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Primavera-Verano de 221

Fecha fijada temporalmente. Actualmente están ocurriendo sucesos importantes para el destino de Oonindo y todos jugamos en una ambientación temporal fija. La fecha irá avanzando y finalmente ocurrirá un salto temporal tras el que volveremos al sistema de calendario habitual.
Situación actual (global): La muerte de Amekoro Yui, en Yukio, ha desencadenado una guerra hace tiempo anunciada. Kurama y sus renovados Ocho Generales, al mando de sus ejércitos, se mueven rápido y ya han conquistado territorios a oeste y este del Oonindo septentrional. Los ataques han sido rápidos y en algunos casos desde dentro, así que se sospecha que el Nueve Colas llevaba tiempo clavando sus zarpas desde las sombras. Sea como fuere, estos logros retrasan una posible reconquista de la nevada Yukio, terreno ya difícil por las condiciones climatológicas adversas del norte del País de las Tormenta.

Los ninjas de Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure son la única esperanza que queda de acabar con esta amenaza. No todos están seguros de que puedan vencer, e incluso algunos parecen decantarse por el otro bando. Entre los muros de las ciudades de los países que aún no han caído ante Kurama se esconden, además, agentes del zorro ocultos en las sombras, a la espera de una oportunidad...

Los tres líderes mundiales han convocado una reunión para discutir sobre sus siguientes pasos. Es necesario actuar. ¡Y rápido! ¿Conseguirá la guerra que unan sus fuerzas contra un enemigo común, o morirán con su orgullo como única defensa?
#1
En aquél rincón de los mares de Oonindo, reinaba la calma. Una calma tensa. La calma que sabe que se aproxima una tormenta.

No sería una tormenta como las del húmedo oeste, una vorágine rugiente y gris de truenos con una densa cortina de lluvia perenne. Tampoco como las del cálido sur, con olas cuyas crestas aspiran a acariciar las nubes y vientos capaces de arrancar las velas de un navío de cuajo.

No. Sasaki Reiji, Akimichi Katsudon y el bijū de ocho colas, Gyūki, se dirigían al noreste, a una gran isla sumida casi en totalidad en la fría nieve. Allí las tormentas eran diferentes. Peligros naturales de hielo y muerte. Y ellos iban de frente a sumergirse de lleno en la peor de las tormentas que el País del Hierro había vivido en los últimos siglos.

Un lector avezado se habrá percatado de que esto no tiene por qué ocurrir exactamente en el sentido literal, y aquél que ha seguido los pasos de este muchacho espadachín sabrá ya a qué tormenta me refiero.

Dejad que os cuente la historia.

La historia de la muerte de Sasaki Reiji, shinobi de Uzushiogakure.








· · ·








Llevamos ya unos cuantos días navegando. ¿Aún no te has acostumbrado, hombretón?

Gyūki se refería a Akimichi Katsudon, que había vuelto a vomitar el desayuno. Digo esto porque es importante reseñar que esta era también la tercera vez que desayunaba.

No sabes el hambre que estoy pasando. No me entra nada. Todo lo que como, acabo tirándolo. ¿Falta mucho para llegar al Hierro?

Por lo menos tres días más.

Katsudon emitió un quejido lastimero.


Daruu. Hueco de rol.
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#2
Por muy rápido que se moviera el Bijuu por el mar, no parecia que fuesemos a alcanzar a Yuuna de ninguna manera. Había salido solo un día antes que nosotros, pero no parecia que hubiera forma de alcanzarla. El viaje aún era largo, quizás y aunque no me gustase para nada la idea...

Quizas deberiamos parar un rato en la costa más cercana, me jode admitirlo, pero no creo que vayamos a alcanzar a Yuuna antes de que ella llegué al hierro, y seria conveniente que nosotros llegásemos en el mejor estado posible.

Sobretodo por que no sabiamos lo que nos ibamos a encontrar allí, a parte de sangre y muerte, por que Yuuna se había marchado llena de ira y ganas de venganza. Era fuerte, más que yo, pero lo que temía es que esas emociones le impidieran luchar lo bien que debería hacerlo.

Así Katsudon podrá comer algo y asentar el estómago, y podemos discutir un poco el plan de como queremos entrar en país del hierro.
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#3
Quizas deberiamos parar un rato en la costa más cercana, me jode admitirlo, pero no creo que vayamos a alcanzar a Yuuna antes de que ella llegué al hierro, y seria conveniente que nosotros llegásemos en el mejor estado posible. Así Katsudon podrá comer algo y asentar el estómago, y podemos discutir un poco el plan de como queremos entrar en país del hierro.

