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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Puerto Kasukami]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 07:48:33 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Lo que se esconde tras la niebla]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-lo-que-se-esconde-tras-la-niebla</link>
			<pubDate>Thu, 28 Nov 2019 01:54:25 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=34">Uchiha Datsue</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: 9px;"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">En un día inexacto de <span style="color: skyblue;" class="mycode_color">Aliento Nevado</span>…</span></span></div>
<br />
<br />
Siete meses habían pasado desde que Sekiryū hubiese celebrado su Kaji Saiban más emblemático y recordado de los últimos años. También el más salvaje. También el más odiado. Porque aquel día habían perdido todos. Porque aquel día, y lo descubrieron demasiado tarde, se habían pegado un tiro en el pie. <br />
<br />
Ryū había sobrevivido a las heridas, sí. Duro, resistente y luchador como solo un tejón de la miel podía serlo. Pero las secuelas que todavía tenía iban más allá de dos largas cicatrices que le cruzaban pecho y espalda. Había perdido un pulmón, y, con él, gran parte de su potencial. <br />
<br />
Zaide había salido con vida del combate, haciendo honor a su apodo: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El que no se muere</span>. Tres veces Dragón Rojo le había dado por muerto, y tres veces se había vuelto a levantar. Pero, en aquella ocasión, el precio a pagar fue más caro. Un ojo. Su ojo izquierdo. Lo que para un Uchiha significaba un Mangekyō menos, y el adiós a Susano’o, su dios protector por excelencia. <br />
<br />
Oh, sí. Definitivamente Sekiryū había perdido, y mucho, aquel día. <br />
<br />
Muchas cosas habían pasado desde entonces. Combates pactados sobre la tumba de un falso muerto, pues quien sueña no está muerto, sino dormido. Susurros velados entre montañas escarpadas. Enseñanzas. Discusiones. Pactos. Risas. Secretos. Muchos secretos susurrados bajo la luz de la luna. <br />
<br />
Pequeñas historias que no tienen cabida en esta. Aquí no hay sitio para lo mundano, lo terrenal o lo personal. Porque aquí, en esta historia, estaba a punto de decidirse el destino de Sekiryū. Probablemente también de las Islas del Archipiélago. Probablemente también de Oonindo entero. <br />
<br />
¿No me crees? Oh, pero no es a mí a quien tienes que creer, sino a… <br />
<br />
—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">Vamos a cambiarlo todo</span><br />
<br />
… a Ryū. Que, si habéis estado atentos a esta historia, bien sabéis que a él no le gusta <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">jugar con las palabras</span>. <br />
<br />
—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">Vamos a hacernos con todo.</span><br />
<br />
En aquella reunión, todos estaban presentes. De una u otra forma. Ryū, presente en cuerpo y alma, era quien hablaba en aquellos momentos. A su derecha, la figura espectral de la Anciana. A su izquierda, Kaido. Kyūtsuki, encargada de acelerar la recuperación del Gran Dragón, también estaba presente físicamente en la caverna de Ryūgū-jō. Al otro lado, Otohime cruzaba las manos sobre la mesa. Los ojos verdes de Money relucían sobre una figura completamente negra con brillos del arcoíris. Luego estaba Akame. Y luego… Un ojo rojo, y un ojo blanco. Eso era lo único que se distinguía del último espectro. De Uchiha Zaide. <br />
<br />
—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">Vamos a demostrarle a las que se hacen llamar las Tres Grandes cómo se maneja una Villa de verdad.</span><br />
<br />
En estos siete meses, Money había hecho contacto con el embajador de Umigarasu. Habían hablado de manera superficial, y el emisario había transmitido el deseo del Señor Feudal de hacerles una oferta jugosa. En persona. En su palacio. Poco más había podido sacarle Money, aunque ellos, gracias a Kyūtsuki, bien sabían buena parte de la oferta. <br />
<br />
Y ya habían aceptado de antemano. <br />
<br />
—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">Tenemos que decidir quién va</span> —dijo la Anciana. Faltaba una semana para la gran cita, y tenían que tenerlo todo listo y preparado. Sin fisuras. Sin dudas—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">. No podemos ir todos. El gran punto fuerte de Dragón Rojo es que está compuesto por ocho cabezas. Mientras nuestros enemigos no sean capaces de cortarlas todas al unísono, somos inmortales. Juntarnos los ocho en un mismo sitio sería… exponernos tontamente.</span><br />
<br />
Silencio. Una gota cayendo de una estalactita. <br />
<br />
—<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">No se peleen, ya soy yo el primero en ceder mi puesto</span> —habló Zaide—<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">. ¿Queréis que os envíe unas rodilleras por correo? ¿Unos cojines, quizá? Para cuando Umigarasu os haga hincar la rodilla, digo.</span> —Incluso aunque era imposible vérsela a través del Gentōshin no Jutsu, estaba claro que estaba sonriendo de oreja a oreja. <br />
<br />
Otohime carraspeó. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">A mí me gustaría ir. Sé que voté en contra de esto, pero ya que vamos a hacerlo…</span> —se encogió de hombros—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">. Ya que vamos a hacerlo, quiero ser la primera en catar esos lujos prometidos. Llevo demasiados años encerrada en este antro.</span> <br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Y, pues, aquí papi al habla. Cleo que todos estalemos de acueldo en que soy una palte fundamental e implescindible en dicha reunión. Necesitamos que esté ahí pa’ llegal a un buen acueldo.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: 9px;"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">En un día inexacto de <span style="color: skyblue;" class="mycode_color">Aliento Nevado</span>…</span></span></div>
<br />
<br />
Siete meses habían pasado desde que Sekiryū hubiese celebrado su Kaji Saiban más emblemático y recordado de los últimos años. También el más salvaje. También el más odiado. Porque aquel día habían perdido todos. Porque aquel día, y lo descubrieron demasiado tarde, se habían pegado un tiro en el pie. <br />
<br />
Ryū había sobrevivido a las heridas, sí. Duro, resistente y luchador como solo un tejón de la miel podía serlo. Pero las secuelas que todavía tenía iban más allá de dos largas cicatrices que le cruzaban pecho y espalda. Había perdido un pulmón, y, con él, gran parte de su potencial. <br />
<br />
Zaide había salido con vida del combate, haciendo honor a su apodo: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El que no se muere</span>. Tres veces Dragón Rojo le había dado por muerto, y tres veces se había vuelto a levantar. Pero, en aquella ocasión, el precio a pagar fue más caro. Un ojo. Su ojo izquierdo. Lo que para un Uchiha significaba un Mangekyō menos, y el adiós a Susano’o, su dios protector por excelencia. <br />
<br />
Oh, sí. Definitivamente Sekiryū había perdido, y mucho, aquel día. <br />
<br />
Muchas cosas habían pasado desde entonces. Combates pactados sobre la tumba de un falso muerto, pues quien sueña no está muerto, sino dormido. Susurros velados entre montañas escarpadas. Enseñanzas. Discusiones. Pactos. Risas. Secretos. Muchos secretos susurrados bajo la luz de la luna. <br />
<br />
Pequeñas historias que no tienen cabida en esta. Aquí no hay sitio para lo mundano, lo terrenal o lo personal. Porque aquí, en esta historia, estaba a punto de decidirse el destino de Sekiryū. Probablemente también de las Islas del Archipiélago. Probablemente también de Oonindo entero. <br />
<br />
¿No me crees? Oh, pero no es a mí a quien tienes que creer, sino a… <br />
<br />
—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">Vamos a cambiarlo todo</span><br />
<br />
… a Ryū. Que, si habéis estado atentos a esta historia, bien sabéis que a él no le gusta <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">jugar con las palabras</span>. <br />
<br />
—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">Vamos a hacernos con todo.</span><br />
<br />
En aquella reunión, todos estaban presentes. De una u otra forma. Ryū, presente en cuerpo y alma, era quien hablaba en aquellos momentos. A su derecha, la figura espectral de la Anciana. A su izquierda, Kaido. Kyūtsuki, encargada de acelerar la recuperación del Gran Dragón, también estaba presente físicamente en la caverna de Ryūgū-jō. Al otro lado, Otohime cruzaba las manos sobre la mesa. Los ojos verdes de Money relucían sobre una figura completamente negra con brillos del arcoíris. Luego estaba Akame. Y luego… Un ojo rojo, y un ojo blanco. Eso era lo único que se distinguía del último espectro. De Uchiha Zaide. <br />
<br />
—<span style="color: wheat;" class="mycode_color">Vamos a demostrarle a las que se hacen llamar las Tres Grandes cómo se maneja una Villa de verdad.</span><br />
<br />
En estos siete meses, Money había hecho contacto con el embajador de Umigarasu. Habían hablado de manera superficial, y el emisario había transmitido el deseo del Señor Feudal de hacerles una oferta jugosa. En persona. En su palacio. Poco más había podido sacarle Money, aunque ellos, gracias a Kyūtsuki, bien sabían buena parte de la oferta. <br />
<br />
Y ya habían aceptado de antemano. <br />
<br />
—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">Tenemos que decidir quién va</span> —dijo la Anciana. Faltaba una semana para la gran cita, y tenían que tenerlo todo listo y preparado. Sin fisuras. Sin dudas—<span style="color: Brown;" class="mycode_color">. No podemos ir todos. El gran punto fuerte de Dragón Rojo es que está compuesto por ocho cabezas. Mientras nuestros enemigos no sean capaces de cortarlas todas al unísono, somos inmortales. Juntarnos los ocho en un mismo sitio sería… exponernos tontamente.</span><br />
