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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
(A) Las Náyades
Amekoro Yui Sin conexión
Arashikage (Cuenta PnJ)
Ninjas de Ame
La mujer de hierro retiró sus manos de los dos jóvenes, y se cruzó de brazos.

¿Que aquello no había terminado? ¿y....?

Las Náyades tenían una mazmorra llena de gente. Estimé oportuno esperar a que acabásemos con ellas para rescatarlas, pero ahora ya es el momento de hacerlo —explicó—. Por otra, tengo unos ojos escondidos entre un montón de calzoncillos en la habitación del hotel. Creo que estarían mejor en el quirófano, esperándome. —Daruu sonrió, mirando a Ayame de reojo—. Había pensado contactar con Senzaburu-san para que nos ayudase con los prisioneros, ¿hay más ninjas de Amegakure a su cargo? ¿Qué opina?

»Y... por cierto. ¿Consiguió cazar al último traidor de las Náyades? ¿El Nara? —preguntó, echando un ojo a la puerta del calabozo. Temeroso de cual pudiera ser la respuesta.


—La duda ofende, Amedama. El Nara está muerto, y su clan está siendo investigado en estos momentos. Ya sabéis, la traición se contagia muy fácil —los Hozuki eran prueba de ello—. y en estos tiempos tan turbios, con tanto enemigo allá afuera, hay que ser mucho más precavido con quienes pisan nuestro hogar. Así que con Nara Kikoku y estas dos ratas, Las Náyades por fin han caído. Todas —miró la celda de Nioka—. incluso una que había decidido dejar viva. Me pregunto... ¿qué le habrá pasado? —Yui les miró con severidad, pero no dejó que ninguna respondiera—. da igual. Salgamos de aquí, antes de que empiecen a apestar.

Yui pegó la vuelta y llamó a los jóvenes carceleros. Escoltada por una débil y maltrecha Ayame, y un escocido Daruu; la Arashikage ordenó que un equipo forense hiciera lo apropiado para encargarse de los cadáveres y calcinarlos hasta que las Náyades quedaran, todas, reducidas al más ínfimo polvo. Luego se detuvo a mitad de pasillo superior que daba a una de las vertientes que llevaba hasta el ascensor, y le pegó un buen vistazo a los dos. La Arashikage arrugó la nariz al ver a Ayame, de cómo le costaba caminar, y cojeaba con esa pierna que bien había recibido la mordida de varias serpientes.

—Tú necesitas ver a un médico y curar esas heridas. Hueles a veneno —y vaya que Yui conocía bien de estos menesteres, a lo que ella llamaba como el puñal de los cobardes. La mujer hizo un par de gestos y su llamado no tardó demasiado en tener efecto, pues pronto un chunin de turno estaba ahí para atender sus peticiones—. acompaña a Aotsuki Ayame al Hospital. Es de máxima prioridad que la atiendan. ¡Es una orden mía! —el chunin asintió, y satisfecha, Yui miró a Daruu—. tú y yo ya tendremos tiempo de hablar largo y tendido acerca del archivo que me dejaste, pero quiero que sepas que ya lo he meditado y estoy dispuesta a emitir un indulto a la memoria de tu padre, para exonerar su alma de cualquier cargo de traición que se haya podido llevar consigo a la tumba. Aún no lo hemos hecho oficial así que tienes tiempo para transmitirle la noticia a tu madre.

»Pero primero ve a por tus ojos. ¿Puedes usar tu técnica de teletransportación?
—luego le miró a los dos—. no os preocupéis por lo demás, Shanise puede encargarse del resto.
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Amedama Daruu Sin conexión
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Daruu suspiró, aliviado, cuando Yui le aseguró de una forma muy peculiar que el traidor restante —llamado Nara Kikoku— había sido extirpado como un tumor de Amegakure. Pero el alivio le dudó poco, porque inmediatamente después lanzó una pregunta retórica al aire apuñalándoles con aquellos luceros azul eléctrico. Daruu agachó la mirada, apretó la mandíbula y esperó un chaparrón que nunca llegó.

Da igual. Salgamos de aquí, antes de que empiecen a apestar.

Daruu tragó saliva y asintió. Evitó dirigir la mirada a los cadáveres, y pensar en ellos. Echó a caminar detrás de su líder y dejó pasar a ambos lados a lso carceleros. Yui les ordenó que se encargaran de los cuerpos.

Ya arriba, Yui se detuvo y les miró un momento. Daruu pensó que iba a volver a la carga con el asunto de Nioka y se temió lo peor, pero en realidad estaba preocupándose por ellos. De alguna manera que Daruu no supo explicar, detectó que Ayame estaba envenenada. Daruu miró con preocupación a Ayame, mientras la Arashikage llamaba a un chuunin para que la acompañase al hospital. Estuvo a punto de sugerir que podía acompañarla él si quería, pero enseguida Yui volvió a dirigirse a él.

tú y yo ya tendremos tiempo de hablar largo y tendido acerca del archivo que me dejaste, pero quiero que sepas que ya lo he meditado y estoy dispuesta a emitir un indulto a la memoria de tu padre, para exonerar su alma de cualquier cargo de traición que se haya podido llevar consigo a la tumba. Aún no lo hemos hecho oficial así que tienes tiempo para transmitirle la noticia a tu madre.

Daruu dibujó en el rostro la sonrisa más amplia que le había dedicado a alguien en toda su vida. Una vez más, se le saltaron las lágrimas, e inmediatamente se sintió avergonzado por hacerlo delante de Yui. Se las limpió con la manga y sorbió por la nariz.

Mu... muchísimas gracias, Yui-sama. Gracias, Yui-sama, de verdad.

Pero primero ve a por tus ojos. ¿Puedes usar tu técnica de teletransportación? —luego le miró a los dos—. no os preocupéis por lo demás, Shanise puede encargarse del resto.

Daruu asintió dos veces.

S-sí. No se preocupe, tengo energía de sobra ya —dijo—. Yo... si no le importa, entonces, iré a hablar con mi madre, y luego... iremos al hospital, con Ayame.

»C-con su permiso, Yui-sama. —Daruu hizo una última reverencia a Yui, se despidió de Ayame con una sonrisa y formuló los sellos de su técnica. Una vez más, desapareció en un característico destello rojizo.

...o eso le hubiese gustado decir. Lo cierto es que no ocurrió absolutamente nada. Porque el muy gilipollas se había olvidado de dejar la marca de sangre de nuevo en la habitación de la posada. Daruu maldijo para sus adentros mientras para sus afueras sudaba la gota gorda mirando a Yui con una sonrisa bastante estúpida. Repitió los sellos y, ahora sí, desapareció.


· · ·


...de modo que allí estaba. De nuevo en la guarida de las Náyades. Protagonizando un lamentable regreso a la Bruma Negra, Daruu salió por la entrada del almacén y subió las escaleras hasta la taberna Mal de Ojo. Pasó por el bar con cara de pocos amigos, como quien no quiere la cosa. Pero antes de salir a la calle, tuvo unas palabras para la anciana ciega que custodiaba la barra:

Naia y sus amigas están muertas —dijo—. Lárguese de aquí unos días y si le preguntan, finja que no sabía nada de ese refugio subterráneo. A los míos les gusta hacer preguntas, pero también matar a todo aquél que considera una futura amenaza. No la parezca.

Cerró la puerta de la taberna y subió a un edificio cercano. Si no recordaba mal, había dejado la ventana abierta. Así se la encontró, poco después, de modo que entró, cerró, y tras cerciorarse de que los ojos estaban donde los dejó, guardó el tarro con cuidado en su portaobjetos. Bajó al piso inferior con las llaves en la mano. Todo el mundo se le quedó mirando, porque estaba hecho unos zorros. Sobretodo el propio Ginjo, quien se preocupó mil veces por lo que había pasado, por si Ayame estaba bien, por muchas cosas que Daruu sintió que no era prudente decirle.

