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Una nueva era T5

Tras la muerte de la mayoría de Señores Feudales a manos de la banda de criminales Dragón Rojo en el Torneo de los Dojos, el mundo ha pegado un giro de 180 grados. Las sombras de un nuevo Daimyo en el País de la Espiral preocupan a Sarutobi Hanabi. En el País de la Tormenta, Amekoro Yui ha creado secretamente el cargo de Tormenta mientras hace creer al resto del mundo que es la nueva Señora. En el País del Bosque, el único Daimyo superviviente teme por su vida. Pero no sólo los Tres Grandes han visto el status quo totalmente quebrado.

En el País del Fuego se extendió el caos, y hace tiempo ya que el Jūchin del Valle de los Dojos lo conquistó, expulsando a unas mafias que todavía colean, buscadas por los sámurais. En el País del Viento hay una cruda guerra civil a varios bandos, y en el de la Tierra hay rumores de que una está a punto de llegar. El País del Agua, quizás, esté en el centro de todo. Y si no lo está, debería preocuparse por demostrarlo, pues las sospechas sobre Umigarasu crecen cada vez más. Las aldeas saben que algo planea, al principio con Dragón Rojo, ahora quizás al margen de Dragón Rojo, según las últimas informaciones.

Pero quizás estos asuntos no sean más que la punta del iceberg de las amenazas de los ninjas. Kurama, junto a sus Generales, asegura ser el próximo Emperador de Oonindo. Nadie lo dice abiertamente, pero todo el mundo sabe que algún día presentará la guerra a las puertas de cualquiera de nosotros.
#1
Debido a que ya tengo otra misión en curso con Kaido, no cobraré recompensa de esta.
Despedida, Año 220


Nao recibió temprano en la mañana a un mensajero, quién le había llevado un pergamino de misión. Cuando no tenía nada planificado, solía quedarse dormido hasta tarde, pues pese a todo aún no estaba acostumbrado a ese cambio de ser civil a militar, donde en cualquier momento podían llamarle para una misión, como era el actual caso. Tras pasar muchos años bajo la tutela de su abuelo, ahora el joven prefería tomarse algunas libertades de la soledad, como elegir cuando y como hacer las cosas.

No es que pensara que su vida anterior era un encierro, pero de una u otra forma estaba en su etapa de adolescente rebelde, pese a que él no fuese a admitir que es mucho más impulsivo de lo que quiere aparentar.

De igual manera trataría de ser puntual, pues al menos se preocupaba de dar una buena imagen a los demás. Sin embargo, cuando leyó el contenido del pergamino no puedo evitar tener un bajón moral, pues se notaba que a simple vista era un trabajo sencillo y para nada complicado. Ergo, aburrido. Se volvió ninja para vivir aventuras, no para ser el mandadero personal del primer tipo con algo de dinero. No estaba nervioso en lo absoluto, más bien estaba desganado, pero eso no impidió que su maña saliese a flote y cediese a su deseo de sacar un pincel y metérselo a la boca, moviéndolo de arriba a abajo con ritmo.

Se alistó como de costumbre, tardándose más de lo habitual en su peinado. Por muy temprano que fuese quería lucir impecable. Tomó su peculiar karakasa y partió rumbo al distrito comercial con galante andar. Ciertamente era un chico de nieve que aún no aguantaba el agua. Siguió cuidadosamente las indicaciones del pergamino para llegar a dónde se le citó, pues aparentemente tendría algún compañero de labores quién seguramente habría recibido un pergamino como el de él. Con mucha precaución y curiosidad ladearía a los lados buscando a quién pudiese tener alguna bandana shinobi, esperando que pudiesen luego ir juntos a concretar el encuentro con su cliente.

Si bien lucía impecable, su cara no estaba muy animada que se diga, y se limitaba a morder el pincel mientras alzaba levemente la vista al nublado cielo. «La vida ninja no es ni de cerca como lo pintan las historias...»


