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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
Se avecinan tiempos oscuros
#16
Que la visión de Juro se hubiese debido a unos hongos alucinógenos desafortunadamente ingeridos habría sido la respuesta fácil. La más sencilla de asimilar. Pero nada en aquella vida era fácil, Kenzou lo sabía bien. Y la situación no hacía más que complicarse por momentos.

El Morikage escuchó con suma atención el relato de su shinobi, con los codos apoyados sobre la mesa, los dedos entrelazados a la altura de los labios y los ojos entrecerrados. Para cuando terminó de hablar, la permanente sonrisa del líder de Kusagakure se había desvanecido por completo y su rostro había adquirido un gesto serio y sombrío, terriblemente inusual en él. Contemplaba a Juro casi horrorizado, como si fuera la primera vez que le veía y una gota de sudor resbaló por su sien.

No tenían suficiente con que los Bijū, las terribles bestias con colas de las leyendas que arrasaron las Cinco Grandes Villas del pasado y que fueron aniquiladas por los tres Primeros Kage de las actuales aldeas shinobi para evitar mayores daños, estuvieran resurgiendo. Ahora resultaba que aquellos monstruos sedientos de sangre tenían algo parecido a la conciencia, tenían nombres, podían hablar... y ahora estaban dominando el cuerpo de los Jinchūriki en los que estaban siendo sellados y comunicándose entre ellos.

—Nunca te he mentido al respecto, Juro. Cuando establecimos el Pacto entre las tres aldeas y surgió el Gobi, los máximos expertos en Fūinjutsu se reunieron y crearon la técnica de sellado que habría de confinar al Bijū en el interior de un shinobi de Amegakure. Esa técnica fue compartida entre las tres aldeas para que pudiéramos estar preparados por si volvía a aparecer alguno de esos monstruos, y se nos aseguró con rotundidad que era infalible, que el sello no podría ser roto por nadie que no fuera un maestro en el tema. Pero no contamos con que los Bijū sí pudieran hacer algo así... —Kenzou inclinó la cabeza apesadumbrado. Había sido con las últimas palabras de Juro cuando se dio cuenta de algo.—. Estabas con Uchiha Datsue, por lo que él también se enteraría de que tú eres el Jinchūriki de Kusagakure, ¿me equivoco? —preguntó, aunque era más bien una afirmación. Kenzou terminó por suspirar y se levantó con lentitud, apoyando sendas manos sobre el tablero de la mesa y le dio la espalda para dirigirse hacia el ventanal que daba las vistas a toda la aldea. De repente parecía diez años más viejo—. Aunque, si lo que dices es cierto, esa se acaba de convertir en la menor de nuestras preocupaciones.

Sin ir más lejos, lo que le había ocurrido a Aotsuki Ayame podría ocurrirle también a Juro o a los Jinchūriki de Uzushiogakure. Y a Kenzou no se le ocurría un escenario más terrorífico que el de tener a los Bijū sueltos por Oonindo bajo forma humana. Por un momento se preguntó si Amegakure estaría al corriente de lo que le había ocurrido a su Jinchūriki, pero enseguida se dio cuenta de que, seguramente, la respuesta sería negativa.

—Dices que el Bijū intentó hablar con el tuyo. ¿Lo consiguió? ¿Qué le dijo?
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#17
Juro observó un hecho que probablemente recordaría siempre: como el Morikage, el eterno hombre sonriente, había perdido su sonrisa.

Eso quería decir la gravedad de la situación.

« Me cree. Me cree. Lo he conseguido » — pensó, orgulloso, y a la vez, apesadumbrado por lo que estaba ocurriendo. Juro no pudo más que agachar la cabeza cuando el Morikage hizo la suposición correcta: le habían pillado. Uchiha Datsue lo sabía todo.

— Lo siento, Morikage-sama. Uchiha Datsue lo escuchó, y pronto, toda Uzushiogakure lo sabrá. Luego, supongo que el resto del mundo. No pude mantener mi identidad en secreto. He fallado a la aldea — Juro agachó la cabeza. Si hubiera tenido tiempo, se habría lamentado más. Pero la verdad es que no podía. La alzó otra vez —. No es que busque compensar lo que ha pasado, pero hay otra cosa importante que debe saber: el bijuu de Ayame no solo quería hablar con el mío. También quería hablar con Uchiha Datsue, o más bien, con el Ichibi, o Shukaku. Porque Uchiha Datsue es uno de los jinchurikis de Uzushiogakure.

» El hecho de que nos juntaramos en ese bosque tres jinchurikis... no sé, es casi una enorme ironía. Pero supongo que eso no importa ahora — dijo Juro, suspirando.