Al final, se tuvo que conformar con que habían cumplido la misión y era hora de volver a casa. Quizás triste por una despedida demasiado apresurada, Ginjo se despidió de Daruu taciturnamente, y aceptó la llave de vuelta.

Eso sí, le resultó extraño que Daruu volviese a subir las escaleras... cuando se interesó por lo que estaba haciendo el muchacho en el piso de arriba, ya no estaba allí.
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¡Padaruu Padaruu!
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— En la habitación de Daruu, Amegakure (Ascua, año 219)
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Las Náyades tenían una mazmorra llena de gente —asintió Daruu, complementando sus palabras—. Estimé oportuno esperar a que acabásemos con ellas para rescatarlas, pero ahora ya es el momento de hacerlo. Por otra, tengo unos ojos escondidos entre un montón de calzoncillos en la habitación del hotel —añadió, y Ayame se volvió hacia él, sorprendida y llena de felicidad. ¡Al final lo había conseguido! Él la miró de reojo, sonriente—. Creo que estarían mejor en el quirófano, esperándome.Había pensado contactar con Senzaburu-san para que nos ayudase con los prisioneros, ¿hay más ninjas de Amegakure a su cargo? ¿Qué opina? Y... por cierto. ¿Consiguió cazar al último traidor de las Náyades? ¿El Nara? —preguntó, con una furtiva mirada hacia la puerta del calabozo.

La duda ofende, Amedama. El Nara está muerto, y su clan está siendo investigado en estos momentos. Ya sabéis, la traición se contagia muy fácil —replicó Yui, tan tajante como una guillotina. Y Ayame no pudo evitar tragar grueso, inquieta—. Y en estos tiempos tan turbios, con tanto enemigo allá afuera, hay que ser mucho más precavido con quienes pisan nuestro hogar. Así que con Nara Kikoku y estas dos ratas, Las Náyades por fin han caído. Todas —La Arashikage se volvió de nuevo hacia la celda de Nioka—, incluso una que había decidido dejar viva. Me pregunto... ¿qué le habrá pasado?

Los ojos de la Arashikage se clavaron sobre ellos con severidad, y Ayame apartó la mirada inmediatamente con el corazón en un puño. Un gesto reflejo que había adquirido de los escrutinios de su padre.

Da igual. Salgamos de aquí, antes de que empiecen a apestar.

Yui giró sobre sus talones, y los dos muchachos la siguieron de cerca. Ayame algo más retrasada, con la mirada perdida en algún punto en el suelo y tratando por todos los medios de disimular la debilidad que sentía. Por otra parte, aquella había sido una misión larga. Muy larga. Y ahora no podía evitar echar la mirada atrás y rememorar desde el momento en el que había matado a Watanabe en medio de Shinogi-to sin conocer realmente si era merecedor de algo así, hasta la ejecución de Naia. Había matado a dos personas y sólo se arrepentía de una de las muertes. Tenía las manos manchadas de sangre y las venas de toxinas. Tres veces había sido envenenada, cuatro si contaban el último intento de Naia con aquel repugnante beso que aún sentía en sus labios. Se sentía sucia. Se sentía débil. Todo a su alrededor daba vueltas...

Tú necesitas ver a un médico y curar esas heridas —La voz de Yui la sobresaltó. Ayame ni siquiera se había dado cuenta de cuándo habían llegado a la recepción de la Torre.

La kunoichi se forzó a sonreír.

E... Estoy bi...

Hueles a veneno.

«C... ¿Cómo lo ha...? Ah, claro...»

Después de todo, según las leyendas Amekoro Yui era aquella mujer que se había hecho a sí misma inmune a los venenos exponiéndose a ellos cada día de su vida. Ayame agachó la cabeza, profundamente avergonzada de su estado. Como Hōzuki que era, permitir que la contaminaran de aquel modo era poco menos que humillante. Aún así, no protestó cuando la Arashikage llamó a un chunin para que la acompañara al hospital. Lo que no esperaba, sin embargo, fueron las siguientes palabras de Yui que hablaban sobre el padre de Daruu y el indulto que merecía una vez demostrada su inocencia. Ayame sonrió débilmente ante la alegría de su pareja, pero después de despedirse de ambos, caminó como buenamente pudo hacia su siguiente destino: El Hospital de Amegakure.

«Oh, no... Allí estará papá...» Se dio cuenta entonces, aterrorizada ante lo que se le iba a venir encima.
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· En la habitación de la Bruma Negra, en Shinogi-to (Ascua, 219)
· En el kunai intercambiado con Daruu - (Ascua, 219)
· En la habitación de Daruu, en el cabezal de la cama, en Amegakure no Sato. (Ascua, 219)
· En las cuatro celdas del calabozo en la Torre de la Arashikage, en Amegakure no Sato. (Ascua, 219)

No respondo dudas por MP.
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Amedama Daruu Sin conexión
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Daruu aterrizó en su cama, pulcramente hecha, ahora manchada por el hollín y la suciedad de su ropa. Se sintió aliviado y culpable al mismo tiempo, pero se dio la vuelta y se refugió en el olor a lavanda de las sábanas. Se mordió el dedo pulgar, y volvió a dejar su marca de sangre en el cabezal de la cama. Al otro lado de la casa, entre tanto, hubo una conmoción. Golpes, unos pasos apresurados. Ya venía. Daruu se apresuró a reincorporarse, y su corazón comenzó a latir al cien por hora. ¿Cómo se supone que debía decírselo? Todo. Pero en especial lo de Hanaiko Danbaku.El marido al que asesinó sin realmente merecérselo. Sin saberlo. Su padre.

La puerta se abrió. Daruu suspiró y se levantó.

¡Ah! ¿¡Pero qué te ha pasado!? —exclamó Kiroe. Pese a todo, Daruu le sonrió de vuelta—. ¡Mira cómo vienes! ¡Y me enteré de que te habías ido a una misión de rango A!

Daruu pasó a su lado. Su madre intentó retenerle, pero él se zafó.

Vamos al salón, por fav... ¿cómo que "te enteraste"? ¿Cómo nari...? Bueno, da igual, ya me imagino. —Sí, Daruu ya se imaginaba. Ya se imaginaba que habría hecho todo lo posible para averiguar a dónde habían ido Ayame y Daruu, y además sin su sensei Kori. Ya sabía que habría ido a preguntar a la Torre de la Arashikage, y quien sabe si a la Arashikage misma. Con todo el respeto, claro. Pero probablemente hasta que Yui hubiera tenido que llamarle la atención y ordenarle que no fuera más. Eso también.

Tampoco es que la culpase, porque...

Mira Daruu, primero te vas sin decirme a dónde y me saltas con que era una misión súpersecreta de manos de la misma Yui. Muy bien, correcto. Pero luego te apareces y tiras un muerto por la puta ventana. —Sí, claro. Ese pequeño detalle—. Luego te vuelves a ir, sin dignarte a darme ningúna explicación. ¡Y un muerto a Amegakure! ¿¡Pero en qué coño estás pensan...!?

Mamá, por favor, cállate —dijo, frente al sofá. Su madre se hinchó, a punto de darle un guantazo. Pero él levantó la mano—. Calla y siéntate, ¿vale? Por favor. Tenemos que hablar. Seriamente.

No me digas que Ayame... —comenzó Kiroe, temiéndose lo peor. Se habían ido a una misión del más alto rango. Y ahora...

Está bien, mamá, hemos cumplido la misión, todo ha salido perfecto, ahora, siéntate, ¿vale? Confía en mí. Por favor. —La empujó. Al final tuvo que hacerlo, porque no paraba de acercarse. Kiroe cayó en el sofá con aspecto preocupado.

Pero... Daruu, tengo clientela en la cafetería, sabes, sólo he subido para...

Vas a tener que cerrar la pastelería por hoy.

¿¡Qué pasa!? ¿Qué ha pasado?

Si no me dejas hablar, no puedo decírtelo, ¿vale? —interrumpió Daruu, poniéndose más nervioso aún. Y se echó a llorar irremediablemente. Como un débil sollozo. Incipiente. Arrastró una silla hacia adelante y tomó asiento también. Su mano se dirigió hacia el portaobjetos lentamente.