(D) Si las paredes hablasen


Publicada en: Ame
Rango recomendado: Genin
Solicitante: Nadeshiko Karako
Lugar: Sección suroeste del Distrito Comercial

En días recientes, una banda de delincuentes realizó distintas pintas y graffitis en las paredes de los callejones y también en las fachadas de distintos comercios de una zona específica del distrito comercial. La agrupación de comerciantes del sector está enfurecida pues la mala imagen generada por las pintas de los vándalos alejan a los clientes y causan que tenga el aspecto de un lugar de mal vivir. Se ha solicitado por lo tanto, que un par de genin puedan limpiar los distintos establecimientos, que permanecerán cerrados para facilitarles el trabajo y puedan proceder tranquilamente sin que los transeúntes los molesten. Pueden avocarse al último local indicado en el mapa adjunto dónde la Señora Karako les brindará los utensilios necesarios para su labor.
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#2
El día anterior había sido toda una odisea para el joven Uchiha. A duras penas había lograr aprobar el examen de graduación de la academia militar de la aldea. Ese día, todos sus compañeros hicieron alarde de sus increíbles habilidades, sin embargo, el no pudo sobresalir de ningún modo.

«¿Me habré equivocado con esta decisión?», se preguntaba a sí mismo.

El ahora genin, sostenía con su mano derecha la bandana insignia de la Aldea de la Lluvia. Su cuerpo se mantenía recostado en su cama y sus ojos no dejaban de ver la insignia de la villa mientras pensaba sobre su futuro incierto y su falta de confianza.

—¡Tadashi alguien te busca! —interrumpió su madre desde la entrada del departamento.

«¿A mí? —se sorprendió—. ¿Quién puede ser?» —se dijo levantándose de la cama.

¡Ahora voy! —dijo en un tono de voz alta.

El genin terminó de colocar sus pies en el suelo y salió en carrera hacia la puerta principal. Una vez que sus ojos dieron con la entrada de su casa, tuvo algo de miedo en un principio. En la puerta se encontraba un ninja oficial de la aldea.

—¿Uchiha Tadashi? —preguntó con una voz profunda.

Tadashi tragó saliva y acto seguido afirmó con su cabeza.

Sí, soy yo —respondió.

—Esto es para ti —dijo el ninja desconocido arrojando un pergamino a las manos del joven.

Sin decir nada más, el shinobi desapareció instantáneamente, como si se hubiese desvanecido. Daina, su madre, quien no se había despegado de la puerta en todo momento puso un gesto de enojo.

—¡Que mal educado! —exclamó.

Es normal madre, es un ninja de la aldea… Así es como se supone que deben ser «Y algún día yo también lo seré», pensó eso ultimo solo para él.

—Bueno ábrelo —dijo Daina acercándose.

El Uchiha obedeció a su madre y en cuestión de segundos, el documento se encontraba de par a par, revelando su contenido. Los ojos de Tadashi iban de un extremo al otro, leyendo rápidamente la información y al finalizar, su mirada buscó los ojos de su madre.

¡Es mi primera misión! —dijo sonriente y al mismo tiempo asustado.

Un manojo de emociones se remolinaron en el interior del Uchiha, su genética le decía que existía para ser ninja pero su falta de confianza lo convencía de lo contrario.

—¿¡Qué tan pronto!? —expresó su madre preocupada arrebatando el documento de las manos del genin para leerlo por ella misma.

¡Mamá no! Se supone que es un documento extremadamente confidencial de la aldea —se quejó.

—Gracias al cielo no es nada peligroso —dijo aliviada ella.

El ninja no sabía si tomarse eso como algo bueno o algo malo para él. Aun así su sonrisa no había desaparecido de su rostro.

—¿Y qué esperas? Ya falta poco para que sea la hora indicada en el pergamino —A su manera Daina lo apoyaba.

Si —afirmó el.

