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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
(A) Ahogando a las Náyades
#16
Eso espero. Por vuestro bien —respondió la Arashikage, y sus ojos refulgieron, eléctricos, llenos de fuerza. Una fuerza que se contagiaba a todos los que la escuchaban—. Tomad —agregó, mientras rebuscaba en la montaña de papeles que alfombraban el escritorio y terminó por deslizar un objeto hasta que llegó justo frente a Ayame.

La kunoichi no pudo evitar contener la respiración momentáneamente, con el corazón palpitando con inusitada fuerza, cuando sus ojos cayeron en lo que les estaba tendiendo. Un libro bastante fino, con la cubierta de color azul y bordados negros. Aquel era un libro que ella conocía bien, pues lo había tenido en sus manos después de robárselo a su hermano mayor, tiempo atrás, para obtener información sobre Naia: Era el Libro Bingo, el libro donde quedaban registrados todos los criminales buscados y abatidos. De hecho, ella misma tenía una burda copia de aquella página entre las hojas de la libreta que siempre llevaba consigo. Una libreta que, además, estaba utilizando para añadir información crucial sobre otros shinobi peligrosos, como podían ser los mismísimos Generales.

Página veinticinco y veintiséis.

Ayame tomó el pequeño libro y lo abrió. Comenzó a ojearlo, buscando las páginas indicadas, pero cuando dio con la página número quince, no pudo contener el temblor en sus manos: El retrato de Umikiba Kaido le devolvía una sonrisa fanfarrona detrás de una enorme X que tachaba su figura, dándolo por muerto.

«¡Diles que Dragón Rojo está más vivo que nunca!»

Ayame respiró hondo, y siguió pasando las páginas hasta que dio con los dos retratos indicados

Dijisteis que vuestro gato siguió a dos subordinadas de las Náyades. ¿Podría reconocerlas?

Ayame ladeó la cabeza, pansativa, e intercambió una interrogante mirada con Daruu.

Lo cierto, Arashikage-sama, es que nosotros no llegamos a verlas directamente. Pero la descripción que nos dio Yuki parece coincidir —habló, señalando el primer retrato—: Shiramu Nioka, la mujer "super grande" y de pelo negro y liso —Comentó, antes de pasar la página y señalar el otro—; y Jyudan Shannako la mujer delgaducha con el pelo castaño y corto.

«Jyudan Shannako... Raiton. Oh, genial.» Se lamentó para sus adentros.

Podía parecer curioso que le preocupara más el dominio del rayo a un hacha, pero para alguien con sus habilidades, las prioridades cambiaban drásticamente.
[Imagen: aDoDAhc.png][Imagen: hd6P8qU.gif]

· En la habitación de Ayame, en Amegakure (Primera Flor, 219)

No respondo dudas por MP.
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#17
Yui recibió su respuesta con orgullo y le tendió a Ayame una copia del Libro Bingi, lo cual ya era suficientemente revelador —el documento estaba reservado para jounin—. Daruu sintió un extraño calor en el pecho, y entonces fue cuando empezó a ponerse nervioso. Se inclinó para verlo mejor mientras su compañera lo hojeaba. Se detuvo de pronto en una página dedicada a Kaido...

...y sintió un desagradable vuelco en el estómago. Él era su amigo. Él era su compañero. Había compartido tantas cosas con él... ¿qué sería ahora de sus pequeñas aventuras con el gyojin y Hibagon?

Apartó esos pensamientos de su mente. Ahora Kaido era un renegado. Lo que le hacía recordar que Ayame tendría que darle las... noticias, tarde o temprano.

Los muchachos llegaron a las descripciones de las dos mujeres que había identificado Yuki. Aunque la descripción coincidía, era cierto que podían tratarse de otras dos cualesquiera.

Bueno, no las hemos visto directamente, pero eso no es problema —dijo Daruu, encogiéndose de hombros, y se llevó una mano a la boca—. Podemos preguntarle a él, ¿no? —Daruu se mordió la yema del dedo pulgar y se dibujó una línea en la otra. Formuló la cadena de sellos del Kuchiyose no Jutsu y colocó delicadamente la palma en el suelo, agachándose. Una pequeña nube de humo reveló a un gato blanco como la nieve, con ojos de color cián.

¡Daruu-nyan! ¿Dónde nyestamos? ¿Qué pasa? —Yuki miró alrededor, y vio a Ayame. Y saltó sobre ella, y se le encaramó al cuello y se restregó por su hombro—. ¡ANYAME-NYAAAN!

Daruu se aclaró la voz.

Ehm... Yuki. ¿Crees que es este el momento más apropiado?

El gato se paró de pronto, dándose cuenta por primera vez de dónde se encontraba. Se quedó mirando a Yui con los ojos como platos. Agachó las orejas, y Ayame notó un ligero pinchacito en los hombros cuando se agarró a ella temblando.