Quizás tengas razón, Reiji-kun —asintió el Hachibi—. A veces se me olvida que no somos... la misma especie. Yo podría aguantar hasta allí.

¿Los bijū no comen? —se interesó Katsudon—. ¿Y de dónde sacan tanta energía?

El jūbi. Y el chakra en la naturaleza. Una mezcla de las dos cosas. Nos cansamos como vosotros, claro, pero es cierto que no estamos atados a vuestras... necesidades básicas. Ahora bien, una buena siesta no viene del todo mal...

Gyūki entrecerró los ojos, y de pronto, detuvo su marcha. Se quedó muy quieto, la mirada fija en el horizonte.

Se extendió una extraña quietud. Fue como si el oleaje del mar se detuviera por completo unos segundos, y luego se replegara hacia un epicentro lejano. Finalmente las olas volvieron, pero con forma circular. Un fenómento harto extraño, aquél. Katsudon observaba pálido como la cera, pero no se atrevió a decir nada. Gyūki, por su parte, tensó tanto los brazos que Reiji sintió el suelo bajo sus pies elevarse ligeramente.
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#4
Instintivamente llevé la mano a la empuñadura de la espada. No había nadie a la vista, pero eso no significacaba que no hubiera nadie, y mucho menos que no hubiese peligro. La tensión de Katsudon podria pasar por normal al estar en medio del mar, pero la de Gyūki no, y tal fuera eso lo que me alarmó.

¿Qué viene Gyūki?

Si. La pregunta era correcta. Sí lo que venía ponía así de tenso a Gyūki, tenia que ser algo peligroso. Sinceramente, aquello era malo, muy malo, lo peor que podía pasarnos era que nos encontraramos algo que pudiera retrasarnos más o peor aún, algo capaz de pararnos.
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#5
Gyūki se mantuvo en silencio, al menos un poco más.

Porque lo que venía no era algo a lo que Reiji pudiera enfrentarse con una espada. Las aguas se abombaron como si un cuenco puesto del revés las partiera. Asomaron lo que parecieran ser unas espinas de color verduzco. Luego una coraza, como la de una tortuga, pero lisa, donde esas escamas comenzaban. Bajo ella, un cuerpo rojo, de color granate, y un rostro también verde, monstruoso, pero extrañamente humano. Extrañamente familiar. Tenía el ojo derecho cerrado. El derecho, gigantesco, de esclerótica roja e iris dorado, estaba clavado en ellos.

Isobu.

Entonces emergieron del mar las tres colas...

...del Sanbi.
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#6
Lo que salió del agua no era, ni de lejos, lo que esperaba que saliera de ahí. Siervos de Kurama usando suiton, un monstruo marino normalito, que se yo, estaba preparado incluso para enfrentarme a un general de Kurama, aunque esto ultimo probablemente me mataria.

Pero no. Lo que salió del agua fue un Bijuu. Un maldito Bijuu. Que si, yo iba montando en uno de los más poderosos de todos, técnicamente. Pero claro ¿Era amigo o enemigo?

Antes que nada, miré a Katsudon. Era fácilmente impresionable con los Bijuus, igual estaba al borde del infarto. Esperaba que no. Era un señor adulto y fuertote que podia ser tan grande como uno de ellos. Si alguien podia hacerles algo de frente, era él.

Luego, le pregunté a Gyūki, sin bajar la postura de combate. Quizas una espada no hiciera nada contra un bijuu. No una espada normal. Pero aquella espada era acero Sasaki, estaba muy seguro de la calidad de mis creaciones. Además, ahora era una leyenda. Reiji, el que forjo armas para los Bijuu.

¿Está de parte de Kurama?
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#7
La última vez que hablamos, no lo parecía —declaró Gyūki, aunque había una evidente duda en su voz.

Esto no puede estar pasando. —Katsudon no lo estaba pasando bien, desde luego. Estaba blanco como la leche, y se agarraba al cuello de Gyūki como si nunca le hubiera tenido miedo. Ya saben lo que dicen. "Más vale bijū conocido..."

Isobu se movió. Se agachó un poco, y pareció tomar alguien. No respondió a la llamada de Gyūki. En lugar de eso, entrecerró su único ojo y pasó la mirada entre el bijū, Katsudon y Reiji, alternativamente. Pareció suspirar y cerró el ojo.

