7/06/2017, 11:06
(Última modificación: 7/06/2017, 11:07 por Aotsuki Ayame.)
Taeko pareció dudar durante unos instantes, pero levantó la cabeza hacia los tres Kage y el brillo de la inspiración destelló en sus ojos y en su sonrisa. Enseguida se puso manos a la obra. Ayame observó con cuidado y fascinación los suaves movimientos del pincel sobre el papel. En cierta manera, comprendió, era un arte que no difería demasiado del dibujo que ella ejercía.
Y es que la de Kusagakure no estaba simplemente escribiendo, estaba pintando palabras.
Aquella obra le llevó bastante más tiempo que la anterior, pero cuando Taeko se volvió hacia ella al fin y le mostró el resultado, enseguida comprendió el por qué. No se había limitado a dibujar solamente una palabra, le había compuesto una frase entera con toda su dedicación:
—"El iris entre leyendas..." —leyó Ayame, con un hilo de voz. Inevitablemente, se le habían llenado los ojos de lágrimas—. ¡Muchísimas gracias, Taeko-san! Lo guardaré como un tesoro, te lo prometo.
—Ayame. —La voz de Kōri a su espalda la sobresaltó. No se había dado cuenta de que su hermano se había acercado a ellas hasta que lo tenía prácticamente a su espalda—. Creo que deberíamos retomar la marcha.
—Oh... ¿Yaaaa? —se quejó Ayame, inflando las mejillas. Pero no había lástima que pudiera remover el corazón de hielo de su hermano, por lo que terminó por echar el aire contenido y miró a Taeko con una sonrisa de disculpa—. Ha sido un placer, Taeko-san. ¡Espero que volvamos a vernos!
Tomó el pliego con sumo cuidado, casi como Taeko había cogido su propio dibujo, y se levantó. Kōri inclinó la cabeza a modo de despedida y después echó a andar hacia el norte, con Ayame siguiendo sus pasos como un alegre pajarillo.
—¿Has hecho una nueva amiga?
—¡Sí! —asintió ella, sin dejar de mirar los kanji de la escritura que le había obsequiado. Estaba feliz. Muy feliz. Ahora que se había graduado como genin había comenzado a hacer amigos de verdad, y aunque Taeko perteneciera a una aldea diferente y no pudieran verse tan a menudo no le importaba. Pensaba colgar su regalo de la pared de su cuarto como recuerdo.
—Debes tener cuidado —dijo Kōri, y cuando Ayame alzó la mirada hacia él vio que la estaba contemplando con una extraña fijeza—. Hacer amistades con otros shinobi de otras aldeas puede ser peligroso.
—Pero ella es una buena chica... ¡Y no le he revelado nada importante! Nunca se me ocurriría hacer algo a...
—No me refiero solo a eso —la interrumpió él, negando con la cabeza—. Ahora estamos en alianza con las otras dos aldeas, ¿pero qué pasará si estalla una guerra? ¿Qué pasará si os veis forzadas a enfrentaros?
Ayame se mordió el labio, súbitamente asustada.
—E... eso no ocurrirá... —balbuceó, abrazando el pliego contra su pecho.
—Esperemos que no.
Y es que la de Kusagakure no estaba simplemente escribiendo, estaba pintando palabras.
Aquella obra le llevó bastante más tiempo que la anterior, pero cuando Taeko se volvió hacia ella al fin y le mostró el resultado, enseguida comprendió el por qué. No se había limitado a dibujar solamente una palabra, le había compuesto una frase entera con toda su dedicación:
伝説
乃中乃
菖蒲
乃中乃
菖蒲
—"El iris entre leyendas..." —leyó Ayame, con un hilo de voz. Inevitablemente, se le habían llenado los ojos de lágrimas—. ¡Muchísimas gracias, Taeko-san! Lo guardaré como un tesoro, te lo prometo.
—Ayame. —La voz de Kōri a su espalda la sobresaltó. No se había dado cuenta de que su hermano se había acercado a ellas hasta que lo tenía prácticamente a su espalda—. Creo que deberíamos retomar la marcha.
—Oh... ¿Yaaaa? —se quejó Ayame, inflando las mejillas. Pero no había lástima que pudiera remover el corazón de hielo de su hermano, por lo que terminó por echar el aire contenido y miró a Taeko con una sonrisa de disculpa—. Ha sido un placer, Taeko-san. ¡Espero que volvamos a vernos!
Tomó el pliego con sumo cuidado, casi como Taeko había cogido su propio dibujo, y se levantó. Kōri inclinó la cabeza a modo de despedida y después echó a andar hacia el norte, con Ayame siguiendo sus pasos como un alegre pajarillo.
—¿Has hecho una nueva amiga?
—¡Sí! —asintió ella, sin dejar de mirar los kanji de la escritura que le había obsequiado. Estaba feliz. Muy feliz. Ahora que se había graduado como genin había comenzado a hacer amigos de verdad, y aunque Taeko perteneciera a una aldea diferente y no pudieran verse tan a menudo no le importaba. Pensaba colgar su regalo de la pared de su cuarto como recuerdo.
—Debes tener cuidado —dijo Kōri, y cuando Ayame alzó la mirada hacia él vio que la estaba contemplando con una extraña fijeza—. Hacer amistades con otros shinobi de otras aldeas puede ser peligroso.
—Pero ella es una buena chica... ¡Y no le he revelado nada importante! Nunca se me ocurriría hacer algo a...
—No me refiero solo a eso —la interrumpió él, negando con la cabeza—. Ahora estamos en alianza con las otras dos aldeas, ¿pero qué pasará si estalla una guerra? ¿Qué pasará si os veis forzadas a enfrentaros?
Ayame se mordió el labio, súbitamente asustada.
—E... eso no ocurrirá... —balbuceó, abrazando el pliego contra su pecho.
—Esperemos que no.