¿Qué...? V-vale. Di, va, que me pongo peor.

Los tengo. —Daruu sacó el tarro con sus ojos. Los puso encima de la mesa, a la derecha. No sonrió. Miró atentamente a su madre, serio. Su madre comenzó a llorar.

¿¡Por qué, Daruu!? —Kiroe se levantó y le levantó a él de la silla cogiéndole de la túnica—. ¡Te dije que te olvidaras, que no arriesgaras más! ¡Son peligrosas, Daruu! ¡Sé que querían que fuese yo! ¡Mi acto de rebeldía fue darte esos ojos! ¿¡Y si...!?

Ya no tienes que ir.

¡¡Daruucín!! ¡IDIOTA! ¿¡Y si te hubieran matado!? ¿Qué habría hecho yo sin ti? ¿Qué habría hecho yo sin Ayame? ¡Vosotros, Kori-kun y ese estúpido de Zetsuo sois lo único que me queda, lo único! —Kiroe zarandeó a Daruu. Sus conmovedoras palabras hizo que el muchacho comenzase a llorar más, aunque más tarde le haría algo de gracia que, pese a considerarlo un pilar fundamental de su vida, aún llamase a Zetsuo "ese estúpido". La mujer lanzó a Daruu contra la silla y comenzó a dar vueltas por el salón—. Y ahora se van a vengar. ¡Van a ir a por ti! ¡Y ellas creían que estabas muerto, o en casa, sin poder ver! ¡Estabas a salvo! ¡Y ahora...! ¡No lo entiendes, esa mujer es muy rencorosa!

Sí lo entiendo. He estado con ella.

¡Idiota, idiota! —lloró Kiroe, y se echó en el sofá, totalmente aterrada.

Mamá —dijo, despacio—. Naia ha muerto. Las Náyades —se corrigió— han muerto. Se acabó.

¿Có... cómo? —Kiroe se enderezó, y se acercó a Daruu—. Mentira. Se ha escapado. Era un clon. ¡Algo! No puede ser verdad, ¿Ayame y tú? Pero... ¿Pero cómo...? ¡Si consiguieron escapar de Zetsuo...!

Ya se lo dije a Shannako. —Daruu se encogió de hombros—. Nadie escapa de Zetsuo, no al menos dos veces. Y la derroté utilizando un Genjutsu.

¿Y a Nioka? ¿A Naia...?

A Nioka la traje al calabozo de Arashikage-sama hace unos días. Ayame se encargó de Naia.

¿Ayame... sóla?

Daruu sonrió.

Insistió en hacerse pasar por ti. Yo la cité en una plaza, y ella la esperó. La engañó durante un tiempo y luego le ganó, mamá. Ganó y la humilló en el puto suelo, como la serpiente que era. Y acabó con ella.

No...

Sí.

Kiroe rio, nerviosamente, mientras seguía llorando. Volvió a comenzar a dar vueltas por el comedor, agarrándose el pelo, haciéndose tirabuzones.

¿Estáis seguros? ¿Seguros de verdad?

Acabamos de llevarle los cadáveres a Yui. Vengo a contarte la noticia directamente después de hablar con ella. Ayame está en el hospital, recuperándose. Nada grave, pero aún así. —Daruu se encogió de hombros.

El muchacho se sorprendió cuando su madre se le echó encima, prácticamente derribándolo de la silla.

Gracias, gracias, gracias, gracias... —sollozó—. Creía que iba a morirme, y ella iba a seguir riéndose de mí, jodiéndome la vida, y la de mi hijo... Daruu. ¡Daruu, tu padre estaría orgu...! —Se detuvo un momento, y lloró con todavía más intensidad—. No, lo siento. Esa persona no existe. Esa persona no...

Mamá... encontré unos documentos...

Ahora no, Daruu... más tarde... ahora quiero ir a ver a Ayame, y celebrar esto, y...

Mamá. Tiene que ser ahora —dijo Daruu con gravedad. Su madre se retiró un momento y lo miró a los ojos.

¿Qué pasa?

Termina la frase. Mi padre.

¿Qué?

Mi padre estaría orgulloso de nosotros.

¿Qué estás diciendo ahora, Daruu? ¿Qué dices, hijo? ¿Qué...?

Papá nunca fue un traidor. Naia le secuestró y le lavó el cerebro. Para vengarse de...

¡NOOOOOOOOOOOoooooo! —bramó Kiroe, lanzándose encima de Daruu. Esta vez sí le derribó, y cayeron ambos al suelo. Encima de él, Kiroe golpeaba el suelo repetidamente—. ¡Eso es mentira, es mentira! ¡Tuve que matarlo porque se fue con esa puta! ¡Me puso los cuernos y se unió a unas traidoras hijas de puta! ¡Es mentira, Daruu, es mentira! ¡Te ha engañado! ¡Sólo quiere hacerme daño!

¡Mamá, tranquilízate, por favor! —lloró Daruu, abrazándola fuerte—. Por favor, por favor, por favor.

¿¡Pero por qué!? ¿Por qué me pasa a mí todo esto? ¿¡Por qué a mí!?

Porque los demonios existen, y caminan sobre Oonindo, mamá. ¡Pero hoy hay cuatro demonios menos! ¡Hoy te he vengado a ti, y he vengado a papá! ¡Y a partir de ahora, vamos a honrar su memoria!

Yo... yo lo maté... yo lo maté... —sollozó Kiroe.

No, no lo mataste. No lo mataste. Lo mató Naia. Lo torturó y lo mató Naia, lentamente, hasta que dejó de ser él. A quien mataste no era él, mamá. Él no te habría traicionado. Él no. Mamá, por favor...

—[colro=mediumpurple]Naia lo ha conseguido, ha conseguido que me sienta como un monstruo. Y me ha quitado todo... me ha quitado todo...[/color]

No, mamá, me tienes a mí... y tuviste a papá. Honrémoslo, ¿vale?

A aquellas alturas ambos habían empapado la alfombra de lágrimas. Kiroe rodó y quedó bocaarriba a su lado.

Espero que esto no sea una pesadilla —rio Kiroe, atacada de nervios.

No es una pesadilla. No es un sueño hecho realidad, pero es lo mejor que podriamos tener. Al menos... ¡Mamá, al menos sabemos que él nunca nos hubiera dejado de lado! ¡Nunca!

Kiroe sorbió por la nariz y se tapó los ojos con el dorso de la mano.

Nunca te hablé de él... sólo te conté que era una mala persona, un traidor...

Y yo nunca te pregunté.

¡Tiré todas sus fotos!

Seguro que queda alguna guardada en el desván.

Su cadáver... quemé su cadáver...

Le haremos un homenaje apropiado. Y hablaremos sobre quién fue. Quién fue de verdad. Y podrás recordarle con el cariño que siempre mereció.

¿¡POR QUÉEEEEEE!? ¿¡Por qué, Daruu, por qué!? —volvió a gritar Kiroe. Rota.

Daruu suspiró, se echó a un lado y la rodeó con el brazo, hundiéndose en sus brazos como lo habría hecho un niño pequeño.

Mamá... no sé por qué... pero si saliste de aquella, saldrás de esta. Y esta vez, tienes a tu hijo. Me tienes a mi. Y ya no tendrás que... —Daruu se dio la vuelta de nuevo—. Que pensar que tienes a un hijo de un padre que se fue con otra. Que fue un traidor.

¡Nunca pensé... nunca pensé eso de ti, tonto del culo! —se indignó Kiroe, y esta vez fue ella quien le abrazó—. Eras mi hijo, siempre has sido mi hijo. Bueno. Supongo... que ahora... ahora puedo... ahora eres nuestro hijo. Eso sí lo he ganado... ahora puedo hablar con... con orgullo. De mi relación con él. De lo nuestro. De tu verdadero... apellido.