Luego, lo abrió. Y también la boca.

No parece que esté de nuestra parte. —Gyūki, aparentemente con toda la tranquilidad del mundo, echó mano del mango de las espadas que Reiji le había forjado, y lentamente las mostró frente a sí—. Espero por vuestro bien que este acero sea tan bueno como presumes, Reiji-kun. Lo que va a suceder a continuación no os va a gustar.

Oh, por los sandwiches del almuerzo de los padres de todos los dioses, ¿no me digas que...?

En efecto. El Sanbi había abierto sus fauces. Las olas a su alrededor se volvieron tan indómitas como las de una tormenta. Frente a su boca, una esfera relativamente pequeña —por la distancia— de chakra de color blanco y negro comenzaba a crecer.

Necesito que estéis completamente quietos.

Gyūki, debo hacer algo... ¡necesito hacer algo! ¡Si crezco...!

No es una lucha que pueda vencer un sólo humano. Déjame esto a mí.
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#8
Oh, joder... Quería llegar lo mas entero posible al Hierro. Lo último que esperaba era pelear contra un bijuu cabreado, si salimos de esta, es probable que no sea enteros.

Y si, a Katsudon le estaba dando algo. Normal. Katsudon no hubiese estado tranquilo aunque hubiese sido un bijuu amigable. Pero yo tampoco estaba tranquilo. Si no estaba de parte de Kurama, ¿Por que atacaba a Gyūki? ¿Podría Kurama lavarle el cerebro a otros Bijuu? ¿Quizas a los que no estaban encerrados dentro de algun humano? Joder, eso seria terrible para la libertad de los Bijuus, no estar encerrados en humano apra estar controlados por un demente.

Gyūki, esas espadas pueden cortar montañas, si lo que estas pensando hacer con ellas es lo que creo, joder, si, corta una puta bijuudama por la mitad ¿Sabes la buena publicidad que me dará eso si salimos de está con vida?

Si, problemente lo mejor que sabía hacer en momentos de estrés, era irme a los temas menos importantes del mundo. Como cuando tuve que manejar un barco sin tener ni idea y me convertí en el peor pirata de los cincomil seiscientos setanta y dos mares de Oonindo.

Katsudon, confía en Gyūki, leí que los bijuus cuanto más colas, mas poderosos, si eso es verdad, tio, Gyūki seguro que puede darle unpar de golpes educativos a su hermano pequeño. Por que vaya modales, ni hola nos ha dicho.
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#9
Tanto Katsudon como Gyūki quedaron en silencio. Un tenso silencio, roto por el oleaje y por el intenso zumbido de la mortífera esfera que Isobu cargaba entre sus fauces. La espera se hizo eterna, y el Hachibi no parecía moverse en absoluto.

Todo sucedió en tan sólo cinco segundos. La esfera de energía salió disparada hacia ellos. Gyūki echó las manos a ambos lados de su cintura, donde llevaba atados, con un grueso cordel, los dos espadones de acero Sasaki.

Bijūgiri.

Las espadas parecieron echar vapor, los filos encendidos de un chakra de color púrpura candente. Un tajo en cruz partió la bijūdama en cuatro pedazos, cada uno desviado en una dirección distinta. A sus espaldas escucharon unas terribles explosiones, el mar se agitó y hasta estuvieron a punto de caer desde los hombros de Gyūki al peligroso vaivén de Susanō. El cielo se tiñó de un color verde aguamarina durante unos segundos, cegándoles.

Veo que sigues emperrado en seguirle el juego a los humanos, Gyūki... —Isobu habló con una voz grave, rasposa—. Después de todo lo que nos han hecho. Ah, claro... lo olvidaba. A ti te trataron como una mascota, no como un esclavo.

Isobu, las palabras de padre...

¡Las palabras de padre, sí! ¡Un humano, igual que todos ellos! Escucha, Gyūki. La familia se elige. Y yo ya he elegido.

Elegiste a un tirano.

Elegí a mi hermano mayor —corrigió Isobu—. A los míos. Pero basta. No he venido aquí a charlar. He venido a deteneros.

Isobu embestió hacia adelante, recortando rápidamente las distancia entre ellos. Gyūki se puso en guardia, y se temió lo peor.

Podía arreglárselas contra su hermano, pero no podía proteger a esos dos al mismo tiempo.

Entretanto, Katsudon se puso en guardia y respiró hondo. Era evidente que tramaba algo.
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