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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
Al otro lado
Aotsuki Ayame Sin conexión
Chuunin de Ame
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#16
Pero, por más que gritara, Ayame no obtuvo más que el más escalofriante silencio en respuesta. Se giró una y otra vez, tratando de encontrar cualquier cosa, tratando de escuchar cualquier indicio de la criatura que había rugido de aquella manera, tratando de encontrar cualquier pista que la llevara hasta su hermano. Pero la nada era su única compañera. Incluso los pájaros habían enmudecido.

— ¿¡Pero estás loca!? Baja la voz. —La voz de Senju a sus espaldas la sobresaltó, y Ayame se volvió a tiempo de ver como avanzaba hacia ella, abriéndose paso entre la vegetación—. ¿Es que no tienes sentido de la supervivencia? Acabas de oír el rugido de un dinosaurio y te pones a gritar.

—¡Que los dinosaurios no existen! —le recordó, con cierta irritación—. Pero para lanzar ese rugido debe de ser un animal increíblemente grande y peligroso. —Se estremeció de sólo imaginar las posibilidades. A cada cual peor que la anterior—. Pero lo importante ahora es que tengo que encontrar a mi hermano. Si le ocurriera algo, yo...

Se mordió el labio inferior, pero enseguida sacudió la cabeza. Y, con las piernas aún temblorosas por el miedo que sentía, se aproximó al río que discurría un poco más adelante de su posición. Las aguas corrían con lentitud, la suficiente lentitud como para poder posarse sobre ellas sin temor a desestabilizarse y terminar hundida, por lo que Ayame echó a andar sobre su superficie, esquivando de vez en cuando algún que otro tronco que flotaba hacia ella con parsimonia.

—En este claro no parece haber nada, así que miraré un poc...

No le dio tiempo a terminar. Las aguas del río estallaron súbitamente, y uno de los troncos más grandes se revolvió sobre sí mismo. Una poderosa cola restalló en el aire y unas mandíbulas alargadas y repletas de dientes como colmillos se cerraron sobre Ayame, atravesándola en una violenta explosión de agua en la que era difícil distinguir lo que estaba ocurriendo. El animal se revolvió de nuevo, girando sobre sí mismo, y entonces sacó la cabeza del agua y se volvió hacia Senju con dos ferales ojos reptilianos. Volvió a abrir sus poderosas mandíbulas y su rugido hizo vibrar el suelo bajo sus pies.

De Ayame no había rastro.
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Inuzuka Nabi Sin conexión
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#17
—¡Que los dinosaurios no existen! —le recordó, con cierta irritación—. Pero para lanzar ese rugido debe de ser un animal increíblemente grande y peligroso.

Me pasé la mano por la cara, intentando borrarme la incredulidad que me habían dejado en ella las palabras de la amenia esta.

Eres muy contradictoria, los dinosaurios no existen pero ese rugido tiene toda la pinta de ser de un bicho enorme y peligroso, como, por ejemplo, un dinosaurio.

Pero lo importante ahora es que tengo que encontrar a mi hermano. Si le ocurriera algo, yo...

No dije nada, no sabía qué decir, ojalá se muera tu hermano no era una oración muy bonita que soltarle a una chica que temblaba como un flan con la sola idea de perderlo. Pero ni de coña iba a consolar a una kunoichi de Amegakure, bastante loco estaba el mundo ya para que me volviera loco yo tambien.

Ella se acercó al manso río, yo me quedé cerca del borde del claro, no me gustaba ella ni me gustaba el agua, prefería cien veces observarla a ver qué hacía y cómo lo hacía antes que seguirla de cerca. Empezó a andar por encima del agua como quien no quiere la cosa. Vaya, sabe andar sobre el agua, apunté en mi agenda mental.

Justo cuando empezaba a acercarme para no perderla de vista, un dinosaurio apareció del agua y se zampó a Ayame con tal fiereza que la hizo explotar en agua.

¡Te lo dije!

Quedaba un poco tonto decirselo al cocosaurio, pero tenía que decirlo. Miré al animal y él me miró a mi, acto seguido, rugió como había hecho antes.

Si ya lo sé, yo se lo dije, señor Dinosaurio. Ven, va.

Lo mejor iba a ser estar preparado para cortar y rebanar, porque estaba claro que iba a venir cuerpo a cuerpo si es que venía. Desenvainé mi kodachi con la diestra y esperé a una distancia prudencial de un par de metros respecto del río.
Nabi
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#18
Pese a que estaba más que claro que la bestia no entendía el lenguaje humano, desde luego no estaba de humor para soportar a intrusos invadiendo su territorio. Ni siquiera parecía amedrentarle la presencia de Senju con su kodachi. Para ella, la reina del río y con más de 16 metros desde el hocico hasta el final de su cola y tres metros de altura de cruz, aquella espada no era más que un pequeño mondadientes.

El animal se abalanzó contra Senju con las fauces abiertas de par en par. Para su monstruoso tamaño, el chico enseguida se daría cuenta de que era mucho más rápido de lo que podría parecer en un principio. Desde luego, si no se apartaba a tiempo terminaría convertido en un tentempié... o con alguna extremidad menos como mínimo.

—¡Suiton: Mizurappa!

Un chorro de agua a presión impactó en el lomo del animal desde algún punto de la orilla. Allí, Ayame había recuperado su forma corpórea y jadeaba, ligeramente dolorida. Si no fuera por su habilidad para licuar su cuerpo a voluntad y evadir los daños más graves de las agresiones físicas, sin duda no habría vivido para seguir buscando a su hermano.

—¡Senju-san! ¡He visto un nido cerca de la orilla! ¡El cocodrilo debe estar protegiéndolo! Deberíamos...

Pero no fue capaz de terminar la frase. Como si de una simple mosca de la que deshacerse fuera, el reptil hizo restallar su cola como si de un látigo se tratara y Ayame tuvo que saltar para evitarla...


Ayame

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90/110






Mamá Cocodrila

210/230



40 PV por mordisco
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#19
El plan inicial era alejarme paso a paso, lentamente, mientras la bestia se planteaba si lanzarse o no. Pero la vida pocas veces es tan ideal como nos pensamos. Y encima el cocodrilo me ignora mientras le cuento mi vida. Así que la distracción de la palabra era un recurso inútil.

Pero aún más problemas se amontonaban en mi espalda, porque aquel bicho de rio no se lo pensó dos veces al lanzarse contra mi ilustre y esbelta figura de shinobi. Solo me quedaba un recurso para evadir tal ataque, y mi cuerpo no dudó en usarlo cuando las fauces de ese animal licuador de Genins se lanzó hacia mi. La técnica definitiva inventada por los propios dioses en los albores del tiempo y el espacio, la voltereta lateral.

Un chorro de agua a presión impactó en el lomo de la criatura haciendo que esta centrara su atención en una figura conocida para mi.

— ¡Senju-san! ¡He visto un nido cerca de la orilla! ¡El cocodrilo debe estar protegiéndolo! Deberíamos...

¡Pero que cojo...!

Es todo lo que pude decir antes de que la cola del animal se dirigiera hacia ella, haciendola retroceder y de paso, distrayendo al bicho, y al cocodrilo tambien.

Aprovechando esos segundos que la amenia me había ofrecido tan gentilmente al atraer la cola del cocodrilo, realicé una rápida sucesión de tres sellos, soltando mi Kodachi en el proceso, tras lo cual la tierra se retorcería hasta alcanzar al animal que tendría que lidiar con el daño que el suelo bajo sus patas le provocaría.

Recogí mi Kodachi y me alejé unos metros, inseguro de a por quien iría aquel dinosaurio.

