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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
Desaciertos dorados
#1
Su primer viaje al extranjero tenía un matiz extraño: por un lado, se encontraba a gran distancia de Kusagakure, visitando Arashi no Kuni; y por el otro se encontraba en las Tierras de la Llovizna, región aledaña a su pueblo natal, ubicado en el Paraje sin sol. Se imaginaba que todos los viajes a una región fronteriza debían de aportar ese curioso equilibrio entre las sensaciones de lejanía y proximidad.

Por norma general se limitaba conocer primero los rincones de su país; pero la posibilidad de acompañar a un importante geólogo a una expedición era algo que no podía perderse. El estudioso en cuestión era Kako Mikitada, un amigo y colaborador de su maestro. Kazuma había logrado unirse a la expedición sumando la petición de su maestro y su ofrecimiento voluntario como guardaespaldas. El grupo ya había contratado a varios ninjas locales para el asunto de la protección, pero tener un par de ojos extras, sin costo alguno, era una buena oferta. Por supuesto, tratándose de un chiquillo se limitaron darle solo la información más superficial; aunque él se aseguraba de prestar atención para enterarse de cuanto pudiese, a pesar de que aquello implicase escuchar a escondidas.

La expedición llego a Yachi durante una tarde y el clima les recibió con una lluvia leve y cálida. Mikitada dispuso el acomodamiento de sus trabajadores en una de las posadas, y luego se fue escoltado a una importante reunión para poner en orden el correspondiente papeleo.

Kazuma aún no sabía con certeza que iban a hacer allí, pero la incertidumbre era parte de su concepto de aventura. Sabiendo que tendría un tiempo libre, y queriendo aprovecharlo, abandonó su habitación y fue explorar el pueblo.

Utilizo para esta trama el hueco de nuevos usuarios.
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#2
El cielo encapotado característico del País de las Tormentas, descriptivo paisaje de Yachi, un pequeño paraje al este de Amegakure. Raitaro se desviaba en ocasiones del lugar donde residió durante los últimos dos años, siempre buscando lugares tranquilos donde observar las más espectaculares tormentas. A pesar de las previsiones que aseguraban la aparición de una increíble tormenta veraniega, el clima era tranquilo y ameno para cualquiera que en aquél país habitase. Tal hecho no sentó muy bien al joven, el cual se había alejado de la aldea en busca de algo que no obtuvo. Sentir una enorme tempestad acompañada por la increíble visión del poder de Raijin era algo que hacía al chico sentir cercana su patria, pues desde niño, pudo ver a toda la familia reunirse bajo increíbles tormentas que al norte del país tenían lugar.

Raitaro recién llegaba al pueblo, vigilante del cielo con una mueca de hastío por el buen tiempo de la zona. Observaba con cautela a cada transeúnte, sin hablar con nadie ni que nadie le molestase. Entonces, planteando que igual la previsión no fuese del todo errónea, se dirigió a una posada para aguardar así la llegada de la supuesta tormenta, y tal hecho, a penas habiendo llegado a cruzar la puerta, le llevó a observar algo que jamás hubiera podido ver: Un ninja con el símbolo de otra villa. Raitaro se quedó quieto, observando a un muchacho de pigmentación bastante parecida. Sin dudarlo, ante tal evidencia, se pondría justo delante suya con un rostro serio - ¿Eres del clan...? - se limitó a preguntar, obviando el hecho de que si lo era, sabría de qué clan le hablaba... No había mucha gente de piel oscura y cabello albino en un país de ambiente aplastantemente oriental - ¿Vienes para observar la tormenta? -.
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#3
El poblado era un lugar pequeño y rebosante de vida: la gente se mantenía en movimiento de un sitio para otro, pese a que el clima invitaba más a quedarse en casa… Supuso que en un lugar con semejante clima no era posible esperar que la lluvia cesase para salir, puesto que de hacerlo estarían refugiados de forma perpetua. La calle principal era agradable para recorrer, ya que estaba hecha de tierra firmemente compactada, por lo que no sería un pantanal constante.

Kazuma caminaba sin rumbo fijo, apreciando la arquitectura e ignorando las miradas curiosas al mismo tiempo. Su forma errática de andar y su mirar de perdido le identificaban como visitante… Parecía que la llegada de la expedición había dado mucho de qué hablar.

De pronto, Kazuma escucho una voz ominosa:

¿Eres del clan...? —pregunto, antes de que el desprevenido joven tropezara de con él—. ¿Vienes para observar la tormenta?

