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Una nueva generación (¡Final de temporada!) T1

Tras la muerte de la mayoría de Señores Feudales a manos de la banda de criminales Dragón Rojo en el Torneo de los Dojos, el mundo ha pegado un giro de 180 grados. Las sombras de un nuevo Daimyo en el País de la Espiral preocupan a Sarutobi Hanabi. En el País de la Tormenta, Amekoro Yui ha creado secretamente el cargo de Tormenta mientras hace creer al resto del mundo que es la nueva Señora. En el País del Bosque, el único Daimyo superviviente teme por su vida. Pero no sólo los Tres Grandes han visto el status quo totalmente quebrado.

En el País del Fuego se extendió el caos, y hace tiempo ya que el Jūchin del Valle de los Dojos lo conquistó, expulsando a unas mafias que todavía colean, buscadas por los sámurais. En el País del Viento hay una cruda guerra civil a varios bandos, y en el de la Tierra hay rumores de que una está a punto de llegar. El País del Agua, quizás, esté en el centro de todo. Y si no lo está, debería preocuparse por demostrarlo, pues las sospechas sobre Umigarasu crecen cada vez más. Las aldeas saben que algo planea, al principio con Dragón Rojo, ahora quizás al margen de Dragón Rojo, según las últimas informaciones.

Pero quizás estos asuntos no sean más que la punta del iceberg de las amenazas de los ninjas. Kurama, junto a sus Generales, asegura ser el próximo Emperador de Oonindo. Nadie lo dice abiertamente, pero todo el mundo sabe que algún día presentará la guerra a las puertas de cualquiera de nosotros.
Tomó los palillos, a lo que dejó escapar un apresurado "gracias". Agarró ambos de su respectivo extremo inferior y los separó haciendo uso de un apenas mencionable esfuerzo. Dispuso los utensilios en su mano derecha como le habían enseñado desde pequeño, listo para comenzar.

¡Que aproveche!

Comieron en silencio. El Uchiha atrapaba los trozos de tofu con extrema destreza, y se los llevaba a la boca con la inquina propia de un depredador hambriento.

¿Algo para beber? —le preguntó la pelirroja.

Ralexion negó con la cabeza.

Estoy bien, gracias. La sopa está deliciosa, por cierto —afirmó con una sonrisa, para entonces quedarse en silencio durante unos instantes, pensativo—. Oye... ¿te importaría sentarte junto a mí?

Sus palabras fueron neutras, de un tono similar al que el joven siempre utilizaba. Una petición inocente, pero imprevista... imprevista incluso para él mismo.
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Asintió ante la respuesta, indicando así que el mensaje había sido captado y por ende, siguió con su sopa que a diferencia del contrario, iba a durarle mucho más por la paciencia con la que la estaba consumiendo.

Claro que le alegró escuchar aquel cumplido, siempre era lindo saber que a otras personas les guste lo que uno mismo se toma las molestias de hacer aunque aquella sopa sea algo sencilla de hacer.

—Hay más en la olla —respondió, como siempre, casi murmurando.

Respecto de aquella petición, la dejó perpleja por un momento algo prolongado, dejó el tazón sobre la mesa y le miró fijamente con melancolía. Esperaba algún tipo de explicación al respecto, pero al no recibir tal cosa, simplemente suspiró y se puso de pie para luego rodear la mesa y tomar asiento al lado de Ralexion.

—¿Pasó algo? —preguntó algo temerosa.

Aunque otra idea que se le vino a la cabeza implicaba aquello que había supuesto que era una costumbre de él y que justamente, quería que se sentase a su lado para poder hacerlo.

Los abrazos esos que al contrario le gustaban, aunque sería bastante incómodo estando sentados.
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Había más sopa esperando en su recipiente, en la cocina. Tomó nota de ello; seguro que repetiría cuando llegara el momento, pero ahora mismo tenía cosas muy distintas en mente y ni siquiera había acabado todavía con el alimento del bol.

Ritsuko le miró con aquellos ojos fríos y añorantes a los que el moreno no lograba habituarse. Exhaló un suspiró —algo que le habría preocupado si no fuera consciente de que era un gesto normal de la fémina— y se alzó, dispuesta a cumplir con sus deseos.

¿Pasó algo? —cuestionó con tono quebradizo, pero él negó varias veces con el rostro.

Entonces la genin se sentó a la vera del kusajin. Ralexion centró su campo de visión sobre las facciones ajenas, paseándose una vez más por aquellos orbes escarchados. ¿Qué tenían que se le hacían tan fascinantes? No lo sabía, no gozaban de ninguna propiedad que se asemejara a sus preferencias habituales, pero tenían algo... quizás eran sus esperanzas de que bajo tanta tristeza se encondía algo más, algo jubiloso y enérgico.

