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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
En búsqueda de provisiones
Umikiba Kaido Sin conexión
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#1
Era una tarde apagada, lúgubre, y extraña. Extraña porque aún era verano, pero el otoño estaba tan cerca que ya los tiempos estaban mutando. Y hablando de mutar, la frondosa vegetación del Bosque de los Hongos también lo hacía. Su fauna, extensa y desconocida; cambiaba. En un proceso de adaptación que existía desde tiempos inmemorables.

Puede que los lugareños estuvieran acostumbrados a esos cambios. A que, por ejemplo, las hortensias cambiaban de color y por tanto, era difícil distinguirla de una hydra venenosa. Kincho, no obstante, era un hombre ajeno a un país como aquél. Él, que venía del País del Viento, un tipo nacido y criado en el mismísimo desierto, tenía que estar acostumbrado a otras cosas.

Allí, a mitad del claro, lucía casi que perdido. Vislumbraba unos matorrales, tratando de decidir si aquello era comestible, o no.

Pero: ¿quién era Kincho?

Kincho era un hombrecito bastante alto, delgado, y porqué no; un poco moreno. Su piel lucía pequeñas marcas acaecidas por el inclemente sol que hacía en su tierra natal de Inaka. Llevaba una especie de turbante que protegía su cabeza, un chaleco color arena y unos pantalones oscuros que hacía juego con sus sandalias cerradas. Tenía los ojos verdes, la nariz ligeramente chueca y de su oreja colgaba un pendiente.
[Imagen: baOPN59.png]


— Kincho:
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Tsukiyama Daigo Sin conexión
Genin de Kusa
Ninjas de Kusa
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#2
Pero Kincho, aquel hombre alto y delgado que venía del desierto no estaba solo, almenos no por mucho.

Daba la casualidad de que por allí pasaba un joven que, aunque no debería resultarle familiar a Kincho, la persona que estaba bajo la máscara no tardaría mucho en reconocerlo.

Se trataba de Tsukiyama Daigo, un genin de Kusagakure que apenas estaba volviendo de rellenar su mochila de setas cuando vio a un extranjero que parecía algo perdido.

—Buenas —se le acercó, sonriendo—. ¿Va todo bien?
—hablo
«pienso»

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Umikiba Kaido Sin conexión
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#3
Una voz, de pronto, le sacó de su absorto ensimismamiento. Sus ojos perlados se torcieron hasta la figura del muchacho que interrumpió su proceso introspectivo, y éstos se iluminaron, como aquél destello que surge allí cuando la sorpresa te invade de pronto.

Kincho nunca había estado en el País del Bosque, esa era la primera vez que cruzaba esos caminos. Y ese chico nunca había visitado al País del Viento. Pero haciendo caso omiso a todos estos pronósticos, Kincho y Daigo se conocían, pero sólo uno de ellos lo sabía con certeza.

—Oh, joven, sí. Todo va bien. Yo, un humilde viajero de tierras lejanas, me encuentro aquí en la búsqueda de provisiones que hagan de mi viaje hasta las Tierras del Rayo un transcurso más ameno —canturreó el hombre con tono meloso. No obstante, Daigo sintió que algo en aquella voz le resultaba indudablemente familiar. Era profunda, áspera y poco amena. Y aunque no parecía desentonar demasiado con la apariencia de Kincho, no era el rostro del viajero el que veía cuando le escuchaba, sino el de un viejo tormento suyo. Uno azul, feo, con dientes aserrados y una espada más grande que él mismo—. lamentablemente, la fauna de éste país me es distante y desconocida, pues entenderá que allá en el País del viento, del cuál soy oriundo, carecemos de tan frondosa flora. Quizás pueda usted ayudarme, ya que luce más diestro en el tema. Puedo darle unas monedas por la ayuda, si le estoy reteniendo demasiado tiempo con mi abrumadora cháchara.
[Imagen: baOPN59.png]


— Kincho:
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Tsukiyama Daigo Sin conexión
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#4
Daigo pestañeó un par de veces. Esa voz la había llegado a escuchar en apenas dos ocasiones, pero incluso con esas era complicado no reconocerla.

