plan?</span><br />
<br />
—<span style="color: red;" class="mycode_color">Imperfecto</span> —respondió Kyūtsuki—<span style="color: red;" class="mycode_color">. Probablemente nunca esté mejor de lo que ya está. No puedo acercarme más sin ser descubierta.</span><br />
<br />
Zaide miró a Kyūtsuki, luego a Akame, y luego otra vez a Kyūtsuki. <br />
<br />
—<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">A ver, para que los novatos se enteren. De qué cojones estamos hablando, ¿huh?</span><br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Mesa Redonda" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Distribución:</span><br />
<img src="https://i.imgur.com/hS8ifp2.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: hS8ifp2.png]" class="mycode_img" /></div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><img src="https://i.imgur.com/CA7BJD8.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: CA7BJD8.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
<br />
<br />
Si Dragón Rojo tuviese un libro de su propia historia, donde se pormenorizase, cronológicamente, todos los sucesos importantes, aquel día aparecería escrito en tinta de oro. Y es que, para ellos, aquel día era lo que a Uzushiogakure no Sato el momento en que Shiona murió. O lo quea Kusagakure no Sato el día en que Kenzou decidió dar un golpe de estado. O en el que en Amegakure alguien creyó que era buena idea asesinar con un gas venenoso a Yuukaito, sin saber que Yui vendría detrás. <br />
<br />
Por eso, probablemente, aquella reunión que los Cabezas de Dragón tenían semanalmente, fuese recordado por un nombre algo más especial. Algo que evocase la importancia del momento, aunque sin pasarse de fantasioso e imaginativo. Después de todo, en Dragón Rojo no se le daba demasiado importancia a la creatividad. Seguramente, algo como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La Gran Reunión</span> bastase. <br />
<br />
Pero, ¿por qué era tan importante aquel día? Oh, amigos, no nos adelantemos a los acontecimientos. Por ahora, basta decir que, lo que se decidiese aquella mañana, no solo cambiaría el rumbo de Sekiryū, sino probablemente del País del Agua y, quizá, hasta de Oonindo entero. <br />
<br />
¿Exagero? Pregúntense una cosa: si de verdad no fuese para tanto, ¿por qué el capítulo de esta historia se conoce como, efectivamente, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La Gran Reunión</span>? <br />
<br />
Aquel día, en un principio, nada tenía de especial. Más allá de la incorporación de dos nuevos Ryūtōs, claro: Uchiha Akame y Uchiha Zaide. Se encontraban todos en la guarida, en su cueva llena de estalactitas y estalagmitas. Junto a un lago, sentados alrededor de una gran mesa redonda de madera rojiza, con un dragón de siete cabezas y ocho colas tallado en su superficie. Cada cabeza situada frente a una silla. Frente a un Cabeza de Dragón. La que debería estar frente a Ryū — y la que tendría que ser la octava cabeza— se encontraba decapitada. <br />
<br />
—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">Kaido</span> —dijo Ryū, cuando vio que el Umikiba se sentaba en su sitio de siempre—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">. Deberías sentarte aquí. Tú sitio lo ganaste al matar a Muñeca, y no a Katame</span> —dijo, indicando el asiento que tenía a su izquierda, en el que siempre había estado Muñeca. <br />
<br />
Quizá detrás de sus palabras había un profundo respeto a la tradición, o quizá simplemente era porque no quería tener a Zaide tan cerca —pues era el único sitio que le quedaba libre—. El Uchiha esperó, aguardando a que todos se hubiesen sentado, para coger la silla libre. <br />
<br />
Ryū, Kaido, Otohime, Zaide, Akame y Money. Esos eran todos los que estaban presentes físicamente en aquella reunión. Pronto se les unió dos más, dos figuras difuminadas en un espectro que reflejaba los colores del arco iris. Kyūtsuki y la Anciana, haciendo uso de la Técnica de la Linterna Mágica Corporal. <br />
<br />
El asombro y la estupefacción se adueñaron de sus ojos al ver a Zaide. Al grupo les llevó unos minutos explicarles lo que había sucedido. <br />
<br />
—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">Espero que os sepáis comportar</span> —dijo la Anciana, mirando a Ryū y luego a Zaide—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">. Lo último que necesitamos ahora son guerras internas</span> —dejó unos segundos para que el mensaje calase hondo—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">. Bien, parece que hoy tenemos muchas cosas de las que hablar.</span><br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Y, pues sí. Las helmanas trillizas han cluzado la raya, mami. Es hora de que les demos un buen escalmento.</span><br />
<br />
—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">Eso para más tarde</span> —zanjó Ryū, centrando los ojos en Kyūtsuki—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">. ¿Cómo avanza el plan?</span><br />
<br />
—<span style="color: red;" class="mycode_color">Imperfecto</span> —respondió Kyūtsuki—<span style="color: red;" class="mycode_color">. Probablemente nunca esté mejor de lo que ya está. No puedo acercarme más sin ser descubierta.</span><br />
<br />
Zaide miró a Kyūtsuki, luego a Akame, y luego otra vez a Kyūtsuki. <br />
<br />
—<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">A ver, para que los novatos se enteren. De qué cojones estamos hablando, ¿huh?</span><br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Mesa Redonda" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Distribución:</span><br />
<img src="https://i.imgur.com/hS8ifp2.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: hS8ifp2.png]" class="mycode_img" /></div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Ryūgū-jō]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-ryugu-jo</link>
			<pubDate>Sun, 26 May 2019 23:49:13 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=34">Uchiha Datsue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-ryugu-jo</guid>
			<description><![CDATA[El barco Baratie, grande y colosal, atracó en el puerto Hibakari empequeñeciendo al resto de navíos de la zona. Tampoco es que fuese algo difícil, pues estos por lo general eran barcos pesqueros, pequeños y manejables. La noticia de que Shenfu Kano había vuelto corrió tan rápido como la pólvora. El famoso cocinero cuyo restaurante se situaba en su mismísimo barco, y que, según se contaba, había dado comida hasta a familias nobles, de gran reputación. <br />
<br />
La suerte de que alguien así se dignase a atracar en un pueblo como aquel era inaudita. Algunos escépticos, claro, o envidiosos, creían que se trataba de algo más que suerte. De cierto tema tabú que los buenos pueblerinos, aquellos que no querían ganarse problemas, evitaban mencionar. Cierto tema tabú de color <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">rojo</span>. <br />
<br />
En el muelle, con los brazos en jarra y una sonrisa de oreja a oreja, un hombre les aguardaba. Vestía con una túnica colorida, con capucha, puesta, y tenía los ojos tan verdes como un billete de quinientos ryo. También la piel oscura, y una fina barba de candado. <br />
<br />
Kushoro le dio un leve codazo a Suzaku. <br />
<br />
—<span style="color: gold;" class="mycode_color">Money-sama</span> —le informó por lo bajo. <br />
<br />
Al lado suya, una mujer anciana, de cabellos blancos recogidos en una pequeña coleta y ojos castaños le observaban, apoyándose en un bastón.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El barco Baratie, grande y colosal, atracó en el puerto Hibakari empequeñeciendo al resto de navíos de la zona. Tampoco es que fuese algo difícil, pues estos por lo general eran barcos pesqueros, pequeños y manejables. La noticia de que Shenfu Kano había vuelto corrió tan rápido como la pólvora. El famoso cocinero cuyo restaurante se situaba en su mismísimo barco, y que, según se contaba, había dado comida hasta a familias nobles, de gran reputación. <br />
<br />
La suerte de que alguien así se dignase a atracar en un pueblo como aquel era inaudita. Algunos escépticos, claro, o envidiosos, creían que se trataba de algo más que suerte. De cierto tema tabú que los buenos pueblerinos, aquellos que no querían ganarse problemas, evitaban mencionar. Cierto tema tabú de color <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">rojo</span>. <br />