Sacudió la cabeza. Había escuchado el argumento de su Kage, y ciertamente, tenía sentido. Nadie sabía nada de estas criaturas, además de su capacidad destructiva y su enorme monstruosidad. Era lógico pensar que no podía ser nada. Aunque, todo sea dicho, ante la falta de información, la negación no era la respuesta.

Igualmente, eso ya no importaba ahora.

—Dices que el Bijū intentó hablar con el tuyo. ¿Lo consiguió? ¿Qué le dijo?

— Lo cierto, Kenzou-sama, es que aún no comprende del todo la gravedad del problema — Juro trató de centrarse —. Mire, no sé muy bien como justificar esto. En cierta parte de la conversación, el bijuu mencionó algo de reuniones . Desconozco que clase de reuniones tienen estas bestias, pero lo único que puedo pensar, es que, aunque estén aquí, sellados, dentro de nosotros, son capaces de hablar entre ellos. Quizá sea telepatía, o algún extraño poder, no lo sé, no me lo explicó.

» La cosa es que el bijuu de Ayame es incapaz de hacerlo. Dijo que era una de las consecuencias de poseer un cuerpo humano — dijo Juro, encogiendose de hombros —. Antes podía hablar con sus "hermanos" y en ese momento, era incapaz. Por eso, nos necesitaba a los dos. Nosotros eramos sus mensajeros, entre lo que nuestras bestias decían en nuestra mente, y lo que manifestabamos. En cierta manera, el bijuu nos necesitaba, y eso le puso en una situación de desventaja, ya que tuvo que relevarnos información. El bijuu... ella... quería darle una advertencia a sus "hermanos".
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#18
La noticia de que Uchiha Datsue era el Jinchūriki de Uzushiogakure cayó sobre el despacho como un mazazo. Kenzou lanzó una mirada atónita a Juro, y estuvo a punto de preguntarle de si estaba seguro de aquella afirmación, pero el muchacho había asegurado que Ayame, o su Bijū controlando su cuerpo, había visto a través de ambos.

—Así que él es uno de los llamados "Hermanos del Desierto"... Vaya, vaya... —comentó para sí, masajéandose la perilla que adornaba su barbilla. Entonces ladeó la cabeza hacia su propio Jinchūriki—. No has fallado a la aldea, Juro. Más bien al contrario, has regresado con una información muy jugosa, y aquella situación estaba fuera de tu control.

Pero si parecía que la cosa no podía complicarse más, el pobre Morikage enseguida descubriría cuán equivocado se encontraba. De alguna manera, los Bijū hablaban entre sí, se comunicaban, se congregaban en reuniones. ¿Pero cómo era posible, si cada una de aquellas Bestias estaba encerrada y sellada en una persona diferente, de aldeas diferentes? Por desgracia, ni Juro ni él llegarían a conocer la respuesta a aquella pregunta. Al menos por el momento. Lo que sí podían saber era que, por algún motivo, el Bijū de Ayame ya no podía hacerlo por su condición como nueva humana.

—Bestias con colas parlantes, Bijū reúnen entre sí, que se apoderan del cuerpo de sus Guardianes... —murmuraba Kenzou, paseándose de forma nerviosa por el despacho. Se masajeaba el puente de la nariz con los dedos índice y pulgar con gesto dolorido. La cabeza estaba a punto de estallarle con tanta información. La situación se le escapaba de entre los dedos, y Moyashi Kenzou era un hombre que odiaba no tenerlo todo bajo su estricto control—. ¿Qué tipo de advertencia, Juro? ¿Acaso están planeando destruir las aldeas de nuevo?
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#19
Juro sonrió un poco cuando supo que había conseguido dar una buena información. Aunque en su momento no lo pensó (demasiado ocupado por el temor a ser descubierto y de tener un bijuu delante) es cierto que no estaba nada mal haber conseguido eso. Si tan solo pudiera disfrutarlo...

Pero no. Ahora quedaba la peor parte.

¿Qué tipo de advertencia, Juro? ¿Acaso están planeando destruir las aldeas de nuevo? — Juro se preocupó. El Morikage no solo no sonreía, sino que parecía tener dolores de cabeza. Si seguía así, temía por la salud de su Kage.

« Espero que no de un infarto o algo así. No quiero tener que explicar lo que ha sucedido a nadie » — Igualmente, sus preocupaciones eran estúpidas. Su kage tenía más músculos en sus músculos que él en todo su cuerpo.

— Bueno... no cómo usted se imagina — admitió Juro, mientras se encogía de hombros, y se preparaba otra vez —. Metemo que es más complejo, de hecho. Piense en un tablero, y en tres fichas: Kusagakure es una, Uzushiogakure es otra, y Amegakure es otra. Pues al parecer, ahora hay una ficha más en el tablero, Morikage-sama. Una ficha muy peligrosa.

