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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Tanzaku Gai]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Mon, 15 Jun 2026 19:36:20 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[(C) Desaparecidos entre vaho]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-c-desaparecidos-entre-vaho</link>
			<pubDate>Tue, 17 May 2022 10:35:57 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1136">Zhaoren Lyndis</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-c-desaparecidos-entre-vaho</guid>
			<description><![CDATA[Los cielos estaban despejados como era habitual en Uzugakure. La estación de la primavera se acercaba, por lo que los cerezos no tardarían en entrar en flor y los encargados de los festivales empezaban a moverse entre las calles buscando materiales y mano de obra con antelación de sobra. Era una fiesta importante y muy característica del país, por lo que los que trabajaban en ella se lo tomaban muy en serio.<br />
<br />
Entre el ajetreo de dichos trabajadores, los cuales la mayoría iban en grupo con alguien que se encargaba de buscar materiales de calidad, los carteros y algunos animales que también desempeñaban este oficio, repartian cartas a primera hora. La mayoría simplemente eran cartas por correspondencia, de familiares u otras cosas, pero a la mayoría de ninjas, les llegaba un pequeño extra.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Contenido del Pergamino" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;">
<br />
<div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 16px;">(C) Desaparecidos entre vaho</span></span></div></div>
<br />
<div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;"></div>
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Solicitante:</span></span> Akiko Nakamura<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugar:</span></span> Tanzaku Gai<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>La situación está empezando a llegar a un punto insostenible, ya es más una verdad a voces que nadie quiere reconocer. Día tras día, y noche tras noche está habiendo desaparición tanto de clientes como de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">geishas</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">oiran</span>, clientes y otros empleados. Los dueños y la asociación de los locales de las Tanzaku Gai tienen conocimiento de esto, pero se niegan a reconocer tal hecho y tramitar una misión, dado que eso afectaría a la reputación de los negocios. Esa es una opinión que comparto, pero además saltaría las alarmas más de lo que ya se sabe en las calles y los culpables seguramente desaparecerían. Por favor, necesitamos ayuda. <br />
<br />
La mayor parte de las excusas son el hecho de que han abandonado los locales por amor verdadero, haber pagado sus deudas o similares dejando detrás si, si hay suerte, una nota. Pero las personas que convivimos con ellos sabemos que es mentira.<br />
<br />
No tenemos mucho dinero, pero hemos conseguido reunir entre varios trabajadores de distintas casas para pagar. Por favor, ayúdenos<br />
<br />
Nota: Os reuniréis con un chunin llamado Ryu en la posada del Caldero Caliente, en Tanzaku Gai</i></div></div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Los cielos estaban despejados como era habitual en Uzugakure. La estación de la primavera se acercaba, por lo que los cerezos no tardarían en entrar en flor y los encargados de los festivales empezaban a moverse entre las calles buscando materiales y mano de obra con antelación de sobra. Era una fiesta importante y muy característica del país, por lo que los que trabajaban en ella se lo tomaban muy en serio.<br />
<br />
Entre el ajetreo de dichos trabajadores, los cuales la mayoría iban en grupo con alguien que se encargaba de buscar materiales de calidad, los carteros y algunos animales que también desempeñaban este oficio, repartian cartas a primera hora. La mayoría simplemente eran cartas por correspondencia, de familiares u otras cosas, pero a la mayoría de ninjas, les llegaba un pequeño extra.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Contenido del Pergamino" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;">
<br />
<div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 16px;">(C) Desaparecidos entre vaho</span></span></div></div>
<br />
<div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;"></div>
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Solicitante:</span></span> Akiko Nakamura<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugar:</span></span> Tanzaku Gai<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>La situación está empezando a llegar a un punto insostenible, ya es más una verdad a voces que nadie quiere reconocer. Día tras día, y noche tras noche está habiendo desaparición tanto de clientes como de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">geishas</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">oiran</span>, clientes y otros empleados. Los dueños y la asociación de los locales de las Tanzaku Gai tienen conocimiento de esto, pero se niegan a reconocer tal hecho y tramitar una misión, dado que eso afectaría a la reputación de los negocios. Esa es una opinión que comparto, pero además saltaría las alarmas más de lo que ya se sabe en las calles y los culpables seguramente desaparecerían. Por favor, necesitamos ayuda. <br />
<br />
La mayor parte de las excusas son el hecho de que han abandonado los locales por amor verdadero, haber pagado sus deudas o similares dejando detrás si, si hay suerte, una nota. Pero las personas que convivimos con ellos sabemos que es mentira.<br />
<br />
No tenemos mucho dinero, pero hemos conseguido reunir entre varios trabajadores de distintas casas para pagar. Por favor, ayúdenos<br />
<br />
Nota: Os reuniréis con un chunin llamado Ryu en la posada del Caldero Caliente, en Tanzaku Gai</i></div></div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Abrazame fuerte o no lo hagas]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-abrazame-fuerte-o-no-lo-hagas</link>
			<pubDate>Sun, 10 Apr 2022 16:57:54 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=201">Himura Ren</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-abrazame-fuerte-o-no-lo-hagas</guid>
			<description><![CDATA[La gran bestia metálica llegó a la estación haciendo un fuerte y sonoro ruido que dejaba escapar una gran humareda de vapor, mientras por la chimenea principal seguía expulsando una humareda oscura que poco a poco empezaba a debilitarse como la llama de la caldera que lo mantenía activo.<br />
<br />
Las puertas se abrieron, y un gran número de personas empezó a bajar para adentrarse en el mar de gente. El flujo de gente fue disminuyendo, y ya apenas quedaban un par de personas en el interior de los vagones. Entre esas personas, una kunoichi bajó las escaleras que daban al asfalto de la estación.<br />
<br />
Vestía de negro por completo, con una bandana que mostraba el símbolo de la lluvia anudada a su cuello. El reflejo metálico de esta, contrastaba de la misma forma con sus profundos ojos azules. Portaba una sudadera de mangas cortas negra que se enganchaba en el cuello y caía un poco por debajo de su cintura con un obi blanco que lo adornaba por debajo de sus caderas, debajo de esta, una camisa ajustada de mangas largas del mismo color con unas muñequeras encima de la tela también blanca. Sus pantalones eran sencillos, algo anchos y oscuros como los de cualquier ninja. Finalmente, su calzado eran unas zapatillas deportivas, carentes de cordones y que subía con una tela ajustada de una única pieza por encima de los tobillos, con una suela ancha blanca.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿Y-Y donde la espero?... S-Supongo que tendrá que coger un tren ella también, o tal vez venga a recogerme... </span><br />
<br />
Hizo una mueca de preocupación tanto con su boca como con sus ojos, decidiendo apartarse en una de las paredes de la entrada de la estación, mientras sostenía entre sus manos una mochila un poco voluminosa.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La gran bestia metálica llegó a la estación haciendo un fuerte y sonoro ruido que dejaba escapar una gran humareda de vapor, mientras por la chimenea principal seguía expulsando una humareda oscura que poco a poco empezaba a debilitarse como la llama de la caldera que lo mantenía activo.<br />
<br />
Las puertas se abrieron, y un gran número de personas empezó a bajar para adentrarse en el mar de gente. El flujo de gente fue disminuyendo, y ya apenas quedaban un par de personas en el interior de los vagones. Entre esas personas, una kunoichi bajó las escaleras que daban al asfalto de la estación.<br />
<br />
Vestía de negro por completo, con una bandana que mostraba el símbolo de la lluvia anudada a su cuello. El reflejo metálico de esta, contrastaba de la misma forma con sus profundos ojos azules. Portaba una sudadera de mangas cortas negra que se enganchaba en el cuello y caía un poco por debajo de su cintura con un obi blanco que lo adornaba por debajo de sus caderas, debajo de esta, una camisa ajustada de mangas largas del mismo color con unas muñequeras encima de la tela también blanca. Sus pantalones eran sencillos, algo anchos y oscuros como los de cualquier ninja. Finalmente, su calzado eran unas zapatillas deportivas, carentes de cordones y que subía con una tela ajustada de una única pieza por encima de los tobillos, con una suela ancha blanca.<br />
<br />
— <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¿Y-Y donde la espero?... S-Supongo que tendrá que coger un tren ella también, o tal vez venga a recogerme... </span><br />
<br />
Hizo una mueca de preocupación tanto con su boca como con sus ojos, decidiendo apartarse en una de las paredes de la entrada de la estación, mientras sostenía entre sus manos una mochila un poco voluminosa.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Loca academia de guardias]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-loca-academia-de-guardias</link>
			<pubDate>Wed, 06 Oct 2021 21:05:38 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1206">Senju Hayato</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-loca-academia-de-guardias</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-size: 12px;"><div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: cyan;" class="mycode_color">Invierno</span> del 220</div></span><br />
<br />
Un paso, y a éste le siguió otro. Una mueca de rostro hacia un lado, giro de cabeza hacia el frente de nuevo, un par de chasquidos de dedos, y la marcha continuaba con un "flow" envidiable.<br />
<br />
—<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: crimson;" class="mycode_color">Vivo con tu madre.. ¡En un castillo!<br />
A veces lo traigo gordo,<br />
a veces fino...<br />
<br />
Vivo con tu madre.. ¡En un castillo!<br />
Cartooooon de leche<br />
~pijama de lino.<br />
<br />
Vivo con tu madre.. ¡En un castillo!<br />
¡Hola señor alce!<br />
¡Hola señor pingüino!</span></span><br />
<br />
Y así avanzaba desde hacía rato el Senju, cantando una absurda canción que se le había metido en la cabeza y no tenía ni por donde cogerla. Era tan absurda como surrealista era la situación, pues tampoco le pegaba nada al pseudomafioso esa peculiar sonata. De hecho, él iba cantando sin vergüenza alguna por la calle, haciendo caso omiso al resto. Quizás demasiado absorto en el maldito sonido de su cabeza.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Tskkk!</span> —chasqueó la lengua.<br />
<br />
Se daba cuenta, estaba absorto en ese maldito sonido y ni se había dado cuenta de que había pasado la mil y una tiendas y no se había detenido a comprar. Había venido a Tanzaku Gai para ello, pero su mente...<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">~Vivo con tu madre.. ¡En un castillo!<br />