¿Hanaiko Daruu? —rio Daruu entre lágrimas—. No, gracias, mamá. Soy un Amedama. Para toda la vida. Por mucho... que me alegre poder saber que tuve un padre. Un buen padre. Me gusta tu apellido, mamá. Y tú eres... de las mejores cosas que me ha pasado en la vida. Mamá...

Madre e hijo se abrazaron y permanecieron llorando durante al menos una quincena de minutos. En silencio. Con los ojos cerrados. Fue Kiroe quien volvió a romper el silencio.

¿Yui sabe también esto...? —preguntó.

Yui tiene los documentos que lo prueban. Si quieres verlos...

No. Confío en ti. Daruu-kun. Confío en ti, hijo. No necesito nada más. —Kiroe se reincorporó lentamente—. Tengo que ir al hospital, quiero ver a Ayame... quiero darle las gracias. Si ya era como una hija para mí, ahora... ahora...

¿Sabes? Quiso ser ella quien acabase con Naia por mí, pero también por ti. También dijo que eras como una madre para ella. —Daruu sonrió.

Esa... esa chica... primero me ayuda tantísimo cuando pierdo la vista, y ahora... ahora...

Daruu se levantó, despacio, y rodeó a su madre por los hombros. Cogió el frasco con sus ojos y lo asió con fuerza.

¿Cuánto crees que tardará Zetsuo en decirme de nuevo que los ojos no son de quita y pon?

Kiroe estalló a reír.

En cuanto se entere de que los has conseguido traer de vuelta.

Madre e hijo caminaron hacia la puerta de casa.

¿Y la pastelería?

¡Que le den por culo!

¿Y los clientes?

¡Que les den por culo!


· · ·


Daruu y Kiroe entraron al hospital, más tranquilos, pero débiles. Daruu como si hubiera salido de en medio de una reyerta entre kusareños, y ambos con los ojos enrojecidos y las mejillas coloradas de llorar. Preguntaron dónde se encontraba la habitación de Ayame. Piso dos. Tratamientos por intoxicación.

Un rato después, Kiroe ya estaba prácticamente encima de una Ayame que estaba consciente, pero evidentemente debilitada y enchufada a un gotero. Daruu trató de encontrar una mirada cómplice en ella, pero... su madre le tapaba la línea de visión.

¡Ayame-chan! ¡Ayame-chan, te quiero! ¡Eres lo mejor que ha pisado Oonindo! ¡Gracias, gracias, eres una campeona! ¡No sabes lo orgullosa que me siento de vosotros! ¡Pero no debisteis ir! ¡No debisteis! ¡Os podría haber...!

¡Mamá, que la ahogas! —Daruu suspiró y se acercó a un Zetsuo que aquellas alturas debía de ser ya una cafetera a punto de explotar—. Zetsuo-san. Te agradezco profundamente tu entrenamiento en Genjutsu. Nos salvó la vida. Y te pido con toda humildad, y a sabiendas de lo que vas a decir... —Rebuscó en su portaobjetos. Sacó un frasco con dos pequeñas esferas casi totalmente blancas. Durante todo este tiempo, le había parecido algo siniestro, pero qué coño. Eran sus ojos. Eran suyos. Era lo que más deseaba en el mundo en aquél momento—. Asumo el riesgo de esto. Por favor, quiero que seas tú el que me opere. Tienes que ser tú.

Y le tendió el frasco.
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— En la habitación de Daruu, Amegakure (Ascua, año 219)
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La habían acomodado en una habitación de la segunda planta: Tratamientos por Intoxicación. Así lo atestiguaban los goteros que le habían enchufado a uno de sus brazos, cargados de antídotos, sueros y otras cosas que Ayame no llegó a entender en su debilidad. La camilla, de inmaculadas sábanas blancas y no demasiado cómoda, se encontraba junto a la ventana, lo que le permitía disfrutar de las vistas de una parte de las calles de Amegakure, siempre oscuras, siempre faltas de verde, siempre llenas de acero y asfalto, siempre inundadas. Amenokami se estaba descargando con ganas aquel día. ¿Estaba celebrando el triunfo de sus dos hijos o...?

Ayame entreabrió los ojos con debilidad cuando escuchó el inconfundible sonido de unos pasos acercándose a toda velocidad, y su corazón se aceleró sin poder evitarlo al reconocerlos. En parte de alegría, en parte por miedo. Porque, pese a todo, estaba deseando verle, pero también era verdad que le habría gustado disfrutar de algo más de calma. Un mechón de cabello resbaló por su mejilla cuando giró la cabeza, a tiempo de ver la inconfundible figura de Aotsuki Zetsuo, imponente, en el marco de la puerta, mirándola con sus ojos de acero abiertos de par en par, como si no terminara de creer lo que estaba viendo.

Papá... —sonrió Ayame, reincorporándose un poco. Un pequeño movimiento que le supuso un esfuerzo enorme. ¿Acaso le habían puesto relajantes también?

Zetsuo entró en la habitación entre largas zancadas y le apoyó una mano en el hombro, instándola a no moverse.

Ayame, ¡¿qué cojones significa esto?! —preguntó—. ¡Lo último que sabía de vosotros es que estábais en una misión! ¡De rango A, según me dijo esa maldita pastelera! ¡Y sin tu hermano! ¡Desaparecisteis sin dar más explicaciones que era una misión secreta! ¡¿Y ahora te encuentro aquí convertida en un trapo?!

Ayame contrajo el gesto en una mueca de incomodidad, pero Zetsuo la sujetó con mayor firmeza y se agachó hasta que sus ojos quedaron a la misma altura.

La última vez que estuviste aquí fue porque te había atacado un nido de serpientes. ¡Oh, estoy deseando escuchar la historia de ahora! ¡Seguro que es igual de apasionante!

Me enfrenté a Naia... —confesó, sin ningún tipo de anestesia.

Aquella fue la primera vez que logró congelar a su padre de aquella manera. El veterano médico había abierto aún más los ojos, se había quedado pálido como la cera y la mano sobre su hombro apretaba con aún mayor fuerza si cabía. Casi la hacía daño. Sus ojos aguamarina se hundían en los de Ayame, y ella no opuso ningún tipo de resistencia. ¿Para qué utilizar las palabras cuando bastaba con una sola mirada?

Ayame, no me jodas. Sabes que no me gustan las bromas —replicó, con un hilo de voz.

No es ninguna broma. Daruu y yo nos encontramos con dos de las Náyades mientras estuvimos juntos. Y desde ahí... tiramos del hilo hasta llegar a ellas.

¡TE DIJE QUE NO DEBÍAS ACERCARTE A ESA MUJER! —bramó Zetsuo, con la vena de su cuello a punto de estallar—. ¡¿Se puede saber en qué cojones estábais pensando?! ¡¡Os podrían haber matado a los dos!! ¿Y ahora qué? ¡¿EH?! ¡Volverán en cualquier momento para vengarse! ¡¡Esas mujeres no es algo con lo que se deba jugar!!

No van a volver... Ninguna de ellas... —respondió Ayame, con un suspiro prolongado—. La misión que nos encomendó Arashikage-sama fue la de exterminar el grupo de las Náyades... Y recuperar los ojos de Daruu... Y la hemos cumplido.

Aquella fue la segunda vez que Zetsuo se quedó petrificado en el sitio, sin saber cómo reaccionar.

Ayame... ¿Estás diciendo que os enfrentasteis a ellas y que vencisteis? ¿Amedama y tú? ¿Aniquilasteis a las Náyades?

Ayame asintió débilmente.

Daruu se hizo cargo de Nioka y de Shannako. Yo... me enfrenté a Naia... No salí ilesa, sus serpientes me alcanzaron varias veces... Pero logré acabar con ella de una vez por todas.

