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Una nueva generación (¡Final de temporada!) T1

Tras la muerte de la mayoría de Señores Feudales a manos de la banda de criminales Dragón Rojo en el Torneo de los Dojos, el mundo ha pegado un giro de 180 grados. Las sombras de un nuevo Daimyo en el País de la Espiral preocupan a Sarutobi Hanabi. En el País de la Tormenta, Amekoro Yui ha creado secretamente el cargo de Tormenta mientras hace creer al resto del mundo que es la nueva Señora. En el País del Bosque, el único Daimyo superviviente teme por su vida. Pero no sólo los Tres Grandes han visto el status quo totalmente quebrado.

En el País del Fuego se extendió el caos, y hace tiempo ya que el Jūchin del Valle de los Dojos lo conquistó, expulsando a unas mafias que todavía colean, buscadas por los sámurais. En el País del Viento hay una cruda guerra civil a varios bandos, y en el de la Tierra hay rumores de que una está a punto de llegar. El País del Agua, quizás, esté en el centro de todo. Y si no lo está, debería preocuparse por demostrarlo, pues las sospechas sobre Umigarasu crecen cada vez más. Las aldeas saben que algo planea, al principio con Dragón Rojo, ahora quizás al margen de Dragón Rojo, según las últimas informaciones.

Pero quizás estos asuntos no sean más que la punta del iceberg de las amenazas de los ninjas. Kurama, junto a sus Generales, asegura ser el próximo Emperador de Oonindo. Nadie lo dice abiertamente, pero todo el mundo sabe que algún día presentará la guerra a las puertas de cualquiera de nosotros.
#16
El joven shinobi suspiró y asintió. Ayame tenía razón en todo lo que acababa de decir.

-Estás en lo correcto... tampoco tengo dinero...- Le dijo en voz baja mientras atendía a los niños.

El hombre mayor, padre de la mujer que recién había balbuceado unas palabras de ayuda por el hambre de aquel pueblo, se adelantó un poco del grupo de acompañantes y, en respuesta a la pregunta de la kunoichi, habló.

-Este invierno ha sido más duro de lo normal... mi hija, ha cuidado bien de la granja de la familia y se estuvo quedando hasta tarde en medio de las nevadas, tratando de quitar la nieve de los cultivos y... por eso enfermó...- El hombre suspiró. -Aún nos queda algo de la anterior cosecha pero el racionamiento ha llegado a 1/8 de porción por persona... así que el jefe de la aldea hizo un acuerdo arriesgado... prometió nuestra próxima cosecha a algunos comerciantes de Tanzaku en cambio de carne... algo que resista el invierno... pero unos bandidos se enteraron e impusieron un peaje en el camino... tenemos miedo de que denunciar esto ante las autoridades, que pudiera causar un ataque por parte de los bandidos...-

Hayato frunció el ceño. Se desplazó hacia el cuerpo de la hija del hombre que acababa de hablar, con sus palabras aún atravesándole su cerebro.

-Ayame... bueno, ya sabes... lo siento... los trapos, el agua...- Dijo algo distraído mientras examinaba el cuerpo de la mujer, quien, después del anciano, era la que en peor estado se encontraba, más por la desnutrición que por la neumonía.

"Tengo que hablar con el jefe de la aldea... pero no le puedo pedir a Ayame que me acompañe... no quiero molestarla más... Pensó, sintiendo como su demonio interno, llamado ansiedad social, lo carcomía desde que se había hecho su "jinchuuriki" cuando murió su hermano, causando un temblor en sus dedos y en sus labios, así como una helada tormenta en su estómago. "Estas personas no pidieron un médico si no también un ninja... creo que esa era su intención... ¿será lo mismo con Ayame?" Su mente seguía dando vueltas y se aisló del mundo.
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#17
Estás en lo correcto... tampoco tengo dinero... —confesó Hayato.

Y Ayame torció el gesto visiblemente. Si entre los dos apenas tenían para gastarse en ellos mismos, podían irse olvidando de alimentar a toda aquella gente. Por muy malas que fueran las circunstancias, dudaba que ningún mercader fuera a ofrecer su mercancía gratis al primero que pasara por allí y le suplicara ayuda. En ese momento, un hombre entrado en edad, y que había estado acompañando a la misma mujer que les había pedido ayuda, se adelantó.

