2/05/2017, 22:24
Gritos que no llegaba a entender del todo hacían ruido en las orejas del calvo. Una voz de mujer, fuerte, potente e intimidante era la más marcada. La otra voz demasiado inaudible para que él la escuchase. Pero lo positivo era que, entre tanto golpeteo, la puerta finalmente se abrió.
«¿Pero qué...?»
El calvo no pudo emitir vocablo alguno de la sorpresa e intimidación provocada por una mujer de duro aspecto. En respuesta, recibió una buena ración de algo desconocido, pero con un fuerte olor a verduras. Karamaru se arrastró durante unos segundos ambas manos por la cara, agitándolas luego, logrando limpiar el rostro.
Seguía con su sorpresa aún cuando apareció un chico menor que él, el hijo de aquella mujer. Un intercambio de palabras, que el monje vivió como si fuese una película, lo dejó sin pergamino durante unos segundos y luego fue devuelto.
«Dios, es buena...- no pudo hacer más que guardar el pergamino sin decir nada. No le parecía conveniente.
La mujer con cucharón dejó el lugar, y ambos hombres quedaron a solas. Se había dado a entender que el pequeño era el emisor de ese pergamino.
Necesito que entres en el Torreón de la Academia y te cueles en mi aula, me he dejado en el pupitre una revista de... bueno, del tipo de revista que no deberia haber en una academia.
Para disimular, pasate por la biblioteca tambien y traeme cualquier otro libro de Shurikenjutsu, di que es para Amenio Takuma y yo mañana lo devolveré, tras el examen teorico de Shurikenjutsu que tenemos.
Pero...- quedó solo, con un papel en la mano y un pergamino en el bolsillo. El muchacho se había ido.
No estaba del todo de acuerdo con la realidad de aquella misión, la realidad era que sería mucho más productivo para él y para aquel muchacho que le contase las cosas a la madre, pero había aprendido a respetar a las personas y no era un problema en el que se debía de meter. Su misión constaba en traer una revista y regresar, y lo cumpliría.
«Pero no me dijo de qué era la revista, ¿Acaso debía de entenderle?»- pensaba un inocente Karamaru mientras se dirigía al Torreón de la Academia y al aula en cuestión. No había mucha perdida, conocía el lugar de sobra como para llegar a la puerta de aquella aula sin ningún problema alguno. Menos aún para encontrar fácilmente una biblioteca.
«¿Pero qué...?»
El calvo no pudo emitir vocablo alguno de la sorpresa e intimidación provocada por una mujer de duro aspecto. En respuesta, recibió una buena ración de algo desconocido, pero con un fuerte olor a verduras. Karamaru se arrastró durante unos segundos ambas manos por la cara, agitándolas luego, logrando limpiar el rostro.
Seguía con su sorpresa aún cuando apareció un chico menor que él, el hijo de aquella mujer. Un intercambio de palabras, que el monje vivió como si fuese una película, lo dejó sin pergamino durante unos segundos y luego fue devuelto.
«Dios, es buena...- no pudo hacer más que guardar el pergamino sin decir nada. No le parecía conveniente.
La mujer con cucharón dejó el lugar, y ambos hombres quedaron a solas. Se había dado a entender que el pequeño era el emisor de ese pergamino.
Necesito que entres en el Torreón de la Academia y te cueles en mi aula, me he dejado en el pupitre una revista de... bueno, del tipo de revista que no deberia haber en una academia.
Para disimular, pasate por la biblioteca tambien y traeme cualquier otro libro de Shurikenjutsu, di que es para Amenio Takuma y yo mañana lo devolveré, tras el examen teorico de Shurikenjutsu que tenemos.
Pero...- quedó solo, con un papel en la mano y un pergamino en el bolsillo. El muchacho se había ido.
No estaba del todo de acuerdo con la realidad de aquella misión, la realidad era que sería mucho más productivo para él y para aquel muchacho que le contase las cosas a la madre, pero había aprendido a respetar a las personas y no era un problema en el que se debía de meter. Su misión constaba en traer una revista y regresar, y lo cumpliría.
«Pero no me dijo de qué era la revista, ¿Acaso debía de entenderle?»- pensaba un inocente Karamaru mientras se dirigía al Torreón de la Academia y al aula en cuestión. No había mucha perdida, conocía el lugar de sobra como para llegar a la puerta de aquella aula sin ningún problema alguno. Menos aún para encontrar fácilmente una biblioteca.
"El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira al odio, el odio al sufrimiento, y el sufrimiento al lado oscuro"
-Maestro Yoda.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘
-Maestro Yoda.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘
