28/06/2017, 03:48
Como se suele decir en el ámbito de los guerreros: No se sabe que tan grande y fuerte es un oponente hasta que uno se encuentra justo frente a él. Justo aquello sucedía con el joven de ojos grises, que de lejos juzgo el problema como algo simplemente grande; fue un juicio que se quedo corto por un amplio margen: La playa se encontraba atestada de basura de todo tipo, como si un huracán hubiese volcado, justo en la costa, un barco lleno de desperdicios.
“Puede que no sea un combate, pero de todas formas será un formidable desafío para superar”, pensó mientras su vista se perdía en las sucias y calcinadas arenas.
Se coloco los guantes y comenzó limpiando el área alrededor de donde se encontraba de pie, agachándose y levantando con la mano todo aquello que encontraba, y arrojándolo a la gran bolsa que le habían dado. Después de un caluroso rato, comenzó a sentir molestias en la espalda debido a aquel repetitivo movimiento de inclinarse y sujetar. Decidió probar con aquella vara puntiaguda que aseguraban hacia el trabajo más fácil. Le tomo algunos minutos de observaciones, ensayo y error, pero, finalmente, se dio cuenta de que podía utilizar aquella punta metálica para ensartar objetos y recogerlos sin tener que agacharse.
“Que practico”, se dijo a sí mismo al sentir como se facilitaba un poco su tarea.
De a poco comenzó a rodearle un círculo de arenas blancas y limpias, como originalmente debían ser. Su trabajo comenzaba a dar frutos y resultados, además de las abundantes emanaciones de sudor de su cuerpo y el curioso olor a piel caliente que le estaba envolviendo.
“Puede que no sea un combate, pero de todas formas será un formidable desafío para superar”, pensó mientras su vista se perdía en las sucias y calcinadas arenas.
Se coloco los guantes y comenzó limpiando el área alrededor de donde se encontraba de pie, agachándose y levantando con la mano todo aquello que encontraba, y arrojándolo a la gran bolsa que le habían dado. Después de un caluroso rato, comenzó a sentir molestias en la espalda debido a aquel repetitivo movimiento de inclinarse y sujetar. Decidió probar con aquella vara puntiaguda que aseguraban hacia el trabajo más fácil. Le tomo algunos minutos de observaciones, ensayo y error, pero, finalmente, se dio cuenta de que podía utilizar aquella punta metálica para ensartar objetos y recogerlos sin tener que agacharse.
“Que practico”, se dijo a sí mismo al sentir como se facilitaba un poco su tarea.
De a poco comenzó a rodearle un círculo de arenas blancas y limpias, como originalmente debían ser. Su trabajo comenzaba a dar frutos y resultados, además de las abundantes emanaciones de sudor de su cuerpo y el curioso olor a piel caliente que le estaba envolviendo.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
