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Estamos en Ceniza, Verano del año 218.
Últimos rumores: ¡Comienza el Examen de Chūnin! Uzushiogakure se viste con sus mejores galas para recibir a los invitados, y todos los participantes preparan los últimos detalles para enfrentarse a unas de las pruebas más duras durante sus carreras como shinobi.

Recomendamos estar atentos al tema del examen para no perder ningún detalle.

¡Segunda prueba en marcha!
[Examen de Chunin] Segunda prueba: Umikiba Kaido
#1
No hay tiempo límite para postear, sin embargo, hay límite para finalizar la prueba. De una forma u otra, el tema debe estar acabado antes del 12 de agosto a las 00:00 (Hora peninsular española).

¿Qué quiere decir eso? Bueno, el tema ira avanzando, y cada problema que solucionéis valdrá unos puntos, si llegada la fecha límite no habéis finalizado todos los problemas, se roleara que os quedáis a medias. Obviamente, habrá una penalización aparte de los puntos que habréis perdido ya de por sí.

El punto de todo esto es que podéis no postear en una semana, en dos, o hasta en tres, porque estáis de vacaciones, y después rushearlo. No os preocupeis, los masters intentaremos postear tan pronto como veamos vuestras respuestas. Pero no lo dejéis todo para el último día.

Cualquier duda, posteadla en el foro de dudas, no busqueis a ningún admin por privado ya que sois ocho participantes y todos podéis dudar cosas parecidas. De todas formas, habrá aclaraciones al final de cada post para evitar malentendidos.

Saludos y mucha suerte.

Había pasado una semana desde la primera prueba. No es que necesitasen tanto tiempo para descansar, pero sí para familiarizarse con el entorno, tal vez conocerse entre ellos o simple y llanamente entrenar. Fueron los encargados de cada villa los que informaron a los participantes que aquella mañana tendrían la segunda prueba, una prueba algo más práctica.

Sin embargo, era difícil verle la parte práctica a esa prueba cuando les habían mandado a primera hora de la mañana a la misma academia donde habían rellenado el cuestionario una semana antes. Además, el procedimiento empezaba a repetirse: iban todos en pelotón hasta encontrarse con el señor manco, cuyo nombre era desconocido con la posible excepción de algún participante de Uzushiogakure bien informado. El hombre repetía indumentaria, aunque esta vez parecía tener algo menos de seriedad en su rostro y les esperaba en la recepción misma, no enfrente de ningún aula.

No me miréis así, yo no voy a haceros ninguna prueba más, solo vengo a pasar lista.

Tras decir eso, volvió a hacer aparecer la hoja con los nombres en su única mano.

A diferencia de la última prueba, esta vez al confirmar vuestra presencia os diré con el número del aula en la que pasareis la prueba práctica. Siguiendo el pasillo encontraréis una bifurcación, a la izquierda los impares y a la derecha los pares. Como os he dicho, yo no soy el encargado de puntuar ni siquiera de vigilar, pero me han dado un par de instrucciones previas para vosotros —bajó la mirada al papel con los nombres y empezó a leer —. La primera es, no se aceptan preguntas hasta el final del examen, y segunda, podéis renunciar a esta prueba en cualquier momento desde ahora, no es eliminatoria pero constaría negativamente para la resolución final.

Alzó la mirada, repasando a los Genins con ella.

Si alguien quiere irse, ahí tiene la puerta —hizo una breve pausa —. Bien, empezamos.

Tras un último vistazo a los participantes empezó a llamarles uno a uno.

Umikiba Kaido, aula siete.

Esperó a que el muchacho empezase a moverse para seguir con el siguiente nombre.

Cuando Kaido llegase a la puerta del aula, se encontraría con que la puerta estaba abierta y que la distribución del aula estaba ligeramente cambiada. Las mesas de los estudiantes estaban exactamente como antes, sin embargo, la mesa del profesor había sido apartada a un lado y en vez de eso, habían dos cojines y entre ellos un plato con pescaditos fritos.

Uno de esos cojines estaba ocupado ya, por un hombre rapado. En una de sus manos tenía uno de los pescados, al ver al shinobi, el hombre empezó a toser y habló para sí mismo por lo bajo, aunque Kaido le escuchó perfectamente.

Joder, es incluso más horrendo de lo que me contaron.

El hombre vestía una camiseta blanca de tirantes y unos pantalones de camuflaje, con su chaleco y su correspondiente insignia plateada. Sus ojos oscuros miraban al genin como si estuviese buscando una forma de hablarle sin resaltar que era azulado e inhumano.