A veces lo traigo gordo,<br />
a veces fino...<br />
<br />
Vivo con tu madre.. ¡En un castillo!<br />
Cartooooon de leche<br />
~pijama de lino.<br />
<br />
Vivo con tu madre.. ¡En un castillo!<br />
¡Hola señor alce!<br />
¡Hola señor pingüino!</span></span></div>
<br />
Se llevó la mano al rostro, resignado —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Puta canción...</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-size: 12px;"><div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="color: cyan;" class="mycode_color">Invierno</span> del 220</div></span><br />
<br />
Un paso, y a éste le siguió otro. Una mueca de rostro hacia un lado, giro de cabeza hacia el frente de nuevo, un par de chasquidos de dedos, y la marcha continuaba con un "flow" envidiable.<br />
<br />
—<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: crimson;" class="mycode_color">Vivo con tu madre.. ¡En un castillo!<br />
A veces lo traigo gordo,<br />
a veces fino...<br />
<br />
Vivo con tu madre.. ¡En un castillo!<br />
Cartooooon de leche<br />
~pijama de lino.<br />
<br />
Vivo con tu madre.. ¡En un castillo!<br />
¡Hola señor alce!<br />
¡Hola señor pingüino!</span></span><br />
<br />
Y así avanzaba desde hacía rato el Senju, cantando una absurda canción que se le había metido en la cabeza y no tenía ni por donde cogerla. Era tan absurda como surrealista era la situación, pues tampoco le pegaba nada al pseudomafioso esa peculiar sonata. De hecho, él iba cantando sin vergüenza alguna por la calle, haciendo caso omiso al resto. Quizás demasiado absorto en el maldito sonido de su cabeza.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Tskkk!</span> —chasqueó la lengua.<br />
<br />
Se daba cuenta, estaba absorto en ese maldito sonido y ni se había dado cuenta de que había pasado la mil y una tiendas y no se había detenido a comprar. Había venido a Tanzaku Gai para ello, pero su mente...<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">~Vivo con tu madre.. ¡En un castillo!<br />
A veces lo traigo gordo,<br />
a veces fino...<br />
<br />
Vivo con tu madre.. ¡En un castillo!<br />
Cartooooon de leche<br />
~pijama de lino.<br />
<br />
Vivo con tu madre.. ¡En un castillo!<br />
¡Hola señor alce!<br />
¡Hola señor pingüino!</span></span></div>
<br />
Se llevó la mano al rostro, resignado —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Puta canción...</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[En la ciudad de la furia]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-en-la-ciudad-de-la-furia</link>
			<pubDate>Fri, 09 Jul 2021 17:16:04 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1144">Nara Jun</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-en-la-ciudad-de-la-furia</guid>
			<description><![CDATA[En otro capítulo más de la travesía de Jun en el País del Fuego, Tanzaku Gai era, indudablemente, un lugar al que no podía faltar. Era una ciudad con todas las letras, bastante vistosa y abarrotada de gente. No solo era la cantidad de artesanos que salían de ahí, sino también la cantidad de locales que había y, de vez en cuando, los eventos que se podían llegar a montar allí. A pesar de la presencia constante de los samuráis y los cambios que esto significaba para el estilo de vida del lugar, la cantidad de gente que concurría el lugar no tenía nada que envidiarle a ningún otro punto de Oonindo. Por como era la amejin, sabía que era una ciudad que le iba a encantar.<br />
<br />
Como si estuviera por su casa, la Nara caminaba por el medio de la avenida central ¿Necesitaba comprar algo en específico? Claro que no, pero le fascinaba ver la esencia del lugar, el tipo de personas que transitaban y como vendían sus productos cada puesto. Era raro que disfrute eso, pero para gustos hay de todo, ¿no?<br />
<br />
El calor del día ayudaba a se encuentre en una camiseta simple de manga corta y de color negro. Esta vez, su sudadera morada, la tenía atada a la cintura, tapando su portaobjetos. A pesar del calor, no pudo abandonar sus pantalones del mismo color de su sudadera, que eran holgados y parecían grandes para su estatura. Y, finalmente, sus botas ninjas, que no le eran del todo estéticos, pero por lo menos no se tenía que preocupar por el terreno que pisaba. Particularmente, hoy le dio por llevar su bandana en el brazo izquierdo, ya que este no estaba tapado por su sudadera.<br />
<br />
En su caminata, se detuvo en un puesto de comida y se pidió un par de onigiri. A pesar de la cantidad de gente que pasaba, se dio el lujo de quedarse quieta e hincarle el diente a una de las bolas, disfrutando plenamente de aquel momento.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[En otro capítulo más de la travesía de Jun en el País del Fuego, Tanzaku Gai era, indudablemente, un lugar al que no podía faltar. Era una ciudad con todas las letras, bastante vistosa y abarrotada de gente. No solo era la cantidad de artesanos que salían de ahí, sino también la cantidad de locales que había y, de vez en cuando, los eventos que se podían llegar a montar allí. A pesar de la presencia constante de los samuráis y los cambios que esto significaba para el estilo de vida del lugar, la cantidad de gente que concurría el lugar no tenía nada que envidiarle a ningún otro punto de Oonindo. Por como era la amejin, sabía que era una ciudad que le iba a encantar.<br />
<br />
Como si estuviera por su casa, la Nara caminaba por el medio de la avenida central ¿Necesitaba comprar algo en específico? Claro que no, pero le fascinaba ver la esencia del lugar, el tipo de personas que transitaban y como vendían sus productos cada puesto. Era raro que disfrute eso, pero para gustos hay de todo, ¿no?<br />
<br />
El calor del día ayudaba a se encuentre en una camiseta simple de manga corta y de color negro. Esta vez, su sudadera morada, la tenía atada a la cintura, tapando su portaobjetos. A pesar del calor, no pudo abandonar sus pantalones del mismo color de su sudadera, que eran holgados y parecían grandes para su estatura. Y, finalmente, sus botas ninjas, que no le eran del todo estéticos, pero por lo menos no se tenía que preocupar por el terreno que pisaba. Particularmente, hoy le dio por llevar su bandana en el brazo izquierdo, ya que este no estaba tapado por su sudadera.<br />
<br />
En su caminata, se detuvo en un puesto de comida y se pidió un par de onigiri. A pesar de la cantidad de gente que pasaba, se dio el lujo de quedarse quieta e hincarle el diente a una de las bolas, disfrutando plenamente de aquel momento.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Tras las cortinas de seda]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-tras-las-cortinas-de-seda</link>
			<pubDate>Wed, 13 Jan 2021 01:38:37 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=851">Sagiso Ranko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-tras-las-cortinas-de-seda</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Trama abierta con mi espacio para usuarios nuevos.</div>
    </div>
</div></div>
<br />
Otrora, una ciudad tan bulliciosa como Tanzaku Gai habría puesto a temblar a la tímida Ranko. Pero ahora, con un profundo respiro, la chica de la larga y esponjosa trenza se adentraba en la urbe con fuerte voluntad.<br />
<br />
Vestía ropas de viaje de diseño sencillo: pantalones verdes holgados muy cómodos con vendas  cubriendo desde la rodilla hasta el tobillo y calzado tradicional, como un monje; una blusa gruesa blanca de manga larga y, encima, un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">michiyuki</span> amarillo, una prenda amplia usada normalmente para viajes. Como es de costumbre, también llevaba su gargantilla negra. No había rastro de su bandana a simple vista, pues la llevaba al cinto debajo del michiyuki. Si alguien tocaba las prendas, sin embargo, notaría que eran de excelente calidad: suaves al toque, pero resistentes.<br />
<br />
A la espalda llevaba  tres enormes paquetes cilíndricos envueltos en lienzo color crema. La kunoichi había llegado a Tanzaku Gai en una misión por parte de su familia: llevar aquellos paquetes textiles a los clientes de su padre. ¿Y qué mejor mensajero que una fuerte ninja artista marcial de Kusagakure? Ranko dudó mucho al entrar a la ciudad, pero pronto se mezclaría con los transeúntes. Había sido un viaje pesado, pues siempre es cansado estar sentada tanto tiempo en el tren. Así que la Kusajin quiso refrescarse un poco. Llegó a una plazuela, a una especie de carrito que vendía bebidas frutales, y se hizo de una. Comenzó a caminar  alrededor de la plaza para estirar las piernas, mientras ojeaba alrededor.<br />
<br />
Por alguna razón, la presencia de los samurái en la ciudad le producía sentimientos encontrados. Se sentía más segura, pero más incierta, por alguna razón.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Trama abierta con mi espacio para usuarios nuevos.</div>
    </div>
</div></div>
<br />
Otrora, una ciudad tan bulliciosa como Tanzaku Gai habría puesto a temblar a la tímida Ranko. Pero ahora, con un profundo respiro, la chica de la larga y esponjosa trenza se adentraba en la urbe con fuerte voluntad.<br />
<br />
Vestía ropas de viaje de diseño sencillo: pantalones verdes holgados muy cómodos con vendas  cubriendo desde la rodilla hasta el tobillo y calzado tradicional, como un monje; una blusa gruesa blanca de manga larga y, encima, un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">michiyuki</span> amarillo, una prenda amplia usada normalmente para viajes. Como es de costumbre, también llevaba su gargantilla negra. No había rastro de su bandana a simple vista, pues la llevaba al cinto debajo del michiyuki. Si alguien tocaba las prendas, sin embargo, notaría que eran de excelente calidad: suaves al toque, pero resistentes.<br />
<br />
A la espalda llevaba  tres enormes paquetes cilíndricos envueltos en lienzo color crema. La kunoichi había llegado a Tanzaku Gai en una misión por parte de su familia: llevar aquellos paquetes textiles a los clientes de su padre. ¿Y qué mejor mensajero que una fuerte ninja artista marcial de Kusagakure? Ranko dudó mucho al entrar a la ciudad, pero pronto se mezclaría con los transeúntes. Había sido un viaje pesado, pues siempre es cansado estar sentada tanto tiempo en el tren. Así que la Kusajin quiso refrescarse un poco. Llegó a una plazuela, a una especie de carrito que vendía bebidas frutales, y se hizo de una. Comenzó a caminar  alrededor de la plaza para estirar las piernas, mientras ojeaba alrededor.<br />
<br />
Por alguna razón, la presencia de los samurái en la ciudad le producía sentimientos encontrados. Se sentía más segura, pero más incierta, por alguna razón.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Reunión para una nueva era]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-reunion-para-una-nueva-era</link>
			<pubDate>Mon, 07 Sep 2020 23:47:11 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1075">Hōzuki Shanise</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-reunion-para-una-nueva-era</guid>
			<description><![CDATA[—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Dioses... esto ha cambiado muchísimo.</span><br />
<br />
