22/07/2016, 23:47
Invierno, año 201
Primero el verano. Luego el otoño. Y ahora, una vez más la mágica del tiempo había actuado. No pudo decir esta vez que no se enteró. El invierno decoró las calles rápidamente. El frío que había empezado a aparecer en otoño pobló la villa en todo su esplendor.
Incluso en el bosque donde se encontraban entrenando. Todos los árboles estaban secos, sin hojas, muertos.
Uno de ellos tenía un agujero que lo atravesaba. Era la abertura donde había actuado su técnica. Rápida y letal. Jadeaba, había dado todo en su entrenamiento. Y parecía haber dado sus frutos. Furui, a su lado, sonreía.
- Tu entrenamiento ha terminado, Juro – dijo, felizmente.
- ¿Ya está? ¿Se acabó? – preguntó, escéptico.
- Claro que no. El entrenamiento es algo que realiza un ninja durante toda su vida – apartó sus idea con un movimiento de mano – Pero ya has dominado lo básico de este tercer elemento. Y has mejorado bastante en comparación a como eras un año atrás. El resto es cosa tuya.
Furui se levantó y agarró su extraño paraguas. Después, le dio una palmadita en la espalda. Le dejó aún más perplejo que con sus palabras.
- No pongas esa cara, ya es suficiente – le dijo, antes de pasar de largo – Será mejor que volvamos a casa. Este frío se me cala en los huesos.
Ambos volvieron a emprender el camino de vuelta. Furui tenía razón, el viento indicaba que el frío se acercaba cada vez más. Cuando llegaron a su jardín, fue a la entrada con paso lento. Extremadamente lento. Juro comenzó a irritarse.
- ¿Qué ocurre?
- La cadera, hijo…
La creería sino fuese porque hace una hora había estado moviéndose perfectamente.
Abrió la puerta con paso lento, después de agitar la llave durante medio minuto, simulando temblores. Desde luego que pasaba algo. Ella no era así de insegura nunca. Prácticamente en el año que llevaba viviendo aquí entraba con portazos, como si fuera su propia casa.
- Que tonta estoy, con mi edad…– - le comentaba, mientras entraban por fin.
Ambos entraron. Juro se fijó en todas partes, pero no había nada que le sobresaltase.
Entonces, se apagó la luz.
Sintió un golpe. Después un empujón. Alguien lo había tirado al suelo y se había puesto encima de él inmovilizando. Trató de patalear, pero no logró hacer nada. Estaba a su merced… La sombra le acarició la cabeza, y Juro se tensó aún más. Se tensó por estar a la merced de alguien, otra vez. Trató de hurgar en su portaobjetos, coger su bomba, crear una oportunidad…
Cuando la luz se encendió otra vez, y encima suyo vio a su hermana, con una sonrisa en su rostro.
- ¡Felicidades! – exclamó ella.
Se levantó de encima y le ayudó a incorporarse. Juro se levantó, aun sin entender que pasaba. Hasta recordar que era cierto. Estaban en despedida, a finales de año casi. Era su cumpleaños.
- ¡Felicidades, Juro! – dijo Furui, a su espalda. Agradeció que no se tirara también sobre él.
- Vaya, os habéis acordado…–dijo, rascándose la nuca – Gracias…
- Pues claro que sí, enano – dijo Katsue, algo molesta – El año anterior no pude estar por una misión, pero esta vez me he asegurado.
- Supongo que yo puedo decir algo parecido… – comentó Furui.
Katsue, con la misma ilusión que la de una niña pequeña, le arrastró a la mesa del salón. Allí había una pequeña tarta de cumpleaños de chocolate, con letra grabadas en ella “Felicidades, Juro”
Ambos se la comieron e incluso invitaron a Furui. Katsue le explicó que no había logrado contactar con nadie más para que apareciese, pero que con ellas bastaría. Era cierto. En un año prácticamente solo las había visto a ellas dos. Ellas dos le habían ayudado, enfadado, chinchado y acompañado. ¿Quién más iba a estar en esa cutre fiesta sino?
Mientras devoraba su pequeño trozo de tarta, su hermana no perdió la oportunidad de seguir hablando.
- La encargue hace una semana…– - comentó, devorando también su trozo – En la panadería de la esquina. Te desean muchas felicidades, un buen día y todo ese rollo. –
- Come, come, es tu día – dijo Furui, poniéndole otro trozo en el plato, sin que se hubiese acabado aún el suyo.
Después de haber estado a punto de morir atragantado entre tanto dulce, y de beber un gran trago de agua, llegó otro de los momentos que más esperaban ellas.
- ¡Los regalos! –– exclamó Katsue, mientras corría de un lado para otros – ¡Tienes que encontrarlos!
- ¿Es una broma?