130/130



86/110



¤ Doton: Retsudo Tenshō
¤ Elemento Tierra: Desgarro de Palma de la Tierra Retorciéndose
- Tipo: Ofensivo
- Rango: C
- Requisitos: Doton 10
- Gastos:
  • 12 CK
  • (Doton 20) (multiplicable x2)
  • (Doton 30) (multiplicable x3)
- Daños: 20 PV
- Efectos adicionales: (Doton 80) La tierra puede romperse en parábola, aunque sólo alcanzará su radio máximo cuando se encuentre a 3 metros del objetivo.
- Sellos: Jabalí → Buey → Sello específico de la técnica
- Velocidad: Rápida
- Alcance y dimensiones:
  • La técnica avanza 3 metros, y goza de 1'5 metros de anchura (multiplicado x1)
  • La técnica avanza 5 metros, y goza de 2'5 metros de anchura (multiplicado x2)
  • La técnica avanza 8 metros, y goza de 4 metros de anchura (multiplicado x3)
Tras la realización de los sellos, esta técnica causa que la tierra frente al usuario se retuerza sobre sí misma, rompiéndose, desequilibrando a los adversarios y causándoles daños debido a las rocas puntiagudas y a la gravilla. Cuanto más chakra se añada a la habilidad, más grande será la destrucción del terreno y más dañina sobre los oponentes.
Nabi
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#20
Pero Nabi había entrelazado sus manos antes de que Ayame hubiera siquiera aterrizado y la muchacha contempló horrorizada como la tierra se retorcía y se resquebrajaba justo en el punto en el que estaba a punto de apoyar los pies, creando un pequeño socabón de rocas afiladas como navajas. Apresuradamente, ella misma entrelazó sus manos y escupió un chorro de agua a presión contra el suelo con la suficiente fuerza como para salir propulsada en dirección contraria y terminar aterrizando de nuevo de pie en el agua.

—¡¿Pero qué haces?! ¡Casi me matas! —exclamó, histérica.

Pero sus gritos se vieron ahogados por un nuevo rugido del cocodrilo, que, incapaz de evitarlo como lo había hecho la kunoichi, había visto sus patas atrapadas bajo aquel amasijo de tierra y rocas. Ayame se acercó corriendo al de Uzushiogakure, que se mantenía enarbolando la kodachi con fiereza. Ayame le agarró de la manga, mirándole con urgencia.

—¡Está protegiendo el nido, Senju-san! —repitió, angustiada—. ¡Deberíamos irnos antes de que...!

Ayame se quedó lívida cuando un bramido, incluso más fuerte que el anterior, surgió del río. Ensordecida y aterrorizada, la muchacha se giró hacia la corriente de agua a tiempo de ver como otro cocodrilo incluso el doble de grande que el anterior se dirigía hacia ellos a toda velocidad con las fauces abiertas de par en par.

Debía de ser el padre.

Ayame ni siquiera esperó la respuesta del de Uzushiogakure. Le soltó con brusquedad, giró sobre sus propios talones y echó a correr con todas sus fuerzas hacia el interior del bosque. Hacia donde recordaba que se encontraba el Puente Kannabi...


Ayame

70/100



78/110






Mamá Cocodrila

170/230



40 PV por mordisco
30 PV por coletazo
20 PV por zarpazo





Papá Cocodrilo

460/460



80 PV por mordisco
60 PV por coletazo
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#21

—¡¿Pero qué haces?! ¡Casi me matas!


¿Y a ti qué te parece? ¡Ralentizar al bicho ese para que no nos coma!

Estaba pensando todo tipo de quejas sobre la actitud de la muchacha a quien le ha salvado el culo de llevarse otro mordisco en la nuca. Interrumpiendo mis pensamiento entró en escena el segundo dinosaurio del día, más grande y más fuerte, con unos dientes más afilados y unas escamas más oscuras.

La desgraciada de Ame que estaba tirando de mi para que nos fueramos se largó en cuanto vio a la versión mejorada del dinosaurio. Justo en ese instante es cuando me pregunté qué coño hacía yo ahí. Por suerte, ya tenía un punto de experiencia con reptiles de grandes fauces, sabía que iba a venir colmillos por delante.

Concentré el chakra en la hoja de mi Kodachi provocando un destello con la luz del Sol que daba en el claro. Tras eso buscaría el arbol más cercano y me subiría a la rama más gorda y alta que tuviera. Ayame había salido corriendo, aunque intentara alcanzarla, como no se tropezara y se comiera el suelo, lo más probable era que no la alcanzara.

Pero ya no se trataba de eso, si quería salir de ese bosque, del cual no me acordaba por donde había entrado, tendría que seguirla hasta el puente. Suspiré y seguí el camino por el que desapareció, saltando de arbol en arbol.