El médico había fruncido los labios hasta que se habían convertido en una fina y tensa línea pálida. Y pasaron los segundos, mientras el médico seguía registrando los recuerdos de Ayame como si estuviese hojeando las páginas de un álbum de fotos a toda velocidad. Y ella le dejó que lo viera todo. Desde sus incursiones haciéndose pasar por varias personas para captar información sobre las Náyades, pasando por la ejecución de Watanabe, hasta su enfrentamiento final con Naia después de hacerse pasar por Kiroe. Se lo reveló todo. Y el hombre, de un momento a otro, estrechó con fuerza a su hija entre sus brazos. Y Ayame, aunque se tensó en un principio ante aquel inesperado gesto, terminó por relajarse al sentir la calidez del abrazo de su padre...

Y se echó a llorar sin remedio.

Maldita sea... ¡Maldita sea! ¡Os dije que no debíais acercaros a ellas! ¿Qué hubiese pasado si hubiese salido mal? ¡¿Qué hubiese pasado entonces?!

Teníamos que hacerlo... Ellas... Ellas querían vengarse de Kiroe... Y de ti... Y después de todo lo que han hecho a tantas personas... No podíamos dejarlas escapar... Yo... Yo... ¡Quería protegeros a todos!

Aotsuki Zetsuo dejó escapar un largo y tendido suspiro, y sus labios se torcieron en una apenas perceptible sonrisa. Ni siquiera él ni Kiroe fueron capaces de derrotar a aquellas harpías en aquel entonces. Había tenido que venir la siguiente generación a salvarles el culo a todos. Pero lo que habían hecho aquellos dos chicos... El hombre se apartó de repente de su hija cuando otros dos pares de pasos irrumpieron en la habitación. Ni siquiera tuvo tiempo de decir nada cuando Amedama Kiroe se abalanzó sobre Ayame.

¡Ayame-chan! ¡Ayame-chan, te quiero! —vociferaba, con la sombra del médico taladrándola con la mirada—. ¡Eres lo mejor que ha pisado Oonindo! ¡Gracias, gracias, eres una campeona! ¡No sabes lo orgullosa que me siento de vosotros! ¡Pero no debisteis ir! ¡No debisteis! ¡Os podría haber...!

K... ¡Kiroe-san...! Yo... Soc...

¡Mamá, que la ahogas! —exclamó Daruu.

Y Zetsuo se abalanzó como un ave de presa sobre la mujer y la apartó con brusquedad de su hija, casi inconsciente y una sonrisa bobalicona iluminando su rostro enfermizo.

¡No la han matado esas putas harpías y vas a conseguirlo tú, maldita pastelera! ¡Estamos en la habitación de un hospital, no en el salón de tu casa!

Zetsuo-san —intervino Daruu, que se acercaba a él—. Te agradezco profundamente tu entrenamiento en Genjutsu. Nos salvó la vida. Y te pido con toda humildad, y a sabiendas de lo que vas a decir... —añadió, rebuscando en su portaobjetos. Zetsuo ni siquiera necesitó mirar para saber qué era lo que estaba a punto de pedirle—. Asumo el riesgo de esto. Por favor, quiero que seas tú el que me opere. Tienes que ser tú.

Zetsuo se quedó mirándole durante varios largos segundos a aquellos ojos púrpura que pronto, y con suerte, dejaría de lucir. Abrió la boca para decir algo, pero en ese momento la temperatura de la habitación descendió varios grados de repente y todos los allí presentes se estremecieron sin poder evitarlo.

Padre, ¿dónde está Ayame? —Aotsuki Kōri acababa de entrar en la habitación a toda prisa, pero entonces se dio cuenta de que no estaban solos—. Oh, Kiroe-san, Daruu-kun.
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Tip. Tap. Tip. Tap. Un cúmulo de pasos se adueñaron del vestíbulo que daba a la habitación de Ayame, que anunciaron la llegada de Amekoro Yui, Hozuki Shanise y dos enfermeros que acompañaban a la Líder de Amegakure, como un séquito de guardias. La Tormenta se detuvo allí en la entrada, y miró a todos y cada uno de los presentes con una sonrisa digamos simpática, para los estándares de la propia Yui. Vestía su gran túnica impoluta sobre su habitual haori de color azul eléctrico.

—¡Ah, pero qué bonito! ¡Toda la familia reunida! ¿así que os habéis enterado ya? —soltó enfática, bajo el escrutinio de Shanise, que esperaba que yuyu se contuviera. Estaba demasiado animada desde que Daruu y Ayame le habían traído su regalo y temía que pudiera herir susceptibilidades—. que dos de mis mejores ninjas me han cumplido la encomienda de cabo a rabo. Por fin, ¡por fin! Las Náyades están muertas. Ahora podrás dormir más tranquila, Kiroe. Y tú ser menos temperamental y sobre protector con tu hija, Zetsuo —y viniendo de ella, la reina del temperamento; aquel comentario tendría que haber sido como recibir un toquecito menor en los huevos—. ¿qué? ¿por qué me miráis todos así? —Shanise le haló la túnica desde atrás—. ¿qué pasa coño?

—Yui-sama, es un momento emocional y delicado para ellos. Quizás deberíamos volver lu...

—Qué luego ni que luego, Shanise. En Amegakure todos somos familia —y si alguien le respondía lo contrario... Yui se metió en la habitación, y quedó a un palmo de Daruu y Zetsuo—. Bueno, Zetsuo, ese quirófano no va a preparase solo, ¿o sí? —miró a Daruu y le guiñó el ojo.

Yui.

Guiñándole el ojo. Vaya que estaba de buen humor.
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Pero antes de que nadie pudiera responder, antes de que nadie pudiera añadir nada a las palabras de Kōri, otra voz hizo acto de presencia. Una voz eléctrica, enérgica y llena de presencia que ninguno de los allí presentes pensaba que llegarían a escuchar en un lugar como aquel.

¡Ah, pero qué bonito! ¡Toda la familia reunida! ¿así que os habéis enterado ya?

«Y... ¡¿Yui-sama?!» Pensó Ayame.

Ajena a la sorpresa que había despertado en todos los allí presentes, la Arashikage entró en la habitación acompañada de Shanise y dos enfermeros más. La habitación, que no era demasiado grande de por sí, se vio aglomerada de gente de un momento para otro, y Ayame sintió que se mareaba ligeramente. Zetsuo y Kōri, por su parte, se apresuraron a torcer el cuerpo en una profunda reverencia cargada de respeto y formalidad.

Que dos de mis mejores ninjas me han cumplido la encomienda de cabo a rabo —continuaba hablando la máxima mandataria de Amegakure, y Ayame sintió que se sonrojaba al escucharla. ¿Había oído mal? ¿Acaso estaba tenendo alucinaciones con todos aquellos medicamentos? ¿O de verdad acababa de llamarlos... sus mejores... ninjas...?—. Por fin, ¡por fin! Las Náyades están muertas. Ahora podrás dormir más tranquila, Kiroe. Y tú ser menos temperamental y sobre protector con tu hija, Zetsuo —añadió, aunque aquel mensaje viniendo de alguien como ella... Así lo atestiguaron todas las miradas que recibió—. ¿Qué? ¿Por qué me miráis todos así?

Ni Zetsuo ni Kōri respondieron. Mucho menos Ayame. Pero Shanise llamó su atención desde su espalda.

¿Qué pasa coño?

Yui-sama, es un momento emocional y delicado para ellos. Quizás deberíamos volver lu...

Qué luego ni que luego, Shanise. En Amegakure todos somos familia —replicó la Arashikage, acercándose hasta Daruu y Zetsuo—. Bueno, Zetsuo, ese quirófano no va a preparase solo, ¿o sí? —añadió, guiñándole un ojo a Daruu.

El médico se quedó momentáneamente rígido en el sitio y se volvió hacia Daruu, con sus ojos destilando severidad.

Esta va a ser tu tercera operación de ojos en un año, y ya te lo dije en su momento: no somos muñecos de quita-y-pon —le dijo, con crudeza—. Espero que seas consciente de los riesgos que supone algo así. No sólo podrías no volver a utilizar el Byakugan, sino que podrías quedarte ciego para siempre.