<br />
Silencio. Una gota cayendo de una estalactita. <br />
<br />
—<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">No se peleen, ya soy yo el primero en ceder mi puesto</span> —habló Zaide—<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">. ¿Queréis que os envíe unas rodilleras por correo? ¿Unos cojines, quizá? Para cuando Umigarasu os haga hincar la rodilla, digo.</span> —Incluso aunque era imposible vérsela a través del Gentōshin no Jutsu, estaba claro que estaba sonriendo de oreja a oreja. <br />
<br />
Otohime carraspeó. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">A mí me gustaría ir. Sé que voté en contra de esto, pero ya que vamos a hacerlo…</span> —se encogió de hombros—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">. Ya que vamos a hacerlo, quiero ser la primera en catar esos lujos prometidos. Llevo demasiados años encerrada en este antro.</span> <br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Y, pues, aquí papi al habla. Cleo que todos estalemos de acueldo en que soy una palte fundamental e implescindible en dicha reunión. Necesitamos que esté ahí pa’ llegal a un buen acueldo.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El Espejo del Mar]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-espejo-del-mar</link>
			<pubDate>Fri, 26 Jul 2019 04:47:11 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=380">King Roga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-espejo-del-mar</guid>
			<description><![CDATA[Más allá del mar, Kasukami presumía de tal magnificencia, que no tenía que envidiarle nada a grandes urbes cómo Notsuba o Tanzaku Gai. Esta gozaba de una marcada diferencia entre las clases sociales, notable en su infraestructura principalmente. Pocos podían decirse que estaban en un punto medio. Es aquí, dónde desembarcaba el genin con el ego más grande de todo Ōnindo. Llegó a un atracadero en un barco de pasajeros que traía a varios turistas y curiosos, pero él no venía a pasear en esta ocasión. No señor. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"En la que me acabo de meter..."</span></span> Su meta, llegar al barrio alto, que por esta vez, iba a poder darse un pequeño lujo por razones poco ortodoxas. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ojalá y no termine igual que la última vez, porque peor no puede salir."</span></span> Aquellos cinco días en el País del Viento fueron los más largos de su vida.<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">A inicios del Otoño...</div></i></div>
<br />
La sala del hogar estaba sóla. La televisión estaba prendida a todo volumen, pero nadie estaba cerca para prestar atención. Iroha estaba distraída preparando la cena, mientras Minamoto aún no regresaba de su trabajo. Lo importante, estaba sucediéndose en la recámara del viejo Shishio. El anciano estaba parado frente al balcón, sin importarle que la lluvia estuviese mojando dentro del cuarto. Rōga, recostado de brazos cruzados en el marco de la puerta de la habitación, con los ojos filosos, casi cómo si quisiera apuñalar en la espalda al viejo.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Es por Kid, ¿verdad? La razón por la cuál no estás solicitando apoyo por parte de la aldea—</span> Escupió cada palabra.<br />
<br />
Shishio no contestó.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Me involucraste en un desmadre allá en Kaze no Kuni. ¿Ahora pretendes que vaya a ciegas fuera del continente a buscar no sé que chunche?—</span> Volteó la cabeza al corredor, observando las gradas que iban al segundo nivel, esperando que su madre no se diese cuenta que no estaba frente al televisor.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—Dijiste que en Tanzaku Gai, alguien robó la pintura de las Montañas Dragón que iba a ser subastada. El donador, una tal Fundación Hakaze, ¿no?—</span> Seguía sin verle.<br />
<br />
El genin se dio la vuelta en un arrebato, tomó la puerta y la cerró con violencia detrás de sí.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—No me estás respondiendo lo que te pregunté. ¿Qué mierdas son esas armas de los Dioses Cardinales? Más aún, ¿por qué tú y ese tal Kid tienen tanta preocupación en protegerlas?—</span> entonces, señaló con el dedo el bastón que yacía recostado al lado de la cama. <span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Esa cosa, es una de esas... Dime ya la puta verdad.</span><br />
<br />
Shishio se volteó y posó sus ojos rabiosos en su propio nieto. Sin embargo, este no se movió y le mantuvo la mirada. Tenía ya mucho más carácter encima, así que suspiró al darse cuenta de que ya no era el niño idiota cómo solía llamarlo.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—Supongo que tarde o temprano te ibas a terminar enterando—</span> El hombre caminó con parsimonia, sentándose en el borde de la cama. Juntó los brazos, pensativo. Observó la tormenta, a los altos edificios que se perdían en el horizonte. Su mente viajó al pasado, sus ojos vieron algo que no estaba allí. Otro suspiro, habló. <span style="color: coral;" class="mycode_color">—Kid fue mi <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hermano</span>.</span><br />
<br />
Rōga se turbó, abriendo un poco la boca sin poder pronunciar nada. Sabía perfectamente, que no podía ser de sangre. Sin embargo, siendo Yotsuki, era una revelación muy muy fuerte. Más que nada, porque eso significaba que Kid rompió su juramento al renegar de la aldea.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—Hace muchos años, Kid y yo conocimos a un anciano en el País del Rayo, quién nos mencionó que existían cinco armas forjadas por un clan que despareció junto al país al que pertenecían. Estas armas fortalecían al shinobi débil, y convertían a uno fuerte en una verdadera máquina de matar. Cada arma recibe su nombre en honor a una deidad que vigila un punto cardinal, aunque pronunciado en un lenguaje extraño pero que tiene sus equivalentes en nuestra mitología tradicional. Nos dijo que quién poseyera una de ellas, ostentaría el título de ser un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Shitennō</span>. En teoría, sólo pueden existir cuatro Reyes Celestiales. Esto es porque sólo alguien con el poder comparable a un Kage es capaz de poseer la quinta. Se nos dijo, que aquel que se convierta en un Rey Celestial, deberá proteger a las personas y velar por el bien con el poder otorgado, más allá de la lealtad de las aldeas.</span><br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—¿Entonces tú aceptaste ser un puto superhéroe?</span><br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Shut up!</span> Déjame terminar—</span> rechistó. <span style="color: coral;" class="mycode_color">—Los Reyes deberían unir fuerzas cuando un gran mal aparezca, pero lastimosamente muchos al conocer de su existencia sólo piensan en su beneficio. Así, las armas fueron escondidas en distintos templos de las antiguas Cinco Grandes Naciones. Se nos encargó, por tanto, salvaguardarlas. Nadie que fuese indigno debería convertirse en un Rey Celestial.</span><br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Bendita bronca en la que te metiste. ¿Por qué Kid se exilió entonces?</span><br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—Esa historia va aparte y no nos interesa ahora, aunque a decir verdad, no me esperaba que Kid siguiera intentando protegerlas... pensé que se había olvidado de ese juramento, pero no sé que planea ese puto loco. En fin. Pasa que existe un mapa para cada arma, normalmente disfrazado de pintura antigua. Cuando yo robé el arma del País del Fuego, me la traje a Amegakure—.</span> Ladeó su vista unos instantes a la pared, dónde se divisaba a un fénix sobrevolando una versión extraña del mundo, dónde el trigo crecía en las nubes y la tierra ardía. <span style="color: coral;" class="mycode_color">—La de Báihū, partimos el mapa en dos, siendo que yo conservaba una mitad y Kawaraga la otra. No esperaba que alguien más supiera de la existencia del mapa y lo asesinaran. El cuadro quedó entonces oculto en el templo, aunque fue destruido para siempre. Además, quién sea que atacó el casino en Tanzaku sabía que el mapa del Templo de  Qīnglóng  iba a estar ahí; me preocupa que alguien ya haya ido tras ella—</span> Se estiró un poco y tomó el misterios bastón de escarlata y oro.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—¿Quieres que vaya a buscar el puto templo?—</span> Refunfuñó.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—No. Quiero que vayas a investigar a esa tal Fundación Hakaze. La última vez que me cercioré, esa pintura estaba en un museo de Kasukami. Averigua cómo carajos la consiguieron. No tenemos información del ladrón, pero quizás y sólo quizás ellos sí. No es garantía y pueda que resulte absurdo y ambiguo, pero no hay más pistas.</span><br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Y luego tú me llamas irresponsable a mí—</span> Carcajeó el genin.<br />
<br />
<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡RŌGA BAJA AQUÍ AHORA MISMO Y APAGA LA MALDITA TELEVISIÓN!</span>—</span> La voz de Iroha estalló, imperando por encima del ruido, de las paredes, y de la propia tormenta del exterior.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Whoops.</span> Bueno, lo voy a hacer porque al menos lo puedo considerar un entrenamiento... Además yo no pude atrapar al ladrón en Tanzaku Gai, y eso si ya es personal. No me interesan tus viejos dilemas, esto es sólo por mí. Nada más—</span> se giró, marchándose altivo.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—No hagas una tont... Bah, para que me esfuerzo.</span><br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">...días después.</div></i></div>
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ho ho!</span> Me la voy a pasar en grande aquí—</span> Pensó en voz alta mientras caminaba entre las calles del barrio alto.<br />
<br />