Y la besó. De la misma manera furtiva y traicionera que uno podía hallar en una emboscada, pegó su faz con la de Ritsuko a gran velocidad y se tomó la libertad de unir sus labios. Lo alargó unos segundos, instantes efímeros pero a la vez eternos. Eventualmente se separó con una lentitud en brutal contraste con la que se había acercado.

Como si no hubiera hecho nada, como si nada de importancia hubiese acontecido, el Uchiha desvió la mirada y la llevó a la mesa, al bol de sopa. Tenía la mente en blanco; no era consciente de lo acelerado de su respiración ni cómo su corazón, desbocado, amenazaba con atravesarle el pecho y marcharse a parajes más tranquilos.
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Algo pasaba pero no se lo dijeron, tampoco la dejó que siguiera hablando prefiriendo acallarla, le tapó los labios, los selló, de una manera tan abrupta que no supo cómo reaccionar, y en caso de haberlo logrado, seguramente hubiese sido demasiado tarde como para negarse o resistirse a lo que ocurría.

Un beso, eso era lo que le habían dado por respuesta. Un gesto que jamás le habían dedicado y no tenía idea de cómo se sentía ni cómo responder, de modo que durante aquellos segundos que se le hicieron eternos, la kunoichi no se movió ni un milímetro.

Abrió los ojos como platos, con las pupilas constreñidas hasta el punto en que estas se convirtieron en diminutos puntos en sus blanquecinos ojos. El corazón se le aceleró hasta el punto en que parecía que le daría algo y toda su piel había adquirido un tono rojizo.

Le miró fijamente, paralizada por unos instantes.

«Lo hizo por hacerlo, no significa nada, ¿cierto? »pensaba ella en un intento por auto-convencerse de que aquel beso no resguardaba un mensaje más profundo.

Lo próximo que Ritsuko hizo fue simplemente voltearse para quedarse enfrentada a la mesa y cabizbaja siguió repitiéndose la misma frase en la cabeza.

El color de su piel se mantenía igual y su expresión había cambiado ligeramente, aunque era imposible descifrar lo que le estaba pasando por la cabeza a la chica en ese momento.

—¿Por qué? —balbuceó girando levemente la cabeza, en dirección contraria al Uchiha.
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Ninguno de los dos era capaz de mirar al otro.

¿Por qué? —era una buena pregunta.

Sí, ¿por qué? Bueno, a efectos prácticos la cuestión gozaba de una respuesta mucho más sencilla de lo que los presentes se imaginaban: lo había hecho porque la pelirroja le atraía. Una vez establecido esto, sin embargo, caemos en las intrínsecas garras del auténtico quid de la cuestión: ¿por qué le atraía Ritsuko?

Al fin y al cabo, no se conocían tanto a pesar de que ya hacía una temporada que eran compañeros. Tampoco había sido un flechazo a primera vista; el día que se formó el equipo incluso llegó a irritarlo al mostrarse tan pasiva frente a las "travesuras" de Raiden. La muchacha era remarcablemente bella y el kusajin no podía negarlo, desde luego, pero no era aquello por sí solo, ni mucho menos...

¿Entonces qué? Menudo enigma.

¿Se trataba de la soledad, la necesidad de tener a alguien? ¿O era que sus intenciones de animar a la siempre taciturna pelirroja terminaron mutando —siendo él ignorante de todo ello— en algo similar pero a su vez inequívocamente distinto?

Ritsuko... —tragó saliva— Lo siento, espero que no me odies. No sé en qué estaba pensando; o mejor dicho, NO estaba pensando. Hacer algo así, sin ni siquiera pararme a pensar en tus sentimientos...

Sí, aquello era: sentimientos. El desalmado nudo que compromía su estómago le hablaba, transformando esas sensaciones en pensamientos coherentes, motivos que iba hilando y le otorgaban una respuesta.

»No sé nada de estos temas pero... me gustas. Supongo que nunca lo supe ni yo mismo. Al abrazarte ayer y al ver que estás tan sola como yo despertó algo en mí, por decirlo de alguna manera. Siempre me ha apenado verte tan alicaída pero... no era consciente de que se empezaba a hacer algo personal para mí. Y... finalmente me ha superado la necesidad de tenerte cerca, de tocarte. Lo siento, soy un idiota compulsivo. Discúlpame si te he asustado...
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La primera respuesta que el moreno le proporcionó podía interpretarse muy fácilmente como una especie de negativa. Se justificaba como si hubiese sido un simple acto reflejo y no algo que realmente sentía que debía de hacer, logrando así minar aún más la autoestima de la pelirroja que dejó escapar una efímera sonrisa de medio lado.

