28/11/2016, 23:07
Cuando supo que la interrogante que le había soltado momentos antes no había causado mayor revuelo en Noemi, y teniendo en cuenta, además; que ésta estaba más que dispuesta a responder, el joven Jin no pudo hacer más que voltearse levemente hacia ella y dejar sus brazos sobre las piernas. Tenía rostro de inocencia desvelada y sus ojos demostraban expresivos su interés por escuchar el cómo fue para ella la experiencia de haber muerto".
—No sabría explicarlo realmente, yo por lo menos no llegué a sentir nada salvo un vacío en el que ya nada me importaba, o mejor dicho ya no pensaba en nada y solo veía blanco, ni siquiera mi cuerpo —Jin abrió levemente la boca pero la cerró en un intento desesperado de disimular su sorpresa. Era sensato pensar que el camino hasta la muerte definitiva sería mucho más horroroso que lo que contaba Noemi, pero por lo dicho; se trataba más de una especie de purgatorio silencioso donde te conviertes en nada —. No sé lo que habrán sentido los demás, pero para mí no llegó a ser desagradable pero tampoco algo que quiera volver a sentir.
—Desde luego, morir dos veces en una sola vida creo que es más que suficiente —se atrevió a bromear entre la pausa de su interlocutora.
—Supongo que no es lo que esperabas, pero es lo que recuerdo que sentí —él intentó responder, pero la mujer continuó sin darle tiempo de hacerlo—. O puede que haya sido tan traumático que mi subconsciente se tomara la delicadeza de borrar el recuerdo...
» ¿Y tú no has tenido experiencias cercanas a la muerte?
Jin sonrió.
—Por suerte no. Quizás es porque soy muy joven aún, o porque no he tenido la mala fortuna de estar en el lugar y el momento menos indicado, como el susodicho torneo —comentó pensativo—. O tal vez por mi familia, son muy sobre protectores conmigo. Como ya te podrás haber dado cuenta, claro...
Se refería a los dos guardias que siempre le acompañaban a todos lados. Su seguridad era prioridad para los suyos, y; teniendo en cuenta lo conocida que es la familia de su madre en el país de la espiral e incluso territorios aledaños, cualquier maleante podría pensar que podrían sacar una buena pasta de tener a su primogénito entre sus manos. Claro que, no es que él no fuera capaz de defenderse; de hecho era muy capaz de cuidarse su propia espalda. Pero nunca estaba de más tener un as bajo la manga.
Rankotsu cumplía esa función.
—De todas formas, creo que lo que ocurrió ha terminado abogando finalmente por un bien mayor, ¿no crees?, es decir; supongo que hacía falta enfrentar un hecho similar para que dejásemos a un lado las diferencias y así comenzar a trabajar juntos de una vez por todas. O bueno, eso es lo que me ha dicho mi padre. Que la muerte de tantos ha logrado la unión de unos pocos, de las tres aldeas, y sus líderes. Onindo es más seguro ahora.
—No sabría explicarlo realmente, yo por lo menos no llegué a sentir nada salvo un vacío en el que ya nada me importaba, o mejor dicho ya no pensaba en nada y solo veía blanco, ni siquiera mi cuerpo —Jin abrió levemente la boca pero la cerró en un intento desesperado de disimular su sorpresa. Era sensato pensar que el camino hasta la muerte definitiva sería mucho más horroroso que lo que contaba Noemi, pero por lo dicho; se trataba más de una especie de purgatorio silencioso donde te conviertes en nada —. No sé lo que habrán sentido los demás, pero para mí no llegó a ser desagradable pero tampoco algo que quiera volver a sentir.
—Desde luego, morir dos veces en una sola vida creo que es más que suficiente —se atrevió a bromear entre la pausa de su interlocutora.
—Supongo que no es lo que esperabas, pero es lo que recuerdo que sentí —él intentó responder, pero la mujer continuó sin darle tiempo de hacerlo—. O puede que haya sido tan traumático que mi subconsciente se tomara la delicadeza de borrar el recuerdo...
» ¿Y tú no has tenido experiencias cercanas a la muerte?
Jin sonrió.
—Por suerte no. Quizás es porque soy muy joven aún, o porque no he tenido la mala fortuna de estar en el lugar y el momento menos indicado, como el susodicho torneo —comentó pensativo—. O tal vez por mi familia, son muy sobre protectores conmigo. Como ya te podrás haber dado cuenta, claro...
Se refería a los dos guardias que siempre le acompañaban a todos lados. Su seguridad era prioridad para los suyos, y; teniendo en cuenta lo conocida que es la familia de su madre en el país de la espiral e incluso territorios aledaños, cualquier maleante podría pensar que podrían sacar una buena pasta de tener a su primogénito entre sus manos. Claro que, no es que él no fuera capaz de defenderse; de hecho era muy capaz de cuidarse su propia espalda. Pero nunca estaba de más tener un as bajo la manga.
Rankotsu cumplía esa función.
—De todas formas, creo que lo que ocurrió ha terminado abogando finalmente por un bien mayor, ¿no crees?, es decir; supongo que hacía falta enfrentar un hecho similar para que dejásemos a un lado las diferencias y así comenzar a trabajar juntos de una vez por todas. O bueno, eso es lo que me ha dicho mi padre. Que la muerte de tantos ha logrado la unión de unos pocos, de las tres aldeas, y sus líderes. Onindo es más seguro ahora.