Era cómo esas historias, dónde todo era demasiado perfecto para ser verdad. La gente iba bien vestida, las calles y los edificios denotaban pulcritud y lujo. Incluso las calles, con su empedrado de mármol tallado. El Yotsuki y su aspecto de maleante desencajaba y llamaba mucho la atención en aquel sitio, ganándose miradas reprobatorias de algunos transeúntes. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Que se jodan"</span></span> Devolvía una sonrisa siniestra, ante lo cual algunos preferían acelerar el paso por miedo.<br />
<br />
Se plantaría entonces en una calle llena de locales comerciales. Sin embargo, los restaurantes de la zona no eran nada a lo que hubiese visto antes. Había guardias, mientras los letreros parecían escritos en caligrafía fina. Los comensales iban todos con sus mejores galas, además de que los meseros estaban perfectamente uniformados y peinados, al punto que parecían todos gemelos. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"El abuelo me dio dinero de su fondo de retiro pero joder... Que acá todo ha de costar el quíntuple que en el Distrito Comercial. Malaya comprarme algún cuerito fino, ya que estamos."</span></span> Suspiró.<br />
<br />
Se acercó a un restaurante que tenía un gran toldo, con varias mesas fuera del mismo para que los comensales pudiesen degustar al aire libre. Nunca iba a ver nada similar en su natal País de la Tormenta. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"A probar suerte."</span></span> Se sentó entonces en una de las mesas, tomando la carta y leyéndola a la espera de que alguien llegase a tomar su orden. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Nunca pensé que el abuelo actuaría a espaldas de la aldea."</span></span> No el entraba en la cabeza que el siempre recto Shishio también tuviera sus secretitos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Más allá del mar, Kasukami presumía de tal magnificencia, que no tenía que envidiarle nada a grandes urbes cómo Notsuba o Tanzaku Gai. Esta gozaba de una marcada diferencia entre las clases sociales, notable en su infraestructura principalmente. Pocos podían decirse que estaban en un punto medio. Es aquí, dónde desembarcaba el genin con el ego más grande de todo Ōnindo. Llegó a un atracadero en un barco de pasajeros que traía a varios turistas y curiosos, pero él no venía a pasear en esta ocasión. No señor. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"En la que me acabo de meter..."</span></span> Su meta, llegar al barrio alto, que por esta vez, iba a poder darse un pequeño lujo por razones poco ortodoxas. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ojalá y no termine igual que la última vez, porque peor no puede salir."</span></span> Aquellos cinco días en el País del Viento fueron los más largos de su vida.<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">A inicios del Otoño...</div></i></div>
<br />
La sala del hogar estaba sóla. La televisión estaba prendida a todo volumen, pero nadie estaba cerca para prestar atención. Iroha estaba distraída preparando la cena, mientras Minamoto aún no regresaba de su trabajo. Lo importante, estaba sucediéndose en la recámara del viejo Shishio. El anciano estaba parado frente al balcón, sin importarle que la lluvia estuviese mojando dentro del cuarto. Rōga, recostado de brazos cruzados en el marco de la puerta de la habitación, con los ojos filosos, casi cómo si quisiera apuñalar en la espalda al viejo.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Es por Kid, ¿verdad? La razón por la cuál no estás solicitando apoyo por parte de la aldea—</span> Escupió cada palabra.<br />
<br />
Shishio no contestó.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Me involucraste en un desmadre allá en Kaze no Kuni. ¿Ahora pretendes que vaya a ciegas fuera del continente a buscar no sé que chunche?—</span> Volteó la cabeza al corredor, observando las gradas que iban al segundo nivel, esperando que su madre no se diese cuenta que no estaba frente al televisor.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—Dijiste que en Tanzaku Gai, alguien robó la pintura de las Montañas Dragón que iba a ser subastada. El donador, una tal Fundación Hakaze, ¿no?—</span> Seguía sin verle.<br />
<br />
El genin se dio la vuelta en un arrebato, tomó la puerta y la cerró con violencia detrás de sí.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—No me estás respondiendo lo que te pregunté. ¿Qué mierdas son esas armas de los Dioses Cardinales? Más aún, ¿por qué tú y ese tal Kid tienen tanta preocupación en protegerlas?—</span> entonces, señaló con el dedo el bastón que yacía recostado al lado de la cama. <span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Esa cosa, es una de esas... Dime ya la puta verdad.</span><br />
<br />
Shishio se volteó y posó sus ojos rabiosos en su propio nieto. Sin embargo, este no se movió y le mantuvo la mirada. Tenía ya mucho más carácter encima, así que suspiró al darse cuenta de que ya no era el niño idiota cómo solía llamarlo.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—Supongo que tarde o temprano te ibas a terminar enterando—</span> El hombre caminó con parsimonia, sentándose en el borde de la cama. Juntó los brazos, pensativo. Observó la tormenta, a los altos edificios que se perdían en el horizonte. Su mente viajó al pasado, sus ojos vieron algo que no estaba allí. Otro suspiro, habló. <span style="color: coral;" class="mycode_color">—Kid fue mi <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">hermano</span>.</span><br />
<br />
Rōga se turbó, abriendo un poco la boca sin poder pronunciar nada. Sabía perfectamente, que no podía ser de sangre. Sin embargo, siendo Yotsuki, era una revelación muy muy fuerte. Más que nada, porque eso significaba que Kid rompió su juramento al renegar de la aldea.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—Hace muchos años, Kid y yo conocimos a un anciano en el País del Rayo, quién nos mencionó que existían cinco armas forjadas por un clan que despareció junto al país al que pertenecían. Estas armas fortalecían al shinobi débil, y convertían a uno fuerte en una verdadera máquina de matar. Cada arma recibe su nombre en honor a una deidad que vigila un punto cardinal, aunque pronunciado en un lenguaje extraño pero que tiene sus equivalentes en nuestra mitología tradicional. Nos dijo que quién poseyera una de ellas, ostentaría el título de ser un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Shitennō</span>. En teoría, sólo pueden existir cuatro Reyes Celestiales. Esto es porque sólo alguien con el poder comparable a un Kage es capaz de poseer la quinta. Se nos dijo, que aquel que se convierta en un Rey Celestial, deberá proteger a las personas y velar por el bien con el poder otorgado, más allá de la lealtad de las aldeas.</span><br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—¿Entonces tú aceptaste ser un puto superhéroe?</span><br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Shut up!</span> Déjame terminar—</span> rechistó. <span style="color: coral;" class="mycode_color">—Los Reyes deberían unir fuerzas cuando un gran mal aparezca, pero lastimosamente muchos al conocer de su existencia sólo piensan en su beneficio. Así, las armas fueron escondidas en distintos templos de las antiguas Cinco Grandes Naciones. Se nos encargó, por tanto, salvaguardarlas. Nadie que fuese indigno debería convertirse en un Rey Celestial.</span><br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Bendita bronca en la que te metiste. ¿Por qué Kid se exilió entonces?</span><br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—Esa historia va aparte y no nos interesa ahora, aunque a decir verdad, no me esperaba que Kid siguiera intentando protegerlas... pensé que se había olvidado de ese juramento, pero no sé que planea ese puto loco. En fin. Pasa que existe un mapa para cada arma, normalmente disfrazado de pintura antigua. Cuando yo robé el arma del País del Fuego, me la traje a Amegakure—.</span> Ladeó su vista unos instantes a la pared, dónde se divisaba a un fénix sobrevolando una versión extraña del mundo, dónde el trigo crecía en las nubes y la tierra ardía. <span style="color: coral;" class="mycode_color">—La de Báihū, partimos el mapa en dos, siendo que yo conservaba una mitad y Kawaraga la otra. No esperaba que alguien más supiera de la existencia del mapa y lo asesinaran. El cuadro quedó entonces oculto en el templo, aunque fue destruido para siempre. Además, quién sea que atacó el casino en Tanzaku sabía que el mapa del Templo de  Qīnglóng  iba a estar ahí; me preocupa que alguien ya haya ido tras ella—</span> Se estiró un poco y tomó el misterios bastón de escarlata y oro.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—¿Quieres que vaya a buscar el puto templo?—</span> Refunfuñó.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—No. Quiero que vayas a investigar a esa tal Fundación Hakaze. La última vez que me cercioré, esa pintura estaba en un museo de Kasukami. Averigua cómo carajos la consiguieron. No tenemos información del ladrón, pero quizás y sólo quizás ellos sí. No es garantía y pueda que resulte absurdo y ambiguo, pero no hay más pistas.</span><br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Y luego tú me llamas irresponsable a mí—</span> Carcajeó el genin.<br />
<br />
<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">—<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡RŌGA BAJA AQUÍ AHORA MISMO Y APAGA LA MALDITA TELEVISIÓN!</span>—</span> La voz de Iroha estalló, imperando por encima del ruido, de las paredes, y de la propia tormenta del exterior.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Whoops.</span> Bueno, lo voy a hacer porque al menos lo puedo considerar un entrenamiento... Además yo no pude atrapar al ladrón en Tanzaku Gai, y eso si ya es personal. No me interesan tus viejos dilemas, esto es sólo por mí. Nada más—</span> se giró, marchándose altivo.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—No hagas una tont... Bah, para que me esfuerzo.</span><br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center">...días después.</div></i></div>
