6/10/2017, 19:23
—Entiendo —respondió ante lo dicho.
Era raro, pero sentía que algo en Datsue había cambiado, no estaba inventándose historias sorprendentes ni nada similar para quedar como una figura a idolatrar ni nada similar. Estaba siendo normal por una vez en la vida.
Acerca de las mandarinas, la rubia solo asintió con la cabeza. Las había probado y definitivamente sabían mejores que aquella que estaba comiendo en ese momento. Jugosa, pero casi sin sabor y repleta de semillas, era irritante estar más tiempo escupiendo que disfrutando de la fruta en sí.
—Bien, aunque me sigue dando vueltas por la cabeza el torneo.
Al decir eso la kunoichi engulló lo que le quedaba de mandarina que sería tal vez la mitad o tal vez algo más. Pero no le importó, incluso ignoró la de semillas que tenía y las tragó junto con el resto de la fruta. Total, todo se iría de la misma manera y el poco sabor del jugo serviría para aliviar la amargura de las semillas.
Mientras comía recordó algo, un detalle que vio repetidas veces aunque siempre en las mismas dos personas, aquellas que también compartían apellido.
—Hey… —llamó—. ¿Para qué les sirve ese cambio de color en los ojos? —prosiguió, girándose para ver al shinobi a su lado—. Te he visto a ti hacer el cambio y también lo hizo Akame durante nuestro combate pero nunca supe si hacía algo en particular.
Si insistían en efectuar dicho cambio en sus ojos tenía que servir para algo, ¿verdad? O tal vez no, pero resultaba irritante para la Kageyama el no saber nada de algo así. Algo que tal vez le haya jugado en contra durante la pelea por justamente no tener una mínima idea de lo que significaba ese cambio.
Era raro, pero sentía que algo en Datsue había cambiado, no estaba inventándose historias sorprendentes ni nada similar para quedar como una figura a idolatrar ni nada similar. Estaba siendo normal por una vez en la vida.
Acerca de las mandarinas, la rubia solo asintió con la cabeza. Las había probado y definitivamente sabían mejores que aquella que estaba comiendo en ese momento. Jugosa, pero casi sin sabor y repleta de semillas, era irritante estar más tiempo escupiendo que disfrutando de la fruta en sí.
—Bien, aunque me sigue dando vueltas por la cabeza el torneo.
Al decir eso la kunoichi engulló lo que le quedaba de mandarina que sería tal vez la mitad o tal vez algo más. Pero no le importó, incluso ignoró la de semillas que tenía y las tragó junto con el resto de la fruta. Total, todo se iría de la misma manera y el poco sabor del jugo serviría para aliviar la amargura de las semillas.
Mientras comía recordó algo, un detalle que vio repetidas veces aunque siempre en las mismas dos personas, aquellas que también compartían apellido.
—Hey… —llamó—. ¿Para qué les sirve ese cambio de color en los ojos? —prosiguió, girándose para ver al shinobi a su lado—. Te he visto a ti hacer el cambio y también lo hizo Akame durante nuestro combate pero nunca supe si hacía algo en particular.
Si insistían en efectuar dicho cambio en sus ojos tenía que servir para algo, ¿verdad? O tal vez no, pero resultaba irritante para la Kageyama el no saber nada de algo así. Algo que tal vez le haya jugado en contra durante la pelea por justamente no tener una mínima idea de lo que significaba ese cambio.