<br />
En el muelle, con los brazos en jarra y una sonrisa de oreja a oreja, un hombre les aguardaba. Vestía con una túnica colorida, con capucha, puesta, y tenía los ojos tan verdes como un billete de quinientos ryo. También la piel oscura, y una fina barba de candado. <br />
<br />
Kushoro le dio un leve codazo a Suzaku. <br />
<br />
—<span style="color: gold;" class="mycode_color">Money-sama</span> —le informó por lo bajo. <br />
<br />
Al lado suya, una mujer anciana, de cabellos blancos recogidos en una pequeña coleta y ojos castaños le observaban, apoyándose en un bastón.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La Reina del Océano]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-reina-del-oceano</link>
			<pubDate>Sun, 19 May 2019 19:40:33 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=34">Uchiha Datsue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-reina-del-oceano</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: 8px;">Venimos de <a href="https://ninjaworld.es/tema-brindad-marineros-yoho?pid=58214#pid58214" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">aquí</a></span></div>
<br />
<br />
Era de noche, y las profundidades del océano eran frías y oscuras. No obstante, a diferencia de Oonindo, que solía caer en una larga quietud en la mayor parte de su territorio, allí abajo seguían pasando cosas. El mar era así: siempre en continuo movimiento. <br />
<br />
Así como las criaturas que la habitaban. <br />
<br />
Un tiburón y un medio tiburón atravesaban las aguas como dos balas. <br />
<br />
—<span style="color: gray;" class="mycode_color">¿Sabes a dónde te llevo, Kaido?</span> —preguntó el tiburón, llamado Daseru. Aunque los humanos solían darle el nombre de tiburón tigre de arena, o incluso tiburón damisela. ¿Por qué? No tenía ni idea. En su opinión, no se parecía en nada a un tigre, y menos a una jodida damisela.  <br />
<br />
Humanos. No eran conocidos por tener buena vista, después de todo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: 8px;">Venimos de <a href="https://ninjaworld.es/tema-brindad-marineros-yoho?pid=58214#pid58214" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">aquí</a></span></div>
<br />
<br />
Era de noche, y las profundidades del océano eran frías y oscuras. No obstante, a diferencia de Oonindo, que solía caer en una larga quietud en la mayor parte de su territorio, allí abajo seguían pasando cosas. El mar era así: siempre en continuo movimiento. <br />
<br />
Así como las criaturas que la habitaban. <br />
<br />
Un tiburón y un medio tiburón atravesaban las aguas como dos balas. <br />
<br />
—<span style="color: gray;" class="mycode_color">¿Sabes a dónde te llevo, Kaido?</span> —preguntó el tiburón, llamado Daseru. Aunque los humanos solían darle el nombre de tiburón tigre de arena, o incluso tiburón damisela. ¿Por qué? No tenía ni idea. En su opinión, no se parecía en nada a un tigre, y menos a una jodida damisela.  <br />
<br />
Humanos. No eran conocidos por tener buena vista, después de todo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Yamata-no-Orochi]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-yamata-no-orochi</link>
			<pubDate>Sat, 05 Jan 2019 21:56:51 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=34">Uchiha Datsue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-yamata-no-orochi</guid>
			<description><![CDATA[¿Qué había sucedido desde los acontecimientos que habían desembocado en <a href="https://ninjaworld.es/tema-b-la-tumba-de-umikiba-kaido" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">la tumba de Umikiba Kaido</a>? En realidad, poca cosa. <br />
<br />
Kaido había regresado a la guarida secreta, con el cadáver y junto a Kyūtsuki, la mujer que rebanaba trozos de piel de sus víctimas —y de Kadio—. Shaneji, el Hozuki sanguinario con el que había iniciado el viaje, no le había gustado nada el detalle. Se enfadó mucho con ellos dos. Para él, a sus paisanos había que protegerles, no matarles. Si iban a tirar el cuerpo en el País del Bosque, ¿por qué no matar a uno de esos extranjeros cuando estuviesen allí? <br />
<br />
Se veía a la legua que Kaido le había decepcionado en aquello. <br />
<br />
El cadáver ahora estaba sellado en un pergamino para facilitar su transporte, gracias a Otohime, la experta en fuuinjutsu del grupo y creadora de la Marca del Dragón. Era una mujer de unos cuarenta años, de esas que no se metían con nadie… Pero ojo con buscarle las cosquillas, porque entonces sí la encontrabas. <br />
<br />
Masumi —al que todo el mundo llamaba Muñeca—, estaba mucho más seria de lo normal. Tenía los ojos enrojecidos, como si se hubiese pasado horas llorando, y todo apuntaba a que había sido provocado por la bronca con Ryū. Aquel al que había llamado padre. <br />
<br />
Ryū era un gigante de piel oscura y tatuajes blancos fluorescentes. Parecía un dragón andante, y había recobrado su habitual mutismo tras el eléctrico cabreo que le había producido descubrir la verdad sobre Uchiha Zaide. <br />
<br />
Todos estaban dentro de la cueva, llena de estalactitas y estalagmitas. Junto a un lago, sentados alrededor de una gran mesa redonda de madera rojiza, con un dragón de siete cabezas y ocho colas tallado en su superficie. Cada cabeza situada frente a una silla. Frente a un Cabeza de Dragón. La que debería estar frente a Ryū — y la que tendría que ser la octava cabeza— se encontraba decapitada: no había resistido su arrebato de furia horas atrás. <br />
<br />
Dos figuras surgieron en las dos únicas sillas vacías. Cuerpos inmateriales, del color de un arcoíris difuminado. En efecto, estaban usando la Técnica de la Linterna Mágica Corporal. Poco se podía decir de ellos, salvo que uno tenía los ojos del color de un billete de cincuenta ryos y los otros del matiz de un viejo castaño. <br />
<br />
—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">Primer asunto del día</span> —anunció Ryū, con voz grave—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">, decidir qué hacer con Kaido. Ya todos sabemos que pasó el bautizo, pero no se ganó la marca de manera debida. Sugiero darle voz y oído en las reuniones, pero no voto hasta que mate a un asesino de dragón.</span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Tomo la trama con Hueco de Narrador</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[¿Qué había sucedido desde los acontecimientos que habían desembocado en <a href="https://ninjaworld.es/tema-b-la-tumba-de-umikiba-kaido" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">la tumba de Umikiba Kaido</a>? En realidad, poca cosa. <br />
<br />
Kaido había regresado a la guarida secreta, con el cadáver y junto a Kyūtsuki, la mujer que rebanaba trozos de piel de sus víctimas —y de Kadio—. Shaneji, el Hozuki sanguinario con el que había iniciado el viaje, no le había gustado nada el detalle. Se enfadó mucho con ellos dos. Para él, a sus paisanos había que protegerles, no matarles. Si iban a tirar el cuerpo en el País del Bosque, ¿por qué no matar a uno de esos extranjeros cuando estuviesen allí? <br />
<br />
Se veía a la legua que Kaido le había decepcionado en aquello. <br />
<br />
El cadáver ahora estaba sellado en un pergamino para facilitar su transporte, gracias a Otohime, la experta en fuuinjutsu del grupo y creadora de la Marca del Dragón. Era una mujer de unos cuarenta años, de esas que no se metían con nadie… Pero ojo con buscarle las cosquillas, porque entonces sí la encontrabas. <br />
<br />
Masumi —al que todo el mundo llamaba Muñeca—, estaba mucho más seria de lo normal. Tenía los ojos enrojecidos, como si se hubiese pasado horas llorando, y todo apuntaba a que había sido provocado por la bronca con Ryū. Aquel al que había llamado padre. <br />
<br />
Ryū era un gigante de piel oscura y tatuajes blancos fluorescentes. Parecía un dragón andante, y había recobrado su habitual mutismo tras el eléctrico cabreo que le había producido descubrir la verdad sobre Uchiha Zaide. <br />
<br />
