<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">
	<channel>
		<title><![CDATA[NinjaWorld - Taikarune]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 07:48:33 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[Un nuevo mundo]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-un-nuevo-mundo</link>
			<pubDate>Wed, 26 Apr 2023 19:45:58 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=976">Uchiha Zaide</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-un-nuevo-mundo</guid>
			<description><![CDATA[Terminó de levantar el ancla y le dio las gracias al dueño del barco desde la popa. Era lo menos que podía hacer después de robárselo. El barco, y las dos toneladas de especias y alimentos que pretendían vender en el País del Viento. <br />
<br />
Ya nunca lo harían. <br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¡Pedazo desgraciado!</span> —gritó el dueño, acompañado de otros cuantos insultos mucho más inspirados por parte de sus marineros. Menos de los que se merecía—<span style="color: green;" class="mycode_color">. ¡Al menos dime qué cojones piensas hacer con mi barco! ¡¿Dónde me lo llevas?!</span><br />
<br />
Zaide sonrió, apoyando las manos en las bases de las espadas gemelas mientras miraba al cielo. <br />
<br />
—<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">A puertos desconocidos. A tierras inexploradas. ¡A un nuevo mundo!</span><br />
<br />
Rio, y los marineros se miraron dando vueltas al dedo apuntando a la sien: lo señalaban como un loco. Lo era. <br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¿Estás chalado?</span><br />
<br />
—<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">¡Oh, vamos! ¿Nunca os pareció extraño? ¡Mirad el sol! ¡Mirad la luna! Kilómetros y kilómetros de extensión. ¡Se supone que la luna gira a nuestro alrededor, que es más pequeña que este planeta, ¿y todo lo que tenemos nosotros es Ōnindo?! ¿Un continente que se puede recorrer en días a tren? ¿Y soy yo el chalado?</span><br />
<br />
Los marineros se miraron, ceñudos. Alguno hasta se lo estaba planteando. Zaide provocaba ese efecto en las personas. Cuestionarían hasta la honorabilidad de su santa madre si se lo propusiese. <br />
<br />
—<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">No, aquí hay gato encerrado. Tiene que haber más civilizaciones ahí afuera. Escondidas en un Genjutsu, tras el velo de una ilusión, demasiado temerosas de oler siquiera la fragancia de guerra y muerte que arrastramos con nosotros. Mi vida en Ōnindo ya no tiene sentido. Encontraré un nuevo mundo en el que vivir… o moriré buscándolo. Pero los pies de Uchiha Zaide no volverán a pisar la tierra de Ōnindo.</span><br />
<br />
Les dio la espalda, con las espadas legendarias sobre ella como único recuerdo de aquellas tierras que se lo habían dado y quitado todo. Sin saber si el Bosque de Azur había terminado por volverle loco o aquella era la mejor idea que había tenido hasta entonces, desplegó las velas. Cuando las tierras de Ōnindo se convirtieron en apenas una línea en el horizonte, sintió que un peso caía de sus hombros.<br />
<br />
—<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">Menudo viaje ha sido, ¿huh?</span><br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<div align="center"><iframe width="560" height="315" src="//www.youtube-nocookie.com/embed/tG7fk_DUz5g" frameborder="0" allowfullscreen="true"></iframe></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Terminó de levantar el ancla y le dio las gracias al dueño del barco desde la popa. Era lo menos que podía hacer después de robárselo. El barco, y las dos toneladas de especias y alimentos que pretendían vender en el País del Viento. <br />
<br />
Ya nunca lo harían. <br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¡Pedazo desgraciado!</span> —gritó el dueño, acompañado de otros cuantos insultos mucho más inspirados por parte de sus marineros. Menos de los que se merecía—<span style="color: green;" class="mycode_color">. ¡Al menos dime qué cojones piensas hacer con mi barco! ¡¿Dónde me lo llevas?!</span><br />
<br />
Zaide sonrió, apoyando las manos en las bases de las espadas gemelas mientras miraba al cielo. <br />
<br />
—<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">A puertos desconocidos. A tierras inexploradas. ¡A un nuevo mundo!</span><br />
<br />
Rio, y los marineros se miraron dando vueltas al dedo apuntando a la sien: lo señalaban como un loco. Lo era. <br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¿Estás chalado?</span><br />
<br />
—<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">¡Oh, vamos! ¿Nunca os pareció extraño? ¡Mirad el sol! ¡Mirad la luna! Kilómetros y kilómetros de extensión. ¡Se supone que la luna gira a nuestro alrededor, que es más pequeña que este planeta, ¿y todo lo que tenemos nosotros es Ōnindo?! ¿Un continente que se puede recorrer en días a tren? ¿Y soy yo el chalado?</span><br />
<br />
Los marineros se miraron, ceñudos. Alguno hasta se lo estaba planteando. Zaide provocaba ese efecto en las personas. Cuestionarían hasta la honorabilidad de su santa madre si se lo propusiese. <br />
<br />
—<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">No, aquí hay gato encerrado. Tiene que haber más civilizaciones ahí afuera. Escondidas en un Genjutsu, tras el velo de una ilusión, demasiado temerosas de oler siquiera la fragancia de guerra y muerte que arrastramos con nosotros. Mi vida en Ōnindo ya no tiene sentido. Encontraré un nuevo mundo en el que vivir… o moriré buscándolo. Pero los pies de Uchiha Zaide no volverán a pisar la tierra de Ōnindo.</span><br />
<br />
Les dio la espalda, con las espadas legendarias sobre ella como único recuerdo de aquellas tierras que se lo habían dado y quitado todo. Sin saber si el Bosque de Azur había terminado por volverle loco o aquella era la mejor idea que había tenido hasta entonces, desplegó las velas. Cuando las tierras de Ōnindo se convirtieron en apenas una línea en el horizonte, sintió que un peso caía de sus hombros.<br />
<br />
—<span style="color: goldenrod;" class="mycode_color">Menudo viaje ha sido, ¿huh?</span><br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<div align="center"><iframe width="560" height="315" src="//www.youtube-nocookie.com/embed/tG7fk_DUz5g" frameborder="0" allowfullscreen="true"></iframe></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[En mosca cerrada no entran bocas]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-en-mosca-cerrada-no-entran-bocas</link>
			<pubDate>Tue, 16 Apr 2019 23:14:07 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=730">Inuzuka Etsu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-en-mosca-cerrada-no-entran-bocas</guid>
			<description><![CDATA[Dicen las leyendas, que cuando el frío sopla bajo, vuela un grajo del carajo.<br />
<br />
O algo parecido, la culpa de seguro no era de ese pobre trovador disléxico a la entrada de Taikarune. El hombre lo daba todo, se desvivía por su labor. Tocaba un desconchado ukelele color celeste, y vestía un roído y rasgado kimono azul sin decoración alguna. La única salvedad era ese obi negro que llevaba, y que apenas cumplía su función. Las uñas las tenía largas como un águila, aunque no podía compararse a semejante animal. El pobre tenía las uñas llenas de moho, así como quebradas por algunos lados. Un rostro y una constitución que claramente daban a entender que el hombre vivía en la mas absoluta miseria, escuálido y delgado como un hombre que apenas conoce la comida. Sus ojos eran los de un hombre que pese a todo, y contra todo pronóstico... al menos era feliz. Hacía lo que le gustaba, entretenía a la gente.<br />
<br />
Pobre iluso... del aire no se vive.<br />
<br />