—Entiendo —respondió apenas, justo antes de levantarse de su asiento para volver al que había tomado anteriormente.

Si ya de por sí tenía sus problemas de autoestima y demás, ahora se habían visto reforzados aunque no por mucho, después de todo, aquel chico era prácticamente un desconocido con el que hacía equipo por órdenes de arriba sin más. No era como que ellos hubiesen escogido a sus compañeros.

Pero el contrario pronto comenzó con un discurso que parecía más bien pensado para solucionar lo que había hecho. Pero… ¿era sincero? Aquel era el mayor problema de la pelirroja, tal vez simplemente se lo decía por algún tipo de conveniencia, a saber, pero si vivía de comida instantánea probablemente le interese acercarse a ella para que le pueda cocinar.

Sí, puede ser algo sencillo y hasta estúpido, peor Ritsuko jamás destacó por sus ideas brillantes.

—¿Seguro que es por eso? —cuestionó, centrando su mirada en la del contrario, mostrándose como siempre, deprimente.

Incluso el color de su piel regresaba a ser el habitual.
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El interrogante de la pelirroja le llevó a mirarla de inmediato sosteniendo una expresión entremezclada, provista de desconcierto, bochorno y enojo a partes iguales.

¡Claro que lo digo en serio! —aseguró con la voz un poco alzada, mas no lo suficiente como para que fuera un grito— ¿Por qué iba a mentir con algo así...?

Nadie está a salvo de malinterpretar algo tan caprichoso como los sentimientos, ni siquiera nosotros mismos. Sin embargo y no obstante, el Uchiha se sentía seguro de lo que decía. Era incuestionable que algo más poderoso que un simple impulso le había llevado a besarla, al fin y al cabo.

El nudo iba creciendo, amenazante. Si seguía así, se transformaría en ansiedad. Allí se encontraba él, declarándose de sopetón, y la recipiente de todo ello no es lo hubiera rechazado, si no que ni siquiera le creía.

Inconcebible.
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—Lo siento, pero… —comenzó, tratando de evitar el contacto visual por miedo—. Con lo poco que nos conocemos, ¿cómo sé que no es algo físico sin más?

Es cierto que él mismo había dicho algo de que en realidad le gustaba por algunas similitudes que tenía con él, pero era llamativa la seguridad con la que había afirmado tal cosa. ¡Apenas si se conocieron hacía un par de días! Y ese mismo día fue que se enteró de la soledad en que ella se encuentra pero…

…hay algo que es mejor dejar en claro cuanto antes, o la pelirroja podría perderse de algo que podría significar mucho en su vida futura.

—No es que no aprecie lo que dices y lo que hiciste por mi pero como apenas nos conocemos…

Eso era lo que ella decía, hasta que recordó cierto detalle que usualmente uno no hace con alguien a quien no conoce tal y como ella lleva rato afirmando.

—Espera —añadió en lo que se le subían los colores al rostro y desviaba la mirada hacia una pared.

«Por dios, que he dormido en su casa y me he metido a su habitación »pensaba logrando así ponerse más y más nerviosa.

Ya hemos hecho cosas que no se hacen con desconocidos añadió en un susurro casi inaudible.

Ahora se sentía mal por darle de largas.
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Lo siento, pero… —oh no, algo así era justo lo que el moreno temía escuchar—. Con lo poco que nos conocemos, ¿cómo sé que no es algo físico sin más?

Suspiró. «Tiene razón. Me he precipitado...». Bajó la vista, avergonzado.

No es que no aprecie lo que dices y lo que hiciste por mi pero como apenas nos conocemos…

Asintió sin cambiar de lugar su mirada.

Espera —afirmó ella de repente, a lo que entonces musitó—. Ya hemos hecho cosas que no se hacen con desconocidos.

Ralexion tuvo dificultades para captar la totalidad del mensaje, pero si lo que le había parecido escuchar era correcto, entonces le producía confusión. Sí, era cierto lo que decía Ritsuko, pero a él no se le antojó un argumento de tanto peso, ni muchísimo menos algo como para hacerla cambiar de opinión así como así.

P-Pero era lo mínimo que podía hacer, no te iba a dejar sola en la calle —intervinió, trabajando, quizás, en su propia contra.
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¿Los papeles se habían intercambiado? ¿Era Ralexion quien daba largas ahora?