Shanise caminaba por las calles de Tanzaku Gai al lado de una de sus kunoichi de mayor confianza. La Gran Avenida Central de Tanzaku Gai parecía irreconocible, pero nadie podía decir que había visto tiempos mejores. El mercado de las especias estaba a pleno rendimiento. Carromatos cargados de mercancías iban de un lado para otro. Los samurai de Kaito Shōkai vigilaban los puestos con rondas periódicas, y les saludaban respetuosamente cuando pasaban. Algunas personas se quedaban mirándolas, pero Shanise dedujo que sería más bien por el respirador que adornaba su rostro. Quizás si ella hubiera sido Yui, alguien la habría reconocido. Pero era <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">la nueva</span>, y a decir verdad, eso no lo sabían ni Hanabi ni Kintsugi hasta que la Morikage descolgó el teléfono para llamarla y solicitar la reunión a tres. Quizás si vistiera con su atuendo de Kage se habría formado un revuelo a su alrededor, pero todos habían decidido presentarse de incógnito en aquella nueva tierra de la neutralidad.<br />
<br />
La pacificación del País del Fuego, despojado de las bandas criminales tras la muerte del último Señor Feudal, había sido rápida. Shanise opinaba, sin embargo, que ahora Shōkai ya no podía considerarse neutral. Neutral, por ejemplo, se consideraba también Kintsugi. Cuando uno está a cargo de una nación o de una villa shinobi, deja de poder ser neutral. Si acaso, autarca.<br />
<br />
Ahora Shanise y su kunoichi subían unas escaleras de piedra. Llegaban las primeras al templo, atravesando un enorme torii recién estrenado de color rojo. Situado enfrente del castillo, el templo se erigía con cuatro de estas puertas, una por cada punto cardinal. En el centro, varias mesas de madera robusta permitían a los ciudadanos sentarse para discutir sobre sus asuntos. El Templo del Diálogo, le llamaban.<br />
<br />
Qué lugar tan apropiado para una nueva reunión de los Tres Grandes. Shanise esperaba, eso sí, que todos hicieran honor al nombre. Las mesas no eran muy grandes, así que estarían más cerca que nunca, casi como si estuvieran tomándose una jarra de hidromiel en el bar. Por un momento, se sintió culpable al reconocer interiormente que era una bendición que Yui no estuviera allí.<br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¿Nerviosa?</span> —preguntó a su acompañante.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">Dioses... esto ha cambiado muchísimo.</span><br />
<br />
Shanise caminaba por las calles de Tanzaku Gai al lado de una de sus kunoichi de mayor confianza. La Gran Avenida Central de Tanzaku Gai parecía irreconocible, pero nadie podía decir que había visto tiempos mejores. El mercado de las especias estaba a pleno rendimiento. Carromatos cargados de mercancías iban de un lado para otro. Los samurai de Kaito Shōkai vigilaban los puestos con rondas periódicas, y les saludaban respetuosamente cuando pasaban. Algunas personas se quedaban mirándolas, pero Shanise dedujo que sería más bien por el respirador que adornaba su rostro. Quizás si ella hubiera sido Yui, alguien la habría reconocido. Pero era <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">la nueva</span>, y a decir verdad, eso no lo sabían ni Hanabi ni Kintsugi hasta que la Morikage descolgó el teléfono para llamarla y solicitar la reunión a tres. Quizás si vistiera con su atuendo de Kage se habría formado un revuelo a su alrededor, pero todos habían decidido presentarse de incógnito en aquella nueva tierra de la neutralidad.<br />
<br />
La pacificación del País del Fuego, despojado de las bandas criminales tras la muerte del último Señor Feudal, había sido rápida. Shanise opinaba, sin embargo, que ahora Shōkai ya no podía considerarse neutral. Neutral, por ejemplo, se consideraba también Kintsugi. Cuando uno está a cargo de una nación o de una villa shinobi, deja de poder ser neutral. Si acaso, autarca.<br />
<br />
Ahora Shanise y su kunoichi subían unas escaleras de piedra. Llegaban las primeras al templo, atravesando un enorme torii recién estrenado de color rojo. Situado enfrente del castillo, el templo se erigía con cuatro de estas puertas, una por cada punto cardinal. En el centro, varias mesas de madera robusta permitían a los ciudadanos sentarse para discutir sobre sus asuntos. El Templo del Diálogo, le llamaban.<br />
<br />
Qué lugar tan apropiado para una nueva reunión de los Tres Grandes. Shanise esperaba, eso sí, que todos hicieran honor al nombre. Las mesas no eran muy grandes, así que estarían más cerca que nunca, casi como si estuvieran tomándose una jarra de hidromiel en el bar. Por un momento, se sintió culpable al reconocer interiormente que era una bendición que Yui no estuviera allí.<br />
<br />
—<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">¿Nerviosa?</span> —preguntó a su acompañante.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¡Monadas!]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-monadas</link>
			<pubDate>Thu, 13 Jun 2019 00:22:20 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=813">Geki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-monadas</guid>
			<description><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"> Hueco de nuevos <img src="https://ninjaworld.es/images/emotes/dosuveses/1.gif" alt="Sonrisa" title="Sonrisa" class="smilie smilie_86" /> </div></div></div>
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡Vuelve aquí mono ladrón! — </span><br />
<br />
Gritaba una veterana furiosa al animal peludo que le había arrebatado unas frutas de su tienda. Quizá no le hubiera importado tanto si esto fuera un hecho ocasional. Pero algo fuera de lo habitual estaba pasando en Tanzaku Gai, la ciudad había sido invadida, pero no por un enemigo, sino por un grupo de simios que estaban haciendo desmanes en la misma. <br />
<br />
Jugueteaban con los carteles, se adueñaban de todo lo que les llamara la atención y obviamente se alimentaban de lo que pudieran. Quizá una conducta inocente para el reino animal, pero ya estaba empezando a colmar la paciencia de los vecinos de la zona.<br />
<br />
Geki ya había sido victima de estos incordiosos visitantes, que varias veces le habían saqueado la comida que intentaba almorzar los días de visita que estaba en la gran urbe.<br />
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡Ya vas a caer, voy a poner trampas ya verás! —  </span>Los amenazó una vez más la señora<span style="color: lime;" class="mycode_color">—Y tú ninja, ¿Por qué te le quedas viendo mientras me roba esa bestia y no la detienes? ¿Acaso no es tu deber? — </span>Refunfuño mirando al genin que seguía con la vista al mono. Sus ojos encarnaban la misma furia y el desprecio, que si de seguro tuvieran brazos estrangularían al kusajin.<br />
<br />
<span style="color: MediumSeaGreen;" class="mycode_color">— Señora ya debe haber alguna petición a alguna aldea, yo estoy aquí de vacaciones — </span>Respondió rápido atajándose de la acusación.<br />
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—Tss estos ninjas jóvenes ya no quieren trabajar. Y la policía tampoco hace nada ¡¿Alguien por dios quiere hacer algo?! —</span> Había dicho las palabras de la última frase tan fuerte que todos en la calle se habían girado a ver qué pasaba. El temperamento de la frutera era conocido en la vieja feria de la calle. Pero últimamente con los robos estaba más nerviosa que de costumbre.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"> Hueco de nuevos <img src="https://ninjaworld.es/images/emotes/dosuveses/1.gif" alt="Sonrisa" title="Sonrisa" class="smilie smilie_86" /> </div></div></div>
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡Vuelve aquí mono ladrón! — </span><br />
<br />
Gritaba una veterana furiosa al animal peludo que le había arrebatado unas frutas de su tienda. Quizá no le hubiera importado tanto si esto fuera un hecho ocasional. Pero algo fuera de lo habitual estaba pasando en Tanzaku Gai, la ciudad había sido invadida, pero no por un enemigo, sino por un grupo de simios que estaban haciendo desmanes en la misma. <br />
<br />
Jugueteaban con los carteles, se adueñaban de todo lo que les llamara la atención y obviamente se alimentaban de lo que pudieran. Quizá una conducta inocente para el reino animal, pero ya estaba empezando a colmar la paciencia de los vecinos de la zona.<br />
<br />
Geki ya había sido victima de estos incordiosos visitantes, que varias veces le habían saqueado la comida que intentaba almorzar los días de visita que estaba en la gran urbe.<br />
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡Ya vas a caer, voy a poner trampas ya verás! —  </span>Los amenazó una vez más la señora<span style="color: lime;" class="mycode_color">—Y tú ninja, ¿Por qué te le quedas viendo mientras me roba esa bestia y no la detienes? ¿Acaso no es tu deber? — </span>Refunfuño mirando al genin que seguía con la vista al mono. Sus ojos encarnaban la misma furia y el desprecio, que si de seguro tuvieran brazos estrangularían al kusajin.<br />
<br />
<span style="color: MediumSeaGreen;" class="mycode_color">— Señora ya debe haber alguna petición a alguna aldea, yo estoy aquí de vacaciones — </span>Respondió rápido atajándose de la acusación.<br />
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—Tss estos ninjas jóvenes ya no quieren trabajar. Y la policía tampoco hace nada ¡¿Alguien por dios quiere hacer algo?! —</span> Había dicho las palabras de la última frase tan fuerte que todos en la calle se habían girado a ver qué pasaba. El temperamento de la frutera era conocido en la vieja feria de la calle. Pero últimamente con los robos estaba más nerviosa que de costumbre.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Wergild]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-wergild</link>
			<pubDate>Fri, 22 Mar 2019 16:33:15 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-wergild</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><span style="color: greenyellow;" class="mycode_color">Caída del Pétalo</span>, <span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Primavera</span> del año 219</i></div></div>
<br />
La noche había caído hacía un rato, y las diurnas bulliciosas zonas de Tanzaku Gai se iban vaciando de la mayor parte de sus transeútes para depositar aquel flujo de personas y dinero en los barrios de fiesta, karaokes, clubs de alterne y bares de la ciudad. Como una réplica a pequeña escala del cielo oscuro y despejado en aquella noche de Primavera, algunas calles de la gran urbe se sumían en una tenue penumbra mientras que otras encendían todo tipo de luces, neones brillantes y carteles decorativos para indicar hasta al menos avispado, hacia dónde conducía el particular sendero de baldosas amarillas de la noche tanzakueña. Al amparo de la nocturnidad, la música y el alcohol, las diferencias se diluían y dejaban paso a la diversión. Grupetes de jóvenes con ganas de pasarlo bien iban de un bar a otro, deteniéndose —algunos— en cualquier karaoke que encontraran en el camino. Hombres y mujeres de todas las edades —e incluso algún menor, si el dueño del local en cuestión no tenía demasiados escrúpulos en su haber— probaban suerte en la plétora de casinos, salas de juego y demás lugares de sanísimo ocio y despilfarro al sonido de un "cling". Cuando quedaban irremediablemente arruinados, se iban al bar más cercano a compensar las penas y encontrar consuelo en el fondo de algún vaso. La simbiosis perfecta del mundo de la noche que mantenía buena parte de la economía local activa y bien engrasada en Tanzaku Gai.<br />
<br />
Ignorante de quienes disfrutaban de la noche —y nada más lejos de ello—, un joven de complexión flacucha, piel aceitunada y pelo desgarbado que le caía hasta los hombros se encontraba, sin más remedio, en un buen aprieto. Su cuerpo maltrecho estaba aplastado contra la pared del callejón, y las sombras que proyectaban las pocas luces del lugar en los rostros de sus asaltantes no le impedían hacerse una idea de quiénes eran, y de qué querían. El muchacho ni siquiera había encontrado las fuerzas para resistirse, algo colocado como estaba todavía, cuando se le habían echado encima por sorpresa al entrar en la callejuela. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">¿Dónde está la puta pasta, hermano?</span> —exigía saber uno de los hombres, un tipo alto y delgado en cuyo cinto destellaba el filo de un arma—. <span style="color: yellow;" class="mycode_color">¿Te crees que puedes aprovecharte de la amabilidad del Dedo Amarillo como si fueses el puto rey de la ciudad? ¿Eh? ¿Es eso, pedazo de mierda? ¿¡Es eso!?</span> <br />
