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Estamos en Ceniza, Verano del año 218.
Últimos rumores: ¡Comienza el Examen de Chūnin! Uzushiogakure se viste con sus mejores galas para recibir a los invitados, y todos los participantes preparan los últimos detalles para enfrentarse a unas de las pruebas más duras durante sus carreras como shinobi.

Recomendamos estar atentos al tema del examen para no perder ningún detalle.

¡Segunda prueba en marcha!
Camino a la Perdición
#16
Con aire taciturno y los dientes apretados, Akame aguantó el chaparrón de réplicas de su compadre. Sí, sabía que tenía razón, pero aún así el resto de los motivos pesaban demasiado. No quería ir, no quería ver a nadie, no quería hablar del tema con nadie. En ese momento lo único que deseaba era poder lanzarse al mar y empezar a nadar, lejos, muy lejos de allí. Mudarse a vivir a alguna isla solitaria de Mizu no Kuni, o robarse un barquito y pasar el resto de sus días surcando los mares sin rumbo ni responsabilidades.

Pero claro, eso nunca pasaría. Al día siguiente, cuando despertase, seguiría siendo Uchiha Akame. Y todas las personas a las que amaba y a las que nunca volvería a ver seguirían muertas.

Finalmente bufó, molesto pero sin ser capaz de contestar a Datsue con argumentos razonados —por el simple hecho de que no los tenía—. Optó por una táctica vergonzosa y desesperada; la rabieta orgullosa del bebote.

¡Que no! ¡Que no voy a ir! —soltó finalmente, haciendo aspavientos—. Que no pinto nada, coño, y no quiero estar allí para que todos me trasladen sus penas y yo qué coño sé... —apretó los puños y bramó con rabia—. ¡Soy Uchiha Akame de Uzushio! ¡Soy el maldito Campeón del Torneo de los Dojos! ¡Soy un Hermano del Desierto! ¡Soy el jinchuuriki del Ichibi! ¡¡Nadie se compadece de mí!!

Soltó una furibunda patada al aire que levantó un puñado de arena, y de tan descuidado e iracundo su movimiento, que se torció el tobillo y cayó al suelo de boca. Se golpeó con fuerza pese a que el terreno —blando— amortiguó por sí solo la caída. Quiso volver a llorar otra vez, pero en lugar de eso se levantó de golpe y echó a andar hacia la Villa.

Ya me tengo que ir, Datsue-kun. Gracias por contármelo... —masculló, todavía dolorido—. ¡No te olvides de preguntar a Raito-sensei!

A medio camino pareció caer en la cuenta de algo; se dio la vuelta y volvió sobre sus pasos para recoger la botella de sake abierta, a la que sólo le faltaba el trago que le había dado Datsue. Sin mirar a su Hermano la tomó en brazos y huyó de allí a paso rápido. Iba a necesitarla esa noche.
Hablo - «Pienso» - Narro

Mangekyō utilizado por última vez:
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#17
Uchiha Datsue aguantó estoico el arrebato de furia de su Hermano. En parte, le comprendía. Él conocía muy bien aquella sensación de no querer recibir el pésame de nadie. De no querer oír cuánto lo sentían por él. De no querer tener que dar explicaciones. Lo había sentido una vez, hacía mucho tiempo, cuando su socia había muerto. Pero, al mismo tiempo…

… tuvo que aguantarse de darle un bofetón para quitarle la tontería. Quizá, debió hacerlo. ¿A qué venía ahora a que él era el Campeón del Torneo? ¿A que era un Hermano del Desierto? ¿De verdad lo hacía para no parecer vulnerable? ¿Para mantener su fama? La única razón por la que no le cruzó la cara, fue porque, muy dentro de sí mismo, seguía confiando en su Hermano. Seguía pensando que, en realidad, aquella tan solo era otra fachada, otro muro que alzaba para protegerse. Y de muros Uchiha Datsue entendía mucho. Demasiado.

Cuando Akame, fuera de sí, tropezó y cayó, Datsue hizo ademán de ayudarle a levantarse. Luego se lo pensó mejor y reculó. Tal y como estaba, recibir ayuda tan solo le heriría más en orgullo.

Le vio alejarse, cojeando visiblemente tras despedirse de forma precipitada y recordarle que hablase con Raito. Luego, a medio camino, dio media vuelta. ¿Para abrazarle? ¿Darle un puñetazo de rabia? ¿Pedir perdón? A aquellas alturas, se lo esperaba todo. Todo menos lo que realmente hizo, que fue llevarse la botella.

Suspiró, mientras dejaba caer la cabeza hacia atrás y cerraba los ojos.

Quizá fuese lo mejor. Ahogar las penas con una buena borrachera. Al día siguiente, Datsue le despertaría con un caldero de agua bien frío. Con suerte, pasada la enajenación mental, hasta le convencería de ir al entierro. Lo malo era…

… que últimamente no iba sobrado de suerte, precisamente.

¿Y ahora qué, Koko? —preguntó, mirando al cielo—¿Y ahora qué…?
Sellos de Rastreo implantados:

Un Uchiha no olvida

Objetivos:

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Posibles Aliados:

[Imagen: 49ee98dafe213ac79c85717af74fe2db.png]

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