130/130



81/110



¤ Iaido: Nikkou
¤ Camino del Iai: Brillo del Sol
- Tipo: Apoyo
- Rango: D
- Requisitos: Kenjutsu 10
- Gastos: 5 CK
- Daños: -
- Efectos adicionales: Ceguera de unos instantes
- Sellos: -
- Velocidad: Instantánea
- Alcance y dimensiones: 5 metros
El término Iaido representa un estilo específico de kenjutsu que consiste en movimientos limpios, controlados y rápidos de desenfunde y enfunde de la espada, de una forma tan rápida que resulta imperceptible. De esta forma, se consigue confundir a un posible enemigo. Este arte fue inventado por los samuráis, y desarrollado como un arte de lucha con espada instantáneo capaz de anticiparse a los sellos manuales de los shinobi. En esta aplicación del Iaido, el usuario desenfunda ligeramente la espada y vuelve a enfundarla imperceptiblemente, reflejando la luz del Sol (o una luz artificial, o de la luna si está visible) y potenciándola con su chakra, generando un destello lo suficientemente cegador como para incapacitar a un grupo de adversarios durante un pequeño instante. Después de cada uso, la técnica se va volviendo más predecible y evidente.
Nabi
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#22
Ayame corría tan rápido como le permitían las piernas aunque, de vez en cuando, frenaba un poco para echar alguna mirada atrás. Enseguida se dio cuenta de que no solo había dejado atrás a los dos monstruosos cocodrilos, sino también a Senju. Se detuvo, resollando por el esfuerzo. ¿Qué debería hacer? ¿Debería volver a por él? El chico tampoco se había mostrado muy amistoso con ella la verdad...

¿Pero esa era excusa como para dejarle a manos de aquellos reptiles?

A lo lejos oyó de nuevo aquel espeluznante rugido que le ponía los pelos de punta...

...

El segundo cocodrilo que había aparecido en escena rugió, lleno de rabia, cuando se vio cegado por la artimaña del rubio. Se revolvió sobre sí mismo, dando auténticos bandazos con su cola en un desesperado intento de acertar a la molesta mosca que no dejaba de incordiarle.

Nabi no perdió el tiempo, se subió al árbol más cercano que encontró y, tal y como había hecho Ayame, puso pies en polvorosa para huir del lugar y regresar al Puente Kannabi. A salvo de aquel endemoniado bosque.

Pero no todo podía ser tan sencillo.

Cuando llegó al cuarto árbol, un violento temblor sacudió todo el tronco, lo partió y Nabi cayó con él. Abajo, el cocodrilo más pequeño aguardaba con las fauces abiertas de par en par hacia él. Estaba a punto de convertirse en el tentempié del reptil...

Un nuevo chorro de agua a presión acertó a la bestia en la base de la garganta, y el animal cerró el hocico y se revolvió sobre sí mismo entre renovados rugidos. Su cola, oscilante como un peligroso péndulo, acertó con varios árboles más que sufrieron el destino del primero y terminaron por sumarse al estruendo cuando se desplomaron con todo su peso. A sabiendas de que no iba a poder hacerse oír por encima de todo aquel ruido, Ayame agarró la manga de Nabi y echó a correr de nuevo.

—¡Tenemos que salir de aquí! —exclamó.


Ayame

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#23
Ahora ya no era un dos contra dos, sino un dos dinosaurios geneticamente modificados para tener más mala ostra y más odio acumulado hacia los shinobis rubios contra un inocente shinobi de Uzushiogakure que no sabía qué coño hacía aquí.

Por eso, a pesar de haberme encargado del más asalvajado de los reptiles prehistoricos y haber conseguido llegar a un lugar seguro, seguro seguía siendo un termino ambiguo. El otro dinosaurio se dedicó a derribar arboles como oficio a media jornada, inevitablemente fue a por el arbol en el que yo me encontraba.

Me encontré en una situación bastante grave, todo gracias a la gravedad que me arrastraba hacia el suelo sin invitarme a cenar primero. Por habilidad, que no por suerte, aún tenía su Kodachi en mano. Durante un milisegundo mi mente se dijo a si misma que si hubiera tenido una familia normal tal vez mis padres me hubieran advertido que correr con Kodachis era peligroso y ahora estaría desarmado cayendo a un dinosaurio malevolo.