» Su nombre es Kurama. Desconozco quién es, pero por lo que el Gobi dijo, hemos de suponer que es el nombre propio de algún Bijuu. Y por lo que hablaba, uno muy poderoso — explicó Juro —. El tal Kurama está libre por nuestro mundo. Creo que ha dominado a su jinchuriki, igual que el bijuu de Ayame la ha dominado a ella. De hecho, fue Kurama quién ayudó al Bijuu de Ayame. No es que los sellos se estén rompiendo solos, Morikage-sama. El causante de todo esto es ese bijuu y su técnica.

Juro se sintió tentado de tomar más té, pero se dio cuenta de que ya había vaciado la taza. Sentía la boca seca, y no paraba de mover las piernas.

— Kurama ha reclutado a ocho humanos. Si, tal y como lo oye, humanos. No son bijuus, y por lo que dijo el Gobi, tampoco son jinchurikis. Sin embargo, comparte con ellos su chakra, y les ha dado poder. Son sus "generales". Pretende crear un imperio, uno por encima de los humanos, y liberar a sus hermanos para que lideren junto a él — explicó Juro —. El Gobi se vio reticente de contarnos esto, pero al final, lo hizo: uno de esos generales encontró a Ayame, y la derrotó. Después, utilizó una técnica inventada por Kurama. Si mal no recuerdo, se llamaba Kyūjū Tensei.

» Al parecer, esta técnica altera el sello formado en el cuerpo del jinchuriki, y cambia sus lugares. Ahora mismo, Ayame debe encontrarse atrapada en el interior de su propio cuerpo, como si fuera el Bijuu, y el Bijuu domina su cuerpo — dijo Juro, tocandose el estómago, con angustia.
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#20
—Bueno... no cómo usted se imagina —respondió Juro, para mayor preocupación de Moyashi Kenzou—. Metemo que es más complejo, de hecho. Piense en un tablero, y en tres fichas: Kusagakure es una, Uzushiogakure es otra, y Amegakure es otra. Pues al parecer, ahora hay una ficha más en el tablero, Morikage-sama. Una ficha muy peligrosa.

Kurama era su nombre. Y Juro sospechaba que se trataba del nombre de otro de los Bijū.

—Un Bijū muy poderoso... si es más poderoso que los vuestros sólo nos quedan el Hachibi y el Kyūbi como candidatos... —reflexionó el Morikage, llevándose una mano al mentón.

Pero aquello sólo era la punta del iceberg. Aquel tal Kurama había reunido a un grupo de ocho personas, Generales, con las que compartía su chakra y había sido él mismo quien había ayudado al Bijū de Ayame a romper sus cadenas con una técnica llamada Kyūjū Tensei, Transmigración de las Nueve Bestias. Una técnica que, al parecer, revertía el control entre el Jinchūriki y su Bijū. Y la intención de aquel antagonista recién entrado en escena no era otra que la de crear un Imperio. Un Imperio gobernado por aquellas demoníacas Bestias con Colas que dominara sobre los seres humanos.

La situación era terriblemente crítica.

El Morikage se mantuvo varios minutos en completo silencio, con la mirada perdida en algún punto de Kusagakure, más allá de los ventanales que rodeaban el despacho. Meditaba sobre la situación, sobre los pasos a seguir a continuación. Y sobre todo en Juro.

—De hecho, ayer mismo vino uno de tus compañeros a hablar conmigo: el joven Daigo —confesó—. Al parecer se encontró también con Aotsuki Ayame en el Valle del Fin, pero debió de ocurrir antes de vuestro encuentro porque no mencionó nada de que estuviera diferente ni de lo que me acabas de contar. Lo que sí me contó es que ambos se encontraron con una misteriosa mujer, pálida, de cabellos negros, con marcas bajo los ojos y capaz de manejar hielo negro como arma. El joven Daigo huyó del lugar después de que intentara atacarlos, pero dice que aún llegó a ver una explosión de luz negra en el último momento. Desconocemos qué ocurrió después, pero por lo que acabas de decir...

Kenzou se volvió hacia Juro, dándole la espalda a la aldea.

—Mucho me temo que, después de vuestros dos testimonios, aquella misteriosa mujer fuera uno de esos ocho Generales de los que me has hablado —explicó, acercándose con cierta lentitud a la mesa. Terminó por apoyar la mano sobre el tablero e inclinó el cuerpo hacia el muchacho—. Sé que eres lo suficientemente inteligente como para comprender que, si todo lo que me has contado es verdad, la situación es terriblemente grave, Juro —habló, sombrío—. Como Morikage, enviaré una carta a las otras dos aldeas para informarles sobre esto. Sobre todo a Yui-dono. Debe conocer lo que ha pasado con su Jinchūriki. ¿Qué ocurrió con el Bijū después de aquello?
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#21
Afortunadamente, su Kage resistió el impacto de sus palabras. Pareció entender lo que Juro decía, y aguantó el tipo. El marionetista se sintió aliviado en el fondo. Le había quitado un gran peso de encima, aunque sabía que lo acababa de poner en los hombros de su lider.