Todos estaban dentro de la cueva, llena de estalactitas y estalagmitas. Junto a un lago, sentados alrededor de una gran mesa redonda de madera rojiza, con un dragón de siete cabezas y ocho colas tallado en su superficie. Cada cabeza situada frente a una silla. Frente a un Cabeza de Dragón. La que debería estar frente a Ryū — y la que tendría que ser la octava cabeza— se encontraba decapitada: no había resistido su arrebato de furia horas atrás. <br />
<br />
Dos figuras surgieron en las dos únicas sillas vacías. Cuerpos inmateriales, del color de un arcoíris difuminado. En efecto, estaban usando la Técnica de la Linterna Mágica Corporal. Poco se podía decir de ellos, salvo que uno tenía los ojos del color de un billete de cincuenta ryos y los otros del matiz de un viejo castaño. <br />
<br />
—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">Primer asunto del día</span> —anunció Ryū, con voz grave—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">, decidir qué hacer con Kaido. Ya todos sabemos que pasó el bautizo, pero no se ganó la marca de manera debida. Sugiero darle voz y oído en las reuniones, pero no voto hasta que mate a un asesino de dragón.</span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Tomo la trama con Hueco de Narrador</div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] Tu historia]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-tu-historia</link>
			<pubDate>Mon, 03 Dec 2018 00:52:15 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-tu-historia</guid>
			<description><![CDATA[La niebla era espesa aquella mañana, fría y se arremolinaba en torno a su cuerpo y en torno a sus piernas (impidiéndole ver la hierba que crujía con suavidad bajo sus pies) como una garra de hielo, poniéndole la piel de gallina pese a la gruesa capa que llevaba como abrigo. Y, sin embargo, su cuerpo aún parecía recordar cómo caminar a través de ella, recordaba cómo colocar los pies para no terminar resbalando en un suelo húmedo y casi siempre invisible y recordaba cómo respirar en aquel ambiente gélido y húmedo sin que sus bronquios se congelaran en el proceso. Después de todo, estaba de nuevo en casa.<br />
<br />
En el País del Agua había rascacielos, como en Amegakure, pero aquellas torres no estaban formadas por metal y hormigón, ni lucían ostentosos carteles de neón que destellaban en la noche. No. Aquellos rascacielos eran pinos, y sus troncos crecían como torres en altura, extendiendo incansables sus ramas para buscar un mínimo rayo de sol que les permitiera crecer aún más y seguir compitiendo en altura con sus hermanos. <br />
<br />
<div align="center"><span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Kokuō.</span>»</span></div>
<br />
Ayame la llamó una sola vez, pero el sonido de su voz la hizo detenerse. Desde que había abandonado el barco que la había llevado hasta allí, la muchacha no se había vuelto a dirigir a ella. Kokuō había llegado a pensar que la Jinchūriki había terminado por darse por vencida y no había ahondado más en el asunto. Simplemente, había dedicado el tiempo a disfrutar del silencio y la paz, a disfrutar del retorno a su hogar. A disfrutar de su ansiada paz. De su libertad.<br />
<br />
Esperó durante algunos segundos más, pero la llamada no volvió a repetirse. Quizás habría sido tan fácil como ignorarla y seguir su camino, pero, por alguna extraña razón que no llegaba a comprender, Kokuō terminó por sentarse en la hierba húmeda, apoyar la espalda contra el tronco de uno de los enormes pinos que creían en aquel bosque, y cerró los ojos.<br />
<br />
<br />
<br />
<div align="center"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">. . .</span></i></div></div>
<br />
<br />
<br />
En el bosque contenido en el sello, el atardecer seguía su eterno crepúsculo. Las hojas de los árboles caducifolios, rojas y pardas, caían y bailaban en el aire, mustias, oprimidas bajo el yugo de un espacio sin tiempo, en el que el otoño nunca daba fin. Y allí, en el centro del claro y rodeado de todos aquellos árboles, se alzaba su antiguo hog... No. Su prisión. Ahora la prisión de su antigua carcelera. <br />
<br />
Ayame yacía allí, entre los irrompibles barrotes que una vez la confinaron a ella. La jaula era tan pequeña que apenas la dejaba moverse con libertad, por lo que había terminado por resignarse a quedarse tirada como una muñeca de trapo, en una posición terriblemente incómoda. Ella no tardó en reparar en la presencia del Bijū, y alzó la cabeza con languidez hacia ella. Lejos del terror que anteriormente había expresado al verla en su forma natural, ahora trataba de esbozar algo parecido a una sonrisa, pero sólo consiguió que sus labios temblaran. Y fue en ese momento, acercándose a ella, cuando Kokuō se dio cuenta del violento cambio que había sufrido la muchacha en tan poco tiempo, desde que habían intercambiado los papeles. Su presencia allí no era más que una representación de su chakra, pero aún así era como si el deterioro hubiese sido también físico. Su largo cabello caía sobre su espalda, aplastado, sin brillo, sin rastro alguno de los graciosos rizos que algún día lo curvaron en diferentes tirabuzones. Sus ojos ahora lucían hinchados, enrojecidos, sombríos, sin un ápice de la brillante y alegre luz que había contenido sus iris. Y aquellas ojeras que se extendían por encima de sus pómulos... <br />
<br />
Definitivamente, Ayame se estaba <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">marchitando.</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—¿Cuánto tiempo ha pasado ya?</span> —preguntó con debilidad acumulada—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">En este sitio es difícil llevar la cuenta...</span><br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Casi un mes.</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Casi un mes...</span> —repitió ella, con un pequeño asentimiento.<br />
<br />
Kokuō se mantuvo en silencio. Sabía bien lo que se le pasaba por la cabeza a la kunoichi. Después de todo, era muy difícil guardar secretos cuando compartían cuerpo y mente: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿Es que nadie se había dado cuenta aún de que había desaparecido?" "¿Cuánto más iban a tardar en hacerlo?" "¿Saldrían a buscarla?" "¿La echaría de menos alguien?"</span> <br />
<br />
Sin embargo, se sorprendió al descubrir que Ayame no sólo se estaba <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">marchitando</span>, aquellos pensamientos que una vez fueron tan incesantes como molestos, cada vez resonaban con menos energía. En aquellos instantes, no eran más que ecos, las ondas más lejanas de una piedra lanzada a la superficie del agua. Ayame se había rendido a su suerte.<br />
<br />
Kokuō se sentó junto a la jaula, y Ayame ni siquiera reaccionó cuando una de las colas de la enorme bestia rozaron los barrotes peligrosamente.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Kokuō, cuéntame tu historia.</span><br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—¿Cómo dice?</span> —preguntó, confundida ante lo extraño y repentino de la petición.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Tu historia</span> —repitió Ayame con lentitud, alzando hacia ella una implorante mirada—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Quiero conocerla.</span><br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Ya la conoce, señorita</span> —replicó Kokuō, con un resoplido que hizo ondear el cabello y las desgastadas ropas de Ayame.<br />
<br />
Pero ella negó con la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Conozco la versión <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">humana</span>. Quiero conocer la versión <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">bijū</span>.</span><br />
<br />
Kokuō la miró largamente. Iris aguamarina contra iris castaños. Nunca ningún humano le había pedido algo así, y durante un instante barajó la posibilidad de que Ayame le estuviera tomando el pelo. Pero ella no bromeaba. Veía la seriedad en su rostro. Y la conocía lo suficientemente bien como para saber que a aquella chiquilla no se le daba nada bien mentir.<br />
<br />
Parecía que aún no había perdido aquella curiosidad que en tantos problemas le había metido.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Los bijū nacimos creados por el que ustedes conocen con el nombre del Sabio de los Seis Caminos: Rikudō Sennin.</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Es él a quien te diriges como Padre, ¿no?</span> —preguntó Ayame.<br />
