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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
Mejunje de calabaza
#31
¿Perdido? ¿En Yachi? ciertamente, era bastante más factible que me hubiera perdido yo a que lo hubieran hecho ellos . ¿Cómo voy a perderme en mi propio país? Eres tú el que vienes de fuera, guiri de la hierba. Bueno, Yota. Ya estamos aquí. ¿De qué querías hablar?

Sin tiempo de que pudiera responder, Ayame señalo el vaso que se me había caído.

—Se te ha caído eso...

— Si, si, solo se me ha resbalado — dije juntando mis manos en un sello de manos poco habitual — Ves, solucionado

Mi coleta se endureció y creció bastante, llegando a recoger el vaso de plástico y depositandolo en la basura que había a un lado de la calle. Luego, deshice el jutsu y la coleta volvió a su estado habitual.

— Bueno, con la buena acción del día realizada, ya podemos atender los asuntos importantes pero... — me frotaba la nuca con la mano diestra, pensativo — Es un tema lo suficientemente importante como para que nadie ajeno a nosotros husmee en lo que quiero que hablemos. Yo no conozco este sitio
[Imagen: kidomaru.gif~c200]

Narro ~ Hablo ~ Pienso ~ Kumopansa
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#32
Daruu agitó la muñeca cuando Yota formuló aquél sello, pero finalmente no hizo falta que sacase su espada oculta. El amejin entrecerró los ojos peligrosamente mientras observaba, atónito, cómo el pelo del cetrino crecía hasta recoger el desecho de plástico que había generado.

En esta situación, es muy temerario por tu parte ponerte a formular sellos en presencia de dos amejin, Yota —advirtió—. Por otra parte, como veo que no traes a la "arañita" contigo, puedo llevarte a mi casa de campo. Ahí seguro que nadie nos interrumpirá. Pero te advierto que está mi madre.

»Lo digo porque no habéis empezado con buen pie.
[Imagen: CRvX4wy.png]
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La prueba más fehaciente de que la cocina puede cambiar el mundo es el puto quilombo que se ha montado por una salsa carbonara. La cebolla que amenazó la estabilidad en Oonindo. ¡Los ESPAGUETIS DEL DESTINO!

Subtextualízame en mediumseagreen. E imagínate el susurro de un bosque de pinos en mi suave y dulce voz.

Marcas de Chishio Kuchiyose dibujadas:
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#33
—Si, si, solo se me ha resbalado —replicó Yota, y Ayame no pudo evitar tensar todos los músculos del cuerpo cuando le vio entrelazar las manos en un extraño sello que no supo reconocer—. Ves, solucionado.

Pero la muchacha se vio incapaz de articular palabra. Boqueaba, como un pez fuera del agua, y tenía los ojos clavados, y abiertos como platos, en la trenza del Kusajin. El dedo con el que le había señalado ahora colgaba, inerte. Y es que se había quedado sin palabras al ser testigo de como el pelo del chico se crispaba como alambres de acero y se alargaba y se alargaba... Como en el cuento de la mágica melena de una kunoichi encerrada en una torre. Y, como si de un brazo más se tratara, la trenza se enrolló en torno al vaso, lo alzó en el aire y lo encestó en una papelera cercana.

Primero una araña gigante y parlanchina, ahora pelo controlable como una extremidad más. Ayame casi no podía reconocer al shinobi al que se había enfrentado en el torneo. ¿Pero cuánto había evolucionado en un año?

—Bueno, con la buena acción del día realizada, ya podemos atender los asuntos importantes pero... —añadió Yota, frotándose la nuca con gesto pensativo—. Es un tema lo suficientemente importante como para que nadie ajeno a nosotros husmee en lo que quiero que hablemos. Yo no conozco este sitio.

«¿Y ese secretismo?» Se preguntó Ayame, carcomida por la curiosidad.

—En esta situación, es muy temerario por tu parte ponerte a formular sellos en presencia de dos amejin, Yota —advirtió Daruu.

—Oh, no seas así con él, Daruu-kun —protestó Ayame, golpeándole con suavidad en el brazo—. Si quisiera atacarnos ya ha tenido ocasiones de sobra para intentarlo. Además, no debería tener motivos para hacerlo. Yota-san no es un Uchiha o un Uzujin, no tiene nada en nuestra contra, y me dijisteis que los Kusajines nos ayudaron durante... el incidente.

