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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
La fábula del hombre olvidado
King Roga Sin conexión
Genin de Ame
Ninjas de Ame
Nivel: 17
Exp: 2 puntos
Dinero: 1000 ryō
#1
Realizo esta trama con hueco de narrador
EDIT 17/08/2019: Retomo la trama con hueco de usuario.

Ascua, Año 219


La cúspide del verano alcanzó la capital del País del Bosque, siendo un clima alegre y tropical para pasar el rato en la mítica ciudad arbórea de Tane-Shigai. ¿Cuantas aventuras se podían vivir en un sitio cómo ese? Algunas épicas, otras trágicas. ¿Qué tipo de historia iba a contarse? Eso estaba por verse. No importaba que tanto ignorases el mundo, historias se sucedían en todos lados en distintos momentos, pero la diferencia radicaba en la importancia que le dábamos. La única verdad del mundo, es que todo es una mentira.

Una muchedumbre de personas se hallaba reunida para curiosear en uno de los tantos edificios de la ciudad. Algunos iban bien vestidos pese al extremo calor, otros tantos preferían lo más práctico y realista, optando por ropas holgadas de colores claros para el calor. Lo cierto es que sin importar si preferían el estilo o la comodidad, ambos bandos querían atestiguar algo en específico.

El sonido de unos tacones anunció la presencia de una mujer tras el umbral de la entrada, justo cuando una joven damisela de ojos naranja hizo acto de presencia. Su mirada era cautivadora y profundas, sus labios rojos eran sensuales, su escote y su cintura invitaban a ideas poco apropiadas, mientras el tatuaje de grulla en su pierna daba un aire de misterio a su ya de por sí encantadora aura. La mujer caminó hasta subirse a una pequeña tarima y tomo un micrófono.

—Bienvenidos sean y gracias por su paciente espera. A continuación, mi hermano y director de la Fundación Hakaze dará su discurso inaugural. Con ustedes, ¡Hakaze Konda!— señaló con la mano a la puerta.

Los aplausos no se hicieron esperar, de tanto que incluso algunos se atrevieron a sacar fotos de la llegada del caballero.

Era un hombre que rondaba los cuarenta y cinco años, aunque en sus sienes era posible apreciar atisbos de tempranas canas. Eso sí, toda su cabellera estaba perfectamente peinada. Tenía ojos naranja al igual que la fémina, pero mucho más afiliados. Era de nariz respingada y mentón fuerte, dándole todos los rasgos de un hombre apuesto, resaltando además un fino bigote. Caminaba con paso airoso, recibiendo los flashes de las cámaras con la costumbre de quien se levanta todas las mañanas y se pone los zapatos. Era solo verle, y saber qué era un gran hombre, o al menos en personalidad, porque en altura le faltaban algunos centímetros para llegar al metro con setenta.

Llegó al humilde escenario y recibió el micrófono, esperando a que cesacen los aplausos para comenzar con su discurso.

—Gracias a todos por asistir a este importante día. Durante mucho tiempo, he dedicado parte de mi vida a ayudar a los necesitados. Pero a la vez, me pregunté si mis esfuerzos valían realmente la pena. ¿Qué hará el pobre con la moneda de oro?— su mirada observó a todos los presentes. —Soy un empresario, aunque confieso que heredé la compañías mineras de mi familia y yo sólo tuve que aprender a administrarlas. Sin embargo, esto me hizo pensar, ¿porqué unos tienen oportunidades y otros no? ¿Cual es la diferencia? ¿Es destino? Son preguntas que parecen ser respondidas por la casualidad, pero con el tiempo me di cuenta de que lo que llamamos suerte, en realidad son consecuencias de las acciones de los demás. Por ello, he estado apoyando con distintas donaciones a diversos orfanatos en distintos países. Me han llegado a llamar filántropo por mis acciones, pero, ¿es necesario un adjetivo para alguien que se dedica a velar por el bienestar de los demás? ¿Tan deprimente es el mundo para que la bondad sea un milagro? Es triste, pero es así. Por ello, me he dado cuenta que no basta dar limosna. ¡SE HAN DE HACER BIEN LAS COSAS! Así cómo he aprendido a abrirme paso en los negocios, así administraré la fundación. Es por ello que están aquí, ¡para inaugurar el primer orfanato totalmente patrocinado con los esfuerzos de la Fundación Hakaze! Porque mis esfuerzos no serán en vano, porqué sé que valdrá la pena darles oportunidades a esos niños que no tienen quién más vele por ellos. ¡Para que ellos puedan trazar sus sueños en el futuro!

Konda empuñó la zurda y todos los presentes estallaron en vitoreos.

Era mientras se sucedían estos hechos, que la historia se escribía. ¿Iba a prevalecer la justicia por sobre la codicia? Eso dependía de las acciones de nuestro protagonista. Él, caminaba entre la ciudad, pensando en todo menos en lo que se estaba cocinando tras bambalinas.

Sería el héroe de la epopeya, y como todo héroe, tenía un nombre:

Tsukiyama Daigo.
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