El ninja regresó a toda velocidad a su cuarto para buscar su porta objetos, el cual modestamente contaba con dos kunais dentro de él; era lo que hasta ese momento podía costearse y los había obtenido con trabajos y esfuerzo propio. Amarró su balsa por detrás de su espalda baja y verificó su contenido. Inmediatamente tomó la bandana que había obtenido el día anterior y la amarró en su cintura. En definitiva, estaba orgulloso de ese símbolo; pero no tanto de lo que representaba literalmente, la lluvia.

«Excelente, hoy no llueve», se dijo sorprendido mientras su cara apuntaba al cielo.

El joven había salido de su casa y ahora se disponía al lugar de encuentro, pues el pergamino detallaba que su misión seria en conjunto a otro ninja. Tadashi no sabía de quien se trataba pero estaba seguro que si no caia la lluvia ya iba a ser un buen día para él.

Pasaron los minutos y el Uchiha llegaría al lugar de encuentro. Algunas personas pasaban de un lado a otro, unos pocos con una bandana muy parecida a la suya, pero que parecían estar concentrados en llegar a un lugar específico por lo que así como venían pasaban de largo. Fue entonces que Tadashi se percató que había una persona que parecía andar sin rumbo pero sin alejarse de la zona. Mordía un pincel con su mandíbula y observaba las nubes grises.

El genin se acercó cuidadosamente hasta acercarse a ese desconocido y miró también las nubes. Estaban exactamente igual que cuando salió de su hogar. Luego de detallarlas bajó su vista al rostro del desconocido.

Hace un clima agradable ¿No es así? —soltó con una sonrisa en sus labios.
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#3
Mientras oteaba el cielo, el sonido de unos pasos le indicaron que algo o alguien se acercaba a su posición. «¿Qué tenemos aquí...?» Un chico se acercó a él, que bien podría tener más o menos su misma edad. Pero el detalle que tanto esperaba, se encontraba en la bandana de Amegakure anudada en su cintura. ¿Sería él a quién había estado esperando? Fuera de ello, su aspecto no le daba ningún otro indicio, salvo que era de su mismo rango.

—Sí me lo pregunta a mí, sí —afirmó con una muy tenue sonrisa. —Soy Akamatsu Nao, genin de Amegakure— Se presentó con una reverencia antes de continuar con la conversación. —Aunque si me lo pregunta, es raro que en esta aldea consideren la ausencia de lluvia como un buen clima. Si me deja saciar mi curiosidad, ¿no le agrada la lluvia?— Volteó de nuevo a ver a las grisáceas nubes que dejaban ver algunos rayos de sol a través de él.

Nao, pese a llevar ya un par de años viviendo en la aldea, de alguna manera aún se sentía como una especie de forastero, ajeno a las costumbres y las tradiciones de la villa. Era consciente, de que en aquellas tierras la ausencia de tempestad era un signo de mal agüero, pero para alguien de montaña como él todas esas creencias se le antojaban completamente lejanas e impropias de su persona. He ahí la razón, por la que se mostraba extrañado de que alguien de manera tan contenta afirmarse que era un buen día.

—Cambiando de tema, ¿ha venido por la misión? Esperaba a alguien, pues se me informó que estaría acompañado en esta misión y al verle llegar hasta esta posición deduje sería usted. — Se giró para dirigir su mirada directamente al pelinegro —Corríjame si me equivoco; lamento si son demasiadas suposiciones. —aseveró.

Solía ser extremadamente formal con quién se le pusiese enfrente, o al menos así lo era con sus colegas de oficio.
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#4
El ninja que observaba en primer lugar el firmamento, terminó por presentarse, decía llamarse Nao Akamatsu. Después de soltar su nombre a buenas y primeras la curiosidad termino por invadir su cuerpo hasta el punto de preguntar a ese desconocido sobre sus preferencias sobre el clima. Tadashi no era fanatico de la lluvia, de hecho la odiaba.

En lo absoluto —negó con su cabeza.