<br />
El tipo le descargó una patada cargada de desprecio al jovencito pordiosero, que éste aguantó con envidiable estoicismo. Luego fue su acompañante, bajito y ancho de hombros, quien tomó la palabra.<br />
<br />
—<span style="color: sienna;" class="mycode_color">Cálmate Ashi. Estoy seguro de que nuestro buen Calabaza tiene el dinero que le debe al Dedo Amarillo, ¿verdad, Calabaza?</span> —inquirió, crujiéndose los nudillos. Su voz, al contrario que la de su compañero, que se asemejaba a un chispazo electrizante y frenético, evocaba el cauce de un río. Sereno, pero implacable. Imparable, capaz de erosionar hasta la roca más dura.<br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Yo... Yo... No tengo... Nada...</span> —respondió el aludido, encogiéndose como un recién nacido—. <span style="color: khaki;" class="mycode_color">No tengo nada, Ushi, te lo juro tío... Te lo juro, dame un par de días más, ¿vale? Sólo dos días más, venga, joder...</span> <br />
<br />
La respuesta no pareció contentar a ninguno de los dos cobradores. Mientras que Ashi —el alto— se removía en su sitio, impaciente, Ushi arqueaba una solitaria ceja. <br />
<br />
—<span style="color: sienna;" class="mycode_color">Eso no es lo que acordamos, Calabaza. Incumplir un acuerdo honrado es faltar al respeto... Y ya sabes que al Dedo Amarillo no se le puede faltar al respeto</span> —como si aquellas palabras fuesen una sentencia de muerte en firme, Ashi desenvainó la wakizashi que llevaba colgando del cinturón—. <span style="color: yellow;" class="mycode_color">¡Déjame hacerlo, Ushi! ¡Déjame hacerlo a mí, joder, me cago en todo! ¡Estoy deseando!</span> <br />
<br />
El bajito fortachón dedicó una mirada molesta a su compañero, claramente irritado por su actitud tan poco profesional. Ellos eran sicarios a sueldo, cobradores de deudas del Dedo Amarillo, pero eso no suponía una excusa para comportarse como un bruto. Tras unos segundos de deliberación interna, Ushi asintió.<br />
<br />
—<span style="color: sienna;" class="mycode_color">Está bien, pero hazlo limpio. No quiero que se me manche la camisa, que es nueva.</span> <br />
<br />
Ashi apenas pudo contener un saltito de alegría, y con la wakizashi en una mano, alargó uno de sus brazos —finos como cañas de junco— para agarrar la muñeca del joven pordiosero y obligarle a extender la palma de la mano. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">¡No me mires así, Calabaza-san! Míralo por el lado positivo... ¡Todavía te quedarán nueve dedos más!</span> —aulló, riendo como una hiena.<br />
<br />
Uchiha Akame notaba cómo el corazón le latía a mil pulsaciones. <span style="color: darkkhaki; font-style: italic;">«Podría... Podría hacerles frente, podría vencerlos a los dos... ¿No? Yo... Yo <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">debería</span> poder hacerlo... ¿No es cierto?»</span> No, claro que no podía. Él ya no era El Profesional, ya no era un jōnin de Uzushiogakure no Sato. Ya no era el Campeón del Torneo de los Dojos, el Hermano del Desierto, el jinchuuriki de Shukaku. Ahora sólo era un miserable yonki más pobre que las ratas. Y por alguien así no merecía la pena hacer el esfuerzo. <br />
<br />
Entonces, de repente, por el rabillo del ojo captó dos figuras recortándose contra las luces de la calle principal. Estaban pasando junto a la entrada del callejón. Su salvación. Sin pensarlo dos veces, Akame —o Calabaza, como le llamaban en los bajos fondos de Tanzaku Gai— hizo acopio de todo el aire que sus pulmones podían contener y de toda la fuerza de voluntad que su débil espíritu era capaz de reunir, y gritó.<br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">¡¡Ayuda!! ¡¡Auxilio!!</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><span style="color: greenyellow;" class="mycode_color">Caída del Pétalo</span>, <span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Primavera</span> del año 219</i></div></div>
<br />
La noche había caído hacía un rato, y las diurnas bulliciosas zonas de Tanzaku Gai se iban vaciando de la mayor parte de sus transeútes para depositar aquel flujo de personas y dinero en los barrios de fiesta, karaokes, clubs de alterne y bares de la ciudad. Como una réplica a pequeña escala del cielo oscuro y despejado en aquella noche de Primavera, algunas calles de la gran urbe se sumían en una tenue penumbra mientras que otras encendían todo tipo de luces, neones brillantes y carteles decorativos para indicar hasta al menos avispado, hacia dónde conducía el particular sendero de baldosas amarillas de la noche tanzakueña. Al amparo de la nocturnidad, la música y el alcohol, las diferencias se diluían y dejaban paso a la diversión. Grupetes de jóvenes con ganas de pasarlo bien iban de un bar a otro, deteniéndose —algunos— en cualquier karaoke que encontraran en el camino. Hombres y mujeres de todas las edades —e incluso algún menor, si el dueño del local en cuestión no tenía demasiados escrúpulos en su haber— probaban suerte en la plétora de casinos, salas de juego y demás lugares de sanísimo ocio y despilfarro al sonido de un "cling". Cuando quedaban irremediablemente arruinados, se iban al bar más cercano a compensar las penas y encontrar consuelo en el fondo de algún vaso. La simbiosis perfecta del mundo de la noche que mantenía buena parte de la economía local activa y bien engrasada en Tanzaku Gai.<br />
<br />
Ignorante de quienes disfrutaban de la noche —y nada más lejos de ello—, un joven de complexión flacucha, piel aceitunada y pelo desgarbado que le caía hasta los hombros se encontraba, sin más remedio, en un buen aprieto. Su cuerpo maltrecho estaba aplastado contra la pared del callejón, y las sombras que proyectaban las pocas luces del lugar en los rostros de sus asaltantes no le impedían hacerse una idea de quiénes eran, y de qué querían. El muchacho ni siquiera había encontrado las fuerzas para resistirse, algo colocado como estaba todavía, cuando se le habían echado encima por sorpresa al entrar en la callejuela. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">¿Dónde está la puta pasta, hermano?</span> —exigía saber uno de los hombres, un tipo alto y delgado en cuyo cinto destellaba el filo de un arma—. <span style="color: yellow;" class="mycode_color">¿Te crees que puedes aprovecharte de la amabilidad del Dedo Amarillo como si fueses el puto rey de la ciudad? ¿Eh? ¿Es eso, pedazo de mierda? ¿¡Es eso!?</span> <br />
<br />
El tipo le descargó una patada cargada de desprecio al jovencito pordiosero, que éste aguantó con envidiable estoicismo. Luego fue su acompañante, bajito y ancho de hombros, quien tomó la palabra.<br />
<br />
—<span style="color: sienna;" class="mycode_color">Cálmate Ashi. Estoy seguro de que nuestro buen Calabaza tiene el dinero que le debe al Dedo Amarillo, ¿verdad, Calabaza?</span> —inquirió, crujiéndose los nudillos. Su voz, al contrario que la de su compañero, que se asemejaba a un chispazo electrizante y frenético, evocaba el cauce de un río. Sereno, pero implacable. Imparable, capaz de erosionar hasta la roca más dura.<br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Yo... Yo... No tengo... Nada...</span> —respondió el aludido, encogiéndose como un recién nacido—. <span style="color: khaki;" class="mycode_color">No tengo nada, Ushi, te lo juro tío... Te lo juro, dame un par de días más, ¿vale? Sólo dos días más, venga, joder...</span> <br />
<br />
La respuesta no pareció contentar a ninguno de los dos cobradores. Mientras que Ashi —el alto— se removía en su sitio, impaciente, Ushi arqueaba una solitaria ceja. <br />
<br />
—<span style="color: sienna;" class="mycode_color">Eso no es lo que acordamos, Calabaza. Incumplir un acuerdo honrado es faltar al respeto... Y ya sabes que al Dedo Amarillo no se le puede faltar al respeto</span> —como si aquellas palabras fuesen una sentencia de muerte en firme, Ashi desenvainó la wakizashi que llevaba colgando del cinturón—. <span style="color: yellow;" class="mycode_color">¡Déjame hacerlo, Ushi! ¡Déjame hacerlo a mí, joder, me cago en todo! ¡Estoy deseando!</span> <br />
<br />
El bajito fortachón dedicó una mirada molesta a su compañero, claramente irritado por su actitud tan poco profesional. Ellos eran sicarios a sueldo, cobradores de deudas del Dedo Amarillo, pero eso no suponía una excusa para comportarse como un bruto. Tras unos segundos de deliberación interna, Ushi asintió.<br />
<br />
—<span style="color: sienna;" class="mycode_color">Está bien, pero hazlo limpio. No quiero que se me manche la camisa, que es nueva.</span> <br />
<br />
Ashi apenas pudo contener un saltito de alegría, y con la wakizashi en una mano, alargó uno de sus brazos —finos como cañas de junco— para agarrar la muñeca del joven pordiosero y obligarle a extender la palma de la mano. <br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">¡No me mires así, Calabaza-san! Míralo por el lado positivo... ¡Todavía te quedarán nueve dedos más!</span> —aulló, riendo como una hiena.<br />
<br />
Uchiha Akame notaba cómo el corazón le latía a mil pulsaciones. <span style="color: darkkhaki; font-style: italic;">«Podría... Podría hacerles frente, podría vencerlos a los dos... ¿No? Yo... Yo <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">debería</span> poder hacerlo... ¿No es cierto?»</span> No, claro que no podía. Él ya no era El Profesional, ya no era un jōnin de Uzushiogakure no Sato. Ya no era el Campeón del Torneo de los Dojos, el Hermano del Desierto, el jinchuuriki de Shukaku. Ahora sólo era un miserable yonki más pobre que las ratas. Y por alguien así no merecía la pena hacer el esfuerzo. <br />
<br />
Entonces, de repente, por el rabillo del ojo captó dos figuras recortándose contra las luces de la calle principal. Estaban pasando junto a la entrada del callejón. Su salvación. Sin pensarlo dos veces, Akame —o Calabaza, como le llamaban en los bajos fondos de Tanzaku Gai— hizo acopio de todo el aire que sus pulmones podían contener y de toda la fuerza de voluntad que su débil espíritu era capaz de reunir, y gritó.<br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">¡¡Ayuda!! ¡¡Auxilio!!</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¡Don Prodigio y su compañía están en la ciudad!]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-don-prodigio-y-su-compania-estan-en-la-ciudad</link>
			<pubDate>Fri, 22 Mar 2019 14:04:19 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-don-prodigio-y-su-compania-estan-en-la-ciudad</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><span style="color: greenyellow;" class="mycode_color">Caída del Pétalo</span>, <span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Primavera</span> del año 219</i></div></div>
<br />
<br />
¡La Primavera! Probablemente la estación favorita de cualquier habitante de Hi no Kuni que se preciase de serlo. Lejos de los gélidos vientos invernales, las lluvias otoñales y el calor abrasador del Verano, la Primavera era aquella época del año en la que los bosques y montes del país lucían más verdes, floridos y frescos que nunca. Incluso el ambiente primaveral parecía haber añadido una nota festiva a la enorme urbe de Tanzaku Gai aquel día, como si sus calles pareciesen menos abarrotadas y su bullicio más amable. Uno podría jurar que incluso la gente parecía de mejor humor, con el Sol brillando sobre sus cabezas tras los duros meses de Otoño e Invierno, el sake tenía mejor sabor, y la comida lucía más jugosa. No resultaba extraño, pues, que el famoso —o al menos a él le gustaba pensar que lo era— mago Don Prodigio y su compañía de ayudantes hubieran elegido aquel día para anunciar su fabuloso espectáculo de magia. <br />