Bueno, tú, cierra la puerta y siéntate, que acabemos con esto rápido. Y, sin hablar a ser posible.— antes de seguir hablando se puso la mano delante de la boca y volvió a hablar por lo bajo, y Kaido volvió a escucharle — Seguro que le canta el aliento tanto como parece.

Esa voz le sonaba terriblemente familiar, pero no era capaz de atinar de qué era exactamente. Sin embargo, era consciente de que la había oído hace muy poco.
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#2
Kaido se encontraba frente al manco, con la mirada perdida. Lucía introspectivo, concentrado y con aspecto meditabundo. Repasaba en su cabeza las vicisitudes de la primera prueba y a su vez trataba de despejarse de todo aquello que le podría molestar durante la segunda. Aún tenía aquella espinilla de la infructífera emboscada a Datsue, por ejemplo, pero con ese ya tendría otra oportunidad de encargarse del asunto. El resto eran nimias que no iban a evitar que diera su cien por cien.

Ahora sólo importaba una cosa: y esa era la segunda prueba. De pegarla en el techo e hincharse a punto para ascender como bien creía que se lo merecía.

Entonces, el manco habló.

—A diferencia de la última prueba, esta vez al confirmar vuestra presencia os diré con el número del aula en la que pasareis la prueba práctica. Siguiendo el pasillo encontraréis una bifurcación, a la izquierda los impares y a la derecha los pares. Como os he dicho, yo no soy el encargado de puntuar ni siquiera de vigilar, pero me han dado un par de instrucciones previas para vosotros. La primera es, no se aceptan preguntas hasta el final del examen, y segunda, podéis renunciar a esta prueba en cualquier momento desde ahora, no es eliminatoria pero constaría negativamente para la resolución final.

¿Renunciar? ¿Acaso era esa una elección lógica? miró a su alrededor instintivamente, a la espera de alguna rendición temprana. Y sonrió, al ver que nadie había caído en la trampa. Porque tenía que ser eso, una vil y cruel trampa, ¿no?

Ante la negativa de todos, el hombre continuó y empezó a llamar a cada uno a sus respectivas aulas. La suya fue la siete, y a la siete se dirigió.

El escualo avanzó por el pasillo y tomó la bifurcación que le llevó hasta su sala asignada. En su interior todo lucía absolutamente igual salvo aquella acomodación en los linderos del mesón principal, que retirado, dejaba un espacio para dos cojines. Uno de ellos estaba ocupado.

Y en el medio, un plato de pescados fritos.

Torció el gesto y enarcó una ceja. Y esa ceja se torció a su vez cuando escuchó cómo el calvo —quien parecía ser su examinador personal—. increpaba sobre su apariencia y poco se molestaba en disimular. Kaido sonrió, y una pequeña vena se le encendió allí en el costado derecho de su frente.

—Bueno, tú, cierra la puerta y siéntate, que acabemos con esto rápido. Y, sin hablar a ser posible —el gyojin cerró tras suyo y avanzó cauteloso hasta el cojín. Y no habló, muy a pesar de que su silencio le permitiría escuchar sin ningún tipo de reparo una nueva ofensa por parte de aquel tipo—. Seguro que le canta el aliento tanto como parece.

Kaido ensanchó aún más su sonrisa. Y respiró profundo. Muuuy profundo. Porque era consciente de lo que intentaba hacer el tipo. Que él picara de su jodido anzuelo.

«No lo golpees. No lo golpees. No lo golpees»
Hablo - «Pienso» - Narro

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#3
El chico azulado pareció mantener la suficiente compostura como para no lanzarse al cuello de su examinador, pero su rostro y su actitud delataban que ganas no le faltaban. El rapado, por su parte, parecía bastante indiferente a la actitud de Kaido.

Bueno, voy, a, explicarte, la, segunda, prueba. ¿Lo, entiendes? — el hombre hacía pequeñas pausas despues de cada palabra como si el tiburón de Amegakure fuera el tonto del pueblo. — Va, si no lo entiendes es cosa tuya. No hay preguntes ni interrumpas, en general, no abras la boca, por favor, hasta que acabe. La segunda prueba es un Genjutsu de ejecución compleja y delicada. Delicada significa que se puede ir todo a la mierda muy rápido. Te pondrá en una situación real de misión y tú tendrás que tomar una decisión. La mejor, a ser posible. Después tendrás un tiempo dentro de la misma ilusión para justificarte lo mejor que puedas y pasaras a la siguiente situación. Tras un par de situaciones volverás aquí y podrás hacerme una pregunta. Cuando te responda acabará la prueba. Abandonar el aula o deshacer la ilusión se considerará abandono. ¿Necesitas que te lo repita o abandonas o seguimos?