- No, hijo, no. A tu hermana le pareció bien esconderlos por toda la casa…
- Dios mío…
- ¡Venga, te voy indicando! ¡Frío! ¡Muy frío!
Una hora después, logró encontrar el regalo, escondido debajo de una pequeña baldosa suelta en la esquina del baño, bajo el cesto de la ropa sucia.
En su interior, se encontraba una bufanda amarilla. Debajo de ella había unos cuantos billetes de dinero, 500 ryos. Juro también descubrió ropa nueva.
- Ya sé que normalmente no te gusta la ropa… - comentó Katsue, a su espalda – Pero esa bufanda está demasiado desgastada, la usas demasiado. Y tu ropa se te ha quedado pequeña. Es lo que tiene crecer.
Juro cogió la bufanda y la apretó contra su pecho. Era cierto, había crecido. Ya no era tan bajito como antes, ni tan escuálido como antes. Su vieja camiseta verde ya no le entraba, ni sus pantalones. Se quedaban cortos.
Y lo cierto es que le gusto bastante la nueva ropa. Un polo y unos pantalones similares, además de una chaqueta grisácea y una pequeña camisa verde, para sustituir a la anterior, supuso.
Y el dinero también estaba bien, claro.
- Ya soy mayor… – murmuró, sorprendido – Gracias…
- Aun te queda un poco, chaval - Furui le puso una mano en el hombro, después de soltar una de esas risas tan características de ella.
Juro quiso probarse su nueva ropa al instante. Se cambió y su hermana asintió, con felicidad. Quizá era una de las pocas veces que le veía tan feliz. Después, regresaron al salón y comieron otra ración de tarta, hasta terminarla, mientras conversaban de temas sin importancia, hasta que Katsue sacó uno que le llamó la atención.
- ¿Y qué harás ahora, Furui? – preguntó – Ahora que Juro ya ha terminado su entrenamiento y eso.
- Volvere a mi casa, claro. He estado dando vuelta en cuanto he podido, pero casi ha pasado un año. Es mucho tiempo – explicó, son solemnida .
- No habría hecho falta que te mudases aquí. No vives tan lejos…
- Con mis otros pupilos lo hice así – dijo, seriamente – No puedo cambiar mi rutina.
- Pero antes no vivías por la zona…
Antes de que ambas pudieran volver a ponerse a discutir, Juro quiso hablar:
- ¿Por qué no te quedas aquí?
Incluso Katsue se sorprendió al escucharlo. Miro a Juro, y después a Furui. Para la sorpresa del chico, bajo la vista y se mantuvo en silencio. Furui le miró, comprensivamente.
- Juro, no puedo estar aquí eternamente…
- Pero necesito un instructor para seguir dominando el raiton…
- Y te ayudare en todo lo que pueda.
- Pero te vas…
- Vendré a visitaros más a menudo– le prometió – Pero debo hacer mi vida, Solo espera un poco, hasta la próxima vez que nos veamos…
Juro asintió, demasiado acostumbrado ya a las despedidas. Incluso Katsue parecía algo triste. Ambos parecían haber recordado, aunque fuese por ese tiempo, lo que era vivir con un mayor en casa.
- Pero eso no será hoy, hoy es un día especial… - dijo con otra sonrisa desdentada.
Y así pues, la fiesta continuó un poco más. Evitando la triste noticia, simplemente se refugiaron en el momento.
- ¿Qué harás tú ahora, Juro? – le preguntó Furui – Ahora que eres más libre.
Juro reflexionó, silenciosamente, antes de tener una respuesta clara. Tras unos minutos, finalmente lo dijo.
- Ahora que soy libre… - dijo, tratando de hacer memoria – Debería ver a la gente, salir de la aldea, viajar, ver a mi equipo y hacer misiones. Volver a mi rutina antes de que todo esto pasase. Sí, eso es lo que haré. Volveré a mis raíces, ahora que soy más fuerte. ¡Los impresionaré a todos!
- Que ímpetu… - comentó Katsue, riendo – Hoy es un día donde puedes pedir todos los deseos que quieras. Pero debes cumplirlos, no lo olvides…
- ¡Sí! – exclamó.
Los tres continuaron riendo, hablando y despotricando durante un rato más, hasta que durase el día y el espíritu de la tarta.
A la mañana siguiente, Furui regresaría a su casa, con la promesa de que regresaría poco después. Katsue no tardaría más de unos días en volver al trabajo, ahora que estaba segura de que todo iría bien. Y en cuanto a Juro, bueno, estaba listo. Aunque seguiría entrenando todos los días, ahora se sentía más seguro. Después de una pausa de un año, un nuevo capítulo empezaba en su vida…
Primero el verano. Luego el otoño. Y ahora, una vez más la mágica del tiempo había actuado. No pudo decir esta vez que no se enteró. El invierno decoró las calles rápidamente. El frío que había empezado a aparecer en otoño pobló la villa en todo su esplendor.
Incluso en el bosque donde se encontraban entrenando. Todos los árboles estaban secos, sin hojas, muertos.
Uno de ellos tenía un agujero que lo atravesaba. Era la abertura donde había actuado su técnica. Rápida y letal. Jadeaba, había dado todo en su entrenamiento. Y parecía haber dado sus frutos. Furui, a su lado, sonreía.
- Tu entrenamiento ha terminado, Juro – dijo, felizmente.
- ¿Ya está? ¿Se acabó? – preguntó, escéptico.
- Claro que no. El entrenamiento es algo que realiza un ninja durante toda su vida – apartó sus idea con un movimiento de mano – Pero ya has dominado lo básico de este tercer elemento. Y has mejorado bastante en comparación a como eras un año atrás. El resto es cosa tuya.
Furui se levantó y agarró su extraño paraguas. Después, le dio una palmadita en la espalda. Le dejó aún más perplejo que con sus palabras.
- No pongas esa cara, ya es suficiente – le dijo, antes de pasar de largo – Será mejor que volvamos a casa. Este frío se me cala en los huesos.
Ambos volvieron a emprender el camino de vuelta. Furui tenía razón, el viento indicaba que el frío se acercaba cada vez más. Cuando llegaron a su jardín, fue a la entrada con paso lento. Extremadamente lento. Juro comenzó a irritarse.
- ¿Qué ocurre?
- La cadera, hijo…
La creería sino fuese porque hace una hora había estado moviéndose perfectamente.
Abrió la puerta con paso lento, después de agitar la llave durante medio minuto, simulando temblores. Desde luego que pasaba algo. Ella no era así de insegura nunca. Prácticamente en el año que llevaba viviendo aquí entraba con portazos, como si fuera su propia casa.
- Que tonta estoy, con mi edad…– - le comentaba, mientras entraban por fin.
Ambos entraron. Juro se fijó en todas partes, pero no había nada que le sobresaltase.
Entonces, se apagó la luz.
Sintió un golpe. Después un empujón. Alguien lo había tirado al suelo y se había puesto encima de él inmovilizando. Trató de patalear, pero no logró hacer nada. Estaba a su merced… La sombra le acarició la cabeza, y Juro se tensó aún más. Se tensó por estar a la merced de alguien, otra vez. Trató de hurgar en su portaobjetos, coger su bomba, crear una oportunidad…
Cuando la luz se encendió otra vez, y encima suyo vio a su hermana, con una sonrisa en su rostro.
- ¡Felicidades! – exclamó ella.
Se levantó de encima y le ayudó a incorporarse. Juro se levantó, aun sin entender que pasaba. Hasta recordar que era cierto. Estaban en despedida, a finales de año casi. Era su cumpleaños.
- ¡Felicidades, Juro! – dijo Furui, a su espalda. Agradeció que no se tirara también sobre él.
- Vaya, os habéis acordado…–dijo, rascándose la nuca – Gracias…
- Pues claro que sí, enano – dijo Katsue, algo molesta – El año anterior no pude estar por una misión, pero esta vez me he asegurado.
- Supongo que yo puedo decir algo parecido… – comentó Furui.
Katsue, con la misma ilusión que la de una niña pequeña, le arrastró a la mesa del salón. Allí había una pequeña tarta de cumpleaños de chocolate, con letra grabadas en ella “Felicidades, Juro”
Ambos se la comieron e incluso invitaron a Furui. Katsue le explicó que no había logrado contactar con nadie más para que apareciese, pero que con ellas bastaría. Era cierto. En un año prácticamente solo las había visto a ellas dos. Ellas dos le habían ayudado, enfadado, chinchado y acompañado. ¿Quién más iba a estar en esa cutre fiesta sino?
Mientras devoraba su pequeño trozo de tarta, su hermana no perdió la oportunidad de seguir hablando.
- La encargue hace una semana…– - comentó, devorando también su trozo – En la panadería de la esquina. Te desean muchas felicidades, un buen día y todo ese rollo. –
- Come, come, es tu día – dijo Furui, poniéndole otro trozo en el plato, sin que se hubiese acabado aún el suyo.
Después de haber estado a punto de morir atragantado entre tanto dulce, y de beber un gran trago de agua, llegó otro de los momentos que más esperaban ellas.
- ¡Los regalos! –– exclamó Katsue, mientras corría de un lado para otros – ¡Tienes que encontrarlos!
- ¿Es una broma?
- No, hijo, no. A tu hermana le pareció bien esconderlos por toda la casa…
- Dios mío…
- ¡Venga, te voy indicando! ¡Frío! ¡Muy frío!