<br />
<div align="center"><span style="color: purple; font-style: italic;">«¡Damas y caballeros, niños y niñas! ¡Se hace saber que durante el día de hoy, el misterioso prestidigitador conocido como Don Prodigio y su compañía intinerante están en la ciudad! ¡Vayan a disfrutar del espectáculo en la Plaza del Mercado!»</span></div>
<br />
Pese a que el autodeclarado mago contaba con una compañía muy modesta, que podía resumirse en un par de ayudantes de escenario, una malabarista, una trafaguego de piel bronceada venida de Kaze no Kuni y un corpulento hombretón que hacía las veces de mozo de cuadra y guardaespaldas, el mensaje había sido pregonado a los cuatro vientos con sorprendente eficacia. El Sol apenas había llegado a su punto más alto del día cuando la Plaza del Mercado, llamada así porque allí solían ubicarse todo tipo de vendedores ambulantes, comerciantes y otras gentes de ingenio agudo y gusto por el color verde, ya estaba abarrotada de transeútes. No todos estaban allí para ver el espectáculo de Don Prodigio —aunque él solía omitir esa clase de detalles cuando hablaba de sus actuaciones—, pero sí que se podía ver a un buen gentío congregado en torno al precario escenario de madera que habían montado en un extremo de la plaza. El modesto carromato en el que viajaba la compañía —junto con sus bártulos— se encontraba aparcado tras el mismo. <br />
<br />
En una consecuencia apenas lógica de tal evento, no faltaban entre el público raterillos, timadores y otras gentes de malvivir que quisieran aprovechar la ocasión para sacar una buena tajada de algún asistente menos espabilado de la cuenta. También vendedores de baratijas supuestamente mágicas, bálsamos de Fierabrás, abalorios y similares recorrían el bullicio anunciando "a puerta caliente" sus productos. En una noble medianía entre ambos grupos —el de los carteristas y el de los timadores—, un joven de figura delgaducha, piel aceitunada y pelo negro enmarañado que le caía por el rostro y hasta los hombros, trataba de ganarse algunos ryos vendiendo pequeñas tallas de madera. Animales, símbolos sagrados e incluso objetos en miniatura que —supuestamente— traían suerte desfilaban por las manos del desmejorado joven mientras intentaba convencer a su clientela de que le soltara unos cuantos ryos.<br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Son... Son cinco ryos por esta talla, señora, una auténtica ganga...</span> —decía, con la voz quebrada y ronca por el alcohol y el tabaco de mala calidad—. <span style="color: khaki;" class="mycode_color">Si se lle... Lleva dos, se las puedo dejar en ocho en total.</span> <br />
<br />
El joven rara vez se dignaba a levantar la vista demasiado del suelo, pues había aprendido —por las malas— que la visión de su rostro parcialmente calcinado era un pésimo aditivo a su ya de por sí mal aspecto y escaso carisma personal. Por la misma razón cubría su cabeza con un kasa de paja bien calado, que disimulaba también parte de sus facciones. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Señor... ¿Quisiera usted comprarme... Comprarme una talla? Son de excelente calidad, se lo aseguro... De la mejor madera de Hi no Kuni</span> —una mirada de indiferencia y una negativa seca después, el muchacho se volteaba en busca de otro intento por ganarse algnos cuartos.<br />
<br />
Dando tumbos se acercó a una jovencita de melena azabache que andaba por allí —no quedaba claro si esperando a que el espectáculo de Don Prodigio diese comienzo o en otros menesteres—. Uchiha Akame sacó una preciosa talla de un delfín, manufacturada claramente por unas manos expertas en el uso del cuchillo, y se la mostró a su potencial cliente sin siquiera levantar la vista de sus propios pies. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Señorita, ¿querría una talla? Esta representa un delfín, un curioso mamífero que vive en el agua y...</span> —se detuvo de repente, consciente de que se estaba dejando llevar. <span style="color: darkkhaki; font-style: italic;">«¿A quién demonios le importaría semejante cosa en Tanzaku Gai?»</span> Suspirando con resignación, se limitó a añadir—. <span style="color: khaki;" class="mycode_color">Son sólo cinco ryos, señorita.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><span style="color: greenyellow;" class="mycode_color">Caída del Pétalo</span>, <span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Primavera</span> del año 219</i></div></div>
<br />
<br />
¡La Primavera! Probablemente la estación favorita de cualquier habitante de Hi no Kuni que se preciase de serlo. Lejos de los gélidos vientos invernales, las lluvias otoñales y el calor abrasador del Verano, la Primavera era aquella época del año en la que los bosques y montes del país lucían más verdes, floridos y frescos que nunca. Incluso el ambiente primaveral parecía haber añadido una nota festiva a la enorme urbe de Tanzaku Gai aquel día, como si sus calles pareciesen menos abarrotadas y su bullicio más amable. Uno podría jurar que incluso la gente parecía de mejor humor, con el Sol brillando sobre sus cabezas tras los duros meses de Otoño e Invierno, el sake tenía mejor sabor, y la comida lucía más jugosa. No resultaba extraño, pues, que el famoso —o al menos a él le gustaba pensar que lo era— mago Don Prodigio y su compañía de ayudantes hubieran elegido aquel día para anunciar su fabuloso espectáculo de magia. <br />
<br />
<div align="center"><span style="color: purple; font-style: italic;">«¡Damas y caballeros, niños y niñas! ¡Se hace saber que durante el día de hoy, el misterioso prestidigitador conocido como Don Prodigio y su compañía intinerante están en la ciudad! ¡Vayan a disfrutar del espectáculo en la Plaza del Mercado!»</span></div>
<br />
Pese a que el autodeclarado mago contaba con una compañía muy modesta, que podía resumirse en un par de ayudantes de escenario, una malabarista, una trafaguego de piel bronceada venida de Kaze no Kuni y un corpulento hombretón que hacía las veces de mozo de cuadra y guardaespaldas, el mensaje había sido pregonado a los cuatro vientos con sorprendente eficacia. El Sol apenas había llegado a su punto más alto del día cuando la Plaza del Mercado, llamada así porque allí solían ubicarse todo tipo de vendedores ambulantes, comerciantes y otras gentes de ingenio agudo y gusto por el color verde, ya estaba abarrotada de transeútes. No todos estaban allí para ver el espectáculo de Don Prodigio —aunque él solía omitir esa clase de detalles cuando hablaba de sus actuaciones—, pero sí que se podía ver a un buen gentío congregado en torno al precario escenario de madera que habían montado en un extremo de la plaza. El modesto carromato en el que viajaba la compañía —junto con sus bártulos— se encontraba aparcado tras el mismo. <br />
<br />
En una consecuencia apenas lógica de tal evento, no faltaban entre el público raterillos, timadores y otras gentes de malvivir que quisieran aprovechar la ocasión para sacar una buena tajada de algún asistente menos espabilado de la cuenta. También vendedores de baratijas supuestamente mágicas, bálsamos de Fierabrás, abalorios y similares recorrían el bullicio anunciando "a puerta caliente" sus productos. En una noble medianía entre ambos grupos —el de los carteristas y el de los timadores—, un joven de figura delgaducha, piel aceitunada y pelo negro enmarañado que le caía por el rostro y hasta los hombros, trataba de ganarse algunos ryos vendiendo pequeñas tallas de madera. Animales, símbolos sagrados e incluso objetos en miniatura que —supuestamente— traían suerte desfilaban por las manos del desmejorado joven mientras intentaba convencer a su clientela de que le soltara unos cuantos ryos.<br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Son... Son cinco ryos por esta talla, señora, una auténtica ganga...</span> —decía, con la voz quebrada y ronca por el alcohol y el tabaco de mala calidad—. <span style="color: khaki;" class="mycode_color">Si se lle... Lleva dos, se las puedo dejar en ocho en total.</span> <br />
<br />
El joven rara vez se dignaba a levantar la vista demasiado del suelo, pues había aprendido —por las malas— que la visión de su rostro parcialmente calcinado era un pésimo aditivo a su ya de por sí mal aspecto y escaso carisma personal. Por la misma razón cubría su cabeza con un kasa de paja bien calado, que disimulaba también parte de sus facciones. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Señor... ¿Quisiera usted comprarme... Comprarme una talla? Son de excelente calidad, se lo aseguro... De la mejor madera de Hi no Kuni</span> —una mirada de indiferencia y una negativa seca después, el muchacho se volteaba en busca de otro intento por ganarse algnos cuartos.<br />
<br />
Dando tumbos se acercó a una jovencita de melena azabache que andaba por allí —no quedaba claro si esperando a que el espectáculo de Don Prodigio diese comienzo o en otros menesteres—. Uchiha Akame sacó una preciosa talla de un delfín, manufacturada claramente por unas manos expertas en el uso del cuchillo, y se la mostró a su potencial cliente sin siquiera levantar la vista de sus propios pies. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Señorita, ¿querría una talla? Esta representa un delfín, un curioso mamífero que vive en el agua y...</span> —se detuvo de repente, consciente de que se estaba dejando llevar. <span style="color: darkkhaki; font-style: italic;">«¿A quién demonios le importaría semejante cosa en Tanzaku Gai?»</span> Suspirando con resignación, se limitó a añadir—. <span style="color: khaki;" class="mycode_color">Son sólo cinco ryos, señorita.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El Club de la Trucha]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-club-de-la-trucha</link>
			<pubDate>Fri, 22 Mar 2019 00:49:12 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-club-de-la-trucha</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><span style="color: firebrick; font-style: italic;">«¡Dale más fuerte! ¡Venga, joder!»</span></div>
<br />
El sonido de una respiración acelerada le martilleaba los oídos, colapsados ante el griterío y alboroto a su alrededor.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: skyblue; font-style: italic;">«¡Mátalo! ¡Mata a ese cabrón!»</span></div>
<br />
La tierra húmeda y fría bajo sus pies apestaba, y el olor a varios tipos de alcohol derramado, sudor y en definitiva, toda la humanidad que se concentraba allí abajo le inundaba las fosas nasales con aquel regusto acre. <br />
<br />
<div align="center"><span style="color: orchid; font-style: italic;">«¿¡Eso es lo mejor que puedes hacer!? ¡Me cago en Amenokami, usa la zurda también, hostias!»</span></div>
<br />
Al frente, una figura mucho más corpulenta y musculosa que la suya propia se balanceaba con mucha agresividad y muy poca técnica; algo demasiado evidente para él. Incluso sus abotargados sentidos, empañados por los cuatro lingotazos de whisky que se había tomado antes de entrar en el precario ring —que no consistía más que en cuatro vallas de madera dispuestas formando un cuadrilátero que separara a los asistentes de los dos peleadores—, eran capaces de entender los movimientos del contrario. Su fuerza bruta, sin control, no le servía de nada. Sus movimientos eran poco meditados, impulsivos y...<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: goldenrod; font-style: italic;">«¡¡Yeeehaaa!! ¡Así se hace!»</span></div>
<br />