Tras ese milisegundo coloqué la Kodachi delante mio, para que ella impactara contra el dinosaurio antes que yo y tal vez así saliera vivo de ésta, usando la espada para que el animal no pudiese cerrar la boca tan rápido como debiera. Pero esa boca se cerró bastante antes de lo esperado por un chorro de agua.

Así que todo lo que conseguí es darme una buena ostra contra el suelo, ya que recuperar una buena posición de aterrizaje a esas alturas y velocidades era algo lejos de mi alcance. Me volví a levantar tan rápido como pude, con un dolor generalizado que no estaba muy seguro de donde empezaba y donde acababa.

Recogí mi katana y la envainé justo cuando la amenia que había decidido volver me tiraba de la manga para salir por patas de ahí.

—¡Tenemos que salir de aquí!

¡Menos mal que me has avisado, yo ya tenía pensado quedarme de picnic!

Salí corriendo tras ella, concentrado en no dar ningún traspie y en que si oía algo fuera de lo común o parecido a un dinosaurio llevar mi mano al portaobjetos tan rápido como me fuera posible.

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Nabi
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#24
—¡Menos mal que me has avisado, yo ya tenía pensado quedarme de picnic! —exclamó Nabi a sus espaldas, por encima del estruendo.

Y Ayame no pudo evitarlo. Pese a la situación en la que se encontraban, se rio. Aunque no tenía mucho tiempo para hacerlo, un rugido a sus espaldas le recordó que tenían a un enorme cocodrilo pisándoles los talones. Y, a pesar de su tamaño, aquel reptil era capaz de correr verdaderamente rápido. El suelo temblaba bajo el galope de sus zarpas y, lenta pero inexorablemente, iba recortando la distancia que los separaban. Sus fauces cada vez estaban más cerca, Ayame ya podía escuchar el jadeo intermitente de la respiración del animal y en su nuca, su mirada afilada clavada. Iba a convertirlos en un mero tentempié y no iban a poder hacer nada por evitarlo, porque sólo eran dos genin debiluchos incapaces de hacer frente a algo tan grande y fuerte como aquello.

De repente, la temperatura del ambiente descendió varios grados. El cocodrilo volvió a rugir, enrabiado, y cuando Ayame giró la cabeza comprobó que sus patas habían sido atrapadas por una capa de hielo que había recubierto el suelo por debajo de él.

Jadeó, aliviada, y apretó aún más el paso. En cuestión de minutos, Senju y ella consiguieron salir del bosque y volver a la seguridad del Puente Kannabi. Y Ayame se dejó caer en el suelo de piedra entre fatigados resuellos de esfuerzo.

—Por... poco... —balbuceó, con el corazón a cien por hora.

Demasiadas emociones fuertes en un tiempo demasiado corto.
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#25
Tal vez fuera por la situación, crítica a más no poder, o por estar más concentrado en correr que en mantener mis defensas mentales altas, pero cuando la joven que tiraba de mi soltó aquella breve y sincera carcajada no pude evitar verla como la inocente chica que era y no como la imagen de sangre y maldad de la villa que representaba.

El dinosaurio nos trajó de nuevo a la realidad con otro sonido gutural de sus fauces mientras se lanzaba a toda prisa en nuestra persecución. Como era de esperar, con mis capacidades díficilmente iba a dejar a atrás a un bicho con las patas entrenadas para cazar todo lo cazable y del tamaño de un bijuu del tamaño de un cocodrilo.

Un escalofrio recorrió mi espalda cuando el animal estaba ya casi alcanzandonos, me giré, sospechando que ya estaba a punto de lanzarse a nuestro cuello. Sin embargo, lo ví inmovilizado por una capa de hielo, me giré hacia Ayame confuso, ella parecía aliviada pero no sorprendida. ¿Había sido ella? ¿Había algo que no pudiera hacer aquella chiquilla?

El puente apareció unos minutos más tarde y ya no se oía ningún gruñido cercano, aún así di unos pasos más alejandome del bosque. La kunoichi se dejó caer en el suelo del puente, yo no pude. Me mantuve de pie, doblado y apoyando mis manos en las rodillas encarando el bosque del que acababamos de salir.

