20/11/2016, 01:12
—Qué sí, me iré y ya. —Soltó la rubia sin más en lo que terminaba de enlistar sus pertenencias.
—¿¡Y qué se supone que les diga!? —Respondió una chica de estatura promedio, pecas por todo el rostro y con un temblor en su voz que dejaba en claro lo nerviosa que estaba.
—Que me fui, ¿qué más querías? —Concluyó Noemi ya con todo preparado para partir en un supuesto viaje muy largo.
Se suponía que sería muy largo, solo si decidía viajar a pie hasta el País del Fuego pero ahora con la existencia de los ferrocarriles podría hacerlo en al menos un solo día, incluso podría regresar pero no lo haría sin antes hacer unas cuantas cosas entre ellas algo que no lograba sacarse de la cabeza desde hace ya bastante. Aunque no lo llevaría a cabo en ese lugar particular claro.
Sin mucha ceremonia, Noemi partió rumbo al lugar donde se había efectuado el gran torneo donde el Shukaku hizo acto de presencia, en ferrocarril debería tomar cerca de unas ocho horas, bastante poco en comparación de los dos días que tendría que invertir si se le ocurría ir a pie. ~¿Al menos el hombre que saqué se salvó…? ~Se preguntaba la kunoichi en pleno viaje, ya sentada en uno de los tantos asientos disponibles de aquel medio de transporte.
El motivo por el que decidió viajar hasta allí no sería simplemente llorarle a alguien que a ella le haya resultado importante, después de todo ninguno de sus conocidos había muerto hasta dónde tenía entendido así que simplemente pasaría a dejar algunas flores al monolito. ¿Por qué…? La chica llevaba en claro que muchas personas habrán hecho ya alguna ofrenda a muchos de los que fallecieron, pero seguramente no todos ellos tendrían parientes ni amigos que los llorasen por lo que nadie les dedicaría nada, o ese era el pensamiento de la chica al momento de estar cruzando el gran puente que había sido alzado para facilitar el acceso a la isla que había sido formada durante aquel incidente.
A medida que Noemi avanzaba por el puente podía distinguir a la distancia una silueta que poco a poco iba apreciando con más detalle. Una persona de cabello no muy largo, al menos no en comparación a la dorada melena que aquel día la Senju siquiera se había molestado en atar por lo que el viento la manipulaba como quería.
—Hola. —Soltó no muy animada, siquiera se planteó la idea de aparecerse con un “buen día” siendo que estaban frente a un monolito en honor a cientos de personas que habían perdido sus vidas.
Y si era por ella, no hablaría más con aquél desconocido, no tenía motivos reales para hacerlo y tampoco sabía a ciencia cierta si le resultaría fastidioso o no el hablar de lo que sea en ese lugar en particular. Por ello la kunoichi simplemente se arrodilló frente al monolito y dejó algunas flores frente al mismo como una ofrenda a aquellos que no tenían a nadie que los llorase. Se mantendría un momento en esa posición y en absoluto silencio también.
~¿No se suponía que al torneo vinieron solo algunos con invitación…? ~Pensó por un instante, recordando en particular a cierta pelirroja que no sabía si alguien iría a llorarla en caso de que hubiese permanecido muerta.
—¿¡Y qué se supone que les diga!? —Respondió una chica de estatura promedio, pecas por todo el rostro y con un temblor en su voz que dejaba en claro lo nerviosa que estaba.
—Que me fui, ¿qué más querías? —Concluyó Noemi ya con todo preparado para partir en un supuesto viaje muy largo.
Se suponía que sería muy largo, solo si decidía viajar a pie hasta el País del Fuego pero ahora con la existencia de los ferrocarriles podría hacerlo en al menos un solo día, incluso podría regresar pero no lo haría sin antes hacer unas cuantas cosas entre ellas algo que no lograba sacarse de la cabeza desde hace ya bastante. Aunque no lo llevaría a cabo en ese lugar particular claro.
Sin mucha ceremonia, Noemi partió rumbo al lugar donde se había efectuado el gran torneo donde el Shukaku hizo acto de presencia, en ferrocarril debería tomar cerca de unas ocho horas, bastante poco en comparación de los dos días que tendría que invertir si se le ocurría ir a pie. ~¿Al menos el hombre que saqué se salvó…? ~Se preguntaba la kunoichi en pleno viaje, ya sentada en uno de los tantos asientos disponibles de aquel medio de transporte.
El motivo por el que decidió viajar hasta allí no sería simplemente llorarle a alguien que a ella le haya resultado importante, después de todo ninguno de sus conocidos había muerto hasta dónde tenía entendido así que simplemente pasaría a dejar algunas flores al monolito. ¿Por qué…? La chica llevaba en claro que muchas personas habrán hecho ya alguna ofrenda a muchos de los que fallecieron, pero seguramente no todos ellos tendrían parientes ni amigos que los llorasen por lo que nadie les dedicaría nada, o ese era el pensamiento de la chica al momento de estar cruzando el gran puente que había sido alzado para facilitar el acceso a la isla que había sido formada durante aquel incidente.
A medida que Noemi avanzaba por el puente podía distinguir a la distancia una silueta que poco a poco iba apreciando con más detalle. Una persona de cabello no muy largo, al menos no en comparación a la dorada melena que aquel día la Senju siquiera se había molestado en atar por lo que el viento la manipulaba como quería.
—Hola. —Soltó no muy animada, siquiera se planteó la idea de aparecerse con un “buen día” siendo que estaban frente a un monolito en honor a cientos de personas que habían perdido sus vidas.
Y si era por ella, no hablaría más con aquél desconocido, no tenía motivos reales para hacerlo y tampoco sabía a ciencia cierta si le resultaría fastidioso o no el hablar de lo que sea en ese lugar en particular. Por ello la kunoichi simplemente se arrodilló frente al monolito y dejó algunas flores frente al mismo como una ofrenda a aquellos que no tenían a nadie que los llorase. Se mantendría un momento en esa posición y en absoluto silencio también.
~¿No se suponía que al torneo vinieron solo algunos con invitación…? ~Pensó por un instante, recordando en particular a cierta pelirroja que no sabía si alguien iría a llorarla en caso de que hubiese permanecido muerta.