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Una nueva era T5

Tras la muerte de la mayoría de Señores Feudales a manos de la banda de criminales Dragón Rojo en el Torneo de los Dojos, el mundo ha pegado un giro de 180 grados. Las sombras de un nuevo Daimyo en el País de la Espiral preocupan a Sarutobi Hanabi. En el País de la Tormenta, Amekoro Yui ha creado secretamente el cargo de Tormenta mientras hace creer al resto del mundo que es la nueva Señora. En el País del Bosque, el único Daimyo superviviente teme por su vida. Pero no sólo los Tres Grandes han visto el status quo totalmente quebrado.

En el País del Fuego se extendió el caos, y hace tiempo ya que el Jūchin del Valle de los Dojos lo conquistó, expulsando a unas mafias que todavía colean, buscadas por los sámurais. En el País del Viento hay una cruda guerra civil a varios bandos, y en el de la Tierra hay rumores de que una está a punto de llegar. El País del Agua, quizás, esté en el centro de todo. Y si no lo está, debería preocuparse por demostrarlo, pues las sospechas sobre Umigarasu crecen cada vez más. Las aldeas saben que algo planea, al principio con Dragón Rojo, ahora quizás al margen de Dragón Rojo, según las últimas informaciones.

Pero quizás estos asuntos no sean más que la punta del iceberg de las amenazas de los ninjas. Kurama, junto a sus Generales, asegura ser el próximo Emperador de Oonindo. Nadie lo dice abiertamente, pero todo el mundo sabe que algún día presentará la guerra a las puertas de cualquiera de nosotros.
#1
«Menudo fastidio. Menudo fastidio.»

La misión de rango D que se le había encomendado al genin era simple y directa: transportar un pergamino desde la villa de Uzu hasta Yamiria. Por supuesto, los contenidos del pergamino le eran completamente desconocidos. No se molestó en preguntar siquiera. ¿Para qué? Se hacía una idea de cómo eran los altos mandos de la aldea.

En cualquiera de los casos, lo que pudiera estar transportando no podría darle más igual. Podría tratarse de unos planes de asesinato y a Ralexion le habría resultado indiferente. Que no es que le fueran a encomendar algo así a un genin novato como él, de todas formas.

Lo importante de la cuestión es que tenía que ir hasta allí, él solo, ¡a pie! ¡Que ultraje! Pero si decía que no, sabía que su madre lo mataría en cuanto se enterara. Así que el Uzumaki se puso su conjuto de ropajes favorito y puso una pierna delante de la otra, que el camino se hace al caminar.

Logró llegar a Yamiria, y su mayor deseo era el de reposar el trasero sobre algún tipo de asiento y comer algo para acallar a su caprichoso estómago. La ciudad era bella y vibrante, algo que en condiciones normales llamaría la atención de Ralexion y alimentaría su curiosidad; no obstante, su ánimo era como poco paupérrimo. Solo quería dar con la casa del té donde debía de reunirse con el agente de Amegakure y volver al hogar, a comer algo casero preparado por su madre.

Le llevó una buena media hora cumplir su objetivo, pero eventualmente dio con el lugar en cuestión. Le informaron de que su contancto era un joven al que le faltaba un ojo. «Debería de ser sencillo.»

Entró en el local. Escaneó el interior con la mirada, pero no encontró a nadie que se correspondiera con la descripción. Suspiró. Tomó asiento en una mesa libre, cerca de la puerta. No había pasado más de un minuto y ya se le había acercado una camarera para tomarle pedido.

Bienvenido al Jardín del Té, señor cliente. ¿Qué desea?

Un té verde con tres cucharadas de azúcar y dos raciones de dangos, por favor. Los más dulces que tengan —afirmó con tono ausente mientras se rascaba el hombro derecho.

Un té verde con tres cucharadas y dos raciones de dangos muy dulces, ¡marchando!

La camarera se marchó. El Uzumaki volvió a suspirar. ¿Quién demonios le mandó meterse a ninja? Con lo bien que estaría él ahora ayudando a su madre en la floristería...
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#2
Viajero, con rumbo fijo. Llevaba un morral sencillo, aunque la figura de algo alargado envuelto en telas y amarrado con cintas sobresalía de la bolsa. En esta ocasión el joven Isa tenía un encargo por parte de su padre. Relacionado precisamente al paquete que iba cargando. Su destino era los Herreros, pero antes de llegar a ese sitio debía encontrarse con alguien en la ciudad de Yamiria. ¿Con quién? Eso era lo que a él le gustaría saber. Su padre sólo le había dicho que era un mensaje de un "viejo amigo" y que debía recogerlo con un ninja de Uzushio antes de seguir su camino.