El calvo se llevó otro pescado frito a la boca, mientras miraba al genin esperando a ver si había entendido algo. Lo peor de todo es como esa voz sonaba tan bien al vacilar, era como si hubiese nacido para ser un truhan.
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#4
—Bueno, voy, a, explicarte, la, segunda, prueba. ¿Lo, entiendes? —por supuesto que lo entendía. ¿Cómo no iba a hacerlo? ¿Acaso creía él que lidiaba con algún retrasado mental? ¿se trataba de un ensañamiento personal para con Kaido, o era sólo una estrategia para explotar las debilidades del ninja que ahora tenía en frente? quería golpearlo. Quería golpearlo con tantas ganas. Y esa voz. Esa voz de mierda.

La cabeza del gyojin se paseaba del timbo al tambo entre estas dos opciones. Midiendo la distancia de su puño derecho de la cara del examinador a su vez de que analizaba las consecuencias de esa acción en particular en una ráfaga de posibilidades. Volvió a respirar hondo, y asintió. Lo entiendo, habrá querido decir, y su silencio permitió que el examinador continuara con la explicación. Había elegido aprobar, por sobre el deleite de darle una paliza al calvo.

Al menos por ahora.

»Va, si no lo entiendes es cosa tuya. No hay preguntes ni interrumpas, en general, no abras la boca, por favor, hasta que acabe. La segunda prueba es un Genjutsu de ejecución compleja y delicada. Delicada significa que se puede ir todo a la mierda muy rápido. Te pondrá en una situación real de misión y tú tendrás que tomar una decisión. La mejor, a ser posible. Después tendrás un tiempo dentro de la misma ilusión para justificarte lo mejor que puedas y pasaras a la siguiente situación. Tras un par de situaciones volverás aquí y podrás hacerme una pregunta. Cuando te responda acabará la prueba. Abandonar el aula o deshacer la ilusión se considerará abandono. ¿Necesitas que te lo repita o abandonas o seguimos?

—Sigamos —respondió, escueto. Con la mente en el puto juego.
Hablo - «Pienso» - Narro

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#5
Advertencia. A partir de aquí, cada post será decisivo. Es decir, una vez que posteeis y yo lea el post, no valdrá cambiar la respuesta. Haré copiar y pegar y esa será la respuesta con la que me quedaré. Tomaos vuestro tiempo pero estad 100% seguros una vez le deis a enviar. En casos extremos en los que sintáis una necesidad imperiosa de cambiar vuestra respuesta, pedidlo en el tablón, pero habrá una penalización.

El shinobi seguía dedicándole miradas que dudaban de las capacidades intelectuales del gyojin, incluso se sorprendió cuando éste finalmente dijo algo.

Hostias, si hablas y todo. Suerte, chaval, que la vas a necesitar. La ilusión no va a ser precisamente una competición de natación. Ni de ver quien es más feo

Antes de que Kaido pudiese contestar, el hombre le tocó el brazo tras hacer una serie de sellos y la luz se desvaneció para reformarse de nuevo un instante más tarde.

De pronto, iba corriendo a toda velocidad por un camino de tierra en medio de un bosque. Aún quedaban varias horas de sol. Su vestimenta seguía igual con la diferencia de que llevaba un chaleco y una placa que antes no y que le concedían el rango de chunin. Tras él, a apenas unos metros, lo seguían tres genins. Eran dos chicos, uno rubio y otro pelinegro y una chica pelinegra.

En su cerebro empezó a aparecer información que él sabía que era parte de la ilusión. Estaban persiguiendo a un exiliado de su villa, de rango Chunin en el momento en que se exilió, hacía ya un par de meses. Habían tenido un encontronazo con él, del que se había escabullido con heridas leves, conocía el terreno mejor que ellos, ya que se escondía por ahí cerca.

Por si todo eso fuera poco, durante ese encontronazo acontecieron hechos que hacen dudar de una filtración de información. Probablemente, uno de los genin está ayudando al exiliado, directa o indirectamente, consciente o inconscientemente. No tienes ningún indicio claro que señale a ninguno de los tres, y empezar a interrogar y dudar de los tres podría crear fisuras en el grupo, además de que sería un gasto tremendo de tiempo y esfuerzo.

