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Situación actual (global): Tras la muerte de la mayoría de Señores Feudales a manos de la banda de criminales Dragón Rojo en el Torneo de los Dojos, el mundo ha pegado un giro de 180 grados. Las sombras de un nuevo Daimyo en el País de la Espiral preocupan a Sarutobi Hanabi. En el País de la Tormenta, Amekoro Yui ha creado secretamente el cargo de Tormenta mientras hace creer al resto del mundo que es la nueva Señora. En el País del Bosque, el único Daimyo superviviente teme por su vida. Pero no sólo los Tres Grandes han visto el status quo totalmente quebrado.

En el País del Fuego se extendió el caos, y hace tiempo ya que el Jūchin del Valle de los Dojos lo conquistó, expulsando a unas mafias que todavía colean, buscadas por los sámurais. En el País del Viento hay una cruda guerra civil a varios bandos, y en el de la Tierra hay rumores de que una está a punto de llegar, quizás más esperada que la anterior. El País del Agua, quizás, esté en el centro de todo. Y si no lo está, debería preocuparse por demostrarlo, pues las sospechas sobre Umigarasu crecen cada vez más. Las aldeas saben que algo planea, al principio con Dragón Rojo, ahora quizás al margen de Dragón Rojo, según las últimas informaciones.

Sea como fuere, la banda sigue ahí fuera. Más perseguida que nunca por el crimen más grande de la historia reciente. Pero quizás no sean más que la punta del iceberg de las amenazas de los ninjas. Kurama, junto a sus Generales, asegura ser el próximo Emperador de Oonindo. Nadie lo dice abiertamente, pero todo el mundo sabe que algún día presentará la guerra a las puertas de cualquiera de nosotros.
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#16
Y las gemelas, en silencio, simplemente, echaron a caminar a paso rápido. No contestaron a saludo ni a sugerencia alguna, solo echaron a caminar. De hecho, no lo hicieron en momento alguno durante una hora de viaje. Con aquella capa negra con capucha y los guantes y botas bien preparados para aguantar el frío, resultaban todavía más enigmáticas. Si Ayame o Kaido trataban de ir a la par, parecían esforzarse por adelantarlos y liderar la marcha. Tan sólo veían sus espaldas y las suelas de sus botas, horadando ahora un terreno embarrado por la lluvia y carente de vegetación, al norte del puente. A su izquierda todavía veían el lago, y a lo lejos al oeste, la sombra de un tren que salía ahora de la estación afuera de Shinogi-To.

Fue entonces cuando, aproximadamente a quince metros de Ayame y Kaido, las siluetas de las gemelas se dieron la vuelta. Ambas desenvainaron sus espadas y apuntaron directamente a sus compañeros de misión. Una risa socarrona salió de debajo de una de las máscaras.

Al fin se acaba esta puta farsa —dijo, y dobló las rodillas para comenzar a correr...

...hacia su hermana.

El acero besó el cuello y la cabeza se separó de su cuerpo un instante. Luego, una nube de humo. Otra más pequeña. De la humareda emergió una mujer. Una mujer alta y altiva.

Usualmente, aquella mujer llegaba, veía y vencía. Rápido, sencillo. Como un rayo.

Como la Tormenta.

Ey, sorpresa, cachorritos míos. —Yui, bajo la capucha de la túnica, les sonrió con aquellos dientes de sierra. Intercambió miradas entre Kaido y Ayame—. Qué puta vergüenza, lo que tiene que hacer una para que la dejen salir a pasear, ¿eh?

Me veréis hacer esto varias veces en las tramas a partir de ahora, con este nuevo sistema de experiencia: os daré una narración que nos permita avanzar las escenas y por tanto la trama y que no se detenga. Si queréis contestar varias veces interpretando cómo viajáis durante una hora y hacéis una pequeña conversación entre Ayame y Kaido, me parece muy bien. Cuando queráis, podéis reaccionar a la revelación de la identidad de las gemelas, y me avisáis para que me pase a continuar narrando. Un beso, amigos.
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Aotsuki Ayame Sin conexión
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#17
Ayame no recibió respuesta alguna, ni siquiera sobre su sugerencia sobre aportar un posible medio de transporte. Terminó por encogerse de hombros cuando vio a las gemelas darse la vuelta en completo silencio y caminó tras sus pasos.