Quizás por compasión, o meramente por altruismo, algunas personas le dejaban alguna moneda en el cesto de mimbre que tenía a los pies. Pero, en su mayoría estaban allí tan solo para reírse de sus disparatadas sandeces. Si bien no merecía el titulo, era alabado por muchos con el sobre nombre de payaso.<br />
<br />
No, obviamente, las mofas y burlas no faltaban por esos lares.<br />
<br />
En un día tan seco como un marido viendo la final de las Shinobiolimpiadas, y con un calor semejante al de un chancletazo por parte de una madre, Etsu había terminado encontrando al hombre en una de las calles derivadas a la principal de la ciudad. Quizás, solo quizás, era de los pocos que no lo miraban ni con ganas de burlarse ni con pena...<br />
<br />
Quería ayudarlo, pero no sabía cómo hacerlo. Quería ser el mejor shinobi de todos los tiempos. El mejor en todos los sentidos. Era imposible que dejase de lado éste tipo de situaciones.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Maldita sea... ¿qué podríamos hacer, Akane?</span><br />
<br />
El huskie enorme que había a su lado miró al chico de rastas, torció la cabeza ladeandola, y no soltó prenda. Al menos no pareció hacerlo, pero si que había hablado con el Inuzuka.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Tsk!</span> —chasqueó la lengua —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">pero no puedo hacer eso... el dinero solo le valdría para vivir un poco mas. Pero lo gastaría en cualquier momento, y seguiría estando en las mismas... ¿no crees?</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿Ababaur?</span> —preguntó el can.<br />
<br />
El chico se posicionó de cuclillas, aún algo alejado de la trama principal. Alzó la diestra, señalando al gentío —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">el problema en realidad no es ese hombre, el problema son ellos</span> —aseguraba, indicando a los que se burlaban del pobre hombre —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">en una sociedad con humanos como esos, no merece ni la pena esforzarse por ser el mejor shinobi. Porque para cuando cometas un fallo, estarán ahí para burlarse y reírse, sin importar todos tus esfuerzos previos...</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">No es que los odie... pero, me resulta difícil entenderlos... es complicado entender a las personas, incluso siendo una...</span><br />
<br />
El Inzuka cesó en su gesto anterior, bajando la mano. Resopló, algo decepcionado.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Dicen las leyendas, que cuando el frío sopla bajo, vuela un grajo del carajo.<br />
<br />
O algo parecido, la culpa de seguro no era de ese pobre trovador disléxico a la entrada de Taikarune. El hombre lo daba todo, se desvivía por su labor. Tocaba un desconchado ukelele color celeste, y vestía un roído y rasgado kimono azul sin decoración alguna. La única salvedad era ese obi negro que llevaba, y que apenas cumplía su función. Las uñas las tenía largas como un águila, aunque no podía compararse a semejante animal. El pobre tenía las uñas llenas de moho, así como quebradas por algunos lados. Un rostro y una constitución que claramente daban a entender que el hombre vivía en la mas absoluta miseria, escuálido y delgado como un hombre que apenas conoce la comida. Sus ojos eran los de un hombre que pese a todo, y contra todo pronóstico... al menos era feliz. Hacía lo que le gustaba, entretenía a la gente.<br />
<br />
Pobre iluso... del aire no se vive.<br />
<br />
Quizás por compasión, o meramente por altruismo, algunas personas le dejaban alguna moneda en el cesto de mimbre que tenía a los pies. Pero, en su mayoría estaban allí tan solo para reírse de sus disparatadas sandeces. Si bien no merecía el titulo, era alabado por muchos con el sobre nombre de payaso.<br />
<br />
No, obviamente, las mofas y burlas no faltaban por esos lares.<br />
<br />
En un día tan seco como un marido viendo la final de las Shinobiolimpiadas, y con un calor semejante al de un chancletazo por parte de una madre, Etsu había terminado encontrando al hombre en una de las calles derivadas a la principal de la ciudad. Quizás, solo quizás, era de los pocos que no lo miraban ni con ganas de burlarse ni con pena...<br />
<br />
Quería ayudarlo, pero no sabía cómo hacerlo. Quería ser el mejor shinobi de todos los tiempos. El mejor en todos los sentidos. Era imposible que dejase de lado éste tipo de situaciones.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Maldita sea... ¿qué podríamos hacer, Akane?</span><br />
<br />
El huskie enorme que había a su lado miró al chico de rastas, torció la cabeza ladeandola, y no soltó prenda. Al menos no pareció hacerlo, pero si que había hablado con el Inuzuka.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Tsk!</span> —chasqueó la lengua —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">pero no puedo hacer eso... el dinero solo le valdría para vivir un poco mas. Pero lo gastaría en cualquier momento, y seguiría estando en las mismas... ¿no crees?</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¿Ababaur?</span> —preguntó el can.<br />
<br />
El chico se posicionó de cuclillas, aún algo alejado de la trama principal. Alzó la diestra, señalando al gentío —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">el problema en realidad no es ese hombre, el problema son ellos</span> —aseguraba, indicando a los que se burlaban del pobre hombre —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">en una sociedad con humanos como esos, no merece ni la pena esforzarse por ser el mejor shinobi. Porque para cuando cometas un fallo, estarán ahí para burlarse y reírse, sin importar todos tus esfuerzos previos...</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">No es que los odie... pero, me resulta difícil entenderlos... es complicado entender a las personas, incluso siendo una...</span><br />
<br />
El Inzuka cesó en su gesto anterior, bajando la mano. Resopló, algo decepcionado.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[En busca de inspiración]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-en-busca-de-inspiracion</link>
			<pubDate>Sun, 15 Apr 2018 16:12:52 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Nande</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-en-busca-de-inspiracion</guid>
			<description><![CDATA[Apenas debía de ser mediodía cuando Nande puso por fin el primer pie en la pintoresca Taikarune, internándose bajo la agradable sombra que proyectaba aquel enorme arco que se elevaba sobre la villa. Era la primera vez que el chico se internaba tanto en el país del fuego suelo, al igual que la primera ocasión en la que sus ojos contemplaban aquel lugar. Y la verdad es que tenía su encanto, no era muy diferente a Uzushiogakure salvando las distancias pero el estilo arquitectónico tenía algo familiar para él. Quizás fuese la madera o las formas de las construcciones, que aunque con tejados más pronunciados, guardaban cierto parecido con los de su villa de procedencia. Lo cierto es que tampoco era algo tan disparatado, según tenía entendido en un pasado remoto ambos territorios estuvieron fuertemente ligados por relaciones comerciales y militares.<br />
<br />
El chico de ojos azules paseaba su mirada de un lugar a otro, la villa era bastante bulliciosa a pesar de que su tamaño no era excesivamente grande. En los márgenes de la calle principal, por la que transitaba en aquel momento Nande, aparecían de vez en cuando algún que otro puesto callejero apenas compuesto por un par de maderos, telas y unas tablas, a veces simplemente telas en el suelo y otras tiendas con su propio local en un edificio. La oferta era bastante variada, aunque nada que ver con la de  las grandes ciudades pero aún así había productos de todo tipo, incluso algunos que no había visto en su vida.<br />