Al Uchiha le costaba mucho trabajo realizar sus entrenamientos al aire libre, pues su naturaleza elemental se contraponía al clima incesante de la infinita lluvia de la aldea y por consiguiente, lo que para muchos era tomado como una señal negativa de la naturaleza, para Tadashi era un día de alivio y de descanso. Adoraba los días en que solo nubes podían observarse en el firmamento y no lo podía ocultar.

Prefiero los días tal y cual como hoy —reveló a Nao.

El ninja de mayor experiencia hablaba en una forma muy respetuosa, sin embargo, las preguntas tan directas hacían contraste en su conversación, o al menos de esa forma lo sintió el Uchiha.

«¿Acaso el será el otro ninja?», pensó fugazmente.

Bueno no lo tengo del todo seguro —apenado, el ninja acomodó sus anteojos con el dedo índice de su mano derecha—. Es decir… También tengo una misión y debía reunirme en este punto con otro ninja y a no ser que otra persona aparezca, sus suposiciones serian correctas.

Tadashi observó en varias direcciones, tratando una última vez de buscar a alguien más que cumpliese con la descripción de un ninja, fracasando en el intento.

¿Fuiste convocado para la misión Nadeshiko? —interrogó al Akamatsu.
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#5
—Vaya, de alguna manera es tranquilizador saber que no soy la única persona que no gusta de la lluvia en un sitio dónde la tempestad es perenne —. Soltó una risa suave ante su propia afirmación.

Y aún así, pese a que ese día no llovía, siempre llevaba su paraguas. Independientemente de que estaba seguro que la lluvia iba a volver en cualquier momento, aunque no fuese así, igual lo llevaría.

—Y en efecto, el nombre coincide con el pergamino que me otorgaron, así que estamos juntos en esta misión — Asintió suavemente con la cabeza, para luego darse la vuelta observando el callejón. —Según el mapa el local de la señora Nadeshiko se encuentra al fondo —.apuntó con su mirada. —¿Vamos? —. Dijo mientras empezaba el mismo la marcha para dar el ejemplo.

Como se indicó, todos los negocios estaban cerrados y con las luces apagadas, causando un gran contraste con el bullicio habitual de la zona. Era ahí mientras avanzaran, que podrían percatarse del daño causado: pintas por todos lados; puertas, ventas y paredes por igual, nada se salvaba. Sin embargo, algo no estaba bien. «Esto no es simple vandalismo...» Más que garabatos, se trataba de letras... Mensajes.

"No perdonemos, no olvidemos la Ciudad Fantasma".

A su paso, más consignas se hallaban escritas:

"La verdad está escrita en los libros", "No manchemos la memoria de los que están en el cementerio del Gobi", "No creeremos en los bijuu", "La historia no puede cambiarse".

Nao, repasaba con atención los mensajes y podía darse cuenta de por dónde iban los tiros. Pero, ¿debía importarle? A veces, se sentía como si el mundo ninja y los enormes problemas, no fuesen de él. La abierta voluntad a colaborar con las bestias con cola causó cierto revuelo cuando se supo, aunque las tensiones políticas tras el incidente del Torneo de los Dojos habían acaparado toda la atención. «Pero parece que aún hay gente con el suficiente tiempo libre para preocuparse por esto.» Él era, neutral ante esa opinión. Nuevamente, su falta de sentido de pertenencia no le permitía vivir con emoción las situaciones que le rodeaban.

—Por cierto —.soltó de pronto. —Debido a mi impertinencia y mi falta de paciencia, ni siquiera tuve la oportunidad de recibir un nombre en respuesta —volvió su mirar a su compañero, quién aún no se había presentado.
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#6
Por lo visto, Tadashi no era el único miembro de la aldea que no tenía una afición por la lluvia. Le reconfortaba saberlo, pues podía convencerse a si mismo que no era un bicho raro ni nada por el estilo. A decir verdad, con ese otro chico, sería la primera vez que conociese a alguien que compartía sus gustos por el clima. El Uchiha tenía sus razones personales, pero ignoraba completamente las razones de su nuevo compañero de misión.