Sobre esa misión en Yukio... —le comentó a Kaido, en un afán por romper aquel tenso silencio y, de paso, responder a su anterior pregunta. Se acomodó la mochila sobre los hombros—. La verdad es que ha pasado mucho tiempo de entonces. —¿Cuánto había sido? ¿Tres, cuatro años? Los recuerdos se mostraban neblinosos en su mente...—. Yui-sama nos envió a Kōri, a Daruu y a mí al norte en una misión muy importante —Ayame miró con intensidad a su compañero, en una pausa dramática—. Teníamos que ir a Yukio...

»Y recoger cierto ingrediente secreto para Kiroe que sólo crece allí —agregó, en un susurro aún más dramático. Entonces se encogió de hombros—. Lo siento. No puedo decirte qué es: secreto de profesión, ya sabes.
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Umikiba Kaido Sin conexión
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#18
Cuando Ayame rompió el incómodo silencio, tras caminar durante un rato; Kaido prestó toda la atención posible a los detalles que iba a darle la Hōzuki acerca de esa supuesta misión de la que había hecho un reporte. Claro que ni Ayame ni Kaido sabían que el escualo lo había entendido mal, y que ahora estaban hablando de algo que no tenía la más mínima relación con el verdadero reporte, que tenía que ver con Yukio, pero cuya misión no había tenido lugar allí. El gyojin arrugó la frente, porque no entendía nada.

—Ehm, ok. Pero, entonces... ¿qué tiene que ver esa misión con el Hotel Alba del Invierno, el Gobernador y todo lo demás?
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#19
Kaido arrugó la frente, visiblemente confundido ante la respuesta de Ayame, y ella lo miró sin comprender. Le había dado la información que pedía, ¿a qué venía esa cara?

Ehm, ok. Pero, entonces... ¿qué tiene que ver esa misión con el Hotel Alba del Invierno, el Gobernador y todo lo demás?

Y Ayame abrió y cerró la boca varias veces, como un pez fuera del agua. Sus mejillas se enrojecieron cuando el entendimiento la alcanzó. Con un pesado suspiro, la kunoichi se llevó una mano a la cara y se restregó los ojos.

Ah... eso... Pues... nada. No tiene nada que ver —confesó, con un renovado suspiro—. Creo que ha habido un malentendido entonces: No estuve en Yukio más que esa vez, y no fue allí donde conseguí la información de mi reporte. Me la dio Kokuō. Ya sabes... El Cinco Colas —agregó.
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#20
—Oh...

Claro, ahora todo tenía sentido. Kaido se sintió tonto por un instante, aunque en realidad, se vio más preocupado por quedarse viendo a Ayame, como si de algún momento a otro, algo fuera a salir de su interior. Y es que Kaido no era consciente de la relación que tenían ellas dos —más allá de la aparente "amistad" que demostraron aquella vez, en ColaDragón—. y no sabía si esa tal Kokuo ya tenía la suficiente potestad como para meter las narices en la conversación sin que Ayame le diera el conscentimiento. Le quemaba la lengua por preguntar acerca de eso. De cómo funcionaba. De si era como oír voces en su cabeza. Pero lamentablemente tenían cosas más importantes que discutir.

—Pues, ¿podéis compartir esa información conmigo? así tengo mejor noción de lo que ha estado sucediendo allí.
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#21
Oh... —murmuró Kaido. Parecía que había algo que le carcomía por dentro, pero Ayame terminó por apartar la mirada y no se atrevió a bucear en sus profundos y afilados ojos azules. Seguía sin sentirse cómoda en su presencia—. Pues, ¿podéis compartir esa información conmigo? así tengo mejor noción de lo que ha estado sucediendo allí.

