23/12/2016, 04:40
Jin no pensó que ante su silencio, Noemi respondería de forma tan contundente. Incluso trató de aclarar la garganta un par de veces para hacerle saber a su compañera que, quizás, no era necesario ser tan duro con quienes aún se sienten dolidos por la pérdida de sus seres queridos, pero aquellas palabras del conglomerado pareció afectar más de la cuenta a la Kunoichi.
Y se los hizo saber, sin pelos en la lengua. Con poco pudor, y tratando de demostrar a la mala que no eran tan diferentes después de todo. Ellos y los shinobi, a pesar de que los segundos hubiesen tenido la suerte de haber sobrevivido.
—Vaya, pero si la zorrirubia tiene los santos cojones de quejarse de estar viva. Y mi señora madre, calcinada por una de esas putas mascotas que ustedes inútiles ni pueden controlar; muerta. Es que lo he visto todo en esta vida ya —bufeó uno entre la muchedumbre.
—Créeme, tus jodidas pesadillas no se comparan con el hecho de no existir más. O el dolor que esa le realidad le genera a tus seres queridos. No sabes nada, mujer; no sabes absolutamente nada —él parecía ser quien lideraba la horda. Y aunque ellos, en su mayoría, no parecían tener demasiada pericia en ésto de las armas, quien ahora hablaba por todos sí que empuñaba bien su espada. De hecho, se le veía seguro; y la edad delataba experiencia —. ahora, será mejor que se larguen, los dos, y sin decir una sola palabra. O te muerdes la lengua y no vuelves nunca mas, rubita, o haremos de ti un buen ejemplo para el resto de los tuyos.
El joven Hyuga siguió callado, deseoso de que todo aquello terminara. Sin embargo, todo quedaba en manos de Noemi, quien incluso en un principio no pareció muy dispuesta a callar. Y ahora que le amenazaban, solo esperaba que pudiera controlarse. De lo contrario, ¿qué podrían hacer ellos contra un shinobi, en todo caso?... ¿o la preocupación tendría que ser al contrario?
Y se los hizo saber, sin pelos en la lengua. Con poco pudor, y tratando de demostrar a la mala que no eran tan diferentes después de todo. Ellos y los shinobi, a pesar de que los segundos hubiesen tenido la suerte de haber sobrevivido.
—Vaya, pero si la zorrirubia tiene los santos cojones de quejarse de estar viva. Y mi señora madre, calcinada por una de esas putas mascotas que ustedes inútiles ni pueden controlar; muerta. Es que lo he visto todo en esta vida ya —bufeó uno entre la muchedumbre.
—Créeme, tus jodidas pesadillas no se comparan con el hecho de no existir más. O el dolor que esa le realidad le genera a tus seres queridos. No sabes nada, mujer; no sabes absolutamente nada —él parecía ser quien lideraba la horda. Y aunque ellos, en su mayoría, no parecían tener demasiada pericia en ésto de las armas, quien ahora hablaba por todos sí que empuñaba bien su espada. De hecho, se le veía seguro; y la edad delataba experiencia —. ahora, será mejor que se larguen, los dos, y sin decir una sola palabra. O te muerdes la lengua y no vuelves nunca mas, rubita, o haremos de ti un buen ejemplo para el resto de los tuyos.
El joven Hyuga siguió callado, deseoso de que todo aquello terminara. Sin embargo, todo quedaba en manos de Noemi, quien incluso en un principio no pareció muy dispuesta a callar. Y ahora que le amenazaban, solo esperaba que pudiera controlarse. De lo contrario, ¿qué podrían hacer ellos contra un shinobi, en todo caso?... ¿o la preocupación tendría que ser al contrario?
