22/08/2017, 22:55
—Muchas gracias, de verdad. —Inclinó su cabeza un poco, lo suficiente para que el chico captase que simbolizaba agradecimiento para después volver a retirarse a su sofá, donde quedó dormido al instante.
—Gracias a ustedes, ha sido una experiencia gratificante —respondió en voz baja, mientras hacia una leve reverencia, para luego retirarse de aquel sitio.
El joven observo el horizonte azulado y la forma en que el sol pronto comenzaría a descender inexorablemente a su encuentro, produciendo un atardecer donde aquellos colores dorados y rojizos se desparramaban por todo el firmamento en un espectáculo grandioso.
Ya era tiempo de volver al edificio del Kage, pero se sentía cansado y sudoroso, y aún faltaban un par de horas para el atardecer… Viéndose allí solo, decidió darse un ligero chapuzón y disfrutar de un trabajo bien hecho: Elimino aquel aire sudoroso que le rodeaba, dejando solo aquel olor a sal que se impregnaba en la piel luego un baño en la costa, aquel famoso “aroma a playa”. Dejo que el oleaje acariciara sus pies y empapo su melena blanca como la espuma, para luego sacudirla como si del pelaje de un can se tratase.
El sonido de las olas y de las gaviotas que regresaban al nido, la sensación cálida de la arena y la frescura de la brisa marina y el olor que el sol le había conferido a su piel y el aroma del mar. De cierto modo se sentía feliz, apresado por una felicidad serena y orgullosa.
Le hecho un último vistazo a la vastedad de la orilla y sonrió, para luego retirarse.
Ya estando en el edifico del Kage, procedió a acercarse al mostrador con el pergamino que le había dado el anciano. Busco con la vista a quien estuviera atendiendo y procedió a hablar:
—Buenas tardes. Soy Hakagurē Kōtetsu y vengo a informar del cumplimiento de mi misión, el trabajo solicitado por el señor Akamane Kageru.
—Gracias a ustedes, ha sido una experiencia gratificante —respondió en voz baja, mientras hacia una leve reverencia, para luego retirarse de aquel sitio.
El joven observo el horizonte azulado y la forma en que el sol pronto comenzaría a descender inexorablemente a su encuentro, produciendo un atardecer donde aquellos colores dorados y rojizos se desparramaban por todo el firmamento en un espectáculo grandioso.
Ya era tiempo de volver al edificio del Kage, pero se sentía cansado y sudoroso, y aún faltaban un par de horas para el atardecer… Viéndose allí solo, decidió darse un ligero chapuzón y disfrutar de un trabajo bien hecho: Elimino aquel aire sudoroso que le rodeaba, dejando solo aquel olor a sal que se impregnaba en la piel luego un baño en la costa, aquel famoso “aroma a playa”. Dejo que el oleaje acariciara sus pies y empapo su melena blanca como la espuma, para luego sacudirla como si del pelaje de un can se tratase.
El sonido de las olas y de las gaviotas que regresaban al nido, la sensación cálida de la arena y la frescura de la brisa marina y el olor que el sol le había conferido a su piel y el aroma del mar. De cierto modo se sentía feliz, apresado por una felicidad serena y orgullosa.
Le hecho un último vistazo a la vastedad de la orilla y sonrió, para luego retirarse.
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Ya estando en el edifico del Kage, procedió a acercarse al mostrador con el pergamino que le había dado el anciano. Busco con la vista a quien estuviera atendiendo y procedió a hablar:
—Buenas tardes. Soy Hakagurē Kōtetsu y vengo a informar del cumplimiento de mi misión, el trabajo solicitado por el señor Akamane Kageru.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