Ella se removió, inquieta. Sus ojos, nerviosos, se desviaron inevitablemente hacia las gemelas que caminaban delante de ellos. Por mucho que trataba de alcanzarlas, ellas aceleraban el paso en cuanto lo sentían. Era como si quisieran mantenerse siempre en el frente. Al final, Ayame había desistido y se había mantenido en la retaguardia, aunque una parte de ella estaba convencida de que, si quisiera, podría adelantarlas muy fácilmente. Cuando respondió, alzó un poco la voz para que las gemelas pudieran escucharla. Después de todo, era información que les interesaba a todos.

Lamentablemente no sabemos mucho más de lo que plasmé en el informe —confesó, hundiendo los hombros—. Cuando Kuroyuki revirtió mi sello, Kurama le dijo a Kokuō que le buscara al norte del País de la Tormenta, más allá de la Cordillera Tsukima. Que debía preguntar por una tal... Mae... —dudó.

«Maimai.» La corrigió Kokuō.

¡Eso! Maimai. Debía preguntar por Maimai en un hotel al norte de Yukio, llamado Atardecer....

«Alba del Invierno.»

Alba del Invierno —se corrigió, sacudiendo la cabeza—. No sabemos nada más.
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#22
Ah, claro. El Sello revertido. Daruu le habló acerca de eso. A Ayame le habían quitado el control de su cuerpo pero el Bijū, lejos de ser cómplice de los planes de Kurama, decidió aprovechar la oportunidad y escapar al este para vivir una vida tranquila. Al escualo le resultó curioso, porque aquello tuvo que haber sucedido muy cerca de donde estaba él, y estaba claro que le hubiera gustado estar ahí; aunque dada su circunstancia con el sello maldito de Dragón Rojo, seguro no habría sido una buena idea.

Lo cierto es que la información acerca del posible paradero de las Fuerzas de Kurama en Yukio provenían de ese mensaje. Pero un montón de preguntas azotaron la cabeza del gyojin, quien no pudo evitar indagar en si el Kyubi, siendo tan inteligente como es, no habría decidido movilizar su base de operaciones una vez que Kokuo se hubiese mostrado indispuesta a seguir sus directrices. O claro que, es posible que ese bicho imperialista tampoco se hubiese imaginado que Ayame y su bestia con cola se harían tan cercanas incluso después de todo lo sucedido entre ellas y que esa invitación, a pesar de haber sido declinada, no iba a llegar a manos indeseadas como la de la mismísima Arashikage.

—Entiendo —dijo. Luego mantuvo un incómodo silencio por al menos un minuto. No porque no tuviese nada para decir, pero al contrario, no encontraba la forma de decirlo. En algún punto del camino se armó de valor y miró a Ayame, sin importarle que las gemelas le estuvieren sacando un palmo de camino—. oye. Gracias. Por todo.

Por todo. Y por tanto. Él, Umikiba Kaido, fue alguna vez una persona rencorosa. Fue el menos afectado en todo el conflicto con Uchiha Datsue, por ejemplo; y se lo tomó tan personal que estuvo hasta dispuesto a matarle sólo porque ese bribón había esparcido falsos, aunque inofensivos rumores. Una tontería. Ahora se ponía a pensar en todo lo que él le había hecho a Ayame, desde aquél encuentro en Tanzaku Gai y el horrible discurso que le dedicó —lo recordaba como si fuese ayer—. hasta ese momento en Coladragón donde pudo haber acabado con su vida. Y aún así. Aún así...

»Si no fuera por ti, no habría podido volver a casa. Gracias, Ayame... por no haber perdido la fe en el Alquequenje que se ocultaba tras la niebla.

Y le sonrió. En ese momento, no hacía falta nada más.
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#23
Entiendo —asintió Kaido.