« Esa es la putada de ser el lider » — Aunque bueno, esto era metafórico. Sabía muy bien que como jinchuriki, su cabeza seguía en peligro, y como shinobi, su deber era proteger a la aldea y velar por sus intereses.

Sin embargo, las sorpresas iban a darse en las dos direcciones, y lo supo en cuanto el Morikage volvió a hablar.

—De hecho, ayer mismo vino uno de tus compañeros a hablar conmigo: el joven Daigo. Al parecer se encontró también con Aotsuki Ayame en el Valle del Fin, pero debió de ocurrir antes de vuestro encuentro porque no mencionó nada de que estuviera diferente ni de lo que me acabas de contar. Lo que sí me contó es que ambos se encontraron con una misteriosa mujer, pálida, de cabellos negros, con marcas bajo los ojos y capaz de manejar hielo negro como arma. El joven Daigo huyó del lugar después de que intentara atacarlos, pero dice que aún llegó a ver una explosión de luz negra en el último momento. Desconocemos qué ocurrió después, pero por lo que acabas de decir...

— Daigo... — murmuró, repentinamente preocupado. Se vio tentado de preguntar por su estado, pero se contuvo: si había llegado vivo al despacho del Morikage, es porque el general no le había hecho nada —. Dios mio. Esa es una información muy valiosa. No la olvidaré.

Ahora sabía al menos el aspecto de uno de los generales: una mujer pálida, de cabellos negros y marcas en los ojos. No es que fuera muy claro, pero era mejor que nada. Además, eso del hielo negro no tenía muy buena pinta.

« Son poderosos. Si han sido seleccionados por un bijuu, ya deben de ser fuertes de por sí, sin el poder del bijuu. Podrán causar estragos si se lo proponen » — El pensamiento no era muy agradable.

El Morikage interrumpió sus pensamientos cuando le preguntó por el bijuu.

— Si, sí, a eso iba, no me ha dejado terminar, Morikage-sama — murmuró Juro, con una mezcla de reproche y cansancio —. El bijuu no nos dijo esto por asustarnos, ni por ayudarnos, lo hizo para avisar a sus hermanos: al parecer, quería que estuvieran advertidos cuando... b-bueno, ya sabe. El bijuu parecía seguro de que esos generales suyos acabarían cazandonos en cuestión de tiempo.

»Pero también quería saber otra cosa más, que nos dejó de piedra. Al parecer, cuando Kurama le liberó, le preguntó si quería unirse a su ejército. El Bijuu quería saber si nuestros bijuus se unirían a Kurama — explicó, aunque sabía que era dificil —. Verá, Morikage-sama, hablar con el bijuu ha sido extraño. Porque... bueno, realmente no parecía una bestia. Al menos en apariencia, claro. Tenía modales, y nos trataba de usted, aunque se notaba que nos despreciaba. Y-yo, bueno, le pregunté si él se había unido, y la respuesta fue no. Al parecer, el Bijuu de Ayame no quiere peleas, sino vivir en paz. Se niega a colaborar con humanos, aunque sean generales.

Juro hizo otra pausa, y luego, cogió más aire.

— Datsue trató de engañar al Bijuu, diciendole que le ayudaría a esconderse. Era falso, claro está. Pero el Bijuu se dio cuenta: es una bestia muy lista. Entonces, alzó la mano, y partículas negras y blancas se empezaron a juntar. ¡Era como el rayo que soltó en el examen de chunin, Morikage-sama! Pero en lugar de con la boca, lo creó con sus manos, y diría que incluso a mayor velocidad. Podría haber desintregrado todo el bosque si hubiera querido, estoy seguro — explicó, alzando las manos —. No nos atacó, solo nos amenazó para que nos fueramos. No le conviene disparar un rayo laser: sería muy visible. Cuando estabamos a una distancia considerable, Datsue utilizó un clon para tratar de seguir su rastro, pero lo perdió.

» Lo único que sabemos es que se dirigía en dirección al País del Remolino, o el País del Rayo... probablemente. Es dificil saberlo — murmuró Juro —. Si lo que dice es cierto, quizá se esconda en alguna parte con el cuerpo de Ayame. Entonces será muy dificil encontrarla.
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#22
Al Morikage le cosquilleó la palma de la mano cuando Juro le reprochó no haberle dejado terminar de hablar. La tentación de asestarle una colleja en aquel preciso instante fue intensa, pero la urgencia de la situación era aún mayor por lo que se contuvo.