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ho ho!</span> Me la voy a pasar en grande aquí—</span> Pensó en voz alta mientras caminaba entre las calles del barrio alto.<br />
<br />
Era cómo esas historias, dónde todo era demasiado perfecto para ser verdad. La gente iba bien vestida, las calles y los edificios denotaban pulcritud y lujo. Incluso las calles, con su empedrado de mármol tallado. El Yotsuki y su aspecto de maleante desencajaba y llamaba mucho la atención en aquel sitio, ganándose miradas reprobatorias de algunos transeúntes. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Que se jodan"</span></span> Devolvía una sonrisa siniestra, ante lo cual algunos preferían acelerar el paso por miedo.<br />
<br />
Se plantaría entonces en una calle llena de locales comerciales. Sin embargo, los restaurantes de la zona no eran nada a lo que hubiese visto antes. Había guardias, mientras los letreros parecían escritos en caligrafía fina. Los comensales iban todos con sus mejores galas, además de que los meseros estaban perfectamente uniformados y peinados, al punto que parecían todos gemelos. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"El abuelo me dio dinero de su fondo de retiro pero joder... Que acá todo ha de costar el quíntuple que en el Distrito Comercial. Malaya comprarme algún cuerito fino, ya que estamos."</span></span> Suspiró.<br />
<br />
Se acercó a un restaurante que tenía un gran toldo, con varias mesas fuera del mismo para que los comensales pudiesen degustar al aire libre. Nunca iba a ver nada similar en su natal País de la Tormenta. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"A probar suerte."</span></span> Se sentó entonces en una de las mesas, tomando la carta y leyéndola a la espera de que alguien llegase a tomar su orden. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Nunca pensé que el abuelo actuaría a espaldas de la aldea."</span></span> No el entraba en la cabeza que el siempre recto Shishio también tuviera sus secretitos.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] Removiendo el pasado]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-removiendo-el-pasado</link>
			<pubDate>Thu, 02 Aug 2018 21:56:38 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Karma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-removiendo-el-pasado</guid>
			<description><![CDATA[Karma no podía quitarse de la cabeza eso que Ringo le había dicho sobre sus raíces. Ya habían pasado semanas desde aquello, pero la muchacha no había logrado espantar la idea; cada vez que lo hacía esta terminaba escodiéndose en algún recoveco de su mente para poco después arrastrarse de vuelta hasta el foco central de su pensamiento.<br />
<br />
El concepto de investigar sobre sus padres y familia cercana en general ya se le había ocurrido más de una vez antes de conocer al que debía ser el primogénito de los Yoshikawa, pero siempre había optado por desarmar sus planes y no hacerlo. El asunto le producía una desagradable mezcla de solemnidad y miedo. Lo único que había conocido desde su nacimiento era un padre abusivo y una madre enterrada, parientes ausentes —ya fuese por desconocimiento, desentendimiento o por vivir lejos; era un misterio— y nada más. Con Kojima Satoshi, su padre, muerto, la pelivioleta prefirió no remover el pasado.<br />
<br />
Al fin y al cabo, odiaba a su progenitor hasta el punto de darle matarile. No tenía una opinión mucho mejor de los demás, ya que no habían hecho nada por evitar las atrocidades que ella había sufrido. La única que se libraba era su madre, Yurisa. El parto se había cobrado su vida, así que no era responsable de nada. E incluso así no podía sentir pena o melancolía por la falta de alguien que no había conocido.<br />
<br />
Pero ahora... ahora se sentía capaz de hacerlo, excavar en busca de verdades que probablemente no le aportarían nada, solo dolor. ¿Qué había cambiado? ¿Tanto le había influido la propuesta del alocado aspirante a Uzukage? ¿O es que su coraza psicológica ahora era más gruesa y la espoleaba a atraverse a enfrentar lo que antes no habría tocado? Fuera como fuese, su insaciable curiosidad también estaba de acuerdo en tomar cartas en el asunto de una vez por todas.<br />
<br />
Así que, cansada de pelear consigo misma, Karma se puso manos a la obra. <br />
<br />
Lo primero que hizo fue echarle un segundo vistazo a los pocos documentos pertenecientes a las épocas anteriores a su nacimiento que había rescatado en su propio hogar, después de que pasara a ser únicamente suyo. Precisamente los mismos que Ringo había curioseado ese día. <br />
<br />
No había nada de especial utilidad en la ya referida pila. Las fotos le permitían saber el aspecto que tenía su madre en vida y el de su padre antes de la muerte de esta y su degradación gradual, que era muy diferente —mucho más sano y vivaz— que el que Karma guardaba. La carta le hacía creer que sus progenitores se habían querido de verdad cuando las cosas funcionaban, además de que sus abuelos por parte de madre todavía vivían por aquel entonces. Poco más.<br />
<br />
Ahí es donde la sugerencia del muchacho entraba en juego. La joven se desplazó hasta el edificio del Uzukage y solicitó acceso a sus registros familiares. No le pusieron pegas, aunque necesitó esperar un buen rato entre que la atendían y finalmente el encargado de los archivos le entregaba de forma temporal los documentos correspondientes. Gracias a estos descubrió sobre sus abuelos, tanto de parte de padre como de madre.<br />
<br />
Los padres de Satoshi se llamaban Kojima Nakao y Kojima Kaori. El papeleo indicaba que no eran originarios de la villa, si no que se habían mudado a ella cuando Satoshi era un niño. No había ninguna explicación respecto al motivo que los había llevado a inmigrar a Uzushiogakure, tan solo el registro de llegada y su empadronamiento, además de indicar que eran provenientes del País del Agua, del Puerto Kasukami. Karma no gozaba de información suficiente ni para formular una simple conjetura. Lo que el documento sí dejaba bien claro era que habían fallecido antes siquiera del nacimiento de la kunoichi; una vez más, el motivo no figuraba.<br />
<br />
Los padres de Yurisa eran Uchida Yojimbo y Uchida Nanami. Ellos sí que eran originarios de la villa, una generación más de una familia con muchas a su espalda, siempre en Uzu. Yojimbo llevaba unos pocos años en el otro mundo, pero su esposa seguía con vida, si los registros no estaban equivocados. Hasta figuraba su dirección.<br />
<br />
Karma recordó a la mujer de porte dignificado de la que le había hablado a Ringo. No tenía pruebas, pero su instinto le decía que era la misma. <br />
<br />
Había llegado el momento de devolverle la visita...<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">***</span></div></i></div>
<br />
La Iryō-Nin se personó frente a la finca a la que la dirección hacía referencia. Llevaba los datos apuntados en un trozo de pergamino, ya que los registros oficiales tuvo que devolverlos antes de abandonar la sala de archivos.<br />
<br />
Era un caserón en toda regla, uno de muchos en el Barrio de la Brisa, uno de los barrios ricos de la villa. La fémina no podía vislumbrar demasiado porque todo el recinto estaba delimitado por un robusto muro de madera con un torii rojo sobre la puerta de entrada, pero era obvio que la casa en sí debía de tener tres plantas como mínimo, dada su altura.<br />
<br />
Karma tocó y esperó. La recibió un individuo con vestiduras de sirviente al estilo oriental y actitud exageradamente servicial. Era joven, atractivo, de cabello moreno y corto. A pesar de su exuberante educación, el tipo no lograba ocultar cierto deje de soberbia en sus palabras y expresiones.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">¿Sí? ¿En qué puedo ayudarla, kunoichi-san?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Ehm... me gustaría...</span> —la genin nunca había tratado con un mayordomo; la intimidaba—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">. Estoy buscando a Uchida Nanami. ¿Vive aquí?</span><br />
<br />
El hombre quedó en silencio un momento.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Sí, esta es la residencia de Uchida-sama. ¿Es algún tipo de asunto oficial?</span><br />
<br />
Preguntó porque Karma llevaba el hitai-ate en la frente, como de costumbre.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Oh, no. Es algo personal. Me gustaría hablar con ella.</span><br />
<br />
El mayordomo la miró de arriba a abajo. <br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Le ruego que espere aquí un momento, veré si Uchida-sama está dispuesta a concederle una audiencia. ¿Cuál es su nombre?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Kojima Karma.</span><br />
<br />
La puerta quedó cerrada y la médica a la espera. Unos diez minutos más tarde, el sirviente hizo acto de presencia.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Me temo que Uchida-sama no desea verla, Kojima-san. La señora me ha pedido que le indique que si quiere más dinero, deberá mandar una carta a esta misma residencia solicitándolo con el mayor de los respetos, unos días más tarde alguien le hará entrega de ello en su casa. Siempre que la cifra solicitada sea, claro está, razonable</span> —recitó de una forma que a la pelivioleta le hizo hervir la sangre—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">. Uchida-sama también le advierte que solo lo solicite en caso de extrema necesidad y no ponga a prueba su generosidad. Así mismo, respetuosamente le pide a usted que no se vuelva a presentar por aquí. Uchida-sama no desea que se la vincule con su persona. Eso es todo.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡Pero esto no es sobre el dinero! ¡Es mi abuela, quiero hablar con ella cara a cara!</span><br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Lo siento mucho, pero esta es la voluntad de Uchida-sama. Como kunoichi que es de esta nuestra aldea le agradecemos su servicio, pero le ruego que acepte la situación y se retire pacíficamente, o nos veremos obligados a ponernos en contacto con sus superiores.</span><br />