"¿Y cómo se supone que lo encontraré? Ninjas de Uzushio hay miles, papá siempre es muy despistado."

El viaje había sido largo, demasiado. Prácticamente se había recorrido el continente de punta a punta, lo que más deseaba ahora era descansar, no se le daba para nada bien las jornadas largas. Por suerte el lugar conocido como "El Jardín del Té" era un sitio donde podría reposar. Si todo marchaba bien, recogería la encomienda con el mensajero, tomaría un refrigerio, se abastecería de provisiones y seguiría con su trayecto.

"Todo esto es muy trabajoso. Pero bueno, tiene lógica. Aunque sean amigos mi padre no le iba a decir donde está Amegakure para que le mande cartas. Pero, ¿no podía pautar el encuentro en un lugar más cercano?"

Al llegar al sitio acordado lo primero que hizo fue ir a sentarse en la primera mesa desocupada que vio, auqnue más que sentarse, se desparramó en el asiento como un globo medio lleno de agua. Alzó la mano, pidiendo que le atendiesen. Colocó el morral sobre la mesa, dejó colgando los brazos y recostó su cabeza en el respaldo del asiento.

"Ojalá valga realmente la pena como para hacerme venir hasta aquí"
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#3
Tal y como la camarera le había prometido, no tardó más de un par de minutos en tener sobre la mesa su pedido. El té humeaba con fervor y los dangos tenían una pinta más que apetecible. Dejó reposar la bebida unos instantes, no deseaba quemarse la lengua. Mas los dulces estaban a su alcance desde el momento que habían llegado. Sin mayor espera tomó uno de los palillos y se llevó el primer dango a la boca con gula.

Muy dulce, justo como le gustaba. ¿Y qué tal el té? Aún a riesgo de escaldarse la lengua, le dio un sorbo. Excelente. Había que admitirlo, El Jardín del Té se trataba de un buen establecimiento. Su humor comenzó a suavizarse, endulzarse, podría decirse, gracias al sabor de aquellos manjares.

Le quedaban poco más de un par de dangos y un tercio de taza de té cuando un nuevo comensal se presentó en el local. Ralexion se fijó en él de inmediato, tomando nota del parche que llevaba en el ojo. «Debe de ser él, ya era hora.». Mas en lugar de apresurarse a entregar el pergamino, se limitó a observar.

Comprobó que su contacto parecía tan agotado como él al llegar al Jardín del Té. Optó por levantarse, aproximarse al mostrador y pagar. Le cobró la camarera que le había atendido.

¡Muchas gracias, señor cliente! -afirmó con una radiante sonrisa.

El Uzumaki le devolvió el gesto. Acto seguido, con actitud algo distraída -pero sabiendo muy bien a dónde iba- se plantó en frente de Kagetsuna.

Tengo algo para ti —afirmó tratando de sonar lo más natural que pudo, llevándose el dedo índice derecho a los labios— Pero no aquí. Sígueme.
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#4
Apenas se había sentado decidió cerrar el ojo. No tenía sueño, pero aún así tenía la necesidad de cerrarlo para poder descansar. Sentía que la camarera se había tardado veinte mil años en venir, aunque en realidad no había pasado ni dos minutos en ese lugar. Pero el agotamiento le había atrofiado hasta la noción del tiempo. Pero para su pesar, un chico había llegado a plantarse frente a él para interrumpir su momento de relajación.

—¿Huh?— Dijo medio alzando la cabeza, tratando de distinguir con el ojo entreabierto a quién le había dirigido la palabra. —¿Para mí?... Ahhhhhhh, ya.

Se trataba de un muchacho pelirrojo, de ropas tradicionales, aunque eso era lo que menos importaba. El detalle estaba en la bandana de su frente, con el símbolo de la espiral. Inmediatamente dedujo que se trataba del mensajero que esperaba. A menos claro que otros dos shinobis de Ame y de Uzu hallan quedado para ese mismo día en ese mismo lugar. Pero ante lo remoto de esa posibilidad, mejor decidió agradecer a Ame no Kami por que no tuviese que esperar horas de horas aplastado cual perro en día caluroso en aquel sitio.

—Oeh, no hay prisas.— Dijo mientras recostaba su cabeza de nuevo en la silla —Acabo de llegar y estoy como res para el matadero. ¿Podrias dejarme tomar algo antes? Ya luego nos ocupamos del asunto.— Dijo moviendo su mano diestra como si espantara moscas.

"Recién llego y ya me piden que vaya a otro sitio. No pienso moverme de aquí hasta que me atiendan."
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#5
Dada la respuesta del ninja de Ame, Ralexion se planteó el comportarse de manera desagradable ante la negativa. Sin embargo, estaba de muy buen humor y en su lugar mostró un trato jovial hacia el joven tuerto. Se aclaró la voz y asintió de manera solemne, con los brazos cruzados y los ojos cerrados.

Puedo entenderlo, puedo entenderlo. La vida que llevamos es un verdadero coñazo —dijo con un tono que pretendía ser serio, pero le salió exageradamente melodramático— Yo ya he estado un rato descansando y comiendo, pero aceptaré tu oferta y te haré compañía.

Sin pena ni gloria se sentó en una de las sillas desocupadas junto al otro genin. Se quedó mirando al techo mientras una de sus manos acariciaba, con actitud incómoda, su cabello carmesí. «¿Y de qué habla uno con un ninja de otra aldea...?», se consultó, mas no halló respuesta.

Afortunadamente para él, la camarera hizo acto de aparición. A pesar de que podía resultar extraño que un cliente que acababa de pagar todavía siguiera en el establecimiento, la mujer se limitó a cumplir con su trabajo de manera profesional.

Bienvenidos al Jardín del Té, señores clientes. ¿Qué desean? —realizó una reverencia al estilo japonés a la vez que sostenía una bandeja con ambas manos.

Hola de nuevo —Ralexion rió, nervioso— A mí no me importaría beber otro té verde. ¿Y tú qué quieres...? Mmm... ¿colega?

Miró al pelipúrpura con semblante dudoso. No conocía su nombre, no se habían presentado.
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#6
¿Aceptar mi oferta? ¿Cuando se supone que lo invité?"

Kagetsuna volvió a ladear la cabeza, observando de reojo al chico que tomaba asiento a su lado. En ningún momento el dijo que quería tener al susodicho pelirrojo a la par de él. Pero su interlocutor parecía haber entendido otra cosa. Se empezaba a tornar frecuente que la gente tergiversara todo lo que él dice, para bien o para mal... Bueno, más para mal que otra cosa. Alzó la ceja, confundido.

—Oeh, yo no dije que... Bah, olvídalo.— Estaba demasiado agotado como para ponerse a discutir.

"Si me pongo a intentar aclarar el asunto se me armará la bronca, siempre me pasa lo mismo. Total, media vez no pida que pague yo la cuenta todo estará bien."

El dinero no le sobraba como para invitarle un refrigerio a cada extraño que conocía. Por lo menos no tendría que lidiar con el tedio de socializar con él, o al menos eso esperaba. Se suponía que venía por un encargo y nada más. Fue en ese momento que por fin llegó la mentada camarera, con los modales y diálogos protocolarios típicos de los trabajadores que fingen dar su mejor cara aunque por dentro quieran ahorcar al cliente.

—Uno, mi nombre es Kagetsuna. Dos, no soy tu colega. Tres, quiero té negro y una porción de mochis— Terminó por decir mientras cruzaba los brazos detrás de su cabeza.
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#7
En breves tendrán su pedido, señores clientes —afirmó la camarera, muy educada, y se marchó de nuevo.

Ralexion miró a Kagetsuna con el rostro más desagradable que sus facciones consiguieron engendrar. ¡Menudo maleducado! ¡Encima de que había sido amable con él!

¡Oye, tú! —vociferó de manera iracunda, enarbolando su dedo índice— A mí también me gustaría estar en otro sitio haciendo otra cosa, pero esto es lo que hay. Como suele decir mi madre, "si te tienes que manchar de barro para cosechar el arroz, te jodes".

Se cruzó de brazos y miró para otro lado, masticando una pataleta digna de un niño pequeño. Su pobre humor se había ido al garate más rápido de lo que se había recuperado, y esta vez los dulces no le ayudarían. Poco después llegó la camarera con el pedido de ambos, lo dejó sobre la mesa y se retiró tras realizar otra reverencia. Ralexion no la miró a ella ni a los platos.

Y mi nombre es Ralexion... —musitó, manteniendo un mínimo de respeto hacia su compañero ninja.

A fin de cuentas, le habían enseñado que no debía de pedir el nombre de otros sin decir el suyo antes.
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#8
Kagetsuna ni siquiera se tomó la molestia de voltearle a ver. Además, él que había decidido hacerle compañía fue el de Uzu, trastocando el diálogo previo del joven Isa. Para colmo, el alegato no tenía la más mínima muestra de sentido, dejando ver que el pelirrojo se había hecho una idea que poco o nada tenía que ver con el asunto.

—Oh, ¿así que piensas que mi forma de tratarte tiene algo que ver con lo fastidioso de este encuentro?— Se acomodó en la silla al ver a la mesera acercarse —No tienes que preocuparte por ello, mi mal humor no viene de que me he cruzado medio continente por un encargo por el que no me van a pagar ni un len. Simplemente soy así, así que quédate tranquilo.— Dijo como si fuera el mejor de los consuelos.

Al ver que dejaban su orden en la mesa no dudó en tomar un pequeño pincho para agarrar el mochi y darle un mordisco pequeño, como el de un tímido ratón. Disfrutaría del postre sin complicarse, aunque no esperaba que el de Uzushio le dejase en paz. Por lo que optó por dejar una última aclaración.

—Te lo advierto, no busques algo más allá de zanjar el recado en mí. Detesto que se tomen confianzas conmigo cuando yo no las he dado. Y no te lo digo a mal, solo es para evitar discusiones innecesarias.— Finalizó para luego beber un sorbo de té con total naturalidad.

Seriedad debería ser su segundo apellido, o quizás antisocialidad sería más adecuado. Pero era eso, no estaba de humor para hacer amigos, aunque en realidad nunca lo estaba. Pero estaba tranquilo así, demostrándolo al ver como disfrutaba de la refacción con una cara de serenidad.
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#9
El pelirrojo no podía creerse la mala compañía con la que le había tocado juntarse. Los dientes casi le rechinaban. Cada palabra que decía Kagetsuna solo añadía gotas a un vaso que estaba a punto de colmarse. Apretó con fuerza uno de sus puños, escondido bajo la mesa, tragando y tragando -en sentido metafórico- todo lo que podía.

Vaya, debes de ser el alma de las fiestas... —masculló Ralexion de manera sarcástica, apenas ocultando su ira creciente.

«¡¿QUÉ HAGO CON ESTE TÍO?! ¡¿LO MATO AQUÍ MISMO?! No... si monto un follón en un lugar así seguro que me meto en un buen lío, igual hasta termino en el calabozo de la ciudad... además, aún está pendiente el tema de la misión. Ay, joder, de verdad, ¿por qué me hice ninja...?»

Fingió su mejor sonrisa, pero no tuvo apenas éxito. En su lugar se le quedó una expresión extremadamente forzada que muchos pensarían que indicaba la existencia de una enfermedad mental dentro de la psique del muchacho. Quería amasar toda su paciencia y terminar con su tarea sin provocar ningún incidente... el problema es que la paciencia nunca había sido su punto fuerte.

¿Crees que tardarás mucho en terminar de comer...? —cuestionó manteniendo su perturbante expresión.

Tomó la taza del té con tal fuerza que casi la quebró, dio tal sorbo que casi la termina, a pesar de que aún estaba muy caliente.

Y siguió "sonriendo".
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#10
El pelirrojo soltó una broma de esas rebuscadas y que todo el mundo se sabe, sin nada de creatividad. Aquello no fastidió a Kagetsuna, pero lo que sí empezaba a molestarle era la mala cara que tenía el tipo. Quería disfrutar su postre en paz, pero mientras el mensajero acomplejado siguiese mostrando esos pésimos dotes actores para su vano intento de disimular, se le haría imposible. Mostró un leve gesto de asco ante aquel muchacho.

—Me gusta disfrutar el sabor de la comida sin atragantarme, así que prefiero comer despacio.— Respondió mientras tomaba otro sorbo de té.

Sin embargo notaba que la actitud del otro chico cada vez empeoraba, cuidado con aquel enojo que no le fuera a hacer mal a la presión. Se le ocurrió una forma de tranquilizarlo, aunque probablemente el remedio fuese peor que la enfermedad. Después de todo, su lógica y sentido común parecía desentonar con la percepción que tenían los demás de él.

—No te estreses de más. A leguas se nota tu enojo y tratar de taparlo sólo lo empeora. ¿Porqué finges amabilidad cuando claramente estas molesto conmigo? No tengo idea de por qué. Pero te propongo, dime cualquier cosa que te estés guardando en este preciso momento, por grosera que sea y yo la escucharé. Total, me suele valer tres hectáreas de verga lo que me digan. Así te desahogas y todos tranquilos— Finalizó para agarrar otro mochi.

Prefería que le gritaran a tener que ver esa cara de marrano con estreñimiento, en serio era incómodo. Poco más y su cara hacía juego con el pelo.

—La gente se molesta cuando dices lo que en verdad piensas. Por eso las personas dicen lo que los demás quieren oír, para agradarles, mostrando emociones falsas. Pero si eres sincero no tardarán en tacharte de mala persona, porque prefieren mentiras piadosas a dolorosas verdades. ¿No crees que es triste entonces? ¿Fingir sólo por el miedo al que dirán? Te lo digo, a mí no me molesta. Dime lo que tengas que decir.— La forma de su único ojo se tornó afilada, esperando la respuesta del Uzumaki.
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#11
Su paciencia ya se había dilatado más de lo que nunca lo había hecho antes en toda su vida. «Debo aguantar, aguantar, aguantar... ahora soy un ninja... debo... resistir... debo de quedarme quieto... debo... MANTENERME... CALLADO...». Tuvo ganas de tirarse de los pelos, de arrancarse la coleta, pero por ahora lograba mantenerse en sus trece.

Así fue hasta las siguientes palabras que dijo Kagetsuna...

—No te estreses de más. A leguas se nota tu enojo y tratar de taparlo sólo lo empeora. ¿Porqué finges amabilidad cuando claramente estas molesto conmigo? No tengo idea de por qué. Pero te propongo, dime cualquier cosa que te estés guardando en este preciso momento, por grosera que sea y yo la escucharé. Total, me suele valer tres hectáreas de verga lo que me digan. Así te desahogas y todos tranquilos— Finalizó para agarrar otro mochi.

Ralexion se levantó de la silla como un resorte, brusco a más no poder. Gesticulaba exageradamente, su paciencia se había ido a freír espárragos y ya no le quedaba una sola gota de buenas maneras.

¡¿Quieres saber lo que me pasa?! ¡Me hacen venir hasta aquí a pata para darle un estúpido pergamino a un tipo que resulta ser todavía más estúpido que toda este puñetero asunto! —señaló al ninja de Ame con desprecio, mientras tanto, todas las miradas del local estaban centradas sobre sí mismo— ¡Tenía un humor genial y tú lo has arruinado, maldito tuerto!

Se sentó de inmediato, mirando para el lado contrario a Kagetsuna y con los brazos cruzados, los morros bien puestos.

La camarera, temerosa, se acercó a la mesa donde estaban los dos muchachos. Se encontraba algo incómoda, pero debía hacer su trabajo.

Esto... ¿señor cliente? Debo rogarle que baje su tono de voz. Me temo que está molestando al resto de clientes...

Falto de palabras, el Uzumaki se limitó a asentir a la camarera, a lo que esta se fue a continuar con sus quehaceres. Acto seguido, llegó la segunda parte del discurso del pelipúrpura.

—La gente se molesta cuando dices lo que en verdad piensas. Por eso las personas dicen lo que los demás quieren oír, para agradarles, mostrando emociones falsas. Pero si eres sincero no tardarán en tacharte de mala persona, porque prefieren mentiras piadosas a dolorosas verdades. ¿No crees que es triste entonces? ¿Fingir sólo por el miedo al que dirán? Te lo digo, a mí no me molesta. Dime lo que tengas que decir.— La forma de su único ojo se tornó afilada, esperando la respuesta del Uzumaki.

