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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
Piérdete... espera, eso lo hago yo
#76
El pelinegro rió todavía más. Casi se cae de la silla debido al ataque de carcajadas que las afirmaciones de su acompañante le provocaron. «¡El matrimonio, dice! ¡JAJAJA! En parte tiene razón, pero no me refería a eso...», se jactó en su fuero interno. Retiró una pequeña lágrima que había hecho acto de presencia en su ojo derecho, dado todo el jolgorio.

¡No, no! ¡No hablaba del matrimonio, Ritsuko! ¡Espera unos cuantos años más para eso! —golpeó la mesa un par de veces— Si no sabes a lo que me refiero no pasa nada, olvídalo.

Le tomó las manos y sonrió. Al menos él lo había pasado bien.
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#77
Y ahí lo tenía a Ralexion, riendo delante suyo sin ningún tipo de tapujo ni nada, riéndose de la completa ignorancia de la pelirroja sin importarle lo que ella pudiera llegar a pensar en consecuencia.

Era cuanto menos ofensivo, lo suficiente para que Ritsuko se olvidase de mostrarse alicaída, inflase las mejillas y frunciera el ceño bastante molesta. Para colmo el chico pretendía que todo se ignorase, que se dejase pasar porque no tenía importancia pero no le sería tan sencillo.

—Ah no, ahora me dices lo que significa —exigió, apretando un poco las manos al contrario.

No iba a dejarlo ir tan fácilmente luego de aquello.
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#78
Finalmente paró de reír, tomó aire y quedó en silencio, más serio, en total contraste con su actitud de hacía apenas unos instantes. «Bueno... yo me he metido en esto solito, así que será mejor que se lo diga ya, no vaya a ser que se cabree de verdad...», se recriminó.

Pues... ya sabes... eso que hacen los adultos... —explicó como buenamente pudo, más rojo que un tomate— Eso... h-hacer el... a... a... a...

No fue capaz de encontrar la fuerza de voluntad suficiente para finalizar la frase, demostrando su cómica infantilidad. Ritsuko ya le estaba apretando las manos, pero él las apretó todavía más, inconscientemente.
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#79
Finalmente Ralexion entendió la seriedad del asunto, al menos la que Ritsuko pretendía que tuviese y dejó de reír, aunque en reemplazo se puso considerablemente nervioso, tanto que no era capaz de formar una frase sin dejar pausas algo incómodas de por medio.

Al no lograr aclararse, y tampoco terminar una frase, la kunoichi alzó una ceja, curiosa mientras esperaba a que terminase…

—¿El qué? —preguntó, en lo que se acercaba un poco más de la cuenta.

Quería saberlo, pero no se le venía nada a la mente como para sacar deducciones así que preferible sería permitir al contrario terminar con aquello.
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#80
Frustrado, el muchacho acabó gritando a los cuatro vientos como si le fuese la vida en ello.

¡HACER EL AMOR, JODER, HACER EL AMOR!

Se tapó la boca de inmediato, consciente de lo inadecuado de su acción. Su rostro estaba tan rojo que parecía que iba a echar humo en cualquier momento. No apartó las manos de su rostro, como si desease acallarse a sí mismo hasta el fin de los tiempos.

¿Cómo reaccionaría Ritsuko? El Uchiha supuso que se llevaría una bofetada, como mínimo.
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#81
Considerando la escasa distancia entre ambos, aquel grito que dio Ralexion tomó por sorpresa a la pelirroja, la asustó y la hizo retroceder al instante llevándose a rastras la silla, la cual acomodó de forma que el respaldo se interpusiera entre ambos individuos como si de un escudo se tratase.

—P-p-pero n-no te enojes —balbuceó temblorosa, asomando apenas los ojos por encima del respaldo de la silla.
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#82
Egoísta por descuido, el Uchiha no contó con que sus rugidos fueran a arrancarle esa reacción a Ritsuko, pero a decir verdad ya la conocía lo suficiente como para ser consciente de lo retraída y asustadiza que podía llegar a ser la pelirroja. Había gritado sin pensar, arrojado al vacío por lo nervioso que se sentía mientras la fémina le empujaba, más y más, contra una pared metafórica.