<br />
Y Kokuō asintió quedamente.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Aunque nos creó en su lecho de muerte, los nueve supimos ver que él era un hombre de paz. Nos dividió desde el chakra del Jūbi y nos creó, precisamente, para proteger el mundo de él</span> —respondió Kokuō, con absoluto fervor. Y Ayame supo ver hasta dónde llegaba el amor de Kokuō hacia aquel hombre, hacia su "<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">padre</span>"—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Fue el único ser humano en el que se podía confiar de verdad. Y no era sólo nuestro padre, sino el de todos los ninjas que existen ahora. Pero ustedes han olvidado eso ya. Hace mucho que han olvidado lo mucho que hizo Rikudō Sennin por todos ustedes</span> —añadió, y la rabia empapó su voz de repente—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Y después de su muerte, sólo hubo problemas. El legado de Rikudō Sennin se convirtió en meras cenizas.<br />
<br />
»Padre conocía la verdadera naturaleza de los seres humanos. Conocía su ambición y sus ansias de poder, y por eso nos encerró a los nueve en vasijas contenedoras. Quería evitar que nos encontraran y que nos utilizaran, pero todo fue inútil. Las misma cinco aldeas que Padre fundó entraron en guerra, una y otra vez. Y en algún momento de la historia, uno de sus líderes encontró a uno de mis hermanos. A aquel le continuaron los demás, y en algún punto yo terminé capturada por la que anteriormente se conocía como Kirigakure, la Aldea Oculta entre la Niebla.</span><br />
<br />
Kokuō calló durante unos instantes, pero tenía los ojos entrecerrados y todos los músculos del cuerpo en tensión, cargada con la rabia que estaba sufriendo.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Ha pasado tanto tiempo... y lo sigo recordando como si hubiese ocurrido ayer</span> —rugió, mostrando aquella hilera de dientes afilados como cuchillas—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Ocurrió tal y como Padre temió. Los seres humanos desataron nuestro poder, nos utilizaron como meras herramientas, como uno de esos kunais que empuñáis. Nos utilizaron y nos forzaron a enfrentarnos a nuestros propios hermanos. Una guerra tras otra. La codicia del ser humano no conocía límites, y los combates eran cada vez más violentos... más sanguinarios. No había reglas ni honor. No deseaban simplemente defender a los suyos. Ellos atacaban, y los demás respondían con aún más contundencia. <br />
<br />
»Fue entonces cuando lo comprendimos: los verdaderos monstruos eran los mismos que nos señalaban de serlo. Así que nos revelamos. Rompimos nuestras cadenas y arrasamos con ellos. Reducimos a cenizas sus hogares, sus aldeas, y nos juramos que no volveríamos a permitir que nos utilizaran de aquella manera para sus propios intereses nunca más.</span><br />
<br />
Kokuō miró de reojo a Ayame, que había cerrado los párpados con gesto de dolor. Sabía que lo estaba imaginando. Estaba viendo en su mente una representación de las aldeas completamente destruidas, el caos, los edificios derrumbados, el humo, el fuego, los gritos, los sollozos, el terror... las víctimas. Y Kokuō supo que jamás podrían llegar a comprenderse. Ella no dejaba de ser una simple humana, y ella, aunque encerrada en aquel cuerpo, seguía siendo un Bijū.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Lo que pasó después ya lo sabe: los tres primeros líderes de las tres nuevas aldeas shinobi nos reunieron en el Valle del Fin y fue allí donde nos aniquilaron</span> —continuó su relato, y entonces soltó una risilla despectiva—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Sin embargo, con lo que no contaban era con el hecho de que nosotros, al contrario que ustedes, somos inmortales. Podemos morir, pero nuestro chakra, tarde o temprano, terminará reuniéndose de nuevo en otro lugar, reviviéndonos de nuevo.<br />
<br />
»Por azar del destino, yo fui la primera en hacerlo, en el País de la Tormenta. No estaba dispuesta a dejar que me utilizaran de nuevo como ya hicieron en el pasado, así que fui yo la que tomó la iniciativa y corté por lo sano antes de que fuera demasiado tarde: destruí aquella ciudad que ahora llamáis "La Ciudad Fantasma". Aunque no sirvió de mucho</span> —añadió, de nuevo entre dientes—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Volvieron a capturarme, en aquel sitio que ahora gloriosamente llamáis "El Cementerio del Gobi". Y después acabé sellada en su interior. Esa es mi historia, señorita.</span><br />
<br />
Silencio. Ayame no respondió de inmediato. Seguía con los ojos firmemente cerrados y el gesto contraído. Y Kokuō rio entre dientes.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Están convencidos de que no existen otras criaturas con raciocinio. Que no existe una especie superior a la especie humana, porque son el escalafón en la escala evolutiva, ¿no es así? Para ustedes sólo somos monstruos sanguinarios que pueblan vuestras pesadillas por las noches. Pues déjeme revelarle algo, señorita: no sabéis cuán equivocados estáis. </span><br />
<br />
Y entonces Ayame reaccionó. Dejó escapar un largo y tendido suspiro y alzó la cabeza, apoyándola entre los barrotes y perdiendo la mirada en algún punto del cielo.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Lo entiendo</span> —respondió, y Kokuō volvió la cabeza hacia ella como un resorte, incapaz de creer lo que estaba escuchando.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—¿Bromeáis? ¡Os acabo de contar cómo exterminé a miles de los vuestros! ¡Niños, ancianos, ninjas o no, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">TODOS </span>murieron bajo nuestro poder! ¿Y usted dice que lo entiende? ¿Ha terminado de perder el juicio?</span><br />
<br />
Ayame apretó las mandíbulas y su corazón se estremeció de dolor al pensar en su padre. En el cuento que le contó cuando era una niña. "¡Monstruos malos fuera! ¡Bieeeen!", había vitoreado ella en aquel entonces. <br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—No puedo compartir lo que hicisteis, pero comprendo por qué ocurrió. Yo no sé qué habría hecho en vuestro lugar</span> —concluyó, encogiéndose de hombros.<br />
<br />
Kokuō alzó la cabeza, observándola con recelo.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Vuestra astucia no conoce límites. Me está diciendo esto para que me apiade y la deje libre, ¿no es así?</span><br />
<br />
Y Ayame dejó escapar una risilla cargada de tristeza y frustración acumuladas.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—¿Para qué? Estoy en la otra punta del mundo, no tengo manera de volver a casa o mandar un mensaje antes de que me vuelvas a encerrar aquí</span> —replicó, con un doloroso nudo en la base de la garganta. <br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Además, no parece que me estén echando mucho de menos. Quizás en el fondo todos ellos pensaban igual que Datsue.</span>»</span> Aquellos oscuros pensamientos se arremolinaban con cada vez mayor fuerza en su mente. No lo había olvidado, no podía olvidar algo así: el deseo ajeno de que se quedara allí encerrada durante el resto de su vida era más doloroso que cien puñales en la espalda. Aún viniendo de tu peor enemigo.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Podrías haber hablado conmigo sobre esto mucho antes</span> —añadió Ayame.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—¡JA! ¡¿Hablar de esto con una humana?! Suficiente me he rebajado hablando con usted ahora, señorita.</span> <br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Yo no soy como esos humanos que has ido conociendo, Kokuō, y llevamos juntas quince largos años para que ya me vayas conociendo</span> —respondió ella, tan seria como cuando le había pedido que le relatara su historia—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Sabes bien que yo nunca pedí ser Jinchūriki...</span><br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Nadie lo pide nunca, señorita</span> —señaló el bijū, interrumpiéndola de golpe—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Pero son como las bestias, una vez prueban nuestro poder se vuelven adictos a él. Quieren más. Y en algún momento dejan de pedirlo. Lo toman por la fuerza. Nos lo arrebatan. Por eso terminamos encerrados en ustedes.</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Y también sabes bien que nunca te he pedido tu poder. Nunca he deseado usarlo y siempre me he negado ante la posibilidad de que te utilizaran como un arma y se repitiera la historia del pasado. Las veces que he perdido el control ha sido por mi propia debilidad, porque me dejé llevar por sentimientos negativos. Y, siendo sinceros, tú tampoco me lo ponías muy fácil</span> —admitió la muchacha, con los ojos inundados de lágrimas—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Pero si hubieras hablado conmigo antes, podríamos haber llegado a comprendernos la una a la otra. No podía concederte la libertad, pero al menos me habría asegurado de que no te sintieras tan sola como...</span><br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Como usted lo está ahora</span> —completó Kokuō, con malicia—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Oh, ahora lo entiende bien. Ahora conoce lo que es estar recluida del mundo, señorita.</span><br />