El muchacho retrocedió unos cuantos pasos, tambaleándose como un junco al viento, mientras su cabeza trataba de procesar el hecho de que había recibido un reverendo puñetazo en toda la mejilla que ni siquiera se había visto venir. <span style="color: darkkhaki; font-style: italic;">«Esto es... Lamentable...»</span>, se flageló, y mientras lo hacía su contrincante tuvo tiempo de encajarle otro golpe más, esta vez en el estómago. El joven se arqueó, boqueando en un intento desesperado por cazar el aire que se le escapaba por los labios entreabiertos, mientras a su alrededor el ilustre público de aquel espectáculo brutal y tremendamente ilegal estallaba como una ristra de petardos. Las reacciones eran comprensibles, cada cual pegada a la suerte del parroquiano según hubiera decidido depositar sus billetes en la "opción A" o en la "opción B". La "A", claro, era el gorila; un tipo que debía medir algo más de metro noventa, unos cien kilos —a ojo de buen cubero— de músculo, grasa y mucha mala hostia. La "B", un muchachito que en realidad tenía dieciséis años pero aparentaba unos cuantos más, flacucho y con aspecto de estar a punto de morir por tuberculosis o alguna otra enfermedad altamente indeseable. Su piel había perdido el bronceado que un día la bañara para adoptar un malsano tono aceitunado, y el pelo que le caía a descuidados mechones por el rostro ocultaba —a veces— las terribles quemaduras que dominaban parte del mismo. <br />
<br />
No había que ser un genio para apostar al caballo ganador, especialmente teniendo en cuenta que el otro merecía más bien la consideración de mula; coja y desdentada, como mínimo. Para algún ingenioso hombre de negocios en ciernes, pudiera parecer atractiva la opción de, ante semejantes precedentes, "arreglar" el combate para desplumar a los parroquianos con un inesperado resultado. Sin embargo, en el Club de la Trucha quien mandaba era el "Sargento" Tachibana, y a este no le gustaba correr riesgos; algunos decían que una herencia de carácter de su pasado como militar en el ejército del Daimyo, y otros que simplemente odiaba más perder dinero que no ganarlo. De modo que, desde el primer momento en el que aquel jovencito de pelo enmarañado y dientes azulados se había metido entre las cuatro vallas de madera del ring, su suerte había sido echada... Y él se había asegurado de que aquel porvenir no le viniera demasiado mal. Unos cuantos billetes —los suficientes para pillar medio gramo de "magia azul"—, los chupitos de whisky que se había tomado antes de la pelea, y un rellenado —hasta la mitad— de su fiel calabaza con el sake más barato del bar que se ubicaba escaleras arriba, la cara legal del negocio del Sargento Tachibana.<br />
<br />
—<span style="color: peru;" class="mycode_color">¡YAAAARGH!</span> <br />
<br />
Con una feroz embestida, el imponente Opción A se abalanzó sobre el menudo y politoxicómano Opción B. El muchacho esquivó un par de puñetazos, que llevaban más mala intención que buena puntería, agachándose torpemente, y contraatacó con uno de su propia cosecha. Sus brazos, pese a ser raquíticos, revelaban que aquel chico había tenido en su momento una forma física si bien no poderosa, suficientemente atlética como para el desempeño de su anterior profesión. Los huesudos nudillos alcanzaron exactamente el hígado de aquella mole, arrancándole un sincerísimo bufido de dolor y haciéndole encorvarse notablemente en toda su estatura. Algunos entre el público dejaron escapar maldiciones y ahogados lamentos ante la —por un momento factible en apariencia— posibilidad de que la hormiga venciese al elefante y ellos vieran todo su dinero marcharse como una amante despechada, pero no así el Sargento. Desde su privilegiada posición tras el gentío, Tachibana sabía perfectamente que aquel chico no haría intento alguno por ganar; aquel puñetazo había sido apenas una mentira piadosa, para no levantar sospechas. Porque el Sargento nunca arriesgaba.<br />
<br />
Akame se irguió, dolorido y mareado. El mundo a su alrededor se había vuelto incómodamente borroso y ya se empezaba a notar la boca seca. <span style="color: darkkhaki; font-style: italic;">«¿Cuánto queda, joder...?»</span> se dijo, pensando ya en el chute de después y en su calabaza llena de sake caliente. Ni siquiera vio venir el golpe final.<br />
<br />
El público rugió cuando Opción A tumbó al Uchiha de un gancho de diestra en toda la mandíbula, y él simplemente se quedó allí, tumbado boca arriba tratando de mantener la consciencia, sobre el barro, las cervezas derramadas y los desperdicios que algunos de los parroquianos habían arrojado al ring durante el combate. Ahora la multitud se dispersaba por momentos, ya fuese para recoger sus ganancias —la mayoría—, para lamentarse —la patética minoría que, en un alarde de optimismo o ingenuidad, había apostado por Uchiha Akame "Opción B"— o para pedir una nueva jarra de cerveza —todos—. El Sargento, mientras, repasaba el resto de la "programación nocturna" en su fiel libreta. Aquella noche le había fallado uno de los púgiles, y si bien tenía claro que ajustaría cuentas con el tipo más tarde, en ese momento lo que apremiaba era encontrar un sustituto. Así que el Sargento Tachibana —nada modesto— decidió sacar a pasear su "ojo veterano", del que presumía siempre que tenía ocasión, y escudriñar a los ilustres asistentes que se agolpaban en aquel sótano en busca de un potencial socio para la siguiente media hora.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><span style="color: firebrick; font-style: italic;">«¡Dale más fuerte! ¡Venga, joder!»</span></div>
<br />
El sonido de una respiración acelerada le martilleaba los oídos, colapsados ante el griterío y alboroto a su alrededor.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: skyblue; font-style: italic;">«¡Mátalo! ¡Mata a ese cabrón!»</span></div>
<br />
La tierra húmeda y fría bajo sus pies apestaba, y el olor a varios tipos de alcohol derramado, sudor y en definitiva, toda la humanidad que se concentraba allí abajo le inundaba las fosas nasales con aquel regusto acre. <br />
<br />
<div align="center"><span style="color: orchid; font-style: italic;">«¿¡Eso es lo mejor que puedes hacer!? ¡Me cago en Amenokami, usa la zurda también, hostias!»</span></div>
<br />
Al frente, una figura mucho más corpulenta y musculosa que la suya propia se balanceaba con mucha agresividad y muy poca técnica; algo demasiado evidente para él. Incluso sus abotargados sentidos, empañados por los cuatro lingotazos de whisky que se había tomado antes de entrar en el precario ring —que no consistía más que en cuatro vallas de madera dispuestas formando un cuadrilátero que separara a los asistentes de los dos peleadores—, eran capaces de entender los movimientos del contrario. Su fuerza bruta, sin control, no le servía de nada. Sus movimientos eran poco meditados, impulsivos y...<br />
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<div align="center"><span style="color: goldenrod; font-style: italic;">«¡¡Yeeehaaa!! ¡Así se hace!»</span></div>
<br />
El muchacho retrocedió unos cuantos pasos, tambaleándose como un junco al viento, mientras su cabeza trataba de procesar el hecho de que había recibido un reverendo puñetazo en toda la mejilla que ni siquiera se había visto venir. <span style="color: darkkhaki; font-style: italic;">«Esto es... Lamentable...»</span>, se flageló, y mientras lo hacía su contrincante tuvo tiempo de encajarle otro golpe más, esta vez en el estómago. El joven se arqueó, boqueando en un intento desesperado por cazar el aire que se le escapaba por los labios entreabiertos, mientras a su alrededor el ilustre público de aquel espectáculo brutal y tremendamente ilegal estallaba como una ristra de petardos. Las reacciones eran comprensibles, cada cual pegada a la suerte del parroquiano según hubiera decidido depositar sus billetes en la "opción A" o en la "opción B". La "A", claro, era el gorila; un tipo que debía medir algo más de metro noventa, unos cien kilos —a ojo de buen cubero— de músculo, grasa y mucha mala hostia. La "B", un muchachito que en realidad tenía dieciséis años pero aparentaba unos cuantos más, flacucho y con aspecto de estar a punto de morir por tuberculosis o alguna otra enfermedad altamente indeseable. Su piel había perdido el bronceado que un día la bañara para adoptar un malsano tono aceitunado, y el pelo que le caía a descuidados mechones por el rostro ocultaba —a veces— las terribles quemaduras que dominaban parte del mismo. <br />
<br />
No había que ser un genio para apostar al caballo ganador, especialmente teniendo en cuenta que el otro merecía más bien la consideración de mula; coja y desdentada, como mínimo. Para algún ingenioso hombre de negocios en ciernes, pudiera parecer atractiva la opción de, ante semejantes precedentes, "arreglar" el combate para desplumar a los parroquianos con un inesperado resultado. Sin embargo, en el Club de la Trucha quien mandaba era el "Sargento" Tachibana, y a este no le gustaba correr riesgos; algunos decían que una herencia de carácter de su pasado como militar en el ejército del Daimyo, y otros que simplemente odiaba más perder dinero que no ganarlo. De modo que, desde el primer momento en el que aquel jovencito de pelo enmarañado y dientes azulados se había metido entre las cuatro vallas de madera del ring, su suerte había sido echada... Y él se había asegurado de que aquel porvenir no le viniera demasiado mal. Unos cuantos billetes —los suficientes para pillar medio gramo de "magia azul"—, los chupitos de whisky que se había tomado antes de la pelea, y un rellenado —hasta la mitad— de su fiel calabaza con el sake más barato del bar que se ubicaba escaleras arriba, la cara legal del negocio del Sargento Tachibana.<br />
<br />
—<span style="color: peru;" class="mycode_color">¡YAAAARGH!</span> <br />
<br />
Con una feroz embestida, el imponente Opción A se abalanzó sobre el menudo y politoxicómano Opción B. El muchacho esquivó un par de puñetazos, que llevaban más mala intención que buena puntería, agachándose torpemente, y contraatacó con uno de su propia cosecha. Sus brazos, pese a ser raquíticos, revelaban que aquel chico había tenido en su momento una forma física si bien no poderosa, suficientemente atlética como para el desempeño de su anterior profesión. Los huesudos nudillos alcanzaron exactamente el hígado de aquella mole, arrancándole un sincerísimo bufido de dolor y haciéndole encorvarse notablemente en toda su estatura. Algunos entre el público dejaron escapar maldiciones y ahogados lamentos ante la —por un momento factible en apariencia— posibilidad de que la hormiga venciese al elefante y ellos vieran todo su dinero marcharse como una amante despechada, pero no así el Sargento. Desde su privilegiada posición tras el gentío, Tachibana sabía perfectamente que aquel chico no haría intento alguno por ganar; aquel puñetazo había sido apenas una mentira piadosa, para no levantar sospechas. Porque el Sargento nunca arriesgaba.<br />
<br />
Akame se irguió, dolorido y mareado. El mundo a su alrededor se había vuelto incómodamente borroso y ya se empezaba a notar la boca seca. <span style="color: darkkhaki; font-style: italic;">«¿Cuánto queda, joder...?»</span> se dijo, pensando ya en el chute de después y en su calabaza llena de sake caliente. Ni siquiera vio venir el golpe final.<br />
<br />
