10/08/2017, 23:17
Gracias a su arduo trabajo, Kotetsu por fin iba a dar por finalizada su tarea de recoger y limpiar toda aquella playa de la basura que se encontraba entre las arenas. Cansado, sudoroso y posiblemente maloliente, el joven genin se aproximó a la orilla que era donde le quedaba la mayoría de los deshechos por recoger, con suerte y gracias a la proximidad con el agua, al chico se le hizo mucho menos pesado recoger la basura de aquella zona.
Su saco comenzaba a pesarle, señal de que estaba cumpliendo con éxito la misión. Recogió una lata y la echó al montón, luego un periódico que se había volado por casualidad, al final, una pelota rota que ya se hallaba deshinchada.
Se secó el sudor como buenamente pudo y cuando mirase a sus alrededores, notaría como de orgullo se le hincharía el pecho, pues la playa volvía a estar tan blanca como todos los uzuneses recordaban aquel lugar.
Para su suerte, Kaede volvió para cuando él ya se alejaba de la orilla.
— ¡Kotetsu-saaan! —exclamaba ella desde lejos —. ¿Cómo vas? —preguntó cuando ya se halló lo suficientemente cerca del albino para poder hablar a un tono de voz normal.
Su saco comenzaba a pesarle, señal de que estaba cumpliendo con éxito la misión. Recogió una lata y la echó al montón, luego un periódico que se había volado por casualidad, al final, una pelota rota que ya se hallaba deshinchada.
Se secó el sudor como buenamente pudo y cuando mirase a sus alrededores, notaría como de orgullo se le hincharía el pecho, pues la playa volvía a estar tan blanca como todos los uzuneses recordaban aquel lugar.
Para su suerte, Kaede volvió para cuando él ya se alejaba de la orilla.
— ¡Kotetsu-saaan! —exclamaba ella desde lejos —. ¿Cómo vas? —preguntó cuando ya se halló lo suficientemente cerca del albino para poder hablar a un tono de voz normal.