<br />
Ella apretó los labios, a punto de echarse a llorar de nuevo, y Kokuō se reincorporó sobre sus cuatro patas, dispuesta a abandonar el lugar con sus cinco colas ondeando por detrás de su cuerpo. Sin embargo, una fuerza extraña la retuvo a mitad de camino. El bijū volvió la cabeza para mirar una última vez a aquella deteriorada Ayame. La única humana que se había dignado a hablar con ella de igual a igual. La única humana que no parecía ansiar su poder sobre todas las cosas.<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«Llegará el día que tengáis que unir fuerzas con compañeros humanos que prueben ser dignos para enfrentar un mal mayor»</span></div>
<br />
¿Y si las palabras de Padre se estuviesen refiriendo a aquella humana? ¿Y si el mal mayor se refería precisamente a la amenaza del Reino de Kurama? Kokuō sacudió la cabeza, alejando aquellas ilusiones de su mente. Todo aquello había ocurrido por la situación en la que se encontraba, de seguir en Amegakure, para Ayame seguiría siendo aquel feroz y sanguinario monstruo. Y además, fuera verdad o ilusión, Kokuō no estaba dispuesta a abandonar su remanso de paz recién adquirido. Ahora tenía la libertad, tenía la paz. Y no pensaba abandonarla para meterse en guerras que ni siquiera eran de su incumbencia. Tendrían que ser sus hermanos, por ahora sólo Shukaku y Chōmei, los que decidieran, como ella había hecho. <br />
<br />
Sólo le quedaba regresar al lugar donde había surgido por primera vez.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La niebla era espesa aquella mañana, fría y se arremolinaba en torno a su cuerpo y en torno a sus piernas (impidiéndole ver la hierba que crujía con suavidad bajo sus pies) como una garra de hielo, poniéndole la piel de gallina pese a la gruesa capa que llevaba como abrigo. Y, sin embargo, su cuerpo aún parecía recordar cómo caminar a través de ella, recordaba cómo colocar los pies para no terminar resbalando en un suelo húmedo y casi siempre invisible y recordaba cómo respirar en aquel ambiente gélido y húmedo sin que sus bronquios se congelaran en el proceso. Después de todo, estaba de nuevo en casa.<br />
<br />
En el País del Agua había rascacielos, como en Amegakure, pero aquellas torres no estaban formadas por metal y hormigón, ni lucían ostentosos carteles de neón que destellaban en la noche. No. Aquellos rascacielos eran pinos, y sus troncos crecían como torres en altura, extendiendo incansables sus ramas para buscar un mínimo rayo de sol que les permitiera crecer aún más y seguir compitiendo en altura con sus hermanos. <br />
<br />
<div align="center"><span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Kokuō.</span>»</span></div>
<br />
Ayame la llamó una sola vez, pero el sonido de su voz la hizo detenerse. Desde que había abandonado el barco que la había llevado hasta allí, la muchacha no se había vuelto a dirigir a ella. Kokuō había llegado a pensar que la Jinchūriki había terminado por darse por vencida y no había ahondado más en el asunto. Simplemente, había dedicado el tiempo a disfrutar del silencio y la paz, a disfrutar del retorno a su hogar. A disfrutar de su ansiada paz. De su libertad.<br />
<br />
Esperó durante algunos segundos más, pero la llamada no volvió a repetirse. Quizás habría sido tan fácil como ignorarla y seguir su camino, pero, por alguna extraña razón que no llegaba a comprender, Kokuō terminó por sentarse en la hierba húmeda, apoyar la espalda contra el tronco de uno de los enormes pinos que creían en aquel bosque, y cerró los ojos.<br />
<br />
<br />
<br />
<div align="center"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">. . .</span></i></div></div>
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<br />
<br />
En el bosque contenido en el sello, el atardecer seguía su eterno crepúsculo. Las hojas de los árboles caducifolios, rojas y pardas, caían y bailaban en el aire, mustias, oprimidas bajo el yugo de un espacio sin tiempo, en el que el otoño nunca daba fin. Y allí, en el centro del claro y rodeado de todos aquellos árboles, se alzaba su antiguo hog... No. Su prisión. Ahora la prisión de su antigua carcelera. <br />
<br />
Ayame yacía allí, entre los irrompibles barrotes que una vez la confinaron a ella. La jaula era tan pequeña que apenas la dejaba moverse con libertad, por lo que había terminado por resignarse a quedarse tirada como una muñeca de trapo, en una posición terriblemente incómoda. Ella no tardó en reparar en la presencia del Bijū, y alzó la cabeza con languidez hacia ella. Lejos del terror que anteriormente había expresado al verla en su forma natural, ahora trataba de esbozar algo parecido a una sonrisa, pero sólo consiguió que sus labios temblaran. Y fue en ese momento, acercándose a ella, cuando Kokuō se dio cuenta del violento cambio que había sufrido la muchacha en tan poco tiempo, desde que habían intercambiado los papeles. Su presencia allí no era más que una representación de su chakra, pero aún así era como si el deterioro hubiese sido también físico. Su largo cabello caía sobre su espalda, aplastado, sin brillo, sin rastro alguno de los graciosos rizos que algún día lo curvaron en diferentes tirabuzones. Sus ojos ahora lucían hinchados, enrojecidos, sombríos, sin un ápice de la brillante y alegre luz que había contenido sus iris. Y aquellas ojeras que se extendían por encima de sus pómulos... <br />
<br />
Definitivamente, Ayame se estaba <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">marchitando.</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—¿Cuánto tiempo ha pasado ya?</span> —preguntó con debilidad acumulada—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">En este sitio es difícil llevar la cuenta...</span><br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Casi un mes.</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Casi un mes...</span> —repitió ella, con un pequeño asentimiento.<br />
<br />
Kokuō se mantuvo en silencio. Sabía bien lo que se le pasaba por la cabeza a la kunoichi. Después de todo, era muy difícil guardar secretos cuando compartían cuerpo y mente: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿Es que nadie se había dado cuenta aún de que había desaparecido?" "¿Cuánto más iban a tardar en hacerlo?" "¿Saldrían a buscarla?" "¿La echaría de menos alguien?"</span> <br />
<br />
Sin embargo, se sorprendió al descubrir que Ayame no sólo se estaba <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">marchitando</span>, aquellos pensamientos que una vez fueron tan incesantes como molestos, cada vez resonaban con menos energía. En aquellos instantes, no eran más que ecos, las ondas más lejanas de una piedra lanzada a la superficie del agua. Ayame se había rendido a su suerte.<br />
<br />
Kokuō se sentó junto a la jaula, y Ayame ni siquiera reaccionó cuando una de las colas de la enorme bestia rozaron los barrotes peligrosamente.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Kokuō, cuéntame tu historia.</span><br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—¿Cómo dice?</span> —preguntó, confundida ante lo extraño y repentino de la petición.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Tu historia</span> —repitió Ayame con lentitud, alzando hacia ella una implorante mirada—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Quiero conocerla.</span><br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Ya la conoce, señorita</span> —replicó Kokuō, con un resoplido que hizo ondear el cabello y las desgastadas ropas de Ayame.<br />