No tardaron en llegar a una bifurcación en el camino, había huellas que probaban que el shinobi en cuestión había pasado por allí. La cosa era que había huellas en ambos caminos, el forajido estaba solo, así que una de las opciones era incorrecta. Fuese cual fuese, no había tiempo para detenerse a hacer preguntas. Estaban en plena persecución, cada segundo era un segundo de ventaja para el perseguido. Los tres genins se pararon y miraron al shinobi de mayor rango esperando una decisión.

Tenía tiempo para darles una explicación breve a sus inferiores sobre cómo actuar, sin embargo, había muchos factores a tener en cuenta.

No conoces las capacidades de los genins, más allá de que saben todas las habilidades básicas. Son niños pobres, tienen como mucho un kunai y un shuriken. Tú posees todo tu inventario. No hay más limitaciones. La bifurcación es marcada, es decir, son dos caminos totalmente opuestos que muy improbablemente vayan a encontrarse después.
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#6
—Hostias, si hablas y todo. Suerte, chaval, que la vas a necesitar. La ilusión no va a ser precisamente una competición de natación. Ni de ver quien es más feo.

No le dio tiempo a decir nada, aún si lo hubiera querido. El examinador realizó súbitamente una serie de sellos que acabaron en un simple toque, que apagó todo a su alrededor por apenas unos segundos, hasta que a realidad se reconstruyó a obra y semejanza de su creador para dar vida a la misión de prueba.

Kaido corría a toda marcha, acompañado de tres genin. Los cuatro atravesaban como equipo un camino de tierra que se abría paso en el interior de un bosque. Él vestía un chaleco chunin y la respectiva placa que le certificaba como el capitán de aquel escuadrón, a la par de que los críos —de aspecto mundano y simplón además de estar precariamente armados— seguían sus direcciones.

La situación era muy precaria. Se sabía de que el objetivo era un exiliado de su propia villa, con quien habían tenido una ligera disputa de la que había salido apenas herido. Aquello se transformó luego en una persecución en la que la desventaja pasó a ser parte de su apuesta, pues al parecer el exiliado conocía mejor el terreno que ellos. Además, Kaido como líder tenía que lidiar en el mientras tanto con la posibilidad de que hubiera un jodido topo entre sus tres polluelos. No sabía quién, ni tenía indicios de; y no contaba el tiempo físico como para averiguarlo. Tenía que continuar.

Llegado el momento, el destino de aquella misión le puso a él y a sus genin en una terrible encrucijada. Dos caminos, ambos con huellas en sus trayectos. Dos elecciones, una de ellas errada.

Lo primero que hizo Kaido fue indagar en lo siguiente: ¿gozaban ellos de alguna muestra de sangre del exiliado, que quizás; habría sido recabada durante la primera confrontación a través de algún pedazo de tela empapada o similar? de ser así, el método justificaba la elección. El olfato de Kaido haría de la de juez y certificaría a través del rastro cuál era el camino correcto. Si no era el caso, atendería a los jóvenes y les daría instrucciones concretas:

—Tú y tú —dijo, señalando a la chica y al rubio, a su vez de que marcaba una gran equis con su kunai al ras del suelo—. tomaréis el camino de la izquierda. El objetivo es muy claro: si dais con el exiliado, uno de vosotros deberá volver hasta aquí, el punto cero; mientras el otro mantiene la vigilia para no perder nuevamente el rastro. También tendrán que poder discernir en qué momento detenerse y volver ambos, si sucede lo contrario y no encuentran a nadie. Eviten a toda costa el enfrentamiento directo y no os dejéis ver bajo ninguna circunstancia. Mucho cuidado con el trayecto, puede haber trampas. Id dejando marcas en la ruta para que podáis volver por el mismo camino.

Entonces se giró hasta el otro chico, el pelinegro.

»Tú vendrás conmigo. Las reglas son las mismas —espetó. Después torció el gesto hacia la chica pelinegra—. el que vuelva, tendrá que avisar al equipo del camino contrario de que habéis dado con el exiliado. ¿Entendido?
Hablo - «Pienso» - Narro

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#7
Los genins asintieron ante las ordenes del chunin y las cumplieron a rajatabla. Tras ir cada par por su lado todo se deshizo tal y como se había formado hacia un momento. En vez de volver a la oscuridad, apareció en una pequeña sala completamente blanca con una silla con reposa-brazos y nada más, ni siquiera una puerta. En la pared enfrente de la silla había escritas tres palabras con tinta roja. No olía a nada, no se oían más que los sonidos que él mismo hiciera y no se veían sombras.

Las palabras eran:
Justifica tu respuesta

Y la tinta aún caía por la pared creando hilillos rojos sobre el blanco.
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