—Por... poco...

Te... lo dije...

La imagen de unos humanos especialmente peludos montando esos bichos a traves de tierras empantanadas invadieron mi mente, esa era mi imagen actualizada de los Kusagakureños.
Nabi
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#26
[sub=yellow]— Te... lo dije...[/color] —exhaló Senju.

Había conseguido mantenerse de pie, pero el esfuerzo también había hecho mella en él, doblegándole hasta el punto de obligarle a apoyar las manos en las rodillas para sostener el peso de su cuerpo y no caer redondo al suelo.

—¿A... qué... te refieres...? —preguntó Ayame, girando la cabeza hacia él. Una gota de sudor se resbaló por su frente.

Aún le ardían los pulmones del combate y de la carrera que se habían pegado. Además, aunque no presentara señal alguna en su cuerpo, sentía un intenso dolor en el pecho, allí donde el cocodrilo había hecho restallar su cola contra ella. Nunca le había sabido tan bien sentirse viva, sentir la brisa en la cara. Habían estado a punto de ser devorados por un reptil gigante que trataba de proteger desesperadamente a su prole. Quizás con demasiada desesperación.

Habían escapado por un pelo.

—No me vayas a decir nada ahora de dinosaurios, eh, Senju-san... —se atrevió a bromear.
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#27
—¿A... qué... te refieres...?

Me hubiera encantado responderle al instante con muchas exclamaciones y gestos exagerados, pero mi estomago amenazaba con abrir fuego si yo abria la boca. Eché la cabeza atrás, intentando recuperar más aliento del que había perdido. Esa chica tal vez me había salvado la vida, tal vez, igual me habría salido con la mía y, sin su ayuda, hubiera conseguido el mismo resultado.

Jamás lo sabría, sin embargo, en mi pecho ardía algo más que la carrera que acababa de marcarme o la estampada contra el suelo, ardía el sentimiento de orgullo estúpido. Aunque por su culpa nos involucraramos en ese follón, aunque si no hubiera estado ella yo no me habría metido en aquel bosque. Yo la seguí, y a raiz de eso casi me come un cocodrilo. Aquella idiota ya estaba a salvo, los animales se entretendrían conmigo y ella podría haberse ido hasta Amegakure si le hubiera apetecido, que volviera solo le complicó las cosas.

Apreté el puño con tal fuerza que creí que iba a hacerme sangrar clavandome las uñas.

—No me vayas a decir nada ahora de dinosaurios, eh, Senju-san...


Era tonta, sin duda alguna, pero yo era infinitamente más tonto. Suspiré y relajé mis puños. No podía odiar a alguien así. Tampoco era capaz de hablar con ella normalmente o de mostrar confianza. Estaba bajando la guardia con pensamientos como "si me quisiera ver muerto solo tendría que haberme dejado con los cocodrilos". Me estaba haciendo un caos mental de los que no se vuelve así que corte por lo sano.

¿¡Pero tú has visto el tamaño de ese bicho!? Ahora está claro, están criando cocodrilos para algún extraño y oscuro motivo. Además, de dinosaurio a cocodrilo no hay demasiada diferencia así que mi teoria es perfectamente valida.

Solté tan serio como pude cuando mi cuerpo me lo permitió. De paso di un par de pasos atrás repudiando el olor a bosque que emanaba el bosque, viva la redundancia (x2).
Nabi
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Aotsuki Ayame Sin conexión
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#28
— ¿¡Pero tú has visto el tamaño de ese bicho!? Ahora está claro, están criando cocodrilos para algún extraño y oscuro motivo. Además, de dinosaurio a cocodrilo no hay demasiada diferencia así que mi teoría es perfectamente valida.

Ayame resopló hacia el cielo.

—¿Pero tú has visto a alguien, aparte de nosotros, cerca de esos cocodrilos para decir que los están criando? Si me dijeras que hemos descubierto algo como... yo qué sé, una granja de cocodrilos, aún podría darte la razón. Pero yo lo único que he visto ahí eran dos padres protegiendo a su nidada...