—Por otra parte, como veo que no traes a la "arañita" contigo, puedo llevarte a mi casa de campo. Ahí seguro que nadie nos interrumpirá. Pero te advierto que está mi madre. Lo digo porque no habéis empezado con buen pie.
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#34
La cara de estupefacción cuando usé el Sasagani no Hoyo de Ayame fue algo digno de inmortalizar. Percibí también la tensión cuando formulé aquel sello de manos, estaban esperando a que les atacase o algo así, pero en su lugar solo cogí el maldito vaso y lo dejé en la papelera. Volviendo al tema, Daruu contrastaba con la reacción de su acompañante. El tipo se lo tomó de una manera poco racional, por decirlo de algún modo, incluso había preparado un contraataque debajo de la manga de su camiseta. Y, por supuesto, me dedico una serie de palabras, las cuales tuvieron un reproche por parte de Ayame.

— Gracias, Ayame-san, al fin un poco de sentido común — respondí con sinceridad — Vamos a ver, Daruu-san. Te lo diré para que te quede claro. Te guste o no, eres mi amigo. Yo no he olvidado lo que hemos vivido y lo que hemos compartido. Que los hijos de puta de Uzushiogakure se hayan tomado la justicia por la mano y hayan decidido hacer su bien no ha cambiado lo que te digo. Has sido, eres y seguirás siendo mi amigo, por mucho que esas sabandijas se empeñen en destruirlo todo, ¿lo entiendes ahora?

Resople con algo de cansancio.

— No tengo motivo alguno para haceros daño o maquinar nada en contra vuestra. Bueno, a excepción de lo de antes, pero eso vamos a pasarlo por alto, fue un incidente aislado

. Por otra parte, como veo que no traes a la "arañita" contigo, puedo llevarte a mi casa de campo. Ahí seguro que nadie nos interrumpirá. Pero te advierto que está mi madre.

»Lo digo porque no habéis empezado con buen pie.


Eso dejaba las cosas en una situación inmejorable. No esperaba algo así, a decir verdad, pero era estupendo, haría el esfuerzo de coincidir con su madre, claro.

— Se llama Kumopansa, Daruu-kun. Y bueno, parece un lugar perfecto, así que por mi no hay problemas. Kumopansa no va a venir, así que no hay nada que temer. Siempre y cuando no sea un problema meter a un guiri de la hierba en tu casa
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#35
Ayame la Paranoica, la que había vestido un antifaz desde Amegakure hasta Yachi durante el viaje de hacía un par de días, le decía ahora que no fuera así con Yota. ¡Genial idea! ¡Fiémonos de todos los extranjeros que se ponen a hacer sellos delante nuestra! Seguro que así no nos comemos ningún katonazo improvisado, ¿eh? Para Daruu, Ayame tenía la memoria muy corta. Porque parecía no acordarse de cómo se había puesto en Kabotaro.

Luego, Yota continuó encima diciéndole que le gustase a Daruu o no, era su amigo. ¿Pero qué cojones? ¿La amistad se puede obligar? Porque ahora se enteraba. ¡Ahora se enteraba! La amistad es algo que se otorga mutuamente, no se puede forzar unilateralmente.

Les contó que la araña que llevaba en su cabeza anteriormente se llamaba Kumopansa. Daruu pensó que era un nombre gracioso, porque la parte final, "pansa", le recordaba a la palabra "panza". Pero cuando recordaba el aspecto de aquella viuda negra, se le pasaba la risa enseguida.

Hombre, mientras no tires la basura al suelo como has hecho con el vaso, por mi no tengo problema —dijo, encogiéndose de hombros—. Bueno, sí, uno pequeño, insignificante. Que desde lo de Uzushiogakure me fio muy poco de los extranjeros. Por mucho que hayamos sido amigos... también lo fui de Uzumaki Eri. Y al final, resultó ser otra rata traicionera más.

Se dio la vuelta.