»Arashikage-sama. Ayame necesita reposo para terminar de eliminar todas las toxinas de su cuerpo, le ruego que no la altere —añadió, entrecerrando ligeramente los ojos. Y después de dirigirle una última mirada a su hija, tomó a Kiroe del brazo y la arrastró fuera de la habitación. A ambos los siguió muy de cerca Kōri, después de revolver los cabellos de su hermana pequeña.

Había demasiada gente en esa habitación.
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Daruu sintió una sensación familiar, fría y agradable. Sonrió y se dio la vuelta. Allá estaba él. Aotsuki Kori, su sensei. Lo echaba de menos. Entonces se dio cuenta de que probablemente Kori no supiese nada de lo que había pasado. ¿Y ahora? Ahora cómo narices...

—¡Ah, pero qué bonito! ¡Toda la familia reunida! ¿así que os habéis enterado ya? —La voz de Yui, que acababa de presentarse en la habitación del hospital junto a todo un séquito, consiguió paralizarle de pies a cabeza. Kiroe se dio la vuelta como un resorte y caminó hacia ella con decisión. Con demasiada decisión, dictó Daruu internamente. Pero sin preocupaciones, la mujer, con lágrimas en los ojos, le cogió la mano y la miró a la cara.

Por fin, Yui-sama, por fin —dijo—. La familia Amedama cumplió su misión. —Se soltó, sonrió y volvió a acercarse a la camilla.

La Arashikage-sama instó a Zetsuo a que preparase el quirófano, y le guiñó un ojo a Daruu. Un gesto que le pilló totalmente desprevenido. Si Yui le hubiera reprendido por la muerte de Nioka, la sensación habría sido más agradable. El contraste de aquél gesto con su carácter habitual fue lo que le hizo sonreír nerviosamente y revolverse intranquilo.

Zetsuo se encaró a Daruu y le dijo lo que ya había predicho que iba a decirle. Estuvo tentado de mirar a su madre buscando ojos cómplices, pero no quería arriesgarse a que el hombre se enfadara aún más.

Esta va a ser tu tercera operación de ojos en un año, y ya te lo dije en su momento: no somos muñecos de quita-y-pon —le dijo, con crudeza—. Espero que seas consciente de los riesgos que supone algo así. No sólo podrías no volver a utilizar el Byakugan, sino que podrías quedarte ciego para siempre.

He corrido muchos riesgos hoy —dijo, tendiéndole el frasco y dejándoselo en la mano—. Y además, estoy en manos del mejor ninja médico de Amegakure, ¿eh, Zetsuo-san? —dijo.

Sucedió algo extraño. Zetsuo dijo que Ayame necesitaba reposo y le pidió a Yui que no la alterase. Y tomó a Kiroe por la mano y la sacó de la habitación. La mujer, molesta, trató de zafarse. Daruu llegó a escuchar un murmullo similar a Ayame-chaaaan. Rio.

¿Pero por qué les habían dejado a solas con Yui, Shanise y los médicos? ¿Qué esperaban? Daruu tomó una silla y se sentó al lado de la camilla de Ayame, cogiéndola de la mano con ternura.
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Yui contempló en silencio la salida de todos los presentes, dejándola a solas con sus jóvenes shinobi. Shanise le susurró algo —probablemente algún matiz acerca de cómo iba todo, allá en Shinogi-To—. y la Arashikage cabeceó, mientras su mano derecha también abandonaba la habitación. Entonces se mantuvo el silencio, mientras la Tormenta se movía a rastras por el cuarto, paciente, expectante.

—En vista de tu operación, cambiaremos un poco el protocolo. Creo que estáis lo suficientemente lúcidos como para darme un informe verbal detallado de cómo ha transcurrido la misión, y ya luego lo pasáis por escrito. Soy toda oídos.
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Pero Shanise también abandonó la habitación, y así, de nuevo Daruu y Ayame quedaron a solas con Yui, con la Arashikage en persona, quien solicitó en el momento más inoportuno un informe completo de la misión. Daruu suspiró, abatido. ¿Ahora? ¿En ese preciso instante?

No tenía otra. Miró a Ayame. Él era el chuunin, por tanto era el responsable. Debía hacerlo.

En primer lugar, discúlpeme si no consigo ser todo lo preciso que debería, porque han pasado demasiadas cosas fuertes en estos últimos días. Voy:

»Llegamos a Shinogi-To, y buscamos alojamiento y refugio en la Bruma Negra, la posada de un amigo de mi madre. Tomamos aquella habitación como base de operaciones. Lo primero fue, gracias a la información que recopiló Yuki en Notsuba, encontrar la guarida de las Náyades. Fuimos disfrazados, conseguimos dar con el lugar, y entramos a echar un vistazo. Ayame trató de ecolocar una entrada, pero aparentemente no la había. Pero supimos que tenía que haberla, porque allá fue donde primero vimos a Nioka.

»Regularmente estuvimos recopilando información gracias a mis ninneko. Dos de ellos nos llevaron a Watanabe y sus asociados. Tratamos de entrar allí y sacarle toda la información al tipo, pero... creo que comenzó a sospechar y nos vimos en peligro. Estábamos seguros de que huía para informar a las Náyades, así que tuvimos que acabar con él. Sí... lo siento. Ayame le mató, limpiamente. Nadie en Shinogi-To se dio cuenta. Pero en Amegakure sí. Fue mi culpa, por traerlo a mi calle. Por eso discutimos con Shanise más tarde la posibilidad de dejar marcas de sangre en las mazmorras, para no repetir ese error.

»Mis gatos, nuevamente, nos informaron de que un carro de mercancía iba a ser entregado a las Náyades. Interceptamos ese carro a las afueras de Shinogi-To. Ayame destruyó la mercancía. Y fue ahí cuando les trajimos a los prisioneros, junto a Nioka.

»Teníamos que actuar lo más pronto posible, pero no sabíamos cómo podíamos infiltrarnos en la taberna Mal de Ojo. Fue entonces cuando Shanise nos dijo lo de los planos. La mensajera nos los entregó al día siguiente, trazamos un plan, y lo ejecutamos inmediatamente. Ayame quiso responsabilizarse de dar caza a Naia, de modo que se afanó por buscar un lugar amplio donde poder colocar trampas y lidiar con ella, alejado de la guardia de la ciudad. Uno de mis Kage Bunshin entró en la taberna de las Náyades haciéndose pasar por Kiroe, y se inmoló justo antes de decirle a Naia la dirección donde encontraría a la verdadera Kiroe, que no era otra que Ayame, disfrazada en la plaza.

»Así conseguimos separarlas, y sacar a Naia de su bastión. Entonces, al recibir la señal de mi Kage Bunshin, me infiltré por las mazmorras gracias a los planos. Estuve dando unas cuantas vueltas, pero me apoyé en mis clones para agilizar la búsqueda. Uno encontró la prisión de la que hablamos. Yo encontré el documento con información de papá, una capa con un símbolo del clan Nara... y mi otro clon encontró la sala donde se encontraban los ojos, tal y como la vio Shanise en la mente de Nioka.

»Yo fui allá más tarde, y envié a ese clon con el documento de mi padre a su despacho, Arashikage-sama, como ya sabe. El tiempo apremiaba, porque sabía que Ayame estaba combatiendo contra Naia. Hallé los ojos, pero estaban en una trampa, con un montón de serpientes, y una grande enroscada. Conseguí el frasco, y entonces las serpientes se me echaron encima.

»Los ojos en la mano. A un lado serpientes. Al otro escuché los pasos de Shannako, que ya venía a por mi. Me escabullí en el último momento volviendo a la Bruma Negra. Guardé los ojos en un lugar seguro y corrí a ayudar a Ayame, porque intuía que Shannako iría ahora al punto de encuentro para buscar a Naia. Estaba en lo cierto.

»Mi gato y yo conseguimos derrotar a Shannako. Me dio algunos problemas, pero la metí en una ilusión y mi invocación, Naiyoru, la decapitó. En cuanto a Naia y Ayame...
—Daruu miró a Ayame—. Mejor que sea ella quien se lo cuente a usted misma. Hizo un gran trabajo. —Sonrió.
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Yui se mantuvo en silencio mientras los familiares de los dos muchachos abandonaban la habitación. Shanise fue detrás, después de susurrarle algo al oído a la Arashikage. Y entonces Daruu y una tensa Ayame se quedaron a solas con Amekoro Yui.

