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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
Lluvia con Sol
Aburame Mei Sin conexión
Genin de Uzushio
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#16
Él era un muchacho alto, más que la media, su cabellera negrazulada y alborotada le daba un aire relajado y juvenil, aunque aparentaba tener más edad, probablemente por aquellos vellos en su rostro, le hacían ver mayor. Mis esmeraldas se posaron un instante en aquellas gemas grisaceas y luego en aquel diminuto lunar que tenían en la sien.

—¿En serio?— dudé un momento de lo que acababa de escuchar, el local de Onome siempre había sido muy popular, era raro cuando no estaba lleno, bueno, nunca estaba tan abarrotado como ahora, lo normal era que para este tipo de eventos estuviera así.

El ojigris admitió que prefería no ser tan reconocido, y por los rumores que escuché él tenía razón en ello, pero todo era culpa por sus decisiones, luego se presentó —. Un gusto Kouji-san, soy Aburame Mei— dije con una sonrisa en mi rostro —. No tan cercanas como para ser familiares, pero nos conocemos hace muchos años— no había nada más que decir.

—Claro está que no soy la única que tiene una relación con Onome-san, pero dime... Ahora que no has podido participar en el evento, ¿qué harás?
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Okumura Kouji Sin conexión
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#17
— Pues… — Se dio un par de segundos antes de contestar: — No sé. La verdad es que solo vengo a este concurso porque me gusta probar lo que prepara cada año. — Admitió simplemente. — Por extraño que parezca, no disfruto mucho de la comida… pero la que sirve Onome-obasan para su desafío hace que el viaje valga completamente la pena.— Su tono de voz se tornó repentinamente entusiasmado — Sabe cómo nada que haya probado en ningún otro lado ¿Sabes? — Así, el chico daba a entender que para él, ese reto de comida resultaba más bien una experiencia turística.

— Quizá sea una buena oportunidad para conocer los alrededores ¿Eres de por aquí? — Quedó a la espera de una respuesta, y en el fondo estaba interesado en recibir alguna recomendación. Seguidamente, llamó la atención de un mesero que servía los pedidos en la mesa adyacente, levantando la mano y haciendo contacto visual, incitando a que se acercara.
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Aburame Mei Sin conexión
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#18
«Es un poco descuidado, sabía que iba a llegar tarde y ni se paró un segundo a pensar en qué haría...» la sinceridad de Kouji había sido tanta que me llamó mucho la atención.

—Ciertamente, muy pocos cocinan como ella— dije con tono cansino, ya lo había dicho, ¿no? Volvíamos a caer en el mismo tema...

«¿Por qué se tardará tanto el plato de ramen?» miré a todas partes con la esperanza de que Onome llegase con el tazón entre manos, o que alguien me estuviera haciendo señas para ir a buscarlo, o algo similar, pero mis ojos se toparon con el gentío, había bulla y me podía percibir un poco de caos, seguramente no se darían abasto con tantos pedidos.

—Está haciendo calor, ¿no?— pregunté antes de su interrogante —. Podría decirse que sí, viví aquí durante algunos años, no la conozco como la palma de mi mano, pero algo sabré del lugar.

Mis esmeraldas relucieron cuando el mesero se acercó —. Un té helado, por favor, estoy seca.
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Okumura Kouji Sin conexión
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#19
—Es insoportable.— Opino sobre el calor, completando la frase. —No sé cómo pudo estar tanta gente allá afuera con este calor… aunque siento que aquí adentro no mejora mucho.— Tenía sudor en la frente y el cabello, pero a pesar de sufrir el embate de aquel clima al cual no estaba acostumbrado, apenas mostraba rasgos de incomodidad, pese a que sí se sentía agobiado.

Kouji se adelantó e hizo su pedido primero cuando el mesero se acercó. — Quiero un plato de Tantanmen, con algo de wasabi para acompañar si es posible. —Inquirió, y seguidamente el encargado tomó nota.

—Un té helado, por favor, estoy seca.—

— También uno para mí, por favor. — Dijo enseguida. El encargado preguntó si requerían algo más, para luego darse la vuelta y retornar a la cocina.

Casi de inmediato, la inigualable cocinera de aquel establecimiento al fin se apersonaba con un enorme plato de ramen entre las manos, lanzando una mirada azuzadora sobre el extranjero a la par que dejaba el voluptuoso platillo frente a su invitada, así como un par de palillos. Entre el festival de colores y aromas , el cerdo era el anfitrión de aquella comida, picado en lonjas de carne magra entre los noodles y los trozos de huevo cocido.

Sus ojos se volvieron hacia ella. — Espero que lo disfrutes. — Sin dejar a un lado aquella sonrisa, sacó de su delantal una pequeña bolsa, similar en tamaño y forma la primera que recibió, y extendiendo el puño cerrado la puso al alcance de Mei, esperando a que la recogiera en sus manos. — Esto es para tu padre. —

Reincorporanse, la canosa mujer se puso una mano en la cintura y se dirigió a Kouji. —Y tu ¿Qué vas a pedir? — Pese a su lenguaje corporal, su tono no fue agresivo ni tajante, mas sí directo. Tras ese momento, tardó solo un par de segundos en reaccionar. — Quiero un plato de arroz con salsa picante, como el de la competencia. — Dijo probando suerte, disimulando no haber hecho su pedido ya. — No sé porque insistes con eso si ya lo sabes— La señora se cruzó de brazos. — Solo sirvo esa comida para el desafío: es especial… — Desvió la mirada por un momento y se encogió de hombros. — Ya veo. Tenía que intentarlo— Trató de ocultar una sonrisa torcida, como la de un niño que hace una travesura. — Ya me atendieron, igualmente gracias. — La mujer enarcó una ceja de manera sarcástica.