Todo esto era tan extraño que la pelirroja ya ni sabía lo que decía, literalmente, murmuró unas cosas que para ella tenían todo el sentido del mundo pero resulta que para el contrario no, pues pronto refutó y le dejó en claro que estaba un tanto errada. No había sido por esa atracción que se la había llevado —en teoría— ni era el motivo por el que la había acompañado hasta casa.

Aunque si vamos al caso, ambos saldrían ganando si establecen ese tipo de relación. Él conseguiría a alguien que le cocine algo más que comida instantánea, y ella alguien que la pueda llevar a casa.

—Yo cocino y tú me ayudas a orientarme —dijo finalmente, sonando totalmente convencida y girándose para mirar al contrario a los ojos, pero algo en la mirada de la fémina dejaba en claro que…

…estaba nerviosa.

Mucho.

Rostro rojo, manos en puños sobre sus piernas, boca temblando levemente, como si pensase decir algo más y… mirada que la hacía parecer incluso enojada.

Era demasiada presión, que se ponía por sí sola así que no podía culpar al pobre chico.
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Lo único que el muchacho deseaba expresar con sus balbuceos era que no le resultaba tan embarazoso el hecho de que Ritsuko hubiera pasado la noche en su hogar ya que había sido por fuerza mayor y no estaba dispuesto a permitir que se quedara sola, de madrugada, vagando por las calles de la aldea. Lo habría hecho por cualquiera que lo necesitase, henchido de bondad. Todo ello no cambiaba sus sentimientos, en cualquiera de los casos.

Pero para la pelirroja había sido algo de gran importancia, lo cual le confundía. Diferencia de prioridades y manera de pensar, sin lugar a dudas.

Mas no tendría el lujo de preocuparse por ello. La conversación evolucionaba y lo estaba dejando atrás.

Yo cocino y tú me ayudas a orientarme —expresó, observándolo con orbes titubeantes.

Era cierto, sí, ¿pero a qué venía aquello de pronto? El Uchiha se encontraba aturdido, incapaz de articular palabra, por lo que dejó que su interlocutora prosiguiera con el monólogo, si es que lo hacía. A juzgar por las facciones y lenguaje corporal de Ritsuko quedaba claro que se estaba viendo superada por el desasosiego y Ralexion no sabía si sería capaz de continuar hablando.
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Ah pero el Uchiha no pronunció palabra, no entendió el mensaje de Ritsuko y prefirió guardar silencio por si ella decidía volver a abrir la boca pero en su lugar se mordió el labio inferior y la mueca en su rostro comenzó a deformarse levemente.

Ahora lo que transmitía era frustración.

No sabía cómo expresarse, y pensó por un instante que con aquella ‘propuesta’ dejaría las cosas en claro, que él la entendería pero no, lejos de lograrlo, el chico simplemente la miró.

—¡Olvídalo! —exclamó antes de levantarse y dirigirse a la habitación a la que previamente se había metido a dejar sus cosas.

No, no iba a buscar nada, simplemente a tirarse sobre el colchón para ahogar su frustración por ser tan tonta.
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No sabía qué había hecho mal, solo que Ritsuko había estallado y lo había dejado solo. Necesitó de unos instantes para reaccionar y cambiar aquella mueca anodada que había engendrado según la observó, con los ojos abiertos como platos, alzarse a toda velocidad y desaparecer tras la puerta.

¿Qué? —masculló.

Se llevó las manos al rostro, suspirando como si el mundo fuera a acabar en breves. Masajeó sus párpados, e hizo en pos de respirar. Necesitaría de unas horas, o quizás un par de días, para masticar lo ocurrido, poner sus pensamientos en orden y retornar a la normalidad.

«Mejor me marcho», se dijo. Se puso en pie y recogió los dos boles, que dejó junto a la olla. Acto seguido abandonó el edificio a buen paso, sin mirar atrás.

«Ya verás cuando tengamos sesión de entrenamiento... ay, joder».
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Lejos de querer saber algo más sobre ella, Ralexion optó por desaparecer de la escena, dejando a Ritsuko completamente sola en lo que se desahogaba con la almohada. Siquiera fue capaz de prestarle atención a los ruidos que pudo escuchar en la cocina ni reaccionar al ruido de la puerta al cerrarse.

Todo era demasiado ajeno para la kunoichi, quien balbuceaba cosas incomprensibles con la almohada apretada contra su rostro.

«¡Pendeja! »se decía una y otra vez, en la mente porque con la almohada en la cara no podía decir mucho.
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