<br />
Sin embargo, el joven no se detuvo en ninguno de ellos puesto que estaba ansioso por llegar hasta el museo de armamento del lugar, ubicado en un viejo castillo sobre el arco que proyectaba su larga sombra sobre la ciudad. Nande había escuchado que poseía una formidable colección de armamento antiguo, lo que le venía que ni pintado para tomar referencias a la hora de desarrollar armamento para sus queridas marionetas, las cuales llevaba selladas en un pequeño pergamino que guardaba con sumo cuidado en su portaobjetos.<br />
<br />
Nande caminaba con rapidez, o al menos con toda la que podía puesto que su escasa altura le hacia difícil caminar entre tanta gente. Los viandantes distraídos apenas reparaban en él y se veía obligado a serpentear entre ellos para no ser arrollado.<br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">—Perdón—</span> iba repitiendo aquí y allá más para hacerse notar que para disculparte, aún así sus modales le impedían expresar su exasperación por vivir al limite del atropello permanentemente]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Apenas debía de ser mediodía cuando Nande puso por fin el primer pie en la pintoresca Taikarune, internándose bajo la agradable sombra que proyectaba aquel enorme arco que se elevaba sobre la villa. Era la primera vez que el chico se internaba tanto en el país del fuego suelo, al igual que la primera ocasión en la que sus ojos contemplaban aquel lugar. Y la verdad es que tenía su encanto, no era muy diferente a Uzushiogakure salvando las distancias pero el estilo arquitectónico tenía algo familiar para él. Quizás fuese la madera o las formas de las construcciones, que aunque con tejados más pronunciados, guardaban cierto parecido con los de su villa de procedencia. Lo cierto es que tampoco era algo tan disparatado, según tenía entendido en un pasado remoto ambos territorios estuvieron fuertemente ligados por relaciones comerciales y militares.<br />
<br />
El chico de ojos azules paseaba su mirada de un lugar a otro, la villa era bastante bulliciosa a pesar de que su tamaño no era excesivamente grande. En los márgenes de la calle principal, por la que transitaba en aquel momento Nande, aparecían de vez en cuando algún que otro puesto callejero apenas compuesto por un par de maderos, telas y unas tablas, a veces simplemente telas en el suelo y otras tiendas con su propio local en un edificio. La oferta era bastante variada, aunque nada que ver con la de  las grandes ciudades pero aún así había productos de todo tipo, incluso algunos que no había visto en su vida.<br />
<br />
Sin embargo, el joven no se detuvo en ninguno de ellos puesto que estaba ansioso por llegar hasta el museo de armamento del lugar, ubicado en un viejo castillo sobre el arco que proyectaba su larga sombra sobre la ciudad. Nande había escuchado que poseía una formidable colección de armamento antiguo, lo que le venía que ni pintado para tomar referencias a la hora de desarrollar armamento para sus queridas marionetas, las cuales llevaba selladas en un pequeño pergamino que guardaba con sumo cuidado en su portaobjetos.<br />
<br />
Nande caminaba con rapidez, o al menos con toda la que podía puesto que su escasa altura le hacia difícil caminar entre tanta gente. Los viandantes distraídos apenas reparaban en él y se veía obligado a serpentear entre ellos para no ser arrollado.<br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">—Perdón—</span> iba repitiendo aquí y allá más para hacerse notar que para disculparte, aún así sus modales le impedían expresar su exasperación por vivir al limite del atropello permanentemente]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[(C) El robo de la pata de bronce]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-c-el-robo-de-la-pata-de-bronce</link>
			<pubDate>Tue, 30 Jan 2018 23:27:10 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=688">Sarutobi Hanabi</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-c-el-robo-de-la-pata-de-bronce</guid>
			<description><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Off" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Soy Ayame, tomo la misión de Eri y Nabi como máster. Esta trama no ocupará ninguno de mis huecos propios.<br />
<br />
Espero que la disfrutéis <img src="https://ninjaworld.es/images/emotes/dosuveses/1.gif" alt="Sonrisa" title="Sonrisa" class="smilie smilie_86" /></div>
    </div>
</div>
<br />
<br />
<br />
Aquella era, sin duda alguna, una ocasión especial. La misión que el Uzukage les había encomendado a Inuzuka Nabi y a Uzumaki Eri les había hecho viajar hasta desde sus hogares en Uzushiogakure hasta la ciudad de Taikarune, en pleno País del Fuego. En condiciones normales, el viaje habría durado un largo día y medio a pie, pero el cliente de la misión exigía la máxima urgencia, y el mismo Hanabi dispuso para los dos genin un barco a vela que zarpó desde los muelles de Uzushiogakure aquella misma mañana de primavera. Afortunadamente, parecía que la suerte había decidido sonreírles, y las fuertes corrientes marinas que caracterizaban las costas de la aldea decidieron darles una tregua para que los genin pudieran llegar a tiempo a su destino. <br />
<br />
Y así, después de un tranquilo viaje en el que se vieron incluso acompañados por varios delfines durante un tiempo, el característico arco de piedra que conformaba la ciudad de Taikarune asomó por encima del horizonte cuando el sol comenzaba a ponerse por el oeste.<br />
<br />
Y cuando pisaron tierra, comprobaron que Taikarune bullía de actividad. Debía de haber algún tipo de fiesta en la ciudad, porque las calles estaban repletas de luces y las personas iban de aquí para allá, todos risueños, todos felices, todos con bolsas cargadas de compras y los niños degustando dulces típicos de allí. Pero no era a las calles, no era a ninguno de los establecimientos abiertos de par en par, ni siquiera era a ninguna de las viviendas a donde los shinobi debían acudir con toda presteza. <br />
<br />
Aquella era una ocasión especial, y el cliente que firmaba el pergamino de la misión era el mismísimo dueño del imponente castillo de piedra que se alzaba en lo alto del risco y que ahora hacía sus veces de museo de armas de guerra antiguas. <br />
<br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Pergamino de la misión" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
<div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;">
<br />
<div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 16px;">Misión rango C. </span></span></div></div>
<br />
<div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;">
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Solicitante:</span></span> Tsuwamono Tono<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugar:</span></span> Museo Armamentístico de Taikarune<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tsuwamono Tono, que es el legítimo dueño del castillo de Taikarune, ha denunciado el robo de una de las piezas más importantes de su colección de armas expuesta al público. No ha dado más detalles al respecto, pero se aproximan las fiestas locales de la ciudad y el museo constituye la máxima importancia de Taikarune en cuanto a fama se refiere, por lo que los turistas irán a visitarlo y querrán ver la colección al completo. <br />
<br />
Por eso solicita la ayuda de dos shinobi con la máxima urgencia posible, que deberán reunirse con él en las puertas del castillo, para recibir los detalles pertinentes.</span><br />
<br />
</div>
</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Off" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Soy Ayame, tomo la misión de Eri y Nabi como máster. Esta trama no ocupará ninguno de mis huecos propios.<br />
<br />
