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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
Como es Costumbre en el Sur
#16
Ambos se hallaban frente a la decrepita puerta, que Kazuma no dudo por un instante en abrir. Con un suave gesto, esta se corrió hacia un lateral, no sin antes quejarse esta con un estridente sonido. La pintoresca imagen que se podía observar en el interior, era tan inquietante como la del exterior.

Bajo una tenue luz anaranjada por las lamparas de aceite, se podían observar diversas figuras en el interior del negocio. Tanto hombres como mujeres en aquel lugar distinguían un largo espectro; algunos hombres eran grandes y voluminosos, llenos de cicatrices y tatuajes, otros sin embargo eran algo mas delgados y consumidos, y sin embargo, daban la misma sensación de hostilidad que los otros. Todas sus miradas se centraron en ella y su compañero debido al resplandor de luz al abrir la puerta.

Interesante —dijo tras observar el interior—. Pasemos.

«¿I-Interesante? ¿En serio? ¿Me estas vacilando?»

C-Con permiso — susurró de forma casi imperceptible, cerrando tras de ella la puerta y aligerando suavemente el paso, dirigiéndose hasta su compañero.

«Espero no tener que volver a verme involucrada en otra pelea de bar...» repetía en sus pensamientos una y otra vez mientras avanzaba por el local hasta Kazuma. Este se había acercado hasta la barra, Ryuko pensó que lo hizo en búsqueda de información, aguardando no quedarse en aquel lugar mucho rato, le siguió.

¿Van a ordenar algo, forasteros? — pregunto, con una voz ruda tras la barra el camarero, mientras limpiaba entre sus manos un vaso.

¿U-Un zumo de melocotón seria posible?— añadió intimidada levantando el dedo indice tembloroso.

No le apetecía ninguna bebida o comida en aquel instante, bastante tenia con no hacerse sus necesidades encima, pero decidió aceptar la invitación, con la esperanza de que el remedio no fuera peor que la enfermedad.
[Imagen: ForthrightLividAntelopegroundsquirrel.gif]

Allí donde debían bastar los poros de la tierra,
seres que solo debían arrastrarse han aprendido a caminar.


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#17
¿U-Un zumo de melocotón seria posible?— añadió intimidada levantando el dedo indice tembloroso.

El sujeto tras la barra le miro con extrañeza y levanto los hombros en señal de indiferencia, pues pedir aquellas cosas extrañas era algo típico en los forasteros. Luego observo al peliblanco, esperando que pidiese algo igual de extravagante.

Yo quiero unas gachas de avena, para sacarme el frio de encima.

Eh... Si, no tardara —Miro de reojo a Kazuma, sintiendo familiar aquella forma de pedir las cosas.

El hombre se retiró hasta desaparecer en las sombras de lo que debia de ser la cocina, refunfuñando un tanto por tener que hacer gachas y picar melocotones. Prefería simplemente servir un trago de alcohol y ahorrarse trabajo. Aunque aquello era mejor que darles una mala dosis de licor y que resultasen ser de aquellos extranjeros revoltosos y problematicos. Puso a hervir una olla de leche y comenzó a deshuesar la fruta, mientras sentía crecer su curiosidad sobre aquel par de recien llegados.

Te vez un poco fuera de lugar —bromeo Kazuma, mientras se sentaba a la barra y giraba una silla para su acompañante, invitandole a acomodarse bajo la macilenta luz—. Vamos siéntate y descansa un poco, llamaras la atención si te mantienes tan alerta.
[Imagen: tumblr_mylm16BBTs1rydwbvo1_500.gif]
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#18
Por la reacción del camarero, Ryuko determinó que desde luego había metido la patada, pero a este no pareció importarle demasiado. «El dinero es dinero, supongo.»

Yo quiero unas gachas de avena, para sacarme el frio de encima — añadió su acompañante poco después.

Eh... Si, no tardara —Miro de reojo a Kazuma, sintiendo familiar aquella forma de pedir las cosas.

Y acto seguido, este se retiro, fundiéndose en las sombras de la penumbra, dirección a la cocina. Blasfemando y maldiciendo por ambos platos que tenia que preparar desde cero, mientras seguramente se preguntaba una y otra vez, en que momento le pareció buena idea atender a dos extranjeros; y mas aún de temprana edad cuando seguro no tenían edad todavía para empinar el codo.

Te vez un poco fuera de lugar —bromeo Kazuma, mientras se sentaba a la barra y giraba una silla para su acompañante, invitándole a acomodarse bajo la macilenta luz—. Vamos siéntate y descansa un poco, llamaras la atención si te mantienes tan alerta.