<br />
Karma apretó la mandíbula y los puños, pero no hizo nada. Si su abuela no quería saber nada de ella, que le jodan. La situación solo servía para justificar sus malos pensamientos hacia esos parientes desconocidos que nunca se habían presentado en casa.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Eso es todo. Espero que tenga un buen día. Si me disculpa...</span> —el mayordomo aprovechó la mutis de la muchacha para retirarse a toda prisa, cerrándole la puerta en las narices a su interlocutora.<br />
<br />
Y quedó en solitario, preguntándose una y otra vez qué demonios ocurría con su abuela materna para que la tratara así. <br />
<br />
Era un misterio que no podría desentrañar, al menos por el momento...<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">***</span></div></i></div>
<br />
A la pelivioleta le quedaba una última baza, aunque era una algo desesperada. <br />
<br />
Su padre había sido mercader de frutas y hortalizas en vida, dueño de una humilde pero próspera tienda allí mismo, en Uzushiogakure, que quedaba a tres calles de la residencia Kojima. Parecía ser que el hombre había albergado sueños de convertirse en un magnate, pero no lo logró, claro está. <br />
<br />
No esperaba que le aportara ningún retazo de valor sobre el pasado de sus padres, ¿pero qué demonios? Ya había agotado el resto de posibilidades. Así que se puso a investigar sobre los negocios del fallecido.<br />
<br />
Además de las fotos y otros efectos personales que había ido encontrando por la casa y de los que ya se habló, también quedaron documentos sobre la verdulería. Karma se limitó a guardarlos e ignorarlos en su día, pero ahora los rescató y los estudió.<br />
<br />
Definitivamente no eran una lectura que indujera adrenalina. Las finanzas revelaban que el negocio iba bien y la pareja disfrutaba de un deshaogo económico envidiable, pero no había prospecto alguno de que el asunto fuera a explotar y convertirse en el imperio millonario que Satoshi había querido. Quizás habría llegado a eso eventualmente, pero ya era imposible saberlo. Si su padre hizo algo mal con sus negocios que le impidió alcanzar la cuota de beneficios deseada Karma no era capaz de detectarlo; no sabía nada sobre administración de empresas.<br />
<br />
Aunque sí que se percató de un detalle interesante, después de todo: su padre encargaba la mercancía a un solo sujeto, un tal Tokugawa. No hacía negocios con nadie más, o si los hacía no figuraba en su libro de cuentas. Además, los pedidos provenían del Puerto Kasukami, el mismo lugar del que su familia era originaria y donde había crecido hasta venir a Uzu. <br />
<br />
¿Sería una casualidad? Karma quiso pensar que no.<br />
<br />
La lógica le decía a gritos que era una pérdida de tiempo, pero se decidió a indagar sobre Tokugawa...<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">***</span></div></i></div>
<br />
Tras pedir permiso en la aldea y tomar un barco hasta Kasukami, la jovenzuela se presentó en el puerto.<br />
<br />
No le costó demasiado trabajo localizar a su objetivo; resultó ser que era bien conocido en el lugar y la empresa tenía su sede allí mismo. El nombre del dueño era Tokugawa Amagatsu.<br />
<br />
Indicarle a la recepcionista que su nombre era Kojima Karma y que venía en nombre de Hortalizas Kojima le otorgó una reunión con el jefazo supremo a una velocidad pasmosa, dejándola patidifusa. ¿Acaso su padre había sido tan importante? <br />
<br />
Fue conducida hasta el despacho del propio Amagatsu, una estancia amplia y opulenta, digna de su posición. El mencionado estaba allí, sentado en su silla de directivo tras un portentoso escritorio. Le indicó a Karma con una plácida sonrisa que tomara asiento. Ella obedeció.<br />
<br />
Tokugawa Amagatsu no era, precisamente, atractivo. Además, sufría de sobrepeso. Pero lo contrarrestaba al ir bien vestido y despedir un carisma que te hacía confiar en él. Tenía el cabello castaño y bien arreglado, también lucía un bigote. Portaba en algunos de sus dedos anillos de gran valor, forjados en oro con gemas preciosas incrustadas.<br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">¡Buenos días, amiga!</span> —afirmó—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. ¡Tokugawa Amagatsu a tu servicio! ¿Eres la hija de ese cabronazo Satoshi? ¡Hace milenios que no me pide nada, ni siquiera me manda una carta!</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Esto... sí, Kojima Satoshi es mi padre. ¿Le conoce? He comprobado que siempre encargaba sus verduras y frutas a su empresa, Tokugawa-san.</span><br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">¡Claro que sí! Tu padre y yo somos amigos de la infancia, chica. Los dos nos hemos querido hacer asquerosamente ricos desde que éramos pequeños, pero él se marchó a Uzushiogakure. Yo me quedé aquí y ya me ves, no solo cultivo y vendo frutas y verduras, también fabrico armas y muebles, entre otras cosas. Hace unos días me hice con mi primera herrería. ¡Dentro de poco me comeré toda Kasukami!</span> —empezó a reír—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. ¡Todo conseguido con trabajo duro y saber aprovechar las oportunidades! ¡¿Pero es que tu padre nunca te habló de mí?! ¡Menudo mamón! ¡Siempre supe que la envidia que le producía mi éxito le terminaría consumiendo algún día!</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No, no... es cierto que nunca me habló de usted pero, no creo que fuera por envidia... Es... dejémoslo en que es complicado. Verá, mi padre murió hace un año, más o menos. Estoy aquí porque quería saber más sobre su negocio.</span><br />
<br />
A Amagatsu se le ensombreció la cara.<br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">¿Qué...? ¿Satoshi, muerto...? Pero... ¡pero esto explica tanto! ¡Creía que había parado de realizar pedidos y de comunicarse conmigo porque estaba molesto por algo, o porque había encontrado un proveedor mejor! ¡Quizás algún pedido se había perdido por el camino y no me lo quería reclamar...! ¡Debería de haberme puesto en contacto con él, pero si te soy sincero, me daba miedo...! No tengo muchos amigos...</span> —se lamentó, visiblemente afectado—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. Maldita sea, ¿cómo he podido tardar tanto en enterarme de esto? ¿Qué le ocurrió?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Como ya le he dicho, es complicado... la bebida lo terminó matando. Desde que murió mi madre, mi padre, bueno... supongo que no volvió a ser el mismo.</span><br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">Por todo los dioses... con lo que yo le quería... ¡Si hasta le ofrecí convertirse en mi socio cuando las cosas me empezaron a ir bien, pero se empeñó en sacar un negocio a flote él solo! Siempre fue muy tozudo... Es cierto que le noté más apagado cuando Yurisa-san murió, pero esto me toma completamente por sorpresa...</span> —suspiró—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. Cuando mi secretaria me ha dicho tu nombre y que venías en nombre de su compañía me he alegrado mucho. Pensaba que quería retomar el contacto y te estaba utilizando a ti como recadera, o incluso que había perdido el interés en el negocio y ahora eras tú la dueña. ¿Sabes? Siempre quise conocerte, desde que eras niña. Pero siempre andaba ocupado con esto o con lo otro... Has salido preciosa, Karma, tal y como tu madre era.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">G-Gracias, Tokugawa-san...</span><br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">¡Nada de Tokugawa-san! No son necesarios honoríficos ni tratarme como un desconocido. Llámame Amagatsu, por favor.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Gracias, A-Amagatsu...</span><br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">De nada, de verdad me lo pareces. Entonces, ¿qué ha ocurrido con Hortalizas Kojima?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">La cerré cuando mi padre murió. Ahora el local está desocupado, creo. Lo vendí a una agencia inmobiliaria. Yo no quería ocuparme de ello, soy una kunoichi y no dispongo de tiempo ni aunque quisiera.</span><br />
<br />
La pelivioleta tuvo que revelarle ese detalle porque en esta ocasión no llevaba nada consigo que la identificara como parte de las fuerzas de Uzushiogakure.<br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">Ya veo... los sueños de Satoshi e incluso él mismo, todo muerto y enterrado... te hace pensar sobre este mundo y su crueldad...</span> —dijo, mirando al infinito—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. ¿Así que kunoichi, eh? Entonces tienes mi respeto, aunque es una profesión peligrosa, ¿no?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Lo es, y a mi rango, que es el mínimo, bastante mal pagada, honestamente. Pero me eligieron para el cuerpo médico y estoy contenta con ello. La medicina me resulta interesante.</span><br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">¡Vaya con Karma-chan! ¡Ademas de bella, inteligente!</span><br />
<br />
La muchacha se sonrojó.<br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">Bueno</span> —el mercader entrelazó los dedos de sus manos—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. ¿Qué querías saber sobre la empresa de tu padre? ¡Te aseguro que a mí no me debe dinero!</span> —bromeó.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">En realidad quería saber sobre mis padres, si no le importa... no conocí a mi madre y mi padre nunca me contó demasiado, dado su estado. ¿Usted los conocía antes de que yo naciera? ¿Cómo eran?</span><br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">Hmm, ya veo... Conozco bien a tu padre y en más de una ocasión hablé con tu madre, pero no nos veíamos tanto. Ya sabes, la distancia de aquí a tu villa y que cada uno estaba muy ocupado con sus respectivas vidas. Pero te contaré todo lo que sé.</span><br />