Espero que la disfrutéis <img src="https://ninjaworld.es/images/emotes/dosuveses/1.gif" alt="Sonrisa" title="Sonrisa" class="smilie smilie_86" /></div>
    </div>
</div>
<br />
<br />
<br />
Aquella era, sin duda alguna, una ocasión especial. La misión que el Uzukage les había encomendado a Inuzuka Nabi y a Uzumaki Eri les había hecho viajar hasta desde sus hogares en Uzushiogakure hasta la ciudad de Taikarune, en pleno País del Fuego. En condiciones normales, el viaje habría durado un largo día y medio a pie, pero el cliente de la misión exigía la máxima urgencia, y el mismo Hanabi dispuso para los dos genin un barco a vela que zarpó desde los muelles de Uzushiogakure aquella misma mañana de primavera. Afortunadamente, parecía que la suerte había decidido sonreírles, y las fuertes corrientes marinas que caracterizaban las costas de la aldea decidieron darles una tregua para que los genin pudieran llegar a tiempo a su destino. <br />
<br />
Y así, después de un tranquilo viaje en el que se vieron incluso acompañados por varios delfines durante un tiempo, el característico arco de piedra que conformaba la ciudad de Taikarune asomó por encima del horizonte cuando el sol comenzaba a ponerse por el oeste.<br />
<br />
Y cuando pisaron tierra, comprobaron que Taikarune bullía de actividad. Debía de haber algún tipo de fiesta en la ciudad, porque las calles estaban repletas de luces y las personas iban de aquí para allá, todos risueños, todos felices, todos con bolsas cargadas de compras y los niños degustando dulces típicos de allí. Pero no era a las calles, no era a ninguno de los establecimientos abiertos de par en par, ni siquiera era a ninguna de las viviendas a donde los shinobi debían acudir con toda presteza. <br />
<br />
Aquella era una ocasión especial, y el cliente que firmaba el pergamino de la misión era el mismísimo dueño del imponente castillo de piedra que se alzaba en lo alto del risco y que ahora hacía sus veces de museo de armas de guerra antiguas. <br />
<br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Pergamino de la misión" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
<div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;">
<br />
<div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 16px;">Misión rango C. </span></span></div></div>
<br />
<div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;">
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Solicitante:</span></span> Tsuwamono Tono<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugar:</span></span> Museo Armamentístico de Taikarune<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tsuwamono Tono, que es el legítimo dueño del castillo de Taikarune, ha denunciado el robo de una de las piezas más importantes de su colección de armas expuesta al público. No ha dado más detalles al respecto, pero se aproximan las fiestas locales de la ciudad y el museo constituye la máxima importancia de Taikarune en cuanto a fama se refiere, por lo que los turistas irán a visitarlo y querrán ver la colección al completo. <br />
<br />
Por eso solicita la ayuda de dos shinobi con la máxima urgencia posible, que deberán reunirse con él en las puertas del castillo, para recibir los detalles pertinentes.</span><br />
<br />
</div>
</div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Otra copa, por favor]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-otra-copa-por-favor</link>
			<pubDate>Tue, 17 Oct 2017 21:02:21 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=373">Aiko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-otra-copa-por-favor</guid>
			<description><![CDATA[El cielo yacía oscuro, tan siniestro como el funeral de una monja en pleno invierno. De hecho, apenas podía distinguirse una mera constelación el el gran y supuesto azul, ni una mera estrella, ni tan siquiera la maldita luna. Nada de nada. Todo era negro, absoluto y sobrecogedor.<br />
<br />
La chica se miró las manos, pero ni tan siquiera era capaz de verlas. Agazapada, como si acabase de salir del vientre de su madre, la chica se sentía en un vacío que apenas recordaba. De hecho, apenas recordaba cómo había llegado hasta allí, o el donde había de estar.<br />
<br />
<span style="color: Dodgerblue; font-style: italic;">«¿Estaré muerta... de nuevo?»</span> Pensó, ilusa.<br />
<br />
Pero había una gran verdad tras de ello, jamás había tenido esa sensación. Simplemente resucitaba, se curaba de cualquier herida, y todo recuerdo se desvanecía, como si nada hubiese ocurrido. De hecho, normalmente quedaba tan en blanco que apenas sabía que hacía en ese sitio.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¿Será que he quedado atrapada en un bucle y no consigo resucitar? Diablos... ¿será ésto lo que se siente al morir, al hacerlo definitivamente...?»</span><br />
<br />
Al final, la chica se cargó de determinación, y estiró los brazos hacia su frente, como intentando empujar aquello que tenía a su frente —oscuridad— pensando que no toparía con nada. Sin embargo, si que topó con algo.<br />
<br />
<span style="font-size: 30px;">¡TAP!</span><br />
<br />
La chica tuvo que tomarse unos segundos para reflexionar, el tacto había sido como... <span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¿¡Madera!?»</span><br />
<br />
Sin mas, palpó la superficie, hasta que dio con un pomo. La desdicha parecía haber llegado al final, o solo a dar comienzo. Giró el pomo, y tiró hacia delante, golpeandose con un haz de luz tan potente que le impidió la vista por unos segundos. La chica, como acto reflejo, se llevó la diestra hacia arriba, anteponiendola a su rostro en un vano intento de esclarecer lo que sucedía. Avanzó un poco, y al cabo de un instante pudo avistar que a su alrededor había una autentica fiesta acabada. Había una cama al final, un par de tipos, y un par de chicas. Botellas de alcohol por todas partes, al igual que ropa de toda clase. Incluso habían pipas y algún que otro estupefaciente...<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«Vaya fiesta me tuve que pegar si mi regeneración no pudo aguantar el ritmo...»</span><br />
<br />
Apenas dio un segundo paso, topó con una de las botellas. No la golpeó con la fuerza necesaria para tirarla, pero ésto le hizo ver que ella estaba completamente vestida, y que había salido de un... <span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¿un armario?»</span><br />
<br />
No tenía ni idea de cómo había llegado hasta allí, pero por suerte o desgracia no había sido cosa de una muerte, por tanto tenía bastantes recuerdos vivos... aunque solo algunos de cómo había comenzado todo.<br />
<br />
Se alborotó un poco la cabellera, y crujió el cuello. Sin mas reparo, se agachó y tomó la botella. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Vaya tela...</span> —Le propinó un buche, y no tuvo mas remedio que encoger el rostro en una mueca de desagrado. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Puaj! Vaya asco...</span><br />
<br />
Avanzó hacia la puerta, y tomó otra de las botellas. Armada con ambos "refrigerios", salió por la puerta, dejándola tal y como la había encontrado —abierta—.<br />
<br />
Bajó las escaleras, y resulta que se encontraba en una taberna. Sin mediar palabra alguna, salió por la puerta, y de nuevo, le propinó un generoso trago al licor, en ésta ocasión al de la otra botella. Apenas era medio día, pero la chica ya había comenzado a beber...<br />
<br />
Bueno, la búsqueda continuaba, tenía que encontrar información sobre las pirámides de Sanbei, y no había mejor manera que de taberna en taberna, eso era mas que obvio. Quizás una buena idea era dejar de beber un poco, pero... en cierta manera, al menos así lo pasaba bien. O no.<br />
<br />
En fin, ni que se jugase la vida con ello...<br />
<br />