No pertenezco a ningún clan, señor —aseguro, mirando hacia arriba y mostrando una curiosidad prudente—. Por cierto, y disculpe la pregunta, ¿hay algo que ver en una tormenta?
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#4
Raitaro sonrojó un poco. Había sido algo osado a la hora de hablar con alguien desconocido, pero la posibilidad de que fuese algún familiar lejano le llamaba. Se llevó la enorme mano tras su cabeza, riendo con algo de vergüenza - ¡Oh! Lo siento, ha sido un error - se excusó un momento. Luego, aún sonriendo, se dispuso a explicarse - No, no es nada. Desde que era niño, mi familia se reúne para observar de cerca las tormentas, y desde que vivo sólo, cuando oigo que se avecina una tormenta eléctrica de magnitud, me gusta retirarme durante mi tiempo libre a observarla de cerca - arrancó.

El joven paró un momento para mirar al cielo, entrecerrando los ojos al sentir las gotas de lluvia caer sobre su rostro - Desde niño me han enseñado que Kaminari - sama nos protege desde los cielos, y sus rayos son el reflejo de su verdadero poder. Todo aquél que posee el poder del rayo, es hijo del señor del trueno, y su deber es honrar ésta naturaleza - exponía, cerrando sus ojos al decir las últimas palabras de su enunciado. Podía verse un sentimiento de unidad con la lluvia, la cual era señal innegable de la venida de tormentas, las cuales eran tan comunes en aquél país como en el del Rayo - Así como estudiarlo y emplearlo para su correcto uso, hay que admirarlo en señal de gratificación a Kaminari-sama... Es nuestra inspiración y misión como miembros del clan del Rayo -.
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#5
El enorme sujeto se disculpó por lo que parecía ser una confusión. Luego se tomó la molestia de explicarle a Kazuma la amplitud de lo que significa observar una tormenta. Detrás de aquel acto aparentemente intrascendente, había toda una tradición, una mitología y hasta una ética.

No pensé que hubiese tanto en el rayo —aunque sabía que el culto a los fenómenos naturales era la forma más antigua de creencia mística—. Aun así, las tormentas son un tanto peligrosas… Digo, no cualquiera se atrevería a estar serenamente el arreciar de una, quizás por la posibilidad de ser fulminado por un rayo.

»¿Qué significa para los tuyos ser golpeado por un rayo?
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#6
Raitaro quedó confuso. No tenía, a priori, respuesta para aquella cuestión. Por un momento calló, sujetándose la barbilla con una de sus manos mientras miraba a la nada - Pues... No sabría decirte... - evidentemente, aquéllas creencias no tenían ningún tipo de sentido ni rigor científico, eran simples conjeturas y conceptos muy limitados que se daban desde pequeños, pero si algo hacía a la perfección Raitaro, era darle la mayor explicación posible a sus creencias, siempre que éstas no terminen saliendo de ciertos esquemas. Realmente, por suerte, la imagen de Raijin no era la de un ser divino que exige a sus siervos que lleven uno u otro camino en la vida, dejando eso a elección de la persona. En el caso de los Yotsuki, sería un sentimiento de pertenencia a su rebaño por ser bendecidos con una gran variedad de usos de ésta naturaleza, la cual marcaba fuertemente su estilo de combate y de entender la naturaleza de los rayos.

Raitaro planteó internamente la pregunta durante un rato (Ya sabes, inteligencia 20 :/ ), y tras pensarlo, parecía haber dado con la clave - ¡Claro! Pues supongo que Kaminari-sama, me lanzaría un rayo si le fallase... - dijo brevemente, sacudiendo su cabeza y sus manos, gesto con el que pedía una segunda oportunidad para pensarlo - A ver... Ésto quiere decir que, si me cayese un rayo y sobrevivo, quiere decir que Raijin no quería castigarme, sino advertirme de que me estoy desviando de mi camino... En el caso de que el rayo acabase con tu vida, pues supongo que podría ser porque has fallado a Raijin y quiere castigarte... Al fin y al cabo, su poder es mucho mayor a lo que nosotros podamos soñar... ¿A caso hay algo que el rayo no pueda destruir? -.
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#7
… ¿A caso hay algo que el rayo no pueda destruir? —pregunto, dando fuerza al final de su reflexión.

No lo sé —contesto con laconismo—. Quizás otro rayo, si es que lo rayos se golpean entre sí… Es poco lo que se del tema.

En aquel instante, por todos fue escuchado el retumbar de un trueno lejano. Algunas personas se detuvieron y se llevaron la mano a la oreja, ahuecándola en la dirección del sonido… Unos instantes después llego otro, más duradero, un tanto gorjeante. Algunos aldeanos comenzaron a recoger sus puestos de la calle principal, mientras que otros comentaban la imprevisibilidad del clima veraniego.