<br />
Pero ella negó con la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Conozco la versión <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">humana</span>. Quiero conocer la versión <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">bijū</span>.</span><br />
<br />
Kokuō la miró largamente. Iris aguamarina contra iris castaños. Nunca ningún humano le había pedido algo así, y durante un instante barajó la posibilidad de que Ayame le estuviera tomando el pelo. Pero ella no bromeaba. Veía la seriedad en su rostro. Y la conocía lo suficientemente bien como para saber que a aquella chiquilla no se le daba nada bien mentir.<br />
<br />
Parecía que aún no había perdido aquella curiosidad que en tantos problemas le había metido.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Los bijū nacimos creados por el que ustedes conocen con el nombre del Sabio de los Seis Caminos: Rikudō Sennin.</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Es él a quien te diriges como Padre, ¿no?</span> —preguntó Ayame.<br />
<br />
Y Kokuō asintió quedamente.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Aunque nos creó en su lecho de muerte, los nueve supimos ver que él era un hombre de paz. Nos dividió desde el chakra del Jūbi y nos creó, precisamente, para proteger el mundo de él</span> —respondió Kokuō, con absoluto fervor. Y Ayame supo ver hasta dónde llegaba el amor de Kokuō hacia aquel hombre, hacia su "<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">padre</span>"—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Fue el único ser humano en el que se podía confiar de verdad. Y no era sólo nuestro padre, sino el de todos los ninjas que existen ahora. Pero ustedes han olvidado eso ya. Hace mucho que han olvidado lo mucho que hizo Rikudō Sennin por todos ustedes</span> —añadió, y la rabia empapó su voz de repente—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Y después de su muerte, sólo hubo problemas. El legado de Rikudō Sennin se convirtió en meras cenizas.<br />
<br />
»Padre conocía la verdadera naturaleza de los seres humanos. Conocía su ambición y sus ansias de poder, y por eso nos encerró a los nueve en vasijas contenedoras. Quería evitar que nos encontraran y que nos utilizaran, pero todo fue inútil. Las misma cinco aldeas que Padre fundó entraron en guerra, una y otra vez. Y en algún momento de la historia, uno de sus líderes encontró a uno de mis hermanos. A aquel le continuaron los demás, y en algún punto yo terminé capturada por la que anteriormente se conocía como Kirigakure, la Aldea Oculta entre la Niebla.</span><br />
<br />
Kokuō calló durante unos instantes, pero tenía los ojos entrecerrados y todos los músculos del cuerpo en tensión, cargada con la rabia que estaba sufriendo.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Ha pasado tanto tiempo... y lo sigo recordando como si hubiese ocurrido ayer</span> —rugió, mostrando aquella hilera de dientes afilados como cuchillas—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Ocurrió tal y como Padre temió. Los seres humanos desataron nuestro poder, nos utilizaron como meras herramientas, como uno de esos kunais que empuñáis. Nos utilizaron y nos forzaron a enfrentarnos a nuestros propios hermanos. Una guerra tras otra. La codicia del ser humano no conocía límites, y los combates eran cada vez más violentos... más sanguinarios. No había reglas ni honor. No deseaban simplemente defender a los suyos. Ellos atacaban, y los demás respondían con aún más contundencia. <br />
<br />
»Fue entonces cuando lo comprendimos: los verdaderos monstruos eran los mismos que nos señalaban de serlo. Así que nos revelamos. Rompimos nuestras cadenas y arrasamos con ellos. Reducimos a cenizas sus hogares, sus aldeas, y nos juramos que no volveríamos a permitir que nos utilizaran de aquella manera para sus propios intereses nunca más.</span><br />
<br />
Kokuō miró de reojo a Ayame, que había cerrado los párpados con gesto de dolor. Sabía que lo estaba imaginando. Estaba viendo en su mente una representación de las aldeas completamente destruidas, el caos, los edificios derrumbados, el humo, el fuego, los gritos, los sollozos, el terror... las víctimas. Y Kokuō supo que jamás podrían llegar a comprenderse. Ella no dejaba de ser una simple humana, y ella, aunque encerrada en aquel cuerpo, seguía siendo un Bijū.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Lo que pasó después ya lo sabe: los tres primeros líderes de las tres nuevas aldeas shinobi nos reunieron en el Valle del Fin y fue allí donde nos aniquilaron</span> —continuó su relato, y entonces soltó una risilla despectiva—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Sin embargo, con lo que no contaban era con el hecho de que nosotros, al contrario que ustedes, somos inmortales. Podemos morir, pero nuestro chakra, tarde o temprano, terminará reuniéndose de nuevo en otro lugar, reviviéndonos de nuevo.<br />
<br />
»Por azar del destino, yo fui la primera en hacerlo, en el País de la Tormenta. No estaba dispuesta a dejar que me utilizaran de nuevo como ya hicieron en el pasado, así que fui yo la que tomó la iniciativa y corté por lo sano antes de que fuera demasiado tarde: destruí aquella ciudad que ahora llamáis "La Ciudad Fantasma". Aunque no sirvió de mucho</span> —añadió, de nuevo entre dientes—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Volvieron a capturarme, en aquel sitio que ahora gloriosamente llamáis "El Cementerio del Gobi". Y después acabé sellada en su interior. Esa es mi historia, señorita.</span><br />
<br />
Silencio. Ayame no respondió de inmediato. Seguía con los ojos firmemente cerrados y el gesto contraído. Y Kokuō rio entre dientes.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Están convencidos de que no existen otras criaturas con raciocinio. Que no existe una especie superior a la especie humana, porque son el escalafón en la escala evolutiva, ¿no es así? Para ustedes sólo somos monstruos sanguinarios que pueblan vuestras pesadillas por las noches. Pues déjeme revelarle algo, señorita: no sabéis cuán equivocados estáis. </span><br />
<br />
Y entonces Ayame reaccionó. Dejó escapar un largo y tendido suspiro y alzó la cabeza, apoyándola entre los barrotes y perdiendo la mirada en algún punto del cielo.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Lo entiendo</span> —respondió, y Kokuō volvió la cabeza hacia ella como un resorte, incapaz de creer lo que estaba escuchando.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—¿Bromeáis? ¡Os acabo de contar cómo exterminé a miles de los vuestros! ¡Niños, ancianos, ninjas o no, <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">TODOS </span>murieron bajo nuestro poder! ¿Y usted dice que lo entiende? ¿Ha terminado de perder el juicio?</span><br />
<br />
Ayame apretó las mandíbulas y su corazón se estremeció de dolor al pensar en su padre. En el cuento que le contó cuando era una niña. "¡Monstruos malos fuera! ¡Bieeeen!", había vitoreado ella en aquel entonces. <br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—No puedo compartir lo que hicisteis, pero comprendo por qué ocurrió. Yo no sé qué habría hecho en vuestro lugar</span> —concluyó, encogiéndose de hombros.<br />
<br />
Kokuō alzó la cabeza, observándola con recelo.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Vuestra astucia no conoce límites. Me está diciendo esto para que me apiade y la deje libre, ¿no es así?</span><br />
<br />