Las calles de Oniido eran para ella, y caminaba por éstas como si realmente fuese su dueña.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El cielo yacía oscuro, tan siniestro como el funeral de una monja en pleno invierno. De hecho, apenas podía distinguirse una mera constelación el el gran y supuesto azul, ni una mera estrella, ni tan siquiera la maldita luna. Nada de nada. Todo era negro, absoluto y sobrecogedor.<br />
<br />
La chica se miró las manos, pero ni tan siquiera era capaz de verlas. Agazapada, como si acabase de salir del vientre de su madre, la chica se sentía en un vacío que apenas recordaba. De hecho, apenas recordaba cómo había llegado hasta allí, o el donde había de estar.<br />
<br />
<span style="color: Dodgerblue; font-style: italic;">«¿Estaré muerta... de nuevo?»</span> Pensó, ilusa.<br />
<br />
Pero había una gran verdad tras de ello, jamás había tenido esa sensación. Simplemente resucitaba, se curaba de cualquier herida, y todo recuerdo se desvanecía, como si nada hubiese ocurrido. De hecho, normalmente quedaba tan en blanco que apenas sabía que hacía en ese sitio.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¿Será que he quedado atrapada en un bucle y no consigo resucitar? Diablos... ¿será ésto lo que se siente al morir, al hacerlo definitivamente...?»</span><br />
<br />
Al final, la chica se cargó de determinación, y estiró los brazos hacia su frente, como intentando empujar aquello que tenía a su frente —oscuridad— pensando que no toparía con nada. Sin embargo, si que topó con algo.<br />
<br />
<span style="font-size: 30px;">¡TAP!</span><br />
<br />
La chica tuvo que tomarse unos segundos para reflexionar, el tacto había sido como... <span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¿¡Madera!?»</span><br />
<br />
Sin mas, palpó la superficie, hasta que dio con un pomo. La desdicha parecía haber llegado al final, o solo a dar comienzo. Giró el pomo, y tiró hacia delante, golpeandose con un haz de luz tan potente que le impidió la vista por unos segundos. La chica, como acto reflejo, se llevó la diestra hacia arriba, anteponiendola a su rostro en un vano intento de esclarecer lo que sucedía. Avanzó un poco, y al cabo de un instante pudo avistar que a su alrededor había una autentica fiesta acabada. Había una cama al final, un par de tipos, y un par de chicas. Botellas de alcohol por todas partes, al igual que ropa de toda clase. Incluso habían pipas y algún que otro estupefaciente...<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«Vaya fiesta me tuve que pegar si mi regeneración no pudo aguantar el ritmo...»</span><br />
<br />
Apenas dio un segundo paso, topó con una de las botellas. No la golpeó con la fuerza necesaria para tirarla, pero ésto le hizo ver que ella estaba completamente vestida, y que había salido de un... <span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¿un armario?»</span><br />
<br />
No tenía ni idea de cómo había llegado hasta allí, pero por suerte o desgracia no había sido cosa de una muerte, por tanto tenía bastantes recuerdos vivos... aunque solo algunos de cómo había comenzado todo.<br />
<br />
Se alborotó un poco la cabellera, y crujió el cuello. Sin mas reparo, se agachó y tomó la botella. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Vaya tela...</span> —Le propinó un buche, y no tuvo mas remedio que encoger el rostro en una mueca de desagrado. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Puaj! Vaya asco...</span><br />
<br />
Avanzó hacia la puerta, y tomó otra de las botellas. Armada con ambos "refrigerios", salió por la puerta, dejándola tal y como la había encontrado —abierta—.<br />
<br />
Bajó las escaleras, y resulta que se encontraba en una taberna. Sin mediar palabra alguna, salió por la puerta, y de nuevo, le propinó un generoso trago al licor, en ésta ocasión al de la otra botella. Apenas era medio día, pero la chica ya había comenzado a beber...<br />
<br />
Bueno, la búsqueda continuaba, tenía que encontrar información sobre las pirámides de Sanbei, y no había mejor manera que de taberna en taberna, eso era mas que obvio. Quizás una buena idea era dejar de beber un poco, pero... en cierta manera, al menos así lo pasaba bien. O no.<br />
<br />
En fin, ni que se jugase la vida con ello...<br />
<br />
Las calles de Oniido eran para ella, y caminaba por éstas como si realmente fuese su dueña.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Instinto Básico]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-instinto-basico</link>
			<pubDate>Sun, 01 Oct 2017 18:10:29 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-instinto-basico</guid>
			<description><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Buenas muchachos.<br />
<br />
Antes que nada, gracias por participar. Como quizás sepais, en las tramas que llevo pongo pocas normas pero me gusta ser estricto con ellas. <br />
<br />
&gt; No manipular a <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">ningún</span> NPC.<br />
&gt; Turnos de 72 horas máximo (excepto ausencias justificadas). <br />
&gt; No hay orden de posteo. <br />
<br />
Pasando al trasfondo de la trama y a la información que saben los pjs antes de empezar. <br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Los personajes se encuentran en la taberna de un hostal en Taikarune, una noche de Otoño. Los motivos de cada uno son a discreción de sus jugadores, pero todos deben haber recibido de un modo u otro una solicitud para acudir a ese sitio, ese día y a esa hora. No saben quién les ha citado (se hace llamar "Sensei" y <span style="color: gold;" class="mycode_color">el único detalle que tienen acerca de esta persona es que su caligrafía es exquisita</span>), ni tampoco sabrán que los demás pjs están involucrados hasta que se encuentren allí. No conocen mucho acerca del por qué o para qué, sólo que es un trabajo "de ninjas" que, por razones que tampoco les han sido comentadas, debe hacerse por otros cauces que no son los oficiales.<br />
<br />
También se les pide que no lleven sus bandanas ni ningún otro tipo de identificación ninja.<br />
<br />
Así pues, la trama empieza esa misma noche en el hostal "Taikarunean Beauty", a una hora de la medianoche.</i></div></div>
    </div>
</div>
<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: peru;" class="mycode_color">Entretiempo</span>, <span style="color: sienna;" class="mycode_color">Otoño</span> del año 217</div></i></div>
<br />
<br />
Akame descansaba recostado en la incómoda silla de madera, con una taza de té humeante frente a él y su mochila de viaje apoyada en la pata derecha de la mesa. El Uchiha tenía entre sus manos un pequeño libro de bolsillo, abierto por una de las páginas intermedias, de tapa blanda y no excesivamente grueso. En la portada se podía ver a un shinobi huyendo entre los árboles de lo que parecían ser una furiosa tribu de enanos, todos pintarrajeados con tatuajes y llevando lanzas y espadas en sus manos. El protagonista llevaba colgado a la espalda una especie de instrumento musical de madera, parecido a un shamisen pero con la caja triangular y más cuerdas en el mástil. Sobre la imagen, en letras naranjas y amarillas, el título.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: orange; font-style: italic;">«Jones Juro y el Templo de la Balalaika»</span></div>
<br />
Pese a que era un relato de ficción de lo más interesante, Akame no leía en aquel momento. Sus ojos se paseaban por la estancia, observando al resto de los parroquianos con mirada analítica, y sólo de vez en cuando regresaba a las páginas del libro para disimular. <br />
<br />
<span style="color: indianred; font-style: italic;">«Todo esto es muy raro... Creo que ni siquiera debería estar aquí»</span>. <br />
<br />