Este invierno ha sido más duro de lo normal... —dijo—. Mi hija, ha cuidado bien de la granja de la familia y se estuvo quedando hasta tarde en medio de las nevadas, tratando de quitar la nieve de los cultivos y... por eso enfermó... —suspiró, con pesar—. Aún nos queda algo de la anterior cosecha pero el racionamiento ha llegado a un octavo de porción por persona... así que el jefe de la aldea hizo un acuerdo arriesgado... prometió nuestra próxima cosecha a algunos comerciantes de Tanzaku en cambio de carne... algo que resista el invierno... pero unos bandidos se enteraron e impusieron un peaje en el camino... tenemos miedo de que denunciar esto ante las autoridades, que pudiera causar un ataque por parte de los bandidos...

Ayame frunció el ceño, sombría, al escuchar las palabras del hombre. La rabia hervía en sus entrañas, como una olla a presión. ¿Cómo podía existir gente tan desgraciada? Aprovecharse de esa manera de la tragedia de un pueblo que estaba luchando por sobrevivir al crudo invierno...

«De la peor calaña de humanos...» Susurró la voz de Kokuō en su mente, compartiendo los mismos sentimientos que la kunoichi.

Ayame... bueno, ya sabes... lo siento... los trapos, el agua... —le recordó Hayato, sacándola de sus pensamientos, recordándole su deber.

S... ¡Sí! Enseguida, perdón —Ayame regresó junto a la olla con agua y procedió de forma casi mecánica, siguiendo los mismos pasos que en las ocasiones anteriores. Pero su cabeza estaba en otra parte—. Oye, Hayato —se dirigió a él al cabo de varios segundos, con el gesto muy serio—. Tenemos que hacer algo. No podemos abandonarles de esta manera. Hay que acabar con esos bandidos y poner fin a este... peaje. Pero esta gente necesita atención también... Quizás deberíamos separarnos.
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#18
Estaba consiente de que no era tan fuerte como para aportar en aquella misión, considerando que la kunoichi tenía evidentemente más experiencia que el iryo-nin. Lo mejor que podía hacer era lo que sabía, y cuidar de aquellas personas. Pero también, antes que médico, era un ninja y quería pelear, hacer algo por ellos.

Permaneció en silencio unos segundos mientras atendía a la mujer, antes de responder a lo que dijo Ayame.

-S...supongo que no necesitarás mi ayuda, si...- Respondió a Ayame en voz baja, mientras terminaba de atender a su último paciente.

Pero sus palabras de resignación no coincidan con sus ojos. Tenía el ceño fruncido y bajo la mascarilla sus labios estaban apretados en una fina línea, y la tensión en su mandíbula era evidenciable en su cuello. Odiaba realmente que todo esto le estuviera pasando a aquel humilde pueblo.

Se puso de pie y miró a sus cuatro pacientes. El anciano respiraba un poco más tranquilo, los niños ya hablaban en voz baja entre ellos sonriendo y la mujer dormía, aun respirando agitada, pero el vapor del agua caliente redujo el ronquido general de todos los enfermos.

-Los acompañantes si desean ya pueden estar con sus familiares. Cuando las toallas estén tibias, quítenselas. De vez en cuando, hagan ejercicios de respiración con ellos. Inspirar por 4 segundos, sostener 2 segundos y expirar por 4 segundos y manteniendo otros 2 segundos antes de volver a inspirar...- Les dijo tranquilamente luego de quitarse el cubrebocas.

Como si tuvieran un resorte, los familiares de los enfermos corrieron a ver a sus familiares, sentándose junto a ellos y Hayato sonrió.

Tomó la cacerola, ya mucho más liviana y fría, y se quedó mirando a su interior.

-Me gustaría ir, no te lo niego, pero tienes razón. Estaré al pendiente si necesitas... algo...- Dijo algo distraído aún viendo el fondo de la cacerola. -Buena suerte- Finalmente miró a Ayame, sonriéndole sinceramente. -Esperaré un poco a que se enfríen las toallas y tal vez iré por más agua. Si esos bandidos tienen medicinas, te las encargo.-
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#19
S...supongo que no necesitarás mi ayuda, si... —respondió Hayato, apretando la mandíbula y frunciendo el ceño.

Y a Ayame no se le pasó por alto. Era consciente de la frustración que sentía el chico, de sus ganas de ayudar en el frente de batalla; pero si alguien debía quedarse cuidando de los enfermos, ese era él. Aunque muchos de ellos parecían encontrarse mejor, a juzgar por el sueño plácido de alguno y el ánimo renovado de otros, nada les aseguraba que no pudieran recaer en cualquier momento. Y él era el médico y Ayame no tenía experiencia cuidando de enfermos, por lo que no tenía sentido sugerir siquiera la idea de intercambiar papeles.