— Como sea…—Intercambió su atención a la kunoichi otra vez — Voy a seguir ocupada por aquí un rato más, pero puedes estar cuánto gustes ¡Cuando te vayas no olvides despedirte! — Le recordó, de una forma quizá muy maternal para Mei considerando que tendría pocos o ningún recuerdo relacionado con aquella mujer.

Acto seguido, si nadie añadía nada más, se marcharía hacia su puesto de trabajo, dejando a su suerte aquella porción de ramen sobre la mesa, sobresaliente en proporciones y sabor, delante de la joven y su acompañante.
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Aburame Mei Sin conexión
Genin de Uzushio
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#20
—Calor y picante no es una buena combinación, por lo menos para mi, no sé cómo los participantes gozan con ese reto...— dije recordando la ronda que acababa de culminar —. Aunque al parecer a ti como que sí te place...— agregué cuando escuché el pedido del muchacho.

—Para mi es todo.

«Espero que Onome no se olvide de mi»

Cuando aquel pensamiento se esfumó de mi mente, como enviada por los dioses, la cocinera apareció con un gran tazón de ramen, lo cargaba con ambas manos, tenía un gesto plácido en su rostro que cambió rápidamente al ver a mi acompañante —Se me hace agua la boca con tan solo olerle este delicioso platillo — dije ansiosa al ver mi almuerzo. Mi estómago rugió exigiendo un bocado del mismo y mis mejillas se enrojecieron de la pena, esperaba que el ruido del ambiente hubiese mitigado y que nadie reparase en aquel incómodo sonido.

—Tenlo por seguro— ella recuperó su sonrisa y yo le devolví una de agradecimiento. Onome no solo había traído mi almuerzo, sino que ahora me entregaba lo que venía a buscar, sacó una pequeña bolsa de uno de sus bolsillos y la acercó tanto como pudo a mi, solo tuve que estirar el brazo y abrir mi mano —. Estará complacido, muchas gracias.

Uní mis manos para agradecer por la comida y luego agarré los palillos, la anfitriona seguía justo frente a mi, pero su atención estaba puesta en Kouji, desde mi lugar observé toda la conversación disfrutando de un buen bocado del cerdo seguido de uno de huevo y fideos.

«Hay que ver... También le gusta la vaina» lancé una mirada acusadora para el Amejin en cuanto hizo su petición, pero no dije nada, Onome supo responder y no hubo ninguna insistencia por parte del joven. Mis orbes se conectaron con los de la cocinera en cuanto su atención volvió a mi, terminé de tragar otra porción de fideos —. Por su puesto, espero encontrarte entre todo este gentio.

—¿Por qué hiciste eso?— reproché en cuanto la mujer se encontraba lo suficientemente lejos.
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Okumura Kouji Sin conexión
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#21
—Calor y picante no es una buena combinación, por lo menos para mi, no sé cómo los participantes gozan con ese reto… Aunque al parecer a ti como que sí te place...—

— Supongo que no lo es, porque es un desafío y está hecho para pasarla mal.— Kouji se encogió de hombros, inclinando la cabeza un poco. — A mí, pues, el calor me parece igual de cansino antes y después de comer. — Nuevamente pasó la mano por la frente intentando aplacar el sudor condensado en gotas sobre su piel. — La verdad es que no siento la diferencia. — Afirmó sin ápice de pretensión, aunque él vagamente razonaba que la facultad casi sobrehumana que lo hacía inmune a la capsaicina, radicaría en su atrofiado sentido del gusto.

Irónico que este lastre que cargaba de nacimiento lo hubiera convertido, sin querer, en el campeón de aquel concurso, al que acudía simple y únicamente para tratar de sentir el placer carnal de degustar el alimento. La experiencia que conseguía recrear dentro de las paredes de aquel establecimiento era la misma que la del ciego cuando recupera la vista, aunque solo fuera por minutos.

El extranjero, con los sentidos secuestrados por la comida de la chica, salió de su estado reaccionando un poco más exagerado de lo que ameritaba el rugido de su estómago, acomodándose ipso facto al espaldar de su silla de un brinco. — … — De inmediato se dio cuenta del origen de ese sonido, y apenas contuvo una risotada llevándose la mano a la cara para no interrumpir la conversación, aunque fuera evidente. Recuperó la compostura por completo al momento de tratar de engañar a Onome.

—¿Por qué hiciste eso?—

— Mira, ponte en mi lugar… — Repuso enseguida — eres un tío que viene de muy lejos ¿Sí?, llevas días… semanas — Exageró — viajando a pie. Y solo vienes por un almuerzo. Eso es todo. Esa es tu motivación — Su lenguaje corporal connotaba que su frustración solo iba en aumento — Hombre, tendría que sentirse halagada de tener un cliente como yo… además, si de pronto decide que va a cambiar la fecha del evento, vergüenza tendría que darle conmigo ¡Qué solo es una vez al año! — Fue interrumpido por un rugido de su estómago, pero no fue suficiente para interrumpir su drama e hizo como si no lo hubiera escuchado.
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