El Uchiha había recibido una escueta nota un par de días atrás en su propio domicilio, sin remitente ni firma. En ella se le pedía, por ser "un shinobi de reputada fama", asistencia para solucionar <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">un asunto</span>. Qué asunto era, ni quién lo solicitaba, no se mencionaba en absoluto en la nota. Sólo había un día, un lugar y una hora. <br />
<br />
Y allí estaba, envuelto en su capa de viaje y con el estómago lleno. El hostal era bastante pequeño, lo suficiente como para pasar desapercibido; esa clase de edificio anodino y corriente que la gente ignora cuando camina por la calle. <span style="color: indianred; font-style: italic;">«Sin duda un lugar apropiado para una reunión como esta»</span>, caviló Akame. Tal y como le pedían no llevaba visible su bandana de Uzu —la tenía guardada en la mochila—, aunque sí su portaobjetos y su viejo ninjatō, que en ese momento descansaba apoyado en la mesa. Por lo demás, el shinobi vestía camiseta de mangas largas y cuello alto de color negro, pantalones largos azul marino y botas ninja altas, también negras. Todo cubierto por su vieja capa marrón. <br />
<br />
Akame miró el reloj que colgaba de la pared... Sólo dos minutos para las once. La hora acordada.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Buenas muchachos.<br />
<br />
Antes que nada, gracias por participar. Como quizás sepais, en las tramas que llevo pongo pocas normas pero me gusta ser estricto con ellas. <br />
<br />
&gt; No manipular a <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">ningún</span> NPC.<br />
&gt; Turnos de 72 horas máximo (excepto ausencias justificadas). <br />
&gt; No hay orden de posteo. <br />
<br />
Pasando al trasfondo de la trama y a la información que saben los pjs antes de empezar. <br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Los personajes se encuentran en la taberna de un hostal en Taikarune, una noche de Otoño. Los motivos de cada uno son a discreción de sus jugadores, pero todos deben haber recibido de un modo u otro una solicitud para acudir a ese sitio, ese día y a esa hora. No saben quién les ha citado (se hace llamar "Sensei" y <span style="color: gold;" class="mycode_color">el único detalle que tienen acerca de esta persona es que su caligrafía es exquisita</span>), ni tampoco sabrán que los demás pjs están involucrados hasta que se encuentren allí. No conocen mucho acerca del por qué o para qué, sólo que es un trabajo "de ninjas" que, por razones que tampoco les han sido comentadas, debe hacerse por otros cauces que no son los oficiales.<br />
<br />
También se les pide que no lleven sus bandanas ni ningún otro tipo de identificación ninja.<br />
<br />
Así pues, la trama empieza esa misma noche en el hostal "Taikarunean Beauty", a una hora de la medianoche.</i></div></div>
    </div>
</div>
<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: peru;" class="mycode_color">Entretiempo</span>, <span style="color: sienna;" class="mycode_color">Otoño</span> del año 217</div></i></div>
<br />
<br />
Akame descansaba recostado en la incómoda silla de madera, con una taza de té humeante frente a él y su mochila de viaje apoyada en la pata derecha de la mesa. El Uchiha tenía entre sus manos un pequeño libro de bolsillo, abierto por una de las páginas intermedias, de tapa blanda y no excesivamente grueso. En la portada se podía ver a un shinobi huyendo entre los árboles de lo que parecían ser una furiosa tribu de enanos, todos pintarrajeados con tatuajes y llevando lanzas y espadas en sus manos. El protagonista llevaba colgado a la espalda una especie de instrumento musical de madera, parecido a un shamisen pero con la caja triangular y más cuerdas en el mástil. Sobre la imagen, en letras naranjas y amarillas, el título.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: orange; font-style: italic;">«Jones Juro y el Templo de la Balalaika»</span></div>
<br />
Pese a que era un relato de ficción de lo más interesante, Akame no leía en aquel momento. Sus ojos se paseaban por la estancia, observando al resto de los parroquianos con mirada analítica, y sólo de vez en cuando regresaba a las páginas del libro para disimular. <br />
<br />
<span style="color: indianred; font-style: italic;">«Todo esto es muy raro... Creo que ni siquiera debería estar aquí»</span>. <br />
<br />
El Uchiha había recibido una escueta nota un par de días atrás en su propio domicilio, sin remitente ni firma. En ella se le pedía, por ser "un shinobi de reputada fama", asistencia para solucionar <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">un asunto</span>. Qué asunto era, ni quién lo solicitaba, no se mencionaba en absoluto en la nota. Sólo había un día, un lugar y una hora. <br />
<br />
Y allí estaba, envuelto en su capa de viaje y con el estómago lleno. El hostal era bastante pequeño, lo suficiente como para pasar desapercibido; esa clase de edificio anodino y corriente que la gente ignora cuando camina por la calle. <span style="color: indianred; font-style: italic;">«Sin duda un lugar apropiado para una reunión como esta»</span>, caviló Akame. Tal y como le pedían no llevaba visible su bandana de Uzu —la tenía guardada en la mochila—, aunque sí su portaobjetos y su viejo ninjatō, que en ese momento descansaba apoyado en la mesa. Por lo demás, el shinobi vestía camiseta de mangas largas y cuello alto de color negro, pantalones largos azul marino y botas ninja altas, también negras. Todo cubierto por su vieja capa marrón. <br />
<br />
Akame miró el reloj que colgaba de la pared... Sólo dos minutos para las once. La hora acordada.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¡A las armas!]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-a-las-armas</link>
			<pubDate>Sat, 30 Sep 2017 16:02:00 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=8">Eikyuu Juro</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-a-las-armas</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: green;" class="mycode_color"> — Que grandes es el país del fuego... </span> — murmuró Juro, para sí.<br />
<br />
Juro, en ese momento, caminaba tranquilamente por las calles de Taikarune. Sus ojos, hambrientos, bebían del paisaje. No se perdía ningun detalle. Era la primera vez que llegaba a un sitio así.<br />
<br />
Las casas estaban hechas de completa madera, cosa que le recordaba un poco a casa. Había visto la ciudad ladeada, el acantilado y el mar. Algo casi mágico para un chico que no había visto prácticamente mundo. Su visita ahí era la primera.<br />
<br />
A partir de esa misma semana, su vida había cambiado. Tras el torneo, había decidido que ya no era un niño necesitado de su hermana para ir a todos los sitios. Si pudo llegar a los dojos, puede ir a cualquier sitio por sí mismo. Y ya era hora de conocer mundo. Hasta ahora, solo se había limitado a ver Kusagakure y poco más.<br />
<br />
<span style="color: gold; font-style: italic;">« Y claro esta, lo que se dice no esta mal... »</span><br />
<br />
Juro había escuchado mucho de aquel lugar. ¿Y quien no? Un enorme museo que antes había sido el hogar del señor feudal, lleno de armas de todas las épocas.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color"> — Quizá esto me de alguna idea para ti, Gen </span>  — murmuró otra vez. Sin embargo, se había olvidado. A su espalda, ya no había nada.<br />
<br />
El joven paseaba tranquilamente por un sendero hecho de asfalto que encaminaba a la dirección del museo, como una persona normal y corriente. Había bastante gente a su alrededor, en ambas direcciones.  La bandana de Kusagakure adornaba su frente, sin miedos. Su espalda, estaba libre de toda carga. Ya no parecía un jorobado, si no un ninja de estatura baja. En su cintura, ocultos bajo la camisa verde que llevaba, había dos pergaminos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: green;" class="mycode_color"> — Que grandes es el país del fuego... </span> — murmuró Juro, para sí.<br />