Una hora después, logró encontrar el regalo, escondido debajo de una pequeña baldosa suelta en la esquina del baño, bajo el cesto de la ropa sucia.
En su interior, se encontraba una bufanda amarilla. Debajo de ella había unos cuantos billetes de dinero, 500 ryos. Juro también descubrió ropa nueva.
- Ya sé que normalmente no te gusta la ropa… - comentó Katsue, a su espalda – Pero esa bufanda está demasiado desgastada, la usas demasiado. Y tu ropa se te ha quedado pequeña. Es lo que tiene crecer.
Juro cogió la bufanda y la apretó contra su pecho. Era cierto, había crecido. Ya no era tan bajito como antes, ni tan escuálido como antes. Su vieja camiseta verde ya no le entraba, ni sus pantalones. Se quedaban cortos.
Y lo cierto es que le gusto bastante la nueva ropa. Un polo y unos pantalones similares, además de una chaqueta grisácea y una pequeña camisa verde, para sustituir a la anterior, supuso.
Y el dinero también estaba bien, claro.
- Ya soy mayor… – murmuró, sorprendido – Gracias…
- Aun te queda un poco, chaval - Furui le puso una mano en el hombro, después de soltar una de esas risas tan características de ella.
Juro quiso probarse su nueva ropa al instante. Se cambió y su hermana asintió, con felicidad. Quizá era una de las pocas veces que le veía tan feliz. Después, regresaron al salón y comieron otra ración de tarta, hasta terminarla, mientras conversaban de temas sin importancia, hasta que Katsue sacó uno que le llamó la atención.
- ¿Y qué harás ahora, Furui? – preguntó – Ahora que Juro ya ha terminado su entrenamiento y eso.
- Volvere a mi casa, claro. He estado dando vuelta en cuanto he podido, pero casi ha pasado un año. Es mucho tiempo – explicó, son solemnida .
- No habría hecho falta que te mudases aquí. No vives tan lejos…
- Con mis otros pupilos lo hice así – dijo, seriamente – No puedo cambiar mi rutina.
- Pero antes no vivías por la zona…
Antes de que ambas pudieran volver a ponerse a discutir, Juro quiso hablar:
- ¿Por qué no te quedas aquí?
Incluso Katsue se sorprendió al escucharlo. Miro a Juro, y después a Furui. Para la sorpresa del chico, bajo la vista y se mantuvo en silencio. Furui le miró, comprensivamente.
- Juro, no puedo estar aquí eternamente…
- Pero necesito un instructor para seguir dominando el raiton…
- Y te ayudare en todo lo que pueda.
- Pero te vas…
- Vendré a visitaros más a menudo– le prometió – Pero debo hacer mi vida, Solo espera un poco, hasta la próxima vez que nos veamos…
Juro asintió, demasiado acostumbrado ya a las despedidas. Incluso Katsue parecía algo triste. Ambos parecían haber recordado, aunque fuese por ese tiempo, lo que era vivir con un mayor en casa.
- Pero eso no será hoy, hoy es un día especial… - dijo con otra sonrisa desdentada.
Y así pues, la fiesta continuó un poco más. Evitando la triste noticia, simplemente se refugiaron en el momento.
- ¿Qué harás tú ahora, Juro? – le preguntó Furui – Ahora que eres más libre.
Juro reflexionó, silenciosamente, antes de tener una respuesta clara. Tras unos minutos, finalmente lo dijo.
- Ahora que soy libre… - dijo, tratando de hacer memoria – Debería ver a la gente, salir de la aldea, viajar, ver a mi equipo y hacer misiones. Volver a mi rutina antes de que todo esto pasase. Sí, eso es lo que haré. Volveré a mis raíces, ahora que soy más fuerte. ¡Los impresionaré a todos!
- Que ímpetu… - comentó Katsue, riendo – Hoy es un día donde puedes pedir todos los deseos que quieras. Pero debes cumplirlos, no lo olvides…
- ¡Sí! – exclamó.
Los tres continuaron riendo, hablando y despotricando durante un rato más, hasta que durase el día y el espíritu de la tarta.
A la mañana siguiente, Furui regresaría a su casa, con la promesa de que regresaría poco después. Katsue no tardaría más de unos días en volver al trabajo, ahora que estaba segura de que todo iría bien. Y en cuanto a Juro, bueno, estaba listo. Aunque seguiría entrenando todos los días, ahora se sentía más seguro. Después de una pausa de un año, un nuevo capítulo empezaba en su vida…
Hablo / Pienso
Avatar hecho por la increible Eri-sama.
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Sellos implantados: Hermandad intrepida
- Juro y Datsue : Aliento nevado, 218. Poder:60