Al parecer, el Bijū se había comunicado con Datsue y con Juro porque necesitaba avisar a sus congéneres de las intenciones de aquel tal Kurama. Sin embargo, lo más sorprendente, e interesante a partes iguales, de aquel relato fue lo que contó a continuación:

—Un Bijū... Una Bestia con Colas... ¿Con aparentes buenos modales y queriendo vivir en paz? —repitió, completamente estupefacto, y volvió a llevarse la mano al mentón, pensativo. Al final pareció tomar una decisión, porque asintió para sí mismo y volvió a clavar sus ojos en el muchacho que tenía enfrente de sí—. Juro, seguimos hablando de un Bijū. De hecho, estamos hablando del mismo monstruo que arrasó con la que ahora conocemos como la Ciudad Fantasma, en el País de la Tormenta, con todas las vidas de niños, adultos, ancianos, civiles o ninjas que eso implica. Por muy "humano" que te pueda parecer, sigue siendo una Bestia. Y por tu bien, y por el de todos nosotros, por favor, no olvides eso. Y mucho menos si vuelves a... escucha la voz del Nanabi o la de cualquier otro.

Después de eso, el Uchiha había tratado de engañar al Bijū, con catastróficos resultados y terminando por perderle el rastro. La dirección que habría de tomar a partir de entonces parecía ser una incógnita, pero parecía estar dirigiéndose hacia el este o el sur si las posibilidades eran el País del Rayo o el País del Remolino.

«Mientras no se acerque al norte, todo irá bien.» Asintió Kenzou para sí, volviendo a sentarse.

Entrelazó los dedos de las manos y entrecerró los ojos en una mueca difícil de interpretar.

—Bien. Has hecho muy buen trabajo consiguiendo toda esta información y transmitiéndomela de inmediato, Juro. Al igual que tu compañero, el joven Daigo. ¿Hay algo más que deba saber al respecto?
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#23
Aunque el Morikage se vio sorprendido por lo que el marionetista dijo, en ningun momento cambió su parecer sobre lo que ocurría. Y con razón. Juro no pudo más que asentir. El hecho de que los bijuus tuvieran personalidad e inteligencia, desde luego, era aterrador. Pero no podía abandonar sus convicciones.

Esas bestias eran peligrosas. Te engañaban, te atrapaban. Igual que ese monstruo había hecho con Ayame.

... Y por tu bien, y por el de todos nosotros, por favor, no olvides eso. Y mucho menos si vuelves a... escucha la voz del Nanabi o la de cualquier otro.

— Si, Morikage-sama. No se preocupe — dijo Juro, asintiendo.

La tensión pareció morir un poco. Juro pudo por fin relajarse: había transmitido lo más importante. Lo más necesario.

—Bien. Has hecho muy buen trabajo consiguiendo toda esta información y transmitiéndomela de inmediato, Juro. Al igual que tu compañero, el joven Daigo. ¿Hay algo más que deba saber al respecto?

— Lo más urgente era eso, aunque lo cierto, es que hay más detalles que me intrigan. Bueno, como supone, Uchiha Datsue volvió a Uzushiogakure para informar a su kage de lo sucedido. El bijuu desapareció, y yo regresé. Sin embargo, hay otro detalle que no le he dicho: el Gobi no llegó a recibir ninguna respuesta por parte... bueno, por parte de nuestros bijuus. Y no porque no la dieran. Tras el espectaculo que montó Datsue, nos echó, y no le dimos ninguna respuesta.

» No he mencionado a mi bijuu porque no era tan importante, pero lo cierto es que es... algo inquietante, ¿sabe? No hace más que reirse todo el tiempo, y decir la palabra "suerte", como alguna clase de obsesión. Parece un poco infantil incluso — describió Juro —. A lo que iba, mi bijuu tampoco parecía conforme con trabajar con Kurama, por lo que dijo. Aunque no por fines nobles. Más bien, le parece ridículo trabajar con humanos, y disfrutaría mucho de... ver el espectáculo desde la distancia. Al menos eso es lo que dijo.

Juro se movió en el asiento, aparentemente incómdo.

— También hay... algo más. Al igual que se llamaban entre ellos como hermanos, también hicieron referencia a un padre — murmuró Juro —. No sé mucho del tema, pero hubo unas palabras tan recurrentes que me llamaron la atención. Ellos hablaban de "Las últimas palabras de Padre". El Gobi dijo que Kurama parecía haberlas olvidado.

» No, de hecho, lo que dijo fue que las había malinterpretado. Justamente antes de decir que buscaba alzarse por encima de los humanos — explicó el chico —. Mi... bueno, el bijuu que hay en mi interior, dijo algo parecido. Dijo que no se metería en el conflicto, a no ser que "Las últimas palabras de padre" se pudieran hacer realidad, o algo así.
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#24
Pero sí que había más cosas que saber al respecto. Juro le habló sobre el Nanabi, sobre su personalidad. Al contrario que el Gobi, al que había definidido como un ser muy educado pero rencoroso con los humanos, la Bestia de Siete Colas parecía ser más infantil y parecía estar obsesionado con la suerte (cosa que debía estar relacionada con el número de sus colas, suponía el Morikage). También parecía contrario a trabajar a favor de los planes de Kurama, pero nada le quitaría el gusto de observar el escenario desde la distancia como un mero espectador... con palomitas y refresco para su disfrute.

Pero para Kenzou, que Juro le estuviera hablando sobre los Bijū como si fueran seres humanos o criaturas tan inteligentes como ellos, todo le parecía un despropósito. ¿Cómo era posible que una ingente masa de chakra pudiese pensar, pudiese sentir, pudiese tener sus propias ideas?

«Hay mucho que aún no sabemos sobre ellos...» Reflexionó, masajeándose la perilla.

Juro también le habló sobre el hecho de que las Bestias se llamaban entre sí "hermanos" y hacían referencia a un "padre" que les había confiado unas últimas palabras.

—Lo único que se me ocurre es que ese Padre sea su creador; es decir, El Sabio de los Seis Caminos —habló, con sumo respeto. Y no era para menos, dada la figura legendaria de Rikudō Sennin. A él le debían todo lo que eran ahora. Si no fuera por él, los ninjas no existirían en aquellos instantes—. Pero no me consta que les confiara unas últimas palabras. Lo único que sabemos, por las fuentes oficiales, es que Rikudō Sennin creó a los Bijū dividiendo el chakra del Diez Colas para proteger a la humanidad de su terror.

El hombre se llevó una mano a la frente, con un terrible dolor de cabeza. Demasiada información en muy poco tiempo, demasiadas amenazas por frentes diferentes, demasiadas precauciones que tomar... Desde luego, una cosa estaba clara, todas las prioridades habían dado un vuelco de ciento ochenta grados.

Kenzou dejó resbalar la mano por el puente de su nariz y clavó los ojos en Juro. En Eikyo Juro. El Jinchūriki del Nanabi.

—Juro, ay, Juro... Espero que seas consciente, aunque sea mínimamente de la gravedad de la situación —habló con extrema gravedad, apoyando sendas manos en la superficie de la mesa. Dejó escapar un largo suspiro—. Esto no es fácil, nada fácil. Y vamos a tener que tomar medidas que, muchas veces, no nos van a gustar. Pero no hay más remedio...

Volvió a atravesarle con la mirada, y un extraño brillo apareció en sus ojos.

—Por eso voy a tener que pedirte que no vuelvas a salir de la aldea sin compañía de otro shinobi de esta aldea. Al menos por ahora. Espero que puedas entenderlo.
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#25
Juro escuchó con atención el relato de su Kage. El sabio de los seis caminos podría ser su padre, aunque desconocía por completo nada de un mensaje. La leyenda de cómo los separo para proteger la humanidad del diez colas era... bastante curiosa. Sin embargo, para él adquirió una nueva perspectiva.

«El diez colas... » — Ni el Gobi ni el Nanabi lo habían mencionado. ¿Podría ocurrir si se volvían a juntar los nueve, quizá? Si un solo bijuu ya era lo bastante destructivo, ¿Cómo sería aquel monstruo?

Sintió un escalofrió. No quería comprobarlo. Nunca en la vida.

—Juro, ay, Juro... Espero que seas consciente, aunque sea mínimamente de la gravedad de la situación. Esto no es fácil, nada fácil. Y vamos a tener que tomar medidas que, muchas veces, no nos van a gustar. Pero no hay más remedio... Por eso voy a tener que pedirte que no vuelvas a salir de la aldea sin compañía de otro shinobi de esta aldea. Al menos por ahora. Espero que puedas entenderlo.

Juro asintió, diligente y obediente. No hubo quejas por su parte, ni protestas. Lo cierto es que él ya había supuesto algo así, y lo agradecía.

— No se preocupe, Morikage-sama. Para ser sincero, lo esperaba — mencionó Juro —. Cuando supe que esos generales andaban por ahí a la caza, me sentí con una enorme diana en la espalda. Desconozco si son capaces de detectarme a la distancia, o necesitan verme para hacerlo, pero soy consciente de que hay muy pocas posibilidades de que pueda escapar de ellos yo solo. Este es el lugar más seguro que conozco, y lógicamente, debo quedarme aquí. Lo entiendo.