<br />
Juro, en ese momento, caminaba tranquilamente por las calles de Taikarune. Sus ojos, hambrientos, bebían del paisaje. No se perdía ningun detalle. Era la primera vez que llegaba a un sitio así.<br />
<br />
Las casas estaban hechas de completa madera, cosa que le recordaba un poco a casa. Había visto la ciudad ladeada, el acantilado y el mar. Algo casi mágico para un chico que no había visto prácticamente mundo. Su visita ahí era la primera.<br />
<br />
A partir de esa misma semana, su vida había cambiado. Tras el torneo, había decidido que ya no era un niño necesitado de su hermana para ir a todos los sitios. Si pudo llegar a los dojos, puede ir a cualquier sitio por sí mismo. Y ya era hora de conocer mundo. Hasta ahora, solo se había limitado a ver Kusagakure y poco más.<br />
<br />
<span style="color: gold; font-style: italic;">« Y claro esta, lo que se dice no esta mal... »</span><br />
<br />
Juro había escuchado mucho de aquel lugar. ¿Y quien no? Un enorme museo que antes había sido el hogar del señor feudal, lleno de armas de todas las épocas.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color"> — Quizá esto me de alguna idea para ti, Gen </span>  — murmuró otra vez. Sin embargo, se había olvidado. A su espalda, ya no había nada.<br />
<br />
El joven paseaba tranquilamente por un sendero hecho de asfalto que encaminaba a la dirección del museo, como una persona normal y corriente. Había bastante gente a su alrededor, en ambas direcciones.  La bandana de Kusagakure adornaba su frente, sin miedos. Su espalda, estaba libre de toda carga. Ya no parecía un jorobado, si no un ninja de estatura baja. En su cintura, ocultos bajo la camisa verde que llevaba, había dos pergaminos.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La hoja de la Salamandra]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-hoja-de-la-salamandra</link>
			<pubDate>Sun, 30 Apr 2017 00:58:12 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Yuki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-hoja-de-la-salamandra</guid>
			<description><![CDATA[Mediaba ya la hora del caballo, con el sol en su punto más salto, cuando la joven regresaba de su visita al famoso herrero Ninzō Matsumura. Las cosas no habían salido tal y como ella hubiese deseado, pues el artesano se había negado en redondo a fabricarle un arma alegando que no tenía nada que ofrecerle a cambio. Como era lógico, Izumi le había ofrecido pagarle lo que el solicitase... pero la respuesta había sido la misma: Vuelve cuando tengas algo que ofrecer.<br />
<br />
La chica no podía disimular su enfado, no estaba habituada a que nadie le dijese que no y mucho menos un comerciante. Lo que deseaba, lo obtenía... el dinero nunca era problema para ella. Y ahora, sin embargo... se veía volviendo por aquel maltrecho camino con el rabo entre las piernas y, de nuevo, sin una espada que empuñar.<br />
<br />
Empezaba a valorar ir al primer armero que encontrase en Kusagakure y comprar una cualquiera, sin importar que no sintiese que ese era su arma. Quizás no eran más que cuentos de viejas eso de que la espada elige a quién la empuña.<br />
<br />
Así que un tanto malhumorada y cansada, la chica regresaba de hacia Taikarune a través del camino que dividía un enorme campo de labranza. El trigo comenzaba ya a amarillearse, creando un enorme mar de diferentes tonos de verde y amarillo que se mecía suavemente con la brisa. Sin duda era una postal para admirar, la ciudad al fondo y aquellos enormes campos de labor rodeados por un bosque tan lejano que la vista casi no alcanzaba a distinguir su verde del de el trigo.<br />
<br />
En una de las vueltas del camino, se encontró de frente con un grupo de tres niños que pateaban y lanzaban piedras a algo que había en el suelo. Una rápida mirada le vasto para ver el objetivo de la ira de los pequeños, no era más que un pequeño anfibio, en concreto una salamandra. Izumi tenía varias en su terrario, era una animal muy querido en su familia y había muchas historias alrededor de ellas. Incluso era el símbolo y nombre de su clan. Así que se sintió en la obligación de ayudar a aquel pobre animal, salvandolo así de una muerte casi segura<br />
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡Eh! ¡Mocosos!—</span> gruñó la pelirosa al tiempo que desenvainaba su bokken para intimidar a los críos <span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡Dejad al animal en paz! ¡No os ha hecho nada!—</span> los niños volvieron las miradas, quedándose casi petrificados  al ver a un chica bastante más grande que ellos, armada y con un itae-ate en su cintura<br />
<br />
<span style="color: cyan;" class="mycode_color">—¡Corred!—</span> gritaron casi al unísono, dejando todo lo que tenían sus manos caer al suelo <br />
<br />
La chica envainó el arma rápidamente, dio un par de largas zancadas y finalmente se arrodilló junto al animal que parecía no estar mejor de lo que había creído. Aún así, tenía una herida en el abdomen y había perdido la cola al intentar escapar de los salvajes menores.<br />
<br />
Alargó la mano para cogerlo, pero el animal parecía reacio aunque apenas podía moverse debido a la herida que estaba cerca de una de las patas delanteras<br />
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—No voy a hacerte daño—</span> intentó tranquilizarlo la chica, mientras acercaba la mano lentamente arriesgándose a ser mordida <span style="color: lime;" class="mycode_color">—Déjame ver la herida—</span> el animal se revolvió y le mordió en la mano, sin embargo Izumi se ayudó de la otra y aguantando el dolor lo cogió para observarlo más de cerca <span style="color: lime;" class="mycode_color">—No parece grave...— </span>la volvió a dejar en el suelo, antes de llevarse la mano herida ante sus ojos para revisar ahora su herida <span style="color: lime;" class="mycode_color">—Y esto tampoco, solo espero que no seas venenosa— </span>acto seguido sacó de su kit médico un par de cosillas para cuidar la herida del animal, la limpio con un poco de agua fresca, un unguento y la tapo con una pomada que se endurecía al rato formando una costra, pues vendarla le parecía un poco estúpido pues en cuanto se arrastrase un poco seguramente lo perdería por ahí <span style="color: lime;" class="mycode_color">—Ves, ya eres libre—</span> le dijo mientras guardaba las cosas en su kit médico <br />
<br />
<span style="color: forestgreen;" class="mycode_color">"¿Quién me iba a decir que mi primera cura sería a una salamandra?"</span> por primera vez se sentía bastante contenta de concoer los primeros auxilios y ser capaz de aplicarlos, después de todo no parecía tan malo ser capaz de actuar como un médico<br />
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—Ya puedes irte—</span> la salamandra la miró por un momento, casi parecía apunto de hablar cuando salió disparada hacia el campo de trigo <span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡Ten cuidado y no te acerques a más niños!— </span>se levantó lentamente y se vio obligada a tragar saliva del impacto.<br />
<br />
Todo a su alrededor había cambiado, estaba totalmente rodeada por campos de trigo hasta el infinito. Ya no podía ver Taikarune o el bosque de fondo, solo había un inmenso mar de cereal a punto de madurar.<br />
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡No.. puede ser!—</span> llevó la mano instintivamente hasta el mango de su bokken <span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡¿Estoy soñando de nuevo?!— </span>la pelirosa conocía aquel lugar, había estado incontables veces en sus sueños y nunca acababa bien para ella... siempre aparecía aquella inmensa criatura y después se despertaba. Sin embargo, ahora no recordaba haberse dormido... aún era temprano... o quizás eso también lo había soñado y aún ni siquiera se había levantado de la cama<br />