Podía ponerle un rostro que no era el suyo y un color que definitivamente no era el suyo.

—No se preocupe, no le cobraré —respondió—. Esto... ¿Nos conocemos?

Aunque el joven estaba convencido de saber que la persona que tenía enfrente no era quien aparentaba ser, Daigo lo disimulaba muy bien sin dejar de mostrar esa sonrisa suya.
—hablo
«pienso»

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#5
—Pues yo diría que no, joven muchacho. Salvo que haya ido usted alguna vez a mi tierra natal llamada Inaka, un maravilloso pueblo escondido tras kilómetros y kilómetros de desierto. Por mi parte es la primera vez que cruzo para estos lares de Oonindo —movió los brazos a su alrededor, apuntando a todo aquello que les rodeaba. Vegetación y más vegetación. Verde y más verde—. y no puedo sentirme sino gratamente sorprendido por lo complejo y cambiante que es nuestro mundo.

El viajero se acercó hasta Daigo y le extendió la mano. Cuando se la estrechó, lo hizo con una fuerza inequívocamente majestuosa. Una que no correspondía a esos brazos. Pero a veces la fuerza no viene de los músculos altamente desarrollados, y nadie más que Daigo, un boxeador en formación; debía saberlo.

—Kincho es mi nombre.
[Imagen: baOPN59.png]


— Kincho:
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#6
Por supuesto, Kincho lo negó que se conocían. Negó que aquella no fuera, negó que hacía varios años tuvieron que escapar juntos de un grupo de civiles enfurecidos y también negó el encuentro que tuvieron un año después.

Pero Daigo no dudaba, o de eso se autoconvencía el peliverde.

Tenía que ser él, ¿verdad? La gente podía tener voces similares, pero esta era igual a la que recordaba. Tenía que ser la suya.

Kincho se presentó con un apretón de manos descomunalmente fuerte.

«¿Es esto una amenaza?» pensó. «Maldito...»

No escondió su sorpresa, pero seguía manteniendo la calma.

—Qué fuerza —admitió—. Yo soy Tsukiyama Daigo, es un placer.

—¿Y qué le trae por aquí, Kincho-san?
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Umikiba Kaido Sin conexión
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#7
Ante la exuberante fuerza del extranjero, Tsukiyima Daigo resaltó su sorpresa antes de presentarse él mismo. Kincho puso cara de circunstancia ante tan inusual nombre y le sonrió grácil con esos dientes suyos que, a diferencia del real; eran pequeños, y perfectamente organizados. Tan blancos como la nieve que, en su experiencia como un hombre del desierto, nunca había conocido.

—Oh, joven Daigo-kun, si ya se lo he dicho antes. Este humilde viajero va camino a Kaminari no kuni. Se me dijo antes de partir que vuestras rutas eran más seguras, con un porcentaje indudablemente menor de contratiempos que otros países. Supongo que usted es la muestra viviente de ello, oh noble ciudadano, que se ha ofrecido a ayudarme con mi búsqueda de provisiones.

Dígame, Daigo-kun; es ésto comestible?
—indagó, señalando un matorral de frutos de un aspecto... desconocido para el.
[Imagen: baOPN59.png]


— Kincho:
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#8
—Tiene razón —contestó Daigo, orgulloso—. Las más seguras, de hecho.

Por supuesto que lo eran y no solo porque los habitantes de Mori no Kuni eran amables y siempre estaban dispuestos a ayudar a los viajeros, sino también porque sus ninja siempre se preocupaban por mantener seguro el país.

O al menos eso es lo que le gustaba pensar a Daigo, pero todos conocemos la fama que tienen los ninja de Kusagakure no Sato.

Daigo se acercó para ver atentamente el matorral.

—Esto...

El chico conocía el bosque y tenía cierta facilidad para guiarse en él. Pero incluso así parecía resultarle difícil reconocer los frutos de aquel matorral.

Incluso si los reconocía, probablemente no los recordaría.

—Pues no tengo ni idea —admitió—, pero he recogido estas setas, puedes tomarlas.

El chico sonrió mientras abría su mochila para enseñarle su variado botín a Kincho.
—hablo
«pienso»

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#9
Kincho oteó el botín y sonrió, con el rostro agobiado de una agradable sorpresa. Claro que era falsa desde luego porque internamente pensaba otra cosa de tan desinteresado ofrecimiento.

«Uhm, este cabrón seguro me quiere envenenar»

Sería mucho pedir que me diera usted sus provisiones, joven Daigo. Pero tengo una grandiosa idea. Si, grandiosa. Sé que cerca de estos caminos hay una ciudad, de ilustres casones rudimentarios construidos en lo más alto de vuestras copas de árboles. No pensaba visitar tan magnánima infraestructura pero si puede usted guiarme hasta allá, y así sea de paso obtener alimento y agua para el resto del viaje. Qué dice?
[Imagen: baOPN59.png]


— Kincho:
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#10
—Claro, sin problemas.

El chico cerró su mochila y abrió el bolsillo frontal, donde tenía el mapa que utilizaba para guiarse en sus viajes.

—Esto... no está muy lejos —dijo mientras miraba el mapa, a su alrededor y hacia el cielo, buscando orientarse—, así que no perderás mucho tiempo de viaje.

Daigo le sonrió a Kincho, feliz por ayudarlo incluso si no conocía las intenciones de quien él creía que estaba bajo la máscara.

«Supongo que no habrá problema si solo está de paso...»

Giró poniendo rumbo a Tane-Shigai.

—Sígueme.
—hablo
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#11
Antes de marchar tras Daigo, Kaido echó un vistazo atrás.

«Uhm. Estoy seguro de que Akame podrá sobrevivir sin mí mientras me divierto con mi viejo amigo Daigo» —meditó introspectivamente, a conciencia de que Suzaku estaba ahora mismo como un jodido bebé en pañales, mientras superaba las secuelas de la abstinencia de omoide.

—Lidera el camino, joven Daigo.

Dejo que te explayes, Daigo-kun. El viaje es todo tuyo.
[Imagen: baOPN59.png]


— Kincho:
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#12
El camino a Tane-Shigai fue relativamente corto y sin complicaciones, pues en apenas unas pocas horas ya estaban en su destino.

Kincho no tendría nada de lo que quejarse, salvo por el lento paso que llevaba Daigo para todo ¡Incluso cuando se daba prisa! Por poner un número al azar, podríamos decir que iba un 10% más lento de lo normal.

Al menos el peliverde aprovechó para hacerlo más ameno y hablar de cosas sin importancia.

Apenas llegar a la gran ciudad, el chico se giró para ver a su compañero de viaje y sonrió, abriendo los brazos.

—Bienvenido a Tane-Shigai.
—hablo
«pienso»

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Umikiba Kaido Sin conexión
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#13
El viaje resultó ser ameno, y sin contratiempos. Tan lento como podría esperarse de un crío como el peliverde, aunque Kincho debía el retraso a que el muchacho seguramente estaría haciéndose la idea entre lo que sus ojos veían, y las sospechas generadas por una voz muy particular. Pero daba igual, el viajero necesitaba provisiones y como nunca había estado en Tane Shigai, que Daigo apareciera en su camino resultó ser, desde luego, un plus irrechazable.

Cuando llegaron a la ciudad, el hombre contempló las edificaciones y soltó gestos de sorpresa.

—¿y por dónde se supone que tenemos que movernos? ¿por las raíces de los árboles? —qué rudimentario.
[Imagen: baOPN59.png]


— Kincho:
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#14
—¿Qué? ¡No! —Rio—. Tenemos que subir por ahí

Apuntó a un gran árbol totalmente hueco por dentro, salvo por las escaleras que estaban talladas en su interior.

»Y entonces nos moveremos por los puentes.

El joven se giró y lideró el paso.

—¿A dónde te llevo primero, Kincho-san?
—hablo
«pienso»

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Umikiba Kaido Sin conexión
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#15
¡Oh! puentes...

Miró a las alturas y se quedó perplejo, viendo los ascensos.

Bueno, supongo que lo primero que necesito es pillar algunos víveres. Preferiblemente comestibles, ya sabe, joven Daigo. Nada alucinógeno.
[Imagen: baOPN59.png]


— Kincho:
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