«¿Y si ha venido por lo de Nioka? Ay, ay, ay... ¡aquí no tenemos escapatoria!»

En vista de tu operación, cambiaremos un poco el protocolo —habló, tras varios tensos segundos de silencio acumulado mientras se deslizaba por la habitación, ahora más vacía y cómoda—. Creo que estáis lo suficientemente lúcidos como para darme un informe verbal detallado de cómo ha transcurrido la misión, y ya luego lo pasáis por escrito. Soy toda oídos.

«Adiós a mi deseo de calma...» Ayame dejó escapar el aire por la nariz.

Afortunadamente para ella, Daruu se adelantó y comenzó a relatar con pelos y señales todo lo que habían vivido en aquella misión desde que pusieron el primer pie en Shinogi-to.

...Ayame trató de ecolocar una entrada, pero aparentemente no la había. Pero supimos que tenía que haberla, porque allá fue donde primero vimos a Nioka.

También habíamos visto entrar a Shannako, pero no la vimos salir por ninguna parte, así que supusimos que la entrada a su guarida tenía que estar en alguna parte allí —completó Ayame, con un asentimiento.

Daruu continuó relatando cómo habían entrado en contacto con Watanabe y como después habían tenido que hacerse cargo de él. Ayame no pudo evitar agachar la mirada ligeramente al recordarlo, y volvió a sentir aquel quemazón en sus manos. Sucias. Su compañero poco después llego al clímax de la situación, cuando él se había infiltrado en la guardia de las Náyades después de haber encontrado su localización y explicó como, son ayuda de réplicas, no sólo había encontrado sus ojos, sino también las mazmorras llenas de gente y los documentos que certificaban la memoria de su padre.

No se podía negar que había hecho un trabajo magnífico.

Naia... —comenzó a hablar Ayame, una vez que Daruu le cedió la palabra. La muchacha apoyó la cabeza contra el cabecero de la cama y lanzó un suspiro—. Acudió a mí en el lugar en el que la citó Daruu, tal y como planeamos. Yo me hice pasar por Kiroe y la engañé durante todo el tiempo que fui capaz. Sabía que cuanto más tiempo pasara creyendo que yo era su peor enemiga, menores eran las probabilidades de que fuera a buscar a Daruu mientras él buscaba sus ojos en la guarida. Pero no conté con la posibilidad de que no fuera yo sola la que estuviera guardando secretos: Naia también me estaba distrayendo y no pude darme cuenta de que había enviado una serpiente a por mí hasta que fue demasiado tarde.

La kunoichi agitó su mano libre en el aire, restándole importancia.

En ese momento contaba con un antídoto, así que no me preocupé demasiado... Pero no fue esa la única vez que sus serpientes o su veneno me alcanzaron —confesó, pálida—. Pero conseguí alcanzarla en un momento de descuido suyo. Ella había gastado demasiado chakra y se fijó en un clon creyendo que era yo, así que aproveché la ocasión para escurrirme por debajo de ella utilizando el agua que había preparado de antelación y herí sus piernas para evitar que escapara. Después de eso, Naia se enfureció e intentó b... envenenarme de nuevo —se corrigió rápidamente. Ahora el quemazón estaba en sus labios. Sucios—. Noté el veneno a tiempo, así que la aparté de mí y acabé con ella aprovechando su debilidad por haber gastado demasiado chakra.

Ayame agachó la mirada, con un extraño cosquilleo recorriéndole el cuerpo. Para cuando volvió a alzar los ojos hacia Yui, su semblante sombrío contrastaba con el inquietante brillo de sus ojos castaños, siempre afables. Era un brillo acerado, afilado, muy similar al de su propio padre...

Eso sí, antes de darle el golpe de gracia me aseguré de que viviera en sus carnes en una ilusión todo lo que le había hecho a tantas personas. Todo.

No se podía esperar otra cosa de la descendiente de uno de los maestros en el arte del Genjutsu.
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Amekoro Yui se mantuvo impertérrita durante el transcurso de la historia, que bien Daruu y Ayame le contaron con mayor detalle posible, tal y como se lo había pedido. No gesticuló, tampoco interrumpió, ni se movió de su lugar. Inamovible como una roca, escuchó atentamente mientras meditaba y dilucidaba en su interior los verdaderos matices de la fortuita caza de las Náyades.

Era su trabajo, después de todo, analizar el cumplimiento de la misión desde un puto de vista metódico y profesional. No siempre una misión cumplida ameritaba una congratulación, y no siempre una misión fallida exigía recalcar el fracaso. Yui era consciente de que en esas circunstancias podían ocurrir muchas cosas, y en el camino —tumultuoso, como era de esperarse—. los errores eran más usuales de lo cualquier ninja con dos dedos de frente podría esperar. Por eso, en una misión donde la línea que nos separa entre la vida y la muerte es tan fina, hay que ser muy cuidadoso a la hora de entrar en tela de juicio; y Yui solía ser bastante consciente en ese aspecto.

Pero en el caso de las Náyades, realmente no importaba qué tan sucio haya sido el procedimiento. O cuántos errores hubieran podido cometer Daruu y Ayame en ciertos puntos de la misión. El resultado, innegable para ambos, estaba ahí. Lo habían logrado, y con creces. Y Yui estaba orgullosa, como lo habría estado de cualquier otro ninja, claro, que le hubiera puesto en su jodida celda al cadáver de esas arpías.

Yui miró a Ayame.

—Fui muy enfática cuando fuisteis a mi despacho a pedirme que os dejara encargaros de esta caza. Os dije que si me fallabais, no encontraríais en mí más que una absoluta decepción. Pero así como castigo con mano de hierros los fracasos, también premio los aciertos a la misma medida.

»Ayame, por tu participación en la caza de las Náyades, tu disposición a seguir las órdenes de tu líder de equipo, y mostrarte dispuesta a romper las barreras de tus propios principios y limitaciones en distintos puntos de la travesía. Por acabar con esa hija de puta tú misma, y prevalecer ahí donde tantos hombres y mujeres han caído. Por haber salido finalmente de ese cascarón que te limita y no te deja ver el potencial que tienes como mujer, como Jinchuriki... y como Chūnin de Amegakure no satou
—Yui le postró una placa con el símbolo del rango ahora ostentado por Ayame—. pero aún tienes mucho que aprender. Aprovecha la semilla de confianza que has sembrado con esta misión y hazla germinar. Aprende de liderazgo. Lustra tu voluntad. No dejes que nadie ni nadie te diga que no puedes hacer algo. Espero que con este nuevo desafío te sirva para ello.

»Daruu. Por tu gran capacidad de liderazgo, manteniendo los cimientos de tu equipo en los momentos de mayor desasosiego e incertidumbre. Por levantaros después de cada error cometido y encontrar solución, a fin de lograr tu imperioso objetivo. Por mantener la cabeza fría, y el corazón gélido ante el fantasma de tu pasado que te arrebató los ojos y sentar las bases para que tanto tú, como Ayame, acabaran con todas ellas. Por ser renuente cuando tenías que serlo. Metódico cuando el plan así lo pedía. Sólo aquellos que como tú han sido capaces de limpiar este mundo de basuras como las Náyades, son merecedores de convertirse en jounin. En Jōnin. Acepta el reto, y no me defraudes. Necesito gente leal y capacitada en las altas esferas de mando. Se vienen tiempos caóticos, y tienes que lustrarte. Esta es tu oportunidad para hacerlo.


También le tendió a él, la respectiva placa.