»Un movimiento equivocado y podrías encontrar tu cabeza separada del cuerpo. Considéralo un aviso. Decido creerte, pero los hechos demostrarán si puedo o no confiar en ti.
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#36
—Se llama Kumopansa, Daruu-kun —replicó Yota, para sorpresa de Ayame. No debería haberse visto sorprendida por el hecho de que la araña tuviera un nombre, si era de verdad una invocación como había sospechado, pero lo cierto es que lo hizo. Y también le hizo cierta gracia el nombre de la aludida; pero, lejos de reírse en voz alta, se anotó para sí misma que debía presentarse ante el arácnido debidamente la próxima vez que lo vieran—. Y bueno, parece un lugar perfecto, así que por mi no hay problemas. Kumopansa no va a venir, así que no hay nada que temer. Siempre y cuando no sea un problema meter a un guiri de la hierba en tu casa.

Ayame se mordió el labio inferior, nerviosa ante lo tenso del ambiente. Miró de reojo a su pareja, que en aquel momento se encogía de hombros.

—Hombre, mientras no tires la basura al suelo como has hecho con el vaso, por mi no tengo problema. Bueno, sí, uno pequeño, insignificante. Que desde lo de Uzushiogakure me fio muy poco de los extranjeros. Por mucho que hayamos sido amigos... también lo fui de Uzumaki Eri. Y al final, resultó ser otra rata traicionera más.

Aquello fue como un golpe directo dirigido hacia ella. Ayame se adelantó, dispuesta a protestar por el honor de la que había sido su amiga, pero se detuvo a medio camino con los labios entreabiertos al recordar las terribles visiones de Uzumaki Eri arrancándole los ojos a Daruu con sus propias manos.

«¡Eso no fue real!» Se recordó, pero una maliciosa vocecilla no tardó en responder a aquello: "Pero sí lo fue que esposó a Daruu por orden de Uchiha Akame".

Daruu se dio la vuelta, dispuesto a andar el camino hacia casa, y Ayame rezongó por detrás de él, apretando los puños.

—Un movimiento equivocado y podrías encontrar tu cabeza separada del cuerpo. Considéralo un aviso. Decido creerte, pero los hechos demostrarán si puedo o no confiar en ti.

«Daruu-kun...» La muchacha lanzó un largo y tendido suspiro, hastiada e impotente ante una actitud que no sabía cómo enfrentar.

—Perdónale —le susurró a Yota, a espaldas de su pareja para que no la escuchara.

Lo último que le faltaría sería que la considerara a ella también una traidora o algo así.
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#37
Me limité a dejarle hablar sin interrupciones. Habló de una tal Uzumaki Eri de Uzushiogakure, incluso usó su nombre para compararme conmigo. Yo, puesto al nivel de alguien del remolino. En otra situación hubiera puesto el grito en el cielo. Pero no lo hice. Escuché también las suplicas de Ayame. Lo cierto es que me costaba reconocer a Daruu, es como si fuese otra persona distinta.

— Tu mismo lo has dicho, Daruu-kun. Esa uzujin te traicionó y, hasta donde yo sé, jamás te he traicionado, ¿no es así? — dije dejando en el aire la obviedad — En el momento en que lo haga cortame en mil pedacitos, pero no antes. Antes me gustaría tener esa charla. Puede, incluso, que después hasta entiendas mi cabezoneria de no querer enemistarme contigo, ni con Ayame, ni con tu gente

De nuevo, seguía sin saber qué diantres sucedió con más o menos exactitud, solo sabía que se los habían llevado a aquel hospital después de la ¿locura? de Ayame.

— Creo que hay cosas que aclarar, cosas que debéis saber y que igual no os han contado. Así que bueno, ¿vamos?

Mostré una ligera sonrisa, quizás ese simple gesto lograse apaciguar un poco al torbellino que había en el interior de los amejin, en especial de Daruu.
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Narro ~ Hablo ~ Pienso ~ Kumopansa
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#38
Daruu echó a caminar en dirección al barranco de Yachi.

Sí... vamos —dijo, tras un suspiro—. Es cierto que no nos has traicionado todavía, pero siempre hay una primera vez para todo, y ya me han demostrado varias veces que es así —replicó a lo de antes, atrapado bajo la sombra de un mismo argumento sombrío—. Y normalmente, cuando ya te han traicionado, no te da tiempo a "cortar en pedacitos" a la rata.

»No obstante escucharé lo que tienes que decir. Sólo te advierto, una vez más, de que no juegues con mi generosidad.

