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Una nueva generación (¡Final de temporada!) T1

Tras la muerte de la mayoría de Señores Feudales a manos de la banda de criminales Dragón Rojo en el Torneo de los Dojos, el mundo ha pegado un giro de 180 grados. Las sombras de un nuevo Daimyo en el País de la Espiral preocupan a Sarutobi Hanabi. En el País de la Tormenta, Amekoro Yui ha creado secretamente el cargo de Tormenta mientras hace creer al resto del mundo que es la nueva Señora. En el País del Bosque, el único Daimyo superviviente teme por su vida. Pero no sólo los Tres Grandes han visto el status quo totalmente quebrado.

En el País del Fuego se extendió el caos, y hace tiempo ya que el Jūchin del Valle de los Dojos lo conquistó, expulsando a unas mafias que todavía colean, buscadas por los sámurais. En el País del Viento hay una cruda guerra civil a varios bandos, y en el de la Tierra hay rumores de que una está a punto de llegar. El País del Agua, quizás, esté en el centro de todo. Y si no lo está, debería preocuparse por demostrarlo, pues las sospechas sobre Umigarasu crecen cada vez más. Las aldeas saben que algo planea, al principio con Dragón Rojo, ahora quizás al margen de Dragón Rojo, según las últimas informaciones.

Pero quizás estos asuntos no sean más que la punta del iceberg de las amenazas de los ninjas. Kurama, junto a sus Generales, asegura ser el próximo Emperador de Oonindo. Nadie lo dice abiertamente, pero todo el mundo sabe que algún día presentará la guerra a las puertas de cualquiera de nosotros.
#31
Durante el intercambio de palabras acerca de la nueva hermana de Daruu, Zetsuo se había acomodado en su asiento y había desviado la mirada hacia la ventana. Sus ojos se regocijaban con las gotas cayendo sobre el cristal y las nubes oscuras cubriendo un cielo que rara vez había conocido el sol. Cada vez se acercaban más a casa.

Sin embargo, los siguientes acontecimientos volvieron a rescatar su atención:

¿Ya le has contado a Chiiro acerca de nuestro querido amigo peludo, Hib...?

Había comenzado a preguntar Kaido, pero entonces Daruu hizo un extraño y repentino aspaviento que le llevó a asestarle un codazo a su compañero.

¡Ay, lo siento, Kaido, me estaba estirando! —exclamó, de manera bastante poco creíble.

Y Zetsuo entrecerró peligrosamente los ojos cuando le vio inclinarse sobre el Escualo para susurrarle algo que no llegó a escuchar. El Médico intentó establecer contacto con los ojos de Daruu, pero el muchacho, obstinado, se negaba a cruzar los ojos con los suyos. Por eso, pasó a intentarlo con los de Kaido...

¿Cuánto falta para Ame? —preguntó Daruu entonces, en un claro intento por cambiar de tema.

No mucho. Tengo ganas de volver a casa —respondió Kiroe.

Yo también. Creo que todos —asintió Daruu.

Y Zetsuo cerró al fin los ojos.

Todos —afirmó.

Después de todo, había sido un viaje muy largo. Un viaje muy largo tras un largo pasaje en el infierno. Ahora sólo restaba regresar a casa, comprobar cómo estaba Ayame y terminar de ocuparse del asunto del brazo de Kōri. Pero lo primero que iba a hacer era tomarse un café bien cargado. Y sin nada de azúcar. Negro como el carbón, como a él le gustaba.
[Imagen: kQqd7V9.png]
Sprite por Karvistico.

—Habitación de Ayame: Link

No respondo dudas por MP.
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#32
El codazo no le dejó terminar su frase. ¡Pero quería hablar de Hibagon, coño! pero para Daruu no era una buena idea, ni el momento más oportuno. Después de todo, que les hablasen de un abominable hombre de las nieves, de tres metros de alto, blanco como la nieve, y peludo como un oso, con grandes pies y grandes manos, seguro que les sonaba a tomadura de pelo. Y eso que no estoy metiendo lo del carámbano, el chakra natural, los caminos rápidos y el Pám Pám en el coco.

El hyūga supo reconducir la situación, apelando por su ansia de llegar a casa. Kiroe parecía estar en las mismas. Zetsuo también.

Y Kaido...

—Todos... —repitió, como un karma.

«Yo, el que más»

La nostalgia le invadía, a medida de que el tren avanzaba. Se sentía nervioso. Como un adolescente que vuelve a la casa de su infancia. O como el adulto que deja su hogar para buscarse la vida y vuelve, una vez más, mucho tiempo después. Esperaba que nada hubiera cambiado. Que los edificios siguieran siendo tan altos como siempre. Que la lluvia fuera tan cálida y reconfortante como la recordaba. Que la gente siguiera siendo tan cabrona como de costumbre, burlándose de sus dientes, y de su extraño color azul.

Esperaba que una vez allí, todo siguiera igual. Porque afuera, el mundo cambiaba mucho, y muy rápido.

Y eso no le gustaba.
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