El público rugió cuando Opción A tumbó al Uchiha de un gancho de diestra en toda la mandíbula, y él simplemente se quedó allí, tumbado boca arriba tratando de mantener la consciencia, sobre el barro, las cervezas derramadas y los desperdicios que algunos de los parroquianos habían arrojado al ring durante el combate. Ahora la multitud se dispersaba por momentos, ya fuese para recoger sus ganancias —la mayoría—, para lamentarse —la patética minoría que, en un alarde de optimismo o ingenuidad, había apostado por Uchiha Akame "Opción B"— o para pedir una nueva jarra de cerveza —todos—. El Sargento, mientras, repasaba el resto de la "programación nocturna" en su fiel libreta. Aquella noche le había fallado uno de los púgiles, y si bien tenía claro que ajustaría cuentas con el tipo más tarde, en ese momento lo que apremiaba era encontrar un sustituto. Así que el Sargento Tachibana —nada modesto— decidió sacar a pasear su "ojo veterano", del que presumía siempre que tenía ocasión, y escudriñar a los ilustres asistentes que se agolpaban en aquel sótano en busca de un potencial socio para la siguiente media hora.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La paz es cosa de todos]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-paz-es-cosa-de-todos</link>
			<pubDate>Sun, 10 Feb 2019 10:51:25 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=139">Uzumaki Eri</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-paz-es-cosa-de-todos</guid>
			<description><![CDATA[Tras las nuevas noticias que inundaron la ciudad, Eri se sintió con las energías renovadas, sin embargo no fue hasta que su hermana mayor —la cual no dejaba de utilizar el teléfono para hablar con Ryu y con ella casi diariamente— le pidió viajar a Tanzaku Gai por un encargo que no se decidió a salir de Uzushiogakure. No era que tuviese miedo, sin embargo tampoco tenía razones de peso para abandonar su villa así como así, por ello y viendo que Hotaru estaba atareada en el hospital, decidió aceptar el favor que le pedía su hermana y partió rumbo a Tanzaku Gai.<br />
<br />
Tres días después —y un par de paradas por el camino— Eri deambulaba por las concurridas calles de aquella ciudad. Recordaba haber estado allí, sobre todo cuando se encontró con Ayame un par de veces, e incluso se sintió tentada de ir a la plaza donde se habían presentado concursantes de aquel festival musical, pero primero tenía que hacer el recado porque si no estaba segura de que se le olvidaría.<br />
<br />
Aunque...<br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¡Mira por donde vas, cretino!</span> —escuchó decir justo tras ella, y solo alcanzó a suspirar, odiaba aquella zona de la ciudad.<br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">¡Pero si me has empujado tú!</span> —replicó el segundo hombre.<br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¡Eso no me lo dices a la cara, payaso!</span> —devolvió el primero.<br />
<br />
Giró una calle, a poder ser menos concurrida, y buscó un sitio en el que descansar un poco. La verdad es que no entendía por qué había tanto barullo en aquella ciudad.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Tras las nuevas noticias que inundaron la ciudad, Eri se sintió con las energías renovadas, sin embargo no fue hasta que su hermana mayor —la cual no dejaba de utilizar el teléfono para hablar con Ryu y con ella casi diariamente— le pidió viajar a Tanzaku Gai por un encargo que no se decidió a salir de Uzushiogakure. No era que tuviese miedo, sin embargo tampoco tenía razones de peso para abandonar su villa así como así, por ello y viendo que Hotaru estaba atareada en el hospital, decidió aceptar el favor que le pedía su hermana y partió rumbo a Tanzaku Gai.<br />
<br />
Tres días después —y un par de paradas por el camino— Eri deambulaba por las concurridas calles de aquella ciudad. Recordaba haber estado allí, sobre todo cuando se encontró con Ayame un par de veces, e incluso se sintió tentada de ir a la plaza donde se habían presentado concursantes de aquel festival musical, pero primero tenía que hacer el recado porque si no estaba segura de que se le olvidaría.<br />
<br />
Aunque...<br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¡Mira por donde vas, cretino!</span> —escuchó decir justo tras ella, y solo alcanzó a suspirar, odiaba aquella zona de la ciudad.<br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">¡Pero si me has empujado tú!</span> —replicó el segundo hombre.<br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¡Eso no me lo dices a la cara, payaso!</span> —devolvió el primero.<br />
<br />
Giró una calle, a poder ser menos concurrida, y buscó un sitio en el que descansar un poco. La verdad es que no entendía por qué había tanto barullo en aquella ciudad.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Las cosas, cómo deben ser]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-las-cosas-como-deben-ser</link>
			<pubDate>Tue, 02 Oct 2018 20:08:19 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=380">King Roga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-las-cosas-como-deben-ser</guid>
			<description><![CDATA[La vida había sido muy amable con el muchacho durante su infancia. Durante mucho tiempo su única preocupación era estudiar, entrenar, llegar temprano a casa y desvelarse mientras pensaba en el tema de la próxima canción que iba a componer. Sin embargo, el fin de la tranquilidad iba a llegar algún día, agarrando con la guardia baja al chico. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Genial. Que me toca graduarme cuando el bendito Tratado de Paz se rompe."</span></span> No iba a negar que le generaba algo de incertidumbre el saber que pasaría en los días venideros, aunque tampoco era para darse de golpes en el pecho.  <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ya ni qué. Hombre, al menos puedo aprovechar para salir de la aldea y conocer algo del mundo exterior, aunque no de la forma que me lo imaginaba."</span></span> <br />
<br />
Es así que agarró maletas para conocer otros lugares ajenos al País de la Lluvia, pensando que está seria quizás una oportunidad que no tendría en el futuro en caso de que el ambiente político fuese para peor. Tampoco salió con miras hacia ningún lado, pues de antemano había escuchado de un lugar dónde la fiesta es aún más intensa que en el Distrito Comercial:  Tanzaku Gai. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¡Quien quita y me hago carrera cómo solista en un club nocturno! Así de paso me quito la pedrada de servir militarmente."</span></span> Bromeó para sus adentros, pues aunque quisiera, no podía dejar el legado de su familia tirado o sería su propia madre quién le arrancaría la cabeza.<br />
<br />
Fue así que llegó a la gran urbe del País del Fuego, dónde todo era incluso mejor de cómo se lo habían comentado. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿Hombre cómo pude perderme esto durante toda mi vida?"</span></span> Dijo con sus escasos 11 años. <br />
<br />
De arriba para abajo cómo cabra desbocada, asomaba su carota en cada ventanal y cada local, curioseando cada rincón dónde no lo sacaba la seguridad por ser menor de edad. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¡Pero qué ya soy un shinobi hecho y derecho! ¿Eso no debería valerme la entrada?"</span></span> Refunfuñaba para sí.<br />
<br />
Entre su vaivén llegó a uno de los tantos restaurantes de la ciudad, entrando con paso firme y una sonrisa confianzuda al negocio que se encontraba abarrotado de comensales a la hora del almuerzo. <br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—¡Mesero, tráigame el especial del día!—</span> Ordenó sin siquiera saber en qué demonios consistía el platillo.<br />
<br />
<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Vamos a ver, por aquí debería haber alguna mesa desocupada... espero."</span></span> Se dijo mientras sus ojos escudriñaban en busca de un sitio vacío.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La vida había sido muy amable con el muchacho durante su infancia. Durante mucho tiempo su única preocupación era estudiar, entrenar, llegar temprano a casa y desvelarse mientras pensaba en el tema de la próxima canción que iba a componer. Sin embargo, el fin de la tranquilidad iba a llegar algún día, agarrando con la guardia baja al chico. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Genial. Que me toca graduarme cuando el bendito Tratado de Paz se rompe."</span></span> No iba a negar que le generaba algo de incertidumbre el saber que pasaría en los días venideros, aunque tampoco era para darse de golpes en el pecho.  <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Ya ni qué. Hombre, al menos puedo aprovechar para salir de la aldea y conocer algo del mundo exterior, aunque no de la forma que me lo imaginaba."</span></span> <br />
<br />
Es así que agarró maletas para conocer otros lugares ajenos al País de la Lluvia, pensando que está seria quizás una oportunidad que no tendría en el futuro en caso de que el ambiente político fuese para peor. Tampoco salió con miras hacia ningún lado, pues de antemano había escuchado de un lugar dónde la fiesta es aún más intensa que en el Distrito Comercial:  Tanzaku Gai. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¡Quien quita y me hago carrera cómo solista en un club nocturno! Así de paso me quito la pedrada de servir militarmente."</span></span> Bromeó para sus adentros, pues aunque quisiera, no podía dejar el legado de su familia tirado o sería su propia madre quién le arrancaría la cabeza.<br />
<br />
Fue así que llegó a la gran urbe del País del Fuego, dónde todo era incluso mejor de cómo se lo habían comentado. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿Hombre cómo pude perderme esto durante toda mi vida?"</span></span> Dijo con sus escasos 11 años. <br />
<br />
De arriba para abajo cómo cabra desbocada, asomaba su carota en cada ventanal y cada local, curioseando cada rincón dónde no lo sacaba la seguridad por ser menor de edad. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¡Pero qué ya soy un shinobi hecho y derecho! ¿Eso no debería valerme la entrada?"</span></span> Refunfuñaba para sí.<br />
<br />
Entre su vaivén llegó a uno de los tantos restaurantes de la ciudad, entrando con paso firme y una sonrisa confianzuda al negocio que se encontraba abarrotado de comensales a la hora del almuerzo. <br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—¡Mesero, tráigame el especial del día!—</span> Ordenó sin siquiera saber en qué demonios consistía el platillo.<br />
<br />
<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Vamos a ver, por aquí debería haber alguna mesa desocupada... espero."</span></span> Se dijo mientras sus ojos escudriñaban en busca de un sitio vacío.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Perdida en mis propios pensamientos]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-perdida-en-mis-propios-pensamientos</link>
			<pubDate>Mon, 01 Oct 2018 01:00:02 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-perdida-en-mis-propios-pensamientos</guid>
			<description><![CDATA[El invierno había llegado, y con él se fueron los colores ocres del otoño. La hierba marchitaba, los árboles se desnudaban a su paso y aunque aún no habían llegado las nieves, el frío ya comenzaba a calar en los huesos. Incluso Tanzaku Gai, la capital del País del Fuego, veía su actividad ralentizada por la gélida estación. La mayor parte de los turistas que visitaban sus calles y dejaban su dinero en los múltiples locales de ocio y de dudosa moralidad habían volado al ver empeorar el tiempo, por lo cual las calles no estaban tan concurridas como solían estar. <br />
<br />
Ni siquiera la plaza estaba tan llena como la última vez que la visitó. <br />
<br />
Un fantasma se movía de forma silenciosa sobre los adoquines de piedra. Envuelto de pies a cabeza en una gruesa capa de viaje blanca como la nieve, con una capucha echada sobre su cabeza que asumía sus rasgos en una suave penumbra. Y aún en el caso de que alguien lograra ver a través de esa penumbra se encontraría con un rostro femenino de nariz pequeña y labios más bien finos, parcialmente oculto por un antifaz del mismo color. Aunque algún mechón de cabello oscuro como la noche y largo hasta la mitad de su pecho escapaba deslizándose por su hombro y culebreando al son del viento. <br />