<br />
Fuese como fuese, la chica iba a comprobarlo. Miró hacia sus pies en busca de una piedra, en sus sueños siempre había una y... allí estaba <span style="color: lime;" class="mycode_color">—Parece que sí es un sueño...—</span> se agachó y recogió el guijarro, volvió a alzarse y lo arrojó hacia delante con todas sus fuerzas, como solía hacer siempre que soñaba<br />
<br />
<span style="color: forestgreen;" class="mycode_color">"Ahora aparecerá la salamandra gigante, me asustaré y apareceré en mi mullida cama..."</span> o al menos eso es lo que ella creía pues, la piedra cayó en el suelo provocando el sonido sordo de cuando cae sobre tierra húmeda... nada sucedió <br />
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡No me jodas!— </span>se quejó amargamente, ahora dudaba de nuevo de si estaba despierta o soñando... pero si estaba despierta ¿Qué estaba pasando?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Mediaba ya la hora del caballo, con el sol en su punto más salto, cuando la joven regresaba de su visita al famoso herrero Ninzō Matsumura. Las cosas no habían salido tal y como ella hubiese deseado, pues el artesano se había negado en redondo a fabricarle un arma alegando que no tenía nada que ofrecerle a cambio. Como era lógico, Izumi le había ofrecido pagarle lo que el solicitase... pero la respuesta había sido la misma: Vuelve cuando tengas algo que ofrecer.<br />
<br />
La chica no podía disimular su enfado, no estaba habituada a que nadie le dijese que no y mucho menos un comerciante. Lo que deseaba, lo obtenía... el dinero nunca era problema para ella. Y ahora, sin embargo... se veía volviendo por aquel maltrecho camino con el rabo entre las piernas y, de nuevo, sin una espada que empuñar.<br />
<br />
Empezaba a valorar ir al primer armero que encontrase en Kusagakure y comprar una cualquiera, sin importar que no sintiese que ese era su arma. Quizás no eran más que cuentos de viejas eso de que la espada elige a quién la empuña.<br />
<br />
Así que un tanto malhumorada y cansada, la chica regresaba de hacia Taikarune a través del camino que dividía un enorme campo de labranza. El trigo comenzaba ya a amarillearse, creando un enorme mar de diferentes tonos de verde y amarillo que se mecía suavemente con la brisa. Sin duda era una postal para admirar, la ciudad al fondo y aquellos enormes campos de labor rodeados por un bosque tan lejano que la vista casi no alcanzaba a distinguir su verde del de el trigo.<br />
<br />
En una de las vueltas del camino, se encontró de frente con un grupo de tres niños que pateaban y lanzaban piedras a algo que había en el suelo. Una rápida mirada le vasto para ver el objetivo de la ira de los pequeños, no era más que un pequeño anfibio, en concreto una salamandra. Izumi tenía varias en su terrario, era una animal muy querido en su familia y había muchas historias alrededor de ellas. Incluso era el símbolo y nombre de su clan. Así que se sintió en la obligación de ayudar a aquel pobre animal, salvandolo así de una muerte casi segura<br />
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡Eh! ¡Mocosos!—</span> gruñó la pelirosa al tiempo que desenvainaba su bokken para intimidar a los críos <span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡Dejad al animal en paz! ¡No os ha hecho nada!—</span> los niños volvieron las miradas, quedándose casi petrificados  al ver a un chica bastante más grande que ellos, armada y con un itae-ate en su cintura<br />
<br />
<span style="color: cyan;" class="mycode_color">—¡Corred!—</span> gritaron casi al unísono, dejando todo lo que tenían sus manos caer al suelo <br />
<br />
La chica envainó el arma rápidamente, dio un par de largas zancadas y finalmente se arrodilló junto al animal que parecía no estar mejor de lo que había creído. Aún así, tenía una herida en el abdomen y había perdido la cola al intentar escapar de los salvajes menores.<br />
<br />
Alargó la mano para cogerlo, pero el animal parecía reacio aunque apenas podía moverse debido a la herida que estaba cerca de una de las patas delanteras<br />
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—No voy a hacerte daño—</span> intentó tranquilizarlo la chica, mientras acercaba la mano lentamente arriesgándose a ser mordida <span style="color: lime;" class="mycode_color">—Déjame ver la herida—</span> el animal se revolvió y le mordió en la mano, sin embargo Izumi se ayudó de la otra y aguantando el dolor lo cogió para observarlo más de cerca <span style="color: lime;" class="mycode_color">—No parece grave...— </span>la volvió a dejar en el suelo, antes de llevarse la mano herida ante sus ojos para revisar ahora su herida <span style="color: lime;" class="mycode_color">—Y esto tampoco, solo espero que no seas venenosa— </span>acto seguido sacó de su kit médico un par de cosillas para cuidar la herida del animal, la limpio con un poco de agua fresca, un unguento y la tapo con una pomada que se endurecía al rato formando una costra, pues vendarla le parecía un poco estúpido pues en cuanto se arrastrase un poco seguramente lo perdería por ahí <span style="color: lime;" class="mycode_color">—Ves, ya eres libre—</span> le dijo mientras guardaba las cosas en su kit médico <br />
<br />
<span style="color: forestgreen;" class="mycode_color">"¿Quién me iba a decir que mi primera cura sería a una salamandra?"</span> por primera vez se sentía bastante contenta de concoer los primeros auxilios y ser capaz de aplicarlos, después de todo no parecía tan malo ser capaz de actuar como un médico<br />
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—Ya puedes irte—</span> la salamandra la miró por un momento, casi parecía apunto de hablar cuando salió disparada hacia el campo de trigo <span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡Ten cuidado y no te acerques a más niños!— </span>se levantó lentamente y se vio obligada a tragar saliva del impacto.<br />
<br />
Todo a su alrededor había cambiado, estaba totalmente rodeada por campos de trigo hasta el infinito. Ya no podía ver Taikarune o el bosque de fondo, solo había un inmenso mar de cereal a punto de madurar.<br />
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡No.. puede ser!—</span> llevó la mano instintivamente hasta el mango de su bokken <span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡¿Estoy soñando de nuevo?!— </span>la pelirosa conocía aquel lugar, había estado incontables veces en sus sueños y nunca acababa bien para ella... siempre aparecía aquella inmensa criatura y después se despertaba. Sin embargo, ahora no recordaba haberse dormido... aún era temprano... o quizás eso también lo había soñado y aún ni siquiera se había levantado de la cama<br />
<br />
Fuese como fuese, la chica iba a comprobarlo. Miró hacia sus pies en busca de una piedra, en sus sueños siempre había una y... allí estaba <span style="color: lime;" class="mycode_color">—Parece que sí es un sueño...—</span> se agachó y recogió el guijarro, volvió a alzarse y lo arrojó hacia delante con todas sus fuerzas, como solía hacer siempre que soñaba<br />
<br />
<span style="color: forestgreen;" class="mycode_color">"Ahora aparecerá la salamandra gigante, me asustaré y apareceré en mi mullida cama..."</span> o al menos eso es lo que ella creía pues, la piedra cayó en el suelo provocando el sonido sordo de cuando cae sobre tierra húmeda... nada sucedió <br />
<br />
<span style="color: lime;" class="mycode_color">—¡No me jodas!— </span>se quejó amargamente, ahora dudaba de nuevo de si estaba despierta o soñando... pero si estaba despierta ¿Qué estaba pasando?]]></content:encoded>
		</item>
	</channel>
</rss>