Hmpf... ¿y supongo que estarás orgulloso de ser un verdadero borde, huh? —contrarió a la par que se quitaba el polvo del haori— Por supuesto que la gente se ofende si le dices todo lo que piensas, incluso un idiota como yo sabe algo así. Hay una diferencia muy grande entre ser un falso y simplemente ser gentil, ¡cretino!
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#12
El estallido de Ralexion fue mucho más explosivo de lo que esperaba, sorprendiéndole incluso a él. Incluso la mesera tuvo que interferir para bajarle un poco los ánimos. Por su parte, consideraba que la reacción del muchacho era simplemente exagerada. Lo entendía, el mismo había llegado ahí a tener que tratar con un estúpido como él. En ese aspecto ambos pensaban lo mismo y estaban a mano, pero la diferencia radicaba en la forma en que lo manejaban. Kagetsuna se mantenía estoico, aunque ni tanto. Pero el pelirrojo tuvo un ataque de rabia enorme, como si acabasen de matar a un familiar o algo así. Eso era lo que se le hacía raro.

Kagetsuna suspiró y se llevó las manos a las sienes, que empezaba a darle dolor de cabeza el tener que aguantar al niñato malcriado. Pero mejor trató de mantener la compostura, tronándose el cuello y suspirando de manera profunda antes de hablar.

—¿Ves? Tan fácil que era hablar— Dijo metiéndose a la boca el último mochi. —Ya te lo he dicho, soy así y ya. Ahora bien, debo recalcar que te estás martirizando por algo muy simple.— Apartó un poco la silla para sentarse de manera que su tobillo derecho quedase sobre su rodilla izquierda.

—Ahora bien, mencionaste algo muuuuuuy llamativo. Y es que estás fastidiado por una cosa tan simple como es un recado. En este trabajo nos tocarán cosas peores, mucho más severas. Tenlo en cuenta.— Dijo para terminar de beber el té.

Se levantó y tomó de nuevo el paquete con el morral. Dejando dinero en la mesa para pagar la cuenta, el vuelto que se lo quedaran de propina.

—Ahora terminemos el asunto que decías— Remató con tono claramente mordaz.
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#13
Apoyó el brazo izquierdo sobre la mesa y la barbilla sobre la palma extendida de este, mostrando un semblante de lo más fastidioso. Era innegable que su explosión había sido, como poco, inadecuada, especialmente en público, pero lo último que deseaba en una situación así era recibir lecciones de alguien como Kagetsuna.

Mira, no hace falta que me lo digas dos veces... ya sé lo que me espera como ninja —ratificó sin espíritu.

Se terminó el té a la par que el ninja de Ame. Acto seguido se levantó, dejando el dinero de su bebida en la mesa de la misma forma que había hecho su interlocutor.

Sí, terminemos con esto de una vez... —afirmó con el mismo tono que Kagetsuna— Vamos a un lugar más tranquilo.
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#14
El de Uzu por fin se había medio tranquilizado. Aunque más bien, era que las fuerzas para seguir alegando se le habían ido. Se quejaba a cada rato de lo tedioso que era el trabajo, por lo cual Kagetsuna no lograba entender como alguien se había metido a ese oficio por voluntad propia si odiaba tanto los trabajos más fáciles. Sí por el Isa fuera, sería mejor quedarse haciendo misiones simples toda la vida en vez de rifarse el pellejo. Aunque aquello no dependía de él, tarde o temprano tendría que plantarle cara a la muerte, pero por ahora estaba muy pollito como para siquiera pensar en eso.

—Pues te sigo— Dijo ya más calmo.

No sabía a dónde planeaba llevarlo el pelirrojo, iría a ciegas. De hecho el mismo no tenía idea sobre que se trataba el pergamino, su padre lo mandó a traerlo y ya. Aunque no mencionó nada de sí debía abrirlo o no... Detalles, detalles. Igual, si lo había mandado a él no creía que fuese demasiado importante. Demasiadas conjeturas para tan poco.

"Tal vez pueda echarle un ojo antes de..."
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#15
Ralexion salió del Jardín del Té esperando que Kagetsuna lo siguiera. No tenía pensado un lugar concreto, tan solo le habían mencionado que se asegurara de llevar a cabo el intercambio en una localización lejos de miradas indiscretas. Alterado como estaba, no se molestó demasiado en reflexionar sobre el sitio más adecuado para llevar a cabo una tarea así, por lo que se limitó a continuar caminando.

Se dirigió hacia un callejón cercano, pero no quería realizar la entrega en un lugar tan malamente tópico. Cuando se internó en él, esperando primero al tuerto, miró hacia arriba. Se trataba de un hueco entre dos edificios bien juntos entre sí, mal mantenido y ligeramente apestoso.

El pelirrojo miró hacia arriba.

¿Sabes caminar verticalmente? —señaló hacia arriba— Podríamos subir a alguna de estas azoteas.
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