Los acompañantes si desean ya pueden estar con sus familiares —indicó Hayato, con la misma autoridad y seguridad que había demostrado hasta el momento—. Cuando las toallas estén tibias, quítenselas. De vez en cuando, hagan ejercicios de respiración con ellos. Inspirar por 4 segundos, sostener 2 segundos y espirar por 4 segundos y manteniendo otros 2 segundos antes de volver a inspirar...

Y los familiares corrieron para comprobar el estado de sus seres queridos. Hayato se quitó la mascarilla, y Ayame, junto a él, le imitó.

Me gustaría ir, no te lo niego, pero tienes razón. Estaré al pendiente si necesitas... algo... —añadió, dirigiéndose a Ayame, que sonrió con suavidad.

Toma esto. Siempre llevo uno de repuesto por si acaso —dijo, rebuscando en su portaobjetos. De él sacó un pequeño comunicador que le tendió a Hayato. Y, mientras se señalaba su propia oreja, añadió—. Con esto estaremos en contacto. Si necesitas ayuda o cualquier cosa, háblame por él y estaré aquí en un parpadeo. Literalmente —añadió, guiñándole un ojo—. Yo me encargaré de los bandidos y de las medicinas. ¿Sabes dónde debo ir para encontrarlos?
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#20
Hayato tomó el comunicador, esbozando una leve sonrisa. Lo giró levemente entre sus dedos antes de acomodarlo en su oreja.

-Si, supongo que es más probable que yo necesite ayuda.- Dijo antes de soltar una leve risa sincera. -Sin embargo, si ves que necesitas algo, también estaré allí... pero tal vez me tarde algo más que varios parpadeos.- Respondió ante el ofrecimiento de la kunoichi, devolviéndole el guiño del ojo.

-El hombre dijo que eran unos comerciantes de Tanzaku. Normalmente, estas personas toman rutas transitadas y cortas por seguridad, entonces probablemente el peaje estará en la ruta a esta ciudad...- Dijo Hayato, pero rápidamente fue corregido por el anciano, quien los estaba escuchando acariciando la cabeza de su hija.

-Disculpe, shinobi, pero no están en esa ruta.- Dijo con un tono sombrío pero amable. -Esos malditos son tan malos como inteligentes. Los comerciantes vienen del puerto al sur, de Taikarune. Llevaban varios cargamentos para venderlos en Tanzaku, entre los cuales estaba el nuestro y lo traían directamente hacia acá. Éramos su prioridad... Pero los bandidos pusieron el peaje cerca a la aldea, a unas cuantas horas de aquí, en la ruta al puerto. Así, si pedíamos ayuda, podrían arrasarnos antes de que esta llegara...-

Hayato frunció el ceño. -Pero no esperan que Minori se defenderá .- Dijo, con un gesto de asentimiento dirigido a Ayame. No dudaba que la chica podría con los bandidos, pero el estaría preparado para recibirlos.
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#21
Si, supongo que es más probable que yo necesite ayuda —dijo Hayato, girando el comunicador entre sus dedos con una ligera risa—. Sin embargo, si ves que necesitas algo, también estaré allí... pero tal vez me tarde algo más que varios parpadeos.

Ayame asintió, correspondiendo a su sonrisa.

¡Sin problema!

El hombre dijo que eran unos comerciantes de Tanzaku —agregó, respondiendo a su anterior pregunta—. Normalmente, estas personas toman rutas transitadas y cortas por seguridad, entonces probablemente el peaje estará en la ruta a esta ciudad...

Disculpe, shinobi, pero no están en esa ruta —le corrigió el anciano, que se había acercado, con el rostro sombrío, para intervenir en la conversación—. Esos malditos son tan malos como inteligentes. Los comerciantes vienen del puerto al sur, de Taikarune. Llevaban varios cargamentos para venderlos en Tanzaku, entre los cuales estaba el nuestro y lo traían directamente hacia acá. Éramos su prioridad... Pero los bandidos pusieron el peaje cerca a la aldea, a unas cuantas horas de aquí, en la ruta al puerto. Así, si pedíamos ayuda, podrían arrasarnos antes de que esta llegara...

«Desde Taikarune... Eso está a medio día andando hacia el sur.» Reflexionó Ayame. Afortunadamente, no parecía que fuera a tener que caminar tanto: los bandidos habían colocado su campamento a unas pocas horas de Minori, de camino a Taikarune.

Con suerte, Ayame podría recortar aún más esas horas.

Muchas gracias por la información, buen hombre. —Ayame inclinó la cabeza, y después se volvió hacia Hayato—. Te dejo a cargo de los enfermos, yo iré a toda velocidad hacia el sur. Ya sabes, si necesitas cualquier cosa... —añadió, señalándose el comunicador en la oreja izquierda en una muda pero clara indicación.