¡Ay miau madre! —titubeó—. Nyusted debe... debe ser... Nyui-sama... ¡Nyo siento! ¡Nye-nyencantado de conyocerla!

Yuki, ¿podrías decirme si...?

¡NYAAAAA! ¡Son las que le sacaron los nyojos al nyinyo!

Daruu suspiró.

Son ellas, definitivamente.
— En un poste de madera del embarcadero de las Costas del Remolino, en Uzushiogakure (Ceniza, año 218)
— En el pergamino de invocación, en casa de Daruu, Amegakure (Augurio, año 218)
— En la habitación de Daruu, Amegakure (Primavera, año 219)
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#18
Lo cierto, Arashikage-sama, es que nosotros no llegamos a verlas directamente. Pero la descripción que nos dio Yuki parece coincidir —se adelantó a contestar Ayame, puntualizando a los retratos de las dos mujeres que ocupaban las páginas señaladas por Yui—: Shiramu Nioka, la mujer "super grande" y de pelo negro y liso. Y Jyudan Shannako la mujer delgaducha con el pelo castaño y corto.

Bueno, no las hemos visto directamente, pero eso no es problema. Podemos preguntarle a él, ¿no?

Lo que vino luego fue, desde luego, una escena bastante peculiar e indigna del santuario de Yui. A la Arashikage se le iluminaron los ojos cuando aquél gato albino apareció frente a ellos, y cuando se encaramó a Ayame, ésta se cruzó de brazos. La sonrisa se le ensanchó hasta las orejas y aunque realmente estaba fascinada por lo bonito que era Yuki, lo cierto es que su cara lucía más como la de una mujer que desollaba gatos como hobbie que a la de una que le habría gustado tener el tiempo y la paciencia para poder cuidar de una jodida mascota.

—Coño, pero miren qué cosica más linda tenemos aquí. ¿No será tu hermano usando el henge, Ayame?

Ehm... Yuki. ¿Crees que es este el momento más apropiado?

¡Ay miau madre! —titubeó—. Nyusted debe... debe ser... Nyui-sama... ¡Nyo siento! ¡Nye-nyencantado de conyocerla!

—No te entiendo una puta mierda, gato. ¡Habla bien!

Yuki, ¿podrías decirme si...?

¡NYAAAAA! ¡Son las que le sacaron los nyojos al nyinyo!


Daruu suspiró, y Yui le acabó acompañando en el gesto. Esa era toda la confirmación que necesitaba. Esas dos zorras inmundas seguían tan vivas como Naia. La Hōzuki se acercó hasta los linderos de Daruu y perpetuó sus ojos en los purpúreos de él. En el regalo de su madre.

—Bien. Tengo un par de shinobi encubiertos en la ciudad que pueden auxiliarlos si lo necesitan, pero tómenlo como un comodín que usarían sólo si es de vida o muerte. Son operaciones en clandestinidad que tienen cociéndose mucho tiempo e inmolarlas significaría perder el trabajo de años —volvió a remover los papeles y esta vez sacó una tarjeta de bolsillo pequeña. Tenía un símbolo abstracto de tinta negra que se asemejaba a una grulla y que sólo revelaba el símbolo a contraluz. Se lo entregó al Amedama—. en ese caso, pregunten por Senbazuru en el salón del Arte Kusadama, en el Distrito Norte; y mostrad esa ficha.

»Quiero una ejecución perfecta, Amedama. Naia no es estúpida. Que haya instalado su guarida en el corazón de Shinogi-To tiene un sólo propósito, y es que cualquier ficha que pudiéramos mover si descubriésemos su locación tendría que hacerse con el agravante de que estamos realizando una operación en el jodido patio del Señor Feudal. Si algo sale mal, nos puede saltar la mierda a todos. Así que, precaución. Y mucha cabeza. ¿Está claro?


Vaya que tenía que estarlo. Clarísimo como el agua que Ayame pregonaba ser.

El ajuste de cuentas era muy lindo en la cabeza de todos. Pero poco a poco los matices de aquella misión la convertían en un encargo sumamente peligroso. Con muchas trabas de por medio. Shinogi-To era una ciudad atiborrada de gente y con demasiados negocios turbios cociéndose a diario en sus calles. Allí, todo el mundo vivía alerta.

Cientos de interrogantes emergían a la superficie. ¿Cuánto tiempo llevarían las Náyades apostadas en Shinogi-To? ¿qué tan amplia y profunda sería su red de seguridad, y cuántos podía tener trabajando para ellas dentro de los muros de aspecto medieval que conformaban aquél bastión de Tormentas?

Ayame y Daruu tendrían que meditar, planificar y plasmar un esquema para abordar aquella misión de rango A si querían tener éxito.
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