Juro suspiró otra vez. No era agradable: había perdido la libertad que una vez le fue dada. Pero... era lo necesario.

— Morikage-sama, ¿Puedo hacerle una pregunta? — murmuró Juro. Si no se lo impedía, continuaría —. Ahora que Uchiha Datsue, y pronto Uzushiogakure, sabe de mi identidad. ¿Qué hará? ¿Informará al resto de la villa?
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#26
Si tenía que ser sincero, Kenzou había esperado una reacción muy diferente por parte de Juro. Sabía que el muchacho era bastante maduro para la edad que tenía, ya lo había demostrado deteniendo a todos sus compañeros en la caótica batalla campal que se había formado en el Estadio de Uzushiogakure durante el Examen de Chunin, pero no dejaba de ser un ser humano. Y adolescente, para más inri. Le acababa de quitar una buena parte de su libertad, pero en lugar de enfadarse, encabritarse o patalear, el muchacho lo aceptó sin más. Lo comprendió incluso.

—Hicimos bien en ascenderte a Jōnin, Juro. Desde luego que tienes la mentalidad de uno —asintió el Morikage, felicitándole—. Conocemos demasiado poco acerca de esos supuestos Generales como para permitirnos el lujo de arriesgarnos a que puedan llegar a capturarte y liberen al Nanabi. Ya tenemos bastante con un Bijū suelto... Bueno, dos.

Fue entonces el turno de Juro de preguntar. Y fue una pregunta interesante, cabía decir. Kenzou volvía a sonreír como antes, y se masajeó la perilla con una mano:

—¿Qué clase de líder sería si dejara que los shinobi de otras aldeas conocieran tu identidad, pero no tus propios compatriotas? Sí. Me temo que deberemos informar al resto de Kusagakure. Por tu bien y por el nuestro.
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#27
Juro asintió, hinchando el pecho de orgullo cuando el Morikage le alabó. Era una verdadera alabanza, aunque no podía evitar sentirse triste por otro lado. Tenía razón: liberar un bijuu era peligroso, más que el perder a un shinobi. Su principal razón era proteger al mundo del bijuu, no protegerle a él de los generales. Pero era lo mismo, al fin y al cabo. Como guardián, era su deber no dejarse capturar.

Respecto a su otra pregunta, el Morikage pareció tener una respuesta.

—¿Qué clase de líder sería si dejara que los shinobi de otras aldeas conocieran tu identidad, pero no tus propios compatriotas? Sí. Me temo que deberemos informar al resto de Kusagakure. Por tu bien y por el nuestro.

— Está bien, Morikage-sama — aceptó Juro.

Juro ya lo había dicho. Debía de sentirse bien, ¿verdad? Lo había logrado por fin. Lo había logrado.

Lo había logrado...

« ¿Y ahora, qué? ¿Esperar a ser cazado? ¿Vivir para siempre en la aldea? » — Juro se mordió el labio. Por primera vez, vio lo que le esperaba, y no pudo evitar sentir miedo. Miedo por lo que había fuera, por lo que llegaba, y por lo que podría pasar.

Tembló.

— La verdad es qué... bueno, no estoy bien. Tengo... tengo miedo— admitió Juro, agachando la cabeza. De nada sirve esconderse o ocultar. Al final, tenía que romperse —. Miedo por mi, y miedo por la aldea. Usted mismo lo ha dicho: desconocemos casi nada acerca de esos generales, y lo poco que sabemos es aterrador.

» ¿Y sí...? ¿Y si pudieran detectarme de alguna forma? ¿Y si hubiese un rastro que seguir? ¿Y si este bijuu nos delata de alguna forma en alguna "reunión"? — vaciló Juro —. La verdad, Morikage-sama, me aterra la posibilidad de que pongan su punto de vista en mí y en la aldea. Si los ocho generales con acceso al poder de un bijuu vinieran aquí...

Juro se sintió avergonzado. Justo después de alabarle por su templanza, se había puesto a lloriquear como un niño pequeño. Desde luego, era ridículo.
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...

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#28
Fue entonces cuando la fortaleza que Juro había erigido a su alrededor se desmoronó por completo, dejando a la vista su lado más humano, su parte más frágil. El Morikage atendió a sus palabras y sus temores, comprensivo como debía ser el padre de todos los ninjas de Kusagakure...

Y entonces su mano voló hacia su nuca en una colleja que fue más fuerte de lo que había pretendido en un principio.

—¡En ese caso te protegeremos, faltaría más! —exclamó, y su sonrisa se ensanchó—. Juro, son muy pocos los conocimientos que tenemos y no sabemos de lo que son capaces esos Generales; pero, Jinchūriki o no, Kusagakure sigue siendo tu familia. Y como cualquier familia haría, nos protegemos los unos a los otros. ¿Queda claro?