<br />
Amagatsu cumplió su promesa. Le habló a Karma sobre sus padres —la versión anterior de ellos— a lo largo de un par de horas. Le contó mil y una anéctotas, la mayoría graciosas, algunas más tristes. Eventualmente el caballero hizo llamar a su secretaria y le ordenó a esta que les trajera una taza de té con pastas. Karma comió y bebió con gusto; todo estaba delicioso.<br />
<br />
La imagen que la fémina se terminó haciendo le resultó surrealista, puesto que no encajaba nada con el padre que ella había conocido. Según el magnate, Satoshi había sido alguien muy noble, de ánimo paciente y tranquilo, extremadamente cariñoso. Por otro lado, su madre, Yurisa, se mostraba fría e intransigente en primera instancia —provenía de una familia adinerada y amante de la etiqueta, todo encajaba—, pero en realidad era una mujer tenaz, mal hablada y tan afectiva como Satoshi. Tokugawa aseguró en múltiples ocasiones que lo de ellos era amor verdadero.<br />
<br />
La charla entristeció a la genin, pero también le brindó las respuestas que buscaba, provenientes de la fuente más inesperada.<br />
<br />
El sol se estaba poniendo y aunque agradecía la hospitalidad del mercader, consideró que ya iba siendo hora de marcharse.<br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">Escucha, Karma-chan, quiero que sepas que si te hace falta cualquier cosa, aquí estoy yo</span> —expresó al alzarse de la silla—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. ¡Es más! Te pido que te esperes hasta mañana para volver a la Espiral, pasa esta noche en un hotel de lujo, pago yo. No solo eso, como ya te he dicho antes soy proveedor de armas, entre otras cosas. ¿Eres una kunoichi, no? ¡Entonces seguro que necesitas muchas armas! Hago tratos con un par de maromos que están establecidos en Uzu. Busca "Armas de Kon" o "Armamento Leal" y diles que vienes de mi parte, te harán un buen descuento. ¡Si alguno de ellos se niega, diles que les duplico el precio de sus pedidos en un abrir y cerrar de ojos, maldita sea!</span><br />
<br />
Karma rió de forma honesta, algo raro en ella. Se sentía verdaderamente agradecida por todo lo que ese hombre estaba haciendo por ella a pesar de haberla conocido en persona ese mismo día. <br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Agradezco mucho todo esto, de veras. Te haré caso y pasaré la noche aquí, ¡nunca he estado en un hotel de lujo!</span><br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">¡Así me gusta!</span> —asintió con aprobación—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. Y... pasa por aquí a visitarme de vez en cuando, si puedes. Te lo agradeceré. Que no te maten, Karma. Que no te maten.</span><br />
<br />
La genin asintió, más seria.<br />
<br />
Karma abandonó el despacho. La dependienta del recibidor de la sede la abordó a la salida y le indicó la dirección del hotel de lujo donde ya le habían reservado la habitación más cara. Impresionada y expectante, la muchacha se desplazó hasta el lugar, que no la decepcionó en absoluto.<br />
<br />
Así, tras pasar una noche en el lugar más cómodo que jamás había pisado y abusar a conciencia del servicio de habitaciones —los gastos del cual también serían cubiertos por Industrias Tokugawa—, la médica retornó a su hogar, descansada y con su objetivo cumplido. No solo eso, si no que se había ganado un jugoso privilegio en el proceso.<br />
<br />
Quién lo habría dicho.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Karma no podía quitarse de la cabeza eso que Ringo le había dicho sobre sus raíces. Ya habían pasado semanas desde aquello, pero la muchacha no había logrado espantar la idea; cada vez que lo hacía esta terminaba escodiéndose en algún recoveco de su mente para poco después arrastrarse de vuelta hasta el foco central de su pensamiento.<br />
<br />
El concepto de investigar sobre sus padres y familia cercana en general ya se le había ocurrido más de una vez antes de conocer al que debía ser el primogénito de los Yoshikawa, pero siempre había optado por desarmar sus planes y no hacerlo. El asunto le producía una desagradable mezcla de solemnidad y miedo. Lo único que había conocido desde su nacimiento era un padre abusivo y una madre enterrada, parientes ausentes —ya fuese por desconocimiento, desentendimiento o por vivir lejos; era un misterio— y nada más. Con Kojima Satoshi, su padre, muerto, la pelivioleta prefirió no remover el pasado.<br />
<br />
Al fin y al cabo, odiaba a su progenitor hasta el punto de darle matarile. No tenía una opinión mucho mejor de los demás, ya que no habían hecho nada por evitar las atrocidades que ella había sufrido. La única que se libraba era su madre, Yurisa. El parto se había cobrado su vida, así que no era responsable de nada. E incluso así no podía sentir pena o melancolía por la falta de alguien que no había conocido.<br />
<br />
Pero ahora... ahora se sentía capaz de hacerlo, excavar en busca de verdades que probablemente no le aportarían nada, solo dolor. ¿Qué había cambiado? ¿Tanto le había influido la propuesta del alocado aspirante a Uzukage? ¿O es que su coraza psicológica ahora era más gruesa y la espoleaba a atraverse a enfrentar lo que antes no habría tocado? Fuera como fuese, su insaciable curiosidad también estaba de acuerdo en tomar cartas en el asunto de una vez por todas.<br />
<br />
Así que, cansada de pelear consigo misma, Karma se puso manos a la obra. <br />
<br />
Lo primero que hizo fue echarle un segundo vistazo a los pocos documentos pertenecientes a las épocas anteriores a su nacimiento que había rescatado en su propio hogar, después de que pasara a ser únicamente suyo. Precisamente los mismos que Ringo había curioseado ese día. <br />
<br />
No había nada de especial utilidad en la ya referida pila. Las fotos le permitían saber el aspecto que tenía su madre en vida y el de su padre antes de la muerte de esta y su degradación gradual, que era muy diferente —mucho más sano y vivaz— que el que Karma guardaba. La carta le hacía creer que sus progenitores se habían querido de verdad cuando las cosas funcionaban, además de que sus abuelos por parte de madre todavía vivían por aquel entonces. Poco más.<br />
<br />
Ahí es donde la sugerencia del muchacho entraba en juego. La joven se desplazó hasta el edificio del Uzukage y solicitó acceso a sus registros familiares. No le pusieron pegas, aunque necesitó esperar un buen rato entre que la atendían y finalmente el encargado de los archivos le entregaba de forma temporal los documentos correspondientes. Gracias a estos descubrió sobre sus abuelos, tanto de parte de padre como de madre.<br />
<br />
Los padres de Satoshi se llamaban Kojima Nakao y Kojima Kaori. El papeleo indicaba que no eran originarios de la villa, si no que se habían mudado a ella cuando Satoshi era un niño. No había ninguna explicación respecto al motivo que los había llevado a inmigrar a Uzushiogakure, tan solo el registro de llegada y su empadronamiento, además de indicar que eran provenientes del País del Agua, del Puerto Kasukami. Karma no gozaba de información suficiente ni para formular una simple conjetura. Lo que el documento sí dejaba bien claro era que habían fallecido antes siquiera del nacimiento de la kunoichi; una vez más, el motivo no figuraba.<br />
<br />
Los padres de Yurisa eran Uchida Yojimbo y Uchida Nanami. Ellos sí que eran originarios de la villa, una generación más de una familia con muchas a su espalda, siempre en Uzu. Yojimbo llevaba unos pocos años en el otro mundo, pero su esposa seguía con vida, si los registros no estaban equivocados. Hasta figuraba su dirección.<br />
<br />
Karma recordó a la mujer de porte dignificado de la que le había hablado a Ringo. No tenía pruebas, pero su instinto le decía que era la misma. <br />
<br />
Había llegado el momento de devolverle la visita...<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">***</span></div></i></div>
<br />
La Iryō-Nin se personó frente a la finca a la que la dirección hacía referencia. Llevaba los datos apuntados en un trozo de pergamino, ya que los registros oficiales tuvo que devolverlos antes de abandonar la sala de archivos.<br />
<br />
Era un caserón en toda regla, uno de muchos en el Barrio de la Brisa, uno de los barrios ricos de la villa. La fémina no podía vislumbrar demasiado porque todo el recinto estaba delimitado por un robusto muro de madera con un torii rojo sobre la puerta de entrada, pero era obvio que la casa en sí debía de tener tres plantas como mínimo, dada su altura.<br />
<br />
Karma tocó y esperó. La recibió un individuo con vestiduras de sirviente al estilo oriental y actitud exageradamente servicial. Era joven, atractivo, de cabello moreno y corto. A pesar de su exuberante educación, el tipo no lograba ocultar cierto deje de soberbia en sus palabras y expresiones.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">¿Sí? ¿En qué puedo ayudarla, kunoichi-san?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Ehm... me gustaría...</span> —la genin nunca había tratado con un mayordomo; la intimidaba—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">. Estoy buscando a Uchida Nanami. ¿Vive aquí?</span><br />
<br />
El hombre quedó en silencio un momento.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Sí, esta es la residencia de Uchida-sama. ¿Es algún tipo de asunto oficial?</span><br />
<br />
Preguntó porque Karma llevaba el hitai-ate en la frente, como de costumbre.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Oh, no. Es algo personal. Me gustaría hablar con ella.</span><br />
<br />