Uuuh... Tal vez tengas razón — aceptó la invitación, y se sentó a su lado, todavía algo nerviosa.

Poco despues, Ryuko comenzó a mirar sus alrededores, intentando disimular observando las paredes, el techo y alguna lampara de vez en cuando, hasta que no pudo aguantarlo mas y se dirigió nuevamente hacia Kazuma.

Geeeez... ¿Como puedes aguantar este lugar? Todos nos miran como bichos raros, pero a ti se te ve muy suelto y comodo. — susurró colocando una mano en su propia mejilla, con la esperanza de que nadie la viera cuchichear y arqueó una ceja en señal de duda, esperando una respuesta tranquilizadora.
[Imagen: ForthrightLividAntelopegroundsquirrel.gif]

Allí donde debían bastar los poros de la tierra,
seres que solo debían arrastrarse han aprendido a caminar.


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#19
Geeeez... ¿Cómo puedes aguantar este lugar? Todos nos miran como bichos raros, pero a ti se te ve muy suelto y cómodo. — susurró colocando una mano en su propia mejilla, con la esperanza de que nadie la viera cuchichear y arqueó una ceja en señal de duda, esperando una respuesta tranquilizadora.

En realidad, siendo que vienen de un lugar que desconocen totalmente, en realidad es normal que los foráneos les parezcan bichos raros —señaló, arrojando una mirada distraída a las sombras del local—. Esta gente tiene vidas monótonas y tranquilas, y no les gusta que nadie altere ese orden; por eso están siempre atentos a los posibles problemas que puedan causar los visitantes.

Dudo por un instante y tamborileo la madera de la barra con sus dedos, como pensando en las palabras de la muchacha. Lo cierto es que había pensado que un ambiente de recelo general era algo habitual, pero allí parecía haber algo más que eso, algo sutil y difícil de definir.

Aunque si están un poco más alertas de lo que corresponde —reconoció—; pero mientras mantengamos las interacciones al mínimo no habrá problemas.

De entre las sombras surgió el tendero, llevando en una bandeja de madera desgastada el pedido de ambos muchachos: uno era un zumo de melocotón espeso y espumoso, de preparación sencilla; el otro era un tazón con unas gachas humeantes y viscosas. Ambas preparaciones estaban acompañadas por el típico pan de pueblo, pequeñas esferas medio dulces y ligeras.

El hombre detrás de la barra esperaría a que comenzasen a comer para dirigirles la palabra:

Y entonces…, ¿Qué trae a un par de chicos a un pueblo como este? —pregunto, con naturalidad y un interés no tan casual.
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#20
En realidad, siendo que vienen de un lugar que desconocen totalmente, en realidad es normal que los foráneos les parezcan bichos raros —señaló, arrojando una mirada distraída a las sombras del local—. Esta gente tiene vidas monótonas y tranquilas, y no les gusta que nadie altere ese orden; por eso están siempre atentos a los posibles problemas que puedan causar los visitantes.

«Si tu lo dices... » Pensó rezando porque mereciera la pena aquel incomodo lugar.

Aunque si están un poco más alertas de lo que corresponde —reconoció—; pero mientras mantengamos las interacciones al mínimo no habrá problemas.

Poco después, del mismo sitio por el que se había esfumado, apareció el camarero. Con una mano sostenía un plato humeante con gachas, y en el otro una gran jarra utilizada siempre para servir cerveza, pero el contenido de esta divergía bastante pese a parecer bastante espumoso.

Con el mismo silencio con el que se marcho, volvió hasta dejar los platos correspondientes a sus comensales. Ryuko observo la jarra de zumo dubitativa, tenia una gran cantidad de espuma y el color anaranjado era intenso, tenia muy buen aspecto, pero si eso sabía igual de mal que la gran masa de músculos que tenia al lado opuesto de Kazuma, no sabría que hacer para salir de aquel embrollo sin quedar mal delante del camarero.

Y entonces… ¿Qué trae a un par de chicos a un pueblo como este? —pregunto, con naturalidad y un interés no tan casual.

Yo... Me perdí —añadió con pesimismo; Oda estaba harto de regañarle por ello, ya no solo se perdía en ocasiones en la propia ciudad, si no que también le ocurría en el mismo barrio. —Un amable hombre que tiraba de un carro con su mula nos recogió; nos advirtió de que deberíamos esperar por aquí hasta que la niebla se disipara.

Ryuko comenzó a trazar círculos alrededor del vaso mientras hablaba, de la misma forma que lo hace un músico en búsqueda de una nota.
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Allí donde debían bastar los poros de la tierra,
seres que solo debían arrastrarse han aprendido a caminar.


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