Inmediatamente luego de haber expuesto su gusto climático, Nao daría a conocer que al igual que Tadashi, el había recibido un pergamino de misión con el cliente que respondía al nombre de Nadeshiko. Para él era grato saber que había encontrado a la persona que había estado buscando, sin embargo recordó que a partir de ese momento comenzaría verdaderamente la misión y no sabía si estaba a la altura como para cumplirla con éxito o si por el contrario, fracasaría en el intento.

El Akamatsu tomaría el liderazgo girando su cuerpo hacia un callejón muy cercano a ellos. Exponia que según las indicaciones del pergamino, el local del cliente se encontraba al final de él. El de más experiencia comenzó su marcha y el Uchiha se limitaba a seguirlo en silencio observando las fachadas de todos y cada uno de los locales y edificios por los que pasaban a su lado.

«Este lugar no parece ser muy seguro», se dijo a si mismo algo nervioso.

Tadashi leía cada uno de los grafitis en las paredes, y lejos de ser los garabatos de nombres de pandillas y dibujos feos de caricaturas que esperaba, se sorprendió por ese “arte” pues en definitiva, el o los artistas habían logrado su cometido, esos garabatos expresaban un mensaje algo inquietante para sus espectadores.

El Uchiha se encontraba concentrado tratando de entender lo que significaban esas escrituras cuando fue interrumpido por su compañero. Tenía un punto, pues el genin había olvidado presentarse.

Es cierto —puso una sonrisa apenado—. Yo soy Tadashi… Disculpa mis modales —agregó.

El azabache observó de nuevo hacia los lados y se atrevió a preguntar.

Estos no parecen grafitis normales ¿Sabes a que se refieren esos mensajes?
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#7
—Tadashi-san, ¿eh? — No le pasó desapercibido la omisión del apellido, aunque era más que nada por cuestión de modales, pues no le gustaba referirse a los demás por su primer nombre nada más conocerlos. Pero si el otro no daba información, no iba a ser insistente tampoco.

Mientras avanzaban, el de lentes manifestó su inquietud respecto a los misteriosos mensajes, ante lo cuál Nao le devolvió la mirada.

—Yo tampoco estoy muy seguro realmente — Movió el pincel en su boca de un lado a otro. —Pero creo que tiene que ver con lo que dijo la entonces Arashikage sobre que debíamos unir fuerzas con los bijuu para vencer a otro... Quizá, esto que estamos viendo es alguna clase de protesta contra eso — Se limitó a decir.

En general, él se sentía muy ajeno a toda la situación política. Un genin con prácticamente nada de experiencia, en medio de una aldea ninja con problemas más que complejos. Pensaba en como hubiese sido su vida de haberse quedado como un civil allá en su lejana cabaña de las montañas, ignorando los grandes conflictos del mundo que se llevaban con secretismo entre las distinta aldeas shinobi. Ciertamente no estaba seguro de cuál era su postura en todo ese ajetreo.

Entendía el punto: Desde siempre los bijuu habían sido monstruos de leyenda; y especialmente en Amegakure dónde alguna vez lucharon y sellaron a uno. Cambiar ese paradigma de la noche a la mañana y hacer que todos mágicamente creyesen que podían tratar como iguales a las bestias con cola no era del todo posible, y para muestra lo que tenían alrededor.

—¡Hey! Es ahí — Soltó de pronto al llegar al fondo del callejón, dónde un local fachada tradicional pero sin ningún letrero se alzaba. No parecía un local de comida o algo, y no había letreros, pero la dirección coincidía.

Nao se acercó, y llamó a la puerta con unos suaves toques, pero pasarían varios segundos hasta que finalmente la puerta se abrió y una mujer ya entrada en sus cincuenta años se asomó.