¡Lo siento, lo siento! —se disculpó de inmediato, su voz cargaba con auténtica preocupación.

Ya no importaba el asunto sexual que Ralexion se había visto obligado a revelar de esa forma tan inadecuada —no mientras la pelirroja no lo mencionase, al menos—. El joven no tardó en olvidarlo cuando fue consciente de que había asustado a su pareja.
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#83
Aquella reacción era más bien habitual en Ritsuko que de por sí solía hablar muy bajo, que le griten solo sirve para aturdirla y asustarla tal y como acababa de ocurrir en cuanto Ralexion concluyó su frase.

Ahora le tocaba lidiar con las consecuencias de sus actos, con aquella pelirroja asustada y atrincherada detrás del respaldo de una silla y que le miraba, temblorosa y con ojitos llorosos, sin despegarle la mirada ni atreverse a abrir la boca o moverse de su ubicación…
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#84
Ralexion se sintió como si tuviese frente a si a un gato asustado. No supo muy bien cómo proceder, nunca se había visto en una situación así. Sabía que podía atraer a un animal con comida, era de lógica básica, pero no iba a aplicar algo así a Ritsuko... ¿o quizás sí?

Con un rápido ademán de diestra tomó una de las pastas que la mujer le había servido para complementar el té. La sostuvo con índice y corazón, presentándola frente a la pelirroja. Quedó con su extremidad frente a la silla, entonces sonrió como un idiota, como si fuese un mercader que intentaba venderle el mayor timo del siglo.

¿Quieres una galletita, Ritsuko-chan? —meneó la pasta un par de veces.

Quizás se había tomado demasiado literalmente lo del gato asustado...
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#85
No, si aquel chico esperaba que la pelirroja reaccionase como un animalillo hambriento estaba muy mal, más teniendo en cuenta que regresaban juntos de haber estado comiendo, y que aquellas galletas las había tenido guardadas ella en uno de los muebles de su casa. En palabras sencillas, eran unos dulces que tuvo a su alcance en el mismo instante en que los compró y a pesar de ello todavía existían y no como un trozo de mierda en un pozo.

Por tanto, la de ojos blancos permaneció en su lugar, con la mirada lastimosa fija en los ojos del contrario y no en la galleta que no paraba de menearse frente a ella y que en cualquier momento dejaba caer alguna migaja sobre sus ojos.
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#86
El Uchiha no tardó en mostrar una expresión decepcionada, similarmente lastimosa a la de su acompañante. Aprovechó el fracaso de su plan para llevarse a la boca la galleta y degustarla él. Si Ritsuko no la quería no pasaba nada, la pasta no sería malgastada. Incluso al masticar y deleitarse con el sabor de la referida, su mala cara seguía siendo la reina.

Ritsuko-chan, mi queridísima Ritsuko, mi pelirrojita tan adorable... —fue entonando con ánimos teatrales. Quizás camelarla serviría— Siento tanto haberte asustado... te pido que me perdones... nunca quise aterrorizarte...

A la par que hablaba se iba aproximando al rostro de la fémina, el mismo escondido tras el respaldo de la mesa. Frunció los labios y besó el aire varias veces, lanzándole carantoñas a su pareja.

Vamos, Ritsukito, no te escondas...

Entonces cayó en la cuenta de algo importante, de algo esencial. Era lunes, el día de la semana que siempre visitaba a su hermana. Se le estaba haciendo tarde, pronto se terminarían las horas de visita y el Uchiha no había fallado un solo día desde el ingreso de Honōiro. Era grosero marcharse sin más, pero para él no existía otra opción.

¡Ritsuko-chan, lo siento pero tengo que irme! —reveló de improvisto— Tengo que ir a visitar a mi hermana en el hospital antes de que se pase el horario de visita, ¡lo siento mucho! ¡Mañana te explico mejor!

Le dedicó a la pelirroja un beso fugaz en mitad de la frente y se apresuró a abandonar el hogar de su pareja a toda velocidad. Allí quedaría el té sin terminar, las pastas y la propia Ritsuko.

«Cuando te enteres de esto, hermanita...», pensó, sonriendo de forma inconsciente.
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