El mayordomo la miró de arriba a abajo. <br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Le ruego que espere aquí un momento, veré si Uchida-sama está dispuesta a concederle una audiencia. ¿Cuál es su nombre?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Kojima Karma.</span><br />
<br />
La puerta quedó cerrada y la médica a la espera. Unos diez minutos más tarde, el sirviente hizo acto de presencia.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Me temo que Uchida-sama no desea verla, Kojima-san. La señora me ha pedido que le indique que si quiere más dinero, deberá mandar una carta a esta misma residencia solicitándolo con el mayor de los respetos, unos días más tarde alguien le hará entrega de ello en su casa. Siempre que la cifra solicitada sea, claro está, razonable</span> —recitó de una forma que a la pelivioleta le hizo hervir la sangre—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">. Uchida-sama también le advierte que solo lo solicite en caso de extrema necesidad y no ponga a prueba su generosidad. Así mismo, respetuosamente le pide a usted que no se vuelva a presentar por aquí. Uchida-sama no desea que se la vincule con su persona. Eso es todo.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡Pero esto no es sobre el dinero! ¡Es mi abuela, quiero hablar con ella cara a cara!</span><br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Lo siento mucho, pero esta es la voluntad de Uchida-sama. Como kunoichi que es de esta nuestra aldea le agradecemos su servicio, pero le ruego que acepte la situación y se retire pacíficamente, o nos veremos obligados a ponernos en contacto con sus superiores.</span><br />
<br />
Karma apretó la mandíbula y los puños, pero no hizo nada. Si su abuela no quería saber nada de ella, que le jodan. La situación solo servía para justificar sus malos pensamientos hacia esos parientes desconocidos que nunca se habían presentado en casa.<br />
<br />
—<span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">Eso es todo. Espero que tenga un buen día. Si me disculpa...</span> —el mayordomo aprovechó la mutis de la muchacha para retirarse a toda prisa, cerrándole la puerta en las narices a su interlocutora.<br />
<br />
Y quedó en solitario, preguntándose una y otra vez qué demonios ocurría con su abuela materna para que la tratara así. <br />
<br />
Era un misterio que no podría desentrañar, al menos por el momento...<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">***</span></div></i></div>
<br />
A la pelivioleta le quedaba una última baza, aunque era una algo desesperada. <br />
<br />
Su padre había sido mercader de frutas y hortalizas en vida, dueño de una humilde pero próspera tienda allí mismo, en Uzushiogakure, que quedaba a tres calles de la residencia Kojima. Parecía ser que el hombre había albergado sueños de convertirse en un magnate, pero no lo logró, claro está. <br />
<br />
No esperaba que le aportara ningún retazo de valor sobre el pasado de sus padres, ¿pero qué demonios? Ya había agotado el resto de posibilidades. Así que se puso a investigar sobre los negocios del fallecido.<br />
<br />
Además de las fotos y otros efectos personales que había ido encontrando por la casa y de los que ya se habló, también quedaron documentos sobre la verdulería. Karma se limitó a guardarlos e ignorarlos en su día, pero ahora los rescató y los estudió.<br />
<br />
Definitivamente no eran una lectura que indujera adrenalina. Las finanzas revelaban que el negocio iba bien y la pareja disfrutaba de un deshaogo económico envidiable, pero no había prospecto alguno de que el asunto fuera a explotar y convertirse en el imperio millonario que Satoshi había querido. Quizás habría llegado a eso eventualmente, pero ya era imposible saberlo. Si su padre hizo algo mal con sus negocios que le impidió alcanzar la cuota de beneficios deseada Karma no era capaz de detectarlo; no sabía nada sobre administración de empresas.<br />
<br />
Aunque sí que se percató de un detalle interesante, después de todo: su padre encargaba la mercancía a un solo sujeto, un tal Tokugawa. No hacía negocios con nadie más, o si los hacía no figuraba en su libro de cuentas. Además, los pedidos provenían del Puerto Kasukami, el mismo lugar del que su familia era originaria y donde había crecido hasta venir a Uzu. <br />
<br />
¿Sería una casualidad? Karma quiso pensar que no.<br />
<br />
La lógica le decía a gritos que era una pérdida de tiempo, pero se decidió a indagar sobre Tokugawa...<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">***</span></div></i></div>
<br />
Tras pedir permiso en la aldea y tomar un barco hasta Kasukami, la jovenzuela se presentó en el puerto.<br />
<br />
No le costó demasiado trabajo localizar a su objetivo; resultó ser que era bien conocido en el lugar y la empresa tenía su sede allí mismo. El nombre del dueño era Tokugawa Amagatsu.<br />
<br />
Indicarle a la recepcionista que su nombre era Kojima Karma y que venía en nombre de Hortalizas Kojima le otorgó una reunión con el jefazo supremo a una velocidad pasmosa, dejándola patidifusa. ¿Acaso su padre había sido tan importante? <br />
<br />
Fue conducida hasta el despacho del propio Amagatsu, una estancia amplia y opulenta, digna de su posición. El mencionado estaba allí, sentado en su silla de directivo tras un portentoso escritorio. Le indicó a Karma con una plácida sonrisa que tomara asiento. Ella obedeció.<br />
<br />
Tokugawa Amagatsu no era, precisamente, atractivo. Además, sufría de sobrepeso. Pero lo contrarrestaba al ir bien vestido y despedir un carisma que te hacía confiar en él. Tenía el cabello castaño y bien arreglado, también lucía un bigote. Portaba en algunos de sus dedos anillos de gran valor, forjados en oro con gemas preciosas incrustadas.<br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">¡Buenos días, amiga!</span> —afirmó—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. ¡Tokugawa Amagatsu a tu servicio! ¿Eres la hija de ese cabronazo Satoshi? ¡Hace milenios que no me pide nada, ni siquiera me manda una carta!</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Esto... sí, Kojima Satoshi es mi padre. ¿Le conoce? He comprobado que siempre encargaba sus verduras y frutas a su empresa, Tokugawa-san.</span><br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">¡Claro que sí! Tu padre y yo somos amigos de la infancia, chica. Los dos nos hemos querido hacer asquerosamente ricos desde que éramos pequeños, pero él se marchó a Uzushiogakure. Yo me quedé aquí y ya me ves, no solo cultivo y vendo frutas y verduras, también fabrico armas y muebles, entre otras cosas. Hace unos días me hice con mi primera herrería. ¡Dentro de poco me comeré toda Kasukami!</span> —empezó a reír—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. ¡Todo conseguido con trabajo duro y saber aprovechar las oportunidades! ¡¿Pero es que tu padre nunca te habló de mí?! ¡Menudo mamón! ¡Siempre supe que la envidia que le producía mi éxito le terminaría consumiendo algún día!</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No, no... es cierto que nunca me habló de usted pero, no creo que fuera por envidia... Es... dejémoslo en que es complicado. Verá, mi padre murió hace un año, más o menos. Estoy aquí porque quería saber más sobre su negocio.</span><br />
<br />
A Amagatsu se le ensombreció la cara.<br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">¿Qué...? ¿Satoshi, muerto...? Pero... ¡pero esto explica tanto! ¡Creía que había parado de realizar pedidos y de comunicarse conmigo porque estaba molesto por algo, o porque había encontrado un proveedor mejor! ¡Quizás algún pedido se había perdido por el camino y no me lo quería reclamar...! ¡Debería de haberme puesto en contacto con él, pero si te soy sincero, me daba miedo...! No tengo muchos amigos...</span> —se lamentó, visiblemente afectado—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. Maldita sea, ¿cómo he podido tardar tanto en enterarme de esto? ¿Qué le ocurrió?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Como ya le he dicho, es complicado... la bebida lo terminó matando. Desde que murió mi madre, mi padre, bueno... supongo que no volvió a ser el mismo.</span><br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">Por todo los dioses... con lo que yo le quería... ¡Si hasta le ofrecí convertirse en mi socio cuando las cosas me empezaron a ir bien, pero se empeñó en sacar un negocio a flote él solo! Siempre fue muy tozudo... Es cierto que le noté más apagado cuando Yurisa-san murió, pero esto me toma completamente por sorpresa...</span> —suspiró—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. Cuando mi secretaria me ha dicho tu nombre y que venías en nombre de su compañía me he alegrado mucho. Pensaba que quería retomar el contacto y te estaba utilizando a ti como recadera, o incluso que había perdido el interés en el negocio y ahora eras tú la dueña. ¿Sabes? Siempre quise conocerte, desde que eras niña. Pero siempre andaba ocupado con esto o con lo otro... Has salido preciosa, Karma, tal y como tu madre era.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">G-Gracias, Tokugawa-san...</span><br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">¡Nada de Tokugawa-san! No son necesarios honoríficos ni tratarme como un desconocido. Llámame Amagatsu, por favor.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Gracias, A-Amagatsu...</span><br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">De nada, de verdad me lo pareces. Entonces, ¿qué ha ocurrido con Hortalizas Kojima?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">La cerré cuando mi padre murió. Ahora el local está desocupado, creo. Lo vendí a una agencia inmobiliaria. Yo no quería ocuparme de ello, soy una kunoichi y no dispongo de tiempo ni aunque quisiera.</span><br />
<br />