Tras decir esto, el trío de ninjas continuó el camino en silencio. Cruzaron el pueblo de un lado a otro, y salieron de él. Luego, tomaron un giro a la izquierda y se acercaron al borde del acantilado. Allí, un sendero algo escondido entre dos árboles bajaba, sinuoso, por la ladera; descendía hasta el valle partido en dos por el río. Y allí, en el lóbulo de un meandro, se alzaba una cabaña de madera. La chimenea despedía una fina columna de humo.

Es allí —señaló Daruu, y se adelantó. Introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta.

Oh, Daruu. ¿Ya habéis vue-? —La frase quedó colgada en el aire. Kiroe, toda pálida, se había quedado mirando a Yota con los ojos de par en par. Recorrió desde las rodillas hasta la cabeza, pasó por los hombros. Cuando vio que no la acompañaba la viuda negra gigante, su piel tomó de nuevo el color original. Se adelantó a toda prisa y clavó una reverencia muy pronunciada—. ¡Oh, lo siento, shinobi-san! ¡Me dan pánico las arañas! ¡Lo siento, lo siento!

Venga, mamá, déjalo —dijo Daruu, enseñándole la palma de la mano. «Sí... no te disculpes todavía. No sabemos lo que quiere decirnos o cuáles son sus intenciones.»

A... ahora os acompaño. Estoy preparando una cosa. —se apresuró a decir Kiroe, y avanzó por el corto pasillo y giró a la derecha, entrando en la cocina. De allí salía un tufillo dulce que hizo que el estómago de Daruu crujiera.

Se pone a cocinar cuando está estresada. Y luego tengo que entrenar el doble para bajarlo. ¿Cómo demonios hace Kori para no...? ¡Es igual! Yota-san. A la izquierda está el salón. Hablaremos allí.

Giró la esquina y se sentó en un extremo del sofá de color granate. Al otro extremo habían dos sillones del mismo color, y en el centro una mesa baja de cristal. Daruu señaló al sillón de enfrente.

»Toma asiento, por favor.

Al poco, vino su madre, que traía una bandeja con bollitos de vainilla. «Allá vamos... A atiborrar al extranjero. Bueno, mira el lado bueno. Así no podrá correr si intenta hacer algo. Claro que nosotros tampoco.» La depositó en el centro de la mesa y volvió a marcharse. Volvió enseguida con otra bandeja. Chocolates con nata.

Por favor, shinobi-san. No te dejes intimidar por mi hijo. Está de un paranoico...

Mamá, si no te importa...

La mujer tomó asiento en el otro sillón individual.
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#39
Con un par de intercambios verbales más, y la desconfianza brotando por cada poro de Daruu, los tres shinobi se dirigieron en completo silencio hacia la caseta donde se hospedaban los Amejines. Salieron de Yachi tras cruzarlo y después giraron a la izquierda. Se acercaron al borde del acantilado, y desde allí bajaron por un sinuoso sendero, algo escondido entre los árboles, hasta el valle. Las aguas del río lo dividían por la mitad entre serpenteantes meandros y allí, en el hueco de tierra que dejaba uno de ellos, se alzaba una pequeña casita de madera de cuya chimenea brotaba una final columna de humo.

—Es allí —señaló Daruu.

Y cuando el chico introdujo la llave en la puerta y la abrió, se encontraron cara a cara con Amedama Kiroe, que se quedó lívida al comprobar quién les acompañaba. Sus ojos violeta escudriñaron el cuerpo de Yota de arriba a abajo, buscando cualquier rastro de arácnido en él. Y sólo se quedó tranquila cuando no lo encontró. Fue entonces cuando se deshizo entre súplicas por su fobia a las arañas y el accidentado ataque hacia Kumopansa.

—Venga, mamá, déjalo.

—A... ahora os acompaño. Estoy preparando una cosa —dijo, antes de atravesar el pasillo y girar hacia la cocina.

Ayame se tuvo que abrazar el estómago cuando llegó hasta su nariz un dulce y agradable aroma.

—Se pone a cocinar cuando está estresada. Y luego tengo que entrenar el doble para bajarlo. ¿Cómo demonios hace Kōri para no...? —preguntó, y Ayame levantó las palmas de las manos hacia el techo con una sonrisilla. Desconocía la respuesta a aquella pregunta, suponía que su hermano debía tener un metabolismo rápido aunque aquello era muy raro, teniendo en cuenta lo frío que era él—. ¡Es igual! Yota-san. A la izquierda está el salón. Hablaremos allí.