Después, se despidió alzando la mano y echó a correr hacia el exterior del colegio. Se detuvo, sin embargo, nada más atravesar la puerta principal y trepó con ayuda de su chakra hasta llegar al tejado. Se acuclilló momentáneamente y se mordió el dedo pulgar para dibujar en el suelo el kanji de la luna.

Bien... —asintió para sí, satisfecha. Después, con la mano aún ensangrentada, entrelazó las manos en varios sellos y estampó la mano en el suelo. Una densa nube de humo estalló, envolviéndola por completo durante unos segundos, y su estómago dio un vuelco cuando sintió el cuerpo emplumado del halcón gigante aupándola en el aire—. ¡Takeshi, necesito tu ayuda! —exclamó, para hacerse oír por encima del rugir del viento. Resollaba ligeramente por el súbito gasto de chakra utilizado, pero aquello no había hecho más que empezar.

¡Cómo no! —rio el ave, batiendo sus poderosas alas—. ¿De qué se trata esta vez?

¡Tenemos que ir al sur de Minori lo más rápido que puedas! ¡Unos malnacidos están extorsionando a estas gentes y les han cortado los suministros de comida! ¡Vamos a enseñarles una lección!

¡Estaremos allí antes de que termines de pronunciar "Minori"! —resolvió Takeshi, quien, con un último chillido, batió con aún más fuerza sus alas y se lanzó hacia el sur con toda la velocidad de la que siempre hacía gala y de la que tanto se enorgullecía. Ayame tuvo que agarrarse con más fuerza e inclinar el cuerpo hacia delante para no verse empujada por la inercia.

Ahora sólo les quedaba dar con aquellos condenados bandidos.

CK:

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-100 CK


Técnicas utilizadas: Kuchiyose: Sentō no Dōbutsu
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#22
Hayato se limitó a asentir con una sonrisa cuando Ayame le encargó a los enfermos y le señaló el comunicador. Pensó en salir con ella para ver a que se refería con un parpadeo, pero en ese momento uno de los niños comenzó a toser descontroladamente, por lo cual el ninja médico corrió a atenderlo.

-Tranquilo... respira... 1... 2.... 3.... conmigo...- Le dijo de forma tranquilizadora, posando suavemente su mano sobre su pecho, tratando de guiar sus respiraciones con la suya propia. Entre toses, el niño consiguió mantener el ritmo en la respiración, y poco a poco las toses fueron disminuyendo

Sin embargo, a Hayato no se le escapó el sonido de unos pasos en el techo de la escuela y luego el sonido de un fuerte aleteo.

"Un jutsu de invocación... por eso decía con un parpadeo" Pensó con una sonrisa que se amplió aún más al escuchar el chillido de un animal claramente enorme.

Su nombre significaba "Halcón" y el nombre de su fallecido hermano significaba "Cielo". ¿Por qué sus padres habían elegido esos nombres para ellos? A veces soñaba que volaba, pero ¿Quién no soñaba con volar? El chillido que escuchó lo reconoció como de un halcón ¿Era una señal?...

-Disculpe, shinobi... ¿se encuentra bien?- Interrumpió sus pensamientos el padre de la mujer enferma y se dio cuenta que estaba mirando hacia el techo con cara de idiota, como solía pasarle.

-S...si, lo siento... iré... iré por más agua... abriguen bien a todos...- Dijo algo distraído.

-Entendido. Iré por más cobijas para todos.- Dijo el anciano y salió delante de Hayato, quien caminaba pausadamente hacia la salida con la cacerola en la mano.

Al salir al frío del exterior miró hacia el sur y vio un enorme halcón, que ya parecía una paloma por la distancia a la que se encontraba. Miró después a nivel del suelo y trató de divisar la lejanía. ¿Habrán partido los bandidos a Minori para cumplir sus amenazas?
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#23
Ayame surcó los cielos del País de la Espiral a lomos de Takeshi a toda velocidad. Hacia el sur, siempre hacia el sur. Dado que estaban en invierno, el aire era frío y cortante, y pasaba a través de su cuerpo como una oleada de kunais, haciendo aletear su capa de viaje tras su espalda. La kunoichi hacía lo posible por mantenerse caliente, inclinándose sobre el cuerpo del gigantesco halcón y rastreando con sus ojos la inmensidad del océano verde que se extendía a varios metros por debajo de ellos.

¿Qué piensas hacer con ellos cuando los veas?

¡De momento, observarlos! —gritó, para hacerse oír por encima del viento—. ¡Pero tus ojos son mejores que los míos, estate atento por si vieras algo!

¡Ni un conejito escaparía a mi vista de halcón!

«Tengo que darme prisa y regresar con Hayato cuando antes...»
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