—Ah, ustedes deben ser los ninjas que solicité. ¿No? Espero que lo sean, por que si vienen a por otra cosa les aviso que está cerrado — Dijo con una voz lago maltratada, probablemente a causa del tabaco.
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#8
Nao había escuchado el nombre del ninja, volviendo a mencionarlo en forma de pregunta retorica. Si bien Tadashi había omitido su apellido, no era por ninguna razón de encierro o aires de misterio. La verdad era que durante años, su apellido le era vergonzoso. La mayoría de los chicos de su clase hacían burlas del genin, aludiendo que había robado su apellido y que había olvidado robar los talentos de los ninjas de ese clan también.

Las burlas a veces eran tan intensas que en una ocasion, Tadashi regresó molesto a su hogar para reclamar a su madre la farsa de su origen, su sangre y su padre. ¿Por qué la madre había mentido con algo como su apellido? Era una de las preguntas que el genin nunca pudo obtener de Daina. Y a pesar de que todas esas vivencias habían quedado en sus días de estudiante, algunas secuelas seguían acechando al joven incluso al día de hoy. Al final, Tadashi estaba conforme con que lo llamasen solo con su nombre de pila y asintió con su cabeza.

El ninja con el pincel en la boca continuó respondiendo la pregunta del Uchiha. Si bien eran suposiciones, estaban muy bien fundamentadas.

Ya veo… —dijo el recién genin sin muchas más preguntas.

Aunque Tadashi había escuchado hace un tiempo noticias y rumores sobre los Bijuus, generales y declaraciones de guerra, la verdad era que no estaba muy enterado del tema, después de todo, su madre prefería evitar los temas de los ninjas a toda costa.

De improvisto, Nao levantaría su voz para señalar el local que habían estado buscando.

¿Ese? —dijo extrañado el Uchiha.

«No tiene pinta de ser ningún local comercial», pensaba mientras seguía a su compañero.

El Akamatsu llamó a la puerta, la cual al abrirse, mostró una mujer de avanzada edad preguntando si ellos eran los ninjas solicitados para la misión. Inmediatamente Tadashi miró al rostro de Nao sonriendo, como si celebrase su acierto y su buen sentido de la orientación. El genin volvió su rostro a la dama.

Muy buenos días señora Nadeshiko —realizó una reverencia—. En efecto venimos por su solicitud. Yo soy Tadashi y este es mi compañero.

En ese momento guardo silencio para esperar a que Nao se presentara por sí mismo.
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#9
—Akamatsu Nao, a su servicio — complementó a su colega de oficio, haciendo una reverencia formal para terminar de presentarse.

—Llámenme sólo Karako, que cuando me dicen Nadeshiko es como si me tratasen como la dama que no soy — Dijo sin quitar su expresión amargada. —Adelante — Dijo dejando la puerta abierta mientras ella misma se introducía en el lugar.

—Con permiso... — Dijo tímidamente mientras entraba al sitio siguiendo a la señora, y esperando que el pelinegro hiciese lo mismo.

Por dentro el local no tenía nada que ver con su exterior. Se trataba de un sitio amplio, con mesas y sillas acolchonadas para varias personas. Una barra para bebidas dejaba a la vista una gran variedad de bebidas y en el centro una amplia pista de baile, con un escenario de karaoke al fondo. Sin duda se trataba de un club nocturno, pese a que en el exterior no había señal alguna que indicase siquiera el nombre del negocio.

—Esperen aquí, les traigo las cosas — diría la mujer mientras desaparecía tras una de las puertas cerca de la barra.

—No juzgar por la apariencia, ¿eh? — Pensó en voz alta mientras su mirada se perdía oteando el lugar.

Parecía un sitio frío, pero seguramente cuando las luces estaban encendidas debía lucir bastante animado. No era de su agrado del todo el tipo de entretenimiento que se disfrutaba en la aldea, nuevamente, arraigado a su sentido de forastero. Pero fue sacado de sus pensamientos sin darle tiempo a observar del todo el lugar, pues la mujer rápidamente volvió con cubos, cepillos y un bote de alguna clase de solución líquida.