Y Ayame dejó escapar una risilla cargada de tristeza y frustración acumuladas.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—¿Para qué? Estoy en la otra punta del mundo, no tengo manera de volver a casa o mandar un mensaje antes de que me vuelvas a encerrar aquí</span> —replicó, con un doloroso nudo en la base de la garganta. <br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Además, no parece que me estén echando mucho de menos. Quizás en el fondo todos ellos pensaban igual que Datsue.</span>»</span> Aquellos oscuros pensamientos se arremolinaban con cada vez mayor fuerza en su mente. No lo había olvidado, no podía olvidar algo así: el deseo ajeno de que se quedara allí encerrada durante el resto de su vida era más doloroso que cien puñales en la espalda. Aún viniendo de tu peor enemigo.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Podrías haber hablado conmigo sobre esto mucho antes</span> —añadió Ayame.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—¡JA! ¡¿Hablar de esto con una humana?! Suficiente me he rebajado hablando con usted ahora, señorita.</span> <br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Yo no soy como esos humanos que has ido conociendo, Kokuō, y llevamos juntas quince largos años para que ya me vayas conociendo</span> —respondió ella, tan seria como cuando le había pedido que le relatara su historia—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Sabes bien que yo nunca pedí ser Jinchūriki...</span><br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Nadie lo pide nunca, señorita</span> —señaló el bijū, interrumpiéndola de golpe—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Pero son como las bestias, una vez prueban nuestro poder se vuelven adictos a él. Quieren más. Y en algún momento dejan de pedirlo. Lo toman por la fuerza. Nos lo arrebatan. Por eso terminamos encerrados en ustedes.</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Y también sabes bien que nunca te he pedido tu poder. Nunca he deseado usarlo y siempre me he negado ante la posibilidad de que te utilizaran como un arma y se repitiera la historia del pasado. Las veces que he perdido el control ha sido por mi propia debilidad, porque me dejé llevar por sentimientos negativos. Y, siendo sinceros, tú tampoco me lo ponías muy fácil</span> —admitió la muchacha, con los ojos inundados de lágrimas—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Pero si hubieras hablado conmigo antes, podríamos haber llegado a comprendernos la una a la otra. No podía concederte la libertad, pero al menos me habría asegurado de que no te sintieras tan sola como...</span><br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Como usted lo está ahora</span> —completó Kokuō, con malicia—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Oh, ahora lo entiende bien. Ahora conoce lo que es estar recluida del mundo, señorita.</span><br />
<br />
Ella apretó los labios, a punto de echarse a llorar de nuevo, y Kokuō se reincorporó sobre sus cuatro patas, dispuesta a abandonar el lugar con sus cinco colas ondeando por detrás de su cuerpo. Sin embargo, una fuerza extraña la retuvo a mitad de camino. El bijū volvió la cabeza para mirar una última vez a aquella deteriorada Ayame. La única humana que se había dignado a hablar con ella de igual a igual. La única humana que no parecía ansiar su poder sobre todas las cosas.<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«Llegará el día que tengáis que unir fuerzas con compañeros humanos que prueben ser dignos para enfrentar un mal mayor»</span></div>
<br />
¿Y si las palabras de Padre se estuviesen refiriendo a aquella humana? ¿Y si el mal mayor se refería precisamente a la amenaza del Reino de Kurama? Kokuō sacudió la cabeza, alejando aquellas ilusiones de su mente. Todo aquello había ocurrido por la situación en la que se encontraba, de seguir en Amegakure, para Ayame seguiría siendo aquel feroz y sanguinario monstruo. Y además, fuera verdad o ilusión, Kokuō no estaba dispuesta a abandonar su remanso de paz recién adquirido. Ahora tenía la libertad, tenía la paz. Y no pensaba abandonarla para meterse en guerras que ni siquiera eran de su incumbencia. Tendrían que ser sus hermanos, por ahora sólo Shukaku y Chōmei, los que decidieran, como ella había hecho. <br />
<br />
Sólo le quedaba regresar al lugar donde había surgido por primera vez.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[(B) La tumba de Umikiba Kaido]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-b-la-tumba-de-umikiba-kaido</link>
			<pubDate>Fri, 14 Sep 2018 21:53:18 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=597">Amekoro Yui</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-b-la-tumba-de-umikiba-kaido</guid>
			<description><![CDATA[Azuma Jiro, más conocido como el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Recadero</span>, llamó a la casa de Umikiba Kaido de tres golpes secos con los nudillos. Empezaba a hartarse, a hartarse de verdad, de que la gente lo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">usase</span> como a un mero cartero. ¿Acaso no había todo un gremio que se dedicaba a eso? ¡No se había alistado para simplemente repartir mensajes! ¡Y gratis, para más inri! Aquello hasta se le podía considerar competencia desleal. <br />
<br />
Pero claro, cuando uno venía de reportar una misión, y caía en la desgracia de toparse con Kaguya Hageshi, uno no podía simplemente negarse a su petición. Y menos en aquellos tiempos. Eran tiempos locos los que se vivían. Tiempos en los que una Villa trataba de secuestrar al jinchuriki de la otra. Tiempos en los que aparecían venerables estatuas de Kages decapitadas. Tiempos en los que una mala palabra te llevaban al fondo del mar… <br />
<br />
Mejor no ser un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">pisacharcos</span>, como alguno que conocía muy bien. <br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Umikiba Kaido!</span> —exclamó, harto de esperar. Se había pegado un largo viaje de vuelta de su misión y su cuerpo le pedía a horrores descansar—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">. ¡Le esperan en el edificio de la Arashikage!</span><br />
<br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Datsue al habla. Tomo esta misión con un <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">hueco <span style="color: red;" class="mycode_color">personal</span></span>.</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Azuma Jiro, más conocido como el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Recadero</span>, llamó a la casa de Umikiba Kaido de tres golpes secos con los nudillos. Empezaba a hartarse, a hartarse de verdad, de que la gente lo <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">usase</span> como a un mero cartero. ¿Acaso no había todo un gremio que se dedicaba a eso? ¡No se había alistado para simplemente repartir mensajes! ¡Y gratis, para más inri! Aquello hasta se le podía considerar competencia desleal. <br />
<br />
Pero claro, cuando uno venía de reportar una misión, y caía en la desgracia de toparse con Kaguya Hageshi, uno no podía simplemente negarse a su petición. Y menos en aquellos tiempos. Eran tiempos locos los que se vivían. Tiempos en los que una Villa trataba de secuestrar al jinchuriki de la otra. Tiempos en los que aparecían venerables estatuas de Kages decapitadas. Tiempos en los que una mala palabra te llevaban al fondo del mar… <br />
<br />
Mejor no ser un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">pisacharcos</span>, como alguno que conocía muy bien. <br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Umikiba Kaido!</span> —exclamó, harto de esperar. Se había pegado un largo viaje de vuelta de su misión y su cuerpo le pedía a horrores descansar—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">. ¡Le esperan en el edificio de la Arashikage!</span><br />
<br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Datsue al habla. Tomo esta misión con un <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">hueco <span style="color: red;" class="mycode_color">personal</span></span>.</div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La Séptima Puerta]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-septima-puerta</link>
			<pubDate>Mon, 15 May 2017 17:39:32 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-septima-puerta</guid>
			<description><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Prólogo" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Ha corrido a lo largo y ancho de Oonindo el rumor de que el último descendiente de los Soshuro, un antiguo linaje de Mizu no Kuni, está cercano a la vejez y prevee ya su muerte. Sin herederos, el señor ha decidido legar a un digno sucesor su inmensa fortuna... Una pequeña isla situada entre los países del Remolino y el Agua, conocida como Isla Monotonía. <br />