La pelivioleta tuvo que revelarle ese detalle porque en esta ocasión no llevaba nada consigo que la identificara como parte de las fuerzas de Uzushiogakure.<br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">Ya veo... los sueños de Satoshi e incluso él mismo, todo muerto y enterrado... te hace pensar sobre este mundo y su crueldad...</span> —dijo, mirando al infinito—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. ¿Así que kunoichi, eh? Entonces tienes mi respeto, aunque es una profesión peligrosa, ¿no?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Lo es, y a mi rango, que es el mínimo, bastante mal pagada, honestamente. Pero me eligieron para el cuerpo médico y estoy contenta con ello. La medicina me resulta interesante.</span><br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">¡Vaya con Karma-chan! ¡Ademas de bella, inteligente!</span><br />
<br />
La muchacha se sonrojó.<br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">Bueno</span> —el mercader entrelazó los dedos de sus manos—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. ¿Qué querías saber sobre la empresa de tu padre? ¡Te aseguro que a mí no me debe dinero!</span> —bromeó.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">En realidad quería saber sobre mis padres, si no le importa... no conocí a mi madre y mi padre nunca me contó demasiado, dado su estado. ¿Usted los conocía antes de que yo naciera? ¿Cómo eran?</span><br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">Hmm, ya veo... Conozco bien a tu padre y en más de una ocasión hablé con tu madre, pero no nos veíamos tanto. Ya sabes, la distancia de aquí a tu villa y que cada uno estaba muy ocupado con sus respectivas vidas. Pero te contaré todo lo que sé.</span><br />
<br />
Amagatsu cumplió su promesa. Le habló a Karma sobre sus padres —la versión anterior de ellos— a lo largo de un par de horas. Le contó mil y una anéctotas, la mayoría graciosas, algunas más tristes. Eventualmente el caballero hizo llamar a su secretaria y le ordenó a esta que les trajera una taza de té con pastas. Karma comió y bebió con gusto; todo estaba delicioso.<br />
<br />
La imagen que la fémina se terminó haciendo le resultó surrealista, puesto que no encajaba nada con el padre que ella había conocido. Según el magnate, Satoshi había sido alguien muy noble, de ánimo paciente y tranquilo, extremadamente cariñoso. Por otro lado, su madre, Yurisa, se mostraba fría e intransigente en primera instancia —provenía de una familia adinerada y amante de la etiqueta, todo encajaba—, pero en realidad era una mujer tenaz, mal hablada y tan afectiva como Satoshi. Tokugawa aseguró en múltiples ocasiones que lo de ellos era amor verdadero.<br />
<br />
La charla entristeció a la genin, pero también le brindó las respuestas que buscaba, provenientes de la fuente más inesperada.<br />
<br />
El sol se estaba poniendo y aunque agradecía la hospitalidad del mercader, consideró que ya iba siendo hora de marcharse.<br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">Escucha, Karma-chan, quiero que sepas que si te hace falta cualquier cosa, aquí estoy yo</span> —expresó al alzarse de la silla—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. ¡Es más! Te pido que te esperes hasta mañana para volver a la Espiral, pasa esta noche en un hotel de lujo, pago yo. No solo eso, como ya te he dicho antes soy proveedor de armas, entre otras cosas. ¿Eres una kunoichi, no? ¡Entonces seguro que necesitas muchas armas! Hago tratos con un par de maromos que están establecidos en Uzu. Busca "Armas de Kon" o "Armamento Leal" y diles que vienes de mi parte, te harán un buen descuento. ¡Si alguno de ellos se niega, diles que les duplico el precio de sus pedidos en un abrir y cerrar de ojos, maldita sea!</span><br />
<br />
Karma rió de forma honesta, algo raro en ella. Se sentía verdaderamente agradecida por todo lo que ese hombre estaba haciendo por ella a pesar de haberla conocido en persona ese mismo día. <br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Agradezco mucho todo esto, de veras. Te haré caso y pasaré la noche aquí, ¡nunca he estado en un hotel de lujo!</span><br />
<br />
—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">¡Así me gusta!</span> —asintió con aprobación—<span style="color: palegoldenrod;" class="mycode_color">. Y... pasa por aquí a visitarme de vez en cuando, si puedes. Te lo agradeceré. Que no te maten, Karma. Que no te maten.</span><br />
<br />
La genin asintió, más seria.<br />
<br />
Karma abandonó el despacho. La dependienta del recibidor de la sede la abordó a la salida y le indicó la dirección del hotel de lujo donde ya le habían reservado la habitación más cara. Impresionada y expectante, la muchacha se desplazó hasta el lugar, que no la decepcionó en absoluto.<br />
<br />
Así, tras pasar una noche en el lugar más cómodo que jamás había pisado y abusar a conciencia del servicio de habitaciones —los gastos del cual también serían cubiertos por Industrias Tokugawa—, la médica retornó a su hogar, descansada y con su objetivo cumplido. No solo eso, si no que se había ganado un jugoso privilegio en el proceso.<br />
<br />
Quién lo habría dicho.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[En un lugar muy, muy lejano]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-en-un-lugar-muy-muy-lejano</link>
			<pubDate>Tue, 17 Oct 2017 15:59:12 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=12">Karamaru</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-en-un-lugar-muy-muy-lejano</guid>
			<description><![CDATA[El torneo había pasado al completo siendo ya un recuerdo amargo y lejano en la mente del monje. Pero a pesar de eso, su propia decepción lo seguía atacando y su entrenamiento diario e intenso no tuvo descanso en ningún momento. Solía viajar a diferentes lugares del continente para romper la rutina y de esa manera ir conociendo las culturas y localizaciones que lo rodeaban en aquel mundo. Pero tras tres meses de viajes, aislamiento y entrenamiento, era momento de tener una trago en la mano y recostarse junto al mar para descansar.<br />
<br />
Era shinobi, sí, y bastante devoto, también, pero todos se merecían un poco de vacaciones, solo unos días donde lo único importante es gastar los ryos ganados y no pensar en nada más que no sea para el disfrute.<br />
<br />
Lejos de su casa, en el País del Agua, Karamaru se encontraba en el Puerto de Kasukami en el grupo que esperaba abordar un barco de madera de gran tamaño. Mástiles imponentes, velas blancas destellantes y decoraciones color oro que recorrían todo el casco hasta llegar a la proa, y a los ojos de una sirena rústica que descansaba en el palo frontal de la embarcación. Era un viaje de unos pocos días, un paquete vendido para tener una experiencia naval simple y relajante. Aún así, el navío poseía, por el aviso que vio antes de llegar al lugar, su propio médico, una cocina con un buen menú diario, un pequeño casino, una sala de entrenamiento, interacción con una tripulación amigable y más cosas que las dejaban a la curiosidad para entusiasmar el viaje.<br />
<br />
En un puerto bullicioso, era difícil saber quien de todo los presentes en aquel lugar eran quienes embarcarían, solo tenía claro que los tripulantes serían aquellos hombres grandotes que cargaban cajas al interior del barco, y los otros que hacían el mismo trabajo pero al revés, descargaban.<br />
<br />
La luz del Sol seguía a pleno a pesar de faltar poco para el atardecer y la pila de cosas que iban cargando al barco cada vez se hacía menor. En la cubierta, se podía ver a un capitán con sombrero y túnica larga negra que miraba de vez en cuando para, supuso Karamaru, saber cuando zarpar.<br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">A este paso no subiremos más</span>- susurró oculto bajo la capucha de su túnica negra.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El torneo había pasado al completo siendo ya un recuerdo amargo y lejano en la mente del monje. Pero a pesar de eso, su propia decepción lo seguía atacando y su entrenamiento diario e intenso no tuvo descanso en ningún momento. Solía viajar a diferentes lugares del continente para romper la rutina y de esa manera ir conociendo las culturas y localizaciones que lo rodeaban en aquel mundo. Pero tras tres meses de viajes, aislamiento y entrenamiento, era momento de tener una trago en la mano y recostarse junto al mar para descansar.<br />
<br />
Era shinobi, sí, y bastante devoto, también, pero todos se merecían un poco de vacaciones, solo unos días donde lo único importante es gastar los ryos ganados y no pensar en nada más que no sea para el disfrute.<br />
<br />
Lejos de su casa, en el País del Agua, Karamaru se encontraba en el Puerto de Kasukami en el grupo que esperaba abordar un barco de madera de gran tamaño. Mástiles imponentes, velas blancas destellantes y decoraciones color oro que recorrían todo el casco hasta llegar a la proa, y a los ojos de una sirena rústica que descansaba en el palo frontal de la embarcación. Era un viaje de unos pocos días, un paquete vendido para tener una experiencia naval simple y relajante. Aún así, el navío poseía, por el aviso que vio antes de llegar al lugar, su propio médico, una cocina con un buen menú diario, un pequeño casino, una sala de entrenamiento, interacción con una tripulación amigable y más cosas que las dejaban a la curiosidad para entusiasmar el viaje.<br />
<br />
En un puerto bullicioso, era difícil saber quien de todo los presentes en aquel lugar eran quienes embarcarían, solo tenía claro que los tripulantes serían aquellos hombres grandotes que cargaban cajas al interior del barco, y los otros que hacían el mismo trabajo pero al revés, descargaban.<br />
<br />
La luz del Sol seguía a pleno a pesar de faltar poco para el atardecer y la pila de cosas que iban cargando al barco cada vez se hacía menor. En la cubierta, se podía ver a un capitán con sombrero y túnica larga negra que miraba de vez en cuando para, supuso Karamaru, saber cuando zarpar.<br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">A este paso no subiremos más</span>- susurró oculto bajo la capucha de su túnica negra.]]></content:encoded>
		</item>
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