—Las pintas las hicieron con algo que no es soluble al agua, para que la lluvia no las borrase. Tengan este limpiador, porque de lo contrario no creo que salgan. Pese a que la misión la solicité yo, todos los vecinos del sector queremos que quede impoluto para poder volver a montar nuestros negocios. ¿De acuerdo? — Inquirió a ambos genin.
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#10
Tadashi siguió a Nao y la dama adentro del local, una vez dentro, se percató que no era ni remotamente lo que se había imaginado. Numerosas sillas acolchadas, mesas, una gran barra, entre otros implementos típicos de un bar, un lugar en el que el Uchiha jamás había visitado.

Había escuchado sobre estos lugares, pero nunca había entrado a uno —susurró a Nao.

La mujer les indicó que esperasen, pues ella iría por sus implementos.

Imagina la cantidad de cosas que habrán vistos estas paredes —dijo bromeando.

En cuestión de minutos, la mujer volvía con numerosos utensilios de limpieza en sus manos. Tadashi se acercó rápidamente hacia ella.

Permita ayudarle Señora Nade… —Hizo una pausa—. Karako —le dijo, tratando de quitarle los cepillos de encima y el bidón con la solución desconocida hasta entonces.

Si el Uchiha lograba su cometido de ayudarla, entonces acomodaría los cepillos por encima de su hombro con su mano izquierda, y con la derecha sostendría el bote.

Nadeshiko explicó que los dibujos no eran solubles al agua; algo lógico tomando en cuenta donde vivian.

No soy un experto en pinturas, pero cuente con nosotros, haremos todo lo posible —le aseguró.
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#11
—Ya somos dos — se limitó a admitir ante la afirmación del contrario de que era su primera vez en un sitio de esa clase. Y en general, había razón para ello, pues no parecía un sitio para menores de edad. Aunque luego, ciertamente había historias sin contar dentro de esos cuatro muros. —Este es el tipo de lugares de los que uno se espera pasen una gran cantidad de problemas, aunque ahora parece apagado, casi lúgubre — Dijo mientras observaba la decoración del lugar.

Había muchos detalles colgados en las paredes: Cuadros de arte atípicos, con paisajes impropios del País de la Tormenta, lámparas de aspecto tradicional pero que claramente eran eléctricas y entre el escenario y la barra una vitrina con una extraña guitarra que a su vez tenía la cuchilla de un hacha, expuesta como alguna clase de trofeo. Pero no pudo seguir perdido en sus pensamientos, debido a que su clienta regresó más pronto que tarde con los insumos para la limpieza. «Sentarme a escuchar las historias de los adornos de este sitio me sería más interesante que la misión en sí.» Ciertamente estaba muy desmotivado con la idea de limpiar los muros, aunque para su suerte su compañero tenía entusiasmo de sobra para los dos.

—Yo también quiero colaborar — Se ofreció para tomar también las otras cubetas.

—Eso espero, eso espero. Quiero que todo el callejón quede nítido — Movió la mano cómo quién espanta unas moscas. —Ya si eso pueden regresar a por una merienda cuando terminen — Ofreció.

—Muy amable de su parte. Con permiso — Hizo una reverencia, y movió su rostro señalando con la mirada la entrada al local, esperando que su compañero lo siguiese.

Una vez afuera, el día seguía sin siquiera lloviznar.

—¿No es extraño? Normalmente no tarda tanto en volver a llover, pero desde la mañana está así — Dijo observando las nubes grises que solo pasaban por sobre sus cabezas. —Pero bueno, mejor así. No me gustaría tener que limpiar usando un cepillo en una mano y sosteniendo el paraguas con la otra. No está en mis planes mojarme. — se quejó abiertamente.

Nao dejaría la cubeta cerca, con tal de tenerla disponible en todo momento.

—¿Me pasas un cepillo por favor? — Solicitaría a su compañero extendiendo la mano. —Empecemos con el local de la señora Karako, y ya luego iremos limpiando hasta salir del callejón. ¿Le parece bien? —
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