2/07/2017, 16:33
Su duro trabajo estaba rindiendo frutos, o arenas blancas en su caso. El terreno a su alrededor comenzaba a verse mucho más limpio y decente con cada gota de sudor que caía por sus sienes. No pudo evitar que en su rostro se dibujara una suave sonrisa al ver lo bien que estaba avanzando el trabajo, mas por momentos sentía la necesidad de arrugar la nariz, pues la gran bolsa negra que iba arrastrando comenzaba a emanar un vapor cálido y hediondo.
“La gente debería ser más respetuosa con la naturaleza”, pensó mientras alzaba la nariz para captar un poco de la reconfortante brisa marina.
Se tomo unos segundos de paz y continuo con su trabajo, pinchando con su arpón cuanta basura se encontrase en el camino. Ahora su ritmo era mucho mejor, pues ya se encontraba habituado a aquel instrumento de recolección. Sin embargo, en el momento en que iba a recoger una gran bolsa roja, tuvo que detenerse. La pincho y se dio cuenta que era extrañamente dura, por lo que hizo un segundo esfuerzo y la pincho con más fuerza, pero era resistente como una piedra y no se dejaba penetrar.
—A ver. Qué raro… —Se agacho para recogerla con la mano.
De pronto la bolsa se agito y comenzó a moverse, perdiendo su cualidad de objeto inanimado. A su alrededor, de la arena se levantaron varias patas huesudas, largas y puntiagudas. Resulto ser un caparazón con dos enormes apéndices que parecían fauces capaces de cortarle un dedo, una criatura de movimientos y apariencia extrañas.
—¡Un cangrejo! —exclamo, sorprendido por tal hallazgo en tan sucio lugar—. Pero es enorme, comparado con uno de rio… Y mucho más agresivo también.
El joven de cabellos blancos tuvo que retroceder, para que su mano no quedase atrapada en aquellas intimidantes pinzas rojas. Lo toco con la punta de su pincho un par de veces, preguntándose si aquella enorme especie se podría comer. Al cangrejo no le gusto aquello, quizás fue por eso que de un momento a otro capturo la pica del muchacho, aprisionándola ferozmente y alzando su otra pinza por si intentaba atacarle por otro flanco.
—¡Oye, que lo vas a romper! —dijo el joven, al notar la gran fuerza de la criatura—. Vamos, devuélvemelo que lo necesito, pequeño rufián.
“La gente debería ser más respetuosa con la naturaleza”, pensó mientras alzaba la nariz para captar un poco de la reconfortante brisa marina.
Se tomo unos segundos de paz y continuo con su trabajo, pinchando con su arpón cuanta basura se encontrase en el camino. Ahora su ritmo era mucho mejor, pues ya se encontraba habituado a aquel instrumento de recolección. Sin embargo, en el momento en que iba a recoger una gran bolsa roja, tuvo que detenerse. La pincho y se dio cuenta que era extrañamente dura, por lo que hizo un segundo esfuerzo y la pincho con más fuerza, pero era resistente como una piedra y no se dejaba penetrar.
—A ver. Qué raro… —Se agacho para recogerla con la mano.
De pronto la bolsa se agito y comenzó a moverse, perdiendo su cualidad de objeto inanimado. A su alrededor, de la arena se levantaron varias patas huesudas, largas y puntiagudas. Resulto ser un caparazón con dos enormes apéndices que parecían fauces capaces de cortarle un dedo, una criatura de movimientos y apariencia extrañas.
—¡Un cangrejo! —exclamo, sorprendido por tal hallazgo en tan sucio lugar—. Pero es enorme, comparado con uno de rio… Y mucho más agresivo también.
El joven de cabellos blancos tuvo que retroceder, para que su mano no quedase atrapada en aquellas intimidantes pinzas rojas. Lo toco con la punta de su pincho un par de veces, preguntándose si aquella enorme especie se podría comer. Al cangrejo no le gusto aquello, quizás fue por eso que de un momento a otro capturo la pica del muchacho, aprisionándola ferozmente y alzando su otra pinza por si intentaba atacarle por otro flanco.
—¡Oye, que lo vas a romper! —dijo el joven, al notar la gran fuerza de la criatura—. Vamos, devuélvemelo que lo necesito, pequeño rufián.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
