3/08/2017, 14:19
Cuando ya se halló totalmente solo y terminó sentado en las arenas que tenía bajo sus pies, Kaede hizo acto de presencia a sus espaldas, extrañada por encontrarlo ahí tirado.
— ¿Kotetsu-san? ¿Estás bien? ¿Te has cansado? — Preguntó la joven mientras se ponía de cuclillas a su lado. — ¡Por Gouna-sama! ¡Estás sangrando! Espera, traeré algo para curarte.
La joven se fue rápidamente hacia la casa donde descansaba su abuelo. Luego de un par de minutos apareció cargada con un par de vendas y medicinas para la piel.
— Tranquilo, esto puede escocer pero pronto te sentirás mejor, lo primero, voy a limpiarte la herida de arena. — La joven tomó una botella de agua y tiró su contenido poco a poco sobre los tobillos del albino, luego tomó una benda y le echó algo que Kotetsu no pudo apreciar, sin embargo lo que sí pudo sentir fue el escozor que la medicina le provocó cuando la chica posó el algodón sobre sus heridas. — Lo siento, pero es lo mejor...
Cuando acabó de desinfectar la herida, y con suerte de que el chico no se moviese mucho, comenzó a vendarle los tobillos con suavidad, intentando que sufriese el menor dolor posible.
— Bien... Ya está. — Alegó sonriente. — Aunque no sé cómo te has hecho esos rasguños, espero que estés haciendo un buen trabajo. Yo vuelvo a mi lado de la playa, ¡y ten cuidado!
— ¿Kotetsu-san? ¿Estás bien? ¿Te has cansado? — Preguntó la joven mientras se ponía de cuclillas a su lado. — ¡Por Gouna-sama! ¡Estás sangrando! Espera, traeré algo para curarte.
La joven se fue rápidamente hacia la casa donde descansaba su abuelo. Luego de un par de minutos apareció cargada con un par de vendas y medicinas para la piel.
— Tranquilo, esto puede escocer pero pronto te sentirás mejor, lo primero, voy a limpiarte la herida de arena. — La joven tomó una botella de agua y tiró su contenido poco a poco sobre los tobillos del albino, luego tomó una benda y le echó algo que Kotetsu no pudo apreciar, sin embargo lo que sí pudo sentir fue el escozor que la medicina le provocó cuando la chica posó el algodón sobre sus heridas. — Lo siento, pero es lo mejor...
Cuando acabó de desinfectar la herida, y con suerte de que el chico no se moviese mucho, comenzó a vendarle los tobillos con suavidad, intentando que sufriese el menor dolor posible.
— Bien... Ya está. — Alegó sonriente. — Aunque no sé cómo te has hecho esos rasguños, espero que estés haciendo un buen trabajo. Yo vuelvo a mi lado de la playa, ¡y ten cuidado!