Kenzou fue a echar tiento de su tetera, pero al darse cuenta de que se había quedado fría después de tanto tiempo charlando se encogió de hombros y entrelazó los dedos sobre el tablero de la mesa.

—Lo siguiente que voy a hacer es enviar un mensaje urgente tanto a Amegakure como a Uzushiogakure. Cualquier información que podamos compartir, por pequeña que sea, nos beneficiará a todos. Es hora de dejar las chiquilladas a un lado, un asunto mucho más importante nos ocupa si no queremos acabar como las antiguas Cinco Villas —explicó, antes de dirigir una mirada tranquilizadora al muchacho—. Pero de eso nos encargaremos Yubiwa y yo. Tú, joven Juro, sigue con tu vida con naturalidad. Sigue haciendo misiones y sigue creciendo como shinobi —sonrió—. Espero que te vaya bien con tu pupilo. ¿Kazuma, se llamaba? Aún no he tenido el placer de probarlo...
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#29
El momento de debilidad de Juro fue contestado de una forma tanto eficaz como brutal. el Morikage le propino una colleja que hizo que el chico se encogiera de dolor. No se permitió gimotear, aunque sus labios se curvaron en un claro gesto de protesta por el golpe tan gratuito.

—¡En ese caso te protegeremos, faltaría más!Juro, son muy pocos los conocimientos que tenemos y no sabemos de lo que son capaces esos Generales; pero, Jinchūriki o no, Kusagakure sigue siendo tu familia. Y como cualquier familia haría, nos protegemos los unos a los otros. ¿Queda claro?

— G-gracias, Morikage-sama — murmuró el chico, y lo decía en serio. Él no quería que nadie tuviera que luchar por él. Juro no quería involucrar a nadie en una guerra para salvar el pellejo. Sin embargo, no pudo evitar aceptar la protección de su Kage. Era lo más natural que podía hacer.

Al ver que el té no estaba preparado, Kenzou-sama se resignó a continuar hablando sin tomar nada, e informó a Juro de cómo pensaba mandar un mensaje urgente hacia el resto de aldeas, sobre como dar todos los detalles necesarios. También, que era momento de aliarse.

Juro sonrió, y asintió. Estaba de acuerdo. Totalmente de acuerdo.

... Pero de eso nos encargaremos Yubiwa y yo. Tú, joven Juro, sigue con tu vida con naturalidad. Sigue haciendo misiones y sigue creciendo como shinobi Espero que te vaya bien con tu pupilo. ¿Kazuma, se llamaba? Aún no he tenido el placer de probarlo...

Juro hizo otra mueca. Le hubiera gustado saber más cosas, eso desde luego. La situación no solo estaba ahí, sino que la efectaba muy particularmente. Pero como todo subordinado, tuvo que obedecer y resignarse a estar desinformado.

— Así es, Morikage-sama. Llevo unos días con Kazuma-kun y está progresando, pero aún queda un largo camino, y tiene mucho que aprender — dijo, aunque tampoco quería ponerse a hablar de consejos didácticos con su Kage, no después del día que llevaban los dos —. Está bien. ¡Le prometo que seguiré entrenando y desarrollándome!. Gracias por escucharme y... calmarme un poco. Lo necesitaba.

Juro se levantó y realizó una reverencia, en señal de respeto hacia su líder. Ya era hora de despedirse de él, si es que no tenía nada más que comunicarle.
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#30
Kenzou asintió varias veces, complacido ante la respuesta de Juro.

—Sí. Sí. Tiene un gran potencial, eso desde luego. Pero no deja de ser un genin recién salido de la academia. Como lo fuiste tú, o como lo fui yo mismo hace muchos años —le guiñó un ojo, cómplice—. Estoy seguro de que, como jonin, serás un gran sensei para él. Y que sabrás guiarle por el camino correcto.

»Y no necesitas darme las gracias por eso Juro, como vuestro Kage velo por la seguridad de toda mi aldea como si fuérais mis propios hijos. Y, si necesitas cualquier cosa o necesitas hablar sobre el bijuu o cualquier problema que te reconcoma la cabeza, ya sabes dónde puedes encontrarme.


Kenzou despidió al muchacho correspondiendo a su inclinación de cabeza y, cuando la puerta del despacho se cerró tras la marcha del chico, dejó escapar un largo y tendido suspiro. Con gesto lánguido, abrió el cajón de su escritorio y sacó dos rollos de pergamino, su pluma y su sello identificativo.

Era hora de reunir de nuevo a las tres aldeas.



Fin de la trama. Pasaré a repartir la experiencia, así que no es necesario que la pidas. ¡Un placer!
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