Se incorporó, pero cuando lo hizo se le borró la sonrisa del rostro. A pocos metros tras la espalda de Nabi, Kōri contemplaba la escena con los brazos cruzados. Su rostro seguía sin mostrar ningún tipo de emoción, positiva o negativa, pero Ayame le conocía lo suficiente como para saber que estaba a punto de caerle una buena.

—Te había dicho que te quedaras en el puente, Ayame —dijo, acercándose a los dos muchachos. Sus ojos, gélidos como estalactitas de hielo, se clavaron en Nabi.

—L... lo siento... ¡Cuando te fuiste escuchamos un rugido y pensaba que te había pasado algo!
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#29
—¿Pero tú has visto a alguien, aparte de nosotros, cerca de esos cocodrilos para decir que los están criando? Si me dijeras que hemos descubierto algo como... yo qué sé, una granja de cocodrilos, aún podría darte la razón. Pero yo lo único que he visto ahí eran dos padres protegiendo a su nidada...

Suspiré y me pase la mano por la frente para quitar el sudor frio que me quedaba, frio porque se había levantado un fresquito que no era normal. La tensa mirada que Ayame echó a algo a mi espalda me puso en alerta, eso y un escalofrio en la nuca, como una mirada que ve más allá de mi pelo.

Me giré de golpe, alejandome instintivamente del peligro. Un tio más blanco que un copo de harina nos miraba lascivamente con más seriedad en el rostro que inutilidad en Kusagakure. Espera un momento, ese hombre me sonaba de haberlo visto antes... ¿No era el modelo que anunciaba los congelados en Mercakunoichi?

—Te había dicho que te quedaras en el puente, Ayame

Me giré a mirar a la amenia y por su cara podía decir que a pesar del tono monotono y sin practicamente nada de emoción aquellas palabras la habían hecho cagarse las patas abajo.

—L... lo siento... ¡Cuando te fuiste escuchamos un rugido y pensaba que te había pasado algo!

Podría haber pensado que se habían olvidado de mi, ya que hablaban entre ellos de forma familiar y enternecedora, por un lado acojonamiento y por el otro... nada. Super enternecedor. Pero tenía un par de ojos clavados en mi, así que tendría que decir algo, pensé.

Bueno, mi trabajo aquí ha terminado, os dejo con vuestras cosas amenias.

Entonces intentaría cruzar el puente trazando un circulo alrededor del señor estalactito como si acercarme demasiado a él pudiera explotarme la cabeza, o al menos congelarme las neuronas, para dos que tenía no era plan de sacrificarlas, sin perder el contacto visual con él hasta que él mismo dejara de mirarme.
Nabi
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#30
— Bueno, mi trabajo aquí ha terminado, os dejo con vuestras cosas amenias —dijo Senju, ajeno a toda aquella escena familiar. Bajo la atenta mirada de Kōri, el chico los rodeó como si temiera congelarse con su sola presencia y echó a andar para cruzar el puente de vuelta.

—¡Adiós, Senju-san! ¡Espero que nos volvamos a ver! —exclamó Ayame, agitando el brazo en el aire. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que se había quedado a solas con su hermano. Y que seguía con aquella anodina inexpresividad en su rostro. Se giró hacia él, con una sonrisa nerviosa—. Te... ¿Te puedes creer que estaba convencido que los de Kusagakure estaban entrenando dinosaurios o algo así? —le comentó, en un vago intento por cambiar de tema.

Pero Kōri golpeteó su brazo con el dedo índice.

—Tú y yo vamos a tener una charla en el regreso a casa, Ayame. Vamos.

Ayame tragó saliva, agachó la cabeza y siguió los pasos de su hermano de vuelta hacia Amegakure. La excursión hacia el Valle del Fin había terminado, y aunque no había conseguido averiguar nada nuevo sobre la batalla que sucedió entre los tres primeros Kage de Amegakure, Kusagakure y Uzushiogakure y las nueve bestias, se iba con una agradable sensación se haber hecho dos amigos nuevos. En realidad, no sabía si podía considerar a Senju como tal, pero el pliego que le había regalado Taeko, cuidadosamente enrollado para evitar que se estropeara, seguía dentro de su mochila.
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