18/12/2016, 20:20
El joven Hyuuga observó a su interlocutora cuando ésta le preguntó si le acompañaba. Estaba claro que era mejor idea ir con ella a donde fuera antes que enfrentar a una horda de civiles enfurecidos, así que no lo pensó dos veces y se acercó hasta los linderos de su costado izquierdo. Incluso le tomó la mano y la apretó, como si creyese que era posible perderse una vez que tuvieran que correr de allí por sus vidas.
Pero para el tumulto de ciudadanos no era una opción dejarles escapar. Parecían estar lo bastante organizados como para que otro grupillo pequeño apareciese en el momento exacto, rodeando a los dos jóvenes shinobi completamente; al menos dentro del espacio en el que yacía el famoso monolito. Jin se obligó a buscar a Rankotsu con la mirada, quien permanecía en su antigua posición muy atento a todo lo que estaba sucediendo, con su mano sobre el mango de su katana a la espera de cualquier movimiento por parte de los ciudadanos. Jin le echó una mirada concisa: no hagas absolutamente nada salvo que sea necesario.
Era probable que Noemi pensase que escapar de aquella situación era lo más sencillo y expedito que podrían hacer en ese momento, pero al de ojos blancos le comía un poco la cabeza el ver a aquellas personas tan enojadas. Fuera por su amabilidad o por cierto sentido de responsabilidad que sentía con respecto al fallecimiento de tanta gente, se vio obligado a preguntar qué era lo que estaba sucediendo.
—Lo siento, creo que nos hemos perdido de algo. ¿Qué sucede, por qué traéis vuestras armas a un lugar donde tanta gente descansa en paz?
—¿En paz? —respondió irónico uno de los tipos—. ¿Qué coño sabes tú de nuestra gente, o de si realmente encontraron la paz allá al lugar al que fueron enviados por vuestros malditos asuntos de ninja?
Los otros comenzaron a murmurar más.
—Así que la pregunta es: ¿qué hacéis vosotros perturbando el descanso de nuestros familiares?... ¿habéis venido a jactarse de su suerte por haber sobrevivido a lo imposible?
Jin se quedó sin palabras, no supo qué decir.
Pero para el tumulto de ciudadanos no era una opción dejarles escapar. Parecían estar lo bastante organizados como para que otro grupillo pequeño apareciese en el momento exacto, rodeando a los dos jóvenes shinobi completamente; al menos dentro del espacio en el que yacía el famoso monolito. Jin se obligó a buscar a Rankotsu con la mirada, quien permanecía en su antigua posición muy atento a todo lo que estaba sucediendo, con su mano sobre el mango de su katana a la espera de cualquier movimiento por parte de los ciudadanos. Jin le echó una mirada concisa: no hagas absolutamente nada salvo que sea necesario.
Era probable que Noemi pensase que escapar de aquella situación era lo más sencillo y expedito que podrían hacer en ese momento, pero al de ojos blancos le comía un poco la cabeza el ver a aquellas personas tan enojadas. Fuera por su amabilidad o por cierto sentido de responsabilidad que sentía con respecto al fallecimiento de tanta gente, se vio obligado a preguntar qué era lo que estaba sucediendo.
—Lo siento, creo que nos hemos perdido de algo. ¿Qué sucede, por qué traéis vuestras armas a un lugar donde tanta gente descansa en paz?
—¿En paz? —respondió irónico uno de los tipos—. ¿Qué coño sabes tú de nuestra gente, o de si realmente encontraron la paz allá al lugar al que fueron enviados por vuestros malditos asuntos de ninja?
Los otros comenzaron a murmurar más.
—Así que la pregunta es: ¿qué hacéis vosotros perturbando el descanso de nuestros familiares?... ¿habéis venido a jactarse de su suerte por haber sobrevivido a lo imposible?
Jin se quedó sin palabras, no supo qué decir.