<br />
Ayame nunca había agradecido tanto llevar aquella túnica como en aquel momento. <br />
<br />
Se acercó a la fuente del centro de la plaza y paseó la mano por su poyete. No había ni rastro del escenario ni de la mesa del jurado, pero todo estaba tal y como lo recordaba. Le habría gustado acudir a Tanzaku Gai unos meses antes, cuando se estaba desarrollando el Festival Musical, pero encerrada como había estado entre los barrotes de su aldea, le había sido completamente imposible. Y aún cuando había recuperado su libertad, a su padre no le había hecho ninguna gracia que se acercara tanto a los terrenos del País del Remolino.<br />
<br />
Pero ella necesitaba ir allí.<br />
<br />
¿Aunque por qué? ¿Qué era lo que le había empujado a hacer ese viaje? ¿Qué era lo que buscaba en ese sitio?<br />
<br />
Su corazón latía con fuerza cada vez que se hacía esas preguntas. Y al mismo tiempo sentía un miedo atroz...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El invierno había llegado, y con él se fueron los colores ocres del otoño. La hierba marchitaba, los árboles se desnudaban a su paso y aunque aún no habían llegado las nieves, el frío ya comenzaba a calar en los huesos. Incluso Tanzaku Gai, la capital del País del Fuego, veía su actividad ralentizada por la gélida estación. La mayor parte de los turistas que visitaban sus calles y dejaban su dinero en los múltiples locales de ocio y de dudosa moralidad habían volado al ver empeorar el tiempo, por lo cual las calles no estaban tan concurridas como solían estar. <br />
<br />
Ni siquiera la plaza estaba tan llena como la última vez que la visitó. <br />
<br />
Un fantasma se movía de forma silenciosa sobre los adoquines de piedra. Envuelto de pies a cabeza en una gruesa capa de viaje blanca como la nieve, con una capucha echada sobre su cabeza que asumía sus rasgos en una suave penumbra. Y aún en el caso de que alguien lograra ver a través de esa penumbra se encontraría con un rostro femenino de nariz pequeña y labios más bien finos, parcialmente oculto por un antifaz del mismo color. Aunque algún mechón de cabello oscuro como la noche y largo hasta la mitad de su pecho escapaba deslizándose por su hombro y culebreando al son del viento. <br />
<br />
Ayame nunca había agradecido tanto llevar aquella túnica como en aquel momento. <br />
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Se acercó a la fuente del centro de la plaza y paseó la mano por su poyete. No había ni rastro del escenario ni de la mesa del jurado, pero todo estaba tal y como lo recordaba. Le habría gustado acudir a Tanzaku Gai unos meses antes, cuando se estaba desarrollando el Festival Musical, pero encerrada como había estado entre los barrotes de su aldea, le había sido completamente imposible. Y aún cuando había recuperado su libertad, a su padre no le había hecho ninguna gracia que se acercara tanto a los terrenos del País del Remolino.<br />
<br />
Pero ella necesitaba ir allí.<br />
<br />
¿Aunque por qué? ¿Qué era lo que le había empujado a hacer ese viaje? ¿Qué era lo que buscaba en ese sitio?<br />
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Su corazón latía con fuerza cada vez que se hacía esas preguntas. Y al mismo tiempo sentía un miedo atroz...]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Emesis]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-emesis</link>
			<pubDate>Thu, 14 Jun 2018 19:43:52 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Karma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-emesis</guid>
			<description><![CDATA[Once de la mañana. <br />
<br />
Un calor abrasador producto de la intransigente mirada del astro rey azotaba las calles de Tanzaku Gai. La habitual marea de transeuntes que deambulaba por una ciudad de ese tamaño y características no había disminuido, pero todos buscaban el abrazo de la sombra tanto o más que el de una mujer ligera de ropa o la emoción del juego.<br />
<br />
La joven Karma se había tomado la molestia de viajar hasta allí en busca de libros. Aunque habían librerías de sobra en Uzugakure y Yamiria, le resultaba emocionante buscar establecimientos que nunca había pisado con la esperanza de encontrar tomos inusuales o ediciones valiosas. <span style="color: sandybrown; font-style: italic;">«Han sido cuatro días de viaje... espero dar con algo que merezca la pena»</span>. Quizás encontraría algo interesante o quizás volvería a la villa con las manos vacías.<br />
<br />
Era una apuesta, una no muy distinta a las que se llevaban a cabo en los casinos de la ciudad.<br />
<br />
Vestía con su usual indumentaria, todo su equipamiento —incluso el protector—, y una mochila de viaje de tono azulado. Estaba parada en mitad de una de las calles principales, bien ancha, con puestos de comida y baratijas a ambos lados. También habían edificios de apartamentos, bares, tabernas, casas de dudosa reputación y antros de juego a los extremos. <br />
<br />
Karma sostenía un pergamino desenrollado con ambas manos. Era un mapa de la ciudad. Quería llegar a una librería llamada "La Página de Plata", pero le estaba costando ubicarse.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Hmm... ¿igual giré mal aquí?</span> —consideró.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Once de la mañana. <br />
<br />
Un calor abrasador producto de la intransigente mirada del astro rey azotaba las calles de Tanzaku Gai. La habitual marea de transeuntes que deambulaba por una ciudad de ese tamaño y características no había disminuido, pero todos buscaban el abrazo de la sombra tanto o más que el de una mujer ligera de ropa o la emoción del juego.<br />
<br />
La joven Karma se había tomado la molestia de viajar hasta allí en busca de libros. Aunque habían librerías de sobra en Uzugakure y Yamiria, le resultaba emocionante buscar establecimientos que nunca había pisado con la esperanza de encontrar tomos inusuales o ediciones valiosas. <span style="color: sandybrown; font-style: italic;">«Han sido cuatro días de viaje... espero dar con algo que merezca la pena»</span>. Quizás encontraría algo interesante o quizás volvería a la villa con las manos vacías.<br />
<br />
Era una apuesta, una no muy distinta a las que se llevaban a cabo en los casinos de la ciudad.<br />
<br />
Vestía con su usual indumentaria, todo su equipamiento —incluso el protector—, y una mochila de viaje de tono azulado. Estaba parada en mitad de una de las calles principales, bien ancha, con puestos de comida y baratijas a ambos lados. También habían edificios de apartamentos, bares, tabernas, casas de dudosa reputación y antros de juego a los extremos. <br />
<br />
Karma sostenía un pergamino desenrollado con ambas manos. Era un mapa de la ciudad. Quería llegar a una librería llamada "La Página de Plata", pero le estaba costando ubicarse.<br />
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—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Hmm... ¿igual giré mal aquí?</span> —consideró.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Los Hōyobis al Sol]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-los-hoyobis-al-sol</link>
			<pubDate>Tue, 06 Feb 2018 18:41:15 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-los-hoyobis-al-sol</guid>
			<description><![CDATA[<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color">Primera Flor</span>, <span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Primavera</span> del año 218.</div></i></div>
<br />
<br />
Akame miraba el vaso de sake que reposaba en la barra de madera frente a él, y el vaso le devolvía la mirada. Eran distintas; la del Uchiha, curiosamente indecisa. La del vaso de licor, tan pálida y serena como podría esperarse. No se inmutaba ante la tesitura que parecía carcomer a su dueño. El Uchiha se frotó las manos con aire nervioso y desvió la mirada a su alrededor, esperando no encontrarse a ningún parroquiano versado en las lides que a él se le escapaban, con ganas de reírse. <br />
<br />
Los motivos que le habían llevado a Tanzaku eran bien simples. Les habían encargado una misión conjunta con Kusagakure no Sato —a él y a Datsue, claro— en una región menor de Hi no Kuni, por lo que los Hermanos del Desierto habían tenido que poner rumbo hacia el caluroso país interior. Por suerte el mal tiempo del Invierno iba quedando atrás, y durante el viaje sólo el cálido abrazo del Sol les hizo compañía. Ese día habían decidido parar en la capital, Tanzaku Gai, para comprar provisiones y descansar antes de empezar la misión. <br />
<br />
Aquella mañana Akame había decidido escabullirse a escondidas de su compadre para intentar afrontar una asignatura pendiente que llevaba incomodándole desde hacía un tiempo. Y es que claro, con todo el lío del Examen de ascenso a chuunin y demás, el Uchiha se había esforzado por meter cabeza en los ambientes de los veteranos de Uzushio; eso incluía, fundamentalmente, bares y chiringuitos de la Aldea. <br />
<br />
Y allí había aprendido que no había muchos chuunin o jōnin que no supieran beber como mujeres y hombres hechos y derechos —o tal vez fuese su sesgada percepción de adolescente—. Pero, de cualquier modo, aquella habilidad parecía importante y Akame era un condenado novato en ese terreno. <br />
<br />
De modo que allí estaba, frente a un vaso de sake que el tabernero le había servido pese a su corta edad y a que no debían ser ni las doce del mediodía.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color">Primera Flor</span>, <span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Primavera</span> del año 218.</div></i></div>
<br />
<br />
Akame miraba el vaso de sake que reposaba en la barra de madera frente a él, y el vaso le devolvía la mirada. Eran distintas; la del Uchiha, curiosamente indecisa. La del vaso de licor, tan pálida y serena como podría esperarse. No se inmutaba ante la tesitura que parecía carcomer a su dueño. El Uchiha se frotó las manos con aire nervioso y desvió la mirada a su alrededor, esperando no encontrarse a ningún parroquiano versado en las lides que a él se le escapaban, con ganas de reírse. <br />
<br />
Los motivos que le habían llevado a Tanzaku eran bien simples. Les habían encargado una misión conjunta con Kusagakure no Sato —a él y a Datsue, claro— en una región menor de Hi no Kuni, por lo que los Hermanos del Desierto habían tenido que poner rumbo hacia el caluroso país interior. Por suerte el mal tiempo del Invierno iba quedando atrás, y durante el viaje sólo el cálido abrazo del Sol les hizo compañía. Ese día habían decidido parar en la capital, Tanzaku Gai, para comprar provisiones y descansar antes de empezar la misión. <br />
<br />
Aquella mañana Akame había decidido escabullirse a escondidas de su compadre para intentar afrontar una asignatura pendiente que llevaba incomodándole desde hacía un tiempo. Y es que claro, con todo el lío del Examen de ascenso a chuunin y demás, el Uchiha se había esforzado por meter cabeza en los ambientes de los veteranos de Uzushio; eso incluía, fundamentalmente, bares y chiringuitos de la Aldea. <br />
<br />
Y allí había aprendido que no había muchos chuunin o jōnin que no supieran beber como mujeres y hombres hechos y derechos —o tal vez fuese su sesgada percepción de adolescente—. Pero, de cualquier modo, aquella habilidad parecía importante y Akame era un condenado novato en ese terreno. <br />
<br />
De modo que allí estaba, frente a un vaso de sake que el tabernero le había servido pese a su corta edad y a que no debían ser ni las doce del mediodía.]]></content:encoded>
		</item>
	</channel>
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