10/08/2017, 17:00
El genin seguía con su ardua labor de limpieza, recogiendo cuanta basura encontraba en las arenas.
Para él resultaba notable la gran variedad de desperdicios que se podían encontrar en semejante sitio, los suficientes como para elaborar una amplia guía sobre todo aquello que las personas pueden desechar en una playa; ropas, metales, productos de higiene, plásticos, vidrios y otro sin fin de cosas que son llevabas y abandonadas en aquel sitio cuando es más fácil el tirarlas que arrojarlas en un lugar indicado.
“Las bañistas deberían ser más respetuosos con la naturaleza —pensó mientras sentía el hedor de la basura—. De seguro son descuidados porque dan por sentado que la playa será saneada por alguien, pero no es el deber ser”.
Era de esperarse, quizás debería sugerir que junto al salvavidas de turno hubiese un oficial, encargado de asignar considerables multas a quien osase ensuciar o perjudicar la costa. Claro, es posible que no le hiciesen mucho caso, pero en vista de que los botes de basura estaban casi vacios mientras que las arenas estaban rebosantes, le parecía algo muy necesario.
“Creo que lo más frustrante de todo no es el calor o los desperdicios, sino esa odiosa basura que va y viene con la marea”.
Observo como las olas llegaban y se retiraban, dejando desechos en la orilla o llevándoselos de nuevo, en una especie de molesto juego que, de tener fin, se vislumbraba lejano.
Aunque no todo era malo: Podía disfrutar de la sensación de tranquilidad que solo podía transmitir un lugar como aquel, amplio y vacio, con el soplar del viento y el ronronear de las olas, con las arenas blancas y las coloridas conchas marinas. Además, estaba aquella amable chica que le ayudaba a limpiar. De vez en cuando le arrojaba algunas miradas discretas, y otras no tan discretas, disfrutando de la agradable y alegre vista que proporcionaba su veraniego ser.
“Parece que ya falta muy poco”, se dijo a si mismo mientras veía el final aproximarse.
Para él resultaba notable la gran variedad de desperdicios que se podían encontrar en semejante sitio, los suficientes como para elaborar una amplia guía sobre todo aquello que las personas pueden desechar en una playa; ropas, metales, productos de higiene, plásticos, vidrios y otro sin fin de cosas que son llevabas y abandonadas en aquel sitio cuando es más fácil el tirarlas que arrojarlas en un lugar indicado.
“Las bañistas deberían ser más respetuosos con la naturaleza —pensó mientras sentía el hedor de la basura—. De seguro son descuidados porque dan por sentado que la playa será saneada por alguien, pero no es el deber ser”.
Era de esperarse, quizás debería sugerir que junto al salvavidas de turno hubiese un oficial, encargado de asignar considerables multas a quien osase ensuciar o perjudicar la costa. Claro, es posible que no le hiciesen mucho caso, pero en vista de que los botes de basura estaban casi vacios mientras que las arenas estaban rebosantes, le parecía algo muy necesario.
“Creo que lo más frustrante de todo no es el calor o los desperdicios, sino esa odiosa basura que va y viene con la marea”.
Observo como las olas llegaban y se retiraban, dejando desechos en la orilla o llevándoselos de nuevo, en una especie de molesto juego que, de tener fin, se vislumbraba lejano.
Aunque no todo era malo: Podía disfrutar de la sensación de tranquilidad que solo podía transmitir un lugar como aquel, amplio y vacio, con el soplar del viento y el ronronear de las olas, con las arenas blancas y las coloridas conchas marinas. Además, estaba aquella amable chica que le ayudaba a limpiar. De vez en cuando le arrojaba algunas miradas discretas, y otras no tan discretas, disfrutando de la agradable y alegre vista que proporcionaba su veraniego ser.
“Parece que ya falta muy poco”, se dijo a si mismo mientras veía el final aproximarse.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