Giraron hacia el lado contrario y entraron en el comedor. Allí, Daruu se sentó en un sofá y señaló el sillón que quedaba enfrente para Yota. Ayame dudó durante unos instantes, pero terminó por sentarse junto a Daruu en el sofá, se quitó el sombrero de bruja y el antifaz y los dejó junto a ella con un suspiro. Y, al cabo de unos pocos segundos, Kiroe regresó con una rebosante bandeja de bollitos de vainilla y chocolates con nata.

—¡Ay, qué rico! ¡Gracias! —exclamó Ayame, encantada ante lo que estaba viendo.

Golosa como sólo ella podía ser, tomó uno de los bollitos de vainilla y no dudó ni un instante en llevárselo a la boca para deleitarse con su dulce sabor.

—Entonces... ¿de qué nos querías hablar, Yota-san?
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#40
De nuevo, la advertencia de Daruu resonó en mi cabeza. Aunque no significaba nada. como ya le había dicho varias veces no había ninguna intención por mi parte de enemistarme con él. Ni con Ayame. Ni siquiera con su madre, y eso que había pateado a Kumopansa. No, el enemigo no era Amegakure, así como para ellos Kusagakure tampoco debía serlo. El enemigo era otro. Y meses atrás había quedado bien claro, a pesar de las dudas del shinobi de la lluvia, que seguía vigilandome en todos y cada uno de mis movimientos. Ayame parecía más relajada en ese sentido.

Fue precisamente Daruu quién nos guió, aunque yo iba un paso por detrás de ambos, en silencio y con las manos en los bolsillos, pensando como abarcaría aquel tema del que quería que charlásemos. Pronto llegamos a su hogar. Bueno, a su segunda residencia, su hogar principal estaba un poco más lejos, hacia el oeste.


Es allí

El amejin abrió la puerta y detrás pude ver el rostro de alguien que parecía haber visto la peor de sus pesadillas.

— Parece que tomé la decisión adecuada al dejar a Kumopansa con mamá — bromee.

Tras aquello, entramos en el edificio de aquella casa que desprendía el dulce aroma de unos dulces caseros recién hechos o que estaban a punto de terminarse. No tardaron en profanar nuestras fosas nasales despertando una sensación de apetito en nuestros estómagos.

Se pone a cocinar cuando está estresada. Y luego tengo que entrenar el doble para bajarlo. ¿Cómo demonios hace Kori para no...? ¡Es igual! Yota-san. A la izquierda está el salón. Hablaremos allí.

Pero la mujer se internó de nuevo en la cocina y nosotros tomamos la dirección opuesta del pasillo para adentrarnos en el salón. En él, Daruu tomó asiento y a su lado, Ayame hizo lo propio.

»Toma asiento, por favor.

— Gracias

Así que eso hice. Sentar mi culo en el sillón que había indicado Daruu. Poco más tarde, la madre del amejin regresó con la bandeja de bollitos, dejándola sobre la mesa y sentándose en el otro sillón disponible. Joder, me hubiese encantado hincarles el diente pero, noe ra el momento para ello, y viendo como estaba Daruu respecto a mí, quien sabe si estarían envenenados. Así que por el momento debía ser fuerte y controlar mis impulsos. aunque me ofreciesen el probarlos.

—Entonces... ¿de qué nos querías hablar, Yota-san?

En definitiva por eso estábamos allí reunidos los cuatro. Para hablar de lo sucedido en Uzushiogakure. Así que había llegado el momento.

— Es cierto, hablemos de lo que pasó en aquel estadio y fuera de él. soy consciente de que no será agradable para nadie, en especial para vosotros dos, Daruu-kun y Ayame-san. Pero para mí es importante y os agradecería que hicieramos el esfuerzo — dije con las manos apoyadas en mis muslos y con el rostro completamente serio — Dicho lo cual... como ya os dije en Kabotaro, estaba preocupado por vosotros dos y es una alegría ver que estáis bien pero... bueno, ya que me tomé la molestia de involucrar a Kusagakure después de que Uchiha Akame se os llevase del estadio me gustaria saber que pretendía Uzushiogakure realmente. Iban detrás del bijuu, ¿verdad?
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