13/03/2017, 14:37
Entretenidos por la conversación sobre sus capacidades, el trio de shinobis se fue acercando hasta estar justo delante de su destino. A unos cuantos metros podrían discernir sin ninguna duda la tienda de animales en cuestion, encima de la puerta habia un cartel luminiscente enorme en el cual se veía un gato andando con un pescado en la boca.
Por si eso no fuera suficiente notorio, de un palo horizontal colgaba una figura metalica unida por cadenas. La figura era plana, se trataba de un gato sentado con brillantes blancos por ojos, esas joyas brillaban incluso en el día más nublado de Amegakure. Si uno se fijaba detenidamente podría ver que la verdadera forma de las gemas no era otra que la de otro gato sentado en vez de ser simplemente redondas.
La gracia es que la cosa no acababa ahí. Las puertas del establecimiento eran unas puertas dobles de cristal especialmente resistente con unos finos bordes de metal, en teoria, se podría ver a través de dicho cristal, si no fuera por los centenares de figuras de gatos que cubrían hasta el último recobeco. Sin embargo, se podía ver que había luz en el interior. Habían dos escaparates, uno a cada lado de las puertas. Uno de ellos estaba lleno hasta arriba de accesorios y comida para gatos, en el otro estaba todo lo demás.
Antes de que los shinobis pudieran dejar de contemplar tal opulencia, las puertas se abririan de par en par durante unos segundos para dejar pasar a un hombre que maldecía todo lo maldecible antes de volver a cerrarse.
— ¡Es la última vez que piso esta tienda! ¡LOCA! Eres un peligro para toda esta puta villa y parte de la de al lado. Psicopata gatofilica de los cojones.
En el rato que habían tardado las puertas en volver a su estado original decenas de gatos salieron despavoridos de la tienda.
— Miau — Meow — Miow — Gato
El hombre se acercó a ellos sin darse cuenta de su presencia, pues aún se estaba sacudiendo una especie de bolitas marrones que tenía por todo el cuerpo y maldiciendo.
— putalocadeloscojoneshijadeunchacal — se detuvo justo antes de chocar con Mogura — La hostia, ¿cuanto llevais aquí? ¿Sois los siguientes? — soltó una carcajada y le dio una palmadita en el hombro antes de pasar de largo por su lado — Suerte, eso es lo único que os puede salvar.
El olor a comida de gato se hizo real cuando estuvo lo suficientemente cerca, eso combinado con un nada ligero olor a alcohol, lo cual revolvería las tripas a cualquiera. Si nadie lo detenía, el hombre pasaría de largo y desaparecería en la lluvia.
Por si eso no fuera suficiente notorio, de un palo horizontal colgaba una figura metalica unida por cadenas. La figura era plana, se trataba de un gato sentado con brillantes blancos por ojos, esas joyas brillaban incluso en el día más nublado de Amegakure. Si uno se fijaba detenidamente podría ver que la verdadera forma de las gemas no era otra que la de otro gato sentado en vez de ser simplemente redondas.
La gracia es que la cosa no acababa ahí. Las puertas del establecimiento eran unas puertas dobles de cristal especialmente resistente con unos finos bordes de metal, en teoria, se podría ver a través de dicho cristal, si no fuera por los centenares de figuras de gatos que cubrían hasta el último recobeco. Sin embargo, se podía ver que había luz en el interior. Habían dos escaparates, uno a cada lado de las puertas. Uno de ellos estaba lleno hasta arriba de accesorios y comida para gatos, en el otro estaba todo lo demás.
Antes de que los shinobis pudieran dejar de contemplar tal opulencia, las puertas se abririan de par en par durante unos segundos para dejar pasar a un hombre que maldecía todo lo maldecible antes de volver a cerrarse.
— ¡Es la última vez que piso esta tienda! ¡LOCA! Eres un peligro para toda esta puta villa y parte de la de al lado. Psicopata gatofilica de los cojones.
En el rato que habían tardado las puertas en volver a su estado original decenas de gatos salieron despavoridos de la tienda.
— Miau — Meow — Miow — Gato
El hombre se acercó a ellos sin darse cuenta de su presencia, pues aún se estaba sacudiendo una especie de bolitas marrones que tenía por todo el cuerpo y maldiciendo.
— putalocadeloscojoneshijadeunchacal — se detuvo justo antes de chocar con Mogura — La hostia, ¿cuanto llevais aquí? ¿Sois los siguientes? — soltó una carcajada y le dio una palmadita en el hombro antes de pasar de largo por su lado — Suerte, eso es lo único que os puede salvar.
El olor a comida de gato se hizo real cuando estuvo lo suficientemente cerca, eso combinado con un nada ligero olor a alcohol, lo cual revolvería las tripas a cualquiera. Si nadie lo detenía, el hombre pasaría de largo y desaparecería en la lluvia.
![[Imagen: MsR3sea.png]](https://i.imgur.com/MsR3sea.png)
Esta cuenta representa a la totalidad de los administradores de NinjaWorld.es