Un tenso silencio invadió el espacio entre ambos. Ayame suspiró ligeramente y acomodó la mochila sobre sus hombros, y siguió la marcha de las dos gemelas hacia el norte, como si conocieran bien el camino a seguir. Aunque la quietud no duró demasiado:

Oye. Gracias. Por todo.

Aquellas tres simples palabras cayeron sobre ella de repente, como una tormenta de verano en medio de las Planicies del Silencio. Ayame volvió la cabeza hacia Kaido con los ojos abiertos como platos y se vio atrapada por sus iris oceánicos. Quiso responder de alguna manera. Quiso decir muchas cosas, pero el nudo en su pecho dolía como nunca lo había hecho y sentimientos encontrados giraban a toda velocidad como el yin-yang, como dos imanes atrayéndose y repeliéndose. Por un lado, su profunda amistad con él; por otro, las hirientes palabras que le dedicó allá en Tanzaku Gai y después en Coladragón. Añoranza y traición. Alegría y temor. La bala que perforó su abdomen... Al final, terminó volviendo a apartar la mirada, mordiéndose el labio inferior mientras luchaba porque las lágrimas no aflorasen a sus ojos.

Si no fuera por ti, no habría podido volver a casa. Gracias, Ayame... por no haber perdido la fe en el Alquequenje que se ocultaba tras la niebla.

En aquellos instantes, era ella la que sentía que le estaba traicionando a él.

Tenía que hacerlo... —respondió, con apenas un hilo de voz, agachando la cabeza—. Sabía... sabía que algo no estaba bien. Que no podías habernos abandonado así como así. Y cuando descubrí que ese maldito tatuaje te estaba lavando el cerebro... No... No podía dejarte. Sólo lamento no haberlo conseguido en Coladragón —Y que al final hubiese tenido que ser Yui quien lograra hacerle volver en sí—. Pero te me escurriste entre las manos como el Agua. —Se obligó a esbozar una sonrisa, pero esta aleteó nerviosa en sus labios.

Ojalá ella pudiese tener la misma fe ciega que le tenía Daruu. Pero no podía. Tenía miedo. Demasiado miedo.

Frente a ellos, las dos gemelas se detuvieron en seco su insistente carrera y se giraron, desenvainando sendas katanas que apuntaron directamente hacia ellos. Ayame, que ya se había parado junto a Kaido y miraba al frente llena de confusión, no dudó ni un instante en llevarse la mano a la empuñadura de su propia katana. Aunque algo le decía que, frente a dos espadachines expertas, su torpe manejo de la espada no tenía nada que hacer.

¿Qué significa esto? —preguntó, alzando la voz. Su corazón se aceleró en su pecho.

Al fin se acaba esta puta farsa —respondió, lanzando una carcajada al aire.

Flexionó las rodillas. Ayame se preparó para defenderse. Pero, ante sus estupefactos ojos, la ANBU arrancó a correr hacia su hermana y, con un único movimiento de brazo, el acero de su katana acarició su cuello y separó limpiamente la cabeza de su cuerpo.

«Q... ¿Qué...?» ¿Era esa la razón por la que Shanise estaba tan tensa? ¿Sospechaba que algo así podía pasar? ¿Pero entonces por qué...?

Dos nubes de humo estallaron en el mismo lugar donde habían estado las dos gemelas. Y entonces, de entre los guijarros de niebla, una mujer diferente hizo acto de aparición. Altiva, de electrizantes ojos azules y cabellos oscuros como el azabache que en aquellos instantes estaban parcialmente ocultas bajo una capucha. Dientes afilados como sierras les sonrieron. La Tormenta, Amekoro Yui, estaba allí.

Ey, sorpresa, cachorritos míos. Qué puta vergüenza, lo que tiene que hacer una para que la dejen salir a pasear, ¿eh?

Ayame, que se había quedado mirándola con los ojos como platos, boca abierta de par en par y señalándola con un dedo, boqueó un par de veces antes de conseguir pronunciar palabra.

Y... Yu... Yui... P... ¿Pero qu...? ¿Qué e... estás haciendo aquí? —balbuceó, incapaz de procesar lo que estaba ocurriendo frente a sus ojos.
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#24
La pregunta, querida Ayame —disfrutó Yui, palabra por palabra—, no es qué estoy haciendo aquí. —Negó con un dedo—. ¡Es cómo voy a partirle el culo a ese zorro hijo de puta como se le ocurra haber puesto una sola manita en MI TERRITORIO! —Yui abrió los brazos y dejó salir un grito. Gutural. Un grito de guerra. Se echó a reír—. ¡¡Oooooh, qué bien se siente estar aquí, en campo abierto!! ¡¡En el campo de batalla una vez más!! ¡¡SE ME ESTABA QUEDANDO EL CULO COMO UNA MANTARRAYA UZUJIN!! ¡AAAAH! —Sacudió la cabeza y los brazos. Y señaló a Kaido—. Ey, ¿y a este tarugo qué le pasa?

El, tiburón se había quedado tan perplejo que su boca, dormida como si acabase de despertar de una anestesia particularmente profunda, no conseguía retener ni su saliva. Babeando, miraba con ojos abiertos a la Tormenta, quien se encogió de hombros.

»En fin, vamos. Tenemos mucho camino por delante. —Yui se dio la vuelta y echó a caminar, a paso más resuelto—. Oye, Ayame, ¿qué cojones le echa Kiroe a esos putos pasteles como para tener que ir a Yukio a recogerlos? Nunca me lo ha querido decir. Pero tú sí, ¿verdad? ¡Tú y yo somos amigas!

La curiosidad de Yui sonaba de todo menos amistosa.
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#25
«Como el agua...»

Pero, aunque se le hubiera escurrido en ese entonces, su heroica acción permitió que Kaido pudiera quebrantar mínimamente el sello. Esa pequeñísima grieta acabó volviéndose absoluta una vez Yui le tuvo entre sus manos, allí en pleno estadio, así que de no haber sido por ella, como dijo antes, su redención no hubiera sido posible. Así que, crédito a quien crédito merece. Y gran parte de la hazaña de hacer volver al tiburón era mérito suyo. Suyo y de...

¿Yui-sama?

Yui-sama. La Arashi. La máxima líder de su País. En una incrédula secuencia de espadas, clones y desmembramiento; reveló su presencia de una manera épica. Kaido se quedó allí, perplejo, mirándola. No pensó ni por un segundo al salir del encuentro con Shanise que la iba a ver tan pronto y menos en estas circunstancias. Ayame no tardó demasiado en preguntar lo obvio, y la respuesta no tardó en llegar.

La pregunta, querida Ayame, no es qué estoy haciendo aquí ... ¡Es cómo voy a partirle el culo a ese zorro hijo de puta como se le ocurra haber puesto una sola manita en MI TERRITORIO! —Yui abrió los brazos y dejó salir un grito. Gutural. Un grito de guerra. Se echó a reír—. ¡¡Oooooh, qué bien se siente estar aquí, en campo abierto!! ¡¡En el campo de batalla una vez más!! ¡¡SE ME ESTABA QUEDANDO EL CULO COMO UNA MANTARRAYA UZUJIN!! ¡AAAAH!

Kaido parpadeó por primera vez en todo el rato, esbozando una sonrisa.

»Ey, ¿y a este tarugo qué le pasa?

—Nada, nada. La impresión, Yui-sama, pero ya me espabilo, no se preocupe —dijo—. que bueno verla.

Cuando Yui se dio la vuelta, Kaido le hizo unos gestos a Ayame y le encomendó a empezar a caminar otra vez, y en silencio dejó que su compañera resolviera el asunto del ingrediente secreto. Por un momento sintió pena, porque a ver cómo le decía que no podía decírselo a nada más y nada menos que a su jodida Sombra.

«No me gustaría ser tú en este momento, prima»
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