<br />
Aquellos que se crean merecedores de tal honor deberán personarse el segundo Kazeyōbi de Flama en el puerto de La Capital, desde el cual un total de siete embarcaciones, propiedad del señor Soshuro, zarparán hacia la isla. <br />
<br />
Pese a que el apellido Soshuro es antiguo y su linaje se remonta hasta los tiempos de las Cinco Grandes Aldeas —y más atrás—, pocos hoy día son los que conocen la familia, incluso en Mizu no Kuni. Lo poco que se habla del señor Soshuro es para atribuirle un carácter solitario y huraño, y se comenta que precisamente por su falta de interés en cuestiones sociales es por lo que carece de un heredero legítimo...</i></div>
<br />
Pues bien muchachos, eso es lo que saben los pjs. Pueden haberse enterado de oídas, por algún conocido, o porque hayan visto algún anuncio (el señor Soshuro mandó recaderos a colgar carteles por todo Uzu no Kuni). La cuestión es que, al inicio de esta trama, todos debemos estar en el puerto de La Capital, esperando para embarcar en alguno de los pequeños navíos que el señor Soshuro ha mandado a recogernos.</div>
    </div>
</div>
<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">Segundo Kazeyōbi de Flama, Verano de 217, La Capital</div></i></div>
<br />
El día ya había amanecido cuando Akame halló por fin lo que buscaba. En principio pensó que siete barcos enviados por un rico señor serían capaces de encontrar en el puerto de La Capital... Claro que, él nunca había estado allí. Sólo el embarcadero Norte tenía capacidad para varias decenas de navíos, todos ellos con su variopinta tripulación. Hombres de piel color café llegados de los lejanos desiertos del País del Viento, rudos guerreros de semblante pálido que habían hecho la larga travesía desde Arashi no Kuni, orgullosos samurái de brillantes armaduras de Sanrō-yama... <br />
<br />
«<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: indianred;" class="mycode_color">Por todos los dioses, no tenía ni idea de que La Capital fuese un centro de comercio internacional tan importante</span></span>», pensó el Uchiha mientras pasaba junto a un gran barco mercante, del que mugrientos estibadores de hombros fuertes descargaban varias decenas de cajas repletas de exóticos productos, seguramente traídos del País de los Bosques. En efecto, La Capital hacía honor a su nombre y el puerto, incluso a aquellas horas de la tarde, bullía de actividad. <br />
<br />
Sin embargo, no eran las especias de Kaze no Kuni, ni el acero de Los Herreros, ni la fruta de Tane-Shigai lo que Akame andaba buscando aquel día. Había viajado directamente desde Uzushiogakure rastreando un antiguo manuscrito Uchiha de —supuesto—gran valor, que en su día se le hubo escapado casi de las manos por culpa de un ceñudo granjero de Ushi. Ahora sus pesquisas le habían puesto de nuevo tras la pista del documento. <br />
<br />
El rastro no acababa allí, en La Capital; tras perseguir el manuscrito por todo el País del Remolino, Akame había averiguado que un viejo señor de Mizu no Kuni se había hecho con la pieza. Soshuro Sadao, un ricachón solitario que vivía en una pequeña isla del mar entre los países del Agua y el Remolino. Curiosamente, por todo Oonindo corría un extraño rumor sobre aquel mismo personaje; Fortuna o desgracia, Akame había decidido responder a la llamada del señor para intentar hacerse con el documento genealógico Uchiha. <br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Al fin!</span> —exclamó, de puro alivio, cuando vio las siete embarcaciones del señor Soshuro alineadas en un tramo del embarcadero.<br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Por cierto, dado que vamos a ser muchos, me veo en la obligación de reiterar que por favor respetemos el límite de las 72 horas. Porfavorsito, o esto se nos hará ETERNO.</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Prólogo" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Ha corrido a lo largo y ancho de Oonindo el rumor de que el último descendiente de los Soshuro, un antiguo linaje de Mizu no Kuni, está cercano a la vejez y prevee ya su muerte. Sin herederos, el señor ha decidido legar a un digno sucesor su inmensa fortuna... Una pequeña isla situada entre los países del Remolino y el Agua, conocida como Isla Monotonía. <br />
<br />
Aquellos que se crean merecedores de tal honor deberán personarse el segundo Kazeyōbi de Flama en el puerto de La Capital, desde el cual un total de siete embarcaciones, propiedad del señor Soshuro, zarparán hacia la isla. <br />
<br />
Pese a que el apellido Soshuro es antiguo y su linaje se remonta hasta los tiempos de las Cinco Grandes Aldeas —y más atrás—, pocos hoy día son los que conocen la familia, incluso en Mizu no Kuni. Lo poco que se habla del señor Soshuro es para atribuirle un carácter solitario y huraño, y se comenta que precisamente por su falta de interés en cuestiones sociales es por lo que carece de un heredero legítimo...</i></div>
<br />
Pues bien muchachos, eso es lo que saben los pjs. Pueden haberse enterado de oídas, por algún conocido, o porque hayan visto algún anuncio (el señor Soshuro mandó recaderos a colgar carteles por todo Uzu no Kuni). La cuestión es que, al inicio de esta trama, todos debemos estar en el puerto de La Capital, esperando para embarcar en alguno de los pequeños navíos que el señor Soshuro ha mandado a recogernos.</div>
    </div>
</div>
<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">Segundo Kazeyōbi de Flama, Verano de 217, La Capital</div></i></div>
<br />
El día ya había amanecido cuando Akame halló por fin lo que buscaba. En principio pensó que siete barcos enviados por un rico señor serían capaces de encontrar en el puerto de La Capital... Claro que, él nunca había estado allí. Sólo el embarcadero Norte tenía capacidad para varias decenas de navíos, todos ellos con su variopinta tripulación. Hombres de piel color café llegados de los lejanos desiertos del País del Viento, rudos guerreros de semblante pálido que habían hecho la larga travesía desde Arashi no Kuni, orgullosos samurái de brillantes armaduras de Sanrō-yama... <br />
<br />
«<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: indianred;" class="mycode_color">Por todos los dioses, no tenía ni idea de que La Capital fuese un centro de comercio internacional tan importante</span></span>», pensó el Uchiha mientras pasaba junto a un gran barco mercante, del que mugrientos estibadores de hombros fuertes descargaban varias decenas de cajas repletas de exóticos productos, seguramente traídos del País de los Bosques. En efecto, La Capital hacía honor a su nombre y el puerto, incluso a aquellas horas de la tarde, bullía de actividad. <br />
<br />
Sin embargo, no eran las especias de Kaze no Kuni, ni el acero de Los Herreros, ni la fruta de Tane-Shigai lo que Akame andaba buscando aquel día. Había viajado directamente desde Uzushiogakure rastreando un antiguo manuscrito Uchiha de —supuesto—gran valor, que en su día se le hubo escapado casi de las manos por culpa de un ceñudo granjero de Ushi. Ahora sus pesquisas le habían puesto de nuevo tras la pista del documento. <br />
<br />
El rastro no acababa allí, en La Capital; tras perseguir el manuscrito por todo el País del Remolino, Akame había averiguado que un viejo señor de Mizu no Kuni se había hecho con la pieza. Soshuro Sadao, un ricachón solitario que vivía en una pequeña isla del mar entre los países del Agua y el Remolino. Curiosamente, por todo Oonindo corría un extraño rumor sobre aquel mismo personaje; Fortuna o desgracia, Akame había decidido responder a la llamada del señor para intentar hacerse con el documento genealógico Uchiha. <br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Al fin!</span> —exclamó, de puro alivio, cuando vio las siete embarcaciones del señor Soshuro alineadas en un tramo del embarcadero.<br />
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<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Por cierto, dado que vamos a ser muchos, me veo en la obligación de reiterar que por favor respetemos el límite de las 72 horas. Porfavorsito, o esto se nos hará ETERNO.</div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
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