Por el cumplimiento de la misión, y teniendo en perspectiva todos los aspectos de la misma; Ayame ha sido ascendida de forma directa al rango de chūnin y Daruu a jōnin
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Tras acabar ambos su reporte, Yui se dirigió a Ayame para premiarla con un discurso inspirador. Una vez más, la presencia de la Arashikage era tan embriagadora que sus palabras llegaban a lo más hondo del corazón, hasta a Daruu, que no era el protagonista de aquella parte del discurso. Y aún así, sufrió con el suspense, porque toda aquella perorrata tenía toda la pinta de que...

Yui extendió una placa de chuunin hacia Ayame. «Por fin, lo que estabas esperando, ¿verdad?», pensó Daruu mirándola sonriente. Sabía que Ayame se arrepentía profundamente de no haber conseguido la placa durante el fatídico examen de chuunin. Aquello no sólo era un premio. Era una redención.

El muchacho ya intuyó lo que venía cuando la mujer recomenzó un nuevo discurso, esta vez dirigido a él, y por eso no pudo apartar los ojos de los de la Arashikage, emocionados, atento. Se levantó cuando le legó aquella gratificante pero pesada responsabilidad y clavó una reverencia profundísima cuando le tendieron su nueva placa de jounin. «Jounin», pensó. «Yo también quería esto. No es un simple ascenso de rango. Es poder. Poder para cambiar las cosas.»

«Poder para ser alguien.»

«Poder para dejar huella. Poder para cambiar el mundo.» Durante su combate con Datsue, Daruu lo entendió al fin. El significado de hacerse fuerte. El papel que debían desempeñar los ninjas era tan simple como complicado: tejer conexiones, y romper otras. Hablar, luchar y conspirar para mover los Hilos del Mundo. Moverlo en la dirección que deseen, imponiendo su voluntad.

Y como a buen seguro había gente que deseaba moverlo en direcciones peligrosas... él podía ser uno de los actores, junto a sus compañeros de su propia y de otras aldeas, que corrigiese y cambiase ese desviado rumbo.

Ser conformista no era suficiente.

¡Yui-sama! ¡Muchas gracias! ¡Tomaré la máxima responsabilidad! Y no sólo eso... —Daruu se reincorporó. Hizo algo que no muchos harían. Dar un paso adelante hacia Yui, mirándola fijamente a los ojos—. Me convertiré en el shinobi más poderoso de Amegakure.

»Un año.

»Deme un año para entrenar. Y luego, deme la oportunidad de enfrentarme contra usted. Y probarme.
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Yui se había mantenido estática y en silencio mientras escuchaba los relatos de sus dos subordinados. Ni siquiera Ayame era capaz de imaginar qué era lo que estaba pasando por la cabeza de la mandataria mientras tanto. Y mucho menos se podría imaginar lo que estaba por venir.

Fui muy enfática cuando fuisteis a mi despacho a pedirme que os dejara encargaros de esta caza —habló al fin, rompiendo el silencio—. Os dije que si me fallabais, no encontraríais en mí más que una absoluta decepción. Pero así como castigo con mano de hierros los fracasos, también premio los aciertos a la misma medida.

»Ayame —se dirigió en primer lugar a la kunoichi, que alzó la cabeza como un resorte al escuchar su nombre pronunciado en los labios de aquella poderosa mujer—, por tu participación en la caza de las Náyades, tu disposición a seguir las órdenes de tu líder de equipo, y mostrarte dispuesta a romper las barreras de tus propios principios y limitaciones en distintos puntos de la travesía. Por acabar con esa hija de puta tú misma, y prevalecer ahí donde tantos hombres y mujeres han caído. Por haber salido finalmente de ese cascarón que te limita y no te deja ver el potencial que tienes como mujer, como Jinchuriki... y como Chūnin de Amegakure no satou...

«Espera. ¿Qué ha...?»

Pero no había oído mal. Sus delicados oídos nunca la habían traicionado, ni lo habían hecho en aquel momento. Yui dejó frente a ella una reluciente placa plateada que lucía el símbolo de un rectángulo siendo atravesado por la mitad por una línea vertical. Ayame se había quedado sin habla, con los ojos abiertos de par en par fijos en el hipnótico metal y el corazón bombeándole en las sienes. Chūnin. La había llamado Chūnin. Y le estaba dando aquella placa como muestra de ello. Los ojos de la muchacha se inundaron de lágrimas inevitablemente, y tuvo que fruncir los labios para evitar que le traicionara el llanto. Después de tanto tiempo suplicando por una nueva oportunidad, después de tanto tiempo suplicando que le permitieran enmendar su error. Ayame acarició con dedos temblorosos el metal, temiendo que se fuera a quebrar si lo apretaba demasiado fuerte, pero terminó por tomarlo en la palma de su mano y abrazó contra su pecho.

Muchas... Muchas gracias, Arashikage-sama —pronunció, con un hilo de voz, y la reverencia más pronunciada que fue capaz de realizar en su incómoda situación.

Pero aún tienes mucho que aprender —añadió—. Aprovecha la semilla de confianza que has sembrado con esta misión y hazla germinar. Aprende de liderazgo. Lustra tu voluntad. No dejes que nadie ni nadie te diga que no puedes hacer algo. Espero que con este nuevo desafío te sirva para ello.

Ayame apretó con más fuerza la placa entre sus dedos, y sus ojos llorosos la miraron con determinación. Ella... Que escondía información a la Arashikage a sabiendas de las consecuencias que cargaría si llegara a revelarla... Ella... que hacía unas pocas horas había dudado de su proceder y había llegado al punto de dudar incluso de su lealtad hacia ella... Y ahora estaba siendo reconocida y ascendida a Rango Medio por ella misma. Por una parte sintió que no merecía algo así, pero por otra...

No la fallaré. Ni a usted, ni a Amegakure. Lo prometo.

Después de aquello le llegó el turno a Daruu, que después de un discurso igual de enervante que el que le había dirigido a Ayame, recibió también una placa. Dorada esta vez, y con forma triangular con el inequívoco símbolo de "Rango Alto" grabado en su metal. Acababa de ser ascendido a Jōnin, nada menos.

Yui-sama! ¡Muchas gracias! ¡Tomaré la máxima responsabilidad! Y no sólo eso... —Daruu se reincorporó y, ante la atónita mirada de los allí presentes se adelantó y desafió a Yui con la mirada de sus ojos purpúreos. Unos ojos que no tardarían en cambiar su color de nuevo—. Me convertiré en el shinobi más poderoso de Amegakure. Un año —añadió, solicitante—. Deme un año para entrenar. Y luego, deme la oportunidad de enfrentarme contra usted. Y probarme.

«¡¿Enfrentarse a Yui-sama?!» Se repitió Ayame, boquiabierta.
[Imagen: DeupMR3.png]
¡Padoru padoru!
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· En la habitación de la Bruma Negra, en Shinogi-to (Ascua, 219)
· En el kunai intercambiado con Daruu - (Ascua, 219)
· En la habitación de Daruu, en el cabezal de la cama, en Amegakure no Sato. (Ascua, 219)
· En las cuatro celdas del calabozo en la Torre de la Arashikage, en Amegakure no Sato. (Ascua, 219)

No respondo dudas por MP.
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Amekoro Yui Sin conexión
Arashikage (Cuenta PnJ)
Ninjas de Ame
Sí. Más le valía a ambos no defraudarles. Estaba depositando en ellos, como poco lo hacía; el futuro de las nuevas generaciones.

—Un año será, Amedama Daruu. Pero más te vale entrenar bien. Entrenar duro. Entrenar día tras noche como si fuese tu última oportunidad de alcanzarme. Porque cuando llegue el momento del desafío, no tendré piedad.

—Mejórate pronto —le dijo a Ayame—. recupérense, que pronto, muy pronto, tendré una nueva tarea para ustedes.

Y así, sin más, abandonó la habitación.

Bueno, éste es, en principio, mi último post en Las Náyades. Les agradezco muchísimo la oportunidad permitirme llevarles esta increíble trama, y espero que haya estado a la altura de vuestras expectativas. Ha sido un placer, y enhorabuena por lo logrado durante la misión.

Podéis solicitar o repartir la recompensa una vez hayan concluido.
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