Parece que pronto habrá una tormenta —juzgo al ver el movimiento de la gente—. Imagino que es la que estabas cazando… Me da un poco de curiosidad, ¿te importa si te acompaño a verla?
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#8
Interno en una conversación de la que podía decir, no tenía normalmente, el chico interrumpió toda atención alrededor por un instante, cuando el sonido de los relámpagos dominaron el cielo. Raitaro quedó embobado, sonriente por haber llegado justo a tiempo. Entonces, aquél extraño de piel oscura propuso su compañía, lo cual parecía agradar bastante a Raitaro - ¡Claro! ¡Vamos allá, no me quiero perder detalle! - dijo emocionado. Raitaro, entonces, partió junto a su nuevo conocido directo a la zona donde parecía centellear el cielo.
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#9
El caminar les llevo hasta un grupo de pequeñas colinas a las afueras del pueblo. La tormenta se cernía sobre ellos, pequeña en la escala de los sabios del cielo e inconmensurable en la escala del hombre común. Las oscuras nubes retumbaban cual festival de tambores, y la tierra vibraba a su ritmo; lo difícil era el adivinar si lo hacía por miedo o acaso por emoción.

El aire se siente un poco extraño —dijo Kazuma, sin saber que se estaba refiriendo a la alta energía acumulada en el ambiente—. Quizás es un poco tarde para preguntar, pero, ¿no esto un poco peligroso?

El corazón de la tempestad aún se hallaba lejos, pero la frecuencia de sus latidos iba en aumento, anticipando el inminente relámpago. Solo era cuestión de tiempo, como cuando el encanto de la música logra estallar el ánimo de las personas en las grandes festividades estacionales.

Y de pronto el relámpago, un blanco purísimo que ocupo todo su campo de visión durante un instante, para diluirse hasta revelar en el horizonte un rayo violáceo que hacía de puente entre el cielo y la tierra. Luego vino el trueno, más lento, pero con fuerza suficiente como para hacerle vibrar los pulmones y el aire que estos contenían.
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#10
Ambos ninja partieron hacia la zona más cercana de la tormenta. Una vez allí, en una colina ligeramente empinada, Raitaro paró un instante en lo que un relámpago iluminaba el cielo. Raitaro ahuecó su mano, y antes siquiera de oírse el estruendo, el joven se aventuró a decir - Doce kilómetros. La tormenta está a unos doce kilómetros de aquí - observó. Su oído estaba realmente avanzado a sonidos estridentes, Raitaro pudo oír con antelación la potente y sonora carcajada de Raijin. Su sonrisa se iluminaba a la llegada de la gracia de su dios.

Las preocupaciones del extranjero no eran infundadas, pues un rayo podía perfectamente impactar a esa distancia. A pesar de ello, Raitaro no parecía preocupado - Nah - esbozó tranquilo - No hay peligro, llevo haciendo ésto desde niño y nunca he tenido ningún problema -. Sus palabras podían ser tranquilizadoras, su familiaridad con las tormentas, folclore de su país, podían calmar a cualquiera. Pero entonces, sin esperarlo demasiado, Raitaro cambió su mirada. Se adelantó un poco, ahuecando de nuevo su mano. A pesar de ello, no le daría demasiado tiempo cuando un destello cegó a los presentes, sintiendo una agitación inesperada en sus cuerpos. Nada más pudo oírse en un intervalo de tiempo, siquiera el pequeño grito emitido por el Yotsuki.
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#11
Aquel muchacho alto le aseguraba que no había peligro en lo que estaban haciendo, y aun así no lograba convencer a Kazuma. Este, más para convérsese a sí mismo, recordó haber leído que los rayos se sienten atraídos por las estructuras más altas disponibles (fuese una torre, un árbol o una persona). Aquello le hacía pensar que, si la tormenta decidía golpear a alguien, tendría preferencia por un cuerpo más alto…, como el de quien le acompañaba.

Un poco menos preocupado, se dedicó a apreciar el crecimiento de la tempestad: el viento barría con furia la tierra y la lluvia caía con el peso de las aguas de una cascada. Los truenos se sucedían con tanta velocidad que era difícil decir cuando comenzaba uno y terminaba el otro, como si las nubes estuvieran tratando de imponer su grito por sobre el de las demás. El cielo se mostraba plomizo, arremolinado, ominoso. La oscuridad era más profunda que la noche; pero los contantes destellos les permitían adivinar la mutua compañía, iluminando siluetas efímeras. Tal era la cantidad de rayos descendentes, que la imagen del horizonte era como la raíz ardiente de un árbol de dimensiones colosales, un árbol de fuego y luz, cuya copa debía de estar en el elevado reino de los dioses.

¡¿Esto siempre es así de intenso?! —pregunto, preocupado por lo rápido que una pequeña tormenta se había transformado en un monstruo aterrador.

Pero aquello era algo fútil, pues ya estando allí retirarse no era una opción y su voz quizás no llegase a oídos de su acompañante.
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